Informe de Coyuntura política | mayo 2026
Publicado el 31/05/26 a las 5:48 pm
Queremos aportar desde el Partido por la Victoria del Pueblo al Informe de Coyuntura un nudo político que consideramos central, además algunos énfasis y aspectos que nos parece que faltan. Consideramos que son aportes al Informe que presenta lineamientos programáticos, planes y acciones en marcha, además de propuestas para su fortalecimiento.
UN CAMINO DE RIESGO
El inicio de este año 2026 marcó algunas tendencias que en el mes de mayo han tomado cuerpo estableciéndose como componentes relevantes de la realidad política global, regional y nacional que han conducido al Uruguay a un callejón estrecho en sus perspectivas de desarrollo económico y social, y al Frente Amplio –nuestra fuerza gobernante– a un desgaste político tanto en el terreno del gobierno, como de la militancia y también en la confianza de la sociedad.
Hace diez años, en el correr de 2016, durante la campaña de las elecciones internas dijimos, que el Frente Amplio había dejado de acumular fuerzas, que la ralentización económica, la no concreción de objetivos, la falta de iniciativas políticas del gobierno y el desapego de la militancia nos ponían en un camino de riesgo. Nada cambió –nos encontramos con los límites del proyecto frenteamplista cuando se retrajeron los precios de los commodities y con una derecha en ofensiva, y no fuimos capaces de construir una nueva síntesis para tomar otro camino– y 2017 se transformó, mal que nos pesara, en un camino hacia el 39% de octubre de 2019.
En estas últimas semanas, múltiples referentes independientes de izquierda, de la academia, del movimiento social y de nuestros propios partidos han dicho que este es un año “bisagra”, un momento político de “inflexión” e ideas semejantes, a modo de aviso, ante la aparición de aquellos nubarrones en el horizonte.
No tenemos mayor prioridad en este 2026 que crear las condiciones políticas, económicas y sociales imprescindibles para que el 2027 no se transforme en otro 2017, anticipo de otra derrota, y esta es una tarea para todas/os los frenteamplistas, para todo el movimiento y para toda la coalición, para los militantes en la sociedad y para los responsables en las instituciones. El complejo contexto internacional: el ascenso de China consolidado en el co-primer lugar económico y científico técnico mundial, en proceso acelerado en la década actual de alcanzar el equilibrio militar, ha provocado la reacción violenta de EE.UU. que ha hecho saltar por los aires el sistema multilateral de “reglas”, y desencadenado la tensión geopolítica y las guerras y ataques a la autodeterminación y soberanía de los países que estamos viviendo.
Además de la continuación del genocidio al pueblo palestino en Gaza, se ha producido el bombardeo a Irán, en una nueva escalada del imperialismo norteamericano y su aliado israelí. El ataque ha roto la cadena de abastecimiento de gas y petróleo y ha bloqueado la tenue recuperación que se insinuaba en el centro del capitalismo después de años de bajo crecimiento.
Su repercusión, a diferencia de otros ataques anteriores (tan ilegales y criminales como este), es mundial y ha sacudido el tablero geopolítico. Veremos como se procesan las consecuencias, y los acuerdos y alianzas que puedan derivarse.
El marco regional visto desde la perspectiva de relación centro-periferia, el hecho determinante de este momento histórico en nuestra región es el regreso de los EE.UU. al ejercicio ofensivo –diplomático y militar– de la vieja doctrina Monroe: “América para los Americanos” que en términos geopolíticos reales significa América Latina patio trasero de los EE.UU. Y esto no es una consigna ideológica, es una cuestión estratégica con mayúsculas, que limita nuestra soberanía y condiciona la vida de nuestras sociedades.
El bloqueo criminal a Cuba, el asalto militar a Caracas, el secuestro del presidente Maduro y su esposa, además de apropiarse del petróleo ha tenido por objeto una demostración de fuerza “intimidante” para la región. Solo Brasil ha logrado que se respete su soberanía. Colombia ha mantenido una postura de autonomía, pese a las grandes presiones que ha sufrido. América Latina debe alinearse con los intereses norteamericanos por alianza o por imposición, empezando por impedir las inversiones de China en nuestros territorios que EE.UU. interpreta que amenazan sus posiciones, impedir la construcción de puertos como en el sur de Argentina, o expulsarlos de los que ya tenían como en Panamá, garantizar el acceso de las empresas norteamericanas a las reservas estratégicas en las condiciones que ellas exijan.
Unasur fue liquidada hace diez años, Celac está siendo vaciada al día de hoy y la OEA más que nunca es tratada como un ministerio de colonias, o simplemente ignorada. Solo el Mercosur sigue siendo el proceso de integración imprescindible para sostener las condiciones de nuestras negociaciones internacionales, impulsar cooperación y complementación interna aun dentro del cuadro de ralentización en que se encuentra. Su importancia es estratégica y, por encima de los sesgos ideológicos de cada gobierno, debemos reafirmar nuestro compromiso.
Bajo estas condiciones, nuestro continente no logra romper su trayectoria de bajo crecimiento y aplicar ese crecimiento a generar la masa crítica de factores necesarios para el desarrollo. Empezando por la igualdad social que es la energía latente y más poderosa que tiene nuestro continente para desarrollarse.
