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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

 

 

Las múltiples caras de la integración.

Escribe: Marco Aurélio Weissheimer.

 

El futuro del proceso de integración de América del Sur va más allá de la firma de acuerdos comerciales y protocolos de intenciones. Estos son pasos necesarios sin duda, pero absolutamente insuficientes para alcanzar lo que todos quieren. Y finalmente, ¿qué quieren todos?

La decisión del gobierno boliviano de nacionalizar las reservas de gas y de petróleo puso en el orden del día el debate sobre el proyecto de integración de América del Sur. La inevitable contaminación política-electoral de ese debate, en el escenario brasileño, contribuyó a llenar de humo el ambiente y confundir el tocino con la velocidad. Uno de los subproductos indeseables de esta contaminación fue el florecimiento de sentimientos chauvinistas y nacionalistas que acabaron por reducir el tema de la integración a algo muy menor de lo que es en la verdad. Infelizmente, sectores de los medios han contribuido a alimentar esa confusión, transformando factoides en verdades, ignorando informaciones fundamentales y creando monstruos donde lo que hay son diferencias regionales, desigualdades, asimetrías económicas y cuestiones históricas cuya complejidad no puede ser traducida por estereotipos, simplificaciones y preconceptos.

La mezcla de estas tres figuras –estereotipos, simplificaciones y preconceptos– produce fenómenos bizarros. El presidente boliviano, Evo Morales, ya fue retratado por caricaturistas brasileños como un fuera-de la-ley, aliado del Primer Comando de la Capital (PCC), o, peor aún, como una variante indígena del nazismo. El prejuicio racial sobre el hecho de que un “indio” que no usa corbata haya llegado al poder no puede ser disfrazado. Las declaraciones patrióticas contra Evo y Hugo Chávez se multiplicaron por los medios. La política externa brasileña fue tachada, al mismo tiempo, de ingenua, populista e incompetente. Y algunos hechos fundamentales se quedaron en las sombras. Uno de los principales fue aquel que informa que la elección brasileña por el gas boliviano no fue una invención del actual gobierno, sino del anterior que suscribió los contratos para la construcción del gasoducto. Otro fue lo de que Bolivia está intentando hacer lo que todos los grandes países hacen, a saber, intentar defender sus intereses estratégicos. El problema parece ser: ¿quiénes son los bolivianos para tener esa pretensión?

INTENTANDO LIMPIAR El TERRENO

Pero todo ese humo cargado de estereotipos y prejuicios sirve al menos para una cosa, a saber, mostrar la complejidad y las inmensas dificultades colocadas delante de cualquier proyecto de integración regional. Basta hacer una cuenta simple: tómese todas esas manifestaciones en el ámbito de la sociedad brasileña y multiplíquese por el número de países del territorio a ser integrado. El resultado de esa operación es un aglomerado de sentimientos chauvinistas, visiones distorsionadas y simplificaciones. Como si eso no bastara, es preciso considerar aún los diferentes intereses en juego y las asimetrías reales entre las economías de la región. Así, el primer paso para intentar entender lo que está en juego en estos procesos de integración es intentar limpiar el terreno lo máximo posible, una tarea que siempre permanecerá incompleta. Ese es uno de los trabajos más importantes de la diplomacia, trabajo ese que tiene una dificultad crónica de comunicación con la sociedad.

Uno de los primeros pasos para esa limpieza de terreno es reconocer que no existe solamente un proyecto de integración en el continente americano. Según el profesor Marco Cepik, investigador en el área de política internacional y profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), hay tres grandes proyectos en disputa en el continente (siendo que dos de ellos con capacidad de articulación entre sí): el del Área de Libre Comercio de las Américas (defendido por los EUA y actualmente bastante enflaquecido, principalmente a partir del resultado de la última Cumbre de las Américas, realizada en Mar del Plata), el de la Alternativa Bolivariana para las Américas (propuesto por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, con el apoyo ya declarado de Cuba y Bolivia), y el de la Comunidad Sudamericana de Naciones (que expresa, en sus líneas generales, la posición brasileña). No hay una incompatibilidad entre esos dos últimos, pero tampoco hay una alineación automática.

ALBA Y MERCOSUR

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, es el principal defensor de la necesidad de una articulación entre la ALBA y el MERCOSUR, como eje en torno al cual se constituiría la Comunidad Sudamericana de Naciones. Esa semana, Venezuela dio un importante paso en esta dirección, al suscribir, en Buenos Aires, un protocolo que establece la adhesión llena del país al MERCOSUR. A través de ese protocolo, Venezuela estableció un plazo de cuatro años para integrarse completamente al bloque suramericano, con todos los derechos y obligaciones correspondientes a esta condición. Según el documento suscrito en Buenos Aires, Brasil y Argentina se comprometieron a eliminar tarifas para el comercio con Venezuela antes del 1° de enero de 2010. A cambio, y tomando en cuenta las asimetrías entre las respectivas economías, Venezuela eliminará las tarifas sobre productos brasileños antes del 1° de enero de 2012. Y Bolivia puede seguir el mismo camino de Venezuela, ingresando al MERCOSUR Como miembro pleno.

El protocolo de Buenos Aires confirma el alejamiento de Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Chávez decidió abandonar la CAN después de la decisión de los gobiernos de Perú y de Colombia de suscribir Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos. Pero, si por un lado, Chávez se aproxima al MERCOSUR, por otro, él toca su agenda propia, teniendo Cuba como un compañero central. Esa semana, Chávez y el vicepresidente de Cuba, Carlos Lage, acordaron ocho convenios para la ejecución de proyectos sociales y productivos en Bolivia. El gobierno boliviano suscribió con Venezuela y Cuba el Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP), como alternativa al Tratado de Libre Comercio (TLC) propuesto por Estados Unidos. El TCP pretende priorizar objetivos sociales, principalmente en las áreas de educación y salud, respetando la soberanía de cada Estado. Su horizonte estratégico es la constitución de un eje político reuniendo los gobiernos de los tres países en la dirección de la construcción de la ALBA.

