sábado 31 de julio, 2021

Julio Louis, señales en el camino

Publicado el 16/07/21 a las 12:07 am

Esta semana despedimos al profesor Julio Louis, un imprescindible representante de toda una generación de militantes, sindicalistas, docentes e investigadores.  Más allá de las experiencias compartidas y las polémicas fecundas, nos dejó un número incontable de artículos de opinión y una interesante bibliografía de divulgación e investigación. Sus últimos trabajos se dedicaron a la política nacional, la integración regional y la geopolítica desde un punto de vista marxista. Quizás el mejor homenaje sea leerlo y escucharlo. Por eso compartimos una serie de cinco artículos en los que repasa la historia reciente e intenta esbozar una estrategia. También enlazamos dos libros en línea y un sentido homenaje de «Trama al Sur».

La lucha antifascista en las décadas del 60 y 70

Parto de dos premisas: “La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero no es, quizás, menos vano esforzarse por comprender el pasado si no se sabe nada del presente”. Marc Bloch, “Introducción a la historia”; “El ser social es lo que determina la conciencia”. Carlos Marx, “Prólogo a la crítica de la economía política”. O sea, según cómo se vive, se piensa.

Me baso en la experiencia militante en el Partido Socialista (1954 a 1965), el Movimiento de Unificación Socialista Proletario (1965 a 1968) y principalmente en el Movimiento Marxista y sus antecedentes (1968 a 1975). Después de la amnistía (1985) participé en diversas organizaciones políticas, dentro de las cuales destaco la de Tendencia Marxista-Corriente de Izquierda en los 90. Y de militante estudiantil (en el liceo Zorrilla, en Preparatorios, y en el Instituto de Profesores Artigas) y docente en la Federación Nacional de Profesores de Enseñanza Secundaria.

El 2020 ha sido un año de ofensiva de derecha, de “neo fascismo” según diversos autores. De allí que para vencerlo es imperioso conocer el pasado de las últimas décadas del siglo XX, de avance del fascismo dependiente, régimen que reorganizó el bloque burgués dominante en beneficio del capital financiero, intentó destruir la organización de las clases explotadas y aún más, des ideologizarlas de contenido clasista. Aquel fascismo dependiente y este “neo fascismo” no son iguales, pero representan a intereses comunes.

Pacheco, Bordaberry y la dictadura fascista 

Al fallecer el Presidente Gral. Oscar Gestido, le sucede Jorge Pacheco Areco (6 de diciembre de 1967). Las Medidas Prontas de Seguridad son una constante de su gobierno, decretadas para arrestar, torturar y asesinar a centenares de opositores. Gobierno que decía defender “la democracia” y “nuestro estilo de vida”, que en la práctica sustituyó la democracia liberal del batllismo por una dictadura represiva apenas encubierta por un parlamento dócil y complaciente.  Y tras “el abuso” (fuga de más de cien tupamaros de la cárcel de Punta Carretas) encargó la represión a las FF.AA. La tregua preelectoral decretada por el MLN en su accionar armado la demoró.

La oligarquía impuso esa dictadura represiva en un proceso que requirió acostumbrar a las masas y a la reestructura de su aparato policíaco-militar para aplastar toda resistencia. Proceso contradictorio del que formaron parte las elecciones de 1971, que intentaron devolver la “imagen liberal” al régimen, sin lograrlo en tanto el Directorio del Partido Nacional las calificó como el “fraude del siglo”, denunciando que hubo más votos que votantes, ya que se le otorgaron al Partido Colorado 35.000 votos extras, quebrándose la tradición respetuosa del sufragio. La maniobra otorgó la victoria al perdedor Juan María Bordaberry, sucesor de Pacheco, frente a quien fuera ganador, Ferreira Aldunate.   En dichas elecciones se aplicó por primera vez la obligatoriedad del voto y estuvieron plagadas de violencias derechistas.

El gobierno de Bordaberry sustituyó las “medidas de seguridad” por el “estado de guerra”, y profundizó la represión, al punto que la prensa internacional lo comparó con las más bárbaras dictaduras fascistas, como la de Brasil. Los instructores provinieron de la CIA y del DOPS (Departamento de Orden Político Social), se formaron Escuadrones de la Muerte, que combinaron su accionar con el aparato policial y militar. Pero si bien la tendencia del régimen fue hacia el fascismo dependiente hubo capas de la oligarquía y sus agentes políticos -como Ferreira Aldunate- que no admitieron ese fascismo y hablaron del “decaimiento del poder civil”, temiendo lo que ocurrió, que el régimen se volviese también contra ellos.

La guerra se declaró contra la “subversión”, y se dirigió principalmente contra el Movimiento de Liberación Nacional (MLN- Tupamaros) por ser la organización más fuerte y porque su enfrentamiento armado y búsqueda de tomar el poder, lo convirtieron en el principal enemigo inmediato.  Sin embargo, muchos secuestrados, torturados, asesinados, desaparecidos, no pertenecieron al MLN. Por ende, vale analizar mejor cuáles son las causas de esa guerra.

Las causas de la guerra del gobierno de Bordaberry

Esas causas residen en el antagonismo de las clases sociales que ya no se puede mantener en el marco del parlamentarismo, del diálogo y de la “paz social”.

