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"En estos últimos dos años pudimos recuperar la autoconfianza"
ENTREVISTA A EDGARDO OYENART (SIMA / PIT-CNT)
¿Cuál es tu valoración de las luchas que la clase obrera ha llevado adelante en estos últimos dos años? ¿Y cuáles son las dimensiones que tiene el actual proceso de reorganización de los trabajadores?
En los últimos dos años ha habido cambios de todo tipo en la realidad nacional, que determinaron la entrada en escena de los trabajadores y de sus derechos. Influyeron múltiples factores que tienen una expresión política, pero que sobre todo se expresan en el imaginario colectivo, y que determinaron un aumento en la credibilidad, tanto de los trabajadores como de sus sindicatos.
Y fundamentalmente, el debilitamiento de un componente que fue clave para que los trabajadores no se organizaran durante los últimos veinte años: la desocupación. Las patronales y los partidos que gobernaron el país fueron responsables directos del miedo que tenía la gente de pasar a engrosar la larga lista de desempleados. El gobierno de Jorge Batlle dejó 1.000.000 de pobres, de los cuales 120.000 están por debajo de la línea de pobreza, sobreviviendo en la indigencia, y más de 200.000 están desocupados. Todos esos elementos jugando en la mente de los trabajadores, puesta la cabeza en lo cotidiano, en el pan de sus hijos, en mandarlos a la escuela, en lo que significa la posibilidad de perder el trabajo por querer organizar un sindicato, fueron devastadores. Aquí hubo miles y miles de trabajadores despedidos por el solo hecho de querer organizar un sindicato, y la desocupación fue una variable importantísima en la regulación de la economía y de la sociedad. El aumento en el ejército de desocupados permitió los niveles de acumulación de capital más grandes que hayan habido en el último siglo de historia.
Esa es la realidad concreta que tuvimos que enfrentar desde el final de la dictadura. Pero en estos últimos dos años pudimos recuperar no sólo la organización sino la autoconfianza de importantes sectores de trabajadores. Y esto influyó en la reorganización del movimiento sindical. Las luchas han sido igual de duras ahora como antes, porque la relación entre el capital y el trabajo no es una relación entre amigos. Acá hay intereses que son antagónicos. La lucha de Dancotex, la lucha de Naussa, la lucha de Nubarián, o la lucha de Kildo con compañeros acampando durante 60 días frente al Hospital Pasteur peleando por sus derechos, son todos choques en los cuales se expresa la lucha de clases, la lucha entre el capital y el trabajo. Y en medio de esta lucha llegamos a acuerdos en el marco de los Consejos de Salarios cuando tenemos la capacidad de movilizar y de pelear. Ningún patrón te regala nada. La convocatoria de los Consejos de Salarios y la Ley de fueros sindicales fueron también dos componentes muy importantes, que le han permitido al trabajador tener más certezas y más confianza en la organización sindical.
¿Cómo vivieron este proceso en tu sindicato? ¿Cuál es la realidad de los trabajadores del sector? ¿Cuáles y cómo han sido las distintas luchas? ¿Por qué cosas han sido las mismas?
En la industria del medicamento nosotros logramos crecer, casi duplicar la cantidad de afiliados y cotizantes. Eso se ve en las arcas del sindicato: ¡tenemos hasta superávit! Hemos organizado el sindicato en lugares donde era muy difícil por las condiciones de represión. Y bueno, los patrones tuvieron que aceptar que nos organizábamos en el sindicato, que nos afiliábamos, que íbamos a presentarnos ante ellos a decirles: estos son los delegados del comité de base del sindicato, y con ellos hay que dialogar para cualquier cosa que tenga que ver con los trabajadores. Al día de hoy nosotros tenemos un convenio salarial y de categorías, que ha sido muy importante para los trabajadores de la industria del medicamento por el reconocimiento de las categorías viejas y nuevas. Nosotros tenemos todas las categorías definidas y no es un tema menor, porque es clave en la lucha de hoy en día en el movimiento sindical. El resto de la realidad es dispar. Hay un sector importantísimo de la patronal que sigue -y que va a seguir, porque históricamente fue así- manteniendo una relación con los trabajadores desde la soberbia, desde el abuso de poder, y que se traduce en violación de los derechos de los trabajadores, violación de sus derechos humanos, con condiciones de trabajo inaceptables, con condiciones salariales inaceptables, etc. Esa realidad el movimiento sindical la enfrenta de manera permanente y no es el fruto solo de la coyuntura, es el fruto de la relación entre el capital y el trabajo. Si los patrones pudieran hacer que trabajáramos 16 horas por día y pagamos la mitad del salario que nos están pagando, lo harían. Porque es la razón de ser de ellos. Para algo son la clase dominante.