Uruguay: nuestro país y nuestro gobierno. La sociedad ha vivido y vive un curso de cambio profundo y acelerado. Cambios como: fuerte concentración de la riqueza, desigualdad acentuada, un mundo del trabajo cada vez más desagregado, donde el desempleo entre los jóvenes es grande, aumenta el empleo precario y la informalidad, los salarios y la jubilaciones siguen siendo bajos, presencia cada vez más amenazante del crimen organizado. La sociedad se encuentran marcada por el individualismo, consumismo, violencias y falta de perspectivas. Este cuadro se ve agravado por el retroceso de los 5 años de gobiernos de derecha y su estrategia de los “malla oro”, que no sólo deterioró las condiciones sociales, sino que nos devolvió el gobierno con el país envuelto en el paquete de un desastre en las cuentas nacionales y una catarata de deudas.
En estas condiciones y sin mayoría propia, nuestro gobierno “pasó” el presupuesto en 2025 y logró desplegar una serie de mejoras en múltiples planos, con énfasis en la situación de pobreza infantil y adolescente notoriamente agravada por la gestión del gobierno anterior, atender aunque no fuese en su totalidad requerimientos de todos los demás incisos, mantener un nivel básico de inversión y proyectar un déficit menor, con mejoras en la tributación (Impuesto a las corporaciones multinacionales según los criterios de la OCDE, y gravamen a los incrementos patrimoniales de rentas del exterior).
Un cuadro general de “mejoras dentro de lo posible”, sin grandes reformas, pero con una proyección de superación gradual para los años siguientes atada al crecimiento económico proyectado.
Sin embargo, esta expectativa de un mejoramiento gradual se ha roto, las proyecciones de crecimiento se han revertido. La falta de recursos planea como una amenaza sobre todo el proyecto quinquenal y confirma que 2026 es un año bisagra que exige una profundización del debate político sobre las vías para el logro de los objetivos.
2026: AÑO BISAGRA
Los recursos necesarios para cumplir con el programa, las prioridades y líneas planteadas en el Informe, para los acuerdos del Diálogo Social y planes futuros exigen un debate en torno a los recursos necesarios y también la Rendición de Cuentas (junio 2026). Desde el gobierno han existido diferentes declaraciones, por un lado que no tendrá un recorte generalizado, pero sí el diferimiento de algunos compromisos. Agregando que las metas de política social serán protegidas, y que en todo caso los efectos serán sobre otras áreas. Pues bien, para nosotros aquí estamos en una cruz de los caminos.
Creemos que la condición predominante, no solo en la coyuntura actual, sino en la proyección de los dos próximos años, es la insuficiencia de recursos para alcanzar los objetivos que comprometimos ante la sociedad. Se abre necesariamente un debate sobre cuál es la base de sustentación, la base material, económica para realizar el proyecto político.
A nivel del gobierno, los logros y medidas aplicadas no consiguen aprobación y, menos aún, entusiasmo. Ni siquiera entre el propio electorado, donde se constata un malestar que el propio Informe señala con preocupación.
AMPLIAR LOS RECURSOS PARA LA REDISTRIBUCIÓN
Estos desafíos se estaban planteando desde la aprobación del presupuesto, ya teníamos conciencia de las limitaciones de recursos para poder afrontar los compromisos programáticos del Frente Amplio en su plenitud. No sabemos si la época actual de guerra geopolítica y económica desatada desde el norte, la inutilización del sistema multilateral de comercio, la inestabilidad y la amenaza permanente, son un factor exógeno de riesgo que lleve al equipo económico a “abrir” el análisis tributario, como hicieron referencia públicamente.
Para nosotros hay bastante evidencia de que en una coyuntura como ésta, el destino del país exige iniciativas más allá del estímulo y la decisión de los “inversores”. Hacer depender del crecimiento económico el despliegue de políticas de distribución o de inversión del Estado, y no abrir la posibilidad de otros caminos para atenderlas con más recursos, nos limita fuertemente para afrontar la desigualdad estructural en nuestra sociedad.
En particular adherimos a la campaña del 1% al 1% más rico. En los últimos diez años el crecimiento de Uruguay ha sido mínimo, pero los grandes capitales se han reproducido con grandes ganancias, en base a la fortaleza del Estado, y el trabajo de la sociedad de donde extraen el plus valor que acumulan. Sin embargo, el país es más desigual, la niñez y la adolescencia es más pobre, y una tercera parte de la sociedad se mantiene en condiciones vulnerables.
Un debate necesario: renuncia fiscal, incentivos a la inversión, reforma tributaria y desarrollo. En distintos ámbitos académicos, sociales y del Frente Amplio se plantea la necesidad de abrir las posibilidades de nuevas medidas para obtener recursos para impulsar el desarrollo, entendido no solo como crecimiento, sino como transformación de la estructura productiva y mejorar las capacidades y condiciones sociales nacionales. Para ello es imprescindible reabrir el debate sobre qué sentido tiene que toda la sociedad subsidie estos emprendimientos, y cuál es el vínculo con una orientación estratégica de la inversión hacia el desarrollo.
