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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

 

 

Ni guerrero ni lleno de honor
Un delincuente llamado José Nino Gavazzo

Por  Néstor Curbelo

Formado en el arma de artillería, José Niño Gavazzo Pereira fue escogido por el coronel Ramón Trabal como jefe operativo del Servicio de Información de Defensa. Una elección poco afortunada si se tiene en cuenta que, en diciembre de 1974, el propio Trabal fue eliminado a balazos en una playa de estacionamiento de París por miembros de ese mismo servicio, de acuerdo a lo publicado en la época por el periódico inglés The Guardian, que citó a fuentes de los servicios secretos de ese país.

Como jefe operativo de inteligencia, Gavazzo estuvo al frente de Automotores Orletti y es responsable directo, entre otros crímenes de lesa humanidad, de la desaparición forzada de 140 compatriotas en la Argentina. La mayor operación que comandó fue contra militantes del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP).

Diversos testimonios indican que, como él mismo se encargaría de demostrar en el transcurso del tiempo, sus verdaderas motivaciones eran las de un soldado de fortuna.

En efecto, las transacciones que siguieron al secuestro y posterior asesinato de Gerardo Gatti -principal dirigente del PVP- determinaron que embolsara para sí mismo y para sus secuaces una millonada suma en dólares procedente de las arcas de esa organización política.

Las víctimas de Gavazzo lo recuerdan como un torturador fanfarrón. Sus compañeros de armas se encargaron de la leyenda rosa y erigieron el monumento al corajudo oficial "que hacía la punta entrando pistola en mano a locales de la subversión".

Claro que esos locales de la subversión habían sido minuciosamente vigilados y Gavazzo entraba pistola en mano cuando le constaba que en su interior sólo quedaban mujeres y niños y la situación era fácil de controlar, para después montar una ratonera.

"Si la mano venía complicada, mandaba a hacer la punta a cualquier miliquito, como hacían todos los demás oficiales", dijo a CARAS y CARETAS un cuadro del sector militar del PVP sobreviviente de la masacre. Y agregó: "En el único local en que hubo resistencia fue en donde estaba el 'Negro' Mechoso (Alberto Cecilio Mechoso, desaparecido en Buenos Aires) y ahí no hizo la punta ni en joda...".

Como responsable del aparato represivo desplegado por el Servicio de Información y Defensa (SID) en Argentina, Gavazzo fue responsable de la enorme mayoría de torturas, asesinatos y desapariciones. Eso incluye los casos de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, William Whitelaw y Rosario Barredo.

Al respecto, conviene recordar el testimonio prestado por Enrique Rodríguez Larreta ante un tribunal argentino con relación a su detención en Automotores Orletti: "Cuando yo reclamo por mis derechos él (Gavazzo) me dice: Viejo de mierda, ¿vos qué te crees?, aquí ha habido gente más importante que vos y esa gente está tocando el arpa con San Pedro... Significaba claramente que había habido personas de importancia social en Uruguay ahí detenidas y que habían sido eliminadas".

Gavazzo es también autor identificado del secuestro de Sara Méndez y del robo de su hijo, Simón Riquelo, cuando éste tenía apenas 20 días de nacido.

Cuando Gavazzo se encontraba en Montevideo o abocado a otras tareas, el mando de Automotores Orletti quedaba en mano del capitán Pedro Mato (a) 'El Burro', a quien se sindicó como autor material de los asesinatos de Michelini, Gutiérrez Ruiz, Whitelaw y Barredo. Mato reside en la ciudad de Rivera y hasta hace algunos años prestaba servicios de 'seguridad' en la Zona Franca de Rivera, por aquellos años centro del contrabando norteño.

Gavazzo solía torturar a sus víctimas a cara descubierta y, entre otros detalles, le producía deleite encender cigarrillos con un Zippo que lucía el emblema de la CIA y que le había sido obsequiado tras sus cursos en los servicios estadounidenses.

