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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

Homenaje a

Elena Quinteros

Transcribimos las intervenciones realizadas por Sara Méndez, Yamandú González Sierra, Jaime Machado, Rubén "Pepe" Prieto, Miguel Fernández Galeano y Hugo Cores, un grupo de compañeros que militaron junto a ella, en un homenaje realizado el 4 de diciembre de 2002.  

Sara Méndez:

 

"Sin duda era consciente de los riesgos y estaba dispuesta a afrontarlos".

Buenas noches. Yo escribí algo para tratar de rememorar esta personalidad, esta compañera fraternal que fue Elena

Yo conocí a Elena a partir de la militancia Magisterio. Las reuniones de la Agrupación 3, a la que me integré como estudiante, se realizaban en ese tiempo en su casa. Allí también conocí a Tota, su madre. A la militancia en el gremio le siguió la política en la FAU; recién había cumplido Elena sus 20 años.

Yo seguía sus pasos. Para evocar y trasmitir hoy la imagen de esa joven mujer tenemos que introducirnos en la década del 60, en nuestro País en nuestra América. Para poder explicar por qué Elena no se fue del Uruguay, como tantos otros uruguayos y uruguayas, que resistieron y combatieron la dictadura, tenemos que hablar de las crecientes injusticias existentes en nuestros países y de unas generaciones que se plantearon terminar con ellas.

Esas generaciones formaron sindicatos, gremios estudiantiles e instrumentos políticos. El triunfo de la revolución cubana como una respuesta efectiva a esas injusticias fue el gran telón de fondo.

Cómo nos gustaba oír y repetir la frase de Buenaventura Durruti, el combatiente de la revolución española cuando afirmaba “construiremos un nuevo mundo porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones”

La voluntad para construir una sociedad nueva pasaba inevitablemente por una exigencia personal muy importante, ya que implicaba una transformación de uno mismo. La imagen del hombre nuevo que el Che pregonaba era sin duda una exigencia a alcanzar

Cientos y miles de jóvenes provenientes en su mayoría de corrientes cristianas van a incorporarse a las filas del movimiento revolucionario. Aquí y en el resto de América, convencidos de que para terminar con la injusticia social había que cambiar el mundo radicalmente. Y esa convicción de cambio se ir probando en las huelgas, en cada enfrentamiento con las fuerzas represivas, en la prisión que se comenzar a vivir, en la tortura por la que se pasa, o se queda

No es por casualidad que Elena es parte de una lista de maestros y jóvenes maestros y estudiantes de Magisterio, que hoy están desaparecidos o asesinados, como Telba Juárez

De una madre cristiana y un padre socialista nace Elena que es educada en un colegio religioso y profesaba la religión católica hasta el comienzo de su militancia gremial

Ser maestra ser su elección, y tomar el camino del Magisterio señalado por el maestro Soler con su experiencia de La Mina en el departamento de Cerro Largo donde se promueve a la escuela en contactó con la comunidad como un centro de cultura y cambio

Como estudiante participa en las misiones socio-pedagógicas, experiencia promovida por la escuela, por los maestros rurales.

El contactó con la gente y la realidad de los llamados pueblos de rata ser un duro golpe para Elena como para tantos otros jóvenes estudiantes. Pocos están próximos a la penuria del pueblo como el maestro a través de la realidad que el niño lleva a la escuela. Y la necesidad de un compromiso mayor por ese cambio profundo que el País va exigiendo ser sentido por Elena.

Es la década del 60 y las discusiones en las agrupaciones gremiales tendrán cada vez más contenido político. A otro nivel, donde estaría Elena, se hablar de la lucha armada, de la violencia como medio para las transformaciones profundas.

Recuerdo en especial a los cristianos resistiendo las posiciones que las fundamentaban como inevitable. El tiempo andaba rápido y en especial para los jóvenes en esa época. El Instituto Normal se convirtió en un centro que reflejaba lo que estaba sucediendo a nivel de la sociedad. La práctica de la solidaridad con los gremios obreros mueve a los estudiantes, lleva a la militancia a vivir jornadas de ocupación de fábricas, enfrentamientos callejeros con las fuerzas de represión.

En noviembre de 1967 Elena es citada por el Departamento 5 de Inteligencia y Enlace para declarar, vinculada a la detención de Gustavo Inzaurralde.

Se viste, se pinta y se maquilla, cosa que no hacía habitualmente. “No hay que demostrar que se está nerviosa”, me dijo. Era su primera experiencia que sorteaba con gran aplomo.

Luego nos enteramos que Gustavo había sido torturado. Esto nos conmovió profundamente. Elena se graduó y comenzó a trabajar en una escuela de Canelones.

También se inscribió en la Facultad de Humanidades y comenzó a estudiar Pedagogía de la Educación. Se levantaba muy temprano por la mañana para ir a la escuela y se acostaba tarde por la noche. La Federación Uruguaya de Magisterio la contar también  entre sus filas, pero cada vez más la militancia política ser centro en su vida.

En Humanidades conoce a quien va a ser su pareja y lo ser hasta poco antes de su desaparición.

En octubre de 1969, es detenida y procesada acusada de fabricación de explosivos. Estar un ago en prisión en la cárcel de Cabildo. Ya en la década del 70 nos vemos poco, se queda en mi casa en algunas oportunidades y pasamos juntas unas vacaciones en La Paloma en el 71 que interrumpe los fines de semana para ver a su compañero que estaba retenido en el Penal de Punta Rieles.

En Buenos Aires nos encontramos, próxima a la fundación del Partido por la Victoria del Pueblo.  Nuestras vidas habían cambiado mucho, ella volvería a Uruguay así me dijo. Fue la última vez que la vi.

