miércoles 28 de octubre, 2020

El Che Guevara, diplomático y antiimperialista. Dossier

Publicado el 09/10/20 a las 12:04 am

Guevara fue un hombre incansable en búsqueda de autosuperación. Hizo de su vida un paradigma de la praxis de la emulación como forma de «solidarizar al hombre con el hombre». Hace más de una década el cine difundió una imagen del joven Guevara y del Che guerrillero. Se recuerda muy poco al Guevara Ministro de Industrias, al crítico de la fomación económica y la estrategia de la URSS. Sin embargo, hoy entendemos imprescindible repasar otra arista pública pero lamentablemente olvidada. En este Dossier queremos repetir al Che Guevara como diplomático antiimperialista.

Para ello, recurrimos a un buen trabajo de María del Carmen Ariet. Agregamos la filmación y la transcripción de su discurso en la conferencia de Consejo Interamericano Económico y Social (CIES), que congregó a los Ministros de Economía y Acción Social de los países miembros de la OEA (1961). También insertamos el audio y la transcripción del Discurso en las Naciones Unidas (1964). En esta última instancia debió hacer uso del derecho de réplica para responder a los pronunciamientos de los representantes de Costa Rica, Nicaragua, Venezuela, Colombia, Panamá y Estados Unidos. Por lo tanto finalizamos con el audio y la transcripción de esa réplica.

Che Guevara: Revolución y Diplomacia (1959-1965)

Por María del Carmen Ariet

Tomado del libro Resonancias de Futuro. Para leer al Che. Publicado originalmente con el título «Che Guevara: Revolución Cubana (1959-1965) y diplomacia» en la revista Paradigma, vol. 3, año 2, diciembre 2014, pp. 56-61.

Una nueva diplomacia: significado y proyección

El triunfo revolucionario de 1959 significó para el pueblo cubano la apertura de los cambios que anhelaron, desde 1902, con el advenimiento de la República. Muchas fueron las luchas y disímiles los protagonistas, quienes con su esfuerzo lograron la conquista de una nueva Cuba.

Las paulatinas transformaciones convencieron a la mayoría de que algo diferente se aprestaba a suceder con el liderazgo excepcional de Fidel y de una vanguardia joven y dinámica, dispuesta a revolucionar el país y a conquistar su plena soberanía, una vez obtenido el poder político. Su radicalidad y verticalidad reafirmaron su auténtica visión acerca de cómo actuar para convertir en realidad, el inmenso esfuerzo colectivo.

A la necesidad de cambios estructurales profundos en la sociedad y a la ejecución de acciones efectivas, se hacía necesaria la instrumentación, en el orden externo, de llevar al mundo esos propósitos con un lenguaje capaz de trasmitirlo bajo el signo de la revolución naciente. Sin dudas, un reto que se debía enfrentar en el difícil camino de las Relaciones Internacionales. Pasado más de cincuenta años, nadie duda de la osadía, creatividad y vigor que se le imprimió a la política exterior de la Revolución y su inserción en el sistema de las Relaciones Internacionales.

El principal artífice de esos objetivos fue el propio Fidel, quien desde los primeros meses inauguró un contacto con los pueblos del mundo de forma peculiar y convincente. Era el inicio de futuras batallas en la palestra internacional, con un nuevo lenguaje y nuevas formas para trasmitir, no solo esas posiciones, sino expresar el advenimiento de una nueva época en el idioma de los desposeídos y expoliados.

La lógica indicaba el empleo de fórmulas internacionales imperantes dentro las relaciones entre los países, sin embargo, dentro de esas circunstancias, el liderazgo cubano se percató de la necesidad de transitar por sendas diferentes, sin la intención de provocar una ruptura conceptual en su funcionamiento a pesar de las diferencias con los enfoques teóricos predominantes en la política internacional, habituados a analizar las revoluciones como formas de conflictos violentos.

Para alcanzar esos propósitos, después de despejado el camino del primer gabinete de gobierno formado, en parte, por sectores de derecha, se selecciona un ministro a la altura de las nuevas exigencias, Raúl Roa García, nuestro Canciller de la dignidad, como popularmente se le denominara y a un pequeño grupo de jóvenes bisoños, dispuestos a trasladar el sentido verdadero de las posturas de la naciente revolución.

Sumado a este proceso imparable, dentro de la propia vanguardia, una figura emblemática lo constituyó Ernesto Che Guevara. La comunión de criterios y posiciones respecto a cómo implementar una nueva voz en la política internacional, capaz de sumarse a posturas soberanas y de plena independencia como sinónimo de lo que debían alcanzar los estados nacientes, desgajados del colonialismo o los que luchaban por alcanzar su liberación, constituyeron las posturas desplegadas por Cuba en la voz del Che en tribunas y visitas a otras regiones y países, formando parte de uno de sus legados más creativos, audaces y polémicos a la vez, dentro de su papel en la política exterior de la Revolución.

El Che en Gaza. Véase aquí.

Misiones y objetivos

La explicación somera de lo expresado con anterioridad, da una medida aproximada de la labor desplegada por el Che dentro de la esfera de las relaciones internacionales, sumada a la alianza estratégica con los países socialistas, establecida en 1960. Toda esa amalgama de intereses y particularidades necesitaron de posiciones y diseños que se fueron conformando para avanzar y obtener una voz propia y de enfrentamiento con las potencias hegemónicas imperantes, en particular con los Estados Unidos, en la medida que sus intereses se veían cuestionados.

Para la historia de nuestras relaciones internacionales, los discursos pronunciados por Fidel en Naciones Unidas o en otras tribunas, son expresión de una nueva forma de hacer diplomacia desde la evolución misma, con posturas simbólicas que han persistido a lo largo del tiempo, sin claudicación ni debilitamiento.

En esta nueva diplomacia, la voz de la Cuba rebelde se hizo sentir por intercesión del Che, desde el propio 1959, cuando inicia un periplo por algunos de los países signatarios del Pacto de Bandung. Esa apertura diplomática augura la peculiaridad de nuestras relaciones con el mundo, sobre todo con los situados al sur y mal llamados subdesarrollados, deformados por las propias condiciones del sistema capitalista.

Esos contactos primarios le confirieron una línea precisa para exponer y defender las razones históricas que propiciaban el advenimiento de nuevos tiempos. En el Che se encontró al dirigente idóneo para llevar ese mensaje de aliento y alternativa a los países que se iniciaban en la gran aventura de crear y desarrollar estados soberanos e independientes, más allá de diferencias irrelevantes o matices propios; lo importante era luchar y tratar de alcanzar la unidad de intereses comunes dentro de las relaciones y la política internacionales de la mayoría marginada.

La apertura de esos enfoques determinó la ampliación de relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con un mundo desconocido en su casi totalidad, pero extraordinariamente valioso para nuestra consolidación e intereses políticos. Aunque no se visualizaba aún la magnitud de esa estrategia que recién surgía, esos esfuerzos contribuyeron a afianzar lazos que persisten y que dieron a Cuba una voz reconocida en diversos foros para denunciar políticas discordantes.

Como continuidad de la estrenada diplomacia, en 1960, Fidel decide enviar al Che a un nuevo periplo, esta vez por los países socialistas, con el objetivo de propiciar un desarrollo comercial y tecnológico que supliera las desavenencias ineludibles con el gobierno de los Estados Unidos. Esa faceta representó un doble esfuerzo a nuestra naciente diplomacia, al tener que emplear a fondo a un personal que recién se insertaba en esos mecanismos y cuyo desempeño tenía que colocarse a la altura del momento histórico.

Por supuesto, se ponía a prueba nuestro liderazgo y decisión, donde el Che se distinguió por su capacidad negociadora, sumado a su verticalidad revolucionaria y a los buenos propósitos de los países socialistas que apoyaron abiertamente nuestras solicitudes. El esfuerzo y el hacer suplantaron la experiencia y el conocimiento académico para desarrollar y defender, mediante un análisis riguroso, lo que acontecía en el mundo y determinar de qué lado debían trazarse nuestras posiciones y la lucha en la arena internacional.

Por razones obvias, esos vínculos permitieron conocer y actuar en consonancia con los países socialistas, no solo por la vía de los intercambios comerciales y culturales, sino también por la identificación ideológica, aun cuando se difiriera de alguna que otra posición. Para Cuba y su revolución, el socialismo representaba la alternativa real para que los países más débiles pudieran enfrentar las políticas de hostigamiento de los poderosos, constituyendo la base de nuestros principios en política y en las relaciones internacionales.

En el caso particular del Che, conocedor de la realidad latinoamericana, acercarse, primero al mundo africano y asiático en sus primeras misiones internacionales, le permitió establecer puntos comunes y de comparación para entender como único camino posible el de la unidad.

Comienza una etapa de enriquecimiento político y de compromiso para juzgar y actuar y por hacer avanzar las políticas que permitieran la evolución y el desarrollo de esos países, identificados más por sus coincidencias que por sus diferencias. No por gusto, de esa relación primaria surgiría un vínculo indisoluble que explica el porqué, desde sus inicios, Cuba perteneciera al Movimiento de Países no Alineados (MNOAL), fruto de los contactos sostenidos por el Che en su recorrido por una parte de los países pertenecientes al Pacto de Bandung.

Para el Che, estudioso e imbuido de su radical posición política, marxista por convicción, representa un período pleno y fructífero en sus relaciones itinerantes por el mundo. Se exige un estudio integral de la situación mundial y comienza a perfilar análisis e ideas que caracterizarían su pensamiento político, basados en la integración del denominado Tercer Mundo, con una visión profunda, mediante la elaboración de tesis que perduran hasta nuestros días, por su validez en muchos de sus planteamientos.

En ese sentido, el Che se convierte en un precursor de esas ideas, señalando los graves problemas propios de su tiempo, que se mantienen o agudizan en las regiones tercermundistas, como advirtiera al destacar que la máxima responsabilidad recae en los países más desarrollados del sistema capitalista, los que se apropian o benefician de la casi totalidad de sus riquezas productivas o naturales.

La interrelación entre acciones propias de la diplomacia con su participación en eventos internacionales económicos y políticos, constituyó el terreno fértil para plantear posiciones vinculantes con el desarrollo de los países más pobres y la obligación de los poderosos por contribuir a su avance. En qué momento el Che, dentro de sus múltiples funciones como dirigente de la Revolución, comprendió el papel tan necesario que debía tener la participación de Cuba en esos foros, queda evidenciado en su permanencia hasta el presente, donde su quehacer visionario permitió nuestra pertenencia al GATT, convertido después en la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Son organismos que aun cuando encarnan el poderío de los más ricos, establecen espacios aptos para pronunciar y llevar la voz de los desposeídos, brecha sabiamente aprovechada por el Che para sentar precedentes ineludibles. Esos inicios fueron dando a Cuba un prestigio y oficio que permitió con su contribución y experiencia a incluirse en instituciones, con el respaldo de la mayoría, confiados en nuestras posiciones y lealtad a esos principios.

Dentro de la dinámica de la política internacional, el Che comprende su importancia no solo entre los estados, sino que insiste en el papel de la solidaridad internacionalista, con el fin de rebasar los marcos nacionales y transformadores de las relaciones internacionales.

Abogó por que esos cambios aportaran elementos nuevos en la reformulación de un sistema internacional multipolar y en la recomposición de las propias relaciones internacionales. Si se hiciera una síntesis del quehacer del Che en la política exterior de Cuba, algunas pautas y reflexiones pudieran sistematizarse, desde las propias comparecencias a organismos internacionales y regionales.

Guevara en Yugoslavia. Véase aquí.

Participación en organismos internacionales.

Desde el punto de vista histórico, la participación del Che, en agosto de 1961, en la Conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES) efectuado en Punta del Este, Uruguay, como jefe de la delegación cubana, expresó en su voz discordante la posición distintiva de Cuba en cuanto a cómo obtener la plena soberanía e independencia, más allá del llamado unificador de los Estados Unidos bajo la denominada Alianza para el Progreso, la que en verdad propugnaba el aislamiento y la exclusión de Cuba.

Las principales ideas desveladas mantienen su presencia, así como se mantienen los problemas, a pesar de circunstancias diferentes, las que no han variado en su esencia y continúan siendo estandartes de lucha en nuestra región:

• Establecer una política de desarrollo integral de tipo social cuyo requisito previo es la soberanía, donde los recursos naturales y humanos estarían a su servicio.

• Esa integración debe basarse en la asunción de medidas necesarias para lograr esos fines, entre las que señala: la elaboración de planes para el desarrollo, asistencia técnica de los países industrializados y financiamiento externo con inversiones directas sin estar sujetos a condiciones políticas.

• Garantizar precios estables, actuar contra el dumping de excedentes agrícolas y contra el proteccionismo en la elaboración de productos primarios, y acompañados de una diversificación de exportaciones.

Esas estrategias las hace acompañar de algunas tesis que conformarían, en parte, sus futuras posiciones para el cambio:

• La raíz de los males que nos aquejan se centra en la distorsión de nuestras economías, las que a su vez atan nuestras políticas internacionales a dictados exteriores, lo que hace que la dependencia de nuestros ciclos económicos quede supeditada a los mecanismos económicos internacionales, liderados por las principales potencias.

• El desdoblamiento de esos parámetros es nefasto para las mal llamadas políticas de desarrollo, con la reducción de los precios de las materias primas, provocando más desempleo, baja real de salarios, un proceso inflacionario y la fatal presencia de organismos financieros internacionales.

De ese modo analiza la dependencia estructural de nuestros países en lo económico, tecnológico, cultural, político y militar, como parte del proceso histórico global del desarrollo capitalista y donde el crecimiento económico puede producirse sin que implique un desarrollo económico integral.

Catalogar de esclarecedoras y sobresalientes esas ideas expuestas en un foro adverso, apenas a dos años del triunfo de la Revolución, nos acerca a su enorme capacidad analítica y a su visión de futuro, cuya continuidad y síntesis más elaborada se encuentran en el discurso pronunciado en Ginebra, en marzo de 1964, durante la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). El GATT —siglas con las que se le conoce—, fue creado en 1940 como una institución de comercio internacional, devenido, con posterioridad, en un organismo de comercio multilateral, cuando en 1995 se crea la OMC, razón que explica la presencia de Cuba desde sus inicios en dichos foros.

De las Rondas efectuadas, el Che participó en la 6ta., cuyo tema esencial se refirió a las tasas y medidas antidumping, tópico tratado con antelación en su discurso de Punta del Este de agosto de 1961. En el contenido de lo explicado se encuentran tesis más drásticas y polémicas al valorar, no solo las posturas históricas de las potencias imperialistas con relación a la dependencia de los países más pobres, sino también a algunas de las posiciones ambiguas y contradictorias asumidas por los países socialistas respecto a la real solidaridad y apoyo a las políticas de desarrollo sustentadas hacia los más débiles, consideradas como claudicantes frente al poderío imperialista.

Aboga por eliminar diversas formas de explotación, entre ellas los préstamos onerosos, la dependencia tecnológica, el control del comercio exterior por los grandes monopolios internacionales, el control sutil por otros organismos internacionales financieros y crediticios como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el GATT, entre otros. Señala, además, la existencia de áreas preferenciales como formas de explotación, las que se agudizan con nuevas manifestaciones, principalmente la deuda externa, cuyo resultado es garantizar a las potencias desarrolladas condiciones de comercio que provoquen el deterioro de los términos de intercambio, problema que se convierte en avasallante y que perdura hasta nuestros días.

El discurso perseguía delimitar sus posiciones respecto al objetivo de la conferencia y defender una definición equilibrada del comercio internacional con el fin de convertirlo en un instrumento idóneo de desarrollo económico equitativo para los pueblos subdesarrollados.

Comprendió el Che lo imperioso de dejar sentado que esto solo se lograría si las potencias económicas dominantes estuvieran conscientes de la necesidad de promover un desarrollo integral a través de inversiones de recursos a precios preferenciales sin trabas ni restricciones. De ahí, su propuesta de implementar organismos financieros, crediticios y arancelarios, con normas que deben basarse en la igualdad irrestricta, en la justicia y la equidad, lo que implicaría la eliminación obsoleta de los existentes.

De acordarse esas bases, quedarían instaurados los soportes de un comercio exterior capaz, que permitiría un mayor control y recuperación por parte de los estados más débiles de todos sus recursos naturales y el impulso a la enseñanza de la técnica y otras medidas de reordenamiento interno, imprescindibles para iniciar el camino de un desarrollo acelerado.

Sin dudas, esos presupuestos son precursores de políticas actuales, después de haberse producido un cataclismo tan violento en las relaciones internacionales como lo sucedido con la desaparición del denominado socialismo existente, imperante en el siglo xx. No es casual que, en la última reunión del Grupo de los 77 más China, en Bolivia, en junio de 2014, se juzgara al Che como promotor de posiciones actuales, a pesar de que persiste, como advirtiera, la búsqueda de una superioridad mundial por el uso de la fuerza, mediante la imposición de un modelo económico, científico y cultural global y del uso de organizaciones internacionales al servicio de esos intereses.

Guevara en China. Véase aquí.

Visión del Che sobre las Naciones Unidas.

La agudeza y firmeza de las posiciones sustentadas por el Che en los años sesenta son convicciones que rebasan su tiempo. Sus planteamientos acerca de cómo poder avanzar entre todos para provocar un cambio sustancial del capitalismo y propiciar el advenimiento del socialismo a pesar de sus imperfecciones, marcan la aspiración de transitar por un mundo regido por la equidad y la ética, portador de la plena emancipación del hombre.

Una parte de esas posiciones fueron esgrimidas en el discurso pronunciado en Naciones Unidas, en diciembre de 1964, en el que hace un llamado a sustentar las demandas de los países menos beneficiados a través de un organismo internacional que los representara a todos por igual. De esa forma, emplaza a la ONU en el emprendimiento de nuevos caminos y a no dejarse presionar por el imperialismo, ¡lúcidas palabras para un presente aún incierto!

Al analizar el papel de las Naciones Unidas, donde todos los estados se reúnen para tratar de resolver problemas globales mediante sus representantes diplomáticos, la advertencia hecha por el Che del predominio de la violencia por encima de la moderación, impide la efectividad de un sistema mundial de convivencia entre los pueblos, dominado por la intolerancia y la violación elemental de los derechos humanos, el análisis realizado acerca de la situación internacional en cada una de las regiones existentes en el mundo, colocan sus afirmaciones más allá de lo temporal y espacial, en componentes de una verdadera integración como estrategia y de pautas imprescindibles en el contexto actual. Esa brecha entre ricos y pobres, acentuada después de desaparecida la confrontación Este-Oeste, predominante durante la Guerra Fría, se ha visto recrudecida con las políticas económicas neoliberales, que han ahondado en un mayor saqueo por parte de las potencias imperialistas y en la agudización de problemas ecológicos y de deterioro del medio ambiente.

Los planteamientos esgrimidos por el Che forman parte no solo de nuestra memoria histórica, sino del advenimiento de problemas más agudos, tal como afirmara al abogar por:

• Una adecuada efectividad en la integración de los pueblos subdesarrollados y con una fuerte resistencia al imperialismo.

• La promoción de organismos reales de concertación como vía para frenar la desintegración, incluyendo lo económico, lo político, lo sociológico, lo histórico y lo cultural.

• La necesidad de afianzar la solidaridad y el internacionalismo entre los pueblos, basada en una plena cooperación que permita su total transformación.

• Comenzar un nuevo proyecto de cambio a escala internacional que conduzca a un análisis global acorde con las realidades políticas nacionales, regionales y mundiales.

Esas breves pautas de un discurso esencial para comprender el alcance de su pensamiento político, en particular sobre sus posiciones acerca de la política internacional, cierran un ciclo que culmina con posturas más radicales y cuyos ejemplos más ilustrativos son el discurso pronunciado en Argelia en febrero de 1965 y su mundialmente conocido «Mensaje a la Tricontinental», publicado cuando se encontraba combatiendo en tierras bolivianas, en 1967.

Nos quedan lecciones necesarias de análisis sobre las verdaderas causas generadoras de conflictos y el intento de buscar soluciones mediante la prevención y la marcha de programas que ofrecieran condiciones básicas para la vida, un comercio justo ante los problemas económicos del mundo, la cooperación entre naciones y la conquista de la paz verdadera.

Como exponente de esas ideas, el proceso integrador que se está llevando a cabo en América Latina como alternativa política apta para alcanzar una real integración y soberanía, mediante la unidad y la creación de instituciones capaces de propiciar alianzas renovadoras y propias, se materializan en el accionar coherente de UNASUR, la CELAC y el Banco del Sur, entre otras, como la avanzada de relaciones de nuevo tipo en la región.

