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Los dilemas del PT en su 26 cumpleaños

Escribe Raul Pont.

 

La defensa del gobierno de Lula de los ataques de la oposición sólo tendrá resultado político si el PT tiene el coraje de lograr que el gobierno se coloque a la altura de sus posibilidades históricas y responda a los deseos de su base social.

En el momento en que el PT cumple 26 años de vida, además de las oportunas conmemoraciones para festejar el día, se abre una óptima oportunidad para hacer un balance del patrimonio que el partido acumuló en este período y también de su situación actual. El PT es un innegable patrimonio de la vida democrática brasileña y de las luchas sociales para la construcción de un país mejor.

Nacido en el inicio del proceso de redemocratización, después de dos décadas oscuras de dictadura militar, el PT surgió como una novedad cargada de esperanza y de energía militante. La historia de su crecimiento es una prueba inequívoca de que la historia no acabó. Ese crecimiento se dio mediante un trabajo cotidiano en los sindicatos, en los movimientos sociales, impulsando movilizaciones e invirtiendo en la formación de su militancia. El PT nació de nuestra capacidad de pensar, de proponer, de decidir y de elaborar soluciones para los problemas del país.

Recordar eso, cómo nacimos y crecimos, es fundamental para pensar los caminos que el partido debe seguir en el momento en que ha sido golpeado por una grave crisis política y ética, justamente ahora, que está comprometido en la durísima tarea de gobernar el país con el compañero Lula. Las heridas abiertas por la crisis de 2005 no serán curadas ocultando la basura bajo la alfombra y fingiendo que no ocurrió lo que ocurrió. Más que nunca, el partido precisa recuperar su identidad programática, oxigenar sus instancias internas e identificar, con transparencia, causas y responsabilidades en el proceso de la crisis.

No hacer eso es el camino más corto para no aprender de los errores, lo que abriría la puerta de su repetición futura. Hablar de recuperar la identidad programática significa, entre otras cosas, recordar el objetivo que orientó la fundación del partido: la construcción de una sociedad con justicia, democracia, solidaridad e igualdad.

El PT nació como una novedad entre otras experiencias partidarias  de la izquierda nacional. Su pluralismo y su tolerancia anti-dogmática y anti-sectaria formaban parte de esa novedad, que atraía a todos los que querían luchar contra la dictadura y en la defensa de los intereses de los trabajadores de la ciudad y del campo.

La emblemática consigna de “un partido sin patrones” expresaba instintivamente esa voluntad de un partido sin jefes, sin dueños. Fuimos construyendo nuestro partido con un vigoroso trabajo de base, sin un “secretario general” ni un “comité central” todopoderoso, con derechos de tendencias y con el respeto a la diversidad de opiniones. Inauguramos una nueva práctica e introdujimos una nueva cultura ética en la política brasileña: control de los electos por el partido para evitar las tentaciones de la burocratización; escaños parlamentarios en sintonía con el partido y con los compromisos con los electores mediante la adopción de la fidelidad partidaria.

El PT también contribuyó decisivamente a estimular y a organizar la acción de los movimientos sociales, manteniendo con ellos una relación de diálogo y autonomía. La construcción de la Central Única de Trabajadores (CUT), en 1983, fue uno de los principales símbolos de ese proceso, constituyéndose en un marco que apuntó a la ruptura con el sindicalismo de Estado practicado en Brasil desde la época del Estado Novo. Además de eso, nuestras administraciones se convirtieron en una referencia internacional, con prácticas innovadoras como el Presupuesto Participativo, que estimularon la participación popular y la democratización de la gestión pública. La realización del Foro Social Mundial en Porto Alegre durante cuatro años es uno de los principales símbolos de un proceso que despertó el interés del mundo entero. No fue, pues, poca cosa lo que logramos hasta aquí, y ese acervo es una de las principales armas que disponemos hoy para afrontar los dilemas que tenemos por delante.