Pero no todo fueron flores con los gringos. Las preocupaciones comenzaron cuando el congresista demócrata Edward Koch propuso al Congreso que se cancelaran los aportes económicos-fundamentalmente la ayuda militar- a aquellos países latinoamericanos que violaran los Derechos Humanos.

El número uno de la CÍA en Montevideo, Frederick Latrash, mantuvo un encuentro de tercer tipo con Gavazzo y el coronel José Fons a mediados de 1976. Ensoberbecidos por torturar a mujeres y hombres indefensos y borrachos en la circunstancia, los militares uruguayos se quejaron de la actitud del congresista Koch y le dijeron: "Quizás deberíamos enviar a alguien a los Estados Unidos para que se haga cargo de ese congresista Koch". Los dos oficiales agregaron que el "trabajo" bien podía hacerlo la DINA de Pinochet. Latrasch informó a sus superiores pero afirmó que, a su juicio, sólo se trataba de una afirmación realizada por borrachos. Dos meses más tarde, un comando de la DINA asesinó con una bomba a Orlando Letelier en pleno centro de la capital estadounidense.

LADRÓN DE GALLINAS

Esta no es la primera vez que Gavazzo se enfrentará a un juez penal. Ni guerrero ni lleno de honor, Gavazzo ya fue procesado por la Justicia por la comisión de un delito de violencia privada. Un procesamiento timorato y condicionado por la fiscalía, obviamente por el gobierno de la época, que pidió el cambio de carátula al delito inicialmente atribuido al torturador: extorsión.

Junto a Gavazzo también resultó procesado otro conocido torturador y asesino que también retornará ante los estrados judiciales, está vez acusado por el asesinato de la nuera del poeta argentino Juan Gelman: Ricardo Medina (a) 'El Conejo'.

El caso comenzó en febrero de 1994 cuando los propietarios de una imprenta fueron contactados por Medina. Este les propuso numerar las series de billetes falsos de 5 mil cruzeiros. Medina pagó el trabajo con dos cheques que les fueron devueltos a los imprenteros al estar denunciados por... hurto. La firma de los cheques robados era del 'héroe' Medina.

Ante el hecho, la imprenta decidió no realizar el trabajo. Como resultado de ello, Medina pasó a buscar a la pareja de imprenteros y los sacó a 'pasear' en un Volvo de color verde.

El coche era conducido por Gavazzo quien se presentó como el 'Doctor Mauro'. Luego de un largo y silencioso trayecto, el auto se detuvo en medio de la noche y la nada. Gavazzo, armas en mano, incluso exhibiendo una granada de fragmentación, amenazó a los propietarios de la imprenta para que concluyeran el trabajo.

En los días que siguieron a esa nueva privación ilegal de la libertad, Gavazzo acosó el domicilio de los imprenteros. Al final, éstos decidieron realizar la denuncia tras anotar la matrícula del Volvo y averiguar, a través de un amigo que trabajaba en el Ministerio del Interior, que el automóvil pertenecía a María Inés Busquiazo, esposa de  Gavazzo. Ante el juez, Gavazzo negó todo. Pero, finalmente, el torturador dio un mal paso sólo explicable por haber sido entrenado en técnicas de interrogatorio pero no de contra interrogatorio. Por eso, y por su estulticia y cobardía. En efecto, en un careo dijo: "Además quiero agregar que también falta a la verdad (el denunciante) cuando dice que vio al doctor Mauro de cuerpo entero". El fiscal, sin salir de su asombro, tomó aquellas palabras como lo que intrínsicamente eran: una confesión.

Tras el procesamiento, el Ejército le realizó un Tribunal de Honor que concluyó que no existían méritos para sancionar a Gavazzo. Por el contrario, tras la comisión del delito y de la posterior sentencia, el mayor José Niño Gavazzo fue ascendido a Teniente Coronel.

Más adelante aparecerían otros dólares y billetes brasileños falsos relacionados con la 'polibanda' que operó en el país. Siempre la misma barra: mano de obra desocupada del régimen dictatorial.
 

Tomado de CARAS Y CARETAS, 29/7/05.

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