Hacía seis días que había nacido Simón cuando me entero que Elena había sido recapturada cuando estaba buscando refugio en  la embajada de Venezuela. 

Mauricio me cuenta que Elena llevaba siempre zapatos acordonados, pronta para correr.  Tenía estudiado distintas posibilidades de fuga , la embajada venezolana era una. Sin duda era consciente de los riesgos y estaba dispuesta a afrontarlos.

Cuentan que la lucha que Elena entabló con sus secuestradores aquel 28 de junio del 76 en los jardines de la Embajada de Venezuela, Elena perdió uno de aquellos zapatos acordonados. De ahí en más, como en el cuento infantil nos probamos el zapato de Elena. No para ser ella, sino para ser como ella, y continuar saltando muros hacia la libertad y el socialismo.

(Aplausos)

Yamandú González Sierra:

 

"Fueron años en que su presencia y compromiso alimentó al colectivo de los estudiantes de Magisterio."

Voy a dar cuenta de algunas cosas que se superponen en el tiempo con las que ha contado Sarita.

Fue en las mesas del bar de los estudiantes en Cuareim y Colonia que un grupo de estudiantes de Magisterio comentábamos los últimos sucesos.

Corría el ago 1965 y el Gobierno había aplicado Medidas Prontas de Seguridad contra el movimiento popular y particularmente para frenar la incontenible unidad del sindicalismo que realizó, convocado por la CNT en agosto de 1965, el Congreso del Pueblo.

Los estudiantes magisteriales habían hecho sus propios volantes y salieron a repartirlos

Un grupo de personas ansiosas esperaba que volvieran los últimos grupos.

Estaban allí, entre otros, Gustavo Inzaurralde, Elena Quinteros, María Esther, Charo y otros y un señor de cabellera abundante y lacia y un bigotito, que compartía animadamente las vivencias de los estudiantes.

Recuerdo el rostro grave y alegre de Elena contando sus propias peripecias bajo la atenta mirada del señor de abundante cabellera, que no era otro que su padre.

Era poco común ese grado de involucramiento con los avatares de una hija como el que experimentaba Quinteros, a quien vi. en esas y otras circunstancias en el bar que cobijaba a los estudiantes.

A la expresión seria y jovial de Elena Quinteros la recuerdo otras veces funcionando la Directiva de la Asociación de Estudiantes Magisteriales de Montevideo, a la que me incorporé, siendo representante de la otra lista tradicional adversaria, la lista 5.

Fue en las peripecias de las Asambleas para salvar la AEM de los sectores de derecha que quisieron liquidarla en las diversas circunstancias que estuvieron viviendo que se afirmó una fraternidad creciente entre los activistas magisteriales.

Gustavo me aproximó a la agrupación lista 3, donde por varias circunstancias me sentí muy cómodo ideológica y afectivamente. Corría el agosto de 1966.

Ya se habían incorporado Lilian, Hugo, Sarita, Oscar, Doris y otros.

Nuestra apasionada búsqueda de alternativas a un país que crujía y aspiraba a cambios, nos llevaba a reuniones y asambleas en el ámbito magisterial y a discutir películas y a compartir trasnochadas en Tasende, La Paponita, el Subte y en la agrupación en el caso de Elena. Y discutíamos los diversos caminos que se ofrecían a nuestras esperanzas.

Recuerdo particularmente los encuentros casuales los sábados de noche en el Subte, con el padre de Manolo Dibar, quien nos daba un punto de vista aggiornado de los sectores eclesiales de avanzada acerca de lo que estábamos discutiendo. Y allí estaba Elena, entusiasta, firme, alegre, frente a los distintos requerimientos que hubiera

Estudiante humilde, había fallecido su padre, y enfrentaba con su madre, la Tota, una difícil situación.

En aquellas salidas nocturnas de los sábados discutimos ardorosamente las enseñanzas de la revolución cubana, leíamos a Debray, al Che, a Abraham Guillén, también, los avatares de la República española, y las vías para la revolución en el Uruguay.

Yo recuerdo que en la casa de Elena había algunos discos, entre ellos algunos de Zitarrosa, de Julio Sosa, que escuchábamos también muy seguido. Y la segunda declaración de La Habana y quien me ha quedado grabado al final, cuando Fidel dice “en todo caso los que mueran, morirán como los de Cuba, los de Playa Girón morirán por su única, verdadera e irrenunciable independencia. Patria o Muerte. Venceremos”

En aquel momento éramos concientes que los maestros eran en la labor más débil en el conjunto de profesionales que capacita a un País.

Nadie como el maestro sabe de los problemas de la desnutrición y el hambre de los niños, nadie como él sabe de plagas y enfermedades que se extiende en la población escolar, nadie como él conoce los problemas afectivos y la des-estructuración de los núcleos familiares. Por eso los estudiantes magisteriales estuvieron en la primera línea de combate. Eso se daba cuando se juntaban a la realidad esa, que ahí se vivía, una sensibilidad política.

Las misiones socio-pedagógicas fueron un intento serio y sistemático de acercarse a la realidad, aún en la época estudiantil. Surgió el grupo misionero Nelly Soler como una iniciativa de los maestros del ICER, Instituto Cooperativo de Educación Rural; estaban allí Susana Iglesias, José María Vera, Luis Gómez, Graciela González de Vera y otros maestros.

Como corolario de la Segunda Guerra Mundial se había formado un clima de esperanzas en el progreso de la educación y se había formado en América Latina el CREFAL, que era una entidad de las Naciones Unidas que regía la educación para la región.

Fue así que se creó el núcleo experimental de La Mina, una coordinación de numerosas escuelas en un plan común y colectivo para el desarrollo de la comunidad. Maestros especializados, ingenieros agrónomos, asistentes sociales, nurses, trabajaban para que los vecinos fueran tomando en sus manos su destino.

