I Conferencia Antifascista de Porto Alegre: Balance y Declaración. Dossier
Publicado el 05/04/26 a las 6:28 pm
Crónica y análisis de la 1ª Conferencia Internacional Antifascista y por la Soberanía de los Pueblos
Paolo de Mello
La izquierda ha vuelto a Porto Alegre. Capital del Rio Grande do Sul, el estado más austral de Brasil, esta ciudad de más de un millón y medio de habitantes ha funcionado como laboratorio y símbolo de la izquierda latinoamericana: aquí nació el presupuesto participativo, aquí arrancó el Fórum Social Mundial en 2001 y aquí se ha cultivado una tradición de resistencia popular que convirtió a la ciudad en referencia obligada de las izquierdas del continente. No es casualidad, por tanto, elegir Porto Alegre para intentar, veinticinco años después del primer Foro Social, recomponer algo parecido a una internacional antifascista frente al avance de la extrema derecha en el mundo.
Del 26 al 29 de marzo de 2026, la ciudad acogió la 1ª Conferencia Internacional Antifascista y por la Soberanía de los Pueblos. Empezó como una iniciativa impulsada por el PSOL, el PT, el PCdoB, los movimientos populares y los sindicatos y terminó desbordando las expectativas de sus propios organizadores. Miles de inscritos de una treintena de países, delegaciones parlamentarias europeas, representantes de partidos latinoamericanos en el gobierno y en la oposición, sindicalistas, movimientos feministas, organizaciones antirracistas, activistas climáticos y una marcha inicial con más de 5.000 personas. Una foto de familia de parte de la izquierda global en un momento en que la extrema derecha gobierna la mayor potencia del planeta y avanza, con distintos rostros y lenguajes, en buena parte del resto.
La izquierda encontró en Porto Alegre consenso en el diagnóstico. Principalmente, en torno a tres ideas:
1. La necesidad de articular un frente amplio internacional contra la extrema derecha, reconociendo que la amenaza fascista tiene carácter global y requiere una respuesta coordinada a la misma escala.
2. La convicción de que derrotar al fascismo pasa necesariamente por derrotar el neoliberalismo, que no son fenómenos separados sino causalmente vinculados
3. El valor del propio foro como espacio de articulación y la necesidad de darle continuidad. La declaración final recoge la creación de un espacio de articulación internacional permanente para unificar la lucha antifascista a escala global.
El rechazo a las agresiones imperialistas también concentró buena parte de los discursos y las intervenciones. Palestina, el Sáhara Occidental, Cuba e Irán aparecieron como causas de referencia, junto al rechazo explícito a las amenazas estadounidenses a México, Colombia o Brasil, estos dos últimos con elecciones en 2026 y con un temor fundado a la interferencia exterior en sus procesos electorales. A eso se sumaron la lucha contra el negacionismo climático, el feminismo como eje transversal de la lucha antifascista y el rechazo a la criminalización de los migrantes.
Otro foco de consenso fue la desigualdad de recursos entre la internacional ultraderechista y la izquierda. La extrema derecha ha construido una infraestructura de financiación, producción ideológica y coordinación comunicativa que la izquierda aún no ha sabido replicar. Fue un tema recurrente que quizás requiera más espacio de trabajo en los próximos foros, porque el diagnóstico está hecho y falta ahora la respuesta.
Junto a los consensos, otras buenas noticias. Pese a que en casi todos los países representados la extrema derecha avanza con fuerza entre los jóvenes, las salas de Porto Alegre estaban llenas de ellos. Llegaban encuadrados en delegaciones de partidos o movimientos sociales, enérgicos y movilizados. Su presencia significó también un bonito y vital reconocimiento intergeneracional, escenificado en la irrupción de aplausos y banderas ondeando que una bancada de jóvenes dedicó a Éric Toussaint al terminar su intervención. El DSA norteamericano es otro caso ilustrativo, una organización en pleno crecimiento que atribuye buena parte de su expansión a una generación que se ha politizado bajo Trump y que no encontraba sitio en el actual Partido Demócrata.
Otra de las noticias positivas del foro fue la articulación de próximos encuentros que le dan continuidad al impulso de Porto Alegre. Además de la posibilidad de celebrar un segundo foro en Argentina, la declaración final apoyó también una conferencia regional en América del Norte y recoge el encuentro anti-OTAN en Turquía en 2026, la contracumbre del G7 en Francia y Suiza en junio de 2026 y el próximo Foro Social Mundial, que se celebrará en Benín en agosto de 2026.
