jueves 22 de octubre, 2020

Recién empezó a verse una caída de los indicadores de desigualdad en 2008

Publicado el 08/03/11 a las 10:54 pm

Entrevista Andrea Vigorito y Verónica Amarante.
Por JORGE REBELLA.

Si los ingresos de los hogares crecen, aunque aumenten menos para los sectores más pobres, muchas familias van a salir con rapidez de la pobreza. En cambio, la desigualdad es una variable que evoluciona en períodos más largos y, por lo tanto, sería previsible que registre un movimiento más lento, explicaron las economistas Andrea Vigorito, directora del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la UdelaR, y Verónica Amarante, investigadora de dicha institución. Las entrevistadas son coautoras del trabajo titulado «La evolución de la desigualdad de ingresos en Uruguay entre 1980 y 2009». A continuación un resumen de la entrevista.

-¿Qué indicadores determinan que América Latina sea la región más desigual en la distribución del ingreso en el mundo?

Verónica Amarante-Lamentablemente, sólo existe información comparable sobre desigualdad para la región desde la década de 1960. Los datos disponibles indican que la distribución personal del ingreso en la región es más desigual que en el resto del mundo. El indicador más conocido es el Índice de Gini, que varía entre 0 y 1, es decir que la desigualdad es mayor a medida que este índice aumenta. En un trabajo reciente de Nora Lustig y Luis Felipe López Calva se señala: «Con un coeficiente de Gini de 0,53 a mediados de 2000, América Latina era 18% más desigual que el África Sub Sahariana, 36% más desigual que el este de Asia y el Pacífico y 65% más desigual que los países de ingresos altos».

-¿Cómo califica el nivel de distribución del ingreso en Uruguay hoy día?

Andrea Vigorito-Es difícil calificar el nivel de desigualdad si no es en relación con otros países, con otros momentos del tiempo o con una meta que el país se fije. Habitualmente las comparaciones se basan en la distribución personal, la cual refleja el ingreso que llegaría efectivamente a los hogares. En términos de distribución personal del ingreso, tenemos los menores niveles de desigualdad de América Latina, pero los niveles de desigualdad son muy altos en la región: México tiene niveles de 0,5 y Brasil incluso superiores. Sin embargo, los niveles de desigualdad de Uruguay son elevados si los comparamos con países desarrollados. En nuestro país, el Índice de Gini era de entre 0,42 y 0,46 en 2009 (considerando el ingreso luego de pagar impuestos), lo cual lo acercaría al nivel de Estados Unidos, de acuerdo a datos del World Institute for Development Economics Research (Wider). Sin embargo, el valor del índice para países como el Reino Unido es de 0,35, mientras que en países como Suecia y Noruega baja al entorno de 0,25.

-¿Cómo ha evolucionado el nivel de distribución del ingreso en Uruguay con respecto a la mayoría de los países de la región?

VA-Luego de presentar estabilidad entre la salida de la dictadura y mediados de la década de 1990, Uruguay comenzó a experimentar un aumento en su distribución personal del ingreso hasta 2007. En 2008 y 2009, y por primera vez en quince años, la desigualdad de ingresos comenzó a descender. Mientras tanto, en esta década, los indicadores de desigualdad del ingreso en varios países de la región empezaron a mejorar. En el trabajo ya mencionado de López Calva y Lustig, se analiza la caída en la desigualdad desde el año 2000 en Brasil, Argentina, Chile, Perú y México, de acuerdo a factores específicos en cada caso y se plantean interrogantes sobre su posible continuidad y sostenibilidad.

-¿Cuándo se observa una menor inequidad del ingreso en Uruguay?

AV-Es muy difícil establecer comparaciones para períodos anteriores por problemas en las fuentes de información. Según los datos disponibles, la menor inequidad en el ingreso se dio desde la salida de la dictadura hasta mediados de los años `90.

-¿Cuándo se registraron los peores niveles de distribución del ingreso entre 1980 y 2009?

VA-Se observa que, una vez que los niveles de desigualdad suben, muestran niveles altos de persistencia. Podríamos decir que, más allá de fluctuaciones, entre 2000 y 2007 se registran los mayores niveles de desigualdad en la distribución personal del ingreso.

-¿Cuánto inciden los ingresos no laborales (beneficios sociales, pensiones, etc.) en los hogares de los sectores de menores ingresos?

VA-En los últimos años, los beneficios sociales como asignaciones familiares, ingreso ciudadano (hasta 2007), pensiones no contributivas, han coadyuvado a mejorar la distribución, habiendo comenzado a tener un peso importante en los ingresos de esta población.

Variable lenta

-En el último quinquenio, el porcentaje de uruguayos que viven por debajo de la línea de pobreza cayó del 31,9% de la población en 2004 al 20,9% en 2009, según datos del INE. ¿Se ha reducido la desigualdad del ingreso en forma proporcional a esa caída?

