miércoles 11 de diciembre, 2019

Evo Morales: «El peor enemigo de la humanidad es el Imperialismo.»

Publicado el 11/11/19 a las 4:32 am

«Con dinamita, encapuchados con escudos han tomado la embajada de Venezuela en Bolivia. Estamos bien y a resguardo, pero quieren hacer una masacre con nosotros. Ayúdennos a denunciar esta barbarie», dijo la diplomática a ABI. Morales es un firme aliado de Venezuela.

Presentamos un Dossier sobre el golpe de estado en Bolivia. Incluímos tres videos: 1) los violentos ataques de paramilitares a mujeres indígenas; 2) la última entrevista a Evo Morales en la mañana del 10/11/19; y 3) la explicación de las renuncias de Morales y García Linera. Agregamos las conclusiones políticas de Atilio Borón y Emir Sader, así como el análisis de la transformación economica de Bolivia durante el masismo por Andrés Arauz, Mark Weisbrot, Andrew Bunker y Jake Johnston.

Introducción

El golpe fue dado por la oligarquía para restituir el modelo neoliberal favorable a Washington. Tuvo con el apoyo de sectores medios. Éstos imprimieron acciones racistas violentas. A ello agregaron componentes mesiánicos cristianos como el uso de la biblia para forzar el golpe y la exhibición de la imagen de la Virgen de Schoensttat. Esta «misión» religiosamente vestida no puede ocultar las tácticas fascistas clásicas empleadas. Un verdadero golpe cívico, político y militar auspiciado por la OEA al decir del propio Evo Morales. Sus razones no obedecieron a una crisis económica. La economía boliviana en términos de crecimiento y redistribución del ingreso auguraba excelentes perspectivas plasmadas en la Agenda 2025. Aquí imperó el agente externo, el reino de la geopolítica imperial tras el despojo de los bienes comunes.

Ataques de paramilitares a mujeres del MAS.

El golpe en Bolivia: cinco lecciones

Por Atilio Borón (Página 12, 10/11/19)

La tragedia boliviana enseña con elocuencia varias lecciones que nuestros pueblos y las fuerzas sociales y políticas populares deben aprender y grabar en sus conciencias para siempre. Aquí, una breve enumeración, sobre la marcha, y como preludio a un tratamiento más detallado en el futuro.  Primero, que por más que se administre de modo ejemplar la economía como lo hizo el gobierno de Evo, se garantice crecimiento, redistribución, flujo de inversiones y se mejoren todos los indicadores macro y microeconómicos la derecha y el imperialismo jamás van a aceptar a un gobierno que no se ponga al servicio de sus intereses.

Segundo, hay que estudiar los manuales publicados por diversas agencias de EEUU y sus voceros disfrazados de académicos o periodistas para poder percibir a tiempo las señales de la ofensiva. Esos escritos invariablemente resaltan la necesidad de destrozar la reputación del líder popular, lo que en la jerga especializada se llama asesinato del personaje (“character assasination”) calificándolo de ladrón, corrupto, dictador o ignorante. Esta es la tarea confiada a comunicadores sociales, autoproclamados como “periodistas independientes”, que a favor de su control cuasi monopólico de los medios taladran el cerebro de la población con tales difamaciones, acompañadas, en el caso que nos ocupa, por mensajes de odio dirigidos en contra de los pueblos originarios y los pobres en general.

Tercero, cumplido lo anterior llega el turno de la dirigencia política y las elites económicas reclamando “un cambio”, poner fin a “la dictadura” de Evo que, como escribiera hace pocos días el impresentable Vargas Llosa, aquél es un “demagogo que quiere eternizarse en el poder”. Supongo que estará brindando con champagne en Madrid al ver las imágenes de las hordas fascistas saqueando, incendiando, encadenando periodistas a un poste, rapando a una mujer alcalde y pintándola de rojo y destruyendo las actas de la pasada elección para cumplir con el mandato de don Mario y liberar a Bolivia de un maligno demagogo. Menciono su caso porque ha sido y es el inmoral portaestandarte de este ataque vil, de esta felonía sin límites que crucifica liderazgos populares, destruye una democracia e instala el reinado del terror a cargo de bandas de sicarios contratados para escarmentar a un pueblo digno que tuvo la osadía de querer ser libre.

