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El 68 uruguayo. Tercera parte. Capítulo 1. Hegemonía del sector financiero, extranjerización y autoritarismo.

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El 68 Uruguayo. Segunda Parte. CAPITULO 3. Nueva Constitución y triunfo electoral del P. Colorado.
“De las etapas con más significación histórica de su corta vida como pueblo, el uruguayo tiene, al parecer; una representación edulcorada. Reverencia a Artigas por lo que éste no quiso y olvida cuán proceloso y aun revolucionario, fue el inicial y auténtico período batllista, el que se extiende de 1903 a 1917.
La verdad, sin ánimo de establecer comparaciones, es que tanto Artigas como Batlle no trajeron la paz sino la guerra y rompieron o intentaron romper el orden existente”.
Carlos Quijano. 3 de marzo de 1967.
La reparación de la memoria
LA ESCUELA Nº 181 DE FLOR DE MAROÑAS FUE BAUTIZADA CON EL NOMBRE DE MAESTRA ELENA QUINTEROS:
El 68 Uruguayo. Segunda Parte. Capítulo 2. 1967: Año de definiciones en Latinoamérica.
‘La vía capitalista es en el plano internacional, agrade o no, la sujeción, la tutela y esta lenta agonía en la cual se debate desde antiguo el Tercer Mundo. Y si queremos -pero es menester quererlo-salvarnos no podemos oír ni aplicar las consignas, los consejos y las homilías de quienes son, al margen de todo juicio de responsabilidad, de toda calificación -que no interesan- nuestros naturales, inevitables e implacables adversarios.
Dejemos pues que los tecnócratas y burócratas de! GATT y adyacencias disfruten de buenas vacaciones en Punta del Este.
Dejemos que se entreguen a sus discusiones bizantinas (…) mas no les hagamos caso. Trabajan para nuestro enemigo. Son, aun que no lo digan y aunque algunos no estén convencidos de ello -acordémosles el beneficio de la duda- también nuestros enemigos».
Carlos Quijano. 20 de enero de 1967.
El 68 uruguayo. Segunda Parte. Capítulo 1. El Uruguay en un mundo bipolar y convulsionado.
LAS PUGNAS SE AGUDIZAN
«Este Tercer Mundo del que somos parte, esta Latinoamérica en la que representamos un pequeño sumando, este Uruguay de hoy estancado, desorientado, desalentado, empobrecido, metódicamente envilecido, merece tener entre sus fuerzas de promoción y liberación un socialismo ágil, remozado, joven. Las últimas disidencias lo desembarazaron de esa aberración europeizante y anacrónica que hubiera representado seguir siendo una minúscula sucursal de esas grandes estructuras de poder de las metrópolis capitalistas. Enflaquecido pero aligerado, con una nueva perspectiva y una nueva postura va a echarse a andar de nuevo; las elecciones no lo son todo, ni siquiera lo más importante, pero importan un esfuerzo y una congregación para la presencia y el recuento.
¿Qué tarea más valiosa que alumbrar una fuerza semejante se ofrece a la participación de la ciudadanía: independiente, a la de quienes no van a negociar su voto por alguna menguada ventaja individual, a la de todos aquellos que rehúsan preferir – por pálpito, capricho, ilusión o complicidad – a cualquiera de los carceleros disponibles (lo quieran ellos o no, lo piensen ahora o no) entre los que el país deberá escoger?
Carlos Real de Azúa, «Marcha», 25 de noviembre de 1966.









