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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

 

 

Lady Godiva a distancia

Escribe: Ricardo Viscardi

Carnestolendas en Viena y Paz&Rudy en Página 12 En el tablero que contabiliza los sistemáticos éxitos uruguayos, figura ahora un episodio carnavalesco, bajo forma de Reina del Carnaval de Gualeguaychú. Esta soberana irrumpió, efímera piquetera de pantalla, contra un Cuerpo de Cuerpos del Rey. Un guardia de seguridad selló el episodio de un afuera en el adentro de la emisión, imprevisto, carnal, carnavalesco, tan distante allí mismo como todos los otros que miran a distancia (televisión). Este afuera multitudinario irrumpió por un momento de bikini en la pantalla, con el efecto inverso de destacar la corrección de la parte uruguaya, postulada para todos y para nadie.

Entre la ciudad (cuerpo y alma)

Cuenta la leyenda que Lady Godiva, desafiada por el Conde de Coventry a demostrar la probidad de los vasallos, recorrió el poblado jineteando desnuda, sin suscitar por ello miradas que mancillaran el honor de la soberana. La convocatoria al alma de su pueblo auxiliaba asimismo el cuerpo de los vasallos, en cuanto justificaba en la rectitud de estos últimos el alivio a las cargas tributarias que el Conde, su esposo, imponía con exceso leonino.

Casi mil años después la leyenda de Lady Godiva desnuda una verdad, que tampoco esta vez es la del Cuerpo del Rey. Otra integración entre alma y  cuerpo surge del paseo ante cámaras de Evangelina Carrozzo, ya que en este caso el cuerpo de la Reina del Carnaval de Gualeguaychú no alivia  la alcancía de los contribuyentes, sino la bulimia textual de la pantalla.  La reivindicación ambientalista por encima del bikini a prueba de detector de metales, no se exhibe para ser vista por la congregación de soberanías que enrostra, sino para infundir el Carnaval de un cuerpo en el alma de una consigna. Esta alma sostenida en alto por un cuerpo que reina en carnaval, pone de manifiesto lo que la televisión niega por su propia esencia: hay distancia que no se somete a la visión a distancia (televisión). También en este punto Evangelina Carrozzo se contrapone, leyenda en alto, a las codiciadas formas de una soberana tal como vino al mundo. Mientras el cuerpo de Godiva no debía ser mirado por sus vasallos ni de los visillos, la leyenda que portaba Evangelina no estaba destinada a las soberanías presentes, sino a una multitud ausente de mirillas televidentes.

El paseo de Lady Godiva desnuda a caballo por Coventry, confirmó en acto nudista la lealtad del pueblo al Cuerpo del Rey, por medio de la fidelidad de vasallos respetuosos de un alma virtuosa. La exhibición de Evangeliza Carrozzo ante cámaras confirmó la carnalidad de una causa ante una suma de almas soberanas, transmitida a distancia y sorprendida in presentia por el carnaval de un cuerpo de reina.

El pueblo en los dos casos estaba ausente: en el primero por voluntad propia, para estampar el respeto por el Cuerpo del Rey (el Orden) en su respeto por el pudor del Cuerpo de la Reina. En el segundo, sin embargo, la ausencia popular está forzada por la lex de la ciudad virtual: nadie accede que no se encuentre previsto entre la concurrencia. La seducción transita por el cuerpo porta-pancarta, en cuanto una suma de ausencias gesticula por ese soma en la pantalla, donde una libertad carnavalesca festeja carnalmente una consigna ante la soberanía

Ante cámaras y entre cuerpos

La propia trayectoria de la mirada queda vinculada a ese encuentro de ciegos entre la  encarnación espectacular de un texto y un cuerpo de soberanías que no debiera tenerlo por delante. Esa fractura de la legibilidad admitida marca con límites insoslayables toda tele-lectura: un cruce antagónico de miradas, entre los poderes reunidos en la pantalla  y el carnaval de un cuerpo que la emisión quisiera soslayar. Lo políticamente correcto del trasero no se acomoda a ningún conformismo, en cuanto trasunta la carnalidad activa que sostiene lo que no debiera ser transmitido mundialmente: la reivindicación de una parte que no forma parte ni de un Cuerpo del Rey ni de una Corporación de Cuerpos de Rey.