Los países dependientes, deformados por el imperialismo, han pagado con pobreza y miseria las super ganancias de los grandes monopolios extranjeros. La oligarquía dominante (latifundistas, grandes industriales, banqueros y comerciantes) jamás intentó un desarrollo capitalista independiente. Así, pasadas las condiciones favorables de posguerra, Uruguay -como otros países dependientes- o rompía con el imperialismo o se doblegaba y aumentaba la dependencia. Y su oligarquía para no perder su poder por completo, se mantuvo como socia menor del imperialismo, que redobló la dependencia del comercio exterior, invirtió sus capitales en bancos, tierras e industrias y aumentó el endeudamiento externo por vía del FMI, BID, etc. De ese modo, el programa de la oligarquía consistió en aumentar sus ganancias y las de los monopolios imperialistas, mediante la super explotación de los trabajadores y la expropiación de grandes sectores de capas medias de la ciudad y del campo. Pero en tanto la oligarquía sabía que esa política empujaría a los perjudicados a la lucha y al enfrentamiento, sustituyó el diálogo por el garrote y la tortura. Y tendió a la desaparición de la división de los tres poderes clásicos del estado burgués liberal, manteniendo un parlamento y una justicia que se convirtieron en fantoches del Ejecutivo y de las Fuerzas Armadas.

Así, los intereses de la oligarquía opuestos al interés general del pueblo, condujeron a la guerra y a la fascistización. Guerra que tiene -tal como fue prevista por escasos militantes y organizaciones políticas- sus marchas y contramarchas hasta que las clases populares se apoderen del poder, iniciando una fase de transición, nacional y popular, primera fase de la revolución socialista.

Del “gran acuerdo nacional” a la supuesta pacificación

Bordaberry recogió la política de Pacheco, que significó la redistribución de la riqueza en beneficio de la oligarquía. Su primera medida, la devaluación del peso, seguida de dos
“minidevaluaciones”, fueron síntomas de la inflación galopante, en medio del estancamiento de la producción, de la carestía general, del desabastecimiento de artículos de primera necesidad, tanto para la industria como para el consumo popular. El aumento del 20% de los salarios privados y las míseras promesas presupuestales a los estatales, fueron bofetadas a los trabajadores.

Y como no pudo hacer ninguna concesión económica ni frenar el malestar general, incluso entre sus propias filas (Cámara de Industria, Comercio, etc.), inicialmente procuró desviar la atención diciéndose amenazado por un “golpe a la brasileña” o con las “presiones militares”, al tiempo que procuró unificar al bloque burgués dominante contra la “subversión”.  Finalmente, la reaparición del accionar armado del MLN el 14 de abril de 1972- de ejecuciones de connotados fascistas en respuesta a torturas padecidas por sus militantes-  le permitió a Bordaberry, declarar la “Guerra Interna” y vencer en tres meses. Además, intentar el “Acuerdo Nacional” de las tendencias burguesas, apuntando contra los sindicatos, la enseñanza, las organizaciones y partidos populares.

Las “amenazas” esgrimidas por el gobierno surtieron efecto en todas las fuerzas burguesas y también en el Frente Amplio, quienes intentaron colaborar si el gobierno admitía pequeñas reformas, como las propuestas por Ferreira. El F.A. llegó a pedir que no hubiera “terceros excluidos”, que el país necesitaba del esfuerzo común. ¡Como si peones y latifundistas, trabajadores y monopolistas pudieran estar unidos! En suma, pronto se diferenciaron una “oposición” que sirvió a la contrarrevolución y un abanico de posiciones revolucionarias.  Pero el gran “Acuerdo Nacional” pronto se dejó de lado. Los fascistas no estaban dispuestos ni siquiera a desmantelar el Escuadrón de la Muerte. Y ganaron tiempo para avanzar en su camino.

Hacia el golpe fascista

El núcleo fascista era activo en las FF.AA. Organizado en la logia “Tenientes de Artigas” reclutó a la mayoría de los jefes de la dictadura militar, inspirados en Franco, Mussolini o Hitler. Los  instrumentos que se valió conjugaron el rol  directriz del partido fascista (inexistente en Uruguay) -subrogado principalmente por esa Logia militar- y las fuerzas armadas depuradas.

Ante la escalada fascista la izquierda -salvo excepciones- de escaso peso de masas, ofreció callejones sin salida. Es que el salto cualitativo de la unidad política popular en el FA, tuvo como aspecto negativo, el predominio reformista y pacifista, expresión del estado real de la conciencia obrera y popular y acompañante inseparable de su trayectoria. Se expuso en el irreal  pacifismo burgués  (“paz para los cambios, cambios para la paz”). Por su parte la radicalización armada de los tupamaros, alejada del grado de organización y conciencia de las clases populares, los volvió blanco fácil de una represión feroz y sirvió de excusa para la fascistización.

Febrero y junio de 1973: valor y límites de la Huelga General 

Volvamos al golpe de 1973, eslabón del plan estratégico imperialista para América Latina, preparatorio de otros contra los gobiernos de Cámpora y Allende. Por la situación general y las contradicciones internas de las FF.AA. fue necesario la sucesión de dos pasos tácticos.  En febrero, los Comunicados 4 y 7 conjugaron anticomunismo con propuestas de las fuerzas populares. Y confundieron a buena parte de la izquierda, inclusive a dirigentes tupamaros que estaban presos. Los desatinos desconcertaron al movimiento obrero popular y le hicieron perder valiosos meses para la resistencia.  Cuando los fascistas se consolidaron asestaron el segundo golpe, el 27 de junio.

