miércoles 21 de octubre, 2020

CARTA ABIERTA DE ANA MARÍA PIERI AL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA Y A TODOS LOS ORIENTALES

Publicado el 12/07/08 a las 9:07 pm

Para nosotros, los familiares de los detenidos que murieron en las cárceles de la dictadura, la frase  «Nunca más»  es algo que no cura las heridas del pasado, ni las curarán jamás, y menos cuando ni en el presente ni en años anteriores se   ha hecho nada.


Esta frase «Nunca más» carece de sentido para mí, cuando no se la ha acompañado del actuar. Según como actúe es lo que yo merezco.

Nuestros  hijos e hijas, fueron jóvenes estudiantes y trabajadores, que soñaban con un mundo mejor. Por eso pasaban su juventud, estudiando y trabajando,  y sin cerrar los ojos a la realidad empleaban su tiempo dando su  vida por los más necesitados.

Solidariamente tendían su mano a los que nada tenían, a los que carecían del derecho a  una vivienda, al trabajo digno, y a la educación. Ellos se transformaron en la voz de los que víctimas de la injusticia, o no sabían o no podían reclamar por sus derechos.

A nosotros sus familiares nos duele que digan «Nunca más» pero a ellos no se les recuerde, ni se tengan en cuenta porque murieron,  ni lo que sentimos nosotros sus familiares.

Sin desconocer el dolor de los familiares de los desaparecidos, sentimos que nuestro dolor no es reconocido como tal, y que se lo ha minimizado. Nuestro pueblo no sabe por los medios de comunicación (que salvo honrosas excepciones ignoran el tema) porqué murieron, no sabe lo que sentimos  nosotros sus familiares.

Junto a algunas compañeras se nos  ha dicho varias veces con bastante falta de respeto, que nosotros «tenemos la suerte de poder enterrarlos».
Incluso tuve la desagradable visita de  una «periodista»  que fue a visitarme y tuvo el descaro de decirme en mi  propia casa que yo era una «privilegiada» hiriendo profundamente mis sentimientos.

Me pregunto: ¿Cuál es mi privilegio? ¿Será acaso el haber tenido que acostumbrarme a vivir sin mi hija, y a sufrir la soledad que sufro hoy tras la muerte de mi esposo, encontrando fuerzas para seguir viviendo con dignidad,  buscando razones  para seguir  creyendo en que se puede llegar a construir en mi país una sociedad   más justa y  digna?

En esta lucha de todos los días me he visto sostenida por mi fe cristiana, fe que compartía con mi querida hija. ¿Será acaso este el privilegio que mencionaba la «periodista»?

Se debe pensar antes de hablar y medir las palabras. Hay personas que olvidan que además de ser comunicadores deben tratar a las personas con respeto, porque el tema  tratado es muy delicado, y yo que soy madre de una de las víctimas sufro mucho con esto.

Yo soy la madre de Ana María González  Pieri.

Mi hija no fue «desaparecida» pero estuvo detenida sin un juicio claro, no se pudo defender y no tuvo ninguna garantía  ni la ampararon los derechos legales normales que nuestra Constitución reconoce a cada ciudadano. En la prisión sufrió torturas.  La causa de su muerte fue que la obligaron a trabajar en condiciones insalubres en una cámara frigorífica y enferma con una tremenda infección de garganta.

Las condiciones de humedad, frío y aislamiento en el calabozo hicieron el resto. Cuando la internaron en el hospital en el CTI ya no se pudo hacer nada para salvarle la vida.

Ella tenía en el momento que la internan la libertad firmada desde el 8 de marzo de 1979, siendo retenida arbitrariamente en el Penal de Punta de Rieles. EMR2 la internan el 29  de abril en el Hospital Militar en estado de coma,  falleciendo el 4 de mayo de 1979.

Esta es mi  historia, e historias similares a la mía comparten mis compañeros y compañeras de infortunio y dolor cuyos  hijos murieron en las cárceles de la dictadura, muchas veces por el simple delito de pensar distinto al gobierno y luchar por  un cambio  justo en la sociedad.

Yo no le deseo a nadie, que pase por lo que nosotros hemos pasado, tanto en los años de la Dictadura, como en los años de la recuperada Democracia hasta el presente, donde seguimos experimentando el olvido y la falta de respeto hacia nuestros hijos y nosotros.

¿Acaso se olvidó que nuestros hijos también lucharon contra la dictadura, y lo hicieron hasta las últimas consecuencias, dando su vida? Podría haberme vuelto loca, pero todos los días me aferro a mi dignidad y al recuerdo querido y entrañable de mi hija. Estoy si, orgullosa de haber traído al mundo a un ser noble, generoso y solidario como mi hija, que sólo supo dar amor a su familia y a su prójimo.

Yo pido  justicia, y no venganza, que seamos todos realmente iguales ante la Ley, como usted siempre dice y afirma en sus discursos.

No quiero sólo palabras, quiero hechos. Reparaciones justas y reconocimiento  no sólo para algunos sino para todos.

Ana María Pieri.
C.I. 1001488-1
Madre de Ana María González Pieri.
Víctima de la dictadura

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