sábado 24 de octubre, 2020

El canto de la sirena

Publicado el 13/09/14 a las 6:59 pm

3311cm
Por Costanza Moreira

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En las próximas elecciones, los uruguayos y uruguayas deberemos elegir entre dos modelos de país. Y dentro de esas dos visiones, los abordajes sobre la educación, distan enormemente. Como buena hija de la educación pública, este tema me preocupa especialmente.

Al revisar el Programa de Gobierno del Partido Nacional para el período 2015-2020, saltan a la vista las desprolijidades e imprecisiones de un programa cerrado apresuradamente para obviar la brecha entre dos alas dentro de un mismo partido, con diferencias insalvables en varios temas –para empezar, el No a la Baja.

Lo que más me alarmó de lo que leí, es lo que se propone para la educación. El programa no pasa de generalidades, ninguna de las cuales siquiera sugiere una “reforma estructural” de la educación. La “nueva idea” de moda que se plantea –no sólo entre filas del Partido Nacional, y no precisamente surgida desde allí-, consiste en extender el ciclo primario de educación hacia la secundaria, para evitar el trauma que sufrirían los y las estudiantes al pasar de una sola maestra a varios profesores. Esta idea, denominada la primarización del ciclo secundario, tiene unas cuantas bibliotecas en contra, y como señala el Maestro Soler en la última edición del Semanario Brecha, siempre será mejor coordinar las instituciones, que hacer ensayos desmantelando lo que ya existe en búsqueda de soluciones poco probadas.

Paradojalmente, el programa propone una “profunda reforma del sistema de formación docente, dándole rango universitario”, es decir, que maestras y profesores pasen a tener nivel universitario. Ahora bien, eso se llama “Universidad de la Educación». Y este miércoles 10 de setiembre, en el Senado, votaremos el proyecto de ley que refiere a la misma. La pregunta es si el Partido Nacional, que tiene esta propuesta en su programa, acompañará el proyecto ¿O el Partido Nacional, junto con el Partido Colorado, so pretexto de que la ley “no les convence”, porque no la elaboraron ellos, optarán por no votarla? ¿Dejarán sin votos lo que dicen defender en sus programas?

Fuera de ello, el programa nacionalista abunda en lo que ya hay: las escuelas de tiempo completo, la enseñanza del inglés (que temerariamente se sugiere sea tan importante como aprender la propia lengua, o las matemáticas), el fortalecimiento del Instituto Nacional de Evaluación, que fue una iniciativa del Frente Amplio (FA), o apoyar la Universidad Tecnológica, también impulsada por el FA.

Pero el programa del Partido Nacional “lava” lo que aparecía más nítido en el programa original de Lacalle 2do: el desmantelamiento de la reforma educativa iniciada en 2006 con el FA.

Para empezar: la eliminación de la participación de los trabajadores en el gobierno de la educación, seguido de la eliminación de la obligatoriedad de convocar al Congreso de la Educación. La lectura de ambas eliminaciones (que no tienen nada de “por la positiva”), conduce a una conclusión muy clara: al parecer, el enemigo para la oposición son los trabajadores de la educación. A cambio de ello, prometen en forma muy vaga, que habrá un “control ciudadano” de la educación. ¿Qué quiere decir esto? ¿Control de las familias, de los padres, de la comunidad? No, en realidad, lo que buscan es entregarle la educación al Poder Ejecutivo, quitándosela al Codicen, a la Anep, a los organismos de la educación, y pasar a controlarla directamente desde los partidos políticos. El “control ciudadano” es en el fondo, el control de los políticos sobre la educación.

El control político-partidario no resolverá los problemas de la educación; sólo los agravará, porque la educación pasará a ser una suerte de “botín”, donde cada partido querrá emplear su propio libro de recetas, y el conjunto de los estudiantes y trabajadores quedará a merced de esta disputa.