La clase obrera respondió con la Huelga General, prevista hacia años. Y el Partido Comunista (cuyos miembros ejercían en mayoría la dirección de la Convención Nacional de Trabajadores) propuso resistir… hasta que se sublevaran los militares progresistas. Con esa orientación la CNT se entrevistaba con el Gral. Bolentini y los Altos Mandos… La huelga general era para el PC de hecho, la “última carta” de los trabajadores. Y en tanto, evidentemente, no convencieron a los militares fascistas, terminó siendo levantada, desmoralizando a los trabajadores y creando condiciones subjetivas para la desmovilización. Durante la huelga, fue común el lamento: “lástima que ahora no estén los tupas”.

Entretanto los dirigentes del aparato armado del Partido Comunista  consultaron si no había llegado la hora de armar a los obreros, pero la dirección del PC atendió las voces de sus cuadros intermedios, según los cuales  la clase no estaba dispuesta a resistir. Así, un poderoso arsenal recibido desde Vietnam caería ante la represión sin disparar un solo tiro. Y la incapacidad de transformar la huelga general en insurrección partió de la falta de preparación anterior, en la que toda acción defensiva de las masas había sido tildada por el PC como provocación. Los obreros resistieron, cada vez más aislados del resto de los trabajadores y del pueblo, ahondada la cesura Montevideo-interior y ciudad-campo, heroica y pacíficamente hasta ser vencidos. La crítica brotará del seno de la clase: “Ningún gremio fue derrotado; fue derrotado un estilo, un método, una concepción del trabajo sindical (…) Es derrotada también una estrategia y una táctica, un estilo, un método, una concepción del trabajo sindical.” (documento de la Federación Uruguaya de la Salud, Federación de Obreros y Empleados de la Bebida y Sindicato de FUNSA). Pero aún así, la huelga general es un hito importante, pues marca a fuego a la dictadura fascista. Y esa soledad con que nacerá llevará a la apertura de los años 80.

La clase trabajadora fue derrotada pero no quebrada. Es que mientras en febrero los fascistas suscitaron expectativas de cambios, en junio levantaron resistencias. Y su debilidad se reveló en carecer de organismos de masas, que intentaron crear infructuosamente. Los trabajadores fortalecieron su conciencia de clase, intensificando los sentimientos de unidad y de solidaridad para la lucha. Y adquirieron conciencia elemental de la necesidad de usar la violencia para la represión de los carneros, por ejemplo. De esa manera, a diferencia del fascismo europeo que se consolidó con la movilización de la pequeña burguesía y del lumpen proletariado, los fascistas de Uruguay se vieron con la dificultad adicional de imponer el fascismo por el terror, desde arriba.

También en Brasil, el “gorilazo” se dio con el apoyo de todas las capas de la burguesía, y fue precedido de manifestaciones de masas de más de un millón de personas reclamando “orden”; en cambio, el golpe uruguayo se dio en el mayor de los aislamientos, carente incluso de un apoyo en bloque del conjunto de la oligarquía; así, hubo una actitud neutral del grueso de la capa burguesa industrial   durante la huelga, o simples exhortaciones a retornar al trabajo, de la mayoría de los empresarios privados. Esa actitud fue adoptada por oligarcas como Ferrés o empresas imperialistas, como Coca Cola, aunque luego, aprovecharon los decretos del gobierno para imponer despidos masivos. Además hubo diversos intentos desde los partidos tradicionales  de crear un frente anti dictatorial, que se concretó en algunos lugares del interior, y hubo vaivenes de Ferreira Aldunate, que recién al final de la huelga general, declaró que no formaría un comando junto con el Frente Amplio. En suma el golpe fascista descansó en la soledad de las armas, y  con el peso muerto inicial de la conducta de la Marina.

Para colmo, los fascistas se mostraron incapaces de asegurar el trabajo, con lo que los índices de emigración oscilaron entre 15.000 y 60.000 personas por mes en los primeros años, o de solucionar el problema de la vivienda, y empujaron a la movilización y organización independiente de los trabajadores. Y la crisis económica agudizada empujó a visualizar las soluciones económicas en términos políticos contra el gobierno militar. En síntesis, mientras “los de arriba” no podían  vivir como antes, los “de abajo” pronto percibieron que no querían  vivir de ese modo.  Y las contradicciones estuvieron a la orden del día: caso extremo, el periódico de derecha “Azul y Blanco” (1973) se lamentó de la intervención de la Universidad, aplaudió el ataque contra el “marxismo” y en su carátula tituló “A barrer con los fascistas”.

Lo que  no se supo hacer en los 60 y 70 

No se supo organizar la defensa, lo que suponía evitar hablar de más, mostrarse partidario de alguna organización revolucionaria, regalarse en actos super fichados por la policía, en una palabra, el liberalismo en todas sus formas. Ya Lenin en el “¿Qué hacer?” escrito a principios del siglo XX, explicaba el accionar de la represión cuando se desataba, consistente en dejar en libertad de movimientos a algunos “quemados” para que volvieran a agrupar descontentos, observando sus pasos. Atender la lucha clandestina para dificultar el fichaje, es primordial en la medida que la política represiva avance.

No se supo organizar a los sindicatos de un modo centralista democrático, bajo pautas de clandestinidad. Esos sindicatos tienen que ser “sin miembros”, “fantasmas” donde nadie aparezca como afiliado, pero que llegado el caso cumpla las resoluciones. Por ejemplo, no debe admitir a los carneros, sino que debe aislarlos. Pero simultáneamente esos sindicatos “sin miembros” debe dar activa y permanente participación a sus afiliados para decidir todas las medidas, en asambleas reducidas que elijan delegados, los que a su vez se reúnan en juntas de delegados resolutivas. De ese modo, esos ignorados dirigentes expresan siempre las necesidades y deseos de las bases y dejan de ser dirigentes cuando dejan de representarlas. Tal orientación, en momentos críticos, la llevó adelante la Asociación de Profesores de Las Piedras, desorientando a los represores.

