miércoles 28 de octubre, 2020

EL DIA DEL COMITE DE BASE Y EL LEGADO DE HUGO CORES

Publicado el 31/08/10 a las 12:35 am

Por Constanza Moreira

La siguiente columna contiene un conjunto de textos elaborados por Hugo Cores para la contratapa de los lunes durante los años 2005 y 2006. Los textos de su autoría que aquí se recogen, creo que son pertinentes y actuales y pueden ser tenidos en cuenta como insumos en las jornadas de reflexión que viene teniendo el Frente Amplio, con objeto de su renovación y transformación, y que se sucedieron a lo largo y a lo ancho del país el día del Comité de Base.

1. Tres maneras de encarar el porvenir (publicado en LA REPUBLICA en 2005).

La victoria del Frente Amplio tiene tan alto grado de significación, que abre para el país un conjunto de nuevas opciones. De las muchas variables existentes, resumo, a riesgo de caricaturizar en exceso, tres de las que creo principales.

La primera se llama «Molde». Hay que transitar los márgenes posibles. ¿Cuáles son? Los pretiles estrechos que nos dejan los otros: un margen en el cual actuar conforme a lo que pide el llamado «sentido común». Ese paquete de ideas, sentimientos y temores, de fabricación ajena y en serie, presentado como una papilla de conocimiento a la que se accede sin esfuerzo, no contraría ni los puntos de partida conceptuales ni los puntos de llegada funcionales para la sobrevivencia del poder establecido. Estas muestras de buen comportamiento, conformista y adaptado, podrían ser presentadas como una actitud de madurez, como si, por fin, la izquierda hubiera aceptado «el-mundo-tal-cual-es». Es la opción de cambio que no inmuta.

La opción «Molde» no aguanta el tinguiñazo de una pregunta digna de un párvulo «y entonces… ¿para qué todo?» Los años de lucha, la bandera de Otorgués flameando en los barrios, los presos y las familias deshechas. La imposibilidad de responder a la pregunta ¿para qué todo? es tan demoledora, tan definitiva, que liquida cualquier tránsito fluido por los lineamientos de este encare. Que, más que encare, ante la masa frenteamplista, sería un descare. Y que además fracasaría, porque presentándose como viable y apacible, sembraría la confusión, el descrédito y la pérdida de sentido.

La segunda opción es un gobierno con buen elenco y pueblo quieto. Ello supone mejores leyes, honestidad administrativa, fin del despilfarro, atención a las situaciones de desesperación social, política exterior con sentido de la dignidad nacional. La sede principal del quehacer político se limitaría al ejercicio del gobierno en las instituciones tradicionales de la democracia representativa al uso «uruguayensis»: Poder Ejecutivo, Parlamento, administración de los Entes Autónomos. ¿Supone cambios esta opción? Claro que sí. Cambios sumamente positivos, una suave brisa de aire puro. Nada desdeñable, por cierto. ¿Alcanza ese encare, llamémoslo módico? Creo que no. No descarto la necesidad de ampliar las bases políticas del gobierno. Pero creo que, si esa ampliación se hace exclusivamente como acuerdo entre las autoridades de los partidos y el nuevo gobierno, conduce a quedar presos de un juego conocido.

Demás está decir que la opción «buen elenco-pueblo quieto» dejaría intactas, o casi intactas, las bases ideológicas de la pasividad ciudadana, de la cultura consumista y conformista. Una ciudadanía apenas para ejercer en algunos aniversarios. Nuevas caras (y nuevos estamentos y nuevos grupos familiares) para el viejo conformismo uruguayo.

El único encare responsable es el del pueblo movilizado. La tercera manera de encarar reposa sobre la idea, contenida en todas las primeras páginas del programa del Congreso Héctor Rodríguez, de la profundización de la democracia. Del acrecentamiento del protagonismo obrero y popular. Del estímulo a otra prensa y a otro clima de debates culturales y políticos. De la movilización de las cabezas, de la acción crítica y creativa de la Universidad (la pública, la del país) en una resuelta toma de partido por los intereses populares para cambiar la realidad uruguaya. De la acción sin temores por parte de los críticos, de los creadores de inquietudes, de los contestatarios. De los enemigos jurados de toda forma de alcahuetería. De la ampliación, en Montevideo y en el Interior, de las instancias de organización popular. De encarar el plan de emergencia no como una acción de arriba abajo, sino como una instancia de reparación ­de devolución de lo indebidamente apropiado­ basada en el protagonismo de la gente organizada. No como una acción oficial intermediada por infinitas instancias estatales, o municipales (algunas, incluso, en manos de políticos blancos o colorados), sin presencia y sin decisión ni contralor de pueblo.