Pero para el primer gobierno blanco una tarea de ese tipo era francamente peligrosa y desmontó el andamiaje construido pacientemente por los maestros.

Y también el Instituto Normal Rural erigido con menos brillo y dirigido por una camada de maestros que habían trastocado las bases de la educación rural.

Frente a la persecución los maestros crearon el Instituto Cooperativo como forma de preservar lo realizado por ellos. Para esa iniciativa llamaron para una nueva experiencia misionera. A esa se sumaron Elena, Sarita, Lilian, Beba, Mónica, Nancy, Amelia, Oscar, Yamandú y otros.

La misión en Capilla de Farruco en Durazno, en 1967, fue la primera de una serie de experiencias realizadas por el estudiantado, conjuntamente con los estudiantes del Instituto Normal de Durazno. Y así en los meses de preparación en que íbamos a la escuela de Cuchilla de Machain en las cercanías del Sauce, estuvo Elena compartiendo músicas y bailes y sus famosos fainá de queso confeccionados por la Tota.

Los intentos de aprender a andar a caballo, las tareas diarias que nos acercaban en cierto modo a los objetivos de la misión, las visitas para conseguir que figuras participaran en los festivales que organizábamos, las trabajosas gestiones para los diversos asuntos que hacíamos en Montevideo. En fin, tenían a Elena como una de sus protagonistas.

Fueron años en que su presencia y compromiso alimentó al colectivo de los estudiantes de Magisterio. Elena no era brillante, pero siempre estaba.

(Aplausos)

Jaime Machado:

 

"Elena perteneció a ese grupo o a esa calidad de militantes como Gerardo Gatti, León Duarte,..."

Mi contactó con Elena no fue de joven. Nos vinimos a encontrar declarando en un juzgado, cuando por primera vez en el 69 cayó presa junto con un grupo y me sorprendió aquella muchachita joven, de ojos muy profundos, el coraje, la dignidad que mostró en todo momento.

La volví a ver después, muy pocas veces, pero siempre era una compañera fuerte, solidaria, y lo que se oía de ella dentro de los compañeros era elogios a esa actitud modesta, firme e idealista de Elena Quinteros.

Me acuerdo también en esos momentos de las cartas que recibíamos de ella, desde el Penal, de la cárcel de Mujeres, donde siempre el mensaje era un mensaje de optimismo, de fe, de lucha, de apoyo a los que en algún momento flaqueaban frente a las situaciones que se vivían

Hay que acordarse también en este momento, no puedo olvidarme de la vieja Tota.

Tota, que todos los sábados, mientras Elena estuvo presa y nosotros también, todos los sábados llegaba al Penal con los ravioles hechos por ella, la carne que el día antes se había ido a comprar a La Paz, cuando existían fronteras en el País para la carne, iba con su físico pesado, iba a buscar la carne para hacer el tuco a los ravioles y siempre esperábamos con ansiedad la visita de Tota de los sábados

La conocí después o viví mucho con ella en el exilio y vi como esa mujer, que era como se ha pintado acá como se ha descrito acá, una maestra, y más un ama de casa que apoyaba a la hija, se transformó en una militante política de primer nivel capaz de enfrentar a toda la cantidad de funcionarios internacionales, con grandes títulos y asistido a todos los foros que fue posible para denunciar permanentemente con coraje la desaparición de Elena, esa mujer, Tota, en gran parte se vio prolongada en Elena hasta la muerte de Elena y fue para nosotros la Tota, una gran compañera que hizo revivir a Elena

Elena perteneció a ese grupo o a esa calidad de militantes como Gerardo Gatti, León Duarte, yo que sé, uno empieza a recordar aquellos tiempos... a Facal, al viejo Pita, el panadero, a Rebagliati, yo que sé, eran de esos tipos que las ideas y los principios eran lo primero que trataban de mantener en la vida, vaya nuestro recuerdo, entonces, con Elena, a toda esa gente que, a nosotros, a pesar de lo que  estamos viviendo en estos momentos, cuando vemos a un joven que se quiere ir, a un joven desesperanzado, le decimos: bueno, hace tu vida, yo ya viví, yo fui feliz, porque conocí a tanta gente de ese tipo que me siento feliz.

(Aplausos)

Rubén “Pepe” Prieto:

 

"Elena tenía una certeza que probó, la demostró después: la certeza de que no iba a aflojar y que nos iba a hacer sentir orgullosos de ella."

Bueno, que nos íbamos a repetir era claro, porque Elena hay una sola, entonces, todos, en más o menos medida, tenemos cosas que son tangenciales, que se cortan, que se cruzan, es un vida muy intensa, son unos cuantos años. Yo conocí a Elena en el 67, fines del 67, el Hugo Casariego me convida un día para ir a Magisterio; estaban dando exámenes. Elena se recibía. "Hay un lugar de militancia", me dice. Y bueno, después seguimos unos cuantos años... Vamos con Hugo a la casa de la calle Municipio: Gustavo Inzaurralde, Yamandú, Oscar Baraibar, el gallego Pepe, Leo Gerner, Lilian, la Chiquita, -la Chiquita es Sarita-, la Tota, Robertito, la "negra" Miriam, Tania, la "Cueca", una perra vieja que tenía la Tota. Robertito era un gurí que la Tota cuidaba y lo crió porque sus padres tenían dificultades para tenerlo, una historia familiar.