Por esos años hubo ricos aprendizajes de luchas de diversas partes del mundo. Mucho nos enseñó el inolvidable Ramón Díaz, obrero gráfico, a quienes conocimos en el Partido Socialista en los años 50 y 60. Éste había sido miembro del Partido Comunista en España, y a quienes le éramos de absoluta confianza, nos expuso cómo ir quitando el miedo al pueblo de la represión. Una forma era con mínimas acciones de violencia, otra absolutamente pacífica. Y ambas fueron practicadas en Uruguay por los Comités de Resistencia Anti Fascista (C.R.A.F.).

La primera consistía en formar grupos de militantes de tres personas, mejor si no se conocían entre sí, con apodos o nombres falsos. Esos grupos de a tres, tenían un jefe que mandaba, y por si tuviera problemas, un segundo. Tales grupos, obedecían a su vez, a un jefe superior, que mandaba sobre varios grupos y así sucesivamente, de manera de poder reunir decenas de militantes. Al principal se le daba la orden de ir hacia determinado lugar: en el caso de Montevideo, al puente del Paso Molino. Allí se trasladaron objetos inflamables y en cierto momento se les incendió, al tiempo que se largaron panfletos contra la dictadura fascista. La acción duró escasos minutos, para sorprender a los represores, hasta que se ordenó dispersarse, conociendo de antemano cada grupo de tres adonde debía dirigirse y qué decir si eran detenidos.

El otro era absolutamente pacífico. Se consultaba a todos los que se conocían opositores a la dictadura fascista si estarían dispuestos a caminar, de un punto a otro de la ciudad, ir y volver, durante escasos minutos. Los invitados a caminar se sorprendían y preguntaban: ¿sólo eso? Sí, solo eso. ¿Cuál era el objetivo? Irse encontrando en esa marcha-a lo largo de una avenida, o en derredor de una plaza- con muchos conocidos, para comprender cada uno que no estaba solo en la lucha antifascista. En Uruguay se practicó en San Carlos, bastión durante años de esa lucha y cuya marca quedó, al punto que -muchos años después- fue la primera ciudad del interior en que ganó el Frente Amplio.

Claro que los sindicatos y los movimientos clasistas requieren que tengan compañeros poseedores de un análisis científico de las fuerzas en pugna, lo que a su vez requiere, ir construyendo un Partido o una coalición de ellos. Siempre recordando a Lenin en “Tareas urgentes de nuestro movimiento”: “Porque la socialdemocracia es la unión del movimiento obrero con el socialismo. Su cometido no estriba en servir pasivamente al movimiento obrero en cada una de sus fases, sino en representar los intereses de todo el movimiento en conjunto, señalar a este movimiento su objetivo final, sus tareas políticas y salvaguardar su independencia política e ideológica. Desligado de la socialdemocracia, el movimiento obrero se achica y adquiere por fuerza un carácter burgués: al sostener exclusivamente la lucha económica, la clase obrera pierde su independencia política, se convierte en un apéndice de otros partidos y traiciona el gran precepto: ‘La emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma¨  (* En momento en que Lenin escribió el movimiento revolucionario era llamado socialdemocracia).  Partido que no debe confundirse con ninguna secta que se identifique a sí misma como la vanguardia a través de nombres radicales.

 Otras enseñanzas negativas y positivas

La “teoría del foco” o “foquismo” fue ejecutada por la burguesía media o la pequeña burguesía, y construyó un potente aparato militar. Conoció como utilizar la red cloacal, crear refugios, asaltar cuarteles, bancos, secuestrar fascistas, etc. Pero no se preocupó por el desarrollo de sindicatos y de organizaciones populares clasistas. Así, mientras el edificio ganaba en altura, sus arquitectos no consolidaron sus cimientos, es decir, el grado de conciencia revolucionaria de las masas populares. Y el imperialismo y la oligarquía después de quedar una y mil veces en ridículo, de ser golpeados con dureza, corrigieron y perfeccionar su metodología represiva, y fueron aislando a los foquistas de las masas. Poco a poco la dictadura imperialista oligárquica asumió un rumbo policíaco-militar mayor. Y buscó que se olvidaran los problemas generados por su explotación, para culpar a los “destructores” del régimen de todos los males. Y el gobierno ganó de momento la batalla. Mientras, la Convención Nacional de Trabajadores -dirigida mayoritariamente por el Partido Comunista- con consignas tales como “por la paz y la justicia social” difundió la idea falsa de que son posibles sin derrotar al régimen, confundiendo más.

Y era previsible que cuando la reacción fascista considerase que el MLN estaba derrotado, comenzase a golpear a cualquier oposición antifascista. Uruguay siguió los pasos de Brasil. En síntesis: la clase trabajadora no comprendió que mientras los fusiles sin masas no sirven, las masas sin fusiles no se liberan, apuntando a construir una nueva sociedad socialista.