Justamente te iba a preguntar cuál ha sido la reacción de la patronal ante la organización y las luchas que los trabajadores están dando.
Ha sido dispar, tanto en la industria del medicamento como en las demás ramas industriales. Tenemos desde el caso de la curtiembre Naussa donde el dueño de la empresa ingresa a una planta ocupada con rompehuelgas, hasta el caso de la textil Dancotex donde el dueño de la empresa traslada una planta y miente descaradamente para dejar a 300 trabajadores en la calle. Soloducho, el propietario, echó a cinco direcciones sindicales enteras. En 2002 echó a 80 trabajadores porque no querían aceptar la rebaja del salario y nada le importó. Más del 50 por ciento de los trabajadores de Dancotex tienen menos de 3 años en la planta. Esas son las patronales que tenemos al día de hoy.
¿Cómo han sido estas dos rondas de Consejos de Salarios y cuál ha sido la posición del gobierno durante la negociación y durante los conflictos?
Yo creo que el mero hecho de instalar los Consejos de Salarios significó un gran salto adelante. Lo que te decía antes, se recuperó la confianza de parte de la clase trabajadora en ciertos instrumentos, y se perdió miedo. Permitió empezar a caminar despacito, a juntarse con los compañeros, y saber que organizarse sindicalmente no significa de forma inexorable perder el trabajo. Los Consejos de Salarios jugaron ni¡ rol muy importante en esto. Y en los Consejos de Salarios ha habido resultados dispares. Con este gobierno han cambiado muchas cosas, pero no han cambiado otras. Y hay otras que evidentemente se van a cambiar desde la clase trabajadora, en la medida que la clase trabajadora pelee, se organice y luche por sus derechos. Por eso nosotros revindicamos independencia y autonomía de clase para el movimiento sindical.
¿Cómo valorás la política económica del gobierno (deuda externa, libre comercio, etc.)?
No estamos de acuerdo con ella. Yo personalmente no estoy de acuerdo con muchos aspectos de la política económica del gobierno. Creo que se están planteando disyuntivas falsas. Dicen que quienes no apoyamos el TLC con EEUU, por ejemplo, estamos privando al país de la posibilidad de desarrollarse. Es mentira. Primero, porque las relaciones comerciales con EEUU son absolutamente coyunturales. Si le vendimos carne a EEUU fue porque había vaca loca en Canadá. Segundo, le dejamos U$S 100 millones de dólares al fisco de EEUU por el pago de impuestos. En el mismo período en que le dimos esa cantidad de dinero, le vendimos lo mismo al MERCOSUR sin pagar un peso de aranceles. Entonces las cosas no son en blanco y negro. Para mí los TLCs son un tema fundamental, que tiene que ver con los fundamentos de la conducción económica. No son una herramienta maleable; no es agua que adopta la forma del recipiente. ¡No! ¡Los TLCs son el recipiente! O sea, tienen forma, tienen códigos y no solamente de comercio. Para que autoricen a firmar un TLC en EEUU, tiene que aprobarlo el parlamento. Y ese TLC o como lo quieran llamar ahora, tiene determinadas condiciones. Para firmar un TLC vos tenés como país tenés que estar dispuesto a claudicar, por ejemplo, al respecto del tema de las patentes. En otras palabras, pagarle las patentes a los que tienen al día de hoy el mayor nivel de concentración de riquezas del mundo, y que les permite tener el mayor grado de desarrollo en la investigación técnica y científica. Otro aspecto que viene de la mano del TLC es la desaparición de los monopolios estatales, porque uno de los objetivos del TLC es que vos vayas entregando pedazos de soberanía -sean servicios de agua, electricidad, teléfonos, etc.
