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Los desbalances de la economía mundial
Escribe: Alex Callinicos.

“Volatilidad de los mercados”. Tal es la descripción convencional del período de intensa turbulencia que los mercados financieros han atravesado en las pasadas semanas. Los principales mercados de valores vieron caer drásticamente sus precios, aun cuando luego recuperaron el grueso de lo perdido.

Mucho más serio fue lo ocurrido en los “mercados emergentes”, las economías del Sur Global que han crecido a toda velocidad en los últimos años. La interminable verborrea sobre el llamado BRICh –Brasil, Rusia, India y China— como el futuro de la economía mundial vino a substituir a la eufórica apologética en torno de las la compañías punto.com de la pasada década.

El resultado fue una gigantesca inyección de dinero en las economías de mercado emergentes. Se trata de un pauta bien conocida para quienes recuerden la faramalla organizada en torno a México a comienzos de los 90, o en torno al Este asiático unos pocos años después. Parece como si ahora hubiera estallado la burbuja de los mercados emergentes, como estallaron las anteriores burbujas.

El Financial Times dijo: “El índice MSCI de los mercados emergentes ha caído un 14,8% en dólares desde el 9 de mayo, habiendo caído Turquía un 30% y Brasil, Pakistán e India cerca de un 20%. Quienes habían comprado fiados en la tesis del BRICh han tenido ya ocasión de ver cuán fácilmente se puede desplomarse el BRICh.”

Reina una enorme confusión a la hora de valorar lo que está ocurriendo. El grueso de las grandes economías están creciendo de modo relativamente firme (Gran Bretaña es una de las más débiles), con unos beneficios acrecidos para las multinacionales estadounidenses y europeas.

Entonces, ¿por qué están tan nerviosos los mercados financieros? La explicación más plausible tiene que ver con el tipo de políticas desarrolladas por el banco central estadounidense, la Reserva Federal, para mantener en funcionamiento las economías norteamericana y mundial.

Un rasgo del neoliberalismo es el aumento desapoderado de la influencia de unos mercados financieros crecientemente globalizaos y desregulados en el gobierno de las economías nacionales. Por eso Alan Greenspan, el hasta hace poco jefe de la Reserva Federal, no cejó en el empeño de estimular los mercados financieros como vía para asegurar el crecimiento económico.

Recesión

A finales de los 90 se alentó un boom de los mercados de valores, a fin de mantener el gasto de los hogares con buenos ingresos. Cuando estalló la burbuja en 2000 y la economía de EEUU entró en recesión, la Reserva Federal rebajó drásticamente las tasas de interés y la Administración de George Bush prácticamente suprimió los impuestos para los ricos.

Por consecuencia, los EEUU volvieron a flote, uncidos a un gran incremento del préstamo y el gasto del consumo. Combinado eso con el rápido crecimiento de la economía china, que exporta los bienes manufacturados baratos que compran los consumidores norteamericanos y europeos, fue suficiente para evitar la recesión global.

Los inversores se han vuelto hipersensibles a los problemas creados por esas políticas. Uno de esos problemas son los desequilibrios generados en las “balanzas” de la economía mundial. EEUU importa mucho más de lo que exporta. El consiguiente déficit en la balanza de pagos lo financia merced a préstamos gigantescos procedentes del banco central de China y de otras economías del Este asiático, cuyos bienes se venden el mercado estadounidense. El FMI acordó hace poco llevara  cabo una investigación de esos desequilibrios de las balanzas. Pero hay otros problemas. Los precios de las materias primas han subido drásticamente por vez primera en dos décadas, merced al voraz apetito de las grandes economías –entre las que ahora se incluye China—.

El signo más visible de ese cambio es la subida del precio del petróleo hasta los 70 dólares el barril. Eso significa que la inflación se ha convertido en una preocupación seria. Los mercados financieros temen que la Reserva Federal quede atrapada en el dilema de dejar la inflación fuera de control o tratar de abatirla sin contemplaciones, con el riesgo de inducir una recesión.

Se vuelve ahora a hablar de “stagflation” –creciente inflación acompañada de desempleo, el flagelo económico de los setenta—. Esos miedos contradictorios son sintomáticos de una fragilidad subyacente. En un esfuerzo por tranquilizar a los mercados financieros y revitalizar a su desmayada Administración, George Bush ha nombrado a Hank Paulson nuevo secretario del tesoro. Los anteriores secretarios del tesoro con que había contado Bush eran industrialistas, pero Paulson es un ejecutivo de Goldman Sachs, el más potente banco de inversiones de Wall Street.

Sin embargo, algo más que gestos será necesario para mantener a flote la economía mundial. Los mecanismos que los gestores del capitalismo global acostumbraban a emplear para salir del bache han acabado por ser contraproducentes.

Tomado de sinpermiso.org, 11/06/2006.

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