Así como el debate que propone la Unidad Temática de Economía del FA que plantea la necesidad de reforzar la recaudación y que para ello no es necesario crear nuevos tributos, sino poner foco en la progresividad y revisión de las exoneraciones, asimismo señala que se deben recuperar lineamientos históricos del Frente Amplio: fortalecer el rol del Estado y avanzar hacia una estructura tributaria más progresiva y equitativa.
Empresas Públicas, dentro de este triángulo uruguayo compuesto por fiscalidad, inversión pública y desarrollo, nudo central de la vida del país, se encuentra un actor fundamental: nuestras empresas públicas. Recordar que parte del engaño político-fiscal del gobierno de Lacalle consistió en utilizar fondos de las empresas públicas en 2024 a cuenta de impuestos que iban a tener que pagar en 2025. Pero más allá de los impuestos, hay una cuestión de fondo: cómo deben reinvertir las EE.PP. sus ganancias, cuánto debe ir a la bolsa de rentas generales y cuál es su plan de desarrollo. Son además un espacio central para el desarrollo de capacidades nacionales y formación de especialistas en distintos temas, donde se desarrollan tecnologías y know-how, dentro del país. A su vez, utilizar como herramienta el poder de compra que disponen, generando una demanda para industrias nacionales. Es de destacar el rol protagónico del Estado no solo como regulador, sino también como planificador, promotor, fundamentalmente productivo. Es por ello que es necesario reafirmar el rechazo a toda forma de privatización o apertura accionaria de las empresas públicas.
CONSTRUIR UNA SÍNTESIS SOBRE VÍAS Y METAS PARA ESTA ETAPA
Importancia del movimiento social organizado. Tenemos que reafirmar en esta instancia la importancia fundamental del movimiento social organizado y su lucha para mantener el proceso de acumulación social como valla frente al avance desintegrador de las derechas. El papel del movimiento sindical, cooperativo, feminista, estudiantil, territorial, ambiental y de derechos humanos como sujetos de transformación social y política. La acumulación histórica de la izquierda necesita organización popular, autonomía social y protagonismo colectivo. El FA como actor político central. El enemigo principal es el proyecto neoliberal de la Derecha y la estrategia de avance del Imperio y, para detenerlo y derrotarlo resulta indispensable fortalecer al FA como protagonista de la escena política en el marco de una lucha conjunta con el movimiento sindical y las organizaciones populares.
Ese proceso de definición política y organizativa deberá construirse desde una perspectiva verdaderamente nacional, reconociendo el papel de la militancia de todo el país y especialmente la del interior, no solo en tiempos electorales, sino como protagonista permanente de la construcción política. Cada territorio expresa problemáticas, acumulados militantes, experiencias organizativas y saberes propios que deben formar parte de la elaboración política colectiva. Los planes de acción y las prioridades organizativas requieren debate, participación e intercambio horizontal con quienes sostienen la militancia cotidiana en cada rincón del país. Fortalecer al Frente y a la izquierda implica construir una orientación política arraigada en la diversidad de realidades del Uruguay. Esta perspectiva adquiere una importancia estratégica. La realidad actual muestra que en las bases del FA, en importantes sectores de izquierda existe disconformidad con la actuación del gobierno. Este se defiende mostrando sus logros, que son reales, pero la opinión generalizada es que no alcanza. Existe una distancia considerable entre las necesidades insatisfechas, las demandas y no sólo lo hecho, sino respecto a los objetivos que se propone alcanzar en éstos cinco años.
La disconformidad existente en sectores de izquierda y en las bases frenteamplistas no puede ser reducida a enojo o desmovilización. Expresa también la percepción de que la orientación política y económica actual resulta insuficiente o equivocada para enfrentar la desigualdad estructural y construir una perspectiva real de transformación. También la política internacional del gobierno, en particular la negativa a reconocer el genocidio en Gaza, así como la actitud frente a la invasión a Venezuela, el bloqueo criminal a Cuba, y muchos otros gestos políticos generan un impacto fuerte en muchos frenteamplistas, por la gravedad de la situación que refieren y por el desconocimiento de principios y valores centrales de larga tradición en la izquierda, que involucran sentimientos como ante el genocidio al pueblo palestino.
No se trata de rediscutir los “Principios” de todo. Se trata de cohesionar las ideas fuerza de esta etapa, los objetivos a alcanzar (incluido el programa de gobierno), los recursos materiales necesarios y resolver la capacidad organizativa y de comunicación para desplegar la lucha con eficacia. La oportunidad que no se puede perder es el Congreso. El Frente puede escuchar, pero ha llegado el momento de decir.
Necesitamos construir una síntesis sobre las vías y las metas para esta etapa, no alcanza con objetivos posibilistas y de adaptación. A pesar del marco desfavorable, no hay espacio para retroceder ni en los recursos para solventar, ni en la capacidad para gestionar el conjunto de políticas públicas que hemos implementado. La coyuntura indica con claridad que cualquier retroceso significa el sacrificio del proyecto político.