La prohibición sale afuera de la televisión por adentro de la televisión. La distancia que se pone a distancia no adquiere automáticamente, por asepsia mediática, póliza de seguro que compense los estragos que estampa un guardia de seguridad. La definición de imagen que  manipula la forma corre riesgo fatal de reversión intencional, que puede llegar a servirse de la  fórmula (definición de imagen = forma) para sus propios fines, incluso bajo la condición televisiva de la emisión a distancia.

La mirada ausente por la distancia, va de un cuerpo carnavalesco de reina en bikini a un Cuerpo de Cuerpos de Rey, sin poder vincular lo uno con lo otro como parte de una misma escena. Esta anti-escena significa de forma literal y paradójica lo propio de la escenificación televisiva: toda tele-escena corroe in absentia una autenticidad in presentia. La secuencia rasgada por la irrupción de un guardia de seguridad, estampa la contra-escena que ninguna emisión televisiva puede albergar: los que miran más allá o más acá de la emisión. Estos otros no se contemplan a sí mismos en un Cuerpo del Rey, porque este último está concebido para ser contemplado a distancia presencial, de forma que el alma de un Orden cunda, por medio de la presencia del Soberano, en los cuerpos vasallos[1]. La ausencia propia de la escena televisiva, se instala desde el momento en que el poder feudal necesita instalar el alma vasalla, para sostener a distancia su propia  consolidación. Ese poder de inscribir por escritura señorial almas en cuerpos sometidos no consagra, desde el punto de vista del Orden, ningún privilegio del Cuerpo del Rey in presentia, a no ser aquellos de antaño, como por ejemplo, el derecho de pernada.

Este ejemplo forja un alma, le enseña que el pudor no siempre es necesario y también hace de la necesidad un principio de pudor, si para salvar la alcancía debe verse privada de la visión concupiscente del magnífico cuerpo de Godiva. El alma de la televisión retoma otra distancia, no geográfica sino histórica, que infundía el soberano en los cuerpos sometidos: el Cuerpo del Rey inspiraba el Orden feudal en tanto que alma de sus vasallos.

En el Reino de la televisión los vasallos pueden, pese y a favor de la inauténtica ausencia de escena, pergeñarse sin embargo un cuerpo de libertades, carnavalescas y en bikini; desde que la pantalla encierra su propia di-visión en la contra-escena de tantos otros que requiere, suscita y promueve a distancia, en calidad de televidentes.

El campo clásico (el afuera de Las Meninas)

El análisis que Foucault hace del mundo clásico se ha convertido en un clásico, en un sentido que supone toda clasificación y que explicara el mismo Foucault: una tabla de cálculo y clasificación, con su distribución interna en partes articuladas por la significación. El defecto cognitivo de la tabla no es otro que el de la representación post-cartesiana, en cuanto la articulación conceptual se torna inestable y precaria hacia el linde del campo de significación del dispositivo. La representación re-liga, incluso religiosamente, si el logos,  aún bajo asepsia lógica, preside la sesión. Si esta soberanía sistémica se deshilvana en cabos sueltos, el todo de la tabla deja de ser re-presentativo del saber.

La felicidad clásica de Foucault luce pocas veces tan visible como en su percepción de la coincidencia entre el caballete del pintor y la tabla del sistema de representación, donde se representa a sí mismo el pintor de Las Meninas. Velásquez, pincel en mano, ocupa con su mirada el centro del cuadro-tabla. Pero este centro se ve cobijado en dos difracciones de la forma que lo convocan y desafían al mismo tiempo: el objeto-rey que es el propio Cuerpo del Rey que el pintor re-trata y por otro lado, la sombra borrosa que ese lugar real deja en un espejo al fondo de la tela. Esa difícil tarea de la naturaleza física, cuando intenta representar-se en cuerpo de espejo un cuerpo de Rey, encuentra por añadidura una representación en acto en cada espectador de la tela, en tanto este humilde intérprete ocupa sin embargo el regio lugar del objeto-rey  y arrostra, incluso, la misma mirada pictórica del pintor desde la tela.