El punto culminante de ese proceso de crecimiento fue la elección de Lula para la Presidencia de la República en 2002. Entrando ahora en su cuarto año, nuestro gobierno obtuvo avances importantes en política exterior, en la puesta por obra de un plan nacional de reforma agraria, en la construcción de un programa de distribución de la renta y de inclusión social. Nuestro desafío, con la reelección de nuestro proyecto, es el de tratar que esas políticas avancen todavía más, y superar los límites a que tuvimos que enfrentarnos en el primer mandato.

El potencial transformador del gobierno de Lula todavía está contenido en tres dimensiones: la fuerza de la oposición liberal-conservadora, la presencia de posiciones liberales en la gestión macroeconómica y la sustentación de la gobernabilidad en alianzas conservadoras en el Congreso Nacional. Esta última opción mostró todos sus límites en 2005 y fue uno de los principales factores responsables de la crisis que nos afectó. Sin conquistar un nuevo horizonte programático de transformaciones, sin adoptar una política de alianzas mínimamente coherente con ese horizonte, no podremos avanzar. Y el PT tiene un papel decisivo para que eso ocurra.

El fundamento de esta renovación programática sólo puede ser el PT. Los últimos acontecimientos de la crisis política dejaron al descubierto la hipocresía de la oposición liberal-conservadora, que no muestra el menor interés en aprobar una reforma política que democratice el sistema electoral por la vía de instituir el financiamiento público de las campañas y la entrada en vigor de reglas más nítidas de fidelidad partidaria. El derrumbe de la disciplina partidaria, que infelizmente encontró apoyo dentro de nuestro gobierno, camina en la dirección contraria de esta agenda, estimulando alianzas ocasionales que no hacen sino debilitarnos programáticamente.

En el momento en que cumple 26 años, el PT precisa adoptar una postura firme en defensa de la democratización del sistema político brasileño. Necesitamos luchar por la construcción de frentes electorales en los diversos Estados con partidos del campo democrático y popular, fundados en un programa que apunte al tipo de transformaciones sociales que constituyen nuestro proyecto desde el inicio.

La defensa del gobierno de Lula frente a los ataques de la oposición sólo tendrá resultado político si el PT tiene el coraje de lograr que el gobierno se coloque a la altura de sus posibilidades históricas y responda a los deseos de su base social. Únicamente así, podremos abrir nuevas perspectivas a la disputa política en el país, incluyendo la confrontación electoral de este año.,

La crisis que nos sobrevino muestra claramente que nuestro mayor patrimonio es muestra identidad programática. Es ella la que articula nuestra militancia y nuestra base social. Es ella la que da sentido a nuestra acción política. De esta manera, al conmemorar nuestros 26 años de vida, el mejor regalo que podemos dar al partido es el de emprender un debate profundo y transparente sobre los mecanismos de la crisis y sobre las medidas que debemos tomar para no permitir que se repita lo que pasó. Ante sus afiliadas y afiliados,  el Partido no puede quedar como un rehén de los juicios de las Comisiones (CPIs) del Congreso Nacional.

Ellos esperan nuestra versión y nuestro juicio sobre los dirigentes y parlamentarios acusados de actos irregulares e ilegales. Es necesario para el PT que esos dirigentes sean evaluados por la Comisión de Ética del Partido, a fin de que los adversarios no utilicen nuestro silencio u omisión como arma electoral. Análogamente, el Partido no puede dejar de corregir en el Encuentro Nacional del próximo abril las brechas e insuficiencias estatutarias que contribuyeron decisivamente a estimular la búsqueda de financiación irregular en las campañas y a establecer relaciones inaceptables con otros partidos políticos. Es el patrimonio de 26 años lo que anda en juego, un patrimonio que no pertenece a éste o aquél dirigente, sino a millones de brasileños que, con su trabajo y confianza, ayudaron a construir el PT. Ése es nuestro desafío. Tal es nuestra tarea.

 Tomado de www.sinpermiso.info, 19 de febrero 2006.

Traducción de Abel Suarez. Original de Carta Maior.

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