martes 20 de octubre, 2020

LA MITAD MAS UNO

Publicado el 29/09/08 a las 8:12 am

Por Constanza Moreira

Las recientes encuestas de opinión divulgadas sobre la intención de voto de los uruguayos para el 2009, muestran un panorama que por momentos resulta un poco paradojal. Más allá de las diferencias de porcentajes entre una y otra, todas, en general, coinciden en afirmar tres escenarios. El primero es que el Frente Amplio sigue siendo el favorito para las próximas elecciones. El segundo es que el Partido Nacional tiene una intención de voto superior en casi diez puntos a la que tenía, a igual período, hace cinco años. La tercera es que el Partido Colorado va a continuar siendo el de menor votación relativa de los tres, con un techo electoral del 10%.

Estos tres escenarios son coincidentes en las encuestadoras más importantes del medio, aun a despecho de algunas diferencias, que sin embargo vale la pena anotar aquí. La primera es con respecto al cálculo de indecisos. Preguntando al entrevistado sólo una vez por su decisión en las próximas elecciones, parecería que el porcentaje de indecisos oscila en alrededor del 20%. Si se le pregunta más de una vez, y de modos diferentes, este porcentaje se reduce a poco más del 10%. La segunda diferencia es con respecto a los porcentajes asignados a cada partido. La intención de voto para el Frente Amplio varía entre el 38% y el 44%, según las encuestadoras. La del Partido Nacional, entre el 21% y el 35%. Estas diferencias obedecen al cálculo del número de indecisos y arrojan una diferencia entre el primero y el segundo de poco más de diez puntos porcentuales.

Las diferencias entre las encuestadoras no son, sin embargo, de significación. Todos los resultados que se han divulgado en estas semanas indican tendencias muy similares, más allá de las diferencias entre una y otra. ¿Qué es lo sorprendente de estos resultados entonces? Varias cosas, y que ameritan una profunda reflexión sobre el comportamiento del electorado uruguayo, cuatro años después de haber tenido lugar la elección que representó un antes y un después en la historia política del Uruguay.

La primera es que la intención de voto del Frente Amplio hoy, comparada con la de similar período de 2003, es entre cinco y diez puntos más baja (en 2003 se ubicaba en el orden del 46%). La razón por la que comparamos elecciones a iguales períodos, es porque el ciclo electoral genera un efecto propio, producto de la campaña y de la definición de las candidaturas, y tiene sus propios tiempos. En setiembre de 2003, al igual que en este setiembre de 2008, se vivía un período en el cual las opciones de los electores todavía no están «contaminadas» por el efecto de la campaña electoral. Esta estaba entonces, al igual que ahora, recién comenzando.

Lo segundo que sorprende de esta comparación es que la intención de voto del Partido Nacional está entre cinco y diez puntos más alta que en 2003. En este período, un porcentaje que oscilaba entre el 20% y el 25% de los entrevistados, declaraban que iban a votar al Partido Nacional. Hoy, ese porcentaje es casi diez puntos más alto. El aumento del electorado del Partido Nacional es más comprensible que la disminución del Frente Amplio y se relaciona con el desempeño del Partido Colorado.

En las elecciones de 2004 se dio un trasvase de votos del Partido Colorado al Partido Nacional muy importante. Este fenómeno luego se consolidó. Cuando se medía la intención de voto del Partido Nacional en 2003, aún no se había producido el pasaje de los electores del Partido Colorado al Partido Nacional. Muchos aún se encontraban indecisos. Se decidieron finalmente después, y al parecer, continúan hoy en la misma posición. Esta es la razón por la que el Partido Nacional hoy tiene una intención de voto tan alta: los electores que en 1999 votaron al Partido Colorado ya están, presumiblemente, votando al Partido Nacional. Esta también es la razón por la que el Partido Colorado tiene tan poca intención de voto. Pero, ¿y el Frente Amplio? Esto merece una explicación distinta.