El centro de la perspectiva es el pintor-representación, pero esta representación desfallece hacia los límites exteriores de la “voluta de la representación”[2] donde, según Foucault, queda encerrado el sistema de la tabla (la “Ciencia General del Orden”). Todo lo que “no cierra” en el contorno de la tabla amenaza de crisis al sistema de la representación, con una inaccesibilidad posible que promueve la significación de lo Mismo, cuando se justifica en un objeto-rey que re-trata. Desde el punto de vista sistémico del Orden de la Representación, decretar la insignificancia de lo Otro no se ha revelado un recurso hegemónico a largo plazo y ha acarreado la deseada erradicación del Cuerpo del Dictador.

La obscenidad de lo previsto

La llegada de la tecnología, particularmente bajo la condición “nueva” de la información y la comunicación, ha instalado una alternativa para la incompleta articulación de la significación con el mundo que aqueja a la tradición de la representación. La mediación entre el sistema y su exterior se resuelve por la determinación virtual de la significación, pergeñada con los artefactos adecuados, mientras que el exterior es ocupado por el  barrido a distancia de la recepción.

La programación asistida por instrumentos de medición de audiencia estima  el grado de caída de la recepción, a partir del cual entra en crisis la retroalimentación del poder de emisión. Por esta vía de medición del éxito de la emisión, el sistema ya sabe lo que el afuera espera por sí mismo, cuando lo emite bajo forma de objeto real. El afuera y el sistema pertenecen a un único sí mismo, coincidencia de facto que se instala por un artefacto cuya  potencia de emisión convierte en imagen la forma de la representación deseada.

Sin embargo, el integrismo de la forma que la convierte en mera fórmula, no asegura la seducción generalizada del afuera bajo forma de recepción ampliada, ya que no hace sino reiterar la consabida inclinación del sistema de representación a cohesionar formalmente (en fórmula) la significación de la representación. Esta cohesión de la fórmula, que confirmaba la perennidad de la tabla en la Ciencia General del Orden, se convierte en un despojo reseco de sentido ante la apertura de campo (y la fisura de tabla) que enfoca el artefacto que emite a distancia (tele-tecnologías). La saturación de la significación dentro de un procedimiento de enfoque, genera su propia involución en cuanto corrompe la vocación de imagen, que privada ahora de destino en la mediación con Otro, parodia los términos de su propia estampa. Esta duplicación en el interior del propio vínculo de imagen (la imagen no representa a otro, sino que se programa a sí misma), acarrea la disolución de la forma en la esterilidad de la fórmula, que la separa irremediablemente de la vocación simbólica de la representación y la condena a la obscenidad de lo previsto.

El cierre artefactual del sistema de representación sobre su poder de emisión de imagen, genera tanto la perfección de la definición de imagen como su transformación en fórmula estereotipada, cuyo recorrido no depara sino el tedio de lo previsto. El margen de resistencia que genera esta anulación de la singularidad corporal de los destinatarios no puede sino suscitar, tras un anonadamiento fascinado, la virulenta reacción de las cosas encarnadas en cuerpos singulares. La hiperintegración del sistema en la emisión inter-activa, destinada a convertir en miembros del aparato de emisión a un número creciente de individuos receptores, ha generado movimientos como la interpretación contra-estatal de los acontecimientos del 11 de marzo en Atocha. El aparato de gobierno sucumbió por la propia participación que solicitaba de su aparato de emisión. Antes aún,  la guerrilla lacaniana había puesto de relieve lo que puede  un laptop conectado a la red ante un ejército en avance amenazador, cuando la opinión pública alertada desde el minúsculo artefacto se levantó para exigir la detención de una posible masacre. 