Europa y el Reino de España
Aunque el corazón político del encuentro fue latinoamericano, Porto Alegre también tuvo una dimensión europea visible. Hubo presencia a través del Parlamento Europeo, con eurodiputados y eurodiputadas de fuerzas como el Partido Comunista Portugués, Movimiento Sumar, el BNG o La France Insoumise, y a través de delegaciones de la 4ª Internacional (o de las varias cuartas internacionales) provenientes de Suiza o Dinamarca. También estuvo presente la Red Europea de Solidaridad con Ucrania.
Desde el Reino de España, acudieron representantes sindicales vascos y gallegos, junto a un miembro de la dirección de la CUP, la eurodiputada del BNG Ana Miranda y Estrella Galán, eurodiputada de Movimiento Sumar, que ha sido la única fuerza de izquierdas de ámbito estatal presente en el foro.
El formato, veinticinco años después
El Fórum Social Mundial de 2001 fue una respuesta creativa a un momento político específico: la globalización neoliberal en su apogeo, el movimiento altermundialista como fuerza emergente, internet como herramienta nueva de coordinación. Aquel modelo de mesas temáticas, eventos autogestionados, declaración final o ausencia de portavoces únicos fue innovador en su momento. La izquierda estaba en la vanguardia con este formato.
Veinticinco años después, la conferencia de Porto Alegre reproduce ese modelo casi sin modificaciones y el formato muestra ahora límites evidentes. El primero es comunicativo: la saturación y acumulación de intervenciones, paneles y discursos, junto a la falta de apoyo audiovisual terminan por dificultar la transmisión clara de ideas hacia fuera. La extrema derecha trabaja con mensajes breves, marcos simples y una formidable capacidad de viralización. No debemos renunciar a nuestra capacidad de análisis, pero si debemos imaginar nuevos formatos que nos hagan legibles y atractivos para quienes no están dentro.
El segundo problema es político, el riesgo de que todo quede en acuerdos declarativos. Las mesas funcionaron en ocasiones como una yuxtaposición de intervenciones ya preparadas en lugar de espacios de diálogo real. Las coincidencias de principios son importantes, pero no suficientes. No alcanza con concurrir en que hay que frenar al fascismo, defender la soberanía de los pueblos o resistir al neoliberalismo, la cuestión es cómo traducir eso en campañas compartidas, en coordinación sindical, en acción parlamentaria, en respuesta comunicativa, en alianzas sectoriales y en una estrategia internacional que no dependa solo del impulso de una cumbre.
Esto no es una crítica a los organizadores, que hicieron un trabajo titánico con recursos limitados y se vieron desbordados por una convocatoria que superó con creces sus previsiones. Es una pregunta para hacerse en común sobre el modelo ¿Cómo podemos transformar y adaptar los formatos de hace 25 años al mundo de hoy? ¿Cómo se traduce la energía de cuatro días en Porto Alegre en coordinación política sostenida durante los doce meses siguientes?
El éxito de Porto Alegre y el camino por recorrer
Sería un error medir la conferencia por sus limitaciones. En un momento de fragmentación, cinismo y repliegue nacional, la conferencia ha logrado reunir a miles de militantes, representantes políticos, sindicalistas y activistas con un nivel de acuerdo político notable. Ha demostrado que fuerzas con historias, tradiciones e incluso estrategias muy distintas son capaces de compartir un espacio común sin que las diferencias lo dinamiten. Eso no es poco en un campo político que tiene una larga tradición de fractura hacia adentro. Porto Alegre ha demostrado también que hay una energía política considerable, una generación joven que se está incorporando a la lucha y una voluntad de coordinación que lleva años buscando cauce.
La extrema derecha ha dedicado tiempo e ingentes recursos en construir su internacional. Tiene redes de financiación consolidadas, medios de comunicación propios, think tanks con capacidad de producción ideológica y una coordinación que va mucho más allá del intercambio de experiencias. Hemos comenzado a responder a eso con instrumentos que todavía son embrionarios.