A pesar de la brevedad del análisis, la proyección internacional dentro del pensamiento y actuar del Che es expresión de un verdadero compromiso asumido para con la Revolución Cubana, unido a su férrea convicción de alcanzar un cambio global con la certeza de que, solo así, se podrá transitar por la verdadera emancipación de la humanidad. Su método de actuar en la política internacional, no solo entre los Estados sino además por intermedio de la solidaridad internacional entre los pueblos, expresa una especial fuerza vital en la construcción de verdaderas relaciones internacionales y en paradigma perdurable.

El Che en la OEA (1961)

Señor Presidente, Señores Delegados:

Como todas las Delegaciones, tenemos que empezar agradeciendo al Gobierno y al pueblo de Uruguay la cordial acogida que nos ha dispensado en esta visita.

Quisiera también agradecer personalmente al señor Presidente de la Asamblea el obsequio que nos hiciera de las obras completas de Rodó y explicarle que no iniciamos esta alocución con una cita de ese grande americano por dos circunstancias. La primera es que volvimos a Ariel después de muchos años, para buscar algún pasaje que representara, en el momento actual, las ideas de alguien que, más que uruguayo, es americano nuestro, americano del Río Bravo hacia el Sur, pero Rodó manifiesta en todo su Ariel la lucha violenta y las contradicciones de los pueblos latinoamericanos contra la nación que hace cincuenta años ya, también estaba interfiriendo nuestra economía y nuestra libertad política, lo que era impropio citar tratándose de un dueño de la casa.

Y la segunda razón, señor Presidente, es que el Presidente de una de las delegaciones aquí presentes nos hizo el regalo de una cita de Martí para iniciar su intervención. Contestaremos, pues, a Martí con Martí. A Martí con Martí, pero con el Martí antiimperialista y antifeudal, que murió de cara a las balas españolas luchando por la libertad de su patria y tratando de impedir, con la libertad de Cuba, que los Estados Unidos cayeran sobre la América Latina, como escribiera en una de sus últimas cartas.

En aquella Conferencia Monetaria Internacional, que el señor Presidente del Banco Interamericano recordó hablando de los setenta años de espera, en su alocución inaugural, decía Martí:

«Quien dice unión económica, dice unión política. El pueblo que compra manda, el pueblo que vende sirve; hay que equilibrar el comercio para asegurar la libertad; el pueblo que quiere morir, vende a un solo pueblo, y el que quiere salvarse vende a más de uno. El influjo excesivo de un país en el comercio de otro se convierte en influjo político. La política es obra de los hombres, que rinde sus sentimientos. Cuando un pueblo fuerte da de comer a otro se hace servir de él. Cuando un pueblo fuerte quiere dar batalla a otro, compele a la alianza y al servicio a los que necesitan de él. El pueblo que quiere ser libre, sea libre en negocios. Distribuya sus negocios entre otros países igualmente fuertes. Si ha de preferir a alguno, prefiera al que lo necesite menos. Ni uniones de América contra Europa, ni con Europa contra un pueblo de América. El caso geográfico de vivir juntos en América no obliga sino en la mente de algún candidato o algún bachiller a unión política. El comercio va por las vertientes de tierra y agua y detrás de quien tiene algo que cambiar por él, sea monarquía o república. La unión con el mundo, y no con una parte de él; no con una parte de él contra otra. Si algún oficio tiene la familia de repúblicas de América, no es el de ir de arria de una de ellas contra las repúblicas futuras.»

Ese era Martí hace 70 años, señor Presidente.

Bien, cumplido el deber elemental de evocación y retribuida la gentileza al señor Delegado que nos la hiciera antes, pasamos a la parte fundamental de esta intervención nuestra, al análisis de por qué estamos aquí, a caracterizar la Conferencia. Y tengo que decir, señor Presidente, que disiento, en nombre de Cuba, de casi todas las afirmaciones que se han hecho, aunque no sé si de todos los pensamientos íntimos de cada uno.

Tengo que decir que Cuba interpreta que esta es una Conferencia política, que Cuba no admite que se separe la economía de la política y que entiende que marchan constantemente juntas. Por eso no puede haber técnicos que hablen de técnica, cuando está de por medio el destino de los pueblos. Y voy a explicar, además, por qué esta Conferencia es política; es política, porque todas las conferencias económicas son políticas; pero es además política, porque está concebida contra Cuba, y está concebida contra el ejemplo que Cuba significa en todo el Continente americano.

Y si no, veamos; el día 10, en Fuerte Amador, zona del Canal, el General Decker, mientras instruye a una serie de militares latinoamericanos en el arte de reprimir a los pueblos, habla de la Conferencia Técnica de Montevideo y dice que hay que ayudarla. Pero eso no es nada; en el mensaje inaugural del 5 de agosto de 1961, el Presidente Kennedy afirmó:

«Ustedes, los participantes de esta Conferencia, atraviesan un momento histórico en la vida de este hemisferio. Esta reunión es algo más que una discusión de temas económicos o una conferencia técnica sobre el desarrollo: constituye en verdad, una demostración de la capacidad de las naciones libres para resolver los problemas materiales y humanos del mundo moderno.»

Podría seguir con la cita del señor Primer Ministro del Perú, donde se refiere a temas políticos, también; pero, para no cansar a los señores Delegados, pues preveo que mi intervención será algo larga, me referiré a algunas afirmaciones hechas por los «técnicos», a los que nosotros les ponemos comillas, del Punto V del Temario.

En la página 11, al final, como conclusión definitiva, dice: «Establecer, en el plano hemisférico y en el nacional, procedimientos regulares de consulta con los comités asesores sindicales a fin de que puedan cumplir un papel influyente en la formulación política de los programas, que se aprueben en la Reunión Extraordinaria.»

Y para remachar mi afirmación, para que no quede duda de mi derecho a hablar de política, que es lo que pienso hacer, en nombre del Gobierno de Cuba, una cita de la página 7 de ese mismo informe del punto V en cuestión:

«La tardanza en aceptar el deber que incumbe a los medios de información democrática en orden a defender los valores esenciales de nuestra civilización, sin desfallecimiento ni compromisos de orden material, significaría un daño irreparable para la sociedad democrática y el peligro eminente de la desaparición de las libertades que hoy gozan, como ha ocurrido en Cuba -Cuba, con todas las letras-, donde hoy sólo existen prensa, radio, televisión y cine controlados por el poder absoluto del Gobierno.»

Es decir, señores Delegados, que en el informe a discutir se enjuicia a Cuba desde el punto de vista político; pues bien, desde el punto de vista político Cuba dirá todas sus verdades y, además, desde el punto de vista económico también.

Estamos de acuerdo en una sola cosa con el informe del Punto V de los señores técnicos, en una sola frase, que define la situación actual:

«Una nueva etapa comienza en las relaciones de los pueblos de América», dice, y es cierto. Sólo que esa nueva etapa comienza bajo el signo de Cuba, Territorio Libre de América, y esta Conferencia y el trato especial que han tenido las Delegaciones y los créditos que se aprueben, tienen todos el nombre de Cuba, les guste o no les guste a los beneficiarios, porque ha habido un cambio cualitativo en América, como es el que un país se pueda alzar en armas, destruir a un ejército opresor, formar un nuevo ejército popular, plantarse frente al monstruo invencible, esperar el ataque del monstruo y derrotarlo también.

Y eso es algo nuevo en América, señores; eso es lo que hace hablar este lenguaje nuevo y que las relaciones se hagan más fáciles entre todos, menos, naturalmente, entre los dos grandes rivales de esta Conferencia.

Cuba, en este momento, no puede ni siquiera hablar de América solamente. Cuba es parte de un mundo que está en tensión angustiada, porque no sabe si una de las partes -la más débil, pero la más agresiva- cometerá el torpe error de desencadenar un conflicto que, necesariamente, sería atómico. Y Cuba está atenta, señores Delegados, porque sabe que el imperialismo sucumbiría envuelto en llamas, pero que Cuba también pagaría en sus carnes el precio de la derrota del imperialismo, y aspira a que ésta se produzca por otros medios. Cuba aspira a que sus hijos vean un porvenir mejor y a no tener que pagar el precio de la victoria con la vida de millones de seres humanos destruidos por la metralla atómica.

La situación está tensa en el mundo. Aquí estamos reunidos no sólo por Cuba, ni mucho menos. El imperialismo necesita asegurar su retaguardia, porque la batalla está en todos los lados, en un momento de profunda angustia.

La Unión Soviética ha reafirmado su decisión de firmar la paz en Berlín, y el Presidente Kennedy ha anunciado que puede ir hasta la guerra por Berlín. Pero no está Berlín solamente, no está Cuba solamente; está Laos, por otro lado está el Congo, donde Lumumba fue asesinado por el imperialismo; está el Viet Nam dividido, está Corea dividida, Formosa en manos de la pandilla de Chiang Kai-Shek, Argelia desangrada, y a la que ahora pretenden dividirla también; y Túnez, cuya población el otro día fue ametrallada por cometer el «crimen» de querer reivindicar su territorio.

Así es el mundo de hoy, señores Delegados, y es así como tenemos que verlo para interpretar esta Conferencia y para poder sacar las conclusiones que permitan que nuestros pueblos vayan hacia un futuro feliz, de desarrollo armónico, o que se conviertan en apéndices del imperialismo en la preparación de una nueva y terrible guerra o, también que se desangren en luchas intestinas cuando los pueblos -como casi todos ustedes lo han anunciado-, cansados de esperar, cansados de ser engañados una vez más, comiencen el camino que Cuba una vez inició, el de quitarle armas al ejército enemigo que representa la reacción y el de destruir, hasta sus bases, todo un orden social que está hecho para explotar al pueblo.

La historia de la Revolución cubana es corta en años, señor Presidente, y rica en hechos; rica en hechos positivos y rica, también, en las amarguras de las agresiones sufridas.

Puntualizaremos algunas, para que se entienda bien que hay una larga cadena que nos lleva a desembocar aquí.

En octubre de 1959, solamente se había realizado la Reforma Agraria como medida fundamental económica del Gobierno Revolucionario. Aviones piratas, que partían de Estados Unidos, volaron sobre el territorio aéreo de La Habana y, como consecuencia de los propios proyectiles que arrojaron, más el fuego de nuestras baterías antiaéreas, se produjeron dos muertos y medio centenar de heridos. Luego, tuvieron lugar las quemas de los campos de cañas, lo que constituye una agresión económica, una agresión a nuestra riqueza y que fue negada por los Estados Unidos hasta que estalló un avión -con piloto y todo- y se demostró, indiscutiblemente, la procedencia de esas naves piratas. Esta vez el gobierno norteamericano tuvo la gentileza de pedir disculpas. Fue también bombardeado por una de estas naves el Central España, en febrero de 1960.

En marzo de ese año, el vapor «Le Couvre», que traía armas y municiones de Bélgica, estalló en los muelles de La Habana, en un accidente que los técnicos catalogaron de intencional ocasionando cien muertos.

En mayo de 1960, el conflicto con el imperialismo se hizo frontal y agudo. Las compañías de petróleo que operaban en Cuba, invocando el derecho de la fuerza y desdeñando las leyes de la República que especificaban bien claro sus obligaciones, se negaron a procesar el petróleo que habíamos comprado a la Unión Soviética, en uso de nuestro libre derecho a comerciar con todo el mundo y no con una parte de él, como decía Martí.

Todos saben cómo respondió la Unión Soviética mandándonos, en un verdadero esfuerzo, centenares de naves para mover tres millones seiscientas mil toneladas anuales -el total de nuestra importación de petróleo crudo- y mantener funcionando todo el aparato industrial que se mueve hoy a partir del petróleo.

En julio de 1960 se produce la agresión económica contra el azúcar cubano, de la que algunos gobiernos no se han percatado todavía. Se agudizan las contradicciones y se produce la reunión de la OEA en Costa Rica, en agosto de 1960. Allí -en agosto de 1960, repito-, se declara:

«Se condena enérgicamente la intervención o amenaza de intervención, aun cuando sea condicionada, de una potencia extracontinental en asuntos de las repúblicas americanas, y declara que la aceptación de una amenaza de intervención extracontinental por parte de un Estado americano pone en peligro la solidaridad y la seguridad americanas, lo que obliga a la Organización de los Estados Americanos a desaprobarla y rechazarla con igual energía.»

Es decir, los países hermanos de América, reunidos en Costa Rica, nos negaron el derecho a que nos defendieran. Es una de las más curiosas negaciones que se ha producido en la historia del Derecho Internacional. Naturalmente que nuestro pueblo es un poco desobediente a la voz de las asambleas técnicas y se reunió en la Asamblea de La Habana aprobando, por unanimidad -más de un millón de manos levantadas al cielo, una sexta parte de la población total del país-, la declaración que se llamó «Declaración de la Habana», en la cual, en alguno de sus puntos expresa:

«La Asamblea General Nacional del Pueblo reafirma -y está segura de hacerlo como expresión de un criterio común a los pueblos de la América Latina-, que la democracia no es compatible con la oligarquía financiera, con la existencia de la discriminación del negro y los desmanes del Ku-Klux-Klan, con la persecución que privó de sus cargos a científicos como Oppenheimer, que impidió durante años que el mundo escuchara la voz maravillosa de Paul Robeson, preso en su propio país, y que llevó a la muerte, ante la protesta y el espanto del mundo entero y pese a la apelación de gobernantes de diversos países y del Papa Pío XII, a los esposos Rosenberg.

La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba expresa la convicción cubana de que la democracia no puede consistir sólo en el ejercicio de un voto electoral que casi siempre es ficticio y está manejado por latifundistas y políticos profesionales, sino en el derecho de los ciudadanos a decidir, como ahora lo hace esta Asamblea del Pueblo, sus propios destinos. La democracia, además, sólo existirá en América Latina cuando los pueblos sean realmente libre para escoger, cuando los humildes no estén reducidos -por el hambre, la desigualdad social, el analfabetismo y los sistemas jurídicos-, a la más ominosa impotencia.»

Además, en aquel momento «La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba condena, en fin, la explotación del hombre por el hombre, y la explotación de los países subdesarrollados por el capital financiero imperialista.»

Aquella fue una declaración de nuestro pueblo, hecha a la faz del mundo, para demostrar nuestra decisión de defender con las armas, con la sangre y con la vida, nuestra libertad y nuestro derecho a dirigir los destinos del país, en la forma que nuestro pueblo considera más convincente.

Vinieron después muchas escaramuzas y batallas, verbales a veces, con los hechos otras, gasta que en diciembre de 1960 la cuota azucarera cubana en el mercado americano fue definitivamente cortada. La Unión Soviética respondió en la forma que ustedes conocen, otros países socialistas también y se firmaron contratos para vender en toda el área socialista cuatro millones de toneladas, a un precio preferencial de cuatro centavos, lo que naturalmente salvó la situación de Cuba, que es hasta hoy tan monoproductora, desgraciadamente, como la mayoría de los pueblos de América, y era tan dependiente de un solo mercado, de un solo producto -en ese momento-, como lo son hoy los restantes países hermanos.

Pareció que el Presidente Kennedy inauguraba la nueva época de que tanto se ha hablado. A pesar de que también la lucha verbal había sido dura entre el Presidente Kennedy y el Primer Ministro de nuestro Gobierno, esperamos que mejoraran las cosas. El Presidente Kennedy pronunció un discurso en el que se advertía claramente una serie de actitudes a tomar en América, pero parecía anunciar al mundo que el caso de Cuba debía considerarse ya como algo cristalizado, como un fait accompli.

Nosotros estábamos movilizados en aquella época. Después del discurso de Kennedy, al día siguiente, se ordenó la desmovilización. Desgraciadamente, el día 13 de marzo de 1961, el Presidente Kennedy hablaba de la «Alianza para el Progreso». Hubo ese mismo día, además, un ataque pirata a nuestra refinería en Santiago de Cuba, poniendo en peligro las instalaciones y cobrando la vida de uno de sus defensores. Estábamos, pues, nuevamente frente a una situación de hecho.

En aquel discurso, que no dudo será memorable, Kennedy hablaba también de que esperaba que los pueblos de Cuba y de la República Dominicana, por los que él manifestaba una gran simpatía, pudieran ingresar al seno de las naciones libres. Al mes se producía Playa Girón, y pocos días después era asesinado misteriosamente el presidente Trujillo. Nosotros siempre fuimos enemigos del presidente Trujillo, simplemente establecemos el hecho crudo, y que no se ha esclarecido de ninguna manera hasta hoy.

Después, se estableció una verdadera obra maestra de la beligerancia y la ingenuidad política, que dio en llamarse Libro Blanco. Según las revista que hablan tanto en los Estados Unidos, hasta provocar las iras del presidente Kennedy, su autor es uno de los distinguidos asesores de la Delegación norteamericana, que hoy está con nosotros. Es una acusación llena de tergiversaciones sobre la realidad cubana, que estaba concebida para la preparación de lo que ya venía.

«El régimen revolucionario ha traicionado su propia revolución», decía el Libro Blanco, como si fuera el juez de las revoluciones, y de cómo hacer las revoluciones, y el gran calificador de las revoluciones de América.

«El régimen de Castro representa un peligro para la auténtica revolución de América…», porque la palabra revolución también necesita, como decía alguno de los miembros de la presidencia, limpiar fondos de vez en cuando.

«El régimen de Castro renuente a negociar amistosamente…», a pesar de que muchas veces hemos dicho que nos sentamos en pie de igualdad a discutir nuestros problemas con Estados Unidos, y aprovecho la oportunidad ahora, en nombre de mi Gobierno, señor presidente para afirmar, una vez más, que Cuba está dispuesta a sentarse a discutir en pie de igualdad todo lo que la Delegación de Estados Unidos quiera discutir, nada más que sobre la base estricta de que no haya condiciones previas. Es decir, que nuestra posición es clarísima a ese respecto.

Se llama en el Libro Blanco, al pueblo de Cuba a la subversión y a la revolución «contra el régimen de Castro»; pero, sin embargo, el día 13 de abril el Presidente Kennedy, una vez más, tomaba la palabra y afirmaba categóricamente que no invadiría Cuba y que las fuerzas armadas de Estados Unidos no intervendrían nunca en los asuntos internos de Cuba. Dos días después, aviones desconocidos bombardeaban nuestros aeropuertos y reducían a cenizas la mayoría de nuestra fuerza aérea, vetusta, remanente de lo que habían dejado los batistianos en su fuga.

El señor Stevenson, en el Consejo de Seguridad, dio enfática seguridad de que eran pilotos cubanos, de nuestra fuerza aérea, «descontentos con el régimen de Castro», los que habían cometido tal hecho y afirmó haber conversado con ellos.

El día 17 de abril se produce la fracasada invasión donde nuestro pueblo entero, compacto y en pie de guerra, demostró una vez más que hay fuerzas mayores que las de la propaganda generalizada, que hay fuerzas mayores que la fuerza brutal de las armas, que hay valores más grandes que los valores del dinero, y se lanzó en tropel por los estrechísimos callejones que conducían al campo de batalla, siendo masacrados en el camino muchos de ellos por la superioridad aérea enemiga. Nueve pilotos cubanos fueron los héroes de aquella jornada, con los viejos aparatos. Dos de ellos rindieron su vida; siete son testigos excepcionales del triunfo de las armas de la libertad.

Acabó Playa Girón y, para no decir nada más sobre esto, porque «a confesión de parte relevo de pruebas», señores Delegados, el presidente Kennedy tomó sobre sí la responsabilidad total de la agresión. Quizás en ese momento no recordó las palabras que había pronunciado pocos días antes.

Podíamos pensar nosotros que había acabado la historia de las agresiones; sin embargo, como dicen los periodistas, les daré la primicia. El día 26 de julio de este año, grupos de contrarrevolucionarios armados en la Base Naval de Guantánamo esperaban al comandante Raúl Castro en dos lugares estratégicos, para asesinarlo. El plan era inteligente y macabro. Le tirarían al comandante Raúl Castro mientras iba por la carretera, de su casa a la manifestación con que celebrábamos nuestra fecha revolucionaria. Si fracasaban, dinamitarían la base, o, mejor dicho, harían estallar las bases ya dinamitadas del palco desde donde presidiría nuestro compañero Raúl Castro esa manifestación patriótica. Y pocas horas después, señores Delegados, morteros norteamericanos, desde territorio cubano, empezarían a disparar sobre la Base Naval de Guantánamo. El mundo entero, entonces, se explicaría claramente la cosa: los cubanos, exasperados, porque en medio de sus rencillas particulares uno de esos «comunistas que existen ahí» fue asesinado, empezaban a atacar la Base Naval de Guantánamo, y los pobres Estados Unidos no tendrían otra cosa que hacer que defenderse.

Ese era el plan, que nuestras fuerzas de seguridad, bastante más efectivas de lo que pudiera suponerse, descubrieron hace unos días.

Bien. Por todo esto que he relatado es por lo que considero que la Revolución cubana no puede venir a esta Asamblea de ilustres técnicos a hablar de cosas técnicas. Yo sé que ustedes piensan que «además, porque no saben», y quizás tengan razón. Pero lo fundamental es que la política y los hechos, tan tozudos, que constantemente están presentes en nuestra situación, nos impiden venir a hablar de números o analizar las perfecciones de los técnicos del CIES.