Encarar la realización del conjunto del Programa con el apoyo social de un cooperativismo fuerte, capaz de grandes acciones de masas, conocedor de la problemática del país y especialmente de la vivienda, con un sindicalismo clasista, con fuero sindical y negociación colectiva, consciente que este será su gobierno, tanto para defenderlo como para alertarlo y, si es del caso, para criticar a los malos funcionarios.

Un gobierno con su buen elenco, con el apoyo de un pueblo organizado y consciente, es la tercera propuesta de encare, la única responsable, viable, sensata.

2. ¿Qué rol tiene el Frente Amplio como partido en este proceso? (escrito para LA REPUBLICA en 2006)

En el Frente Amplio viven y palpitan muchas opiniones y sensibilidades. Las nuevas realidades y desafíos invitan a pensar en conjunto. Para mejorar al FA y por esa vía al gobierno. Creo que, para una fuerza de izquierda, que pretende cambiar el curso de las cosas, la acción de debatir y de abrirse a la participación del mayor número de protagonistas es un camino de fortalecimiento.

No creemos que ante una realidad que exige del gobierno respuestas a menudo matizadas y complejas, discutiendo se pierda el tiempo. En todo caso, la falta de una posición política forjada en el debate, debilita la nitidez de nuestros argumentos y nuestro accionar público.

Vivimos un defasaje entre los problemas que como gobierno se deben abordar y el proceso de participación popular que debieran generar estos desafíos. Ello contrasta con la ausencia de una dinámica que restituya a los organismos democráticos del Frente Amplio su capacidad de acompañar y participar, en su papel específico como fuerza política, el curso de los acontecimientos. Así, la acción de gobierno podrá transcurrir por aguas mansas o embravecidas pero la fuerza política, sus órganos de conducción y su militancia, permanecen por fuera. La miran de la orilla y se enteran por la prensa. Es un estilo de trabajo nuevo y, a nuestro juicio, riesgoso. Sobre todo si aparecen, como es de presumir, escollos que lleven a sectores importantes de la población a sentirse contrariados por la lentitud (o la ausencia) de cambios.

En su última visita a la Mesa Política, un ministro solicitó al Frente Amplio que «se confiara» en las orientaciones del equipo que integra. Confiar, sostiene el Diccionario de la Real Academia, «es depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la hacienda, el secreto o cualquier otra cosa». Pero este crédito sería una suerte de confianza ciega, un acto de fe poco compatible con las tradiciones laicas de nuestra estampa política anudada a los valores históricos de la izquierda. Y nadie debería poder sustraer legítimamente la discusión sobre las políticas más importantes del gobierno a la discusión a los partidos y al movimiento de base organizado que es el Frente Amplio.

A menudo se critica el funcionamiento de los Comités de Base. Sin embargo, estos han demostrado no una sino muchas veces, que aunque pasan por períodos de vida apenas virtual o larvaria, cuando se los convoca, se respeta sus tiempos de debate y se le define un campo de acción, son capaces de generar apoyos de masas de enorme peso.

Hoy se hace más necesario que nunca abrir cauces de participación, ya que la participación democrática de la fuerza política genera ímpetu, mejora el contenido de las propuestas y, en los momentos decisivos, actúa como factor de persuasión hacia otros sectores populares a los que no es fácil convencer desde el mero aparato del Estado.

Esa ha sido siempre nuestra manera de entender y de ejercer la democracia. Una forma de acción política permanente, y no sólo electoral, que nos ha caracterizado y nos ha dado una identidad en la región.

Tomado de La República, 30/8/10:
http://www.larepublica.com.uy/contratapa/421922-el-dia-del-comite-de-base-y-el-legado-de-hugo-cores

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