Porto Alegre no ha sido el punto de llegada, sino el importante primer paso. La siguiente cita será previsiblemente en Argentina, en un contexto político difícilmente más urgente: ante el gobierno de Milei, que ha convertido el desmantelamiento del Estado en espectáculo y que funciona como laboratorio referente de la extrema derecha global.
El desafío ahora es que Porto Alegre no quede como una postal de entusiasmo. La declaración final recoge la creación de un espacio de articulación internacional permanente para unificar esta lucha a escala global. Si ese mandato se toma en serio, Porto Alegre habrá sido el inicio de algo con peso real. La izquierda tiene la gente, tiene el análisis y, después de esta semana, tiene también la confianza de que no está sola. Lo que viene ahora es demostrar que una izquierda capaz de reunirse también es capaz de organizarse.
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Conferencia Antifascista de Porto Alegre: una victoria política
Israel Dutra
Acabamos de concluir con éxito la I Conferencia Internacional Antifascista celebrada en Porto Alegre entre el 26 y el 29 de marzo. No pretendemos aquí hacer un balance completo, sino ofrecer algunos elementos iniciales para reflexionar sobre la coyuntura a partir del enorme éxito de la Conferencia.
Las cifras hablan por sí solas. La marcha inaugural contó con unas 7.000 personas, evocando la tradición de Porto Alegre, con su vínculo con el altermundialismo y el Foro Social Mundial. Fue un esfuerzo contra el inmovilismo, aún dominante en la izquierda, que demostró que es posible movilizarse. Y sentó las bases para continuar este proceso.
4.000 inscritos, 11 mesas temáticas, un foro de autoridades y parlamentarios y la impresionante cifra de 150 actividades autogestionadas. Tal esfuerzo solo fue posible gracias a la capacidad de articulación internacional, a la urgencia de la situación mundial, al espíritu unitario del comité local y al esfuerzo organizativo, en el que varios compañeros desempeñaron un papel decisivo. Contamos con la presencia de cerca de 40 países, con una impresionante representación de los cinco continentes.
Un salto de calidad en la articulación internacional
El origen de este triunfo, además de la persistencia en llevar a cabo la actividad incluso tras su suspensión a causa de la tragedia climática de 2024, radica en la unidad entre el PSOL de Rio Grande do Sul y el PT de Porto Alegre, incorporando posteriormente a otros actores como el PCdoB, el MST y Andes, este último responsable, junto con la Fundación Lauro Campos y Marielle Franco, la Fundación Rosa Luxemburg y un esfuerzo del propio MES-PSOL de garantizar la estructura del encuentro. El alcance internacional solo fue posible gracias al esfuerzo global realizado por el Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM), con el compañero Eric Toussaint al frente, para conectar a la IV Internacional (que estaba representada por decenas de secciones y miembros) y otros sectores que se sumaron al llamamiento a un frente internacional antifascista, publicado para dar repercusión a la conferencia.
La presencia de diferentes corrientes revolucionarias y socialistas internacionales fue de gran calidad, como la del DSA (donde la corriente Bread & Roses desempeñó un papel central), parlamentarios de la izquierda europea, con especial peso de Francia Insumisa y otros grupos antifascistas de Francia (NPA, Après, Attac, Le Digue y Jovem Guarda); parlamentarios de Movimiento Sumar de España; los dirigentes y parlamentarios del Partido de los Trabajadores de Turquía; la delegación argentina fue la más numerosa, con casi 200 personas (compuesta por el comité con Ventos do Povo, Livres do Sul, el MST, que tiene una relación histórica con nosotros y se ha ido desarrollando a partir de la Liga Internacional Socialista, y UP); la delegación uruguaya con un autobús de la PIT/CNT, en la que destacaron el PCU y el Partido da Vitória do Povo. Además de las delegaciones significativas de América del Norte, con decenas de cuadros y dirigentes, como la de Puerto Rico (de Democracia Socialista y del Movimiento Victoria Ciudadana, entre otros movimientos) y México (MSP, ONPP, PRT, además de dirigentes de los electricistas). Desde Sudáfrica vinieron los camaradas de Zabalaza, así como desde Australia, militantes de la Alianza Socialista y de Green Left.
El CADTM estuvo presente con delegaciones de diversos países, especialmente de África y Asia, con delegaciones de Sudáfrica, Malí, Congo, Kenia, Costa de Marfil, Marruecos, India, Pakistán y Filipinas. Otras dos delegaciones muy especiales, que libraron una batalla decisiva en defensa de los principios internacionalistas, fueron la de los rusos y la de los ucranianos, vinculados a la Red de Solidaridad Europea con Ucrania y a la oposición marxista en Rusia.
