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La difícil construcción de un nuevo modelo
RELACIONES LABORALES
Escribe: GABRIEL PAPA
El renovado conflicto
sindical-patronal se procesa en el marco de una recuperación de la actividad
económica y con la intervención de un Estado que se posiciona del lado de los
trabajadores.
A estar por el tono y los contenidos de algunas de las
discusiones que ocupan un lugar central en el escenario público habría que
concluir que el país se encuentra procesando un cambio radical de las reglas que
hacen a la propiedad y gestión empresarial y, en consecuencia, a "las bases
mismas del sistema democrático". Es que los noventa no han pasado en vano y poco
falta para que sesudos politólogos fundamenten que la esencia de la democracia
se encuentra irremediablemente ligada al irrestricto imperio de la propiedad
privada.
Difícilmente se puede extraer conclusión distinta si se
toma nota de que, a fines de 2005, veinte cámaras empresariales afirmaban que
existe "una estrategia del gobierno que apunta al desplazamiento de los
empresarios en la gestión de las empresas, determinando un nuevo orden en
nuestra sociedad". La semana pasada la Asociación Rural, la Cámara de Industrias
y la Cámara Nacional de Comercio y Servicios "alertaban" a la opinión pública
acerca del "avasallamiento" del "Estado de derecho y, consecuentemente, contra
la convivencia democrática " que se habría producido en relación con las
vicisitudes por las cuales transita el "caso Dancotex".
NO TANTO.
Pero el panorama no es tan grave como se lo presenta. La
actividad económica y, más concretamente, la inversión no han -por lo menos
todavía y de acuerdo a las cifras oficiales conocidas- acusado el tan temido
"desborde sindical". Además, en los consejos de salarios, el Ministerio de
Economía instrumenta con mano firme una serie de pautas en materia de
recuperación del salario real que están "en línea con el crecimiento esperado
del PBl", de manera que la "gradualidad de la recuperación del salario real no
afecte el empleo".
Una observación más atenta de los hechos indicaría que
la primera de las manifestaciones empresariales fue una reacción ante la
votación de la ley de fuero sindical, una iniciativa que hace a la propia
calidad de la democracia y que sólo se puede interpretar como socialmente
negativa desde posiciones que, benignamente, se deben calificar como muy
conservadoras. Mientras tanto, la segunda de las proclamas empresariales se
refiere a un conflicto en cuyo origen se encuentra la imprevista decisión
empresarial de cerrar el lugar de trabajo de 300 personas de la mano de una
suerte de "síganme los buenos", es decir otorgando prioridad a aquellos
trabajadores dispuestos a trasladarse a la nueva localización elegida. Al
respecto, la experiencia mundial de los últimos veinte años indica que los
frecuentes e intensos procesos de deslocalización nunca han sido sencillos y
siempre han sido resistidos por los trabajadores, las autoridades locales
afectadas y el propio poder político, que invariablemente intentan diseñar
soluciones que trascienden el simple cobro de la indemnización por despido.
PERO MUCHO.
Pero tampoco es aconsejable eludir la verdadera magnitud de
los problemas, sobre todo cuando buena parte de las decisiones en materia
económica se encuentra bajo el casi exclusivo control de los propios empresarios
privados. Sector que, a partir de la década del 90 operó, en alianza con los
gobiernos de turno, en un marco crecientemente desregulado y flexibilizado. Es
en dicho contexto que hay que "entender" la (sobre)reacción empresarial frente a
una "agenda" en materia laboral que -tras restablecer el funcionamiento de los
consejos de salarios, aprobar la ley de fuero sindical y adoptar el decreto de
prevención de conflictos- plantea la discusión de una ley de negociaciones
colectivas, la redefinición de la responsabilidad de las empresas proveedoras de
mano de obra tercerizada, la revisión del régimen que involucra a las empresas
unipersonales, la extensión de los plazos relativos a la realización de reclamos
laborales y la regulación de la actividad de las empresas recuperadas.