Eran, como decían Yamandú y Sara,  jornadas muy intensas, un día de aquellos... no sé si una semana de hoy, en términos de vivencias de uno. Acá se pregunta una chiquilina de Magisterio, y ese es el título de este acto “por qué se quedó Elena en el 76”. Para contestar a esa pregunta hay que contestar porqué luchamos, en qué País estábamos nosotros, más allí de la influencia de la revolución cubana, de la muerte del Che, de aquellos ideales. Yo me puse a mirar una cronología estos días pasados porque escuché al doctor Sanguinetti en Canal 4, hace unos cuantos días, -capaz que alguno de ustedes lo escuchó también- diciendo que en el 76 no había guerra, que los Partidos de la resistencia eran el  Partido Colorado, el Partido Nacional y que nosotros nos habíamos levantado contra la democracia.

Es un tema interesante para discutir. Mirando esa cronología vemos: 12 de diciembre 67,  clausura de varios medios de prensa y disolución de más de media docena de grupos políticos de izquierda, firmantes del acuerdo de Época. Eso tenía que ver con la política directamente, pero empecé a mirar el 68, poquitos días después de reanudar la actividad parlamentaria hay un paro de los tamberos, y dificultades con el abasto. ¿A quien manda el señor Pacheco? A las Fuerzas Armadas, eso es el 18 o 19 de febrero. El 22-23 de febrero,18 tambos toman las Fuerzas Armadas, el 9º de Caballería. Problemas en Subsistencias. ¿Quién interviene en Subsistencias? ¿A quién le da el control el Gobierno constitucional?: Policía y Fuerzas Armadas. Y podríamos seguir.

Hay cosas ya más conocidas: los obreros de la lana, paro, no hay embarque. ¿Quién va a embarcar lo que no cargan los trabajadores de la Federación de la Lana? Las Fuerzas Armadas. Y estábamos en el año 1968. Y es una constante. Después vienen las Medidas de Seguridad, después vienen los muertos en las calles, los muertos del 68, viene la militarización de los bancarios, de UTE, de OSE, de ANCAP, de Telecomunicaciones, o sea que la democracia estaba bastante desprestigiada y para nosotros que éramos jóvenes, tenía muy poco para ofrecer.

Y por eso (tal vez después se podrá discutir tácticas, estrategias, equivocaciones, etc.) había una razón muy profunda en esa lucha que llevamos adelante. El mayor fabricante de gente de izquierda, aquí en este País en ese momento, fue Pacheco Areco. El mayor fabricante de zurdos. Luchábamos para enfrentar un modelo económico, nosotros. Hay un amigo pachequista que un día me dice: “pero si el Uruguay era tan lindo” ( porque uno a veces se pone a hablar y añora cosas que hoy no hay, como veterano)“por qué hicieron todo el relajo que hicieron?" Y bueno, el relajo en realidad lo hicimos porque queríamos parar lo que ahora estamos viviendo.

Porque este plan que se está aplicando ahora es el mismo que nos querían aplicar ya desde esos tiempos los capitales financieros internacionales que impusieron su política finalmente. Peirano era ministro. Banco Transatlántico, Banco Mercantil... quiere decir que la historia...Gerardo decía: “estamos en una etapa de resistencia, en una ofensiva estratégica de la clase dominante”.

Esa ofensiva por ahora la han ganado ellos. Han impuesto sus planes. Era esto lo que querían, esta corrupción, este saqueo. Era esto lo que nosotros quisimos enfrentar; de repente intuitivamente. Y por eso es que yo decía: hay que contestar esa pregunta para contestar la otra. Con Elena nos volvimos a ver. Después de que cae en cana con el Negro (Jaime Machado) y otro grupo de gente. Ya no nos vemos en la calle Municipio, nos vemos en el Prado. Había quedado una casa libre, que ocupaba el Santa Romero y Nelly la compañera de él, cerca de Magisterio. Nos acordábamos con Sarita el otro día. Cuánta gente conocía esa casa. Estuvo Luis Presno un tiempo ahí, después de un accidente grave que tuvo en la Onda, con una pierna partida en 8 o 10 pedazos, y la Tota lo cuidaba. Y los rezongos de Elena con la Tota, porque a la Tota no había quien le hiciera aplicar criterios de seguridad. Esa era una casa donde había que actuar diferente. Ya Elena había estado presa, ya se cuidaba más, aunque siempre fue cuidadosa y discreta y prolija para su actividad. Yo digo Elena era una hormiga, una hormiga discreta, una hormiga conspirativa, una hormiga que cualquier tarea se le podía confiar que se sabía que Elena la iba a llevar adelante.

Cuando en el 76 yo hago varios viajes para acá - y termino con esto- me dice Mauricio Gatti “cualquier cosa te va a llamar una compañera” a un lugar donde yo paraba y “vas a tener ese punto de referencia”. Yo no sabía, yo venía clandestino para Montevideo, no podía saber quién me iba a encontrar, porque no era conveniente que yo lo supiera.

El 28 de marzo habían caído Ricardo Gil y varios compañeros más en una casa rodante trayendo material de propaganda para Uruguay y me llaman por teléfono. Le conocí la voz y nos quedamos de encontrar, nos encontramos. Yo estaba parando en un hotel, y nos encontramos. La “Parda” se había puesto rubia, la parda era rubia!... se había teñido, estaba linda, estaba coqueta, siempre fue prolija, siempre fue coqueta. Y bueno, el tema era que me tenía que llevar a la casa de ella, donde estaba viviendo ella para recibir una llamada de Mauricio (yo no tenía idea de lo que estaba pasando) y me lleva caminando compartimentado, yo nunca supe donde era la casa. Después me enteré cuando la caída de ella, yo no sabía donde era. Con Elena era una persona que no podías mirar para el costado ella te llevaba compartimentado, caminabas mirando las baldosas y no tenías idea, te daba vueltas y vueltas; 3/4 de hora caminando. Recibo la llamada de Mauricio ahí, conversamos un poco. Después tenía que volver para Buenos Aires yo y aguantar a la Tota que ya estaba viviendo con nosotros, con María Selva, conmigo y con Victoria, que era chiquita, preguntando, tirándome de la lengua, y yo no podía decir a la Tota que veía a Elena, a Elena sí le podía contar de Tota, pero a la vieja de Elena no porque no lo tenía permitido. Ella, si tenía noticias de Elena, era por otro lado. No supo hasta después que Elena cayó. No supo que yo la veía.

