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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

 

 

El río (Uruguay) del Otro

Escribe: Ricardo Viscardi

 

Con el trémolo de la emoción se denuncia la irracionalidad de un conflicto entre hermanos platenses, por unas plantas de celulosa a instalar contra el río. La alternativa simbólica de inclusión o marginación en el mercado mundial modula una intensidad del sentimiento. Ante el retorno de fantasmas imperiales, que desde hace dos siglos navegan por el río (Uruguay) del Otro, un marcado de agenda le gana al mercado de valores racionales. Como en toda creciente la correntada arrastra también navegantes inoportunos, sobrevivientes amenazados por el progresismo, encaramados en despojos de un verde insospechado.

La irracionalidad agendada

Tirios, troyanos y vates comedidos no cesan de clamar al cielo por la irracionalidad del enfrentamiento entre uruguayos y argentinos. Pareciera que esta desviación afecta a la comarca con desmesura. En tiempos de caricaturas que provocan incendios milenaristas por la efigie de un profeta[1], tanta buena fe dispensada en ponerse a la orden del orden de la realidad no deja de conmover las fibras más piadosas del pensamiento. Esa confianza en la preponderancia de la razón, parece tranquilizar por la ponderación que manifiesta, aunque de pronto se inhibe ante la prepotencia de los ejemplos.

Argelia, país que entablara un amplio diálogo cultural con Europa, a través de una prolongada ocupación francesa primero, de la extensión de la lengua de ese país y de sus aparatos culturales luego y que finalmente protagonizara una occidentalizada revolución socialista, ha sido uno de los focos de la más despiadada violencia antieuropea de los últimos años. Los descendientes de argelinos nacidos en Francia, educados en la enseñanza laica e igualitarista francesa, apoyados desde mediados de los 80s por un vasto movimiento de opinión democrática que se opone al racismo, protagonizaron recientemente la más irracional revuelta de la desesperación que se haya conocido en tierras europeas.

Servios y croatas que compartieran durante décadas un mismo Estado nacional, pero también ciudades y vecindad estrecha, entablaron años atrás uno de los enfrentamientos étnicos que se guarda en memoria por su inusitada crueldad. No sería impensable sin embargo, un diálogo entre un serbio y un croata, en medio de Kosovo desvastada por aquella violencia asesina, acerca de la curiosa irracionalidad del enfrentamiento entre argentinos y uruguayos, pese a compartirse de uno y otro lado de un río, raíces étnicas y creencias religiosas. Esa dificultad para comprender la irracionalidad que lleva a una colisión súbita y encendida nos aqueja cuando desde Montevideo o Buenos Aires atisbamos conflictos acerbos entre chiítas y sunitas, que sin embargo comparten raíces étnicas y creencias religiosas.

Pareciera que la irracionalidad está fuera de foco cuando intentamos centrarla desde el punto de vista de la racionalidad y ese desajuste de enfoque nos alerta, con extrema elocuencia, acerca del desperfecto que aqueja al artefacto que intentamos enfocar.

El mercado y el marcado

Con relación al incremento de la violencia religiosa, que luce como insignia de la irracionalidad, al menos para nuestra racionalidad, dos académicos franceses[2] avanzaban desde mediados de la década de los 90s una explicación lúcida. Señalaban en ese planteo, que conflictos tales como el que encendió al Líbano durante los años 80s o a los Balcanes durante los 90s, lejos de explicarse por una constitución religiosa de las creencias vernáculas, correspondían a una activación de demarcaciones sociales y económicas, como consecuencia de una mayor penetración de los conflictos propios del mercado mundial  a escala planetaria.

Esta tesis explica, desde un punto de vista clásico pero eficaz, la vía que conduce a un aumento de las contradicciones de clase y de poder, como consecuencia de un incremento de la puja entre intereses capitalistas, de forma derivada y embozada que se expresa a través de conflictos entre creencias religiosas. La eficacia explicativa consiste en señalar un curso de escalada en contiendas y emplazamientos, de forma que conduce a un nivel de violencia inmediato y superior. Una violencia subrepticia se enmascara en creencias emblemáticas, para jugar a cara descubierta de estandarte una contienda que se activa en las trastiendas de las inversiones, los negocios y la acumulación de riqueza.