Porque al día de hoy, es de lo que se pueden cobrar la incobrable, eterna e inmoral deuda externa, que generaron las multinacionales del crédito: FMI, BID y todos las demás, y que los "cipayos" han aceptado acá. De hecho, han instalado una realidad que es muy diferente si vos como país tenés una relación de dependencia con los organismos de crédito, y no estás en condiciones de cortarla porque no tenés un sustituto -o si no tenés una posición de fuerza. Es como en el movimiento sindical, donde vos vas a
dialogar con la patronal y si no estás en una posición de fuerza, marchaste. Con los organismos de crédito es lo mismo. De repente Brasil, que es una potencia, está en condiciones de negociar la deuda de otra manera que nosotros. Pero nosotros como "paisito" de 3.500.000 de personas -un barrio chico de San Pablo- no tenemos demasiadas posibilidades. Ahora, creo que aquí es donde se impone la necesidad de ciertas opciones políticas. Por ejemplo, el fortalecimiento del MERCOSUR. Lo cual además ahora es posible con determinado horizonte en la defensa de los intereses de los más humildes. Ese fortalecimiento del MERCOSUR es el desarrollo de la herramienta que a vos te permite en conjunto ir a negociar con los organismos de crédito en mejores condiciones. Por eso pensamos que el adelanto en el pago de la deuda externa fue un error, y lo pensamos como movimiento sindical. Creemos que tal vez ese dinero aplicado al desarrollo e incentivo de la producción, o a la veneración de puestos de trabajo a través de la inversión en obra pública, hubiera redituado mucho más al país. Esto es algo de lo que estamos absolutamente convencidos. Lo dijimos el pasado 1° de Mayo v lo seguimos sosteniendo,
¿Con quién ha estado el gobierno, con los obreros o con los patrones?
El gobierno está con el gobierno. Ha tenido actitudes favorables hacia los intereses de los trabajadores, que no habían tenido otros gobiernos. Y ha mantenido algún grado de equilibro en la relación entre el capital y el trabajo. Pero creemos que hay instancias y coyunturas históricas donde un gobierno como este -que es un gobierno progresista con un componente de izquierda muy importante- tiene que hacer una opción por los pobres porque fueron los pobres los que los pusieron en el gobierno. No hay un solo integrante del gobierno, ni el Presidente de la República, que haya sido votado mayoritariamente por la burguesía_ Están donde están porque en este país los votaron los pobres, los votaron los trabajadores, los votaron los excluidos. No los votaron, no los impulsaron ni los respaldaron los dueños del poder. Entonces le pedimos al gobierno que no se olvide que está donde está porque los trabajadores le dieron su voto. Y hay una corresponsabilidad ahí: la necesidad de defender a estos sectores que son los más desprotegidos, pero que siempre fueron los sectores mayoritarios de la sociedad. En un país como el nuestro de 3.500.000 de habitantes, ¿cuántos ricos hay? ¿30, 40, 50.000? No hay más. El resto somos todos laburantes. Algunos ganamos más, otros ganan menos. Somos todos tipos que vivimos del trabajo. Y fuimos nosotros los que votamos este gobierno. Entonces este gobierno tiene necesariamente que pensar cada acción que desarrolla en el plano de la política y de la economía, en función de los intereses de los trabajadores. Porque fuimos nosotros los que permitimos no solamente que este gobierno esté dónde está, sino que en este país haya democracia. Porque fue la lucha de la clase trabajadora la que derribó a la dictadura. Hoy los partidos burgueses hacen criticas a este gobierno. Bueno, nosotros queremos deslindar muy bien esas críticas de las nuestras. Y luego queremos ser críticos y exigentes, porque no solo es bueno para nosotros, sino para la propia izquierda y para el propio gobierno.