Política de la Mirada

La transformación del sistema de representación en aparato de emisión convierte, a través del despliegue de la interactividad, a todo receptor en un posible emisor. El avión estrellado por Al Quaeda en el ataque kamikaze  al Pentágono, llegó después que los hackers campearan en el centro mismo del poder planetario. En condiciones de actualidad, la política de la mirada ocupa el terreno mismo de los asuntos públicos, ya que la realidad en su condición actual, se encuentra signada por la emisión a distancia. Saber mirar lo que se espera ver, saber ver lo que llega en la mirada de la información.

En este sentido el perfil adoptado por el gobierno y la mayoría de la opinión pública en el Uruguay, centrado en la significación jurídica de los estados de representación pública, supone una insoslayable obsolescencia de los registros actuales de la población. Ese perfil interpretativo de los asuntos públicos obedeció en sus inicios al afán de encontrar un fundamento a la teoría de la Restauración del Uruguay batllista y constituyó una justificación inconfesable de la neutralidad acomodaticia que postulaba, en calidad de virtud cívica, la Teoría de los dos Satanes. Incluso el panegírico de la centralidad jurídica de la vida política ganó a ciertos elencos izquierdistas, en cuanto la restauración bienpensante de un supuesto país-moderado-que-fuimos, por parte del conjunto del sistema político y de los medios sumados, convertía a un estilo para todos y para nadie en garantía de popularidad electoral.

El perfil “hombre de ninguna parte”[3] ha sido la postura adoptada por el gobierno, el sistema político y la mayoría de los formadores de opinión en el Uruguay, con respecto a la instalación de plantas procesadoras de celulosa sobre el río que da nombre al país. Ese perfil sustentado en la inviolabilidad de la norma jurídica, supone alinearse con los centros de poder que gobiernan por su propia gravitación la institucionalidad a escala planetaria. Por otro lado, la asepsia interpretativa se encuentra a la intemperie ante los acontecimientos mundiales, particularmente tras el colapso político sufrido por la ONU en la guerra de Irak, que constituye tan sólo la confirmación superlativa de una vía de hecho prevaleciente en los conflictos, desde la guerra de los Balcanes hasta el enfrentamiento palestino-israelí, pasando por la tragedia africana. Finalmente, supone un cheque en blanco a la inteligencia de tabla que calcula el saber sobre un orden de ciencia sistemática[4], con las consecuencias planetarias que todos podemos calibrar desde el punto de vista de los derechos humanos, la estrategia internacional o el equilibrio ecológico.

La creciente rigidez táctica de la postura uruguaya en el conflicto, que sólo pareciera encontrar sensibilidad favorable al norte de la línea del trópico de Cáncer, no proviene de la actitud litigante, ni del perfil estratégico que se hereda de la situación geopolítica y de la historia –aspectos todos a considerar ponderadamente-, sino de la obsolescencia de la mirada que los elencos dirigentes uruguayos dirigen a la escena regional, continental y mundial.

La judicialización de la negociación, en cuanto se la refiere  ante todo a formas legales; el alineamiento con el gobierno planetario, en cuanto se suscriben las propias pautas del poder mundial que encarnan las empresas multinacionales; la alianza con los partidos tradicionales proclives a la radicalización de corte chovinista, en cuanto la señal  “país zona franca” fue heredada de la coalición blanqui-colorada durante varios períodos; constituyen otros tantos índices de debilidad interpretativa cuyo costo ya comienza a ser gravoso.

Así como la nostalgia puede conducir a la decadencia, la restauración puede llevar al derrumbe. El “síndrome Lula” y no el “bombardeo del Palacio de la Moneda” constituye la vía de desestabilización actual de los gobiernos de inspiración transformadora. El principal componente de la receta desestabilizadora al día de hoy,  consiste en inclinar a una izquierda latinoamericana, hasta ahora  imbatible en el plano simbólico, a dar en adelante señales de no ser de izquierda.

