lunes 19 de octubre, 2020

José Mujica: El ex guerrillero del pasado y el estadista del futuro

Publicado el 16/10/09 a las 10:33 pm

Por Samuel Blixen

En Uruguay la historia no termina de decantarse. Los últimos veinticinco años de político, legislador, gobernante, no logran competir con los ocho años de guerrillero de hace tres décadas. Una persistente y vasta articulación, en la que se funden periodistas, politólogos y analistas, abruman a José Mujica -ex tupamaro y actual candidato a la presidencia de Uruguay por la coalición de izquierda Frente Amplio- con una pregunta que no recibe, al parecer, una respuesta satisfactoria, por la forma en que es reiterada sin originalidad, así pasen los años (y las entrevistas), como quien hace un mandado por encargo, para satisfacción del patrón:

-“¿Se arrepiente usted de su pasado”?

Mujica ha ensayado distintos abordajes para la respuesta, ha explicado las circunstancias del Uruguay de los años sesenta, ha sintetizado la historia reciente, ha explicado las causas de una violencia de extrema derecha (bandas fascistas, escuadrones de la muerte), ha desmenuzado los elementos autoritarios que gestaron la respuesta revolucionaria de los tupamaros –y no sólo de ellos-, sin los cuales la experiencia guerrillera quedaría reducida a una insana reacción de jóvenes estúpidos, tan estúpidos e irresponsables como para arriesgar la vida por nada.

En una reciente entrevista televisiva el periodista volvió a preguntar lo mismo y Mujica respondió:

-¿Si me arrepiento? ¡Claro que me arrepiento!

El periodista quedó sorprendido. En su rostro se percibía el desconcierto y el atisbo de gozo adelantado por la primicia inesperada: una confesión del Pepe, finalmente.

-Claro que sí –continuó Mujica- me arrepiento de haber invertido tanto sacrificio, tanto esfuerzo para que, llegado el momento, fracasara en el deber de enfrentar y combatir a la dictadura militar. Estaba preso, cuando debería haber estado junto al pueblo.

A diferencia de esos inquisidores del pasado con intenciones lineales, una porción de la ciudadanía uruguaya –por lo menos la mitad, si se confirman las tendencias de la actual campaña electoral- no parece perder el sueño por aquellos ocho años lejanos. De modo que esa condena de la “aberración” del pasado de Mujica se traslada a aquellos que probablemente lo consagren presidente con su voto. Es todo un pueblo que está equivocado.

Aunque la comprensión del pasado reciente está obstaculizada por las intenciones políticas, la tergiversación de los hechos y la manipulación mediática (que guardan una estrecha relación con la impunidad conferida a los terroristas de Estado) hay una intuición de coherencia en el “fenómeno Mujica” que facilita su aceptación. Esa coherencia se expresa en la manera en que el líder de la fuerza principal de la coalición de izquierdas traduce las antiguas utopías de la liberación –justicia social, soberanía económica y política, integración en la Patria Grande- a las coordenadas del mundo actual. Algunos opinan que es un paso atrás. El Pepe aclara: “No renuncio al socialismo”, pero advierte que la tarea en la que debe gastar el último tramo de su ciclo vital no es otra cosa que “reinventar el capitalismo”.

El Pepe está aceptado tal cual es: vive modestamente en una chacra del Montevideo rural, se viste sin etiqueta, y despliega una franqueza frontal. Ha tenido que explicar (porque le han reprochado que viva como vive) que sus opciones no pretenden cuestionar el estilo de vida nadie; pero que él prefiere dedicar su tiempo a lo que le hace feliz (el estudio, la reflexión, la militancia) porque el consumo exige dedicar tiempo de trabajo para satisfacerlo.

Detrás de la forma coloquial de comunicarse hay un sólido cuerpo de ideas (que podrán negociarse) y de principios éticos (que no se negocian). Cuando Mujica explica el Uruguay con el que sueña hace una comparación con Finlandia: “tenemos que encontrar nuestro Nokia”, dice. Y analiza la región: un subcontinente que se convierte, en la perspectiva de los próximos 30 años, en el principal proveedor de alimentos de un mundo que los reclamará con mayor insistencia hasta que se invierta la tendencia del crecimiento de la población global. Uruguay, que produce carne, leche, trigo y soja, compite en los mercados internacionales con Brasil, que tiene el mayor hato ganadero del mundo, con Argentina, uno de los principales graneros, con Paraguay en la soja. Habrá, pues, que transformar a Uruguay en proveedor de insumos para sus vecinos: semen censado, pesticidas biológicos, vacunas, semillas mejoradas. Ello lleva a universalizar el conocimiento y masificar la educación terciaria, de modo que en los próximos años “no haya un joven que no sea universitario”. Hay, en la propuesta, un profundo sentido de equidad social; pero también un objetivo pragmático: incentivar la investigación científica, priorizarla, de modo que en el país “más que fábricas, haya laboratorios; más túnicas que overoles”. Porque centra sus expectativas en la investigación biológica y en la biotecnología, propone descentralizar la universidad estatal, multiplicarla asentando nuevas universidades en puntos estratégicos del país para cumplir un doble objetivo: llevar la enseñanza terciaria al medio rural y priorizar el estudio de aquellas materiales vinculadas con la realidad productiva y social de la zona. Así, habrá universidades en la cuenca lechera, en la zona forestal, en el ámbito de la producción agroganadera.