El 22 de mayo, el día que aparecen los cadáveres de Michelini y Gutiérrez Ruiz, ya había aparecido Telba Juárez en Buenos Aires, habían desaparecido Ary Cabrera, Eduardo Chizzola. Era una situación de extremo terror. De extremo terror. Toda aquella historia de los cadáveres de Rocha. Nosotros estábamos convencidos, estuvimos convencidos varias semanas de que eran compañeros. Yo estoy en Montevideo de nuevo ese 22 de mayo, voy a la peluquería y comentan los parroquianos “no aparecen ni Michelini ni Gutiérrez Ruiz, no aparecen vivos”, que sé yo. Nueva llamada de Mauricio, nueva llamada de Elena. Voy a la casa otra vez, recibo la llamada del gordito  (Mauricio) y resolvemos levantar la operación esa que estaba haciendo. Me voy yo y yo me he quedado con esa imagen de Elena, rubia forzada, por obligación. El Negro decía “feliz de haberla conocido a esa gente” Yo digo: yo también, y nosotros tenemos tendencia a ponernos tristes, pero yo creo que más bien hay que celebrar la vida de Elena, hay que celebrar la vida de la Tota, y hay que dar gracias a no sé a quién- de que hayan existido, de que hayan sido así y que nos hayamos conocido, que los hayamos querido y que nos hayan querido a nosotros(Aplausos) Y por eso, hay mucha gente ahora... yo no sé: yo soy votante, aclaro, antes era no votante, ahora soy sólo votante desde hace unos cuantos años, por distintas circunstancias. 

Yo me quedé con esa imagen de Elena y le diría a la compañerita que preguntó por qué se quedó Elena una cosa más. Ahora hay mucha gente que se supone que es de izquierda que festeja (supongo yo que debe tener sus motivos, capaz que sus razones) la falta de certezas. "No hay más certezas"; y parece que fuera una suerte que no hayan más certezas. Yo lamento no tener certezas. Pero yo cuando me despedí de Elena ese día y ya nunca más la volví a ver, yo me quedo con esa mujer rubia y con la certeza que ella tenía. Tenía certezas Elena. Y sobre todo tenía una certeza que la probó, la demostró después: la certeza de que no iba a aflojar y que nos iba a hacer sentir orgullosos de ella. Gracias.

(Aplausos)

Miguel Fernández Galeano:

 

"Un compromiso de coherencia, un compromiso de militancia, un compromiso de continuidad y lealtad con Elena y su lucha."

Buenas noches a todas y a todos.

Me toca una difícil que es hablar después de compañeros que estuvieron tan cerca de Elena, compañeros como Sara, Yamandú, el “Negro” Machado. Hablar después del “Flaco” Pepe,  que puso lo que veníamos sintiendo todos de emoción y de sentimiento en el recuerdo de una compañera entrañable, y hablar antes de Hugo Cores.

Pero, si bien estos días estuve planteando que mi contactó con Elena era muy breve, muy efímero, finalmente sentí que era bueno que estuviera acá y que hiciera un aporte. Una mirada diferente de lo que significó individual y colectivamente el compromiso militante de Elena para una generación en un momento tan especial del país..

Que hiciera un aporte que tiene que ver con ubicar el momento en el que conocí a Elena. En 1975, la mayoría de los que formamos el PVP teníamos entre 20 y 30 años. Jóvenes de hoy para todos nosotros, por lo menos para los que estamos en esta mesa. Estaban también, y eran guía, y eran ejemplo, los que llamábamos “los viejos”...

Hombres que no superaban 40 años, 45 años a lo sumo el que tenía más.

Elena tenía 30 años en el 75. Elena en el 75 era la mayor entre la camada de gente que surgimos con la generación del 68, con la generación que se forjó en las luchas obreras y estudiantiles del 68.

Y Elena era para mí en aquel momento una referencia, para mi y para un grupo de compañeros que veníamos del FER del Frente Estudiantil revolucionario, y que nos integramos a la ROE y a lo que fue después el PVP. Era una veterana de la FAU, una veterana de la OPR, de lo que iba a ser el PVP. Era una persona, una compañera que tenía ganada con su tradición, con su lucha, con su compromiso un lugar referencial, eso que es tan importante para la construcción de una fuerza política, para trabajar a través de ideas con las referencias de una práctica consecuente.

Con la referencia emblemática que se sintetiza en militantes concretos que le dan materialidad a las convicciones para la lucha.

Conocí personalmente a Elena sin conocerla, entre comillas, porque yo viajé desde Montevideo a Bs.As. para participar, en instancias preparatorias al Congreso Fundacional del PVP entre junio y julio de 1975. Y participábamos de esas reuniones más de 150 personas, algunos que veníamos del interior del País, lo que llamábamos del interior del País, del Uruguay, y otros compañeros que estaban ya exiliados, ex presos, gente que estaba clandestina aquí en Uruguay, fundando un nuevo Partido en Uruguay.

En el momento de la represión más abierta, en el momento del “desensillar hasta que aclare” había o habíamos un grupo de jóvenes y de hombres y de mujeres fundando un Partido en Uruguay. Fundando un Partido en Uruguay no desde la acción exclusivamente, no sólo del compromiso de la acción. Es algo sobre lo cual quizás no hemos vuelto suficientemente.