Hay una serie de problemas políticos que están dando vueltas. Uno de ellos es político-económico: es el de los tractores. Quinientos tractores no es un valor de cambio. Quinientos tractores es lo que estima nuestro Gobierno que puede permitirle reparar los daños materiales que hicieron los mil doscientos mercenarios. No pagan ni una vida, porque las vidas de nuestros ciudadanos no estamos acostumbrados a valorarlas en dólares o en equipos de cualquier clase. Y mucho menos la vida de los niños que murieron allí, y de las mujeres que murieron allí en Playa Girón.

Pero nosotros aclaramos que, si les parece una transacción odiosa, del tiempo de la piratería, el cambiar seres humanos -a quienes nosotros llamamos gusanos- por tractores, podríamos hacer la transacción de seres humanos por seres humanos. Hablamos a los señores de Estados Unidos; les recordamos al gran patriota Pedro Albizu Campos, moribundo ya después de años y años de estar en una mazmorra del imperio, y les ofrecimos lo que quisieran por la libertad de Albizu Campos; recordamos a los países de América que tuvieran presos políticos en sus cárceles que podíamos hacer el cambio. Nadie respondió.

Naturalmente, nosotros no podemos forzar ese trueque. Está simplemente, a disposición de quienes estimen la libertad de los «valerosos» contrarrevolucionarios cubanos -el único ejército del mundo que se rindió completo, casi sin bajas-, quien estime que estos sujetos deben estar en libertad, pues que deje en libertad a sus presos políticos, y toda América estará con sus cárceles resplandecientes o, al menos, sus cárceles políticas sin preocupaciones.

Hay algún otro problema, también de índole político-económica. Es, señor Presidente, que nuestra flota aérea de transportes está quedándose, avión por avión, en los Estados Unidos. El procedimiento es simple: suben algunas damas con armas ocultas entre las ropas; se las dan a sus cómplices; los cómplices asesinan al custodio, le ponen en la cabeza la pistola al piloto, el piloto enfila hacia Miami, y una compañía, legalmente, por supuesto -porque en Estados Unidos todo se hace legalmente-, establece un recurso por deudas contra el Estado Cubano, y entonces el avión se confisca.

Pero resulta que hubo uno de los tantos cubanos patriotas -además hubo un norteamericano patriota, pero ése no es nuestro- hubo un cubano patriota que andaba por ahí, y él solito, sin que nadie le dijera nada, decidió enmendar la plana de los ladrones de bimotores y trajo a las playas cubanas un cuatrimotor precioso. Naturalmente, nosotros no vamos a utilizar ese cuatrimotor, que no es nuestro. La propiedad privada la respetamos nosotros pero exigimos el derecho de que se nos respete, señores; exigimos el derecho de que no haya más farsas; el derecho de que haya órganos americanos que puedan hablar y decirles a los Estados Unidos: «señores, ustedes están haciendo un vulgar atropello; no se pueden quitar los aviones a un Estado, aunque estén contra ustedes; esos aviones no son suyos, devuelvan esos aviones, o serán sancionados.» Naturalmente, sabemos que, desgraciadamente, no hay organismo interamericano que tenga esa fuerza.

Apelamos, sin embargo, en este augusto cónclave, al sentimiento de equidad y justicia de la Delegación de los Estados Unidos, para que se normalice la situación de los robos respectivos de aviones.

Es necesario explicar qué es la Revolución cubana, qué es este hecho especial que ha hecho hervir la sangre de los imperios del mundo y, también, hervir la sangre, pero de esperanza, de los desposeídos del mundo -o de estas partes del mundo, al menos.

Es una Revolución agraria, antifeudal y antiimperialista, que fue transformándose por imperio de su evolución interna y de las agresiones externas, en una revolución socialista y que lo proclama así, ante la faz de América: una revolución socialista.

Una revolución socialista que tomó la tierra del que tenía mucho, y se la dio al que estaba asalariado en esa tierra, o la distribuyó en cooperativas entre otros grupos de personas que no tenían ni siquiera tierras donde trabajar, aun cuando fuera como asalariado.

Es una revolución que llegó al poder con su propio ejército y sobre las ruinas del ejército de la opresión; que se sentó en el poder, miró a su alrededor, y se dedicó, sistemáticamente, a destruir todas las formas anteriores de la estructura que mantenía la dictadura de una clase explotadora sobre la clase de los explotados.

Destruyó el ejército totalmente, como casta, como institución, no como hombres, salvo los criminales de guerra, que fueron fusilados, también de cara a la opinión pública del Continente y con la conciencia bien tranquila.

Es una revolución que ha reafirmado la soberanía nacional y, por primera vez, ha planteado para sí y para todos los pueblos de América, y para todos los pueblos del mundo, la reivindicación de los territorios injustamente ocupados por otras potencias.

Es una revolución que tiene una política exterior independiente, que viene aquí a esta Reunión de Estados americanos, como una más entre los latinoamericanos; que va a la reunión de los países No alineados como uno de sus miembros importantes y que se sienta en las deliberaciones con los países socialistas, y éstos lo consideran un país hermano.

Es, pues, una Revolución con características humanistas. Es solidaria con todos los pueblos oprimidos del mundo; solidaria, señor Presidente, porque también lo decía Martí: «Todo hombre verdadero debe sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de hombre.» Y cada vez que una potencia imperial avasalla un territorio les está dando una bofetada a todos los habitantes de ese territorio.

Por eso nosotros luchamos, indiscriminadamente, sin preguntar el régimen político ni las aspiraciones de los países que luchan por su independencia; luchamos por la independencia de los países, luchamos por la reivindicación de los territorios ocupados. Apoyamos a Panamá, que tiene un pedazo de su territorio ocupado por los Estados Unidos. Llamamos Islas Malvinas, y no Falkland, a las del sur de la Argentina, y llamamos Isla del Cisne a la que Estados Unidos arrebató a Honduras y desde donde nos está agrediendo por medios telegráficos y radiales.

Luchamos constantemente aquí, en América, por la independencia de las Guayanas y de las Antillas Británicas; donde aceptamos el hecho de Belice independiente, porque Guatemala ya ha renunciado a su soberanía sobre ese pedazo de su territorio; y luchamos también en el Africa, en el Asia, en cualquier lugar el mundo donde el poderoso oprime al débil, para que el débil alcance su independencia, su autodeterminación y su derecho a dirigirse como Estado soberano.

Nuestro pueblo -permítasenos decirlo-, en ocasión del terremoto que asoló a Chile, fue a ayudarlo en la medida de sus fuerzas, con su producto único, con el azúcar. Una ayuda pequeña, pero, sin embargo fue una ayuda que no exigía nada; fue simplemente la entrega al país hermano, al pueblo hermano, de algo de alimento para sobrellevar esas horas angustiosas. Ni nos tiene que agradecer nada ese pueblo, ni, mucho menos, nos debe nada. Nuestro deber hizo que entregáramos lo que entregamos.

Nuestra revolución nacionalizó la economía nacional; nacionalizó las industrias fundamentales, incluyendo la minería; nacionalizó todo el comercio exterior, que está, ahora, en manos del Estado, y se dedicó a su diversificación, comerciando con todo el mundo; nacionalizó el sistema bancario para tener en sus manos el instrumento eficaz con que ejercer técnicamente el crédito de acuerdo con las necesidades del país.

Hace participar a sus trabajadores en la dirección de la economía nacional planificada, y ha realizado, hace pocos meses, la Reforma Urbana, mediante la cual entregó a cada habitante del país la casa donde residía, quedando dueño de ella con la sola condición de pagar lo mismo que estaba pagando hasta ese momento, de acuerdo con una tabla, durante determinado número de años.

Tomó muchas medidas de afirmación de la dignidad humana, incluyendo, casi entre las primeras, la abolición de la discriminación racial -porque en nuestro país existía la discriminación racial, señores Delegados; en una forma algo sutil, pero existía. Las playas de nuestra Isla no servía para que se bañaran el negro ni el pobre, porque pertenecían a un club privado, y venían turistas de otras playas a los que no les gustaba bañarse con los negros.

Nuestros hoteles, los grandes hoteles de La Habana, que eran construidos por compañías extranjeras, no permitían dormir allí a los negros, porque a los turistas que venían de otros países no les gustaban los negros.

Así era nuestro país. La mujer no tenían ninguna clase de derecho igualitario: se le pagaba menos por el trabajo igual, se la discriminaba como en la mayoría de nuestros países americanos.

La ciudad y el campo eran dos zonas en permanente lucha y de esa lucha sacaba el imperialismo la fuerza de trabajo suficiente, para pagarla mal y discontinuadamente.

Nosotros realizamos una Revolución en todo esto y realizamos, también, una auténtica revolución en la educación, la cultura y la salud.

Este año queda eliminado el analfabetismo en Cuba. Ciento cuatro mil alfabetizadores de todas las edades están por los campos de Cuba alfabetizando a 1.250.000 analfabetos -porque en Cuba sí había analfabetos: había 1.250.000 analfabetos, mucho más de lo que las estadísticas oficiales de tiempos anteriores decían.

Hemos extendido, para este año, la enseñanza primaria obligatoria a 9 grados, y la enseñanza media a toda la población escolar en forma gratuita y obligatoria; hemos convertido los cuarteles en escuelas; hemos realizado la Reforma Universitaria, dando libre acceso a todo el pueblo a la cultura superior, a las ciencias y tecnologías modernas; hemos hecho una gran exaltación de los valores nacionales frente a la deformación cultural producida por el imperialismo, y las manifestaciones de nuestro arte recogen los aplausos de los pueblos del mundo -de todos no, en algunos lugares no les dejan entrar; exaltación del patrimonio cultural de toda nuestra América Latina, que se manifiesta en premios anuales dados a literatos de todas las latitudes de América, y cuyo premio de poesía, señor Presidente, ganó el laureado poeta Roberto Ibáñez, en la última confrontación; extensión de la función social de la medicina en beneficio de campesinos y trabajadores urbanos humildes; deportes para todo el pueblo, que se reflejan en 75.000 personas desfilando el 25 de julio en una fiesta deportiva realizada en honor del primer cosmonauta del mundo, comandante Yuri Gagarin; la apertura de las playas populares, a todos, por supuesto que sin distinción de colores ni de ideologías y, además, gratuita; y los Círculos Sociales Obreros, en que fueron transformados todos los círculos exclusivistas de nuestro país -había muchos.

Bien, señores técnicos, compañeros Delegados, ha llegado la hora de referirse a la parte económica del temario. El Punto I, muy amplio, hecho también por técnicos muy sesudos, es la planificación del desarrollo económico y social en la América Latina.

Me voy a referir a algunas de las afirmaciones de los señores técnicos, con el ánimo de refutarlos desde el punto de vista técnico, y expresar, a continuación. los puntos de vista de la Delegación cubana sobre lo que es una planificación del desarrollo.

La primera incongruencia que observamos en el trabajo está expresada en esta frase: «A veces se expresa la idea de que un aumento en el nivel y la diversidad de la actividad económica resulta necesariamente en la mejoría de las condiciones sanitarias. Sin embargo, el Grupo es de opinión que el mejoramiento de las condiciones sanitarias no sólo es deseable en sí mismo, sino que constituye un requisito esencial, previo al crecimiento económico, y debe formar, por lo tanto, parte esencial de los programas de desarrollo de la región.»

Esto, por otra parte, se ve reflejado, también, en la estructura de préstamos del Banco Interamericano de Desarrollo, pues en el análisis de hicimos de los 120 millones prestados en primer término, 40 millones, es decir una tercera parte, corresponden directamente a préstamos de este tipo: para casa de habitación, para acueductos, alcantarillados.

Es un poco… yo no sé, pero casi lo calificaría como una condición colonial; me da la impresión de que se está pensando en hacer la letrina como cosa fundamental. Eso mejora las condiciones sociales del pobre indio, del pobre negro, del pobre individuo que yace en una condición sub-humana; «vamos a hacerle letrina y entonces, después que le hagamos letrina, y después que su educación le haya permitido mantenerla limpia, entonces podrá gozar de los beneficios de la producción». Porque es hacer notar, señores Delegados, que el tema de la industrialización no figura en el análisis de los señores técnicos. Para los señores técnicos planificar es planificar la letrina. Lo demás, ¡quién sabe cómo se hará!

Si me permite el señor Presidente, lamentaré profundamente, en nombre de la Delegación cubana, haber perdido los servicios de un técnico tan eficiente como el que dirigió este Primer Grupo, el doctor Felipe Pazos. Con su inteligencia y su capacidad de trabajo, y nuestra actividad revolucionaria, en dos años Cuba sería el paraíso de la letrina, aun cuando no tuviéramos ni una sola de las 250 fábricas que estamos empezando a construir, aun cuando no hubiéramos hecho Reforma Agraria.

Yo me pregunto, señores Delegados, si es que se pretende tomarnos el pelo, no a Cuba, porque Cuba está al margen, puesto que la Alianza por el Progreso no está hecha para Cuba, sino en contra, y no se establece darle un centavo a ella, pero sí a todos los demás Delegados. ¿No tienen un poco la impresión de que se les está tomando el pelo? Se dan dólares para hacer carreteras, se dan dólares para hacer caminos, se dan dólares para hacer alcantarillas; señores, ¿con qué se hacen las carreteras, con qué se hacen los caminos, con qué se hacen los alcantarillados, con qué se hacen las casas? No se necesita ser un genio para eso. ¿Por qué no se dan dólares para equipos, dólares para maquinarias, dólares para que nuestros países subdesarrollados, todos, puedan convertirse en países industriales-agrícolas, de una sola vez? Realmente, es triste.

En la página 10, en los elementos de planificación del desarrollo en el Punto 6, se establece quién es el verdadero autor de este plan.

Dice el Punto 6: «Establecer las bases más sólidas para la concesión y utilización de ayuda financiera externa, especialmente al proporcionar criterios eficaces para evaluar proyectos individuales.»

Nosotros no vamos a establecer las bases más sólidas para la concesión y utilización, porque nosotros no somos los que concedemos; son ustedes los que reciben, no que conceden; nosotros -Cuba- quienes miramos, y quienes conceden son los Estados Unidos. Entonces, este Punto 6 es redactado directamente por los Estados Unidos, es la recomendación de los Estados Unidos y éste es el espíritu de todo este engendro llamado Punto 1.

Pero bien, quiero dejar constancia de una cosa: hemos hablado mucho de política, hemos denunciado que hay aquí una confabulación política, en conversaciones con los señores Delegados hemos puntualizado el derecho de Cuba a expresar estas opiniones, porque se ataca directamente a Cuba en el Punto 5.

Sin embargo, Cuba no viene, como pretenden algunos periódicos o muchos voceros de empresas de información extranjera, a sabotear la reunión. Cuba viene a condenar lo condenable desde el punto de vista de los principios, pero viene también a trabajar armónicamente, si es que se puede, para conseguir enderezar esto, que ha nacido muy torcido, y está dispuesta a colaborar con todos los señores Delegados para enderezarlo y hacer un bonito proyecto.

El honorable señor Douglas Dillon, en su discurso, citó el financiamiento; eso es importante. Nosotros, para juntarnos todos a hablar de desarrollo tenemos que hablar de financiamiento, y todos nos hemos juntado para hablar con el único país que tiene capitales para financiar.

Dice el señor Dillon: «Mirando los años venideros y a todas las fuentes de financiamiento externo -entidades internacionales, Europa y el Japón, así como Norteamérica, las nuevas inversiones privadas y las inversiones de fondos públicos- si Latinoamérica toma las medidas internas necesarias -condición previa- podrá lógicamente esperar que sus esfuerzos -no es tampoco que si toma las medidas ya está concedido, sino que «podrá lógicamente esperarse»- que sus esfuerzos serán igualados por un flujo de capital del orden de por lo menos veinte mil millones de dólares en los próximos diez años. Y la mayoría de estos fondos procederán de fuentes oficiales.»

¿Esto es lo que hay? No, lo que hay son quinientos millones aprobados, esto es de lo que se habla. Hay que puntualizar bien esto, porque es el centro de la cuestión. ¿Qué se quiere decir? -y yo aseguro que no lo pregunto por nosotros, sino en el bien de todos- ¿qué quiere decir: «si Latinoamérica toma las medidas internacionales necesarias»; y qué quiere decir: «podrá lógicamente esperar»?

Creo que después en el trabajo de las Comisiones o en el momento en que el Representante de los Estados Unidos lo juzgue oportuno, habrá que precisar un poco este detalle, porque veinte mil millones es una cifra interesante. Es nada más que las dos terceras partes de la cifra que nuestro Primer Ministro anunció como necesaria para el desarrollo de América; un poquito más que se empuje y llegamos a los treinta mil millones. Pero hay que llegar a esos treinta mil millones contantes y sonantes, uno a uno, en las arcas nacionales de cada uno de todos los países de América, menos esta pobre cenicienta que, probablemente, no recibirá nada.

Allí es donde nosotros podemos ayudar, no en plan de chantaje, como se está previendo, porque se dice: No, Cuba es la gallina de los huevos de oro, está Cuba, mientras esté Cuba, los Estados Unidos dan. No, nosotros no venimos en esa forma, nosotros venimos a trabajar, a tratar de luchar en el plano de los principios y de las ideas, para que nuestros pueblos se desarrollen, porque todos o casi todos los señores Representantes han dicho: Si la Alianza para el Progreso fracasa, nada puede detener la ola de movimientos populares -yo lo digo con mis términos, pero eso se quiso decir-, nada puede detener las olas de movimientos populares, si la Alianza para el Progreso fracasa, y nosotros estamos interesados en que no fracase, en la medida que signifique para América una real mejoría en los niveles de vida de todos sus doscientos millones de habitantes. Puedo hacer aquí esta afirmación con honestidad y con toda sinceridad.

Nosotros hemos diagnosticado y previsto la revolución social en América, la verdadera, porque los acontecimientos se están desarrollando de otra manera, porque se pretende frenar a los pueblos con bayonetas, y cuando el pueblo sabe que puede tomar las bayonetas y volverlas contra quien las empuña, ya está perdido quien las empuña. Pero si el camino de los pueblos se quiere llevar por este desarrollo lógico y armónico, por préstamos a largo plazo con intereses bajos, como anunció el señor Dillon, a cincuenta años de plazo, también nosotros estamos de acuerdo.

Lo único, señores Delegados, es que todos juntos tenemos que trabajar para que aquí se concrete esa cifra y para asegurar que el Congreso de Estados Unidos la apruebe, porque no se olviden que estamos frente a un régimen presidencial y parlamentario, no es una «dictadura» como Cuba, donde se para un señor representante de Cuba y habla en nombre del Gobierno, y hay responsabilidad de sus actos; aquí, además, tiene que ser ratificado allí, y la experiencia de todos los señores Delegados es que muchas veces no fueron ratificadas allí las promesas que se hicieron aquí.

Bien, es muy largo lo que tengo que decir en cada uno de los puntos, abreviaremos para discutirlos, con espíritu fraterno, en las Comisiones. Simplemente unos datos generales, unas apreciaciones generales.

La tasa de crecimiento que se da como una cosa bellísima para toda América es 2,5% de crecimiento neto. Bolivia anunció 5% para diez años, nosotros felicitamos al Representante de Bolivia y le decimos, que con un poquito de esfuerzo y de movilización de las fuerzas populares, puede decir 10%. Nosotros hablamos de 10% de desarrollo sin miedo ninguno, 10% de desarrollo es la tasa que prevé Cuba para los años venideros. ¿Qué indica esto, señores Delegados? que si cada uno va por el camino que va, cuando toda América, que actualmente tiene aproximadamente un per cápita de 330 dólares y vea crecer su producto neto en 2,5% anual allá por el año 1980, tendrá quinientos dólares per cápita. Claro que para muchos países es un verdadero fenómeno.

¿Qué piensa tener Cuba en el año 1980? Pues un ingreso neto per cápita de unos tres mil dólares, más que los Estados Unidos actualmente. Y si no nos creen, perfecto; aquí estamos para la competencia, señores. Que se nos deje en paz, que nos dejen desarrollar y que dentro de veinte años vengamos todos de nuevo, a ver si el canto de sirena era el de la Cuba revolucionaria o era otro. Pero nosotros anunciamos, responsablemente, esa tasa de crecimiento anual.

Los expertos sugieren sustitución de ineficientes latifundios y minifundios por fincas bien equipadas. Nosotros decimos: ¿quieren hacer Reforma Agraria?, tomen la tierra al que tiene mucha y dénsela al que no la tiene. Así se hace Reforma Agraria, lo demás es canto de sirena. La forma de hacerlo: si se entrega un pedazo en parcelas de acuerdo con todas las reglas de la propiedad privada; si se hace en propiedad colectiva; si se hace una mezcla -como tenemos nosotros- eso depende de las peculiaridades de cada pueblo. Pero la Reforma Agraria se hace liquidando los latifundios, no yendo a colonizar allá lejos.