Lo que sigue a esto es la subvención de la educación privada (que ya está subvencionada). El botín en este caso, son los estudiantes y el Estado. Un sistema de proveedores privados y públicos “compitiendo” por los estudiantes, todo pago por el bolsillo del Estado, que es el Sr. Pueblo. Y eso es lo que asoma los dientes detrás de esta propuesta.

La elección de Pablo da Silveira como Ministro de Educación y Cultura de un eventual gobierno blanco, en lugar de Daniel Corbo, que hoy integra los organismos de la educación, muestra a las claras la verdadera estrategia en materia de educación que se propone.

De más está decir que si todas estas iniciativas fueran llevadas a cabo en una dupla Lacalle-Bordaberry, que sin duda dejarían sus diferencias y se pondrían de acuerdo, el sistema educativo, simplemente colapsaría. Los profesores y docentes de la educación se sentirían expulsados, y muy difícilmente participarían en reformas de este tipo (como sucedió en el pasado, con reformas incluso más amigables que éstas). Se sucederían conflictos interminables, no habrían “acuerdos nacionales” de ningún tipo, y sin planes para la educación hechos por las instituciones respectivas, el sistema político y los “expertos” se pondrían a hacer ensayos curriculares. En el mejor de los casos, tendríamos un compás de espera, durante otros cinco años, gastando mucho más dinero.

En estos días, han finalizado diez de los mejores años de la Universidad de la República, de la mano de ese gran Rector que fue Rodrigo Arocena. El, sus colaboradores, sus pro Rectores, han llevado a cabo una profunda reforma de la Universidad pública. Han creado los Centros Regionales Universitarios en el interior del país, han impulsado carreras nuevas, tecnicaturas y formaciones tecnológicas del más diverso tipo. La matrícula universitaria se ha incrementado sin cesar. Hoy, más de la mitad de los estudiantes de la Udelar, proviene de padres que nunca llegaron a la Universidad. Y esto es un verdadero salto cuántico en el Uruguay.

El Rector merece un reconocimiento. Y así como le damos la bienvenida a Roberto Markarian, el nuevo rector, creo que la Universidad en su conjunto, y Rodrigo Arocena, merecen nuestro reconocimiento público.

En estos años, se ha hecho un esfuerzo enorme por mejorar en la educación pública. Y lo más importante que ha hecho la derecha, es hacer que el canto de sirena se cuele en el pensamiento de la izquierda, llegando a hacernos creer que todo está mal en el campo de la educación. Ahora bien, se mejoraron los salarios, se construyeron y recuperaron escuelas y liceos, se multiplicó el número de niños y niñas en la educación preescolar, aumentó notoriamente el número de estudiantes que terminan tercero de liceo, y gracias a diferentes programas, se ha ido reduciendo la brecha entre la educación de los más ricos y los más pobres, que es el explicación última de los malos resultados en la educación.

Claro, ha mejorado más el ingreso promedio de los hogares, que su nivel educativo. Pero si queremos tener un país “de avanzada”, tenemos que ser al menos tan ilustrados como pudientes. Creo que somos más ricos hoy que antes, pero aún no logramos ser más inteligentes que antes.

La única verdadera sabiduría de una sociedad, está determinada por la inteligencia de los más humildes, no de las clases ilustradas y pudientes. No por una tecnoburocracia eficiente y “de primera”, aun cuando esa tecnoburocracia seamos nosotros. Apostar a la Universidad de la República, apostar a la educación pública, a los maestros, a los profesores, a los educadores, a los funcionarios no docentes que también están al pie del cañón haciendo todo lo posible, es la marca de la izquierda y su destino. La derecha no entiende nada de educación, pero siembra su canto de sirenas en nuestros oídos. Pedirle a la derecha que entienda de educación, es como pedirle a una persona que todos los días circula en auto, que entienda la vida cotidiana de quienes circulan en ómnibus, y planifique una estrategia para ellos. Así de simple.

En estos meses, hay que defender la educación pública con todos los argumentos que tenemos. Y no escuchar más los cantos de sirena. Es en la educación, siempre, donde se mide el destino de las verdaderas izquierdas.

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