La fundación del PVP se hizo en un proceso de discusión, de análisis, de profundización, que con independencia de la corrección o no de las ideas que intercambiábamos en el análisis político en ese momento, ojalá lo tuviéramos hoy para pensar la acción política. Entiendo que hoy la política está perdiendo significación a la hora de orientar la actividad partidaria, social y de gobierno.

El PVP se fundó en un proceso de “mezclas”, de “claustros”, de “claustro final”, de fecunda elaboración, de intercambio político, intercambio ideológico y lucha de ideas.

Y eso, quizás. nosotros mismos seamos responsables de que sea poco conocido.

También el PVP que salió de la derrota del 76 fue un PVP de reflexión, de discusión, de viajes en el exilio, de sacrificio para repensar al PVP y para ubicar al PVP en un contexto que nos había generado esa experiencia política de haber pasado por fundar un Partido, por poner toda la carne en el asador en momentos muy duros, de represión abierta y donde se quería imponer que la lucha no pagaba.

En el  período de formar el Partido, en Argentina y en Uruguay el objetivo fue no perder el contacto con lo social, de no perder contacto con la gente en el país.

Nosotros teníamos una firme y fuerte vocación de construir una herramienta política, una herramienta política por la victoria, de constituir en un momento de tanto desarme, una herramienta para luchar contra la dictadura y para crear un frente nacional de resistencia y para constituir un gobierno provisorio de reconstrucción nacional, porque de esas cosas hablábamos en el medio de la dictadura y ese planteo se hizo no perdiendo contactó con los compañeros  del movimiento social, del movimiento sindical.

Y allí promovimos la campaña “Alejandra” que así le llamábamos en la jerga interna en la cual decenas de compañeros vinieron desde el interior del País insertos en las fábricas a pensar cómo intervenir desde el movimiento sindical, desde el movimiento social, en una alternativa de resistencia contra la dictadura.

Esa vocación de construcción política, de construcción racional de la política y de construcción con el movimiento social, creo que son características que marcan toda esa época, que muestran la convicción y el compromiso ideológico con la lucha política, con la lucha por las grandes mayorías y del cual Elena era una protagonista activa muy importante.

Yo no puedo olvidar que en el Congreso final, en el Claustro Final, hubo un cierre del Congreso para el cual Elena que no había tenido muchas intervenciones como dijeron los compañeros, capaz que Elena no era a través de la palabra que destacaba más-, sin embargo la dirección del Partido en ese momento quiso que el cierre del Congreso, entre quienes cerraran el Congreso estuviera esa posición, esa postura, ese símbolo, esa representación de una parte de lo que era el Partido, lo que era el PVP que estaba condensado y encarnado en Elena.

Yo quiero terminar diciendo una reflexión sobre los homenajes y sobre qué hace cada quién en un homenaje. Y que hago yo en este caso en un homenaje. Yo creo que un homenaje muchas veces sirve para conocer algunas cosas que no escuchamos todavía de su vida personal, de su vida política, para tener no sólo la persona sino también el contexto en el cual la persona se desarrolló, creció, aportó y formó parte de un colectivo. Y un homenaje, yo creo que siempre es también una forma de reafirmar ideas, valores, convicciones, cuando no es un homenaje formal, no es un homenaje que hay que hacerlo porque llegó el momento de cumplir ritualmente con una fecha. Este homenaje que hace hoy el PVP, y que hacemos nosotros desde el PVP es una manera de comprometerse con la homenajeada, de comprometerse con la lucha y la entrega de Elena Quinteros.

Y yo quiero decir que más allí de todo lo que se pueda discutir hoy, lo que estamos haciendo políticamente, lo que estamos haciendo en el lugar de militancia que tenemos, yo siento que este homenaje de hoy es también un compromiso de coherencia, un compromiso de militancia, un compromiso de continuidad y lealtad con Elena y su lucha.

Muchas gracias.

(Aplausos) 

Hugo Cores:

 

"Elena no dijo nada, no cantó nada. Y mientras ellos le pegaban y la golpeaban y la aislaban y la cegaban con una capucha, su cabeza estaba pensando en cómo huir".

Buenas noches a todos y a todas. Quiero decirles que no tengo muchos elementos distintos a los tan entrañables y elocuentes que Sara, Yamandú, Jaime, Ruben y Miguel han aportado

Conocí a Elena también tempranamente, con los atributos que aquí se han señalado, con esa vivacidad, con esa picardía que después tantas veces vimos reproducida en esa feminidad criolla, un poco socarrona que tenía Tota para tratar a los hombres, a los muchachos. Y que en Elena funcionaba como una expresión de tremenda vitalidad interior

Pero yo no me sustraigo, no puedo sustraerme a sacar algunas conclusiones

Empiezo por decir que en cierto sentido esta reunión tendría una parte hermosa y emocionante que hizo Viglieti, una segunda de testimonios también emocionante que dieron los compañeros, una parte donde yo voy a aventurar algunas fastidiosas reflexiones y después una parte musical donde estará algún cantautor y alguna murga combativa y empeñosa

Quiero decir con esto que las reflexiones que yo hago no tienen por qué necesariamente ser suscritas por los demás compañeros que están aquí. Son reflexiones que más bien hemos hecho en el PVP y por lo tanto me hago yo y nos hacemos cargo nosotros de su contenido, quizás un poco urticante.

Cuando recién se hablaba de una casa rodante ingresando al país en plena dictadura uno  se  pregunta qué puede pensar hoy un uruguayo, un joven, acerca de un grupo de gente que 4 días después del golpe militar en la Argentina, que cerró el último candado de la represión política en la región  -Pinochet en Chile, Videla en Argentina, la dictadura militar en Uruguay,-  se le ocurre preparar una casa rodante con instrumentos de propaganda para cruzar al Uruguay, el 28 de marzo de 1976, un cargamento con materiales para escribir en los muros consignas de resistencia, para tratar de organizar formas de oposición las que se  oponía  la dictadura.