AV-En el período 2005-2009 hubo un fuerte descenso de la pobreza porque aumentaron los ingresos de los hogares, pero ese proceso no fue acompañado por una reducción de la desigualdad. En realidad, nunca se debería esperar que ambos índices disminuyeran en forma proporcional en América Latina porque la pobreza está medida por una línea absoluta de ingresos. Ergo, si los ingresos de los hogares crecen, aunque aumenten menos para los sectores más pobres, muchas familias van a salir con rapidez de la pobreza. En cambio, la desigualdad es una variable que evoluciona en períodos más largos y, por tanto, sería previsible que registre un movimiento más lento.

-¿Se ha empezado a reducir la desigualdad en Uruguay?

VA-Pese a que en este último quinquenio, no sólo se aplicaron políticas de transferencias -primero fue el Panes y luego la ampliación de la cobertura de las Asignaciones Familiares-, sino que también se aprobó una reforma impositiva y se aumentó el salario mínimo, recién comienza a observarse una caída de los indicadores de desigualdad en 2008. Los estudios muestran que estas políticas son redistributivas. Por eso, cabe preguntarse qué hubiera sucedido con la desigualdad del ingreso si las mismas no se hubieran aplicado.

Tipos de medición

-¿Cómo se mide la desigualdad de los ingresos de la gente?

AV-Cuando se menciona la desigualdad del ingreso en el debate actual, hay que diferenciar la desigualdad del ingreso personal en los hogares de la distribución personal del ingreso. La distribución «funcional» es la que observaban los economistas clásicos y mide cuánto del ingreso total corresponde al salario y al capital. Es importante también analizar esta información, pero tiene la desventaja que no contamos con datos recientes porque el Banco Central no está publicando esa información.

-¿Qué resultados da el cálculo de la distribución funcional?

AV-En la distribución funcional, se ve que hubo una caída importante de la masa salarial en la crisis de 2002 y que se fue recuperando lentamente hasta 2006, pero no sabemos qué ha sucedido desde entonces. Aunque algunas estimaciones muestran que la masa salarial y laboral aumentó concomitantemente con la mejora del empleo y de los ingresos, desconocemos cómo es su participación respecto a los ingresos del capital, que es uno de los temas que hoy se discute.

-¿A qué tipo de distribución del ingreso se refieren ese debate?

AV-Se habla de las dos distribuciones. Una no observa directamente la distribución, sino la participación de los sectores en el ingreso total. La otra mira, después de la acción del Estado y de las formas cómo las personas se combinan en hogares, qué es lo que termina llegando a las familias. Para captar correctamente la dinámica de la distribución, hay que atender a los dos tipos de distribución.

-¿En qué se basan los cálculos para determinar la desigualdad en los ingresos?

VA-Las estimaciones de desigualdad del ingreso se realizan a través de la Encuesta Continua de Hogares del INE, que recoge datos sobre los ingresos totales de los hogares, inclusive los correspondientes a transferencias públicas. Pero las encuestas de hogares tienen los ingresos del capital mal captados. En Uruguay, al igual que en el resto del mundo, resulta difícil conocer con exactitud los ingresos del capital porque generalmente están subdeclarados y, por tanto, las estimaciones de desigualdad están sujetas a errores. Y no se puede, con esta fuente de información, realizar simulaciones para analizar en qué medida se podría redistribuir a través de imposiciones al capital. Sería necesario basarse en otras fuentes para poder avanzar en estos aspectos, o tal vez pensar en instrumentos específicos de captación de información de estos ingresos.
Es más fácil bajar la pobreza que mejorar la distribución del ingreso

-¿Qué incidencia han tenido las diversas disposiciones aprobadas en los últimos años con el fin de mejorar la equidad en los ingresos de la población?

Verónica Amarante-Las medidas han sido redistributivas, pero de impacto relativamente pequeño. El Panes, que se aplicó entre 2005-2007, tuvo un efecto mayor en la reducción de la indigencia y de la brecha de pobreza, pero no mostró efectos redistributivos importantes. Esto es coherente con la focalización y los objetivos que tenía esa política. Las nuevas regulaciones de las Asignaciones Familiares han tenido un impacto redistributivo de la misma magnitud que la Reforma Tributaria.

Andrea Vigorito-Cuando el Índice de Gini se concentra resulta muy difícil bajarlo, pero es muy fácil que suba. Para contrarrestar esa tendencia alcista, se requieren fuertes políticas redistributivas. Eso puede generar conflictos como lo hemos comprobado con la introducción del IRPF a partir de 2007. Por, ejemplo, además de lo que se planteó en relación a los impuestos y la política salarial, pueden profundizarse en relación a las transferencias de ingreso, si miramos el mayor impacto redistributivo que estas tienen en los países europeos, vemos que en Uruguay su impacto podría potenciarse a través de las Asignaciones Familiares pensadas conjuntamente con la Tarjeta Alimentaria. Sin embargo, lo hecho en este último período en la materia ilustra las dificultades que plantea la redistribución, porque el IRPF, que es una tributación moderada ya que el Índice de Gini baja entre un 5% y 10%, ha generado una controversia pública muy fuerte. Eso muestra que es más consensual bajar la pobreza que mejorar la distribución del ingreso.

-¿Cuánto se ha reducido la brecha en la distribución de los ingresos en los últimos años?

