Ollas y merenderos: Solidaridad en marcha.
Publicado el 04/01/26 a las 10:16 pm
En nuestro país, miles de personas siguen encontrando un plato de comida gracias a las ollas y merenderos populares. Estos espacios, la gran mayoría nacidos durante la pandemia, no desaparecieron cuando se levantaron las emergencias sanitarias. Por el contrario, muchos siguen activos, mostrando que la necesidad de alimentarse dignamente continúa siendo una realidad cotidiana para una parte de la población.
El «Tercer Relevamiento Nacional de Ollas y Merenderos Populares»1, realizado en 2025 por el equipo de “Sociología de lo común” de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, permite conocer cómo funcionan hoy estas iniciativas, quiénes las sostienen y cuáles son sus principales desafíos.
Esta investigación es el resultado de la solicitud de la Coordinadora Popular y Solidaria. Ollas por vida digna (CPS) –que nuclea a Redes territoriales de una parte importante de las ollas y merenderos–, surgió en agosto de 2020 y continúa siendo un actor presente en la lucha por el derecho a la alimentación y contra el hambre, a través de la acción solidaria y planteando el problema a nivel público, en las calles y a las instituciones. Frente a la nueva coyuntura nacional era necesario tener la información actualizada.
El equipo de Udelar dirigido por Anabel Rieiro, ha acompañado con investigación y extensión las luchas de las ollas y merenderos populares, ha sido también un actor importante en poner el problema del hambre en la agenda nacional.
¿Cuántas ollas y merenderos hay hoy?
Según el relevamiento, en 2025 existen 415 ollas y merenderos populares activos en todo el país. Son menos que en años anteriores, cuando llegaron a casi 700 iniciativas, pero esto no significa que el problema del hambre haya desaparecido. Lo que muestran los datos es que quedaron funcionando las experiencias más organizadas y estables, aquellas que lograron sostenerse en el tiempo con mucho esfuerzo comunitario.
Cada semana, estas iniciativas entregan más de 170 mil porciones de comida, lo que da una idea clara de su importancia social.
Alimentación, espacios de encuentro y cuidado
Aunque el objetivo principal es garantizar alimentos, las ollas y merenderos cumplen otras funciones. En muchos barrios son lugares de encuentro, donde se conversa, se organizan actividades, se acompaña a niños, niñas, personas mayores y familias enteras.
En este último período se han sostenido y crecido la cantidad de merenderos, que ofrecen leche, pan y algo dulce elaborado por las vecinas, orientados a las infancias y también a las embarazadas. En muchos casos, se combinan con olla popular. Además, cada vez son más los espacios que suman actividades recreativas, educativas o culturales, reforzando el lazo comunitario.
¿Quiénes sostienen estas iniciativas?
Detrás de cada olla o merendero hay personas que trabajan de forma solidaria. El relevamiento muestra algo muy claro: la mayoría de quienes organizan son mujeres. Son vecinas, madres, abuelas, militantes sociales, que cocinan, organizan, limpian y gestionan donaciones.
La mayoría de las experiencias surge de grupos de vecinos y familias, aunque también participan iglesias, clubes deportivos y organizaciones sociales. En muchos casos, quienes cocinan también comen allí, y quienes reciben el plato colaboran cuando pueden. Esto muestra que no se trata de caridad, sino de solidaridad entre iguales.
¿De dónde salen los alimentos?
Hoy, la gran mayoría de las ollas y merenderos recibe algún tipo de apoyo del Estado, principalmente alimentos. A esto se suman donaciones de vecinos, comercios, organizaciones y, muchas veces, recursos que ponen los propios organizadores de su bolsillo.
Este entramado de apoyos muestra que las ollas y merenderos funcionan gracias a una combinación de políticas públicas y esfuerzo comunitario, sin los cuales sería imposible sostenerlas.
Las principales dificultades
A pesar de su importancia, las ollas y merenderos enfrentan muchos problemas. Los más señalados son: la falta de alimentos suficientes para cocinar; dificultades para conseguir gas o leña; falta de espacios adecuados para cocinar; y la necesidad de apoyo social y psicológico para las personas que asisten.
Estos problemas muestran que, aunque la emergencia ya no sea noticia diaria, la inseguridad alimentaria sigue presente.
Una realidad que llegó para quedarse
El informe deja un mensaje claro: las ollas y merenderos populares no fueron solo una respuesta momentánea a la pandemia. Son parte de una red comunitaria en muchos barrios.
El surgimiento de las ollas y merenderos populares, la organización en Redes y en la CPS, la construcción de este actor que no quiso quedarse en una acción asistencial y por tanto exigió al Estado que cumpla con sus obligaciones, la articulación con distintos espacios de la Universidad de la República, con sindicatos y el PIt-Cnt, las diversas respuestas desde el Estado: la criminalización del ministro Lema y el diálogo con intendencias que posibilitaron respuestas concretas, todos estos elementos forman parte de la historia de las luchas de sectores populares frente a la pandemia y la desigualdad social en nuestro país.
Allí donde el mercado no llega y donde el Estado no siempre alcanza, la organización colectiva aparece como respuesta. La solidaridad sigue siendo una herramienta fundamental ante las estructuras de opresión.