Y así podría hablar de la redistribución del ingreso que, en Cuba se hizo efectiva, porque se les quita a los que tienen más y se les permite tener más a los que no tienen nada o a los que tienen menos, porque hemos hecho la Reforma Agraria, porque hemos hecho la Reforma Urbana, porque hemos rebajado las tarifas eléctricas y telefónicas -que, entre paréntesis, ésta fue la primer escaramuza con las compañías monopolistas extranjeras-, porque hemos hecho círculos sociales obreros y círculos infantiles, donde los niños de los obreros van a recibir alimentación y viven mientras sus padres trabajan, porque hemos hecho playas populares, y porque hemos nacionalizado la enseñanza, que es absolutamente gratuita. Además, estamos trabajando en un amplio plan de salud.

De industrialización hablaré aparte, porque es la base fundamental del desarrollo y así lo interpretamos nosotros. Pero, hay un punto el cual es muy interesante -es el filtro, el purificador: los técnicos, creo que son siete-, de nuevo señores, el peligro de la letrinocracia, metido en medio de los acuerdos con que los pueblos quieren mejorar su nivel de vida; otra vez políticos disfrazados de técnicos diciendo, aquí sí y aquí no; porque tú has hecho tal cosa y tal cosa, sí -pero en realidad porque eres un fácil instrumento de quien da los medios-; y a ti no, porque has hecho esto mal -pero, en realidad, porque no eres instrumento de quien da los medios, porque dices, por ejemplo, que no puedes aceptar como precio de algún préstamo que Cuba sea agredida.

Ese es el peligro, sin contar que los pequeños, como en todos lados, son los que reciben poco o nada. Hay, señores Delegados, un solo lugar donde los pequeños tienen derecho al «pataleo», y es aquí, donde cada voto es un voto, y donde eso hay que votarlo, y pueden los pequeños -si están en actitud de hacerlo- contar con el voto militante de Cuba en contra de la medida de los «siete», que es «esterilizante», «purificante» y destinada a canalizar el crédito, con disfraces técnicos por caminos diferentes.

¿Cuál es la posición que verdaderamente conduzca a una auténtica planificación, que debe tener coordinación con todos, pero que no puede estar sujeta a ningún otro organismo supranacional?

Nosotros entendemos -y así lo hicimos en nuestro país, señores Delegados-, que la condición previa para que haya una verdadera planificación económica es que el poder político esté en manos de la clase trabajadora. Ese es el sine qua non de la verdadera planificación para nosotros. Además, es necesaria la eliminación total de los monopolios imperialistas y el control estatal de las actividades productivas fundamentales. Amarrados bien de esos tres cabos, se entra a la planificación del desarrollo económico; si no, se perderá todo en palabras, en discursos y en reuniones.

Además, hay dos requisitos que permitirán hacer o no que este desarrollo aproveche las potencialidades dormidas en el seno de los pueblos, que están esperando que las despierten. Son, por un lado, el de la dirección central racional de la economía por un poder único, que tenga facultades de decisión -no estoy hablando de facultades dictatoriales, sino facultades de decisión- y, por otro, el de la participación activa de todo el pueblo en las tareas de la planificación.

Naturalmente, para que todo el pueblo participe en las tareas de la planificación, tendrá que ser todo el pueblo dueño de los medios de producción, si no, difícilmente participará. El pueblo no querrá, y los dueños de las empresas donde trabaja me parece que tampoco.

Bien, podemos hablar unos minutos de lo que Cuba ha obtenido por su camino, comerciando con todo el mundo y «yendo por las vertientes del comercio», como decía Martí.

Nosotros tenemos firmados, hasta estos momentos, créditos por 357 millones de dólares con los países socialistas y estamos en conversaciones -que son conversaciones de verdad- por ciento y pico de millones más, con lo cual llegaremos a los 500 millones, en préstamos, en estos cinco años. Ese préstamo, que nos da la posesión y el dominio de nuestro desarrollo económico, llega, como dijimos, a los quinientos millones -la cifra que los Estados Unidos da a toda América- solamente para nuestra pequeña república. Esto, dividido por la población de la República de Cuba y trasladado a América, significaría que los Estados Unidos, para proporcionar las cantidades equivalentes, tendrían que dar quince mil millones de pesos en cinco años, o treinta mil millones de dólares -hablo de pesos o de dólares, porque en nuestro país ambos valen lo mismo- treinta mil millones de dólares en diez años, la cifra que nuestro Primer Ministro solicitara; y con eso, si hay una acertada conducción del proceso económico, América Latina, en sólo cinco años, sería otra cosa.

Pasamos, ahora, al Punto Dos del Temario. Y, naturalmente, antes de analizarlo, formularemos una cuestión política.

Amigos nuestros -que hay muchos, aunque no lo parezca- en estas reuniones, nos preguntaban si estábamos dispuestos a reingresar al seno de las naciones latinoamericanas. Nosotros nunca hemos abandonado las naciones latinoamericanas, y estamos luchando porque no se nos expulse, porque no se nos obligue a abandonar el seno de las repúblicas latinoamericanas. Lo que no queremos es ser arria, como hablaba Martí. Sencillamente eso.

Nosotros denunciamos los peligros de la integración económica de la América Latina, porque conocemos los ejemplos de Europa y, además, América Latina ha conocido en su propia sangre lo que costó para ella la integración económica de Europa. Denunciamos el peligro de que los monopolios internacionales manejaran totalmente los procesos del comercio dentro de las asociaciones de libre comercio. Pero nosotros lo anunciamos también aquí, en el seno de la Conferencia, y esperamos que se nos acepte, que estamos dispuestos a ingresar a la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, como uno más, criticando también lo que haya que criticar, pero cumpliendo todos los requisitos, siempre y cuando se respete, de Cuba, su peculiar organización económica y social, y se acepte ya como un hecho consumado e irreversible, su Gobierno socialista.

Y, además, la igualdad de trato y el disfrute equitativo de las ventajas de la división internacional del trabajo, también deben ser extensivos a Cuba. Cuba debe participar activamente y puede contribuir mucho, para mejorar muchos de los grandes «cuellos de botella», que existen en las economías de nuestros países, con la ayuda de la economía planificada, dirigida centralmente y con una meta clara y definida.

Sin embargo, Cuba propone también las siguiente medidas: propone la iniciación de negociaciones bilaterales inmediatas para la evacuación de bases o territorios de países miembros ocupados por otros países miembros, para que no se produzcan casos como el que denunciaba la Delegación de Panamá, donde la política salarial de Panamá no se puede cumplir en un pedazo de su territorio. A nosotros nos ocurre lo mismo, y quisiéramos que desapareciera esa anomalía, hablando desde el punto de vista económico.

Nosotros proponemos el estudio de planes racionales de desarrollo y la coordinación de asistencia técnica y financiera de todos los países industrializados, sin distinciones ideológicas ni geográficas de ninguna especie; nosotros proponemos también que se recaben las garantías para salvaguardar los intereses de los países miembros más débiles; la proscripción de los actos de agresión económica de unos miembros contra otros; la garantía para proteger a los empresarios latinoamericanos contra la competencia de los monopolios extranjeros; la reducción de los aranceles norteamericanos para productos industriales de los países latinoamericanos integrados; y estableceremos que, en nuestro entender, el financiamiento externo sería bueno que sólo se produjera con inversiones indirectas que reunieran las siguientes condiciones: no sujetarlos a exigencias políticas, no discriminarlos contra empresas estatales, asignarlos de acuerdo con los intereses del país receptor, que no tengan tasas de interés mayor del tres por ciento: que su plazo de amortización no sea inferior a diez años y pueda ser ampliable por dificultades en la balanza de pagos; proscripción de la incautación o confiscación de naves y aeronaves de un país miembro por otro; iniciación de reformas tributarias que no incidan sobre las masas trabajadoras y protejan contra la acción de los monopolios extranjeros.

El punto III del Temario ha sido tratado con la misma delicadeza que los otros, por los señores técnicos; con dos suaves pincitas han tomado el asunto, han levantado un poquito el velo, y lo han dejado caer inmediatamente, porque la cosa es dura…

«Hubiera sido deseable -dicen- y hasta tentador para el Grupo formular recomendaciones ambiciosas y espectaculares. No lo hizo, sin embargo, debido a los numerosos y complejos problemas técnicos que habría sido necesario resolver. Así es como las recomendaciones que se formulan tuvieron, necesariamente, que limitarse a aquellas que se consideraron técnicamente realizables.»

No sé si seré demasiado perspicaz, pero creo leer entre líneas. Como no hay pronunciamientos, la Delegación cubana plantea en forma concreta que de esta reunión debe obtenerse: garantía de precios estables, sin «pudieran» ni «podrían», sin «examinaríamos» ni «examinaremos», sino garantías de precios estables; mercados crecientes o al menos estables, garantías contra agresiones económicas; garantías contra la suspensión unilateral de compras en mercados tradicionales; garantías contra el «dumping» de excedentes agrícolas subsidiados, garantías contra el proteccionismo a la producción de productos primarios; creación de las condiciones en los países industrializados para las compras de productos primarios con mayor grado de elaboración.

Cuba manifiesta que sería deseable que la delegación de Estados Unidos conteste, en el seno de las Comisiones, si continuará subsidiando su producción de cobre, de plomo, de zinc, de azúcar, de algodón, de trigo o de lana. Cuba pregunta si los Estados Unidos continuarán presionando para que los excedentes se productos primarios de los países miembros no sean vendidos a los países socialistas, ampliando así su mercado.

Y viene el Punto V del Temario, porque el IV es nada más que un informe. Este Punto V es la otra cara de la moneda.

Fidel Castro dijo, en ocasión de la Conferencia de Costa Rica, que los Estados Unidos había ido «con una bolsa de oro en una mano y un garrote en la otra». Hoy aquí, los Estados Unidos vienen con la bolsa de oro -afortunadamente más grande- en una mano, y la barrera para aislar a Cuba en la otra. Es, de todas maneras, un triunfo de las circunstancias históricas.

Pero en el Punto V del Temario se establece un programa de medidas en América Latina para la regimentación del pensamiento, la subordinación del movimiento sindical y, si se puede, la preparación de la agresión militar contra Cuba.

Se prevén tres pasos, a través de toda la lectura: movilización desde ahora mismo, de los medios de difusión y propaganda latinoamericana contra la Revolución cubana y contra las luchas de nuestros pueblos por su libertad; constitución, en reunión posterior, de una Federación Interamericana de Prensa, Radio, Televisión y Cine, que permita a Estados Unidos dirigir la política de todos los órganos de opinión de América Latina, de todos -ahora no hay muchos que estén fuera de su esfera de influencia, pero pretende de todos-, controlar monopolísticamente las nuevas empresas de información y absorber a cuantas sea posible de las antiguas.

Todo esto, para hacer algo insólito que se ha anunciado aquí con toda tranquilidad y que en mi país ha provocado profundas discusiones cuando se realizó algo parecido en un solo hecho. Se pretende, señores Delegados, establecer el mercado común de la cultura, organizado, dirigido, pagado, domesticado; la cultura toda de América al servicio de los planes de propaganda del imperialismo, para demostrar que el hambre de nuestros pueblos no es hambre, sino pereza. ¡Magnífico!

Frente a esto, nosotros respondemos: debe hacerse una exhortación a que los órganos de opinión de América Latina se hagan partícipes de los ideales de liberación nacional de cada pueblo latinoamericano. Se debe hacer una exhortación al intercambio de información, medios culturales, órganos de prensa, y a la realización de visitas directas sin discriminaciones entre nuestros pueblos, señores, porque un norteamericano que va a Cuba tiene cinco años de prisión al retornar a su país en estos momentos; exhortación a los gobiernos latinoamericanos para que garanticen las libertades que permitan al movimiento obrero la organización sindical independiente, la defensa de los intereses de los obreros y la lucha por la independencia verdadera de sus pueblos; y condenación total, absoluta, del Punto V, como un intento del imperialismo de domesticar lo único que nuestros pueblos estaban ahora salvando del desastre: la cultura nacional.

Me voy a permitir, señores Delegados, dar un esquema de los objetivos del primer plan de desarrollo económico de Cuba en este próximo cuatrienio. La tasa del crecimiento global será del 12%, es decir, más del 9,5% per capita, neto. En materia industrial, transformación de Cuba en el país más industrial de América Latina en relación con su población, como lo indican los datos siguientes: a) Primer lugar en América Latina en la producción per capita de acero, cemento, energía eléctrica y, exceptuando Venezuela, refinación de petróleo; primer lugar en América Latina en tractores, rayón, calzado, tejidos, &c.; segundo lugar en el mundo en producción de níquel metálico (hasta hoy Cuba sólo había producido concentrados); la producción de níquel en 1965 será de 70.000 toneladas métricas, lo que constituye aproximadamente el 30% de la producción mundial; y, además, producirá 26.000 toneladas métricas de cobalto metálico; producción de 8,5 a 9 millones de toneladas de azúcar; inicio de la transformación de la industria azucarera en sucro-química.

Para lograr estas medidas, fáciles de enunciar, pero que demandan un enorme trabajo y el esfuerzo de todo un pueblo para cumplirse y un financiamiento externo muy grande, hecho con un criterio de ayuda y no de expoliación, se han tomado las siguientes medidas: se van a hacer inversiones en industrias por más de mil millones de pesos -el peso cubano equivale al dólar- en la instalación de 800 megawatts de generación eléctrica. En 1960, la capacidad instalada -exceptuando la industria azucarera, que trabaja temporalmente- era de 621 megawatts. Instalación de 205 industrias, entre las cuales las más importantes son las 22 siguientes: una nueva planta de refinación de níquel metálico, lo que elevará el total a 70.000 toneladas; una refinería de petróleo para dos millones de toneladas de petróleo crudo; la primera planta siderúrgica, de 700.000 toneladas, y que en este cuatrienio llegará a las 500.000 toneladas de acero; la ampliación de nuestras plantas para producir tubos de acero con costura, en 25.000 toneladas métricas; tractores, 5.000 unidades anuales; motocicletas, 10.000 unidades anuales; tres plantas de cemento y ampliación de las existentes por un total de 1.500.000 toneladas métricas, lo que elevará nuestra producción a 2.500.000 toneladas anuales; envases metálicos, 291.000.000 de unidades; ampliación de nuestras fábricas de vidrio en 23.700 toneladas métricas anuales; en vidrio plano, 1.000.000 de metros cuadrados; una fábrica nuevas de chapas de bagazo, 10.000 metros cúbicos; una planta de celulosa de bagazo, 60.000 toneladas métricas; aparte de ina de celulosa de madera para 40.000 toneladas métricas anuales; una planta de nitrato de amonio, 60.000 toneladas métricas; una planta de superfosfato simple, para 70.000 toneladas; 81.000 toneladas métricas de superfosfato triple; 132.000 toneladas métricas de ácido nítrico; 85.000 toneladas métricas de amoníaco; nuevas fábricas textiles y ampliación de las existentes con 451.000 husos; una fábrica de sacos de kenaff, para 16.000.000 de sacos; y, así otras de menor importancia, hasta el número de 205, hasta estos momentos.

Estos créditos han sido contratados hasta el presente de la siguiente forma: 200.000.000 de dólares con la Unión Soviética; 60.000.000 de dólares con la República Popular China; 40.000.000 con la República Socialista de Checoslovaquia; 15.000.000 con la República Popular de Rumania; 15.000.000 con la República Popular de Hungría; 12.000.000 con la República Popular de Polonia; 10.000.000 con la República Democrática Alemana y 5.000.000 con la República Democrática de Bulgaria. El total contratado hasta la fecha es de 357.000.000. Las nuevas negociaciones que esperamos culminar pronto son fundamentalmente con la Unión Soviética que, como país más industrializado del área socialista, es el que nos ha brindado su apoyo más amplio.

En materia agrícola, se propone cuba alcanzar la autosuficiencia en la producción de alimentos, incluyendo grasas y arroz, no en trigo; autosuficiencia en algodón y fibras duras; creación de excedentes exportables de frutas tropicales y otros productos agrícolas cuya contribución a las exportaciones triplicará los niveles actuales.

En materia de comercio exterior, aumentará el valor de las exportaciones en el 75% en relación con el año 1960; diversificación de la economía: el azúcar y sus derivados serán alrededor del 60% del valor de las exportaciones, y no el 80% como ahora.

En materia de construcción: eliminación del 40% del déficit actual de vivienda, incluyendo los bohíos, que son los ranchos nuestros; combinación racional de materiales de construcción para que, sin sacrificar la calidad, aumente el uso de los materiales locales.

Hay un punto en que me gustaría detenerme un minuto, es en la educación. Nos hemos reído del grupo de técnicos que ponía la educación y la sanidad como condición sine qua non para iniciar el camino del desarrollo. Para nosotros eso es un aberración, pero no es menos cierto que una vez iniciado el camino del desarrollo, la educación debe marchar paralela a él. Sin una educación tecnológica adecuada, el desarrollo se frena. Por lo tanto, Cuba ha realizado la reforma integral de la educación, ha ampliado y mejorado los servicios educativos y ha planificado integralmente la educación.

Actualmente está en primer lugar en América Latina en la asignación de recursos para la educación: se dedica el 5,3% del ingreso nacional. Los países desarrollados emplean del 3 al 4, y América Latina del 1 al 2% del ingreso nacional. En Cuba, el 28,3% de los gastos corrientes del Estado son para el Ministerio de Educación, e incluyendo otros organismos que gastan en educación sube ese porcentaje al 30%. Entre los países latinoamericanos el que sigue emplea el 21% de su presupuesto.

El aumento del presupuesto de educación de 75 millones en 1958 a 128 millones en 1961, un 71% de crecimiento. Y los gastos totales de educación, incluyendo alfabetización y construcciones escolares, en 170 millones, 25 pesos per capita. En Dinamarca, por ejemplo, se gasta 25 pesos per capita al año en educación; en Francia, 15; en América Latina, 5.

Creación, en 2 años, de 10.000 aulas y nombramiento de 10.000 nuevos maestros. Es el primer país de Latinoamérica que satisface plenamente las necesidades de instrucción primaria para toda la población escolar, aspiración del Proyecto Principal de la UNESCO en América Latina para 1968, ya satisfecha en este momento en Cuba.

Estas medidas y estas cifras realmente maravillosas y absolutamente verídicas que presentamos aquí, señores Delegados, han sido posible por las siguientes medidas: nacionalización de la enseñanza, haciéndola laica y gratuita y permitiendo el aprovechamiento total de sus servicios; creación de un sistema de becas que garantice la satisfacción de todas las necesidades de los estudiantes, de acuerdo con el siguiente plan: 20.000 becas para Escuelas Secundarias Básicas, de 7° a 9° grado; 3.000 para Institutos Pre-Universitarios; 3.000 para Instructores de Arte; 6.000 para las Universidades; 1.500 para cursos de Inseminación Artificial; 1.200 para cursos sobre Maquinaria Agrícola; 14.000 para cursos de Corte y Costura y preparación básica para el hogar para las campesinas; 1.200 para preparación de maestros de montañas; 750 para cursos de iniciación del Magisterio primario; 10.000, entre becas y «bolsas de estudio», para alumnos de Enseñanza Tecnológica; y, además, cientos de becas para estudiar tecnología en los países socialistas; creación de cien centros de educación secundaria, con lo que cada municipio tendrá por lo menos uno.

Este año, en Cuba, como anuncié, se liquida el analfabetismo. Es un maravilloso espectáculo. Hasta el momento actual, 104.500 brigadistas, casi todos ellos estudiantes entre 10 y 18 años, han inundado el país de un extremo a otro para ir directamente al bohío del campesino, para ir a la casa del obrero, para convencer al hombre anciano que ya no quiere estudiar, y liquidar, así, el analfabetismo en Cuba.

Cada vez que una fábrica liquida el analfabetismo entre sus obreros, levanta una bandera que anuncia el hecho al pueblo de Cuba; cada vez que una cooperativa liquida el analfabetismo entre sus campesinos, levanta la misma enseña; y 104.500 jóvenes estudiantes que tienen como enseña un libro y un farol, para dar la luz de la enseñanza en las regiones atrasadas, y que pertenecen a las Brigadas «Conrado Benítez», con lo cual se honra el nombre del primer mártir de la educación de la Revolución cubana, que fue ahorcado por un grupo de contrarrevolucionarios por el grave delito de estar en las montañas de nuestra tierra, enseñando a leer a los campesinos.

Esa es la diferencia, señores Delegados, entre nuestro país y los que lo combaten.

Cinto cincuenta y seis mil alfabetizadores voluntarios, que no ocupan su tiempo completo, como son obreros y profesionales, trabajan en la enseñanza; 32.000 maestros dirigen ese ejército, y sólo con la cooperación activa de todo el pueblo de Cuba se pueden haber logrado cifras de tanta trascendencia.

