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¿A qué transición se puede aspirar?
Escribe: Julio A. Louis
1.
Revolución y transiciones.
Transición significa pasaje de un estado a otro. Es un concepto esencial de la
dialéctica, para la cual todo está en constante fluir. Marx y Engels explican
que el capitalismo -aherrojado en sus contradicciones, la mayor de las cuales es
la creación de la clase proletaria, explotada y sepulturera a la vez del
sistema- devendrá en comunismo. Señalan que en esa transición habrá dos fases,
las que después, la Tercera Internacional llamará socialista y comunista
respectivamente. El punto de partida a la fase socialista es la sociedad
capitalista avanzada, que genera la superabundancia de riquezas, la que podrá
ser redistribuida a toda la sociedad, merced principalmente a la sustitución de
la propiedad privada por la socialista de los medios de producción y de cambio.
Lenin es el primer teórico obligado a extender la transición. Sostuvo que la
Revolución Rusa sería el primer eslabón de una cadena de revoluciones
proletarias europeas, y que éstas ayudarían a aquélla para paliar la
inferioridad de su base material, propia de una sociedad con menor desarrollo de
las fuerzas productivas que las occidentales. Pero cuando estas revoluciones
europeas fracasan -muy especialmente la alemana- mientras se procura su
resurrección y victoria, debe aplicar planes de emergencia en Rusia, que le
permitan a los bolcheviques mantener el poder soviético; medidas que ya no son
las de la fase de transición socialista, sino que son una previa transición
hacia esa fase, reintroduciendo elementos capitalistas, cuya más prolongada
realización es la Nueva Política Económica (1921-1928).
Después de él, los dirigentes y vanguardias constructores de revoluciones que se
desatarán en los países coloniales o semicoloniales (Mao Tse Tung, Ho Chi Minh,
Fidel Castro, etc.), siempre teorizan la transición previa al socialismo.
De todos modos Marx-Engels y sus continuadores, tienen de común que razonan
sobre la base de conquistar el poder, por medio de la violencia revolucionaria.
Mao Tse Tung es directo: `El poder nace del fusil'.
2. Un pie en el Estado del gran capital trasnacionalizado.
Pero el ciclo de revoluciones proletarias y/o tercermundistas en general, sufre
un eclipse prolongado. En América Latina en particular, después de ser
derrotados los movimientos revolucionarios (décadas del 60 y 70) se pasa del
`asalto de la fortaleza' enemiga, a rodearla y poner un pie en ella, en su
Estado, utilizando los vestigios reconquistados de la legalidad
democrática-liberal burguesa.
La nueva situación de lucha de las masas populares, usando los canales abiertos
que tienen, ha llevado a partidos populares a intentar llegar al gobierno, como
un paso hacia el poder (aunque muchos no sepan distinguir uno del otro). Se
trata de una transición mucho más modesta y limitada. Así se empezó en Venezuela
donde ha avanzado, y está en incierto curso en Brasil, Argentina, y tal vez, en
Uruguay.
Los gobiernos generalmente han timoneado a los Estados, y son, por lo tanto,
piezas gravitantes en su conducción. Sin embargo, los teóricos imperialistas
-véase los Documentos de Santa Fe- procuran acotarles sus potestades, anclando
el poder efectivo en resortes más estables y difíciles de modificar: las fuerzas
armadas, el aparato judicial y el administrativo, el poder de los medios de
comunicación, y sobre todo, la influencia rectora de los organismos de crédito y
otros de poder mundial dominados por el gran capital trasnacional.
Décadas antes, en la cárcel fascista, Antonio Gramsci elabora el concepto de
contrahegemonía. Comprende que en las sociedades de occidente es más difícil la
conquista del poder, y que se hace necesario, desde el entramado de las
organizaciones sociales, ir consolidando posiciones, en un sentido amplio, que
prepare y facilite la victoria y la obtención del poder revolucionario. En
síntesis, teoriza una lucha polifacética prolongada, ideológica y política.
3. El ejemplo de Chávez.
Desde América del Sur y con proyección mundial, el proceso liderado por Hugo
Chávez, ilustra como desde el gobierno una fuerza política con sentido
antiimperialista, conquista posiciones de poder. En un proceso complejo, la
dirección venezolana -heterogénea pero liderada con lucidez por Chávez- ha dado
sucesivos pasos, cuya clave es la inserción profunda en el pueblo. Los primeros
han tendido a modificar la constitución, y con ella, la esencialidad del Estado,
transformándolo de Estado al servicio de las trasnacionales, en Estado al
servicio de las clases populares.
Marx decía que los avances en la vida real son más trascendentes que los
programas perfeccionados, porque son los que modifican la correlación de clases
en la búsqueda del objetivo socialista. Por eso, no debe minimizarse ninguno de
los instrumentos constitucionales y legales, como bien puede ser la disolución
de las cámaras en la eventualidad de carecerse de mayorías para gobernar.