Trato de responder a la pregunta de qué hacíamos, qué se hacía, qué fue todo aquel capítulo que escribimos nosotros. Ese: el que tiene que ver con Elena, y con el plan de aparición del PVP, que se suma al que estaban escribiendo otros desde antes, otros compañeros acá en Uruguay, de la ROE, del PVP, del Partido Comunista, de los grupos GAU, del Partido Socialista, sindicalistas que a lo mejor no tenían partido, pero que diariamente se estaban jugando su libertad, su puesto de trabajo por organizar una reclamación, hacer un pliego de demandas a las empresas. Y a eso nos sumamos.

¿Tenía sentido aquello? ¿Tuvo sentido que hombres -titanes en cierto sentido del movimiento obrero- como fue León Duarte, un intelectual y también un organizador extraordinario como fue Gerardo Gatti, Gustavo Inzaurralde, Jorge Zaffaroni Castilla, tantos muchachos y muchachas en su actividad cumplieran ese papel de resistencia?

Nosotros pensamos que sí, que fue importante y para formarse una idea acerca de aquello quizá es bueno tratar de evocar algunos de los rasgos de la dictadura.

Muchas veces oímos en los mítines que se dice “esa dictadura que mató, asesinó, secuestró”, y hay un tipo de oraciones que si se repiten de esa manera con el riesgo que al poco tiempo pierdan significado.

Más vale hablar de una persona o de una circunstancia y hacerlo a fondo, que de esas enumeraciones que quedan demasiado vagas y pueden parecer un poco rituales.

Lo primero que les quiero decir es que cuando se implantó la dictadura los golpistas la montaron sobre la idea de que los sediciosos -que eran los comunistas, los socialistas, los tupamaros, el PVP, etc.- no pertenecían a la Nación, no formábamos parte del pueblo uruguayo. No se nos debía asignar ninguna de las garantías de que disponían los ciudadanos uruguayos. Formábamos parte, decían los militares, de la agresión internacional contra Uruguay.

Y las Fuerzas Armadas no eran un Partido, ni un sector del Estado o un grupo profesional: eran un atributo de la Nación.

¿Qué quiere decir esto? El Uruguay tiene su territorio  marcado y delimitado, tiene su población, tiene su Constitución, tiene su Himno, tiene su Bandera, y así como a nadie se le ocurre criticar el curso del río Uruguay, o el recorte de las orillas del Río de la Plata, que son los límites del territorio nacional, ni a nadie se le ocurriría criticar al Himno, ni a nadie se le ocurre criticar las nueve franjas y el sol, nadie puede criticar lo que hicieron las Fuerzas Armadas durante la dictadura. Porque ellos son el brazo armado de la Patria

Después que se enunció esa consigna totalitaria, para los rehenes tupamaros, para los comunistas presos, para los del PVP, para la gente que resistía no quedaba absolutamente ninguna garantía, porque no formábamos parte del estatuto de convivencia de la Nación

Éramos ajenos y todos los discursos oficiales del principio al fin de todos esos gorditos cobardes que desfilaron por la presidencia con uniforme o sin él, todos nos asignaban la condición de elementos ajenos a la Patria.

Fíjense que hay una parte de ese discurso que lo siguen sosteniendo hoy.

(...)

Volvamos a la situación de Elena en 1976.

Desde el punto de vista simbólico hay algo tremendamente grave que ya había ocurrido cuando Elena fue secuestrada en Montevideo: El asesinato de Zelmar Michellini y Gutiérrez Ruiz.

Difícilmente en la conciencia nacional uruguaya, de la ciudadanía con cultura cívica con participación, en la conciencia de ciudadanos blancos, colorados, frenteamplistas, haya un hecho más conmocionante, más desgarrador, más lacerante que la muerte de esos dos hombres.

Elena permaneció ocupando su puesto de lucha clandestina después de eso; como permanecieron una cantidad de otros compañeros, algunos de los cuales están acá.

En Montevideo, clandestinos, viendo cómo se hacían cosas contra aquella dictadura.

Nadie pensaba, ni Gerardo, ni Duarte, ninguno de nosotros pensaba que con las solas fuerzas del PVP, con esa casa rodante y con todos los demás esfuerzos que se hacían, con Elena Quinteros, con Telba y con todos los otros compañeros, nosotros solos íbamos a derrotar a la dictadura.

Pensábamos que era una dictadura que agraviaba tanto la conciencia del país que no podía durar. Y nuestro esfuerzo consistía en llevar adelante una lucha de resistencia para que -en una expresión de Gerardo  Gatti  "no plasme la lapida de la dictadura terrorista, que no fragüe", que no se legitime por su duración el poder despótico.

Había que mantener la resistencia y en eso estuvo mucha gente.

Miren compañeros: Elena cayó en el 76, y hubo presos en el 77, del PVP y del Partido Comunista, y hubo presos en el 78 y en el 79, y en el 80 y en el 81 y en el 82 y en el 83 y en el 84.

Hubo gente que siguió resistiendo los 8 años  siguientes. Bajo estas banderas y bajo otras banderas, haciendo lo poco o lo mucho, pero así resurgió un sindicalismo, así resurgió una izquierda.

No nació, ni renació de un repollo la izquierda uruguaya. Nació de las luchas de los sesenta y renació de esos hechos de resistencia a la dictadura.