Cuarto: entran en escena las “fuerzas de seguridad”. En este caso estamos hablando de instituciones controladas por numerosas agencias, militares y civiles, del gobierno de Estados Unidos. Estas las entrenan, las arman, hacen ejercicios conjuntos y las educan políticamente. Tuve ocasión de comprobarlo cuando, por invitación de Evo, inauguré un curso sobre “Antiimperialismo” para oficiales superiores de las tres armas. En esa oportunidad quedé azorado por el grado de penetración de las más reaccionarias consignas norteamericanas heredadas de la época de la Guerra Fría y por la indisimulada irritación causada por el hecho que un indígena  fuese presidente de su país. Lo que hicieron esas “fuerzas de seguridad” fue retirarse de escena y dejar el campo libre para la descontrolada actuación de las hordas fascistas -como las que actuaron en Ucrania, en Libia, en Irak, en Siria para derrocar, o tratar de hacerlo en este último caso, a líderes molestos para el imperio- y de ese modo intimidar a la población, a la militancia y a las propias figuras del gobierno. O sea, una nueva figura sociopolítica: golpismo militar “por omisión”, dejando que las bandas reaccionarias, reclutadas y financiadas por la derecha, impongan su ley. Una vez que reina el terror y ante la indefensión del gobierno el desenlace era inevitable.

Quinto, la seguridad y el orden público no debieron haber sido jamás confiadas en Bolivia a instituciones como la policía y el ejército, colonizadas por el imperialismo y sus lacayos de la  derecha autóctona.  Cuándo se lanzó la ofensiva en contra de Evo se optó por una política de apaciguamiento y de no responder a las provocaciones de los fascistas. Esto sirvió para envalentonarlos y acrecentar la apuesta: primero, exigir balotaje; después, fraude y nuevas elecciones; enseguida, elecciones pero sin Evo (como en Brasil, sin Lula); más tarde, renuncia de Evo; finalmente, ante su reluctancia a aceptar el chantaje, sembrar el terror con la complicidad de policías y militares y forzar a Evo a renunciar. De manual, todo de manual. ¿Aprenderemos estas lecciones?

Entrevista a Evo Morales en la mañana del 10/11/19.

Golpe en Bolivia: la derecha hace lo que sabe hacer

Por Emir Sader (Página 12, 10/11/19)

En Argentina, la izquierda perdió, volvió a disputar democráticamente las elecciones y ha ganado. En Brasil, Lula tuvo reconocidos sus derechos y se reincorpora a la lucha democrática en contra de un gobierno elegido por maniobras antidemocráticas. En Uruguay, el Frente Amplio lucha con todas sus fuerzas para mantener su gobierno. En Chile, el pueblo pelea democráticamente por el derecho a tener una Constitución democrática. Lopez Obrador, después de tantos intentos, ejerce democráticamente el gobierno para el cual fue elegido por aplastante mayoría por el pueblo mexicano.

En Bolivia, la derecha cuestionó el resultado electoral, con el apoyo de la OEA, que pidió hacer el recuento de los votos, con el acuerdo del gobierno de que sería un resultado vinculante. Sin embargo, de forma sincronizada, la misma OEA paralizó el recuento y propuso nuevas elecciones, con un nuevo Tribunal Electoral. Evo lo aceptó, anuló los resultados electorales y convocó a nuevos comicios. Pero la derecha ya se había radicalizado. Mesa fue desplazado por una alternativa de extrema derecha, originaria de Santa Cruz de la Sierra, dirigida por Luis Fernando Camacho, que desde un comienzo planteó la renuncia de Evo y se dirigió a La Paz para hostigar directamente al gobierno.

A ello se sumaron acciones violentas, indispensables para que el golpe pudiera cuajar: se rebelaron policías de algunas provincias, acciones directas en contra de las casas de gobernadores del MAS, del presidente de la Cámara de Diputados, de ministros del gobierno, de la hermana de Evo se fueron diseminando, contando con la ausencia de la policía. Finalmente, las fuerzas armadas, que se habían pronunciando inicialmente, en el sentido de que actuarían en contra del pueblo, terminaron pressionando a Evo para que renunciara.

Para frenar la ofensiva violenta de la derecha, Evo presentó su renuncia, así como su vice, Alvaro García Linera, como forma de defender a los que son víctimas de las acciones violentas. Se consolidó así un golpe militar más en Bolivia. Un país que, antes del gobierno de Evo, era el campeón de los golpes militares, de inestabilidad política en el continente. En que su elite blanca resistió todo lo que pudo al gobierno de más éxito en la historia de Bolivia, justamente presidido por un líder indígena.

No importa las historias que van a contar. Es un golpe, que rompe con la continuidad democrática existente desde la primera victoria electora de Evo Morales, en 2005. La renuncia de Evo se hace bajo la presión militar, de acciones violentas de comandos de la derecha, de la alianza de todos los sectores opositores. Se interrumpe un gobierno reelegido por la gran mayoría de los bolivianos, que ha aceptado la propuesta de la OEA de nuevas elecciones con nuevo Tribunal Electoral.