¿Qué lecciones sacás de este período de luchas y reorganización?
Que la lucha siempre paga y que los compañeros que van a la pelea organizadamente, son los únicos que tienen posibilidad de defender sus derechos y obtener victorias aunque sean parciales. Siempre son parciales mientras no se cuestione la propiedad de los medios de producción. En su primer programa, la CNT planteó conquistar una sociedad sin explotadores ni explotados, y eso significa cuestionar la propiedad de los medios de producción. Hoy no se está cuestionando esto, pero sí se está demandando al menos el derecho a poder vivir en forma digna, en forma respetable, a tener trabajo, vivir del trabajo y de manera decente. Pero para lograr esto la única forma es con organización sindical.
¿Cómo imaginás que continúa este proceso? ¿Cuáles objetivos debe plantearse la clase? ¿Cuáles te parece que son las condiciones para obtener dichos objetivos y cuáles pensás que puede ser la reacción de la derecha, de las patronales y del gobierno?
Nosotros vamos a seguir reorganizándonos, y claro está, peleando por nuestros derechos e intereses. Vamos a seguir dando el combate en el sector privado y en el sector público. A quien le guste bien. A quien nos acompañe: ¡vamos arriba! Y quien no nos acompañe, siendo crítico del movimiento sindical desde una perspectiva ideológica distinta que la de los trabajadores, se ubica en la acera de enfrente.
¿Cómo hacer hoy la conexión entre estas luchas diarias y la lucha política de la clase obrera por tomar el poder y derribar el capitalismo?
¡Esta pregunta es la sellada! ¿No? Nosotros estamos en un proceso de acumulación. Venimos de una derrota brutal como movimiento sindical. Y venimos de una derrota brutal de las concepciones revolucionarias durante los 70s por cuenta de las dictaduras. Estas tuvieron dos grandes objetivos. Por un lado, detener el proceso de acumulación de masas de las fuerzas revolucionarias que se desarrollaba en toda América Latina; y por otro lado, la implantación de un modelo económico -el modelo neoliberal- que trajo aparejado el mayor nivel de concentración de riquezas en menos manos que haya existido en la historia. El neoliberalismo tiene dos características: es concentrador y es excluyente. Concentrador en el plano interno de cada uno de los países, haciendo que los ricos sean cada vez menos y más ricos, y a su vez concentrador hacia afuera, fortaleciendo un capitalismo dependiente del imperialismo. Por su parte, la exclusión social es un componente fundamental de la política económica neoliberal. Hoy por ejemplo, tenemos 200.000 desocupados.
Pero la dictadura militar y la exclusión social tuvieron otro efecto: hicieron desaparecer a decenas de miles de militantes, jóvenes y adultos. Por eso tuvimos que comenzar a recomponer nuestras fuerzas desde donde perdimos. Pero hubo un corte generacional, y ese corte y esa derrota ha determinado que nosotros estemos empezando de nuevo. Algunos no lo reconocen, algunos no son ni autocríticos con los errores cometidos, ni son autocríticos con respecto a la derrota que nos infringieron. Seguramente el proceso de acumulación va a ser un proceso largo y difícil, porque la concentración de poder y la exclusión social son dos aspectos contra los que tenés que pelear y que te hacen más difícil tus objetivos estratégicos. Pero la pelea es la de todos los días, la pelea cotidiana, de organizar sindicatos, peleando desde la independencia y la autonomía de clase con cualquier gobierno y cualquier partido, por conseguir una sociedad sin explotados ni explotadores.
Y en eso es en lo que estamos en el movimiento sindical, con diferencias de matices, pero con una línea divisoria, y del lado de acá de esa línea, estamos los trabajadores organizados.
Edgardo Oyenart es secretario general del Sindicato de la Industria del Medicamento y Afines (SIMA/ PIT-CNT).
Tomado de Socialismo Internacional, setiembre/2006.