VA-La caída del Índice de Gini entre 2007 y 2009 fue del 5%. En Uruguay hay una tendencia subyacente del mercado de trabajo que provoca una mayor desigualdad. Si no hubiera ninguna intervención del Estado, lo que cabría esperar es que la desigualdad de los ingresos continuara creciendo.

-¿Qué impacto podrían tener en la distribución del ingreso una nueva modificación de la tasa básica del IVA que pasara del actual 22% al 20% y la fijación de una cifra de ingresos más alta para que se aplique el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF)?

VA-Los estudios de simulación hechos con distintos escenarios indican que esas eventuales modificaciones son de muy pequeña magnitud. Un salto importante en términos de redistribución se dio con la introducción del IRPF. Empero, una reforma tributaria que fue muy importante, habría afectado la desigualdad en forma moderada. Las estimaciones a partir de microsimulaciones indican que, si no hubiera existido ningún otro cambio en los ingresos de los hogares, salvo el cambio del sistema tributario, el Índice de Gini se habría reducido entre 5% y 10%. Los nuevos cambios sobre un impuesto a la renta que ya es progresivo tienen logros redistributivos muy acotados. En términos comparativos, es más redistributiva una reducción del IVA del estilo de las que se han propuesto recientemente que están focalizadas en los bienes que consumen más intensivamente los hogares más pobres. No obstante, esa modificación puede tener otros problemas desde el punto de vista de la eficiencia económica; pero, desde la óptica de los impactos redistributivos, es más efectiva que una medida general de reducción de dos puntos porcentuales del IVA, que además tiene un costo recaudatorio muy grande para el Estado.
Los sistemas de transferencias no deberían ser muy rígidos

-¿Qué efectos ha tenido la revolución tecnológica, que irrumpió en el mercado laboral uruguayo en la última década, en el aumento de la desigualdad de los ingresos del trabajo?

Verónica Amarante-En el corto plazo, el cambio tecnológico es un factor que puede impulsar a una mayor desigualdad de los ingresos como lo demuestran estudios llevados a cabo en países desarrollados. En Uruguay no hay investigaciones realizadas sobre este punto que demuestren esa incidencia en los ingresos, pero sabemos que hay una mayor desigualdad en los salarios atribuibles a distintos factores de demanda y de oferta en el mercado laboral.

-¿Estima que continuará ampliándose la brecha salarial entre trabajadores con alta y baja calificación?

Andrea Vigorito-En 2008 y 2009 la desigualdad en el mercado laboral bajó más que lo que descendió la desigualdad total. Si se observa la dispersión salarial por niveles de calificación, entre los ocupados de mayor nivel educativo se redujo moderadamente dicha dispersión. Se estima que esa evolución puede obedecer a la aplicación del IRPF y a la mejora de los salarios de sectores más sumergidos. En cuanto al futuro, eso dependerá de las medidas que se adopten.

-Visto el número importante de hogares que apenas ha superado la línea de pobreza pese al fuerte crecimiento del PIB en Uruguay en los últimos años, ¿qué tipo de asistencia se le podría ofrecer a esa población para evitar su recaída en la pobreza ante una eventual inflexión en la tendencia de la economía?

AV-Hay mucho para aprender de los países de la región. En el caso de Brasil, el ingreso de los hogares creció sostenidamente durante el gobierno de Lula y, en consecuencia, muchas familias pobres no calificaron más para los programas asistenciales, o sea que la pérdida de esa ayuda las colocó prácticamente de vuelta en la pobreza o en el umbral de la misma. Por lo tanto, hay que pensar desde el diseño de las políticas de redistribución del ingreso ciertas formas que permitan a los hogares continuar por más tiempo siendo beneficiarios de los planes de ayuda, aun cuando sus nuevos ingresos los libere de la condición de pobres. Sería conveniente que esa disposición se incorporara a los criterios de entrada y salida de Asignaciones Familiares y de la Tarjeta Alimentaria, ya que los sistemas de transferencias no deberían ser muy rígidos porque son mecanismos de largo plazo.

VA-En Uruguay, quizás no precisemos crear nuevos instrumentos de transferencias de ingresos porque el sistema de Asignaciones Familiares es muy importante. Sí habría que evaluarlo, reflexionar sobre su diseño y sus aspectos específicos como, por ejemplo, las reglas de salida.

Ficha técnica

Andrea Vigorito, uruguaya, es economista por la UdelaR y magíster en economía por London School of Economics (Universidad de Londres). Es directora del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas (FCEA) de la UdelaR.

Verónica Amarante, uruguaya, es economista por la UdelaR, magíster en economía por la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona (España) y doctora en economía por la Universidad de Sussex (Reino Unido). Es coordinadora del Área de Investigación de Empleo e Ingresos del Instituto de Economía y docente de la FCEA de la UdelaR.

TOMADO DEL SUPLEMENTO «ECONOMIA & MERCADO» del diario EL PAIS, 28/2/11, http://www.elpais.com.uy/suplemento/economiaymercado/recien-empezo-a-verse-una-caida-de-los-indicadores-de-desigualdad-en-2008/ecoymer_550150_110228.html

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