Se ha hecho todo en un año, o mejor dicho, en dos años: siete cuarteles regimentales se han convertido en ciudades escolares; 27 cuarteles en escuelas, y todo esto bajo el peligro de agresiones imperialistas. La ciudad escolar «Camilo Cienfuegos» tiene actualmente 5.000 alumnos procedentes de la Sierra Maestra, y en construcción unidades para 20.000 alumnos; se proyecta construir una ciudad similar en cada provincia; cada ciudad escolar se autoabastecerá de alimentos, iniciando a los niños campesinos en las técnicas agrícolas.

Además, se han establecido nuevos métodos de enseñanza. La escuela primaria pasó, de 1958 a 1959, de 602.000 a 1.231.700; la secundaria básica, de 21.900 a 83.800; comercio, de 8.900 a 21.300; tecnológicas, de 5.600 a 11.500.

Se han construido 48 millones de pesos en contrucciones escolares en sólo dos años.

La Imprenta Nacional garantiza textos y demás impresos para todos los escolares, gratuitamente.

Dos cadenas de televisión, que cubren todo el territorio nacional y permiten usar ese poderoso medio de educación masiva para la enseñanza. Asimismo, toda la radio nacional está al servicio del Ministerio de Educación.

El Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, la Biblioteca y el Teatro Nacional, con delegaciones por todo el país, completan el gran aparato difusor de cultura.

El Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación, cuyas siglas son el INDER, promueve el desarrollo físico en forma masiva.

Ese es, señores Delegados, el panorama cultural de Cuba en estos momentos.

Ahora viene la parte final de nuestra intervención, la parte de las definiciones, porque queremos precisar bien nuestra posición.

Hemos denunciado la «Alianza para el Progreso» como un vehículo destinado a separar al pueblo de Cuba de los otros pueblos de América Latina, a esterilizar el ejemplo de la Revolución cubana, y, después, a domesticar a los otros pueblos de acuerdo con las indicaciones del imperialismo. Quisiera que se me permitiera demostrar cabalmente esto.

Hay muchos documento interesantes en el mundo. Nosotros distribuiremos entre los Delegados algunos documentos que llegaron a nuestras manos y que demuestran, por ejemplo, la opinión que tiene el imperialismo del Gobierno de Venezuela, cuyo Canciller, hace unos días, nos atacara duramente quizás por entender que nosotros estábamos violando las leyes de amistad con su pueblo o con su Gobierno.

Sin embargo, es interesante precisar que manos amigas nos hicieron llegar un documento interesante. Es un informe de un documento secreto dirigido al Embajador Moscoso, en Venezuela, por sus asesores John M. Catess Jr., Irving Tragen y Robert Cox.

En uno de sus párrafos dice este documento, hablando de las medidas que hay que tomar en Venezuela para hacer una verdadera «alianza para el progreso», dirigida por los Estados Unidos.

«Reforma de la Burocracia. Todos los planes que se formulen -hablando de Venezuela-, todos los programas que se inicien para el desarrollo económico de Venezuela, ya sea por el Gobierno venezolano o por técnicos norteamericanos, tendrán que ser puestos en práctica a través de la burocracia venezolana. Pero, mientras la administración pública de este país se caracterice por la ineptitud, la indiferencia, la ineficiencia, el formalismo, el favoritismo partidista en el otorgamiento de empleos, el latrocinio, la duplicidad de funciones y la creación de imperios privados, será prácticamente imposible hacer que pasen proyectos dinámicos y eficaces a través de la maquinaria gubernamental. La reforma del aparato administrativo es posiblemente, por lo tanto, la necesidad más fundamental, ya que no sólo se dirige a rectificar un desajuste básico económico y social, sino que también implica reacondicionar el instrumento mismo con el que se deberán plasmar todas las demás reformas básicas y proyectos de desarrollo.»

Hay muchas cosas interesantes en este documento que pondremos a disposición de los señores Delegados, donde se habla, también, de los nativos. Después de enseñar a los nativos, se deja a los nativos trabajar. Nosotros somos nativos, nada más. Pero hay algo muy interesante, señores Delegados, y es la recomendación que da el señor Cates al señor Moscoso de lo que hay que hacer en Venezuela y por qué hay que hacerlo. Dice así:

«Los Estados Unidos se verán en la necesidad, probablemente más rápido de lo que se piense, de señalar a los godos, a la oligarquía, a los nuevos ricos, a los sectores económicos nacionales y extranjeros en general, a los militares y al clero, que tendrán en última instancia que elegir entre dos cosas: contribuir al establecimiento en Venezuela de una sociedad basada en las masas, en tanto que ellos retienen parte de su statu quo y riquezas, o tener que hacer frente a la pérdida de los dos (y muy posiblemente a la muerte misma en el paredón) -éste es un informe de los norteamericanos a su Embajador- si las fuerzas de la moderación y el progreso son desplazadas en Venezuela.»

Después esto se completa y da la imagen del cuadro y de todo el tinglado en que se va a empezar a desarrollar esta Conferencia, con otros informes de las instrucciones secretas dirigidas por el Departamento de Estado Norteamericano, en América Latina, sobre el «caso Cuba».

Es muy importante esto, porque es lo que descubre dónde estaba la mamá del cordero. Dice así -me voy a permitir extractar un poco aunque después lo circularemos, en honor a una brevedad que ya he violado algo-:

«De inicio, se dio ampliamente por sentado en la América Latina que la invasión estaba respaldada por los Estados Unidos y que, por lo tanto, tendría éxito. La mayoría de los gobiernos y sectores responsables de la población estaban preparados para aceptar un hecho consumado (fait accompli), aunque existía recelos acerca de la violación del principio de no intervención. Los comunistas y otros elementos vehementes pro-Castro, tomaron inmediatamente la ofensiva con demostraciones y actos de violencia dirigidos contra agencias de los Estados Unidos en varios países, especialmente en Argentina, Bolivia y México. Sin embargo, tales actividades anti-norteamericanas y pro-Castro, recibieron un respaldo limitado y tuvieron menos efecto del que pudiera haberse esperado.»

«El fracaso de la invasión desalentó a los sectores anti-Castro, los cuales consideran que los Estados Unidos debían hacer algo dramático que restaurara su dañado prestigio, pero fue acogido con alegría por los comunistas y otros elementos pro-Castro.»

Continúa:

«En la mayoría de los casos, las reacciones de los gobiernos latinoamericanos no fueron sorprendentes. Con la excepción de Haití y la República Dominicana, las repúblicas que ya había roto o suspendido sus relaciones con Cuba expresaron su comprensión de la posición norteamericana. Honduras se unió al campo anti-Castro, suspendiendo las relaciones en abril y proponiendo la formación de una alianza de naciones centroamericanas y del Caribe para habérselas por la fuerza con Cuba. La proposición -que fue sugerida también independientemente por Nicaragua-, fue abandonada calladamente cuando Venezuela rehusó respaldarla. Venezuela, Colombia y Panamá expresaron una seria preocupación por las penetraciones soviéticas y del comunismo internacional en Cuba, pero se mantuvieron a favor de realizar algún tipo de acción colectiva de la OEA -«acción colectiva de la OEA», entramos en terreno conocido-, para habérselas con el problema cubano. Una opinión similar fue adoptada por Argentina, Uruguay y Costa Rica; Chile, Ecuador, Bolivia, Brasil y México rehusaron respaldar toda posición que implicara una intervención en los asuntos internos de Cuba. Esta actitud fue probablemente muy intensa en Chile, donde el Gobierno encontró una fuerte oposición en todas las esferas a una intervención militar abierta por algún Estado contra el régimen de Castro. En Brasil y Ecuador la cuestión provocó serias divisiones en el Gabinete, en el Congreso y en los partidos políticos. En el caso de Ecuador, la posición intransigente pro-Cuba del presidente Velazco, fue sacudida pero no alterada por el descubrimiento de que comunistas ecuatorianos estaban siendo entrenados dentro del país en las tácticas de guerrillas por revolucionarios pro-Castro.» -Entre paréntesis, y mío: es mentira-.

«Asimismo, existen muy pocas dudas de que algunos de los elementos anteriormente no comprometidos de la América Latina han quedado impresionados favorablemente por la habilidad de Castro en sobrevivir a un ataque militar, apoyado por los Estados Unidos, contra su régimen. Muchos que habían vacilado en comprometerse antes, porque suponían que los Estados Unidos eliminarían al régimen de Castro con el tiempo, puede que hayan cambiado ahora de opinión. La victoria de Castro, les ha demostrado el carácter permanente y factible de la Revolución cubana -informe de los Estados Unidos-. Además, su victoria ha excitado sin duda la latente actitud antinorteamericana que prevalece en gran parte de la América Latina.»

«En todos los respectos, los Estados Miembros de la OEA son ahora menos hostiles a la intervención de los Estados Unidos en Cuba que antes de la invasión, pero una mayoría -incluyendo Brasil y México, que suman más de la mitad de la población de la América Latina- no está dispuesta a intervenir activamente y ni siquiera a unirse en una cuarentena contra Cuba. Tampoco pudiera esperarse que la Organización le diera de antemano su aprobación a la intervención directa de los Estados Unidos, excepto en el caso de que Castro esté involucrado sin lugar a dudas en un ataque a un gobierno latinoamericano.»

«Aun cuando los Estados Unidos tuvieran éxito -lo cual luce improbable- en persuadir a la mayoría de los Estados latinoamericanos a unirse en una cuarentena a Cuba, el intento no tendría un éxito total. De seguro, México y Brasil rehusarían cooperar y servirían de canal para los viajes y otras comunicaciones entre la América Latina y Cuba.»

«La oposición mantenida por México durante mucho tiempo a la intervención de cualquier tipo, no representaría un obstáculo insuperable a la acción colectiva de la OEA, contra Cuba. La actitud del Brasil, sin embargo, que ejerce una fuerte influencia sobre sus vecinos suramericanos, es decisiva para la cooperación hemisférica. Mientras el Brasil rehúse actuar contra Castro, es probable que un número de otras naciones, incluyendo Argentina Chile, no tengan deseos de arriesgarse a repercusiones internas adversas por complacer a los Estados Unidos.»

«La magnitud de la amenaza que constituyen Castro y los comunistas en otras partes de la América Latina, seguirá probablemente dependiendo en lo fundamental de los siguientes factores: a) la habilidad del régimen en mantener su posición; b) su eficacia en demostrar el éxito de su modo de abordar los problemas de reforma y desarrollo; y c) la habilidad de los elementos no comunistas en otros países latinoamericanos en proporcionar alternativas, factibles y popularmente aceptables. Si, mediante la propaganda, etcétera, Castro puede convencer a los elementos desafectos que existen en la América Latina, de que realmente se están haciendo reformas sociales -es decir, si de esto que decimos se convencen los señores Delegados que es verdad- básicas que benefician a las clases más pobres, crecerá el atractivo del ejemplo cubano y seguirá inspirando imitadores de izquierda en toda la zona. El peligro no es tanto de que un aparato subversivo, con su centro en La Habana, pueda exportar la Revolución, como de que una creciente miseria y descontento entre las masas del pueblo latinoamericano proporcione a los elementos pro-Castro, oportunidades de actuar.»

Después de considerar si nosotros intervenimos o no, razonan:

«Es probable que los cubanos actúen cautelosamente a este respecto durante algún tiempo. Probablemente no estén deseosos de arriesgarse a que se intercepte y se ponga al descubierto alguna operación de filibusterismo o suministro militar proveniente de Cuba. Tal eventualidad traería como resultado un mayor endurecimiento de la opinión oficial latinoamericana contra Cuba, acaso hasta el punto de proporcionar un respaldo tácito a la intervención norteamericana, o dar por lo menos posibles motivos para sanciones por parte de la OEA. Por estas razones y debido a la preocupación de Castro, por la defensa de su propio territorio en este momento, el uso de fuerzas militares cubanas para apoyar la insurrección en otras partes es extremadamente improbable.»

De modo señores Delegados que tengan dudas, que el Gobierno de Estados Unidos anuncia que es muy difícil que nuestras tropas interfieran en las cuestiones nacionales de otros países.

«A medida que pasa el tiempo, y ante la ausencia de una intervención directa de Cuba en los asuntos internos de Estados vecinos, los presentes temores al castrismo, a la intervención soviética en el régimen, a su naturaleza «socialista», -ellos lo ponen entre comillas- y a la repugnancia por la represión de Estado policía de Castro, tenderán a decrecer y la política tradicional de no intervención se reafirmará.»

Dice después: «Aparte de su efecto directo sobre el prestigio de los Estados Unidos en esa zona -que indudablemente ha descendido como resultado del fracaso de la invasión- la supervivencia del régimen de Castro, pudiera tener un profundo efecto sobre la vida política americana en estos años venideros. La misma prepara la escena para una lucha política en los términos promovidos por la propaganda comunista durante mucho tiempo en este Hemisferio, quedando de un lado las fuerzas «populares» -entre comillas- antinorteamericanas y del otro los grupos dominantes aliados a los Estados Unidos. A los Gobiernos que prometen una reforma evolutiva por un período de años, aun a un ritmo acelerado, se les enfrentarán líderes políticos que prometerán un remedio inmediato a los males sociales, mediante la confiscación de propiedades y el vuelco de la sociedad. El peligro más inmediato del ejército de Castro, para la América Latina pudiera muy bien ser el peligro para la estabilidad de aquellos gobiernos que están actualmente intentando cambios evolutivos sociales y económicos, más bien que para los que han tratado de impedir tales cambios, en parte debido a las tensiones y excitadas esperanzas que acompañan a los cambios sociales y al desarrollo económico. Los desocupados de la ciudad y los campesinos sin tierra de Venezuela y Perú, por ejemplo, los cuales han esperado que Acción Democrática y el APRA efectúen reformas, constituyen una fuente expedita de fuerzas políticas para el político que los convenza de que el cambio puede ser efectuado mucho más rápidamente de lo que han prometido los movimiento socialdemocráticos. El apoyo popular que actualmente disfrutan los grupos que buscan cambios evolutivos o el respaldo potencial que normalmente pudieran obtener a medida que las masas latinoamericanas se tornan más activas políticamente, se perderían en la medida en que los líderes políticos extremistas, utilizando el ejemplo de Castro, puedan hacer surgir apoyo para el cambio revolucionario.»

Y en el último párrafo, señores, aparece nuestra amiga aquí presente: «La Alianza para el Progreso pudiera muy bien proporcionar el estímulo para llevar a cabo programas más intensos de reforma, pero a menos que éstos se inicien rápidamente y comiencen pronto a mostrar resultados positivos, es probable que no sean un contrapeso suficiente a la creciente presión de la extrema izquierda. Los años que tenemos por delante serán testigos casi seguramente de una carrera entre aquellas fuerzas que están intentando iniciar programas evolutivos de reforma y las que están tratando de generar apoyo de masas para la revolución fundamental económica y social. Si los moderados se quedan atrás en esta carrera pudieran, con el tiempo, verse privados de su apoyo de masas y cogidos en una posición insostenible entre los extremos de la derecha y la izquierda.»

Estos son, señores Delegados, los documentos que la Delegación de Cuba quería presentar ante ustedes, para analizar descarnadamente la «Alianza para el Progreso». Ya sabemos todos el íntimo sentir del Departamento de Estado norteamericano: «es que hay que hacer que los países de Latinoamérica crezcan, porque si no viene un fenómeno que se llama castrismo, que es tremendo para los Estados Unidos.»

Pues bien, señores, hagamos la Alianza para el Progreso sobre esos términos: que crezcan de verdad las economías de todos los países miembros de la Organización de Estados Latinoamericanos; que crezcan, para que consuman sus productos y no para convertirse en fuente de recursos para los monopolios norteamericanos; que crezcan, para asegurar la paz social, no para crear nuevas reservas para una eventual guerra de conquista; que crezcan para nosotros, no para los de afuera. Y a todos ustedes, señores Delegados, la Delegación de Cuba les dice, con toda franqueza: queremos, dentro de nuestras condiciones, estar dentro de la familia latinoamericana; queremos convivir con Latinoamérica; queremos verlos crecer, si fuera posible, al mismo ritmo en que estamos creciendo nosotros, pero no nos oponemos a que crezcan a otro ritmo. Lo que sí exigimos es la garantía de la no agresión para nuestras fronteras.

No podemos dejar de exportar ejemplo, como quieren los Estados Unidos, porque el ejemplo es algo espiritual que traspasa fronteras. Lo que sí damos la garantía de que no exportaremos revolución, damos la garantía de que no se moverá un fusil de Cuba, de que no se moverá una sola arma de Cuba para ir a luchar en ningún otro país de América.

Lo que no podremos asegurar es que la idea de Cuba deje de implantarse en algún otro país de América y lo que aseguramos en esta conferencia, a la faz de los pueblos, es que si no se toman medidas urgentes de prevención social, el ejemplo de Cuba sí prenderá en los pueblos y, entonces sí, aquella exclamación que una vez diera mucho que pensar, que hiciera Fidel un 26 de julio y que se interpretó como una agresión, volverá a ser cierta. Fidel dijo que si seguían las condiciones sociales como hasta ahora, «la cordillera de los Andes sería la Sierra Maestra de América».

Nosotros señores Delegados, llamamos a la Alianza para el Progreso, la alianza para nuestro progreso, la alianza pacífica para el progreso de todos. No nos oponemos a que nos dejen de lado en la repartición de los créditos, pero sí nos oponemos a que se nos deje de lado en la intervención en la vida cultural y espiritual de nuestros pueblos latinoamericanos, a los cuales pertenecemos.

Lo que nunca admitiremos es que se nos coarte nuestra libertad de comerciar y tener relaciones con todos los pueblos del mundo, y de lo que nos defenderemos con todas nuestras fuerzas es de cualquier intento de agresión extranjera, sea hecho por la potencia imperial o sea hecha por algún organismo latinoamericano que englobe el deseo de algunos de vernos liquidados.

Para finalizar, señor Presidente, señores Delegados, quiero decirles que hace algún tiempo tuvimos una reunión en el Estado Mayor de las Fuerzas Revolucionarias en mi país, Estado Mayor al cual pertenezco. Se trataba de una agresión contra Cuba, que sabíamos que vendría, pero no sabíamos aún cuándo ni por dónde. Pensábamos que sería muy grande, de hecho iba a ser muy grande. Esto se produjo antes de la famosa advertencia del Primer Ministro de la Unión Soviética, Nikita Khrushchov de que sus cohetes podían volar más allá de las fronteras soviéticas. Nosotros no habíamos pedido esa ayuda, y no conocíamos esa disposición de ayuda. Por eso, nos reunimos, sabiendo que llegaba la invasión, para afrontar como revolucionarios nuestro destino final. Sabíamos que si los Estados Unidos invadían a Cuba, una hecatombe habría, pero en definitiva seríamos derrotados y expulsados de todos los lugares habitados del país.

Propusimos, entonces, los miembros del Estado Mayor, que Fidel Castro se retirara a un reducto de la montaña y que uno de nosotros tomara a su cargo la defensa de La Habana. Nuestro Primer Ministro y nuestro Jefe contestó aquella vez, con palabras que lo enaltecen -como en todos sus actos- que si los Estados Unidos invadían a Cuba y La Habana se defendía como debiera defenderse, cientos de miles de hombres, mujeres y niños morirían ante el ímpetu de las armas yanquis, y que a un gobernante de un pueblo en revolución no se le podía pedir que se refugiara en las montañas, que su lugar estaba allí donde se encontraban sus muertos queridos, y que allí, con ellos, cumpliría su misión histórica.

No se produjo esa invasión, pero mantenemos ese espíritu, señores Delegados. Por eso, puedo predecir que la Revolución cubana es invencible, porque tiene un pueblo y porque tiene un gobernante como el que dirige a Cuba.

Eso es todo, señores Delegados.

El Che en la ONU (1964)

Discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, 11 de diciembre de 1964.

Señor Presidente,
Señores Delegados:

La representación de Cuba ante esta Asamblea se complace en cumplir, en primer término, el agradable deber de saludar la incorporación de tres nuevas naciones al importante número de las que aquí discuten problemas del mundo. Saludamos, pues, en las personas de su Presidente y Primeros Ministros, a los pueblos de Zambia, Malawi y Malta y hacemos votos porque estos países se incorporen desde el primer momento al grupo de naciones no alineadas que luchan contra el imperialismo, el colonialismo y el neocolonialismo.

Hacemos llegar también nuestra felicitación al Presidente de esta Asamblea, cuya exaltación a tan alto cargo tiene singular significación, pues ella refleja esta nueva etapa histórica de resonantes triunfos para los pueblos de Africa, hasta ayer sometidos al sistema colonial del imperialismo y que hoy, en su inmensa mayoría, en el ejercicio legítimo de su libre determinación, se han constituido en Estados soberanos. Ya ha sonado la hora postrera del colonialismo y millones de habitantes de Africa, Asia y América Latina se levantan al encuentro de una nueva vida e imponen su irrestricto derecho a la autodeterminación y el desarrollo independiente de sus naciones. Le deseamos, Señor Presidente, el mayor de los éxitos en la tarea que le fuera encomendada por los países miembros.

