domingo 25 de octubre, 2020

LO ECONOMICO Y LO SOCIAL EN EL PROGRAMA DE LA IZQUIERDA

Publicado el 15/03/09 a las 9:05 pm

Por Alberto Couriel


La derecha y la izquierda presentan notables diferencias sobre el papel de lo económico y lo social.

Para la derecha importa la política macroeconómica de corto plazo, donde se prioriza lo financiero frente a lo productivo y lo social. Si se combate adecuadamente la inflación y se logra la estabilidad económica ­papel central del Estado­, el mercado y el sector privado resolverán todos los problemas económicos y sociales. Para los partidos tradicionales fue fundamental y prioritario asegurar el funcionamiento de la plaza financiera, inclusive a costa de lo productivo y lo social, como ocurrió en la primera mitad de los años ochenta del siglo pasado y en la última crisis de 2002. Para la derecha, el equilibrio fiscal es condición indispensable para la estabilidad económica. Para esta concepción, con mirada prioritaria en lo financiero, el déficit fiscal es el origen de la inflación, de la desocupación, del endeudamiento externo y se ubica en el centro causal de los grandes problemas sociales. En esencia, para la derecha la plaza financiera es prioritaria para asegurar la entrada de capitales y la estabilidad económico-financiera, para lo cual el equilibrio fiscal es una variable fundamental. Lo económico y lo social, en última instancia, derivarán de acciones del sector privado y del mercado. Los objetivos financieros son prioritarios con respecto a los objetivos productivos y sociales.

Para un gobierno de izquierda es importante la visión de mediano plazo, donde lo económico y lo social deben tener prioridades similares, pero lo financiero debe quedar subordinado. En el corto plazo, dependiendo de la situación específica, lo financiero puede tener prioridad similar junto a lo productivo y lo social. El problema de la inflación se debe atender sin afectar lo productivo y lo social. Si la inflación alcanza cifras de tres dígitos no hay duda de que tendrá una prioridad central combatir dicho flagelo. Pero si la inflación es de un dígito tendrán prioridades similares lo financiero, lo productivo y lo social. Para la izquierda, la plaza financiera no es central e inclusive debería evaluarse su funcionamiento. Permitió la entrada de capitales, en muchas circunstancias de muy corto plazo y de carácter especulativo, y tuvo muy altos costos, como en la década de los 80 por las compras de cartera y la caída de bancos como el de Italia, el Pan de Azúcar y el de Crédito que significaron elevados costos fiscales. Hoy se plantea el tema del secreto bancario. En el programa del Frente Amplio se propone su levantamiento con exclusivos fines fiscales, como lo solicitó la Dirección General Impositiva durante la discusión de la reforma tributaria, para combatir la evasión impositiva. José Mujica planteó la posibilidad futura de que, ante un planteamiento desde el exterior sobre levantar el secreto bancario, esto sea fruto de una negociación para analizar qué nos otorgan frente a dicha eventual solicitud. En esencia, una negociación que atienda los intereses nacionales. Para la izquierda la política macroeconómica deberá ceñirse al horizonte de mediano plazo que surge de los lineamientos estratégicos, y sus objetivos no solamente serán atender los problemas financieros sino también los productivos y los sociales. Atender simultáneamente inflación, crecimiento y empleo. Y dentro de esta política de corto plazo la política fiscal, sin fundamentalismos y sin dogmas, no debe limitarse a los objetivos financieros porque es muy importante para resolver problemas económicos y sociales, como lo muestran las acciones actuales del gobierno de Obama en EEUU.

Para el mediano plazo, los objetivos centrales de un gobierno de izquierda se basan en la igualdad y la justicia social, condición sine qua non del desarrollo humano. Para la izquierda es vital el bienestar de la sociedad y para ello lo económico y lo social tienen que avanzar conjunta y simultáneamente. La justicia social requiere necesariamente del crecimiento económico. Es muy difícil conseguir mejoras en la distribución del ingreso, en la educación, en la salud y en la vivienda si no hay crecimiento económico. Y, a su vez, las condiciones sociales son muy importantes para alcanzar aumentos significativos de la producción y de la productividad. En una estrategia de desarrollo es muy relevante la conformación de una estructura productiva que atienda tanto la competitividad como el empleo productivo. La competitividad es un problema sistémico que no se puede alcanzar sin altos niveles educativos y desarrollo tecnológico. La creatividad y la innovación requieren de una excelencia en recursos humanos que derivan del propio sistema educativo, en todos sus niveles. Por lo tanto, no se avanza en competitividad si no se atienden prioritariamente los problemas sociales. La resolución de los problemas del empleo es imprescindible para mejorar la situación social. Atender los problemas del empleo ­desocupación abierta, subempleo e informalidad­ es el mecanismo básico para enfrentar la pobreza, la heterogeneidad estructural, la fragmentación social y las desigualdades. Pero el tema del empleo deriva de factores de demanda y de oferta de mano de obra. El crecimiento económico y su contenido, en cuanto a la conformación de la estructura productiva, son condición necesaria e imprescindible para atender la demanda de mano de obra. Los programas de empleo son fundamentales en la medida que el mercado no está en condiciones de abordar esta problemática. De dichos programas deben surgir rubros y sectores de actividad económica de mayor generación directa e indirecta de empleo para recibir los mayores estímulos, incluyendo, además, a las pequeñas y medianas empresas. La atención de los problemas de empleo requiere también acciones desde la oferta de mano de obra. Se debe mejorar la formación de los recursos humanos, especialmente en los sectores más carenciados, y crear mecanismos de educación permanente para adecuar la calificación de la mano de obra a las exigencias que la velocidad de la revolución tecnológica impone. En esencia, resolver los problemas del empleo requiere acciones en el campo económico y social simultáneamente.

La fragmentación social necesita intervenciones tanto en el campo económico como en el campo social. Si no se resuelve el tema del empleo no se resuelve el problema de la heterogeneidad productiva que se ubica en el centro explicativo de la fragmentación y de las desigualdades sociales. Ni tampoco los de la pobreza, la salud y la educación. Para atender el problema de la educación es imprescindible enfrentar conjunta y simultáneamente el tema de la pobreza, y por lo tanto el de la alimentación, el de la salud, el de la vivienda y el del ordenamiento territorial. Como vemos, todo está interconectado. Por ello es necesario el Proyecto Nacional, los lineamientos estratégicos para conformar la estructura productiva flexible y abierta y una estrategia global para enfrentar tanto la fragmentación social como los grandes problemas de la alimentación, de la educación, de la salud y de la vivienda. Esta es una tarea central del Estado junto a los principales actores sociales, porque el libre juego del mercado no está en condiciones de resolver la heterogeneidad productiva, ni la fragmentación social, ni los problemas del empleo, ni de la pobreza, ni de la educación, ni de la salud, ni de la vivienda.

Tomado de La República, 11/3/09.

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