Editorial / Revista Compañero 5
Publicado el 11/08/17 a las 5:05 pm
Daniel Gerhard
¿Es posible la socialdemocracia? No pregunto sobre “un capitalismo más humano” porque es imposible. Pregunto sobre ese modelo capitalista que le dio a millones de europeos la posibilidad de tener casa propia, viajar al extranjero, tener auto y una vida con muchas comodidades, así como buena educación y atención de salud. Ese modelo capitalista existió en una parte de Europa, dejando fuera del sistema a una minoría, como quizás ningún otro sistema-modelo en lo que va desde que los humanos construyeron las primeras fábricas.
Entonces podemos decir que fue posible la socialdemocracia. ¿Pero bajo qué contexto? En el marco de un ciclo de expansión económica capitalista mundial. Asimismo lejos estamos de ser los primeros en señalar que fue la polaridad entre Estados Unidos y la Unión Soviética, o sea, entre dos sistemas de producción, lo que llevó a que el bloque capitalista realizara una concesión distribuidora en una parte estratégica del continente europeo bajo fuerte desafío soviético. Dicho de otro modo; el capital le concedió a amplios sectores de los trabajadores parte de sus frutos para que el modelo de producción y sociedad soviético no resultara tentador.
Una pregunta que se puede desprender de estas consideraciones sería ¿es la “amenaza” revolucionaria una herramienta que propicia una concesión socialdemócrata por parte del capital para disuadir o disolver fuerzas de cambio? Los cientos de miles de asesinados y desaparecidos en los sesenta, setenta y ochenta en América Latina luchando por una sociedad más justa son nuestra respuesta. Luego de la segunda guerra mundial los Estados Unidos y sus motores económicos habilitaban ciertas concesiones a las mayorías en Europa Occidental, mientras que aniquilaron a punta de revólver las ansias de cambio en el resto del mundo. ¿Por qué allí sí y aquí no? La respuesta posiblemente sea multicausal y solo propondremos posibilidades: Razones geopolíticas de cercanía con la URSS, razones de alianza histórica con algunas potencias europeas como Francia y Gran Bretaña, más una cuota de racismo; a blancos sí y a latinos, asiáticos, indios y negros no. Conocido es que Estados Unidos también necesitaba asegurarse consumidores de su producción, con cierto poder adquisitivo. Así que junto con sus aliados europeos se reservaron ser el centro del capitalismo y los puestos de trabajo calificados, obligando al resto a ser la periferia productora de materias primas, u obreros semi-esclavos, e importadoras de bienes con mayor valor agregado. Pero la socialdemocracia europea contó con otra fuente de financiamiento, criminal desde todo punto de vista, y fue el colonialismo en África y Asia, que hoy se perpetúa a través de las multinacionales de forma legal e ilegal, con costos humanos horrorosos.
Aun así, el siglo XXI es de cambios también para los centros de poder, que no lograron evitar la existencia de potencias emergentes, sobre todo China e India, que llevan al planeta a lógicas multipolares. A su vez, los discursos liberales y globalizantes ayer arrolladores hoy al no encontrar tanto eco, y sí muchas resistencias y contra discursos, no están tan seguros de sí mismos. Por izquierda y por derecha se empieza a resquebrajar el consenso globalizante y neoliberal, y esto puede ser tal vez, aprovechable para fortalecer resistencias y ensayar proyectos soberanistas donde apoyar sociedades más equitativas.
En cada número de esta revista recordamos y homenajeamos a nuestros compañeros que desaparecieron o fueron asesinados por enfrentarse al capitalismo y su barbarie, no para obtener de él una concesión socialdemócrata, sino para colectivizar al capital en sí, hacer la Revolución. La socialdemocracia no fue nunca una alternativa para nuestro continente, ante la crisis del modelo neobatllista y el avance capitalista a partir de los sesenta, y de la movilización de los trabajadores y el pueblo, a lo que se enfrentaron nuestros compañeros fue a una brutal represión y luego a una dictadura. A través de ella el capitalismo se reestructuró para su propio beneficio ensanchando la desigualdad y empequeñeciendo la esperanza.
En lo que va de la era de gobiernos frente-amplistas casi nada se ha rasguñado al capital, pero se favoreció el fortalecimiento de la organización de los trabajadores y el avance de derechos, se implementaron políticas sociales y se asumieron algunos gastos favoreciendo a sectores vulnerables. En ese marco destacamos al Sistema Nacional Integrado de Salud que está cumpliendo diez años. El aniversario redondo nos sirvió de estímulo para acercarnos al tema desde dos perspectivas diferentes; una del interior y la otra desde la dura periferia montevideana. Más ambiguo y polémico, menos contundente, desde una perspectiva de balance, es el recorrido de los gobiernos frentistas en cuanto a lo hecho con el sistema educativo. En el número anterior Compañero entrevistó a Pablo Martinis que planteó varios nervios de los desafíos. En este número nos proponemos seguir trabajando el tema, y para eso Rosana Cortazzo nos hace una breve génesis del devenir de la tan peleada Universidad de la Educación y quién aquí les escribe intenta acercarles a los lectores los colores de la experiencia de ser educador en proyectos socioeducativos. Así como Facundo Rodríguez nos señala algunos dilemas actuales de la militancia estudiantil universitaria.
Con el contexto de la Rendición de Cuentas —nada prometedora para los trabajadores—, el tema de la Caja Militar quedó verdaderamente instalado. Raúl Olivera nos ofrece en pocos caracteres, no solo una postura favorable a la reforma de los Servicio de Retiros y Pensiones de las Fuerzas Armadas, sino una útil manera de entender una Rendición de Cuentas y una lectura histórica de los privilegios de la alta casta de uniformados. También en torno al acontecimiento presupuestal Antonio Elías, economista de la Red de Economistas de Izquierda del Uruguay (REDIU) nos acerca números y porcentajes para comprender qué está en juego y por qué el encare del gobierno es injusto con los trabajadores y sectores desfavorecidos a la hora de recaudar y generoso con los que nada le falta y todo lo tienen.
Para pensar un poco menos desde la agenda semanal, incluso trascender las agendas políticas en sí, y mirar más desde las necesidades teóricas para pensar las transformaciones que la izquierda debe proponerse, Gabriel Oyhantçabal, integrante de la publicación amiga Hemisferio Izquierdo, nos propone pensar más allá de la gestión. Desde el norte, el departamento de Rivera, Ricardo Giorello nos habla de la Ley de Riego y su enfoque. Raúl Olivera reflexiona sobre la trascendencia que tiene la historia de un partido en la existencia del mismo.
Como siempre, pero igualmente especial, traer esa vida abierta de los compañeros víctimas de la dictadura y culpables de soñar con mundos distintos. Esta vez recordamos a Gustavo Inzaurralde, y Brenda Bogliaccini nos habla también de quiénes fueron Jorge y María Emilia, por qué militaban el papá y la mamá de Mariana.
Mientras esta edición de Compañero se cierra, en Brasil Lula es condenado a más de nueve años de prisión. Esto, más la experiencia venezolana, nos muestra cómo la derecha latinoamericana y sus aliados locales y transnacionales, donde no cae el progresismo por sí solo, está dispuesta a jugar con una amplia gama de herramientas. Sin vergüenza juega en los límites de lo democrático y de lo legal, siendo alevosamente corrupta acusa de corrupción y se reinventa con formas de golpes light. A pesar de esto sus víctimas no logran llenar las anchas avenidas de pueblo. Estamos en momentos de encrucijada, el progresismo deberá transformase en algo más contundente para ganarse el derecho a un capítulo en los libros de historia sobre los cambios populares.