Venezuela y Cuba ofrecen no solamente ayuda para proyectos económicos, sino también apoyo para planes sociales, como el programa de cirugías oftalmológicas “Operación Milagro”, que ya atendió de más de 800 personas en Bolivia. Cada operación cuesta entre 500 y 800 dólares en Bolivia, llegando a 2.200 dólares en otros países. Los programas sociales también incluyen planes de alfabetización. Con el apoyo de esos dos países, Bolivia pretende ser declarada zona libre de analfabetismo en 2007, mientras que la Operación Milagro pretende atender cerca de 100 mil personas. Médicos cubanos están trabajando en el país, así como ocurre en Venezuela. Cuando ellos salgan los centros médicos especiales seguirán operando con médicos bolivianos. Esas políticas no representan, obviamente, ningún antagonismo en relación a los proyectos del MERCOSUR y de la Comunidad Sudamericana de Naciones. Deberían ser largamente divulgadas y elogiadas por su repercusión social, lo que no ocurre, por lo menos entre los grandes medios de comunicación del continente.

Los PROBLEMAS del MERCOSUR

Pero la selectividad mediática no es el principal obstáculo a los proyectos de integración de América del Sur. Hay problemas concretos y complejos entre los países del continente, como aquellos que envuelven a Uruguay y Argentina en torno a la cuestión de las industrias de celulosa, y aquellos que envuelven a Uruguay y Paraguay, de un lado, y el resto de otro. Esos dos países reclaman que las asimetrías económicas entre ellos y los dos mayores países del bloque, Argentina y Brasil, no están siendo resueltas, y reivindican el derecho de suscribir Tratados de Libre Comercio bilaterales con otros países, lo que es vetado por las reglas del MERCOSUR. Uruguay está en vías de suscribir un tratado bilateral de comercio con los EUA y ya amenazó con salir del bloque. En la evaluación de Marco Cepik, esa es una amenaza real e independe del color político del gobierno. Según él, Uruguay vive una situación sui generis y no tiene muchas alternativas para crecer a corto plazo.

“Es un pequeño país basado en una plataforma exportadora de una o dos commodities. Lo que fue el ganado en un pasado reciente hoy está pasando a ser la celulosa”, evalúa. Que el presidente uruguayo Tabaré Vázquez exprese simpatía por el modelo chileno, no ocurre por casualidad. “El modelo chileno funciona bien para un país pequeño como Uruguay, cuya población es menor de lo que a de Rio Grande do Sul. En un país con ese perfil, dos plantas industriales pueden hacer toda la diferencia”, dice Cepic, en una referencia a la polémica entorno a la instalación de fábricas de celulosa en la región del río Uruguay. El conflicto entre Argentina y Uruguay fue parar a la Corte de La Haya y, días atrás, Tabaré Vázquez dijo, crispadamente, que ya no había nada que conversar con Buenos Aires. He ahí un problema real para que resuelva el MERCOSUR, un problema que también dice mucho respeto del resto del continente, principalmente por el tipo de solución que se le de.

LAGUNAS INSTITUCIONALES Y CULTURALES

La respuesta a los problemas pasa por la superación de deficiencias que siguen entorpeciendo el MERCOSUR, entre ellas la ausencia de un Tribunal Arbitral y de un parlamento activo. Son dos instancias indispensables en cualquier bloque regional y, es claro, no pueden ser construidas de la noche a la mañana. Pero los déficits no son sólo institucionales. Hay algunos de naturaleza histórico-cultural, que nosotros, brasileños, conocemos bien. Brasil “descubrió” sus compañeros de lengua española hace poco tiempo. Y se trata de un descubrimiento aún tímido e insuficiente. Se cuenta que al escritor Eduardo Galeano no le gustaba (tal vez aún no le guste) dar entrevistas a periodistas brasileños pues ellos desconocían completamente la historia de su país. No es un problema exclusivo de los periodistas, es verdad. Si apenas conocemos la historia de nuestro propio país, qué decir en relación a nuestros vecinos. Y cuando la ignorancia se mezcla con el prejuicio, no hay integración posible.

Así, el futuro del proceso de integración del continente va mucho más allá de la firma de acuerdos comerciales y protocolos. Estos son pasos necesarios sin duda, pero absolutamente insuficientes para alcanzar lo que todos quieren. Y finalmente, ¿qué quieren todos?

Una buena respuesta a esa pregunta la da el embajador Samuel Pinheiro Guimarães, secretario general de Relaciones Exteriores de Brasil. En su nuevo libro “Desafíos Brasileños en la Era de los Gigantes”, él escribe a propósito de los objetivos centrales de la política externa brasileña: “Los cuatro grandes desafíos de Brasil son la reducción, gradual y firme, de las extraordinarias disparidades sociales, la eliminación de las crónicas vulnerabilidades externas, la construcción del potencial brasileño y la consolidación de una democracia efectiva, en un escenario mundial violento, imprevisible e inestable”. Esa caracterización se aplica también, en mayor o menor grado, a todos nuestros vecinos de América del Sur. Comprenderla como un desafío común sería un paso gigantesco en la dirección de la integración del continente.

Carta Maior, 25/05/2006

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