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Izquierda y Ecología: BOTNIA Y ENCE en Uruguay.
Segunda parte.
A contramano del “País Productivo”
Carlos Amorín
¿Quién
necesita a Botnia? La pregunta surge sola cuando se pasa revista a la lista de
ventajas y amenazas. Uruguay tiene todas las de perder. Muchos otros ya han
perdido con las plantas de celulosa, y las advertencias son numerosas y
plurales. Sin embargo el emprendimiento sigue su curso, a contrapelo de las
posiciones de la izquierda... cuando era oposición.
La empresa finlandesa Botnia ha recibido desde el nuevo gobierno una clara y
contundente luz verde para concretar su proyecto de construcción de una planta
de celulosa en la periferia de la ciudad de Fray Bentos. Los escandinavos
anuncian una inversión de 1.100 millones de dólares - 200 millones más que hace
algunos meses- , la creación de 8 mil empleos y otros beneficios colaterales.
Esta iniciativa, no obstante, ha generado abundantes sospechas y desconfianzas,
la mayor parte bien fundadas. Es un hecho, no sólo conocido sino denunciado por
la izquierda uruguaya en sus análisis económicos internacionales, que las
grandes corporaciones trasladan sus industrias contaminantes hacia los países
del Sur, buscando mantener los niveles de rentabilidad que las legislaciones más
restrictivas de sus países de origen amenazan con adelgazar "excesivamente".
Escapando de las leyes del Norte, ya sean ambientales o sociales, numerosas
empresas se han instalado en Centroamérica, donde las maquilas textiles
implantaron un régimen de terrorismo interno; en Brasil, donde las grandes
cadenas de la alimentación - pollos, café, chocolates- desguazan a las
trabajadoras y trabajadores con ritmos de trabajo inhumanos; en China, donde se
produce la mayor parte de los agrotóxicos que se venden actualmente en el mundo,
mientras las legislaciones de protección al ambiente y a los trabajadores y
trabajadoras o no existen o son ignoradas.
ESTA ES OTRA LÓGICA
Este contexto que los actuales integrantes del elenco gubernamental conocen al
dedillo, sin embargo, aparentemente deja de existir en sus conciencias cuando se
menciona la palabra "Botnia". Es lógico que el gobierno quiera "defender" una
inversión tan importante, pero el responsable del equipo de economistas que
trabajó para la propia empresa finlandesa, González Posse, declaró públicamente
que sólo 20 por ciento del dinero llegará a Uruguay, ya que el resto se gastará
en Finlandia, construyendo y trasladando el equipamiento fabril. O sea que los
1.200 millones caen abruptamente - en el mejor de los casos- a 220 millones de
dólares. El argumento de que se trata de la inversión "más grande en la historia
uruguaya" desaparece estruendosamente. Se fundamenta que otra de las bondades de
este proyecto será la creación de 8 mil empleos. Dicho así suena fantástico.
Pero en los propios textos de Botnia aparecen omisiones y contradicciones que,
más que relativizar esa cifra, la desacreditan completamente. Porque incluyen en
el cálculo a los empleos forestales - casi esclavos, como se ha denunciado- y a
los transportistas, que con o sin Botnia seguirían trabajando para sacar la
madera de las plantaciones.
La construcción física de la planta de celulosa demandaría 3 mil empleos en
2006, que al año siguiente serían apenas 1.700 y 400 un año después, para
terminar en 100 puestos de trabajo permanentes en 2009, de los cuales la mayor
parte será ocupada por técnicos extranjeros. No se atienden las advertencias
acerca de los puestos de trabajo que se perderán, no sólo en la actividad
turística de la zona - unos 1.500 empleos- sino también en la pesca artesanal y
sus conexiones. No figuran en los cálculos los puestos de trabajo agrícolas que
serán eliminados por la forestación, cuyo índice de empleo es bastante inferior
al de la agropecuaria. Nada se dice, sorprendentemente, de la seguridad
alimentaria que quedará irremediablemente comprometida para todas las personas
que viven, directamente sobreviven, de lo que da el río. La izquierda
actualmente en el gobierno ha ejercido desde la oposición una crítica tenaz y
fundada al modelo forestador desarrollado en Uruguay, que se basa en los
subsidios por medio de dinero constante y sonante, pero también en la entrega de
tierras ganaderas y agrícolas a especuladores que hoy se presentan como
forestadores y mañana podrán ser cultivadores de soja u otra commodity.
La forestación con eucaliptos en forma de monocultivo provoca graves daños al
ambiente, ya sea por el uso intensivo de agrotóxicos, por el enorme consumo de
agua (con posible afectación, por ejemplo, de las zonas de recarga del acuífero
Guaraní), y la instalación de Botnia consolida ese modelo definitivamente.
Botnia utilizará un procedimiento similar al que tenían las dos plantas de
celulosa que acaban de ser clausuradas en Chile porque superaron permanentemente
los niveles máximos de contaminación previstos. Es sumamente inquietante,
entonces, que en Uruguay se autorice a una fábrica igual a las clausuradas a
medir sus emisiones de dioxinas y furanos en miligramo por año, cuando se
debería registrar estos valores en microgramo por litro. Las dioxinas son tan
cancerígenas que la OMS no reconoce un máximo admisible en el organismo humano;
nada de dioxinas es lo único admisible, pero la evaluación de las emisiones de
Botnia se hará una vez por año, entonces un "Cherbotnia" es cuestión de tiempo.