Sin duda, ese planteo viene a la medida para explicar el conflicto nacionalista entre uruguayos y argentinos. Estamos ante una colocación de inversión (1.800 millones de dólares, la mayor de la historia del Uruguay) que orienta flujos de intereses y acumulación de riqueza, como se ha señalado reiteradamente, para  un lado y para el otro, desde el interior mismo del tejido social y económico. Este interior es compartido por ambos, porque en el razonamiento que de parte interesada subraya la gravitación de la ambición se observa, dada la magnitud del emprendimiento, que el valor agregado absorbería asimismo  la materia prima que produzca el vecino (del otro lado) del río Uruguay[3].

Esa succión de valor configura la sospecha de inicio, que al oriente del río, imputaba a los argentinos la envidia por la reversión de la inversión hacia el lado uruguayo. La misma índole de sospecha se expresa en la acusación acerca de las pérdidas económicas, ya que por sus efectos ambientales, la obra instalada pesaría sin compensación ninguna sobre el lado argentino del mismo río Uruguay. Para los dos lados, el adentro del otro es el mismo adentro, aunque el balance y las perspectivas cambien según dónde se encuentren invertidos los 1800 millones de dólares proyectados.

Una misma aprensión denota que la irracionalidad económica de una descompensación como efecto de la inversión o de una compensación de cara a los beneficios, explicadas en términos de mercado de valores, no llegan a explicar la irracionalidad del marcado de agenda. La corrida argentina que tres años atrás desfondó los depósitos uruguayos por casi el doble del valor de la mega-inversión celulósica, no generó resquemores entre las márgenes del Uruguay y del Plata, aunque diera lugar a circunstancias tanto más lesivas[4], puestas en comparación con la contienda que hoy señala un plus de significación inexplicable desde la racionalidad del mercado.

El marcado de agenda señala que el irresistible ascenso del papel de las papeleras en el escenario mediático del Uruguay no pudo ser contrarrestado por ninguna vedette noticiosa desde diciembre último. El TLC (tratado de libre comercio) con Estados Unidos otrora hubiera desencadenado ciclones de izquierda, mientras la victoria de Bachelet en contraposición con la ascensión de Evo Morales o el auge de popularidad de Chávez, sólo han representado fugaces estrellas continentales, vertiginosamente eclipsadas en el cielo de las pasiones públicas. Entretanto, destellaba con fogosidad de prima donna mediática un conflicto fronterizo entre gobierno y ambientalistas de una Provincia argentina por un lado  y el sistema político uruguayo por el otro, mientras los gobiernos federales de Argentina y Brasil intentaban infructuosamente poner paños fríos en la inflamación nacionalista[5].

MERCOSUR queda en MERCOGLOBO

Aunque la economía no pueda prescindir de signos ni de valores, su incorporación simbólica pasa relativamente desapercibida en razón de la continuidad productiva que la engarza a una diversidad de procesos naturales. El componente simbólico que toma por vehículo al signo monetario y se trasunta en la intensidad subjetiva que adquiere la apropiación y la distribución de bienes, se ha visto elevado a una potencia insospechada por la articulación de la información con los procesos productivos y el despliegue mediático del intercambio comercial.

El plus de significación mediática es el elemento diferencial de la globalización, que envuelve incluso a la economía, en cuanto esta última pasa a estar determinada por una emisión a distancia que también incorpora al signo monetario, (compras en la red, valores tecnológicos, marketing virtual, etc.).Todos sabemos que para cada quién se juega, desde cada lugar, el destino de su incorporación o su desvinculación con el proceso económico, porque la imagen de la globalización está ahí para recordarlo, en la recepción de otro que se hace presente allende fronteras.

La pantalla de la globalización nos transmite cotidianamente, ya no sólo en el concepto abstracto, sino también en la percepción de imagen, que nuestro destino está vinculado a la participación posible en el mercado mundial. La época de los bloques ideológicos de la Guerra Fría y de los bloques económicos que generaron aquellas divisorias estratégicas de la disuasión atómica, han dejado paso en la época de la Red de Redes a un único bloque, con su adentro, su orilla y su afuera. Cualquier televidente sabe hoy, por simple recepción de información, que MERCOSUR queda en MERCOGLOBO.