Pero para ello, hay que tomar conciencia de lo escrito por uno de los tantos que se jugaron la libertad y la vida en circunstancias críticas: “A mis compañeros, a mi pueblo: Hoy el deber revolucionario me ha impuesto la tarea de salvar mi libertad. Y ésa, hoy, es la tarea principal. Si lo logro, o más claramente si no caigo en manos de los criminales fascistas, habré de salvar mi libertad y habré cortado la posibilidad de delatar compañeros en el enloquecimiento de la tortura. – Siento muchas cosas. Digo algunas. Nos estamos creyendo que somos un pueblo cobarde y no es así. Cobarde no es quien tiene miedo. Cobarde es el que no se anima. Y nosotros, ateridos de miedo, vamos hacia adelante. El valor o la cobardía no se mide en un acto. Es un proceso. No siempre somos una misma cosa: lo que predomina impone el rasgo general. ¡Si tantos compañeros se juegan la libertad y la vida, éste es un pueblo valiente!… Y aunque esta vez nos volvieron a “ganar” ellos son los derrotados y nosotros los triunfadores. Porque la experiencia acumulada en miles de hombres y mujeres en estos días, fortalece la conciencia anti fascista, la convicción que hay que liberarse. Por cada uno torturado, de seguro, surgirán otros para tomar su puesto de lucha. No sé si ésta es mi carta despedida. Si seguiré viviendo, si seguiré con libertad de movimientos. De todas maneras, en mi nombre y en la de mis compañeros torturados, les digo a todos: nuestras vidas no han sido en vano. Sostuvimos ideales de libertad y de socialismo en las horas más sombrías del Uruguay.”  

Por fin, se verá la breve y rica experiencia de los C.R.A.F.S. (Comités de Resistencia Anti Fascista). En todo tiempo y lugar debe clarificarse qué debe hacerse frente al avance de fuerzas fascistas. ¿No hacer nada porque no hay posibilidades de revolución? ¿O maniobrar para aislar al enemigo principal, buscando una salida que sin ser la más deseada para los trabajadores, interese a otras fuerzas aún no revolucionarias, cuya victoria sirva para generar mejores condiciones de lucha para los trabajadores?

Lenin enseñaba que la historia del bolchevismo está llena de maniobras, de acuerdos y compromisos con otros partidos, incluidos los burgueses. Por consiguiente, para los movimientos de vanguardia, la tarea inmediata era sumarse a la alternativa democrática-burguesa, consistente en exigir la renuncia de Bordaberry, la disolución del COSENA (Consejo de Seguridad Nacional) y convocar a una asamblea constituyente y legislativa mediante elecciones. Con tales propósitos el Movimiento Marxista cooperó con compañeros que no pertenecían a él, fueran independientes o de otras organizaciones políticas, para formar los Comités de Resistencia Anti Fascista (C.R.A.F.S). En poco más de un año los CRAFS reunieron alrededor de 200 integrantes, mientras el M.M. en su esplendor, no llegaba a 30. Y esos C.R.A.F.S. organizaron acciones de resistencia, entre ellas, la publicación de un folleto mimeografiado “Pueblo en Lucha” que editó alrededor de diez ejemplares diferentes. Esta experiencia tuvo corta vida. No obstante, la idea de un amplio abanico de opositores había calado hondo y en 1980 permitió a toda la oposición iniciar la contraofensiva democrática liberal.

La situación internacional y el fascismo dependiente en Uruguay

Solo teniendo en cuenta la situación internacional podremos descubrir como se procesan las contradicciones internas de la sociedad uruguaya -como de otras- cada vez más entrelazada con la dinámica del capitalismo monopolista. Desde 1968 la economía norteamericana entra en crisis, después del boom Kennedy-Johnson. Y es en el contexto de esa crisis, que los países coloniales y dependientes, avanzan en la lucha de liberación nacional y social, caso de Vietnam. El convulsionado Oriente es donde más visible es la contradicción de esos pueblos con el imperialismo. Sin desconocer las luchas europeas de los vascos, catalanes y griegos.

En el mundo, y en América Latina, los monopolios invierten donde haya gobiernos más “seguros” para sus intereses, caso de Brasil en esos años. Y a la inversa: cuando Francia vivió las movilizaciones populares de 1968, en un par de días los monopolios retiraron más de 2.000 millones de dólares. Y en cada país, es el Estado quien puede asegurar a los monopolios sus ganancias. Por eso los monopolios imperialistas usan presiones económicas, y si no dan los resultados, usan presiones militares. (Guatemala en 1954, Cuba en 1961, República Dominicana en 1965, Chile en 1973). Y a diferencia de décadas anteriores, en la segunda pos-guerra mundial, se hace imposible que las presiones militares conduzcan a una tercera guerra, que sería nuclear.  Respecto a América Latina se agudizó la explotación; lo indicó un informe de la O.E.A. que estableció que entre 1950 y 1967, por cada dólar invertido en ella, los inversionistas extranjeros se llevaron 3.27 dólares. O sea, la mayor plusvalía arrancada en el “patio trasero” fluyó hacia las potencias desarrolladas.

El fascismo dependiente en Uruguay (1973-1985). Transformaciones económicas y sociales.

El fascismo para revertir la crisis iniciada en el 55 reconvirtió el aparato productivo, afirmando que sólo podría crecer hacia afuera basado en un sector exportador dinámico. Ello es posible a partir de un fuerte crecimiento de las tasas de beneficio, es decir, con la sistemática reducción del salario por medio de la represión. El índice medio de los salarios reales partiendo de 100 en 1971 fue de 81.5 en 1973 y 45.8 en 1984.