El proyecto de descentralización universitaria y el esquema de multiplicar los centros de investigación apuntan a otro objetivo: el repoblamiento de la campaña, que priorizará el “agrupamiento” del pequeño productor, del productor familiar, para competir en una realidad ya instalada: la presencia de grandes trasnacionales (de la madera, de la producción láctea, de los agronegocios). Mujica no se propone, como denuncian sus antagonistas políticos en una campaña electoral signada por el agravio, liquidar la propiedad privada y expulsar al capital extranjero, en una propaganda poco imaginativa, reiterada, que anuncia el advenimiento de un “totalitarismo marxista”. Pero sí se pronuncia radicalmente opuesto a una reimplantación de las concepciones neoliberales que en Uruguay y en América Latina desangraron la economía y extremaron la injusticia social. La inversión del capital extranjero es para Mujica un motor para el crecimiento, y se muestra confiado en las posibilidades de una negociación que permita congeniar el interés capitalista del inversor y las prioridades nacionales de estímulo a las actividades productivas de una estrategia nacional de desarrollo. Pone límites sí, a las inversiones que fomentan el monocultivo y agraden el medioambiente, a la concentración monopólica y a la especulación financiera.

Como este ex guerrillero no se acopla a la imagen que la derecha hubiera deseado para desplegar la propuesta de la restauración neoliberal, el desconcierto por la ineficacia del guión ya obsoleto impulsó la descalificación que desnuda en sus oponentes una irreprimida veta aristocrática. Así, la campaña electoral desembocó, imprevistamente, en un ejemplo didáctico sobre el origen, la extracción y la posición de clase que subyace en el trasfondo de la confrontación electoral. «Vamos a ganar por el prestigio de lo hecho por este gobierno, por una tradición de entrega y lucha, y porque venimos de muy abajo y de muy lejos» –ha dicho recientemente en un acto de masas. «El Frente Amplio ya no es el tácito acuerdo entre trabajadores politizados y estudiantes. Hay otro Frente que viene de los suburbios; es un nuevo proletariado de mil oficios que trae aliento de fuerza primitiva, se está amasando en los dolores postergados de multitudes anónimas, hasta ahora utilizadas, que se están liberando. Hay que tener ojos para verlos y corazón para sentirlos en su aliento y sus demandas”.

Como el recurso de la interpelación al “arrepentimiento” no da dividendos, la derecha ha ensayado otras estrategias. “Impresentable”, “ordinario”, “ignorante”, “Cantiflas”, denuncian. ¿Serán esos argumentos suficientes para impedir un segundo gobierno de la izquierda en Uruguay?

Tomado el 14/10/09 de http://alainet.org/active/33668

2 Comentarios para “José Mujica: El ex guerrillero del pasado y el estadista del futuro”

  1. alberto Melgarejo

    Oct 20th, 2009

    Exelente artículo, dos veces bueno, por lo ilustrativo y por lo corto

  2. Gustavo Morales

    Oct 25th, 2009

    Muy bueno. El Pepe es un grande, muy inteligente, humilde sin ser para nada tonto, lleva tras si desde la izquierda mas retrograda estalinista hasta los moderados que quieren llegar a un socialismo nordico.Es un idealista pragmatico, que piensa que las cosas son como son y que del pasado hay que sacar las enseñanzas que nos proyecten a un mañana mejor.En el no hay odio, ni siquiera resentimieno, si hay una enorme sabiduria, un gran amor hacia la gente. Hacia todos. Sabe que el trabajo es el motor del pais, y es a partir de esa realidad que sabe que hay que incentivar el trabajo, venga de donde venga el que pone el capital y hay que apoyar entonces al trabajador y tambien al empresario. No mas lucha de clases esteriles, sino ver al trabajador y al capitalista como formando parte de lo mismo, o sea del progreso. Hay que ser inteligente para lidiar sin denostar a la derecha y unir tan diferentes concepciones de la izquierda, esa izquierda que de la mano del Pepe llegara, sin duda a su segundo periodo de gobierno donde y esperanzas tengo, despegue por fin Uruguay del futuro.El Pepe va a ser un factor de unidad nacional, no solo de la izquierda, sera recordado por siempre como un grande de verdad.

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