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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

 

SOBRE HUGO CORES

Por Carlos Calo

Entre 1968 y 1970, años en que se consolidó un largo conflicto en todos los niveles de la salud, tuvimos la oportunidad de conocer a Hugo Cores. Fue aquella una larga etapa conflictual que se venía gestando desde 1965 y que culminó aunando la única de la salud pública y privada con la industria químico-farmacéutica.
Fue también una época fermental, que concitaba solidaridades de todo signo, especialmente en el terreno estudiantil.
En la sede del SIMA confluyeron jóvenes de todas las disciplinas y de todas las corrientes ideológicas; recordamos a muchos, a pesar del tiempo transcurrido, pero nos reservamos sus nombres. Salvo el de uno de ellos; jovial, alegre, solidario, el gordo Leo; el salteño Leonardo Gelpi. Hoy, un desaparecido más de la lista. Pero estos recuerdos, si bien están relacionados entre sí, nos apartan del motivo de la nota. Hugo Cores, trabajador bancario y creemos que ya profesor de Historia, era uno de los dirigentes más notorios de la ROE, organización radical de signo libertario, que arrimó una tropa de chiquilines (algunos no tanto), para colaborar en aquel histórico conflicto de los 101 días. Dicho conflicto se ganó, pero ya estábamos sobre los últimos días de diciembre de 1970; la euforia, las fechas navideñas y otras yerbas, diluyeron los contactos cercanos y la mayoría de todos nosotros continuamos nuestros propios caminos. Los compañeros de la ROE con su prédica y práctica libertaria; otros, vislumbrábamos el nacimiento de una nueva fuerza política que debería comenzar a cambiar la historia de nuestro país. Ya estábamos en pleno pachecato y Hugo Cores, en 1971, era el presidente de la CNT. El preámbulo de dictadura se consolidó en dictadura y el mazazo de la noche que se abatió sobre nuestras cabezas fue demasiado grande y nos aplanó. Aún, hasta hoy día. Perdimos las referencias, cualquier atisbo de actividad política o gremial conlleva un riesgo de muerte. Los compañeros que quedaban se nos diluían entre
los dedos como arena; luego supimos bien el porque. Las noticias se filtraban poco o nada, pero aún en dictadura comenzábamos a recibirlas. Más demoledoras, más congelantes que la noticia de una muerte en la tortura: la noticia de las desapariciones, niños incluidos. El uruguayo medio no creía, no podía creer, y no lo hizo hasta mucho después. Estaba aterrorizado y demasiado bombardeado por la infamia. Primero por el silencio obligado por la opresión de facto; luego, por la manipulación cómplice de los Sanguinetti, los Aguirre, los Sturla, etc., que pergeñaron esa ley de caducidad, secuela del pacto del club naval. Pero se comenzaba a escuchar algunas voces valientes en las cámaras, a pesar del bloqueo de los hipócritas de la derecha tradicional y del "ninguneo" de algunos izquierdistas a la violeta. Una de esas voces valientes, quizás la primera, fue la de
Hugo Cores; ya comenzábamos a saber de sus andanzas y vicisitudes por el mundo, pasadas y presentes. Ya nos llegaban noticias a veces muy filtradas de su lucha inquebrantable por los derechos humanos, por verdad y por justicia y así hasta llegar a los delitos de lesa humanidad. Y no siempre estábamos enterados de todo, porque la que tiene contradicciones es la izquierda y no la derecha.
Podríamos llenar páginas con hechos, con actitudes, con conceptos de Hugo. ¿Que se equivocaba? Como no, como cualquier hijo de vecino, pero con estas salvedades: que se podía equivocar, pero siempre actuando con honestidad, por la causa justa y siempre supo reconocer sus errores.
Nos queda el imborrable recuerdo de su figura política, y el amargo recuerdo de que nunca se le quiso reconocer su dimensión y la triste anécdota de un hecho lamentable del que fue protagonista durante el abortado ultimo congreso del F.A., en diciembre de 2003, cuando la deslealmente manipulada comisión que trataba la anulación de la ley de caducidad (democratización del Estado, etc., etc.) tomo por mínima mayoría la espuria decisión de no tocar dicha ley.
Argumento del que se valen los profetas de esta licuada izquierda para seguir eximiendo de culpa a los asesinos y a sus cómplices.
Hugo Cores fue y seguirá siendo, uno de los últimos políticos validos de este Frente Amplio que se nos diluye día a día. No hay relevos a la vista y los lucidos están en su etapa final; ¿habrá quien tome la posta de Hugo?  

Tomado de Voces del Frente, 14/12/06.

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