En consonancia con la nueva división internacional del trabajo, el eje productivo se desplazó de la ganadería extensiva a la industria no tradicional (pesca, lácteos, plásticos, vestimenta, marroquinería). El capital extranjero controló por completo la banca y se ligó a las nuevas industrias. El régimen aplicó los principios básicos de la corriente neo liberal: completa apertura económica, consideración de que el mercado es el mecanismo óptimo para la asignación de recursos y de que los precios internacionales orientan la potencialidad del país, valorización de la actividad privada sobre la pública, limitándose el rol del Estado a asegurar el libre funcionamiento del mercado.  Pero precios y mercados fueron impuestos desde el exterior, por lo que la acumulación de capital en ese sector se frenó: solo una parte pequeña de la plusvalía se re invirtió en él, mientras la mayor parte se transfirió a servicios, actividades especulativas o se fugó al exterior. Los resultados de esta política económica fueron crisis, deuda externa, inflación, distribución regresiva del ingreso, desocupación. O sea, la economía creció a tasas relativamente buenas entre 1974 y1980 en base al sector externo e interno de altos ingresos, para caer abruptamente en años posteriores. La extranjerización -masiva en la banca- llegó hasta el reducto tradicional de la burguesía nativa, la tierra. Concomitantemente disminuyó la capacidad negociadora de la burguesía nativa frente al imperialismo, al tiempo que los estancieros se oponían a la orientación dictatorial. La pequeña burguesía y el conjunto de las capas medias vivieron una profunda bancarrota. El desmantelamiento industrial trajo una disminución cuantitativa y cualitativa de la clase obrera. Hubo éxodo de trabajadores, aumento de la desocupación, subempleo, pluriempleo, y se extendieron la marginalidad y semi marginalidad. La emigración (entre 1975 y 1981) llegó a ser el 12% de la población. Y la polarización social se ahondó.

La contraofensiva democrática liberal

1980 señala la inflexión del proceso. Los militares se “creen su propio cuento” al decir de García Márquez y convocaron un plebiscito para que se ratificase el régimen autoritario. El electorado los vapuleó votando el NO en una relación de 3  a 2. Las caras visibles de la oposición fueron los políticos tradicionales, en tanto que por detrás se desarrolló un creciente movimiento obrero y popular.

Ese plebiscito de 1980 inició un parcial desmontaje de la dictadura de la Doctrina Seguridad Nacional. Aunque para ello se pactase con los fascistas (Pacto del club Naval), dando origen a la “democracia tutelada”, donde la democracia liberal aparece en la superficie, pero en el fondo, los victimarios fascistas y sus descendientes (la oficialidad de las Fuerzas Armadas)  permanecen casi inmunes, controlando y reprimiendo las movilizaciones populares y garantizando el dominio del imperialismo y de la oligarquía asociados.

Desde entonces hubo una tortuosa negociación en la que los políticos tradicionales son apuntalados por los gobiernos democráticos liberales. Entre ellos, el de Carter en EE.UU. que aceptó o promovió aperturas democráticas que evitaran nuevas Nicaraguas y encauzaran la irrefrenable lucha anti dictatorial dentro de los límites potables para el gran capital. La oposición burguesa de los sectores afectados halló en Wilson Ferreira Aldunate y en el Partido Nacional a su más radicalizada expresión, que lideró a capas medias y aún a trabajadores.

En 1982 las elecciones internas de los partidos indicaron la victoria de las fuerzas de oposición, y el resurgir del FA ilegalizado que marcó 90.000 votos en blanco. El acto del 1o. de mayo de 1983 -organizado por el Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT)-  evidenció el renacimiento del movimiento obrero a cuya vanguardia hubo una generación joven y combativa que negó la participación de los partidos burgueses en el estrado del 1o de mayo de 1984.  Pronto el PC reasumió el control del aparato sindical. Y, la despolitización -promovida por el fascismo- se tradujo en la idealización de la democracia liberal. Esa despolitización, sumada al profundo sentimiento de paz y de moderación facilitaron concesiones evitables de parte de la oposición, cuando su líder excarcelado el Gral. Seregni cumplió un rol destacado. Cuando la dictadura sufría el mayor repudio interno e internacional se rompió el frente opositor al aislarse al Partido Nacional (su líder Ferreira fue encarcelado y luego proscripto) y el acuerdo entre las FF.AA.  y el Partido Colorado (dirigido por Sanguinetti) impuso condiciones que el FA acompañó: reforma constitucional sin decisión popular, elecciones con proscriptos, amplias concesiones a las FF.AA. (deliberantes, mandos militares auto designados, etc.). Ese “Acuerdo del Club Naval”  tuvo consecuencias inmediatas y residuales: hizo posible un firme acuerdo entre el Partido Colorado y los militares para asegurar la continuidad del poder burgués en las mejores condiciones para las clases dominantes; precipitó la caída de la movilización popular contra la dictadura; y mostró a Sanguinetti como el “gran estratega” de la salida dándole una ventaja electoral que no desaprovechó; e inició un enfrentamiento entre el FA y el  PN que facilitaron el triunfo del Partido Colorado con el 41% de los electores, seguido por el PN (35%) y el FA (21%). La participación del FA, legalizado y con proscriptos fue determinante para la victoria colorada. Pronto el más notorio objetivo popular fue logrado: la liberación de los presos políticos aunque sin la amnistía para todos, ya que una minoría fueron indultados.

Y luego, bajo la presidencia de Sanguinetti se aprobó la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado que dejó impune los crímenes de la dictadura de la DSN. Aunque después esta ley será declarada inconstitucional por transgredir convenios internacionales.

Hacia una teoría y práctica anti imperialista y socialista

Para culminar estos artículos, bosquejaré hechos sobresalientes para forjar una teoría y práctica anti imperialista y socialista. Hechos del mundo, de Nuestra América y de Uruguay, entrelazados entre sí.