La interpretación por parte de responsables políticos uruguayos del episodio de la foto en la cumbre euro-latinoamericana, que registra para siempre la pancarta efímera de una reina del carnaval, nos da la medida del alcance perceptivo de una inclinación intelectual. Mientras el elenco gubernamental uruguayo estima que su país ha sido favorecido por el incidente en el plano diplomático[5], el intendente de Río Negro considera ridícula la concentración de miradas a escala planetaria que lograra el bikini  de Gualeguaychú en la patria del vals[6]. La política de la mirada se dirige a la instancia institucional, se detiene en las formas protocolares, se atiene a un centro de cálculo-clasificación en la Ciencia General del Orden, cuya tabla reflexiva analítico-sintética viene incorporada  con el circuito integrado de los juegos infantiles.

El afuera dejó de ser aquello borroso, para pasar a ser la idiosincrasia de los otros, que las tele-tecnologías convierten en nuestro “afuera doméstico”[7]. Mientras tanto, la significación del sistema de valores instala la “prótesis del adentro”[8], que no suscita sino fascinación y rebelión, alternativamente. El cuerpo de carnaval de una reina incorpora, mientras tanto, un afuera insoslayable y un adentro irrenunciable, porque encarna aquello mismo que la carne le prescribe a la tabla de valores: el objeto-rey, la mancha borrosa en el espejo de fondo del sí-mismo, incluso en Lady Godiva a distancia.

Referencias bibliográficas

Derrida,J. (1997) Mal de archivo, Trotta, Madrid.

Foucault, M. (1966) Les mots et les choses, Gallimard, Paris.

Vermeren, P. « El momento « Derrida » de la filosofía francesa contemporánea, la democracia por venir y la cuestión del derecho », Rev. Arjé 5 (2005) 22 :35, Montevideo. (www.arje.uy.nu)

Viscardi, R. "Las distancias de la educación: tradición y condiciones actuales de la autonomía" en Filosofía Latinoamericana, Globalización y Democracia, (2000) Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación-Nordan Comunidad, Montevideo.

Artículos bajo responsabilidad de redacción periodística :

« Presidente Vázquez : « los integrantes del la Unión Europea volcarán la balanza en favor de Uruguay en el conflicto que mantiene con la Argentina por las plantaas de celulosa » Comcosur al día, 13/05/06, Montevideo.

« Uruguay no quiere hacer carnaval con el conflicto por la instalación de las plantas », Observa,  16/05/2006, http://www.observa.com.uy/default.aspx.

[1] El análisis de la génesis del alma del vasallo en la presencia del Cuerpo del Rey se encuentra en  Foucault, cuyo planteo ha sido retomado con relación a la paradoja de la autonomía  en Viscardi, R. "Las distancias de la educación: tradición y condiciones actuales de la autonomía" en Filosofía Latinoamericana, Globalización y Democracia, (2000) Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación-Nordan Comunidad, Montevideo, pp. 169-174.

[2] Foucault, M. (1966) Les mots et les choses, Gallimard, Paris, p. 30.

[3] Nowhere man, un título de The Beattles, que encarnara en la película Submarino Amarillo, un personaje simpático por su afán inocuo, pero inocultablemente anodino en su pretensión grandilocuente.

[4] Derrida opone la calculabilidad del Derecho a la incalculabilidad de la Justicia. Una recensión de este planteo, que Derrida consiga en Force de loi, se encuentra en Vermeren, P. « El momento « Derrida » de la filosofía francesa contemporánea, la democracia por venir y la cuestión del derecho », Rev. Arjé 5 (2005) 22 :35, Montevideo. (www.arje.uy.nu)

[5] « Presidente Vázquez : « los integrantes del la Unión Europea volcarán la balanza en favor de Uruguay en el conflicto que mantiene con la Argentina por las plantaas de celulosa » COMCOSUR AL DÍA - AÑO 8 - Nº 1209, Sábado 13 de Mayo de 2006

[6] Opinó que el suceso de la intromisión de la reina del carnaval en Gualeguaychú, fue un acto rídiculo, " que deja mal a la región, pero sobre todo a Argentina". Uruguay no quiere hacer carnaval con el conflicto por la instalación de las plantas , Observa,  16/05/2006, Montevideo.

[7] Derrida,J. (1997) Mal de archivo, trad.Francisco Vidarte, Trotta, Madrid, p. 26.

[8] Op.cit.p.26.

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