El cambio de las reglas de juego es relevante e implica
una nueva ecuación con relación a la postura del Estado y, dentro de la empresa,
con relación a las formas y contenidos de la gestión de los recursos humanos (y
costos salariales asociados). Y el empresariado, se sabe, no es inmune a la tan
mentada "resistencia al cambio" que se suele atribuir a los orientales de a pie.
A efectos de calibrar la magnitud de los cambios quizás
convenga recordar la manera como, hace poco más de cuatro años, un informe*
caracterizaba al "nuevo modelo" de relaciones laborales imperante en los
noventa. Allí, desde los subtítulos se presentaba a un Estado que pasaba "de la
intervención a la prescindencia y de la regulación a la flexibilidad", a un
movimiento sindical que había transitado de "la iniciativa (durante la
recuperación de la democracia) al desconcierto ", y un empresariado que iba de
"la defensa pasiva (de sus intereses) a la iniciativa". Es así que, en el "nuevo
modelo" el Estado "no convoca más consejos de salarios, pasando a la libre
negociación salarial salvo en áreas de reserva; genera ámbitos de negociación
que sólo se mantienen en la banca y las empresas públicas; paraliza la
producción legislativa protectora del trabajador y comienza a flexibilizarla;
mantiene su abstención en la regulación del derecho colectivo". Respecto a la
acción de los sindicatos, se apuntaba que "pierden protagonismo; desciende su
tasa de afiliación al 16 por ciento y, aunque no en igual cuantía, su poder de
convocatoria; mantienen la estructura organizativa; reclaman el mantenimiento
depuestos de trabajo junto con el tema salarial; comienzan a priorizar la
negociación dejando el conflicto como herramienta final si aquélla resulta
infructuosa". Mientras tanto, los empresarios "tienen un rol protagónico
impulsando la flexibilidad; mantienen su organización; dejan de negociar en la
rama y adoptan distintas estrategias para ser más competitivos". Las estrategias
empresariales son presentadas como "pasivas" (centradas en la reducción de
costos y concretadas con o sin el acuerdo de los trabajadores) o "activas"
(cuando los empresarios "adoptaron estrategias que implicaron transformaciones
más profundas, como reconversión de su producción, introducción de nuevas
tecnologías, búsqueda de nuevos mercados, asociaciones estratégicas.
En estos casos (...)
habitualmente intentaron involucrar a los trabajadores en los cambios (...)",
anota el informe).
Como consecuencia de tal configuración, y en un marco
caracterizado por la apertura económica y la creciente incorporación de
tecnología, se produce "el debilitamiento de la práctica negociadora; la
negociación descentralizada; la flexibilidad como tema de negociación; el
descenso de la conflictividad: reducción de paros generales y de rama y
aparición de conflictos de empresa y el aumento de la conflictividad por el
empleo".
En
definitiva, ¿constituye una opción la vuelta al "viejo modelo"? Y, más
precisamente, ¿es posible?
DISTINTO.
Es que los temas complejos no admiten abordajes simples. Todo
indica que sería un grave y costoso error estratégico intentar (re)construir un
conjunto de reglas de juego laborales -legislación, regulaciones, conducta por
parte de los organismos del Estado- inspirado exclusivamente en el modelo que
imperaba antes de los noventa. Fundamentalmente si se tiene en cuenta que éste
era el continuador del vigente antes de la dictadura cuyas bases, a su vez,
habían sido echadas en los cincuenta. Es evidente que, por ejemplo, los
contextos económico (globalización y apertura mediante) y tecnológico cambiaron
radicalmente. En este
plano, si la búsqueda de la "competitividad" a partir de la sistemática rebaja
de las condiciones de vida y de los derechos de los trabajadores es un camino
sin salida, la "fuga hacia un pasado mejor" es, desde una perspectiva de
izquierda, la menos inteligente y la peor de las opciones.
En
este sentido, ¿quién está pensando en un modelo de relaciones laborales
coherente con el nuevo modelo de desarrollo que se pretende? Más concretamente,
¿qué pasó con el Compromiso Nacional?
* "Transformación de las relaciones laborales", Programa de Modernización de las
Relaciones Laborales, Universidad Católica, 2001.
Tomado de BRECHA, 27/06/06.