jueves 29 de octubre, 2020

¿MEVIR vs Cooperativas? Zapatero a tus zapatos

Publicado el 29/07/20 a las 6:35 am

Por Benjamín Nahoum

El Uruguay tiene, desde hace más de cincuenta años, dos sistemas de producción de vivienda social que han demostrado una gran eficiencia: el MEVIR, creado por una iniciativa del político, abogado y estanciero Alberto Gallinal Heber (cuyo nombre lleva hoy la institución) para resolver la vivienda insalubre rural (eso es lo que significa la sigla), y el cooperativismo de vivienda, que con base en un sistema de aplicación universal, como el cooperativismo, instaló a partir de una idea de técnicos visionarios, tomada y amplificada por la gente, un modelo realmente original, al combinarlo con el esfuerzo propio y la propiedad colectiva.

Ambos sistemas han actuado durante un número parecido de años, han construido una cantidad similar de unidades y han probado que, en este tema de la vivienda, cuando el concepto de la mercancía y el negocio dan paso al del derecho, es posible, efectivamente, llegar a la gente más necesitada. Y en ambos sistemas es la propia gente la que construye las viviendas, en el caso de las cooperativas, en la modalidad de ayuda mutua, ya que la de ahorro previo hace su esfuerzo ahorrando.

Pero también hay diferencias entre el MEVIR y las cooperativas de vivienda, y son importantes. Mientras en éstas la gestión (tomar todas las decisiones: desde el proyecto urbano arquitectónico al color de la pintura de las paredes) la conduce la propia gente: los destinatarios de las viviendas, en el caso de MEVIR esa tarea queda en manos de las autoridades (una Comisión Honoraria) y los técnicos, que a esta altura constituyen una maquinaria muy bien ensamblada, pero que no deja de ser externa.

Por otro lado, el medio de actuación de MEVIR, en principio el rural, últimamente extendido a pequeñas localidades, se corresponde con tipologías de baja densidad, viviendas aisladas o en pequeños agrupamientos, mientras las cooperativas han tenido un desarrollo típicamente urbano, basado en conjuntos habitacionales de densidad edificatoria media pero cada vez más alta, incursionando en los últimos años incluso el de ayuda mutua en los edificios en altura.

MEVIR, finalmente, otorga la propiedad privada individual de las viviendas, y por lo tanto su circulación es por la vía del mercado, mientras las cooperativas otorgan el derecho de uso y goce, y por lo tanto los traspasos son vía cooperativa y no mercado. Y si bien los costos de ambos sistemas, para productos semejantes, son similares, las cooperativas devuelven, salvo los subsidios de capital por construcción en altura, toda la inversión, aún con intereses (hoy el Estado les cobra las tasas de mercado), mientras MEVIR subsidia en un alto porcentaje el pago de las viviendas.

La ignorancia de esto último, precisamente, llevó a algunos diputados oficialistas (uno de ellos, ex Intendente) durante la discusión de la Ley de Urgente Consideración (LUC), a decir que las cooperativas son caras y requieren el pago de cuotas importantes, cuando lo sustancial de ese encarecimiento proviene de las condiciones que les pone el propio Estado: impuestos y altos intereses de préstamo, que otros sistemas no pagan.

Pero la recientemente aprobada LUC introdujo un cambio en esa sabia distribución de funciones, con MEVIR en el medio rural y las pequeñas localidades, y el cooperativismo haciéndolo igual o mejor en el medio urbano: se ampliaron las competencias que la ley le otorga a MEVIR para que actúe en todo el país.

¿Qué se gana con esto? ¿Aumentarán los recursos asignados a MEVIR y se ampliará su estructura para poder cubrir adecuadamente ambos frentes, con la dificultad adicional de que ingresará a una tarea en la que no tiene experiencia y para lo que no está diseñado y preparado? ¿O desatenderá su campo de acción natural, aquel en el que trabaja bien, y además es el único que lo hace? Y si tiene recursos adicionales, como parecería lógico, esos recursos, en un momento que parece signado más por los recortes que por los incrementos, ¿saldrán de un impuesto a la riqueza, por ejemplo, o de quitas a otros programas, como las propias cooperativas, o los realojos y mejoramiento de barrios de las intendencias departamentales? Con lo cual estaríamos desvistiendo a un santo con milagros probados para vestir a uno que va a experimentar.

Todas las experiencias que se han hecho, casi siempre con el afán de sustituir a las cooperativas, como las sociedades civiles y el propio “MEVIR urbano” impulsado sin éxito durante la dictadura, o el Plan “Aquiles Lanza” en Montevideo o los grupos SIAV de los noventa, han terminado en fracasos, y rápidamente han debido dejarse de lado, mientras el cooperativismo de vivienda pervivió incluso a una dictadura.

Este nuevo intento difícilmente tenga un resultado diferente. Mientras tanto, el cooperativismo sigue esperando el apoyo que necesita. Sobre todo, en recursos. Porque si en los últimos llamados semestrales con cupos de mil viviendas, por cada cooperativa que pasaba quedaban casi dos afuera, no hay que ser muy perspicaz para imaginar lo que pasará en 2020 con un solo llamado anual, y lo que puede pasar si esos niveles de mishiadura se mantienen en el nuevo Plan Quinquenal.

Semanario 20once, Paysandú

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