La CPAC con Flávio Bolsonaro y Trump. Porto Alegre con las calles
El mismo fin de semana de la conferencia se reunió la CPAC —la incipiente articulación neofascista internacional en los Estados Unidos de Trump— y donde Flávio Bolsonaro pronunció un discurso, acreditándose como el representante del trumpismo en Brasil.
Porto Alegre fue, en la práctica, el contrapunto candente a ese foro. Estableció un puente con las manifestaciones del 24 de marzo en Argentina, con el convoy Nuestra América —muchos de sus miembros regresaron a tiempo para la Conferencia—, que llevó solidaridad y paneles solares a Cuba, con la enorme manifestación antifascista que tuvo lugar en Londres —donde algunos hablan de 500.000 personas—; con el debate sobre Irán, que ha resistido y transformado la ofensiva de Trump y Netanyahu en un problema más profundo. Y, sobre todo, con la gran manifestación «No Kings», que fue la tercera jornada unificada para derrotar a Trump, movilizando a millones de personas en cientos de ciudades de Estados Unidos.
En Porto Alegre, como dice la Carta de convocatoria de la conferencia, se está preparando la respuesta, con prioridad en las calles, a las acciones de la extrema derecha.
Nunca como hoy la lucha contra el imperialismo y el fascismo ha sido tan actual y necesaria. Esta lucha debe coordinarse a nivel internacional. La Conferencia Antifascista y por la soberanía de los pueblos se compromete a continuar la lucha sin descanso y como espacio de construcción de unidades contra el auge de la extrema derecha y las agresiones imperialistas. Frente a la barbarie, enarbolamos la bandera de la solidaridad internacional, de la lucha de los pueblos y de un futuro socialista, ecológico, democrático, feminista y antirracista.
Un ejemplo para luchar y vencer
La unidad expresada en la actividad nos prepara, en el terreno nacional e internacional, para los retos, donde las propias elecciones brasileñas serán un capítulo clave para la confrontación con el imperialismo y Trump. Tendremos tres elecciones decisivas, polarizadas, con probable injerencia de las Big Techs: las elecciones presidenciales colombianas, las elecciones generales de Brasil y las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos.
Defendemos la victoria de Irán contra Israel y Trump, sin prestar apoyo político al régimen; la campaña de Cuba contra el bloqueo; la lucha de los inmigrantes en todo el planeta; el fin del secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la diputada Cília Flores, además de denunciar el imperialismo de Putin y posicionarnos al lado de la resistencia de los trabajadores ucranianos frente a la agresión rusa.
Para ganar en Brasil, debemos combinar las banderas de lucha más fuertes: reducción de la jornada laboral, impuestos a los ricos, defensa de la Amazonía y del medio ambiente, contra la violencia de género, con una amplia movilización que afirme la soberanía. Los próximos pasos implican nuevas conferencias y actividades como las que figuran en la Carta de Porto Alegre, especialmente teniendo en cuenta la dinámica de la situación argentina, que pronto acogerá un evento de esta articulación: una derrota de Milei le costaría caro a la extrema derecha y podría indicar un nuevo ciclo político en el país.
Porto Alegre se ha situado una vez más a la vanguardia de la lucha internacional. Hagamos con nuestras propias manos lo que nos corresponde: luchar y vencer a la extrema derecha.
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DECLARACIÓN DE PORTO ALEGRE: UNIDAD CONTRA EL FASCISMO Y POR LA SOBERANÍA DE LOS PUEBLOS
Reunidos en Porto Alegre —ciudad símbolo de las luchas internacionales, con importantes tradiciones y aspiraciones democráticas— miles de activistas de más de cuarenta países de los cinco continentes celebramos nuestra unidad en la diversidad, buscando avanzar en la organización de la resistencia y la lucha contra las diversas formas de fascismo, la extrema derecha y el imperialismo en su fase más agresiva.
En esa misma semana tuvo lugar el convoy Nuestra América a Cuba; más de un millón de personas salieron a las calles en Argentina, luchando por la memoria y contra Milei; hubo cientos de miles en la convocatoria antifascista en el Reino Unido y, especialmente, la gran e histórica manifestación “No Kings” en Estados Unidos, donde millones de estadounidenses se reunieron en cientos de ciudades, declarando una vez más a Trump como enemigo de la humanidad.