¿Qué hace entonces la OEA, cuando su propuesta fue aceptada por el gobierno, pero las FFAA impusieron a Evo su renuncia? Actuaba supuestamente para defender la transparencia de la democracia en Bolivia. Y ahora, ¿qué? ¿Cómo va a actuar para garantizar el resto del mandato de Evo –que iba hasta enero– y las nuevas elecciones democráticas? ¿Va a denunciar el golpe, como lo hizo en Honduras y en Paraguay –pero no en Brasil– y punir a los que asuman el gobierno en Bolivia?

Después del intento de golpe en contra de Hugo Chávez, en 2002, los golpes no fueron más admitidos en la región. Cobardemente, se aceptó el golpe en contra de Dilma Rousseff, por la apariencia legal del “lawfare”. Pero Honduras y Paraguay fueron punidos. Derrotada en las urnas y sintiéndose sin condiciones de ir a nuevas elecciones en contra de Evo, la derecha hace lo que sabe hacer: dar un golpe.

La primera década de este siglo ha sido dominada por gobiernos progresistas, todos elegidos y reelegidos democráticamente. La segunda década ha estado marcada por una contraofensiva conservadora, que ha restaurado el modelo neoliberal en Argentina, en Brasil, en Ecuador, por la vía democrática en el primero caso, por vías antidemocráticas en los otros dos. Argentina ha recuperado un gobierno popular democráticamente. La izquierda supo resistir a los retrocessos del gobierno Macri, fortalecerse y triunfar. En Brasil, Lula resistió su prisión injusta, salió de la cárcel para comandar la lucha democrática. En Bolivia y en Uruguay se disputa la tercera década del siglo. Derrotada electoralmente, la derecha apela a un golpe en contra del gobierno de Evo.

El futuro del continente vuelve a estar abierto. Argentina y México se vuelven los ejes de la reconstrucción del eje progresista. Brasil vuelve a ser el escenario decisivo sobre el futuro del continente y Lula es el actor que puede ser determinante en lo que pase en Brasil y en Latinoamerica.

Evo Morales y García Linera explican los motivos de su renuncia (10/11/19)

La transformación económica de Bolivia

Por Andrés Arauz, Mark Weisbrot, Andrew Bunker y Jake Johnston (nuevatribuna.es, 20/10/19).

La economía de Bolivia ha experimentado una transformación estructural durante la presidencia de Evo Morales. El PIB real (ajustado a la inflación) per cápita creció en más de un 50% en los últimos trece años.

Esto equivale al doble de la tasa de crecimiento de la región de América Latina y el Caribe. Aún cuando la economía regional latinoamericana sufrió una desaceleración en los últimos cinco años, Bolivia tuvo el mayor crecimiento del PIB per cápita en América del Sur.

Durante la mayor parte de los últimos 13 años, Bolivia ha tenido superávit en la balanza de pagos, lo que ayudó a mantener la estabilidad macroeconómica. El sólido crecimiento económico del país ha contribuido sustancialmente a la reducción de la pobreza y la pobreza extrema. La tasa de pobreza ha caído por debajo del 35% (estaba por debajo del 60% en 2006) y la tasa de pobreza extrema es del 15.2% (estaba por debajo del 37.7% en 2006).

La transformación económica de Bolivia fue posible gracias a un conjunto de amplias transformaciones políticas en el país.

Estas incluyeron una nueva Constitución con directrices económicas importantes; la nacionalización y propiedad pública de recursos naturales y de algunos sectores estratégicos de la economía; una inversión pública redistributiva y una implementación de políticas salariales; la coordinación de políticas entre el Banco Central y el ministerio de Economía y Finanzas; y las políticas monetarias y cambiarias dirigidas a desdolarizar el sistema financiero boliviano.

La renacionalización de los hidrocarburos en 2006 fue vital para el progreso económico y social de Bolivia. En los primeros ocho años de la presidencia de Morales, los ingresos del Gobierno nacional por hidrocarburos aumentaron casi siete veces, pasando de $731 millones a $4.95 mil millones; y aunque parte de esto fue consecuencia del aumento de precios, la mayoría fue el resultado de la nacionalización y de los cambios de política relacionados.

Es necesario hacer hincapié en la enorme importancia de la nacionalización de los hidrocarburos para el progreso económico de Bolivia de los últimos 13 años. Estos ingresos fueron fundamentales a la hora de permitir que el Gobierno lograra una estabilidad macroeconómica (por ejemplo, evitar problemas en la balanza de pagos, mantener un tipo de cambio estable, aumentar enormemente la inversión pública), además de financiar el gasto social.

También es evidente que la capacidad del Gobierno de elegir este camino mucho más productivo solo fue posible después de liberarse de las limitaciones de los acuerdos del FMI. Cuando Evo Morales tomó posesión del cargo en 2006, Bolivia llevaba operando bajo los acuerdos del FMI por 20 años, y su PIB per cápita era inferior al que tuvo en 1980. Un repaso de los documentos del FMI muestra la oposición del organismo internacional a cualquier tipo de nacionalización o incluso a intentos menores de aumentar el control gubernamental sobre los recursos de hidrocarburos. “El personal [del FMI] agradece el compromiso del presidente Mesa con vetar cualquier ley de hidrocarburos inapropiada”, frase que apareció en la Quinta Revisión del FMI en virtud del Acuerdo “Stand By” (de préstamo) en marzo de 2005, poco más de un año antes de la nacionalización dirigida por el sucesor de Mesa, Evo Morales.