 El mundo vivirá cada vez una nueva guerra fría, diferente de la anterior, ahora entre Occidente y China. Con los dos principales socios de Occidente debilitados: EE.UU. con serios problemas económicos y sociales y el fortalecimiento de una extrema derecha, manifestada en el ataque al Capitolio. Y Europa también debilitada con el alejamiento del Reino Unido, que busca frenar el poder de EE.UU.

China con un desarrollo industrial, científico y tecnológico que nunca tuvo la URSS, se presenta como líder del multilateralismo y del control climático, se expande con la Ruta de la Seda y posee el mayor bloque económico de la historia, creado en 2020, la Asociación Económica Regional Integral, con 15 miembros, el 30% de la población y del PBI mundial.

Simultáneamente, un nuevo poder planetario global manda, al tiempo que declina el poder de los Estados Nacionales, incluso el de las grandes potencias del occidente capitalista. Fuera de occidente hay excepciones, con Estados fuertes como la Federación Rusa o la República Popular China, El planeta es dirigido por una constelación de organizaciones, que ejercen el poder económico, financiero, científico, cultural, militar. En el capitalismo occidental, un verdadero “poder en las sombras” domina el escenario mundial. El Club de Bilderberg, fundado en 1954 es el más poderoso. Reúne a personalidades de esas diversas esferas, las que suelen repetirse en organizaciones afines. Desde esas entidades se digita la política de la ONU, del FMI, de la OTAN, etc. Este fenómeno creciente en las últimas décadas, provoca respuestas, aún dentro de los Estados de las grandes naciones capitalistas. El brexit británico ha sacudido a Europa. La victoria de Trump sacude a su país, y por la influencia de éste, al mundo. Pero Trump de momento ha fracasado, aunque ha generado un potente movimiento fascista.

Mientras, el 20% de la humanidad disfruta del 80% de sus bienes y viceversa. El sistema capitalista desatiende las necesidades elementales de las mayorías, razón por la cual requiere formidables aparatos represivos y alienantes. Mayor explotación, represión y alienación son las pautas del régimen de crisis. Y sintetiza Manuel Valenti Randi de CLACSO. “la pandemia del Covid 19 aceleró las tendencias mundiales que se venían dando desde la crisis de 2008: aumento de la desigualdad; concentración de la riqueza y destrucción de empleos; mayor endeudamiento de los Estados y privados; mayor tensión geopolítica y geoeconómica; aumento de proteccionismo en las potencias; crecimiento económico mundial empujado por Asia- particularmente China- y estancamiento o caída de Estados Unidos y Europa” (extractado de Resumen Latinoamericano del 19 de enero de 2021).

Por último, el mundo (y Nuestra América) asiste a la denominada Guerra de 5a.  Generación (concepto de 2009-2010) que  se dirige a conquistar mentes, a demoler la fuerza  intelectual de los  opositores, a manipular al ser humano a través de su parte neurológica, usando  medios  electrónicos y de comunicación de masas, para desestabilizar a la población, afectando  la siquis, la racionalidad, la emotividad y contribuir al desgaste político y a la capacidad de  resistencia. Una versión sofisticada de la del nazi Göbbels, cuando decía que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. La referencia es siempre el mundo desarrollado y su modelo enfrenta a proyectos colectivos o alternativos.

Los dueños de la infraestructura que permite el uso de Internet son muy pocos, y los grandes centros de datos como Google o Facebook son empresas trasnacionales, en su mayoría estadounidenses. De las seis principales firmas que cotizan en Bolsa, cinco son de las tecnologías de la información y comunicación: APPLE, Google, Microsoft, Amazon y Facebook, lo que facilita la manipulación de convertir a las democracias liberales en dictaduras manejadas al servicio de las trasnacionales. Y hasta ahora, el campo popular no tiene respuestas adecuadas, ni son planteadas.  Un informe de la Universidad de Oxford confirma que la manipulación de la opinión pública sobre las plataformas de medios sociales se ha convertido en una amenaza a la vida pública. En los países del Sur principalmente se propagan noticias basura y se ocultan noticias trascendentes. Librar el combate es tarea de las nuevas generaciones.

Nuestra América ha vivido el hecho que movimientos de trabajadores y de otras clases y capas populares han llegado al gobierno. Y hay movimientos de oposición diferentes al de los asalariados:  cooperativistas, pequeños productores, feministas, antirracistas, etc. Las diferencias de raza, de género, de etnias, se entretejen con las identidades de clase. Por eso, es trascendente la batalla cultural para ir agrupando a esos movimientos y encaminar la lucha anti imperialista y la socialista.

Bien ha expuesto José Carlos Mariátegui en “Ideología y política.”,“Hispanoamérica, Latinoamérica, o  como se prefiera, no encontrará su unidad en el orden burgués. Ese orden nos divide, forzosamente, en pequeños nacionalismos. Los únicos que trabajamos por la comunidad de esos pueblos somos en verdad los socialistas, los revolucionarios. El porvenir de América Latina es socialista” 

 Uruguay de la democracia tutelada (¿1985-?). La recomposición del bloque de poder burgués bajo hegemonía del sector financiero-industrial caracterizó al régimen que llamamos fascista dependiente. Los mismos sectores sostienen la modernización dependiente, asentada en la democracia tutelada.