El sistema capitalista-imperialista atraviesa una profunda crisis y una marcada decadencia económica, social y moral. La respuesta de las potencias imperialistas a su declive ha sido el fomento del fascismo en todas partes, la imposición de políticas neoliberales, agresiones militares contra las naciones más débiles y su recolonización.
En cada país, las amenazas fascistas y neoliberales adoptan formas particulares, pero tienen puntos en común: la eliminación de las libertades democráticas; la destrucción de los derechos laborales; el aumento del desempleo estructural; el desmantelamiento de la seguridad social; la represión contra las organizaciones sindicales y populares; la privatización de los servicios públicos; políticas de “austeridad” que eliminan toda inversión social; el negacionismo científico y climático; la expropiación de los campesinos en beneficio de la agroindustria; el desplazamiento forzado de los pueblos originarios para promover un extractivismo desenfrenado; políticas migratorias ultra restrictivas; y un enorme aumento del gasto militar.
La extrema derecha y las fuerzas neofascistas desarrollan una amplia ofensiva que instrumentaliza el descontento con las desastrosas consecuencias del neoliberalismo para acelerar estas políticas. Para ello, al igual que el fascismo clásico, buscan dirigir ese descontento contra los grupos oprimidos y desposeídos: migrantes, mujeres, personas LGBTQ+, beneficiarios de programas de inclusión, personas racializadas y minorías nacionales o religiosas. El nacionalismo exacerbado, el racismo, la xenofobia, el sexismo, la LGBTQI+fobia, la incitación al odio y la banalización de la crueldad acompañan el avance de la extrema derecha en cada etapa, de acuerdo con las particularidades de cada país.
La voluntad de concentrar la riqueza en manos del capital y la búsqueda desenfrenada del máximo lucro que sustenta las políticas de la extrema derecha también se manifiestan en la intensificación de las agresiones imperialistas para monopolizar recursos y explotar a los pueblos.
El imperialismo se vuelve cada vez más desenfrenado, agresivo y belicista; atropella el Derecho Internacional, la Carta de la ONU y la autodeterminación de los pueblos; impone sanciones, ataca y bombardea a las naciones que no se someten a sus dictados; secuestra y asesina a sus jefes de Estado.
Esto va de la mano con la perpetuación de situaciones coloniales que, en el caso de Palestina, adoptan la forma de un genocidio explícito en Gaza, orquestado por el Estado sionista de Israel, apoyado incondicionalmente por Estados Unidos, con la complicidad de otros países imperialistas. Además, Israel ha invadido y bombardeado criminalmente el Líbano y afirma que anexará el sur del país.
Luchamos contra todos los imperialismos y apoyamos la lucha de los pueblos por su autodeterminación, por todos los medios necesarios.
La extrema derecha, además de su complicidad con el gobierno genocida de Netanyahu, teje lazos internacionales, organiza congresos, think tanks, declaraciones conjuntas, apoyo mutuo en procesos electorales y programas de propaganda y desinformación. También cuenta con el apoyo directo (o encubierto) de las llamadas Big Tech, desestabilizando gobiernos que resisten al imperialismo y amplificando la propaganda reaccionaria en los medios digitales.
Las fuerzas que combaten el ascenso de la extrema derecha son diversas y presentan diferentes análisis, estrategias, tácticas, programas y políticas de alianzas. La experiencia nos enseña que, aunque reconozcamos estas diferencias, es esencial articular de forma unitaria la lucha contra nuestros enemigos. Esta convergencia debe incluir a todas las fuerzas dispuestas a defender a las clases trabajadoras, los campesinos, los migrantes, las mujeres, las personas LGBTQ+, las personas racializadas, las minorías nacionales o religiosas oprimidas y los pueblos indígenas; a defender la naturaleza frente al capitalismo ecocida; a combatir las agresiones imperialistas y coloniales, independientemente de su origen; a luchar por el fin de la OTAN; y a apoyar la lucha de los pueblos y gobiernos que resisten. Es urgente compartir análisis, fortalecer vínculos y llevar a cabo acciones concretas.