El contenido político y emotivo que tenía aquella bandera del Frente, y Seregni preso y los otros dirigentes presos, y la gente que sentía que eso no era justo, no podía estar preso un hombre de esa estatura moral y política. Ni los demás presos y los rehenes y entonces salía la gente arriesgando todo a pintar y a resistir y a pasar el volante y a pasar la noticia. Por eso tuvimos lo que tuvimos después. Recuperación democrática y empuje y por eso somos una fuerza política cada vez con más potencial. Con fallas y con vacilaciones, pero cada vez más con más apoyo y expectativa popular.

Es un gran compromiso que tenemos. Entonces yo quería decirles en medio de qué condiciones Elena Quinteros luchaba clandestinamente en el país.

Estaba latente  la posibilidad de caer presa en aquel momento, como ocurrió. Y, a partir de ahí, cuando la capturaron, la separaron de todo de todos los compañeros , aunque hubo compañeras presas que la vieron y la vieron cuando la estaban torturando.

Elena estaba clandestinamente en el Uruguay, “legalmente” no estaba en Uruguay o sea que se hacía difícil que sus familiares iniciaran gestiones para saber donde estaba ya que formalmente no estaba en Uruguay.

O sea, las condiciones no podían ser más desfavorables para aquella joven maestra de championes con los cordones bien apretados. Entonces fue torturada por Gavazzo, y por  Cordero y por todos los demás represores.

Todos grandes, todos gordos. No había, no podía haber condiciones peores. ¿Alguien se imagina una situación, una pesadilla peor que estar en junio de 1976  en manos de estos señores, con toda la estructura de poder del Estado terrorista y con el ministro Blanco y todo la diplomacia uruguaya diciendo que estaba todo bien, que “la mujer” no estaba presa, y dándole órdenes a todos los funcionarios de todas las cancillerías del mundo que negaran el hecho, a pesar de que el Embajador venezolano Ramos, en ese mismo momento  estaba diciendo que sí, que estaba ahí. El mismo Ramos había ido a ver a los suegros de Elena a verificar si aquella mujer sacada con violencia de su embajada era Elena Quinteros. Y Blanco insistiendo que todo aquello era una maniobra contra el Uruguay por parte del Embajador venezolano.

Y mientras, en el mismo momento, Gavazzo y Cordero le daban la torturaban a Elena ininterrumpidamente. ¿Puede haber una pesadilla peor, les pregunto?

Elena no dijo nada, no cantó nada. Y mientras ellos le pegaban y la golpeaban y la aislaban y la cegaban con una capucha, su cabeza estaba pensando en cómo huir.

Y se fugó. Entonces: ¡Vaya si hay que hacerle un homenaje a esa mujer, a esta compañera! Huyó cuando ellos tenían la máxima fuerza y ella la mínima. Les fue al desafío y los derrotó, en gran medida. Fíjense ustedes, han pasado más de veinticinco años. Ya no están ellos en el Ejército. Ya no mandan. Son unos apenas unos gordos fofos que no pesan en la vida del País. Sin embargo, sin embargo, ¿qué es lo que tienen ellos, y los jefes hoy retirados, para que un ministro de la democracia cometa el agravio al sistema político y al sistema de garantías que tiene este País como hace el señor Yamandú Fau, alzando su voz de condena a la decisión del juez Eduardo Cavalli  El Sr. Fau que sabe bien que son los desaparecidos porque él estuvo en el Parlamento cuando la Comisión Investigadora se formó.

El concurrió a Buenos Aires junto a la Comisión que investigaba el asesinato de Zelmar y Gutiérrez Ruiz y volvió declarando que venía contento porque traía cuatro mil páginas de testimonios sobre ese asesinato.

Que paradoja que este caballero, agraviando al Poder Judicial del país, diga que el Juez Cavalli quiere una vuelta atrás y el fin de la paz social y la vuelta a la confrontación sangrienta entre los uruguayos.

Cuando se expresa así Fau quiere sembrar el miedo. En algo similar incurre el ministro Stirling cuando ataca la labor de los magistrados que sentenciaron a Blanco.

Eso hay que rechazarlo con el énfasis más absoluto

Fíjense ustedes. Ellos, los militares acusados de secuestrar y hacer desaparecer opositores no tienen la fuerza que tenían en el 76, no son los que tuvo que enfrentar Elena.

Sin embargo para los ministros del gobierno los centuriones de la represión en el 76 siguen teniendo poder. ¿Cómo se podría formular la actitud de estos gobernantes en términos técnicos, que no sean muy chocantes?

Podríamos llamar una forma de cagonismo político a este índice de repercusión injustificada y paralizante de una amenaza. Podía ser así ¿no? Como está de moda ahora que para todas las cosas parece que hay una presentación “científica” se podría establecer un indicador que marque una cifra sobre cien.

A Yamandú Fau  habría que asignarle un índice elevado de reacción frente a una amenaza poco eficiente o una amenaza no válida

En un momento como este, en esta reunión que forma parte de una especie de reacción de la sociedad civil, de las personas, de los partidos, del Frente Amplio de la Izquierda, frente a ese atropello, frente a ese intento de amenazarnos por parte de dirigentes políticos  del gobierno que tienen ellos un elevado índice de reacción frente a amenazas infundadas.

Para terminar, en este contexto es que realizamos nuestro reconocimiento y nuestro homenaje a todos los que enfrentaron a la dictadura , a todos los que, durante tantos años, desde el 1973 cuando empezó la huelga general hasta el 1985, mantuvieron en este país la idea de que no se podía aceptar aquello de la época de la dictadura de Terra, que había que amansarse para vivir.

No aceptaron lo de amansarse para vivir, se rebelaron y hoy nos estimulan con su ejemplo y con su presencia.

Muchas gracias.

(Aplausos)

 PVP - Partido por la Victoria del Pueblo - Frente Amplio - Uruguay