Se ejercen fuertes presiones desde los centros del poder mundial para el re composición del capital a expensas de los asalariados y del patrimonio estatal, para una explotación más intensiva del campo que aún permanece en manos de grandes latifundistas volcados a la ganadería extensiva, y para la mayor integración al mercado capitalista internacional y a su lógica de acumulación. Los cuatro gobiernos pos-dictatoriales (Sanguinetti-Lacalle-Sanguinetti, Jorge Batlle) han hecho de la modernización el eje de su ofensiva, presentada como la alternativa de renovarse o perecer. El discurso neoliberal, favorece a la eficiencia sobre la equidad, critica al Uruguay mesocrático, al Estado Protector. El fascismo dependiente y la democracia tutelada que lo sucede son dos cartas tácticas alternativas de la estrategia imperialista. En la democracia tutelada el régimen democrático aparece en la superficie, pero por debajo, como una verdadera estructura ideológica, política, jurídica y militar, domina la Doctrina de la Seguridad Nacional y su aparato de instrumentación, sobre el cual se mantiene intacto el control del imperialismo yanqui.

Los acuerdos firmados con el Banco Mundial y el FMI reafirman la continuidad de los lineamientos neoliberales. Suponen que el desarrollo económico está obstaculizado por los excesivos controles comerciales-financieros y la sobre dimensión del sector público. Preocupa que Uruguay marche “a la zaga” del proceso de privatizaciones. La deuda externa crece, la dependencia respecto a sus vecinos también, y Uruguay se transforma en un país de servicios.

Las consecuencias sociales son que el país se des industrializa, merma la ocupación, descienden los salarios, pese a lo cual el salario real pos-dictatorial aumentó 29% entre 1984 y 1989, crece el porcentaje de niños por debajo de la línea de pobreza, los hogares con necesidades básicas insatisfechas, duplicándose el número del interior respecto a los de Montevideo y la emigración se acrecienta, pues hay 300.000 uruguayos en el exterior, en términos comparativos mucho más que la emigración de Italia y España en el siglo XIX. Crisis de un país atípico: la urbanización es del 87%, Montevideo contiene el 42.5% y el crecimiento demográfico es de 0.6%.

La militarización del Uruguay pos-dictatorial prosigue y se gasta en defensa mucho más que otros países de la región. Las Fuerzas Armadas defienden sus intereses y consiguen que “El pequeño Uruguay tiene probablemente la mayor contribución per cápita de efectivos de pacificación en todo el mundo” (Jorge Bañales, “Militares, uníos”, Brecha 19/1/1996).

Los tres gobiernos del Frente Amplio (2005-2020) detienen parcialmente esas tendencias negativas, sin conducir a transformaciones profundas. Ahora el continente y el país viven el enfrentamiento de otra oleada reaccionaria, algunos con rasgos semejantes al fascismo como el de Bolsonaro, con otra oleada de gobiernos progresistas (México, Argentina, Bolivia). La historia es como una espiral: nunca se repite, pero hay momentos en que las situaciones se parecen. Esperemos que las movilizaciones de pueblos hermanos le eviten al uruguayo la disyuntiva de tener que optar por una “oposición” que vuelva a hacer el juego a la contrarrevolución, o posiciones revolucionarias, que deberán irse agrupando.

 Conclusiones: se trata de unificar a la izquierda antiimperialista y socialista, la que está en el Frente Amplio o fuera de él. Y en esa tarea, más que pensar en partidos de vanguardia -que ninguno de los existentes logra serlo hoy- habrá que elaborar un programa para todo un tiempo histórico, plataformas de luchas concretas, y operar tanto adentro como por fuera de los partidos existentes. Operar bien ligado a las masas populares, principalmente a los trabajadores, con fines estratégicos o de larga duración. Y al mismo tiempo, siendo capaces de articular alianzas tácticas, o de corta duración, con las fuerzas partidarias de vida real, que están básicamente en el Frente Amplio y que no son socialistas.  No hay que despreciar ningún acuerdo, por mínimo que sea, siempre y cuando seamos conscientes de sus limitaciones y que mantengamos los objetivos finales socialistas. En tal dirección, la propuesta de Joao Pedro Stédile -líder campesino brasileño- apunta para su país a unir las diversas centrales sindicales, partidos políticos, entidades civiles, colectivos juveniles, de artistas e intelectuales.

Menciono tan solo un concepto básico de democracia a comprender, expuesto por Lenin en “El Estado y la Revolución”: “Si Engels dice que, bajo la república democrática, el Estado sigue siendo `una máquina para la opresión de una clase por otra’, esto no significa que la forma de opresión sea indiferente para el proletariado, como algunos anarquistas `enseñan’. Una forma de lucha de clase y de opresión más ancha, más libre, más abierta, facilita enormemente al proletariado la lucha por la destrucción de las clases en general.”

Tomado de SEMANARIO VOCES entre marzo y abril de 2021

Homenaje de Aldea Sonora al Profesor e Investigador Julio Louis

En este video entrevista rendimos un sentido homenaje desde Trama al Sur ante la partida del compañero Julio A. Louis: un militante imprescindible. Material del programa radial «Aldea Sonora» aportado por el compañero Pablo Silveira Artagaveytia.
Julio Alcides Louis Elzaurdia (Montevideo, 1938 – 2021) inicia a los 15 años la militancia política y sindical acompañando la teoría a la acción; militancia sólo «interrumpida» por una década de cárcel (1975-1985). Egresado en Historia del Instituto de Profesores Artigas (1968) ha sido docente de Secundaria, de Historia de las Ideas en la Universidad de la República y de Didáctica de la Historia e Historia Americana en el I.P.A.

DOS LIBROS EN LÍNEA

Aquí puede leerse en línea “Marxismo ese ocultado”: https://www.fundacionconstituyentexxi.cl/?p=822

Y aquí puede descargarse su “China: Pasado, Presente y ¿Futuro?”: https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/china-pasado-presente-y-futuro-.pdf

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