4. Hacia una nueva correlación entre las clases.
De inmediato el gran capital no será derrotado. Para eso se necesita una
revolución socialista, y nadie con sensatez, la imagina a corto plazo. Para
tomar el `Palacio de Invierno' hay que tener superioridad militar, y en América
Latina los movimientos populares carecen de ella. Pero, en todo caso es
esquemático afirmar que `Tabaré Vázquez puede ganar la elección pero el capital
ganará la Presidencia'. [1] El capital trasnacional ya controla el Estado. Pero
no es indiferente a quien gane la presidencia. Con los partidos tradicionales
está defendido. Con el EP-FA-NM, en el mejor de los casos, no las tiene todas
consigo.
La situación se definirá, no solo en Uruguay, sino a escala continental, en la
medida que haya direcciones lúcidas -enancadas en organizaciones políticas
también lúcidas y con masas detrás- que mantengan por sí mismas, o aún se vean
obligadas a mantener por la presión popular, el timón firme maniobrando en aguas
embravecidas. Como en Venezuela. En el caso contrario que el nuevo gobierno
termine sirviendo al gran capital trasnacional, solo la experiencia frustrante
que hagan por sí mismas las masas populares las educará para avanzar relegando a
quienes se le colocan enfrente y no a su frente.
Como descreemos de procesos `nacionales' aislados y victoriosos, y menos en
Uruguay -país pequeño enclavado entre gigantes, y en un escenario de dura lucha
interimperialista entre EE.UU. y la Unión Europea- militamos en una perspectiva
de inserción integradora de Uruguay en el marco geopolítico.
Nuestra modesta transición, avanzar desde el gobierno al poder, sería exitosa si
cumpliera estos cometidos:
a) el pasaje de Uruguay de la condición de Estado tapón -creado por Gran Bretaña
y usado por EE.UU.- a la de articulador del bloque sudamericano, oficiando
Montevideo como capital del Mercosur y ayudando a transformar a éste en realidad
política estratégica sudamericana.
b) la renegociación de la impagable deuda externa, articulándola a nivel
conjunto de Sudamérica, eliminando deudas que no debemos pagar (por ejemplo, las
devenidas de los préstamos que se contrajeron al servicio de la imposición de la
dictadura terrorista), y mejorando las condiciones de lo que se resuelva pagar.
Pero más que nada, no admitiendo imposiciones de nuevas privatizaciones.
c) la defensa de las empresas públicas y de los recursos del país, -primero, el
agua- en consonancia con los veredictos populares de los plebiscitos de 1992 y
de 2003.
d) la democratización de la sociedad y del estado, poniendo fin a la tutela
militar, activando la participación de una nueva ciudadanía que realice un
gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Y que implica, el notable
beneficio material y espiritual de la erradicación de la corrupción.
e) el funcionamiento del Uruguay productivo, con los recursos que existen ya y
priorizando a las empresas estatales, al cooperativismo, a las pymes, tendientes
a ampliar las áreas de propiedad social y a limitar las del capital
trasnacional.
f) la ejecución urgente de un plan de emergencia social, que evite la creación
de una sub-humanidad desnutrida, ya en su segunda o tercera generación de
gestación.
No será una Revolución Socialista, ni siquiera una transición de `Nueva
Democracia' o de `Revolución Nacional y Popular' previas, pero sí son pasos
hacia una correlación de clases que abra cauce hacia transformaciones más
profundas.
5. Con Lenin y contra la conciliación y el ultraizquierdismo.
Los marxistas, y los revolucionarios en general, ya ahora y más aún ante un
eventual gobierno del EP-FA-NM, debemos velar contra dos desviaciones nocivas,
que se retroalimentan.
La primera, el conciliacionismo de clases. Al interior de nuestra fuerza
política, como en el movimiento obrero, popular y social, se expresa por la
búsqueda del consensualismo entre todas las clases sociales, entre todos los
partidos políticos, entre todos los `actores'. Ya se ha accionado cooperando
para que blancos y colorados impusieran esta constitución, y atentando
-afortunadamente en vano- contra la defensa de ANCAP en el plebiscito del 2003.
La insistencia en formulaciones derrotadas en el FA y derrotadas por nuestro
pueblo, marca cual será en filas el peligro principal a abordar.
La segunda, el ultraizquierdismo infantil, que aunque no esté descartado en el
FA, es principalmente un fenómeno externo a él. Es el ataque proveniente de
sectas sin masas, que gritan impotentes en el nombre de ellas. ¿Revolución
obrera sin bases económicas? ¿Sin proletariado fuerte que la lleve al triunfo?
Quienes desde afuera del país, o en él pero afuera del sentimiento y del estado
de la conciencia popular, fundamentan que el EP-FA-NM es `lo mismo' que los
partidos tradicionales; o aún peor, que centran el ataque contra él en los meses
de definición electoral, alentando el voto en blanco, le hacen los mandados al
imperialismo.
Los marxistas y revolucionarios, más que nunca, debemos nadar como peces en el
agua de las masas populares, a la vez que ir gestando la vanguardia política de
clase, al unísono de los acontecimientos que se sucederán.
(1). Rebelión, "James Petras. ¿Frente Amplio o cúpula
amplia?."
Nota de la lucha continúa: El autor cita una opinión de James Petras como
publicada en la revista electrónica Rebelión. Está mal informado. En realidad se
trata de una nota aparecida originalmente aquí, en La lucha continúa, escrita
especialmente para nosotros. Luego fue reproducida por otros medios, Rebelión
entre ellos.
Tomado de www.rebelion.org