Cuba viene a fijar su posición sobre los puntos más importantes de controversia y lo hará con todo el sentido de la responsabilidad que entraña el hacer uso de esta tribuna, pero, al mismo tiempo, respondiendo al deber insoslayable de hablar con toda claridad y franqueza.

Quisiéramos ver desperezarse a esta Asamblea y marchar hacia adelante, que las Comisiones comenzaran su trabajo y que éste no se detuviera en la primera confrontación. El imperialismo quiere convertir esta reunión en un vano torneo oratorio en vez de resolver los graves problemas del mundo; debemos impedírselo. Esta Asamblea no debiera recordarse en el futuro sólo por el número XIX que la identifica. A lograr ese fin van encaminados nuestros esfuerzos.

Nos sentimos con el derecho y la obligación de hacerlo debido a que nuestro país es uno de los puntos constantes de fricción, uno de los lugares donde los principios que sustentan los derechos de los países pequeños a su soberanía están sometidos a prueba día a día, y minuto a minuto y, al mismo tiempo, una de las trincheras de la libertad del mundo situada a pocos pasos de imperialismo norteamericano para mostrar con su acción, con su ejemplo diario, que los pueblos sí pueden liberarse y sí pueden mantenerse libres en las actuales condiciones de la humanidad. Desde luego, ahora existe un campo socialista cada día más fuerte y con armas de contención más poderosas. Pero se requieren condiciones adicionales para la supervivencia: mantener la cohesión interna, tener fe en los propios destinos y decisión irrenunciable de luchar hasta la muerte en defensa del país y de la revolución. En Cuba se dan esas condiciones, Señores Delegados.

De todos los problemas candentes que deben tratarse en esta Asamblea, uno de los que para nosotros tiene particular significación y cuya definición creemos debe hacerse en forma que no deje dudas a nadie, es el de la coexistencia pacífica entre Estados de diferentes regímenes económico-sociales. Mucho se ha avanzado en el mundo en este campo; pero el imperialismo -norteamericano sobre todo- ha pretendido hacer creer que la coexistencia pacífica es de uso exclusivo de las grandes potencias de la tierra. Nosotros expresamos aquí lo mismo que nuestro Presidente expresara en El Cairo y lo que después quedara plasmado en la declaración de la Segunda Conferencia de Jefes de Estado o de Gobierno de países No Alineados: que no puede haber coexistencia pacífica entre poderosos solamente, si se pretende asegurar la paz del mundo. La coexistencia pacífica debe ejercitarse entre todos los Estados, independientemente de su tamaño, de las anteriores relaciones históricas que los ligara y de los problemas que se suscitaren entre algunos de ellos, en un momento dado.

Actualmente, el tipo de coexistencia pacífica a que nosotros aspiramos no se cumple en multitud de casos. El reino de Cambodia, simplemente por mantener una actitud neutral y no plegarse a las maquinaciones del imperialismo norteamericano se ha visto sujeto a toda clase de ataques alevosos y brutales partiendo de las bases que los yanquis tienen en Viet Nam del Sur. Laos, país dividido, ha sido objeto también de agresiones imperialistas de todo tipo, su pueblo masacrado desde el aire, las convenciones que se firmaran en Ginebra han sido violadas y parte del territorio está en constante peligro de ser atacado a mansalva por las fuerzas imperialistas. La República Democrática de Viet Nam, que sabe de todas estas historias de agresiones como pocos pueblos en la tierra, ha visto una vez más violadas sus fronteras, ha visto como aviones de bombardeo y cazas enemigos disparaban contra sus instalaciones; como los barcos de guerra norteamericanos, violando aguas territoriales, atacaban sus puesto navales. En estos instantes, sobre la República Democrática de Viet Nam pesa la amenaza de que los guerreristas norteamericanos extiendan abiertamente sobre su territorio y su pueblo la guerra que, desde hace varios años, están llevando a cabo contra el pueblo de Viet Nam del Sur. La Unión Soviética y la República Popular China, han hecho advertencias serias a los Estados Unidos. Estamos frente a un caso en el cual la paz del mundo está en peligro, pero, además, la vida de millones de seres de toda esta zona del Asia está constantemente amenazada, dependiendo de los caprichos del invasor norteamericano.

La coexistencia pacífica también se ha puesto a prueba en una forma brutal en Chipre debido a presiones del gobierno turco y de la OTAN, obligando a una heroica y enérgica defensa de su soberanía hecha por el pueblo de Chipre y su gobierno.

En todos estos lugares del mundo, el imperialismo trata de imponer su versión de lo que debe ser la coexistencia; son los pueblos oprimidos, en alianza con el campo socialista, los que le deben enseñar cuál es la verdadera, y es obligación de las Naciones Unidas apoyarlos.

También hay que esclarecer que no solamente en relaciones en las cuales están imputados Estados soberanos, los conceptos sobre la coexistencia pacífica deben ser bien definidos. Como marxistas, hemos mantenido que la coexistencia pacífica ente naciones no engloba la coexistencia entre explotadores y explotados, entre opresores y oprimidos. Es, además, un principio proclamado en el seno de esta Organización, el derecho a la plena independencia contra todas las formas de opresión colonial. Por eso, expresamos nuestra solidaridad hacia los pueblos, hoy coloniales, de la Guinea llamada portuguesa, de Angola o Mozambique, masacrados por el delito de demandar su libertad y estamos dispuestos a ayudarlos en la medida de nuestras fuerzas, de acuerdo con la declaración del Cairo.

Expresamos nuestra solidaridad al pueblo de Puerto Rico y su gran líder, Pedro Albizu Campos, el que, en un acto más de hipocresía, ha sido dejado en libertad a la edad de 72 años, sin habla casi, paralítico después de haber pasado en la cárcel toda una vida. Albizu Campos es un símbolo de la América todavía irredenta pero indómita. Años y años de prisiones, presiones casi insoportables en la cárcel, torturas mentales, la soledad, el aislamiento total de su pueblo y de su familia, la insolencia del conquistador y de sus lacayos en la tierra que le vio nacer; nada dobló su voluntad. La Delegación de Cuba rinde, en nombre de su pueblo, homenaje de admiración y gratitud a un patriota que dignifica a nuestra América.

Los norteamericanos han pretendido durante años convertir a Puerto Rico en un espejo de cultura híbrida; habla española con inflexiones en inglés, habla española con bisagras en el lomo para inclinarlo ante el soldado yanqui. Soldados portorriqueños han sido empleados como carne de cañón en guerras del imperio, como en Corea, y hasta para disparar contra sus propios hermanos, como es la masacre perpetrada por el ejército norteamericano, hace algunos meses, contra el pueblo inerme de Panamá -una de las más recientes fechorías del imperialismo yanqui.

Sin embargo, a pesar de esa tremenda violentación de su voluntad y su destino histórico, el pueblo de Puerto Rico ha conservado su cultura, su carácter latino, sus sentimientos nacionales, que muestran por sí mismos la implacable vocación de independencia yacente en las masas de la isla latinoamericana.

También debemos advertir que el principio de la coexistencia pacífica no entraña el derecho a burlar la voluntad de los pueblos, como ocurre en el caso de la Guayana llamada británica, en que el gobierno del Primer Ministro Cheddy Jagan ha sido víctima de toda clase de presiones y maniobras y se ha ido dilatando el instante de otorgarle la independencia, en la búsqueda de métodos que permitan burlar los deseos populares y asegurar la docilidad de un gobierno distinto al actual colocado allí por turbios manejos, para entonces otorgar una libertad castrada a este pedazo de tierra americana.

Cualesquiera que sean los caminos que la Guayana se vea obligada a seguir para obtenerla, hacia su pueblo va el apoyo moral y militante de Cuba.

Debemos señalar, asimismo, que las islas de Guadalupe y Martinica están luchando por su autonomía desde hace tiempo, sin lograrla, y ese estado de cosas no debe seguir.

Una vez más elevamos nuestra voz para alertar al mundo sobre lo que está ocurriendo en Sur Africa; la brutal política del «Apartheid» se aplica ante los ojos de las naciones del mundo. Los pueblos de Africa se ven obligados a soportar que en ese continente todavía se oficialice la superioridad de una raza sobre otra, que se asesine impunemente en nombre de esa superioridad racial. ¿Las Naciones Unidas no harán nada para impedirlo?

Quería referirme específicamente al doloroso caso del Congo, único en la historia del mundo moderno, que muestra cómo se pueden burlar con la más absoluta impunidad, con el cinismo más insolente, el derecho de los pueblos. Las ingentes riquezas que tiene el Congo y que las naciones imperialistas quieren mantener bajo su control son los motivos directos de todo esto. En la intervención que hubiera de hacer, a raíz de su primera visita a las Naciones Unidas, el compañero Fidel Castro advertía que todo el problema de la coexistencia entre las naciones se reducía al problema de la apropiación indebida de riquezas ajenas, y hacía la advocación siguiente: «cese la filosofía del despojo y cesará la filosofía de la guerra.» Pero la filosofía del despojo no sólo no ha cesado, sino que se mantiene más fuerte que nunca y, por eso, los mismos que utilizaron el nombre de las Naciones Unidas para perpetrar el asesinato de Lumumba, hoy, en nombre de la defensa de la raza blanca, asesinan a millares de congoleños.

¿Cómo es posible que olvidemos la forma en que fue traicionada la esperanza que Patricio Lumumba puso en las Naciones Unidas? ¿Cómo es posible que olvidemos los rejuegos y maniobras que sucedieron a la ocupación de ese país por las tropas de las Naciones Unidas, bajo cuyos auspicios actuaron impunemente los asesinos del gran patriota africano?

¿Cómo podremos olvidar, Señores Delegados, que quien desacató la autoridad de las Naciones Unidas en el Congo, y no precisamente por razones patrióticas, sino en virtud de pugnas entre imperialistas, fue Moisé Tshombe, que inició la secesión de Katanga con el apoyo belga?

¿Y cómo justificar, cómo explicar que, al final de toda la acción de las Naciones Unidas, Tshombe, desalojado de Katanga, regrese dueño y señor del Congo? ¿Quién podría negar el triste papel que los imperialistas obligaron a jugar a la Organización de Naciones Unidas?

En resumen se hicieron aparatosas movilizaciones para evitar la escisión de Katanga y hoy Tshombe está en el poder, las riquezas del Congo en manos imperialistas… y los gastos deben pagarlos las naciones dignas. ¡Qué buen negocio hacen los mercaderes de la guerra! Por eso, el gobierno de Cuba apoya la justa actitud de la Unión Soviética, al negarse a pagar los gastos del crimen.

Para colmo de escarnio, nos arrojan ahora al rostro estas últimas acciones que han llenado de indignación al mundo.

¿Quiénes son los autores? Paracaidistas belgas, transportados por aviones norteamericanos que partieron de bases inglesas. Nos recordamos que ayer, casi, veíamos a un pequeño país de Europa, trabajador y civilizado, el reino de Bélgica, invadido por las hordas hitlerianas; amargaba nuestra conciencia el saber de ese pequeño pueblo masacrado por el imperialismo germano y lo veíamos con cariño. Pero esta otra cara de la moneda imperialista era la que muchos no percibíamos.

Quizás hijos de patriotas belgas que murieran por defender la libertad de su país, son los que asesinaran a mansalva a millares de congoleños en nombre de la raza blanca, así como ellos sufrieron la bota germana porque su contenido de sangre aria no era suficientemente elevado.

Nuestros ojos libres se abren hoy a nuevos horizontes y son capaces de ver lo que ayer nuestra condición de esclavos coloniales nos impedía observar; que la «civilización occidental» esconde bajo su vistosa fachada un cuadro de hienas y chacales. Porque nada más que ese nombre merecen los que han ido a cumplir tan «humanitarias» tareas al Congo. Animal carnicero que se ceba en los pueblos inermes; eso es lo que hace el imperialismo con el hombre, eso es lo que distingue al «blanco» imperial.

Todos los hombres libres del mundo deben aprestarse a vengar el crimen del Congo.

Quizás muchos de aquellos soldados, convertidos en subhombres por la maquinaria imperialista, piensen de buena fe que están defendiendo los derechos de una raza superior; pero en esta Asamblea son mayoritarios los pueblos que tienen sus pieles tostadas por distintos soles, coloreadas por distintos pigmentos, y han llegado a comprender plenamente que la diferencia entre los hombres no está dada por el color de la piel, sino por las formas de propiedad de los medios de producción, por las relaciones de producción.

La delegación cubana hace llegar su saludo a los pueblos de Rhodesia del Sur y Africa Sudoccidental, oprimidos por minorías de colonos blancos. A Basutolandia, Bechuania y Swazilandia, a la Somalia francesa, al pueblo árabe de Palestina, a Adén y los protectorados, a Omán y a todos los pueblos en conflicto con el imperialismo o el colonialismo y les reitera su apoyo. Formula además votos por una justa solución al conflicto que la hermana República de Indonesia encara con Malasia.

Señor Presidente: uno de los temas fundamentales de esta Conferencia es el del desarme general y completo. Expresamos nuestro acuerdo con el desarme general y completo; propugnamos además, la destrucción total de los artefactos termonucleares y apoyamos la celebración de una conferencia de todos los países del mundo para llevar a cabo estas aspiraciones de los pueblos. Nuestro Primer Ministro advertía, en su intervención ante esta Asamblea, que siempre las carreras armamentistas han llevado a la guerra. Hay nuevas potencias atómicas en el mundo; las posibilidades de una confrontación crecen.

Nosotros consideramos que es necesaria esta conferencia con el objetivo de lograr la destrucción total de las armas termonucleares y, como primera medida, la prohibición total de las pruebas. Al mismo tiempo, debe establecerse claramente la obligación de todos los países de respetar las actuales fronteras de otros estados; de no ejercer acción agresiva alguna, aun cuando sea con armas convencionales.

Al unirnos a la voz de todos los países del mundo que piden el desarme general y completo, la destrucción de todo el arsenal atómico, el cese absoluto de la fabricación de nuevos artefactos termonucleares y las pruebas atómicas de cualquier tipo, creemos necesario puntualizar que, además, debe también respetarse la integridad territorial de las naciones y debe detenerse el brazo armado del imperialismo, no menos peligroso porque solamente empuñe armas convencionales.

Quienes asesinaron miles de indefensos ciudadanos del Congo, no se sirvieron del arma atómica; han sido armas convencionales, empuñadas por el imperialismo, las causantes de tanta muerte.

Aun cuando las medidas aquí preconizadas, de hacerse efectivas, harían inútil la mención, es conveniente recalcar que no podemos adherirnos a ningún pacto regional de desnuclearización mientras Estados Unidos mantenga bases agresivas en nuestro propio territorio, en Puerto Rico, Panamá, y otros estados americanos donde se considera con derecho a emplazar, sin restricción alguna, tanto armas convencionales que nucleares. Descontando que las últimas resoluciones de la OEA, contra nuestro país, al que se podría agredir invocando el Tratado de Río, hace necesaria la posesión de todos los medios defensivos a nuestro alcance.

Creemos que, si la conferencia de que hablábamos lograra todos esos objetivos, cosa difícil, desgraciadamente, sería la más trascendental en la historia de la humanidad. Para asegurar esto sería preciso contar con la presencia de la República Popular China, y de ahí el hecho obligado de la realización de una reunión de ese tipo. Pero sería mucho más sencillo para los pueblos del mundo reconocer la verdad innegable de que existe la República Popular China, cuyos gobernantes son representantes únicos de su pueblo y darle el asiento a ella destinado, actualmente usurpado por la camarilla que con apoyo norteamericano mantiene en su poder la provincia de Taiwan.

El problema de la representación de China en las Naciones Unidas no puede considerarse en modo alguno como el caso de un nuevo ingreso en la Organización sino de restaurar los legítimos derecho de la República Popular China.

Debemos repudiar enérgicamente el complot de las «dos Chinas». La camarilla Chiangkaishekista de Taiwan no puede permanecer en la Organización de las Naciones Unidas. Se trata, repetimos, de expulsar al usurpador e instalar al legítimo representante del pueblo chino.

Advertimos además contra la insistencia del Gobierno de los Estados Unidos en presentar el problema de la legítima representación de China en la ONU como una «cuestión importante» al objeto de imponer el quórum extraordinario de votación de las dos terceras partes de los miembros presentes y votantes.

El ingreso de la República Popular China al seno de las Naciones Unidas es realmente una cuestión importante para el mundo en su totalidad, pero no para el mecanismo de las Naciones Unidas donde debe constituir una mera cuestión de procedimiento. De esta forma se haría justicia, pero casi tan importante como hacer justicia quedaría, además, demostrado de una vez que esta augusta asamblea tiene ojos para ver, oídos para oír, lengua propia para hablar, criterio certero para elaborar decisiones.

La difusión de armas atómicas entre los países de la OTAN y, particularmente la posesión de estos artefactos de destrucción en masa por la República Federal Alemana, alejarían más aún la posibilidad de un acuerdo sobre el desarme, y unido a estos acuerdos va el problema de la reunificación pacífica de Alemania. Mientras no se logre un entendimiento claro, debe reconocerse la existencia de dos Alemanias, la República Democrática Alemana y la República Federal. El problema alemán no puede arreglarse si no es con la participación directa en las negociaciones de la República Democrática Alemana, con plenos derechos.

Tocaremos solamente los temas sobre desarrollo económico y comercio internacional que tienen amplia representación en la agenda. En este mismo año del 64 se celebró la Conferencia de Ginebra donde se trataron multitud de puntos relacionados con estos aspectos de las relaciones internacionales. Las advertencias y predicciones de nuestra delegación se han visto confirmadas plenamente, para desgracia de los países económicamente dependientes.

Sólo queremos dejar señalado que, en lo que a Cuba respecta, los Estados Unidos de América no han cumplido recomendaciones explícitas de esa Conferencia y, recientemente, el Gobierno norteamericano prohibió también la venta de medicinas a Cuba, quitándose definitivamente la máscara de humanitarismo con que pretendió ocultar el carácter agresivo que tiene el bloqueo contra el pueblo de Cuba.

Por otra parte, expresamos una vez más que las lacras coloniales que detienen el desarrollo de los pueblos no se expresan solamente en relaciones de índole política: el llamado deterioro de los términos de intercambio no es otra cosa que el resultado del intercambio desigual entre países productores de materia prima y países industriales que dominan los mercados e imponen la aparente justicia de un intercambio igual de valores.

Mientras los pueblos económicamente dependientes no se liberen de los mercados capitalistas y, en firme bloque con los países socialistas, impongan nuestras relaciones entre explotadores y explotados, no habrá desarrollo económico sólido, y se retrocederá, en ciertas ocasiones volviendo a caer los países débiles bajo el domino político de los imperialistas y colonialistas.

Por último, Señores Delegados, hay que establecer claramente que se están realizando en el área del Caribe maniobras y preparativos para agredir a Cuba. En las costas de Nicaragua sobre todo, en Costa Rica también, en la zona del Canal de Panamá, en las Islas Vieques de Puerto Rico, en la Florida; probablemente, en otros puntos del territorio de los Estados Unidos y, quizás, también en Honduras, se están entrenando mercenarios cubanos y de otras nacionalidades con algún fin que no debe ser el más pacífico.

Después de un sonado escándalo, el Gobierno de Costa Rica, se afirma, ha ordenado la liquidación de todos los campos de adiestramiento de cubanos exiliados en ese país. Nadie sabe si esa actitud es sincera o si constituye una simple coartada, debido a que los mercenarios entrenados allí estén a punto de cometer alguna fechoría. Esperamos que se tome clara conciencia de la existencia real de bases de agresión, lo que hemos denunciado desde hace tiempo, y se medite sobre la responsabilidad internacional que tiene el gobierno de un país que autoriza y facilita el entrenamiento de mercenarios para atacar a Cuba.

Es de hacer notar que las noticias sobre el entrenamiento de mercenarios en distintos puntos del Caribe y la participación que tiene en tales actos el Gobierno norteamericano se dan con toda naturalidad en los periódicos de los Estados Unidos. No sabemos de ninguna voz latinoamericana que haya protestado oficialmente por ello. Esto nos muestra el cinismo con que manejan los Estados Unidos a sus peones. Los sutiles Cancilleres de la OEA que tuvieron ojos para ver escudos cubanos y encontrar pruebas «irrefutables» en las armas yanquis exhibidas en Venezuela, no ven los preparativos de agresión que se muestran en los Estados Unidos, como no oyeron la voz del presidente Kennedy que se declaraba explícitamente agresor de Cuba en Playa Girón.