¿Exageración? Tal vez lo serán los 14 millones de metros cúbicos diarios de
gases promotores del efecto invernadero que la planta de Botnia enviará a la
atmósfera, según sus propias cifras. Tampoco parecen "pesar" nada las 200
toneladas anuales de nitrógeno ni las 20 toneladas de fósforo que la fábrica
verterá al río Uruguay, aunque ello equivalga a la carga de desechos cloacales
de una ciudad de 65 mil habitantes, casi tres veces la población que tiene
actualmente Fray Bentos.
Fuentes universitarias consultadas por BRECHA aseguran que la contaminación
actual del río Uruguay está ya por encima de los valores máximos admisibles,
entre otras cosas por el uso intensivo de fertilizantes nitrogenados y
fosforados en las extensas plantaciones de commodities que soporta su cuenca,
además de las industrias y ciudades que liberan sus desechos en el cauce del
río, la mayor parte sin tratamientos adecuados. Por eso no es raro ver al río
cubierto por espesas capas de algas que prosperan de manera enfermiza en un
ambiente dañado, desarmonizado, desequilibrado. Se podría seguir mencionando las
desventajas de la instalación de una planta de estas características, como que
se construirá dentro de una zona franca - ¿para qué?- , que habrá que emplazar
un enorme receptáculo de residuos sólidos peligrosos cuya ubicación está
prevista muy cerca de una cañada que desagua en el río Uruguay, que está
previsto que los vecinos deberán soportar "períodos de mal olor en el air e" que
Botnia aconseja sobrellevar construyendo nuevas áreas verdes alejadas de la zona
o simplemente emigrando.
Las advertencias abundan, los indicios de una "macana anunciada" se agregan
semana a semana. El informe final con que la Dinama termina aceptando el estudio
de impacto ambiental de Botnia establece que "El proyecto de planta de celulosa
deberá ajustarse a lo que establecen las Best Available Techniques (BAT), según
consta en el documento 'European Commission-Integrated Pollution Prevention and
Control (IPPC) Reference Document on BAT in the Pulp and Paper Industry-December
2001'". No es difícil comprender que todo el sistema de reglamentaciones
ambientales europeo impide que estas fábricas continúen instalándose en su
territorio sin utilizar directamente la prohibición, sino elevando las
exigencias a niveles en los cuales la rentabilidad deja de ser atractiva para
los inversores. Especialistas consultados por BRECHA explicaron que las
condiciones ambientales en las cuales las plantas de Botnia producen en
Finlandia son completamente distintas a las que existen en Uruguay: por ejemplo,
allá las aguas de los lagos donde descargan los desechos son casi heladas,
mientras aquí son tibias, lo que cambia completamente la reacción del medio ante
las sustancias contenidas en los efluentes.
Se ha prometido efectuar un monitoreo "policíaco" a la actividad de la planta de
celulosa, pero en Uruguay no existe el equipamiento adecuado ni los técnicos
entrenados. Para conocer los efectos de los efluentes de Botnia habría que
empezar analizando el ambiente circundante por lo menos un año antes, para así
poder registrar los cambios cuando se produzcan. Nadie sabe cuánto de todo esto
es factible. En suma, mírese por donde se mire, es difícil entender cuál es la
ventaja de permitir la instalación de este emprendimiento que, además, ha
levantado una enorme oposición del otro lado del río, en la provincia de Entre
Ríos, donde los habitantes de Gualeguaychú se sienten amenazados por Botnia. La
aprobación de un emprendimiento de estas características por un gobierno de
izquierda es contradictoria con muchas de sus posiciones y acciones previas.
Por ejemplo, con recientes declaraciones del ministro de Vivienda, Ordenamiento
Territorial y Medio Ambiente quien, según El País,* acusó a los promotores de
las torres de Punta del Este de "tomar de 'rehenes' a los trabajadores de la
construcción del departamento de Maldonado. 'Es asqueante y me indigna', dijo.
Arana también acusó a los promotores de los emprendimientos de manejar el medio
ambiente desde un punto de vista 'económico y financiero' y de ejecutar obras
que no harían en sus lugares de origen porque 'se generaría un escándalo de
mayúsculas proporciones'". ¿Qué diferencia hay entre estos promotores y la
finlandesa Botnia? También es contradictoria con la valoración de la vida humana
sobre el lucro, con el modelo de país productivo para beneficio y felicidad de
los uruguayos y las uruguayas, con la preservación de los espacios naturales
donde habitan los grillos nocheros que aprecia el presidente de la República y
muchos otros ejemplares de nuestra fauna y flora, co n la seguridad alimentaria
de importantes grupos humanos en ambas márgenes del río Uruguay, con la ambición
de cambiar el país.El apoyo sin fisuras al proyecto de Botnia por parte del
gobierno de izquierda abre un enorme espacio a la perplejidad y el asombro.
* Primera Sección, página 9, 20-III-05.
(Con información originada en el grupo Guayubira y en la Comisión Multisectorial,
y de fuentes propias.)
Tomado de BRECHA, 24 de marzo de 2005