El museo del fantasma

Instalada por la entidad simbólica de la vinculación estratégica con MERCOGLOBO, la mayor inversión extranjera de la historia del Uruguay se convierte en un monumento al futuro.  Se trata del futuro de las promesas: bienestar, prosperidad, pleno empleo, apertura al consumo. Esa  reverberación del anhelo se alimenta en una memoria nutricia, que testimonia en el museo de la industria cárnica, la planta frigorífica del Anglo que hiciera, en el mismo Fray Bentos, las veces de cabeza de puente del imperialismo de mercados. Ese esplendor del pasado llega a ser reeditado por una vía análoga, pero más enraizada, ya que es ahora el árbol y no ya  el vacuno, la zona franca de impuestos y no la mera franquía de embarque, el punto de capitón que cose al centro mundial.

La entidad simbólica del tema “papeleras”, se yergue desde las entrañas vacías del Anglo, el museo del fantasma con nombre de Imperio. Desde esa sombra blanca de las instalaciones asépticas de otrora, la gravedad del marcado de agenda se encuentra gobernada por la profundidad de los impulsos. Por esa razón globalizada del fantasma de los mercados, con linaje de siglo XIX en la cuenca platense, la sombra blanca de la verdad de la prosperidad alcanza rápidamente la otra orilla y no cesa de recordarnos que el Uruguay tiene dos lados. El Otro (lado del) Uruguay retorna, como el padre de Hamlet, para recordarnos que es en son de guerra que hemos sido denominados de un solo lado, una vez más por el Imperio Anglo, cuando Lord Ponsomby sentenció que siendo independiente de un solo lado del río, el Uruguay terminaría por ser inglés.

Hoy no es un lado del Uruguay, sino el río con sus dos lados que vuelve a llevar aguas abajo el problema, con la misma profundidad simbólica del agua, que una vez se soñó por aquí Río de la Plata.

Desde el fantasma del cuerno de la abundancia, hasta el nombre de nuestro estuario que gobierna la cuenca en que también gravitan Brasil, Bolivia y Paraguay, todo es simbólico en el tema de las “papeleras” y eso explica su inexplicable y avasallante irracionalidad, la vierte en sonora racionalidad para quien escuche el murmurar de la plata, del agua y del árbol.

Lo simbólico no existe: una razón más para exterminarlo!!

La actividad necesaria y efectiva en la naturaleza, que supone la producción de bienes materiales se ha visto dislocada por la emisión tecnológica de imagen, es decir de mediación[6], que ha vinculado todo con todo en cada lugar. La palabra griega “símbolo” significa la correspondencia entre partes reunidas, que tomaba por ejemplo el ajuste unitario del perfil de fragmentación de un objeto o la línea que traza un proyectil en su trayectoria, con la misma sincronía que se instala ahora en todo el planeta, que globaliza in totum la percepción de los particulares. Lo simbólico ha dejado de ser aquello que tiene por destino una representación para pasar a ser la representación que tiene por destino la pantalla.

Esta participación acrecentada de los particulares y de las poblaciones en el intercambio simbólico explica que cada uno perciba la cuestión inmediata como una cuestión de integración al mercado mundial, alternativa en la que se juega el destino de la participación en los bienes disponibles para las comunidades. Por contraejemplo, Africa está ahí, en nuestras pantallas, para mostrarnos en muchos de sus paisajes sociales la marginalidad y sus secuelas. Esta articulación de la identidad pública con la pujas del mercado mundial, a través de la incorporación mediática de símbolos elocuentes, explica la gravitación que adquiere el tema de las papeleras en el marcado de agenda pública del Río de la Plata, en términos que la racionalidad de antaño no logra eclipsar ni soslayar. 

La carencia de un análisis de la significación simbólica de los procesos mediáticos, explica asimismo el enrevesado tratamiento del asunto que emana de las decisiones responsables. Pretender una virtud de linealidad racional en aquello que se quiebra con la frontera o se hunde en la frescura del agua, supone estar lejos de la necesidad mientras se predica la consistencia. Este yerro de plano genera efectos secundarios que escapan al control de las decisiones y generan consecuencias tan inesperadas como indeseables.

Del lado uruguayo del mismo río Uruguay, la colección de resbalones en lo inesperado ha sido generosamente provista. La visibilidad que ha adquirido un conflicto del que se ha hecho una cuestión de Estado no podía escapar a la atención de los responsables del MERCOSUR. De esta manera no se ha logrado, sin embargo, que la posición relativa del país oriental del problema cambie para mejor. Bajo las administraciones blancas y coloradas, el perfil del Uruguay en el MERCOSUR se vinculaba a una encarnizada negociación para obtener tratamientos puntuales, que pergeñara la antipática figura del “enano protestón[7].