En algunos casos es una ceguera provocada por el odio de las clases dominantes de países latinoamericanos sobre nuestra Revolución; en otros, más tristes aún, es producto de los deslumbrantes resplandores de Mammon.

Como es de todos conocido, después de la tremenda conmoción llamada crisis del Caribe, los Estados Unidos contrajeron con la Unión Soviética determinados compromisos que culminaron en la retirada de cierto tipo de armas que las continuas agresiones de aquel país -como el ataque mercenario de Playa Girón y las amenazas de invadir nuestra patria- nos obligaron a emplazar en Cuba en acto de legítima e irrenunciable defensa.

Pretendieron los norteamericanos, además, que las Naciones Unidas inspeccionaran nuestro territorio, a lo que nos negamos enfáticamente, ya que Cuba no reconoce el derecho de los Estados Unidos, ni de nadie en el mundo, a determinar el tipo de armas que pueda tener dentro de sus fronteras.

En este sentido, sólo acataríamos acuerdos multilaterales, con iguales obligaciones para todas las partes.

Como ha dicho Fidel Castro: «Mientras el concepto de soberanía exista como prerrogativa de las naciones y de los pueblos independientes; como derecho de todos los pueblos, nosotros no aceptamos la exclusión de nuestro pueblo de ese derecho. Mientras el mundo se rija por esos principios, mientras el mundo se rija por esos conceptos que tengan validez universal, porque son universalmente aceptados y consagrados por los pueblos, nosotros no aceptaremos que se nos prive de ninguno de esos derechos, nosotros no renunciaremos a ninguno de esos derechos.»

El señor Secretario General de las Naciones Unidas, U Thant, entendió nuestras razones. Sin embargo, los Estados Unidos pretendieron establecer una nueva prerrogativa arbitraria e ilegal: la de violar el espacio aéreo de cualquier país pequeño. Así han estado surcando el aire de nuestra patria aviones U-2 y otros tipos de aparatos espías que, con toda impunidad, navegan en nuestro espacio aéreo. Hemos hecho todas las advertencias necesarias para que cesen las violaciones aéreas, así como las provocaciones que los marinos yanquis hacen contra nuestras postas de vigilancia en la zona de Guantánamo, los vuelos rasantes de aviones sobre buques nuestros o de otras nacionalidades en aguas internacionales, los ataques piratas a barcos de distintas banderas y las infiltraciones de espías, saboteadores y armas en nuestra isla.

Nosotros queremos construir el socialismo; nos hemos declarado partidarios de los que luchan por la paz; nos hemos declarado dentro del grupo de países no alineados, a pesar de ser marxistas leninistas, porque los no alineados, como nosotros, luchan contra el imperialismo. Queremos paz, queremos construir una vida mejor para nuestro pueblo y, por eso, eludimos al máximo caer en las provocaciones maquinadas por los yanquis, pero conocemos la mentalidad de sus gobernantes; quieren hacernos pagar muy caro el precio de esa paz. Nosotros contestamos que ese precio no puede llegar más allá de las fronteras de la dignidad.

Y Cuba reafirma, una vez más, el derecho a tener en su territorio la armas que le conviniere y su negativa a reconocer el derecho de ninguna potencia de la tierra, por potente que sea, a violar nuestro suelo, aguas jurisdiccionales o espacio aéreo.

Si en alguna asamblea Cuba adquiere obligaciones de carácter colectivo, las cumplirá fielmente; mientras esto no suceda, mantiene plenamente todos sus derechos, igual que cualquier otra nación.

Ante las exigencias del imperialismo, nuestro Primer Ministro planteó los cinco puntos necesarios para que existiera una sólida paz en el Caribe. Estos son:

«Primero: Cese del bloqueo económico y de todas las medidas de presión comercial y económica que ejercen los Estados Unidos en todas partes del mundo contra nuestro país.

Segundo: Cese de todas las actividades subversivas, lanzamiento y desembarco de armas y explosivos por aire y mar, organización de invasiones mercenarias, filtración de espías y saboteadores, acciones todas que se llevan a cabo desde el territorio de los Estados Unidos y de algunos países cómplices.

Tercero: Cese de los ataques piratas que se llevan a cabo desde bases existentes en los Estados Unidos y en Puerto Rico.

Cuarto: Cese de todas las violaciones de nuestro espacio aéreo y naval por aviones y navíos de guerra norteamericanos.

Quinto: Retirada de la Base Naval de Guantánamo y devolución del territorio cubano ocupado por los Estados Unidos.» No se ha cumplido ninguna de estas exigencias elementales, y desde la Base Naval de Guantánamo, continúa el hostigamiento de nuestras fuerzas. Dicha Base se ha convertido en guarida de malhechores y catapulta de introducción de éstos en nuestro territorio.

Cansaríamos a esta Asamblea si hiciéramos un relato medianamente detallado de la multitud de provocaciones de todo tipo. Baste decir que el número de ellas, incluidos los primeros días de este mes de diciembre, alcanza la cifra de 1.323, solamente en 1964.

La lista abarca provocaciones menores, como violación de la línea divisoria, lanzamiento de objetos desde territorio controlado por los norteamericanos, realización de actos de exhibicionismo sexual por norteamericanos de ambos sexos, ofensas de palabra; otros de carácter más grave como disparos de armas de pequeño calibre, manipulación de armas apuntando a nuestro territorio y ofensas a nuestra enseña nacional; provocaciones gravísimas son: el cruce de la línea divisoria provocando incendios en instalaciones del lado cubano y disparos con fusiles, hecho repetido 78 veces durante el año, con el saldo doloroso de la muerte del soldado Ramón López Peña, de resultas de dos disparos efectuados por las postas norteamericanas situadas a 3,5 kilómetros de la costa por el límite noroeste. Esta gravísima provocación fue hecha a las 19:07, del día 19 de julio de 1964, y el Primer Ministro de nuestro Gobierno manifestó públicamente, el 26 de Julio, que de repetirse el hecho, se daría orden a nuestras tropas de repeler la agresión. Simultáneamente, se ordenó el retiro de las líneas de avanzada de las fuerzas cubanas hacia posiciones más alejadas de la divisoria y la construcción de casamatas adecuadas.

1.323 provocaciones en 340 días significan aproximadamente 4 diarias. Sólo un ejército perfectamente disciplinado y con la moral del nuestro puede resistir tal cúmulo de actos hostiles sin perder la ecuanimidad.

47 países reunidos en la Segunda Conferencia de Jefes de Estado o de Gobierno de países No Alineados, en El Cairo, acordaron, por unanimidad:

«La Conferencia advirtiendo con preocupación que las bases militares extranjeras constituyen, en la práctica, un medio para ejercer presión sobre las naciones, y entorpecen su emancipación y su desarrollo, según sus concepciones ideológicas, políticas, económicas y culturales, declara que apoya sin reserva a los países que tratan de lograr la supresión de las bases extranjeras establecidas en su territorio y pide a todos los Estados la inmediata evacuación de las tropas y bases que tienen en otros países.

La Conferencia considera que el mantenimiento por los Estados Unidos de América de una base militar en Guantánamo (Cuba), contra la voluntad del Gobierno y del pueblo de Cuba, y contra las disposiciones de la Declaración de la Conferencia de Belgrado, constituye una violación de la soberanía y de la integridad territorial de Cuba.

La Conferencia, considerando que el Gobierno de Cuba se declara dispuesto a resolver su litigio con el Gobierno de los Estados Unidos de América acerca de la base de Guantánamo en condiciones de igualdad, pide encarecidamente al Gobierno de los Estados Unidos que entable negociaciones con el Gobierno de Cuba para evacuar esa base.»

El gobierno de los Estados Unidos no ha respondido a esa instancia de la Conferencia de El Cairo y pretende mantener indefinidamente ocupado por la fuerza un pedazo de nuestro territorio, desde el cual lleva a cabo agresiones como las detalladas anteriormente.

La Organización de Estados Americanos, también llamada por los pueblos Ministerio de las Colonias norteamericanas, nos condenó «enérgicamente», aun cuando ya antes nos había excluido de su seno, ordenando a los países miembros que rompieran relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba. La OEA autorizó la agresión a nuestro país, en cualquier momento, con cualquier pretexto, violando las más elementales leyes internacionales e ignorando por completo a la Organización de las Naciones Unidas.

A aquella medida se opusieron con sus votos los países de Uruguay, Bolivia, Chile y México; y se opuso a cumplir la sanción, una vez aprobada, el gobierno de los Estados Unidos Mexicanos; desde entonces no tenemos relaciones con países latinoamericanos salvo con aquel Estado, cumpliéndose así una de las etapas previas de la agresión directa del imperialismo.

Queremos aclarar, una vez más, que nuestra preocupación por Latinoamérica está basada en los lazos que nos unen: la lengua que hablamos, la cultura que sustentamos, el amo común que tuvimos. Que no nos anima otra causa para desear la liberación de Latinoamérica del yugo colonial norteamericano. Si alguno de los países latinoamericanos aquí presentes decidiera restablecer relaciones con Cuba, estaríamos dispuestos a hacerlo sobre bases de igualdad y no con el criterio de que es una dádiva a nuestro gobierno el reconocimiento como país libre del mundo, porque ese reconocimiento lo obtuvimos con nuestra sangre en los días de la lucha de liberación, lo adquirimos con sangre en la defensa de nuestras playas frente a la invasión yanqui.

Aun cuando nosotros rechazamos que se nos pretenda atribuir ingerencias en los asuntos internos de otros países, no podemos negar nuestra simpatía hacia los pueblos que luchan por su liberación y debemos cumplir con la obligación de nuestro gobierno y nuestro pueblo de expresar contundentemente al mundo que apoyamos moralmente y nos solidarizamos con los pueblos que luchan en cualquier parte del mundo para hacer realidad los derechos de soberanía plena proclamados en la Carta de las Naciones Unidas.

Los Estados Unidos sí intervienen; lo han hecho históricamente en América. Cuba conoce desde fines del siglo pasado esta verdad, pero la conocen también Colombia, Venezuela, Nicaragua y la América Central en general, México, Haití, Santo Domingo.

En años recientes, además de nuestro pueblo, conocen de la agresión directa Panamá, donde los «marines» del Canal tiraron a mansalva sobre el pueblo inerme; Santo Domingo, cuyas costas fueron violadas por la flota yanqui para evitar el estallido de la justa ira popular, luego del asesinato de Trujillo; y Colombia, cuya capital fue tomada por asalto a raíz de la rebelión provocada por el asesinato de Gaitán.

Se producen intervenciones solapadas por intermedio de las misiones militares que participan en la represión interna, organizando las fuerzas destinadas a ese fin en buen número de países, y también en todos los golpes de estado, llamados «gorilazos», que tantas veces se repitieron en el continente americano durante los últimos tiempos.

Concretamente, intervienen fuerzas de los Estados Unidos en la represión de los pueblos de Venezuela, Colombia y Guatemala que luchan con las armas por su libertad. En el primero de los países nombrados, no sólo asesoran al ejército y a la policía, sino que también dirigen los genocidios efectuados desde el aire contra la población campesina de amplias regiones insurgentes y, las compañías yanquis instaladas allí, hacen presiones de todo tipo para aumentar la ingerencia directa.

Los imperialistas se preparan a reprimir a los pueblos americanos y están formando la internacional del crimen. Los Estados Unidos intervienen en América invocando la defensa de las instituciones libres. Llegará el día en que esta Asamblea adquiera aún más madurez y le demande al gobierno norteamericano garantías para la vida de la población negra y latinoamericana que vive en este país, norteamericanos de origen o adopción, la mayoría de ellos. ¿Cómo puede constituirse en gendarme de la libertad quien asesina a sus propios hijos y los discrimina diariamente por el color de la piel, quien deja en libertad a los asesinos de los negros, los protege además, y castiga a la población negra por exigir el respeto a sus legítimos derechos de hombres libres?

Comprendemos que hoy la Asamblea no está en condiciones de demandar explicaciones sobre hechos, pero debe quedar claramente sentado que el gobierno de los Estados Unidos no es gendarme de la libertad, sino perpetuador de la explotación y la opresión contra los pueblos del mundo y contra buena parte de su propio pueblo.

Al lenguaje anfibológico con que algunos delegados han dibujado el caso de Cuba y la OEA nosotros contestamos con palabras contundentes y proclamamos que los pueblos de América cobrarán a los gobiernos entreguistas su traición.

Cuba, señores delegados, libre y soberana, sin cadenas que la aten a nadie, sin inversiones extranjeras en su territorio, sin procónsules que orienten su política, puede hablar con la frente alta en esta Asamblea y demostrar la justeza de la frase con que la bautizaran: «Territorio Libre de América.»

Nuestro ejemplo fructificará en el Continente como lo hace ya, en cierta medida en Guatemala, Colombia y Venezuela.

No hay enemigo pequeño ni fuerza desdeñable, porque ya no hay pueblos aislados. Como establece la Segunda Declaración de La Habana: «Ningún pueblo de América Latina es débil, porque forma parte de una familia de doscientos millones de hermanos que padecen las mismas miserias, albergan los mismos sentimientos, tienen el mismo enemigo, sueñan todos un mismo mejor destino y cuentan con la solidaridad de todos los hombres y mujeres honrados del mundo.

Esta epopeya que tenemos delante la van a escribir las masas hambrientas de indios, de campesinos sin tierra, de obreros explotados; la van a escribir las masas progresistas, los intelectuales honestos y brillantes que tanto abundan en nuestras sufridas tierras de América Latina. Lucha en masas y de ideas, epopeya que llevarán adelante nuestros pueblos maltratados y despreciados por el imperialismo, nuestros pueblos desconocidos hasta hoy, que ya empiezan a quitarle el sueño. Nos consideraban rebaño impotente y sumiso y ya se empieza a asustar de ese rebaño, rebaño gigante de doscientos millones de latinoamericanos en los que advierte ya sus sepultureros el capital monopolista yanqui.

La hora de su reivindicación, la hora que ella misma se ha elegido, la vienen señalando con precisión también de un extremo a otro del Continente. Ahora esta masa anónima, esta América de color, sombría, taciturna, que canta en todo el Continente con una misma tristeza y desengaño, ahora esta masa es la que empieza a entrar definitivamente en su propia historia, la empieza a escribir con su sangre, la empieza a sufrir y a morir, porque ahora los campos y las montañas de América, por las faldas de sus sierras, por sus llanuras y sus selvas, entre la soledad o el tráfico de las ciudades, en las costas de los grandes océanos y ríos, se empieza a estremecer este mundo lleno de corazones con los puños calientes de deseos de morir por lo suyo, de conquistar sus derechos casi quinientos años burlados por unos y por otros. Ahora sí la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia. Ya se los ve por los caminos un día y otro, a pie, en marchas sin término de cientos de kilómetros, para llegar hasta los «olimpos» gobernantes a recabar sus derechos. Ya se les ve, armados de piedras, de palos, de machetes, en un lado y otro, cada día, ocupando las tierras, afincando sus garfios en las tierras que les pertenecen y defendiéndolas con sus vidas; se les ve, llevando sus cartelones, sus banderas, sus consignas; haciéndolas correr en el viento, por entre las montañas o a lo largo de los llanos. Y esa ola de estremecido rencor, de justicia reclamada, de derecho pisoteado, que se empieza a levantar por entre las tierras de Latinoamérica, esa ola ya no parará más. Esa ola irá creciendo cada día que pase. Porque esa ola la forman los más, los mayoritarios en todos los aspectos, los que acumulan con su trabajo las riquezas, crean los valores, hacen andar las ruedas de la historia y que ahora despiertan del largo sueño embrutecedor a que los sometieron.

Porque esta gran humanidad ha dicho «¡Basta!» y ha echado a andar. Y su marcha, de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente. Ahora, en todo caso, los que mueran, morirán como los de Cuba, los de Playa Girón, morirán por su única, verdadera e irrenunciable independencia.»

Todo eso, Señores Delegados, esta disposición nueva de un continente, de América, está plasmada y resumida en el grito que, día a día, nuestras masas proclaman como expresión irrefutable de su decisión de lucha, paralizando la mano armada del invasor. Proclama que cuenta con la comprensión y el apoyo de todos los pueblos del mundo y especialmente, del campo socialista, encabezado por la Unión Soviética.

Esa proclama es: Patria o muerte.

Contraréplica en la ONU

Intervención en la Asamblea General de las Naciones Unidas en uso del derecho de replica 11 de diciembre de 1964

Señor Presidente,
Señores Delegados:

Pido disculpas por tener que ocupar por segunda vez esta tribuna. Lo hago haciendo uso del derecho de réplica. Naturalmente, aunque no estamos interesados especialmente en ello, esto que podría llamarse ahora la contrarréplica, podríamos seguir extendiéndola haciendo la contrarréplica y así hasta el infinito.

Nosotros contestaremos una por una las afirmaciones de los delegados que impugnaron la intervención de Cuba, y lo hacemos en el espíritu en que cada uno de ellos lo hizo, aproximadamente.

Empezaré contestando al delegado de Costa Rica, quien lamentó que Cuba se haya dejado llevar por algunos infundios de la prensa sensacionalista, y manifestó que su Gobierno tomó inmediatamente algunas medidas de inspección cuando la prensa libre de Costa Rica, muy distinta a la prensa esclava de Cuba, hizo algunas denuncias.

Quizás el delegado de Costa Rica tenga razón. Nosotros no podemos hacer una afirmación absoluta basada en los reportajes que la prensa imperialista, sobre todo de los Estados Unidos, ha hecho repetidas veces a los contrarrevolucionarios cubanos. Pero si Artime fue jefe de la fracasada invasión de Playa Girón, lo fue con algún intermedio, porque fue jefe hasta llegar a las costas cubanas y sufrir las primeras caídas, volviendo a los Estados Unidos. En el intermedio, como la mayoría de los miembros de aquella “heroica expedición libertadora”, fue “cocinero o sanitario”, porque ésa fue la forma en que llegaron a Cuba después de estar presos, según sus declaraciones, todos los “libertadores” de Cuba. Artime, que ahora vuelve a ser jefe, se indignó contra la acusación. ¿De qué? De contrabando de whisky, porque en sus bases de Costa Rica y Nicaragua, según informó, no hay contrabando de whisky: “hay preparación de revolucionarios para liberar a Cuba”. Esas declaraciones han sido hechas a las agencias noticieras y han recorrido el mundo.

En Costa Rica se ha denunciado esto repetidas veces. Patriotas costarricenses nos han informado de la existencia de esas bases en la zona de Tortugueras y zonas aledañas, y el Gobierno de Costa Rica debe saber bien si esto es verdad o no.

Nosotros estamos absolutamente seguros de la certeza de estas informaciones, como también estamos seguros de que el señor Artime, entre sus múltiples ocupaciones revolucionarias, tuvo tiempo también para contrabandear whisky, porque son cosas naturales en la clase de libertadores que el Gobierno de Costa Rica protege, aunque sea a medias.

Nosotros sostenemos, una y mil veces, que las revoluciones no se exportan. Las revoluciones nacen en el seno de los pueblos. Las revoluciones las engendran las explotaciones que los gobiernos -como el de Costa Rica, el de Nicaragua, el de Panamá o el de Venezuela- ejercen sobre sus pueblos. Después, puede ayudarse o no a los movimientos de liberación; sobre todo se les puede ayudar moralmente. Pero, la realidad es que no se pueden exportar revoluciones.

Lo decimos no como una justificación ante esta Asamblea; lo decimos simplemente como la expresión de un hecho científicamente conocido desde hace muchos años. Por eso, mal haríamos en pretender exportar revoluciones y menos, naturalmente, a Costa Rica, en donde en honor a la verdad existe un régimen con el cual no tenemos absolutamente comunión de ningún tipo y que no es de los que se distinguen en América por la opresión directa indiscriminada contra su pueblo.

Con respecto a Nicaragua queríamos decir a su representante, aunque no entendí bien con exactitud toda su argumentación en cuanto a los acentos -creo que se refirió a Cuba, a Argentina y quizás también a la Unión Soviética- espero en todo caso que el representante de Nicaragua no haya encontrado acento norteamericano en mi alocución porque eso sí que sería peligroso. Efectivamente, puede ser que en el acento y que utilizara al hablar se escapara algo de la Argentina. He nacido en la Argentina; no es un secreto para nadie. Soy cubano y también soy argentino y, si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie. Y así en esa disposición de ánimo, no está solamente este representante transitorio ante esta Asamblea. El pueblo de Cuba entero está con esa disposición. El pueblo de Cuba entero vibra cada vez que se comete una injusticia, no solamente en América, sino en el mundo entro. Nosotros podemos decir lo que tantas veces hemos dicho del apotegma maravilloso de Martí, de que todo hombre verdadero debe sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de hombre. Eso, el pueblo entero de Cuba, lo siente así, señores representantes.