Desde el punto de vista de los indicadores clásicos que miden el «éxito» de un gobierno, y se relacionan con las teorías del desempeño electoral, al Frente le ha ido excepcionalmente bien. Dos son las medidas que importan para evaluar el éxito de un gobierno, de cara a lo que los electores priorizan. La primera es la legitimidad política del mismo, o, por decirlo en forma más sencilla, su «popularidad». La segunda, es lo que en ciencia política se llama la «legitimidad de resultados», o «desempeño», y ésta es básicamente económica. Esto es: más allá de la popularidad de un gobierno, importan los resultados que obtenga. Por más popular que sea un gobierno, y por más votos que haya tenido, si a la mayoría de la gente le va peor con él, su legitimidad irá decayendo.

El desempeño de un gobierno no se mide sólo por indicadores objetivos (como la tasa de crecimiento económico), sino por cómo la gente cree que le está yendo. En política, no solamente importa lo que pasa, sino lo que la gente cree que pasa. Y parte de lo que sucede es lo que la gente cree que sucede. Así, percepciones y realidad se influyen mutuamente. Además, en países muy desiguales, como los de América Latina, la tasa de crecimiento económico no necesariamente «derrama» sobre la mayoría de la gente. Por consiguiente, una tasa razonable de crecimiento económico puede no ir de la mano con una mejoría significativa del 50% más desfavorecido, y por ende, no generará la sensación, en la mayoría del electorado, de que «se está mejor».

En Uruguay, los dos indicadores del éxito de un gobierno indican que al Frente Amplio le ha ido muy bien. Por consiguiente, debería tener una intención de voto superior o igual a la de setiembre de 2003.

En primer lugar, la popularidad del gobierno es la más alta que ha tenido gobierno alguno, desde la salida de la dictadura. Esta popularidad no sólo beneficia al presidente Tabaré Vázquez (el más popular de los presidentes hasta ahora), sino al propio gobierno. La confianza de los uruguayos en el gobierno hoy, según los datos del Barómetro para América Latina (Latin American Public Opinion Project ­ Lapop) ronda el 60%. Así, es claro que el gobierno tiene una legitimidad muy importante, o por decirlo en otros términos, es «muy popular».

En segundo lugar, el «éxito» económico del gobierno también es importante, a juzgar por las percepciones. Según los mismos datos del Lapop la mayoría de los uruguayos es optimista y piensa que la economía del país está mejor ahora que un año atrás: 42% contra 24% (que piensa que está igual o peor). Cuando se les pregunta por su propia situación, un 25% considera que su situación es buena, un 56% que no es «ni buena ni mala», y un 16% que es mala. Más o menos la mitad de las personas indican que «les alcanza para vivir» y la otra mitad que «no les alcanza; tienen dificultades». Comparados con períodos anteriores, estos resultados son, a escala uruguaya, netamente positivos.

La pregunta entonces es, ¿por qué la intención de voto del Frente no es más alta? ¿Acaso el buen desempeño del gobierno no debería haber mejorado la intención de voto? ¿No debería ser más alta hoy que en el pasado? Frente a esto, vale el argumento de «la mitad más uno». Es muy difícil que en un contexto de tres partidos, un partido tenga mucho más que el 50%. Y, cuando los indecisos se decidan, la intención de voto del Frente Amplio estará, presumiblemente, en el entorno de lo que estuvo en 2004: en el 48%. Esto es, estará de nuevo pisando la posibilidad de ser «la mitad más uno», pero con dificultad. La otra mitad seguirá estando en la oposición. El bipartidismo uruguayo seguirá impregnando la lógica política de este país, aun cuando la era de «blancos y colorados» ya haya pasado.

Tomado de La República, 29/9/08.

Un Comentario para “LA MITAD MAS UNO”

  1. Juan Antunez

    Sep 29th, 2008

    Hola Angel, está muy bien » EL COMPAÑERO» buenas notas y que forman ideologicamente a los lectores. unabrazo

    JUAN antunez

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