La visita de Kirchner a Lula en la cumbre entre socios mayores del bloque ha deparado una transformación del lugar del Uruguay entre los cuatro países del Tratado de Asunción. En esa oportunidad, por iniciativa de Kirchner y en una coyuntura particularmente marcada por el conflicto ecológico en la frontera, Argentina comenzó un giro en este último que ha pautado desde entonces su perfil negociador. El nuevo planteo de la diplomacia argentina se coloca en un perfil bajo, que la refiere a un plano jurídico por un lado y a una condición ambiental por el otro, de forma que tiende a desarticular de la contienda el carácter de conflicto entre estados[8].

Pero asimismo, esa nueva postura ante Uruguay se acompaña en la posición de  Argentina de una perspectiva inédita hasta ahora entre los dos grandes países del MERCOSUR, adoptada desde ya por el Brasil. En adelante la percepción de los grandes del conjunto conosureño respecto a los países de talla menor, se anuncia sensible a las dificultades y debilidades que encuentran estos últimos para participar en el juego económico a escala de los “mayores”. Sin duda se trata de una percepción adecuada y atinada, de la que han carecido hasta ahora Brasil y Argentina, posiblemente en razón de presiones internas a estos países, circunstancias que han significado un costo diplomático y estratégico absurdo para todo el bloque, en relación a las alternativas económicas en juego[9].

La iniciativa que toma la Argentina difícilmente pueda, sin embargo, contabilizarse entre los éxitos de la diplomacia uruguaya. En tanto que esta última endurecía sus posturas con la insistencia en la moral jurídica del conflicto, su contendiente palmeaba desde lo alto la testa irascible del socio menor, recomendando paciencia ante las furias del pequeño, con el añadido de una benevolencia generalizada en el tratamiento acordado.  De “enano protestón” a “adolescente con problemas” la figura del Uruguay no ha ganado un palmo, a no ser en lo atribulado de la estatura.

Otro tanto podría decirse de las indeseadas consecuencias económicas de una interrupción del paso por la frontera en el litoral del Uruguay, para el turismo local, regional y el intercambio económico en su conjunto, o lo poco auspicioso de la belicosidad jurídica demostrada en la perspectiva de desarrollos económicos internacionales. A largo plazo, quizás el mayor déficit adquirido sea la erosión ecológica de la figura “Uruguay país natural”.

Quizás no debiéramos olvidar, quizás lo hemos hecho en demasía, que el Uruguay supone ante todo una naturaleza política. El sistema político ha franqueado, en su ecología profunda, el ingreso por la ventana internacional del conflicto a los partidos tradicionales, que retornan con sigiloso éxito a una política de Estado que siempre han considerado cuestión privada[10]. Aquí la polución viene de largo tiempo atrás y no estaría de más una consultoría de Greenpeace, aunque más no fuera para añadir otro color al colorado, blanco y azul del frenteamplismo, donde por lo visto, lo amplio también es de Fondo.

 

Referencias bibliográficas

Gilbert, I. « La integración debe abarcar a todos » La República, 15/01/06, Montevideo, p.47. http://www.diariolarepublica.com/2006/larepublica.htm

Graells, F. « La libertad de prensa no permite cualquier cosa >> Radio El Espectador Martes 07.02.2006, www.espectador.com

Labica, G. Robelin, J. (1994) Politique et Religion, L?Harmattan, Paris, pp.5-9.

Ladra, A. « Kirchner, Vázquez y la xenofobia » La República, 21/01/06. http://www.diariolarepublica.com/2006/larepublica.htm

Rubio, E. “La fuerza de la razón”, La República, 08/02/06, Montevideo. http://www.diariolarepublica.com/2006/larepublica.htm

Viscardi, R. (2005) Guerra, en su nombre, Editorial ArCiBel, Sevilla.

Viscardi, R. "Mercosur: ¿Tamaño o equilibrio?" en Seminario Mercosur: Pasado, presente y futuro, Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Instituto de Enseñanza Superior "Dra. Alicia Moreau de Justo", Buenos Aires, 1999.