Por si el representante de Nicaragua quiere hacer alguna pequeña revisión de su carta geográfica o inspeccionar ocularmente lugares de difícil acceso, puede ir además de a Puerto Cabezas -de donde creo que no negará salió parte, o gran parte, o toda la expedición de Playa Girón- a Blue Fields y Monkey Point, que creo que se debería llamar Punto Mono, y que no sé por qué extraño accidente histórico, estando en Nicaragua, figura como Monkey Point. Allí podrá encontrar algunos contrarrevolucionarios o revolucionarios cubanos, como ustedes prefieren llamarles, señores representantes de Nicaragua. Los hay de todos los colores. Hay también bastantes whisky, no sé si contrabandeado o si directamente importado. Conocemos de la existencia de esas bases. Y, naturalmente, no vamos a exigir que la OEA investigue si las hay o no. Conocemos la ceguera colectiva de la OEA demasiado bien para pedir tal absurdo.

Se dice que nosotros hemos reconocido tener armas atómicas. No hay tal. Creo que ha sido una pequeña equivocación del representante de Nicaragua. Nosotros solamente hemos defendido el derecho a tener las armas que pudiéramos conseguir para nuestra defensa, y hemos negado el derecho de ningún país a determinar qué tipos de armas vamos a tener.

El representante de Panamá, que ha tenido la gentileza de apodarme Che, como me apoda el pueblo de Cuba, empezó hablando de la Revolución mexicana. La delegación de Cuba hablaba de la masacre norteamericana contra el pueblo de Panamá, y la delegación de Panamá empieza hablando de la Revolución mexicana y siguió en este mismo estilo, sin referirse para nada a la masacre norteamericana por la que el Gobierno de Panamá rompió relaciones con los Estados Unidos. Tal vez en el lenguaje de la política entreguista, esto se llame táctica; en el lenguaje revolucionario, esto, señores, se llama abyección, con todas las letras. Se refirió a la invasión del año 1959. Un grupo de aventureros, encabezados por un barbudo de café, que nunca había estado en la Sierra Maestra y que ahora está en Miami, o en alguna base o en algún lugar, logró entusiasmar a un grupo de muchachos y realizar aquella aventura. Oficiales del Gobierno cubano trabajaron conjuntamente con el Gobierno panameño para liquidar aquello. Es verdad que salieron de puerto cubano, y también es verdad que discutimos en un plano amistoso en aquella oportunidad.

De todas las intervenciones que hay aquí contra la delegación de Cuba, la que parece inexcusable en todo sentido es la intervención de la delegación de Panamá. No tuvimos la menor intención de ofenderla ni de ofender a su Gobierno. Pero también es verdad otra cosa: no tuvimos tampoco la menor intención de defender al Gobierno de Panamá. Queríamos defender al pueblo de Panamá con una denuncia ante las Naciones Unidas, ya que su Gobierno no tiene el valor, no tiene la dignidad de plantear aquí las cosas con su verdadero nombre. No quisimos ofender al Gobierno de Panamá, ni tampoco lo quisimos defender. Para el pueblo de Panamá, nuestro pueblo hermano, va nuestra simpatía y tratamos de defenderlo con nuestra denuncia.

Entre las afirmaciones del representante de Panamá se encuentra una muy interesante. Dice que, a pesar de las bravatas cubanas, todavía está allí la base. En la intervención, que estará fresca en la memoria de los representantes, tiene que reconocerse que hemos denunciado más de 1.300 provocaciones de la base de todo tipo, que van de algunas nimias hasta disparos de armas de fuego. Hemos explicado cómo no queremos caer en provocaciones, porque conocemos las consecuencias que ellas pueden traer para nuestro pueblo; hemos planteado el problemas de la base de Guantánamo en todas las conferencias internacionales y siempre hemos reclamado el derecho del pueblo de Cuba a recobrar esa base por medios pacíficos. No hemos echado nunca bravatas, porque no las echamos, señor representante de Panamá, porque los hombres como nosotros, que están dispuestos a morir, que dirigen un pueblo entero dispuesto a morir por defender su causa, nunca necesitan echar bravatas.

No echamos bravatas en Playa Girón; no echamos bravatas cuando la Crisis de Octubre, cuando todo el pueblo estuvo enfrente del hongo atómico con el cual los norteamericanos amenazan a nuestra Isla, y todo el pueblo marchó a las trincheras, marchó a las fábricas, para aumentar la producción. No hubo un solo paso atrás; no hubo un solo quejido, y miles y miles de hombres que no pertenecían a nuestras milicias entraron voluntariamente a ellas en momentos en que el imperialismo norteamericano amenazaba con echar una bomba o varias bombas atómicas o un ataque atómico sobre Cuba. Ese es nuestro país. Y un país así, cuyos dirigentes y cuyo pueblo -lo puedo decir aquí con la frente muy alta- no tienen el más mínimo miedo a la muerte y conocen bien la responsabilidad de sus actos, nunca echa bravatas. Eso sí: lucha hasta la muerte, señor representante de Panamá, si es necesario, y luchará hasta la muerte, con su Gobierno, todo el pueblo de Cuba si es agredido.

El señor representante de Colombia manifiesta, en todo medido -yo también tengo que cambiar el tono- que hay dos aseveraciones inexactas: una, la invasión yanqui en 1948 a raíz del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán; y, por el tono de voz del señor representante de Colombia, se advierte que siente muchísimo aquella muerte: está profundamente apenado.

Nosotros nos referimos, en nuestro discurso, a otra intervención anterior que, tal vez, el señor representante de Colombia olvidó: la intervención norteamericana sobre la segregación de Panamá. Después, manifestó que no hay tropas de liberación en Colombia, porque no hay nada que liberar. En Colombia, donde se habla con tanta naturalidad de la democracia representativa y sólo hay dos partidos políticos que se distribuyen el poder mitad y mitad durante años, de acuerdo con una democracia fantástica, la oligarquía colombiana ha llegado al summum de la democracia, podemos decir. Se divide en liberales y conservadores y en conservadores y liberales; cuatro años uno y cuatro años otros. Nada cambia. Esas son las democracias de elecciones; ésas son las democracias representativas que defiende, probablemente con todo entusiasmo, el señor representante de Colombia, en ese país donde se dice que hay 200.000 o 300.000 muertos a raíz de la guerra civil que incendiara a Colombia después de la muerte de Gaitán. Y, sin embargo, se dice que no hay nada que liberar. No habrá nada que vengar, tampoco; no habrá miles de muertos que vengar; no habrá habido ejércitos masacrando pueblos y no será ese mismo ejército el que masacra el pueblo desde el año 1948. Lo que está ahí lo han cambiado algo, o sus generales son distintos, o sus mandos son distintos u obedecen a otra clase distinta de la que masacró al pueblo durante cuatro años de una larga lucha y lo siguió masacrando intermitentemente durante varios años más. Y se dice que no hay que liberar nada. ¿No recuerda el señor representante de Colombia que en Marquetalia hay fuerzas a las cuales los propios periódicos colombianos han llamado “la República Independiente de Marquetalia” y a uno de cuyos dirigentes se le ha puesto el apodo de Tiro Fijo para tratar de convertirlo en un vulgar bandolero? ¿Y no sabe que allí se hizo una gran operación por parte de 16.000 hombres del ejército colombiano, asesorados por militares norteamericanos, y con la utilización de una serie de elementos, como helicópteros y, probablemente -aunque no puedo asegurarlo- con aviones, también del ejército norteamericano?

Parece que el señor representante de Colombia tiene mala información por estar alejado de su país o su memoria es un poco deficiente. Además, el señor representante de Colombia manifestó con toda soltura que si Cuba hubiera seguido en la órbita de los estados americanos otra cosa sería. Nosotros no sabemos bien a qué se referirá con esto de la órbita; pero órbita tienen los satélites y nosotros no somos satélites. No estamos en ninguna órbita; estamos fuera de órbita. Naturalmente que si hubiéramos hecho aquí un melifluo discurso de algunas cuartillas en un español naturalmente mucho más fino, mucho más sustancioso y adjetivado, y hubiéramos hablado de las bellezas del sistema interamericano y de nuestra defensa firme, inconmovible, del mundo libre dirigido por el centro de la órbita que todos ustedes saben quién es. No necesito nombrarlo.

El señor representante de Venezuela también empleó un tono moderado, aunque enfático. Manifestó que son infames las acusaciones de genocidio y que realmente era increíble que el Gobierno cubano se ocupara de estas cosas de Venezuela existiendo tal represión contra su pueblo. Nosotros tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que la hemos expresado siempre ante el mundo: fusilamientos, sí, hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte. Nosotros sabemos cuál sería el resultado de una batalla perdida y también tienen que saber los gusanos cuál es el resultado de la batalla perdida hoy en Cuba. En esas condiciones nosotros vivimos por la imposición del imperialismo norteamericano. Pero, eso sí: asesinatos no cometemos, como está cometiendo ahora en estos momentos, la policía venezolana que creo recibe el nombre de Digepol, si no estoy mal informado. Esa policía ha cometido una serie de actos de barbarie, de fusilamientos, es decir, asesinatos y después ha tirado los cadáveres en algunos lugares. Esto ha ocurrido contra la persona, por ejemplo, de estudiantes, etcétera.

La prensa libre de Venezuela fue suspendida varias veces en estos últimos tiempos por dar una serie de datos de este tipo. Los aviones militares venezolanos, con la asesoría yanqui, sí, bombardean zonas extensas de campesinos, matan campesinos; sí, crece la rebelión popular en Venezuela, y sí, veremos el resultado después de algún tiempo.

El señor representante de Venezuela está indignado. Yo recuerdo la indignación de los señores representantes de Venezuela cuando la delegación cubana en Punta del Este leyó los informes secretos que los voceros de los Estados Unidos de América tuvieron a bien hacernos llegar en una forma indirecta, naturalmente. En aquel momento leímos ante la asamblea de Punta del Este la opinión que tenían los señores representantes de los Estados Unidos del Gobierno venezolano. Anunciaban algo interesantísimo que -perdonen la inexactitud porque no puedo citar ahora textualmente- podría ser más o menos así: “O esta gente cambia o aquí todos van a ir al paredón”. El paredón es la forma en que se pretende definir la Revolución Cubana; el paredón de fusilamiento.

Los miembros de la embajada norteamericana anunciaban, en documentos irrefutables, que ése era el destino de la oligarquía venezolana si no cambiaba sus métodos, y así se le acusaba de latrocinio y, en fin, se le hacían toda una serie de terribles acusaciones de ese orden.

La delegación venezolana se indignó muchísimo; naturalmente, no se indignó con los Estados Unidos; se indignó con la representación cubana que tuvo a bien leerle las opiniones que los Estados Unidos tenían de su Gobierno y, también de su pueblo. Si, la única respuesta que hubo a todo esto es que el señor Moscoso, que fue quien graciosamente cedió documentos en forma indirecta, fue cambiado de cargo.

Le recordamos esto al señor representante de Venezuela porque las revoluciones no se exportan; las revoluciones actúan y la Revolución venezolana actuará en su momento, y los que no tengan avión listo -como hubo en Cuba- para huir hacia Miami o hacia otros lugares, tendrán que afrontar allí lo que el pueblo venezolano decida. No echen culpas a otros pueblos, a otros gobiernos, de lo que pueda suceder allí. Quiero recomendar al señor representante de Venezuela, que, si tiene interés, lea algunas interesantísimas opiniones sobre lo que es la guerra guerrillera y cómo combatirla, que algunos de los elementos más inteligentes del COPEI han escrito y publicado en la prensa de su país… Verá que no es con bombas y asesinatos como se puede combatir a un pueblo en armas. Precisamente, esto es lo que hace más revolucionarios a los pueblos. Lo conocemos bien. Está mal que a un enemigo declarado le hagamos el favor de mostrarle la estrategia contraguerrillera, pero lo hacemos porque sabemos que su ceguera es tanta que no la seguirá.

Queda el señor Stevenson. Lamentablemente no está aquí presente. Comprendemos perfectamente bien que el señor Stevenson no esté presente.

Hemos escuchado, una vez más, sus declaraciones medulares y serias, dignas de un intelectual de su categoría. Declaraciones iguales, enfáticas, medulares y serias fueron hechas en la primera comisión, el 15 de abril de 1961, durante la sesión 1.149, precisamente, el día en que aviones piratas norteamericanos con insignias cubanas -que salieron de Puerto Cabezas, según creo recordar, de Nicaragua o tal vez de Guatemala, no está bien precisado- bombardearon los aeropuertos cubanos y casi reducen a cero nuestra fuerza aérea. Los aviones, después de realizar su hazaña a mansalva, aterrizan en Estados Unidos. Frente a nuestra denuncia el señor Stevenson dice cosas muy interesantes.

Perdóneseme lo largo de esta intervención, pero creo que es digno recordar una vez más las frases medulares de un intelectual tan distinguido como el señor Stevenson, pronunciadas apenas cuatro o cinco días antes de que el señor Kennedy dijera tranquilamente, a la faz del mundo, que asumía toda responsabilidad de los hechos ocurridos en Cuba. Esta es, creo una simple reseña, porque dado el poco tiempo de que disponíamos no hemos podido recolectar actas precisas de cada una de las reuniones. Dicen así:

“Las acusaciones formuladas contra los Estados Unidos por el representante de Cuba, con respecto a los bombardeos, que, según se informa, se han realizado contra los aeropuertos de La Habana y Santiago y sobre el cuartel general de la fuerza aérea cubana en San Antonio de los Baños, son totalmente infundadas”.

Y el señor Stevenson las rechaza categóricamente.

“Como lo declaró el Presidente de los Estados Unidos, las fuerzas armadas de los Estados Unidos no intervendrán en circunstancia alguna en Cuba y los Estados Unidos harán todo lo que sea posible a fin de que ningún norteamericano participe en acción alguna contra Cuba”.

Un año y pico después tuvimos la gentileza de devolverle el cadáver de un piloto que cayó en tierras cubanas. No el del mayor Anderson; otro de aquella época.

“En cuanto a los acontecimientos que según se dice han ocurrido esta mañana y en el día de ayer, los Estados Unidos estudiarán las peticiones de asilo político de conformidad con los procedimientos habituales”.

Le iban a dar asilo político a la gente que ello habían mandado. “Quienes creen en la libertad y buscan asilo contra la tiranía y la opresión encontrarán siempre comprensión y acogida favorable de parte del pueblo norteamericano y del Gobierno de los Estados Unidos”.

Así sigue el señor Stevenson su larga perorata.

Dos días después, desembarcan en Playa Girón las huestes de la Brigada 2506 conocida por su heroísmo seguramente en los anales de la historia de América. Dos días después se rinde la brigada heroica sin perder casi ni un hombre y entonces empieza aquel torneo -que algunos de ustedes habrán conocido- de hombres vestidos con el uniforme de gusanos que tiene el ejército de los Estados Unidos, diciendo que eran cocineros y enfermeros o que habían venido de marineros en aquella expedición.

Fue entonces cuando el presidente Kennedy tuvo un gesto digno. No pretendió mantener una falsa política que nadie creía y dijo claramente que se responsabilizaba de todo aquello que había ocurrido en Cuba. Se responsabilizó, sí; pero la Organización de Estados Americanos no lo responsabilizó ni le exigió responsabilidades de ningún tipo que nosotros recordemos. Fue una responsabilidad ante su propia historia y ante la historia de los Estados Unidos, porque la Organización de Estados Americanos estaba en la órbita. No tenía tiempo de ocuparse de estas cosas.

Agradezco al señor Stevenson su referencia histórica a mi larga vida como comunista y revolucionario que culmina en Cuba. Como siempre, las agencias norteamericanas, no sólo en noticias, sino de espionaje, confunden las cosas. Mi historia de revolucionario es corta y realmente empieza en el Granma y sigue hasta este momento.

No pertenecía al Partido Comunista hasta ahora que estoy en Cuba y podemos proclamar todos ante esta Asamblea el marxismo-leninismo que sigue como teoría de acción la Revolución cubana. Lo importante no son las referencias personales; lo importante es que el señor Stevenson una vez más dice que no hoy violación de las leyes, que los aviones no salen de aquí, como tampoco los barcos, por supuesto; que los ataques piratas surgen de la nada, que todo surge de la nada. Utiliza él la misma voz, la misma seguridad, el mismo acento de intelectual serio y firme que usara en 1961 para sostener, enfáticamente, que aquellos aviones cubanos habían salido de territorio cubano y que se trataba de exilados políticos, antes de ser desmentido. Naturalmente, me explico, una vez más, que el distinguido colega, el señor Stevenson, haya tenido a bien retirarse de esta Asamblea.

Los Estados Unidos pretenden que pueden realizar los vuelos de vigilancia porque los aprobó la Organización de Estados Americanos. ¿Quién es la Organización de los Estados Americanos para aprobar vuelos de vigilancia sobre el territorio de un país? ¿Cuál es el papel que juegan las Naciones Unidas? ¿Para qué está la Organización si nuestro destino va a depender de la órbita, como tan bien ha definido el señor representante de Colombia, de la Organización de Estados Americanos? Esta es una pregunta muy seria y muy importante, que hay que hacer ante esta Asamblea. Porque nosotros, país pequeño, no podemos aceptar, de ninguna manera, el derecho de un país grande a violar nuestro espacio aéreo; muchísimo menos con la pretensión insólita de que sus actos tienen la juridicidad que le da la Organización de Estados Americanos, la que nos expulsó de su seno y con la cual no nos liga vínculo alguno. Son muy serias las afirmaciones del representante de los Estados Unidos.

Quiero decir únicamente dos pequeñas cosas. No pienso ocupar todo el tiempo de la Asamblea en estas réplicas y contrarréplicas.

Dice el señor representante de los Estados Unidos que Cuba echa la culpa de su desastre económico al bloqueo, cuando ése es un problema a consecuencia de la mala administración del Gobierno. Cuando nada de esto había ocurrido, cuando empezaron las primeras leyes nacionales en Cuba, los Estados Unidos comenzaron a tomar acciones económicas represivas tales como la supresión unilateral, sin distinción alguna, de la cuota de azúcar, que tradicionalmente vendíamos al mercado norteamericano. Asimismo, se negaron a refinar el petróleo que habíamos comprado a la Unión Soviética en uso de legítimo derecho y amparados en todas las leyes posibles.

No repetiré la larga historia de las agresiones económicas de los Estados Unidos. Sí diré, que a pesar de esas agresiones, con la ayuda fraterna de los países socialistas, sobre todo de la Unión Soviética, nosotros hemos salido adelante y continuaremos haciéndolo; que aun cuando condenamos el bloqueo económico, él no nos detendrá y, pase lo que pase, seguiremos constituyendo un pequeño dolor de cabeza cuando lleguemos a esta Asamblea o a cualquier otra, para llamar a las cosas por su nombre y a los representantes de los Estados Unidos gendarmes de la represión en el mundo entero.

Por último, sí hubo embargo de medicinas contra Cuba.

Pero sin no es así, nuestro Gobierno en los próximos meses pondrá un pedido de medicinas aquí en los Estados Unidos, y le mandará un telegrama al señor Stevenson, que nuestro representante leerá en la comisión o en el lugar que sea conveniente, para que sepa bien si son o no ciertas las imputaciones que Cuba hace. En todo caso, hasta ahora lo han sido. La última vez que pretendimos comprar medicinas por valor de 1.500.000 dólares, medicinas que no se fabrican en Cuba y que son necesarias únicamente para salvar vidas, el Gobierno norteamericano intervino e impidió esa venta.

Hace poco el Presidente de Bolivia le dijo a nuestros delegados, con lágrimas en los ojos, que tenía que romper con Cuba porque los Estados Unidos lo obligaban a ello. Así, despidieron de La Paz a nuestros delegados.

No puedo afirmar que esa aseveración del Presidente de Bolivia fuera cierta. Lo que sí es cierto, es que nosotros le dijimos que esa transacción con el enemigo no le valdría de nada, porque ya estaba condenado.

El Presidente de Bolivia, con el cual no teníamos ni tenemos ningún vínculo, con cuyo Gobierno no hicimos nada más que mantener las relaciones que se deben mantener con los pueblos de América, ha sido derrocado por un golpe militar. Ahora se ha establecido allí una Junta de Gobierno.

En todo caso, para gente como ésta, que no sabe caer con dignidad, vale la pena recordar lo que le dijo, creo que la madre del último califa de Granada a su hijo, que lloraba al perder la ciudad: “Haces bien en llorar como mujer lo que no supiste defender como hombre”.

Coda

Esta última intervención Guevara respondió las alusiones a su primera intervención. Los interesados pueden leer esas alusiones en el acta completa de la 1300a Sesión de la ONU, aquí: https://undocs.org/pdf?symbol=es/A/PV.1300.

Quienes hayan llegado hasta este punto habrán comprendido, a pesar de las transformaciones ocurridas desde entonces, la actualidad de las preocupaciones centrales de Ernesto Che Guevara.

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