Además de resistir al fascismo y al imperialismo, aspiramos también a construir las bases para avanzar en nuestras convergencias sobre aspectos centrales y unitarios. Para combatir el autoritarismo, es necesario recuperar, ampliar y profundizar los derechos democráticos sobre la base de la participación popular, desde lo local hasta lo nacional y en los organismos internacionales. Afirmamos la centralidad del mundo del trabajo y proponemos impulsar iniciativas conjuntas para organizar la resistencia global contra las violencias fascistas y la precarización neoliberal. La defensa de un futuro sostenible requiere enfrentar directamente el ecocidio promovido por el capitalismo y por gobiernos de extrema derecha, que tratan la naturaleza como una mercancía y desmontan la protección ambiental en nombre del lucro. Destacamos la importancia de la Reforma Agraria como una vía necesaria para la soberanía alimentaria.
Nunca como hoy la lucha contra el imperialismo y el fascismo ha sido tan urgente y necesaria. Esta lucha debe articularse internacionalmente. La Conferencia Antifascista por la Soberanía de los Pueblos se compromete a continuar la lucha sin descanso y a constituirse como un espacio de construcción de unidad frente al ascenso de la extrema derecha y las agresiones imperialistas. Frente a la barbarie, levantamos la bandera de la solidaridad internacional, de la lucha de los pueblos y de un futuro socialista, ecológico, democrático, feminista y antirracista.
PROPONEMOS:
El Comité Internacional, en coordinación con el comité local, será responsable de organizar la planificación de la próxima Conferencia y de proponer criterios e iniciativas para la inclusión de nuevas organizaciones.
Teniendo en cuenta la existencia de numerosas organizaciones y asociaciones dedicadas a la lucha contra el fascismo y el imperialismo, proponemos la creación de un espacio de articulación internacional para unificar esta lucha a nivel global, así como incentivar la realización de conferencias regionales y nacionales antifascistas y antiimperialistas, con el objetivo de llevar a cabo una 2ª Conferencia Internacional Antifascista por la Soberanía de los Pueblos.
Todas las organizaciones participantes en esta Conferencia, salvo que manifiesten lo contrario, son automáticamente firmantes de esta declaración.
Apoyar la construcción de una conferencia latinoamericana en Argentina, en fecha y formato a ser propuestos por la delegación y las organizaciones argentinas, en diálogo con el comité internacional.
Apoyar una conferencia regional en América del Norte que involucre organizaciones de México, Estados Unidos, Canadá, el Caribe y América Central.
Apoyar la Flotilla Global Sumud, que nuevamente busca romper el bloqueo y denunciar el genocidio en Gaza. La lucha del pueblo palestino —en Gaza y en Cisjordania— es la causa de la humanidad. Apoyamos la solidaridad activa materializada en espacios y movimientos como el BDS.
Solidaridad con Cuba frente al criminal bloqueo impuesto por Estados Unidos y las amenazas contra su soberanía. Apoyo a todas las iniciativas de solidaridad, como las recientes flotillas hacia la isla.
Repudio a la invasión de Venezuela y al secuestro y encarcelamiento del presidente Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores, y apoyo a la lucha por su liberación.
Repudio al ataque militar contra Irán por parte de Estados Unidos e Israel. Respeto a la autodeterminación del pueblo iraní y fin de las sanciones unilaterales.
Defensa de la independencia, autodeterminación y soberanía de todos los territorios bajo ocupación colonial e imperialista.
Denunciar la injerencia extranjera en Haití, apoyando la lucha de su pueblo.
Apoyo a la lucha del Frente Polisario por la independencia del Sáhara Occidental, derecho reconocido por la ONU.
Apoyo a la lucha del pueblo puertorriqueño por la autodeterminación y la independencia.
Apoyo al encuentro anti-OTAN en Turquía en 2026.
Apoyo a la contracumbre del G7 en Francia y Suiza en junio de 2026.
Apoyar las iniciativas contra el negacionismo climático, como las jornadas y encuentros ecosocialistas que se están organizando.
Apoyar y construir el próximo Foro Social Mundial en Benín, en agosto de 2026.
DERROTAR LOS FASCISMOS Y EL IMPERIALISMO ES UNA TAREA URGENTE DE NUESTRA ÉPOCA
Porto Alegre, 29 de marzo de 2026.
Tomado de SIN PERMISO, 05/04/2026