Viscardi, R. "El zorro en la papelera" (30/01/2006) Semanario Siete sobre siete Nº 124, Montevideo, pp. 12-13. http://www.mondialisations.org/php/public/art.php?id=22193&lan=ES

Artículos de órgano periodístico:

-“Ambientalistas acentúan las protestas en contra de las papeleras y afectarían las rutas a Buenos Aires”, Observa, 02/ 02/ 2006, http://www.observa.com.uy

-« Sanguinetti afirmó que Uruguay vive una "situación de verdadera lesión nacional" » La República, 9/02/06, p.7. http://www.diariolarepublica.com/2006/larepublica.htm

NOTAS

[1] Graells, F. «La libertad de prensa no permite cualquier cosa» Radio El Espectador, Martes 07.02.2006, www.espectador.com

[2] Labica, G. Robelin, J. (1994) Politique et Religion, L’Harmattan, Paris, pp.5-9.

[3] Un ejemplo entre tantos de este razonamiento construido a partir de la racionalidad de intereses económicos se encuentra en el fragmento siguiente: “Por intereses político-electorales provinciales y también comerciales (¿adónde irían a procesarse los troncos uruguayos de no haber plantas? ¿adónde habrán ido a veranear los argentinos bloqueados?) se echó a andar un proceso que escapó del control oficial, y se han cometido abusos graves que de ninguna manera lograrán modificar nuestras decisiones.” Rubio, E. “La fuerza de la razón”, La República, 08/02/06, Montevideo. http://www.diariolarepublica.com/2006/larepublica.htm

[4] La que ha sido considerada la peor crisis económica del Uruguay (caída de los depósitos en dólares de 3.000 a 300 millones en la banca residente) tuvo por elemento desencadenante una « corrida » de retiros de depositantes argentinos. Las declaraciones del presidente Batlle al respecto no superaron el incidente mediático con consecuencias diplomáticas personalizadas en el gobernante. Ver al respecto Viscardi, R. «El zorro en la papelera» (30/01/2006) Semanario Siete sobre siete Nº 124, Montevideo, pp. 12-13.

[5] Los analistas uruguayos interpretaron alternativamente como una retirada estratégica o como una maniobra de diversión diplomática el cambio de actitud política del gobierno argentino tras la cumbre Kirchner-Lula, que tuvo lugar a mediados de enero, ver : Ladra, A. « Kirchner, Vázquez y la xenofobia » La República, 21/01/06. http://www.diariolarepublica.com/2006/larepublica.htm

[6] Acerca de la subordinación de la imagen a la cultura de la mediación, hemos desarrollado un análisis específico en el capítulo «Obscenidad, la guerra de los cuerpos» de la recopilación Viscardi, R. (2005) Guerra, en su nombre, Editorial ArCiBel, Sevilla.

[7] Se analiza la estrategia uruguaya para el Mercosur bajo las adminsitraciones de los partidos tradicionales en Viscardi, R. "Mercosur: ¿Tamaño o equilibrio?" en Seminario Mercosur: Pasado, presente y futuro, Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Instituto de Enseñanza Superior "Dra. Alicia Moreau de Justo", Buenos Aires, 1999.

[8] Gilbert, I. «La integración debe abarcar a todos» La República, 15/01/06, Montevideo, p.47. http://www.diariolarepublica.com/2006/larepublica.htm

[9] Se desarrolla el análisis la absurda dificultad en relación a la magnitud de sus exportaciones que ha encontrado el Uruguay para acceder a los mercados de sus vecinos, con exportaciones tales como el arroz para el Brasil o las bicicletas para la Argentina, en Viscardi, R. «El zorro en la papelera» (30/01/2006) Semanario Siete sobre siete Nº 124, Montevideo, pp. 12-13. http://www.mondialisations.org/php/public/art.php?id=22193&lan=ES

[10] Los ex-presidentes se han ilustrado particularmente en los consejos dispensados al actual gobierno, que desde ahora cuenta con una voz «en off» para conducir sus pasos en el intrincado laberinto de la sabiduría de Estado, ver al respecto:

-“Ambientalistas acentúan las protestas en contra de las papeleras y afectarían las rutas a Buenos Aires”, Observa, 02/ 02/ 2006 http://www.observa.com.uy

-«Sanguinetti afirmó que Uruguay vive una "situación de verdadera lesión nacional"» La República, 9/02/06, p.7. http://www.diariolarepublica.com/2006/larepublica.htm

Tomado de Siete sobre Siete, 27/02/2006.

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