Si bien algunas de las medidas económicas de Bolivia durante los últimos 13 años se ajustan a las prescripciones de políticas estándar, otras implican el uso de un agregado de políticas heterodoxas junto a herramientas ideadas por ellos mismos.

Por ejemplo, empezando en 2010 el Banco Central ha aplicado una política monetaria poco convencional a través de un programa de flexibilización cuantitativa, con el fin de comprar instrumentos financieros emitidos por empresas estatales y bonos del Gobierno. En diciembre de 2018, casi la mitad (44%) del balance del Banco Central se invirtió en activos nacionales (frente al 12% en 2010). Es importante subrayar que este aumento significativo en el dinero creado por el Banco Central no estuvo acompañado por un aumento en la tasa de inflación de precios. Los fondos del Banco Central están destinados a contribuir con el programa de inversión de Bolivia en los gastos de capital de sus empresas estatales estratégicas (EEE).

El compromiso del Gobierno con la inversión pública también está fuera de las recetas convencionales dominantes en la actualidad, y ha mantenido la inversión pública de Bolivia—como porcentaje del PIB—en el nivel más alto de América Latina.

El conjunto de la inversión (pública y privada) también ha sido sustancialmente más alta que en el pasado, con un promedio de 21.8% del PIB en los últimos cinco años. Y los esfuerzos de Bolivia para promover el crecimiento económico se han centrado en el mercado interno, en línea con su estrategia de desarrollo.

El compromiso de Bolivia con el crecimiento económico del PIB se ha concentrado en el mercado interno, en consonancia con su estrategia de desarrollo. Ha habido aumentos sustanciales en el consumo de los hogares (4.7% de crecimiento anual promedio real entre 2006 y 2018), formación bruta de capital fijo (9.2%) y gasto público (5.3%). Las exportaciones también han crecido, pero a un ritmo más lento (un promedio de 1.9% anual). De hecho, en los últimos años Bolivia ha mantenido la inversión en niveles muy altos en comparación con el pasado. Durante los últimos cinco años (2014-2018), los niveles de inversión han promediado el 21.8% del PIB anual.

También ha sido impresionante la variación en el tamaño del sistema financiero boliviano. Los depósitos han crecido a una tasa promedio anual del 14% (entre 2008 y 2019). El tipo de cambio y las políticas monetarias de Bolivia han sido factores clave para re-bolivianizar el sistema financiero: la proporción de depósitos en dólares en el sistema financiero ha disminuido del 34% en 2008 al 1% en 2019; todo gracias a una combinación de desincentivos y regulaciones. Los préstamos dirigidos a sectores productivos y con topes máximos de tasas de interés bajas son parte del conjunto de herramientas que las autoridades monetarias han implementado con éxito. El crédito total en el sistema financiero ha crecido a un promedio de 16% por año desde 2008.

Sin embargo, quedan desafíos importantes. Aunque Bolivia ha experimentado un crecimiento económico sostenido durante estos años, sigue siendo uno de los países más pobres de América del Sur. Su sector de exportación sigue concentrado en términos de productos y destinos. El crecimiento de la inversión en Bolivia ha ocasionado recientemente déficits considerables pero aún sostenibles en su cuenta corriente, así como déficits sustanciales no financieros del sector público. El Banco Central ha contribuido a esto financiando los gastos de capital de las empresas estatales. No se prevén riesgos importantes para la cuenta de capitales de Bolivia, pero cabe destacar que una gran cantidad de activos financieros de los bolivianos se depositan en el extranjero. Si bien ha habido un aumento reciente en la deuda pública denominada en el exterior, no representa un riesgo a corto o mediano plazo, principalmente porque es a muy largo plazo y también por ser un préstamo con condiciones favorables (es decir, muy por debajo de las tasas de interés del mercado).

Las autoridades bolivianas están promoviendo importantes inversiones en políticas de soberanía alimentaria, con el fin de convertirse en una potencia agrícola para diversificar la economía. También están atrayendo inversiones considerables para industrializar sus materias primas, con el objetivo de llegar a ser un líder mundial en la exportación de baterías de litio. Estas inversiones estratégicas son parte de la Agenda 2025 de Bolivia que guía su política económica a mediano plazo.

NOTA del ADM.: Recomendamos la lectura del Informe completo publicado por el Center for Economic and Policy Research (CEPR) en castillano haciendo clic aquí.

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