sábado 14 de diciembre, 2019

Si logramos convocar las claves de participación y movilización, ¿qué no se puede?

Publicado el 21/01/19 a las 6:30 am

Entrevista a Oscar Andrade, precandidato a la presidencia por el FA

Por Brenda Bogliaccini

—¿Cómo surgió la idea de la candidatura?
—La candidatura viene al final. Primero fueron las enormes dificultades en la lucha política en América Latina, retrocesos cada vez más notorios. Parte de esos retrocesos eran resultado de factores de afuera indiscutibles: el papel de los grandes grupos económicos, del imperialismo, de los medios masivos de comunicación, del Poder Judicial. Pero hay una parte de las debilidades de los procesos de cambio en América Latina —que sucumbieron estos últimos años vía golpe de Estado parlamentario, vía derrotas electorales en la región—, que con más o menos intensidad o crudeza se ven en nuestro país: las enormes dificultades para traducir avances en la redistribución social y en algunos derechos en mayores niveles de conciencia y poder popular, y las dificultades de la relación entre la base social organizada y la izquierda y el gobierno, en la transformación el Estado para transformaciones más profundas. Algunos de los temas no resueltos por las izquierdas en América Latina también los tenemos con mayor preocupación en Uruguay. Es debemos resolver esos problemas que son de la acumulación social y política, de la construcción de factores de poder ahora, en medio de una circunstancia regional muy dura y de mucha hostilidad de parte del bloque de poder nacional e internacional en Uruguay.
Percibíamos este momento de las luchas políticas diferente al que tuvimos hace cinco o diez años atrás. No lográbamos encontrar eco en la discusión en los ámbitos orgánicos de la izquierda para mirar con mayor preocupación el trazado de una estrategia para este momento político tan complejo. Momento que está marcado por el recrudecimiento de la tensión redistributiva que se expresa en intentos de ajuste ahora y también niveles de violencia más duros. Este año ha sido muy complicado, arrancamos con el asesinato de Marcelo Silveira, dirigente de los camioneros al comienzo del año, los mensajes de violencia que recorrieron toda la movilización de Un solo Uruguay, en los distintos grupos de whatsapp, en los comentarios, los intentos de provocaciones, el atentado ante un campamento sindical del arroz en Treinta y Tres que terminó incendiado, la violencia contra trabajadores rurales, los atentados contra Sitios de la Memoria y placas, más este año que en cualquier otro, las declaraciones de algunos personeros de la fuerzas armadas y del Círculo Militar en un tono cada vez más agresivo, el retiro —sin siquiera participar una vez— de la negociación colectiva de la Asociación Rural y la Federación Rural dando un golpe muy duro al proceso de negociación por derechos laborales. Los últimos días, los destrozos a la Radio Canelones dando una señal muy compleja que es que no robaron nada, dejaron las bobinas de cobre ahí y destrozaron todos los transistores.

—Una ofensiva que parece organizada.
—En distintos niveles no hay duda, puede haber elementos que no estén organizados. También tiene que ver con esto la violencia contra la persona trans en Salto, hay un conjunto de señales que son la manifestación del contexto regional en nuestro país. Que después se expresan en el terreno político. En la campaña pasada la derecha no nos ofrecía la privatización de las empresas públicas, como el 2 de marzo Lacalle Pou lo hace al plantear la importación de combustibles, o los planteos en medidas de seguridad de allanamiento nocturno y militarización. Uno podría decir que la derecha salió del closet y lo que no puede pasar es que los planteos de la izquierda entren al closet. Es decir, en un momento donde la derecha instala su ofensiva, nos está faltando identificar la dimensión social de los conflictos, que nos ayude a explicar.
Por ejemplo, nosotros tenemos problemas con la vivienda que tienen que ver con factores de poder que operan en el mercado inmobiliario y que hay que enfrentar para resolver el tema de la vivienda, no solamente con más recursos. Los problemas que están relacionados al déficit fiscal tienen que ver con factores de poder en la necesidad de cambios en la estructura tributaria que logren construir recursos para atender la generación de puestos de trabajo, los temas de salud, etcétera. También los problemas de la transformación de la reforma dentro de la reforma de la salud que tienen que ver con sectores de privilegio que han mercantilizado la salud, que de la mercantilización de la salud tienen ganancias fabulosas, sino tocás esos intereses no vas a avanzar en la salud.
Hay que tratar de identificar que una parte importante de lo que resta no son problemas de gestión y administración. Son problemas de la lucha política. De la acumulación social para la lucha política. En todo caso uno puede pensar algunas batallas en tiempos distintos porque no tiene la fuerza suficiente, si se compromete a construir la fuerza suficiente. Pero está ahí el nudo principal a desatar. Y si esto no se explica, cuando tengo problemas de acceso a la salud, al empleo, etcétera, pareciera que son problemas de la gestión del Frente Amplio y no de la lucha social y política. También en esto la izquierda educa con sus planteos, en su organización, en su impronta.

—Has planteado que tenemos problemas de poder y de carencias en la tarea cultural unida a la acumulación social y política.
—Primera conclusión: hay un momento de mayor tensión de sectores en el poder que no toleran más al Frente Amplio en el gobierno, no toleran más los derechos que el FA construyó, hay más derechos sociales, laborales, una nueva agenda para sectores históricamente discriminados, etc. Esos avances son insuficientes, no nos alcanzan, pero no los toleran y han decidido desplazar como sea al FA del gobierno y desplazar sus políticas. Van a apostar todo al triunfo electoral el año que viene. Pero creo que aun perdiendo, con la izquierda en el gobierno, van a ejercer sobre la izquierda una presión feroz a los efectos de que se someta a las lógicas del mercado. El 4º gobierno si se conquista, va a ser un gobierno en condiciones mucho más hostiles y en una correlación de fuerzas regional más complicada. ¿Esto quiere decir que hay que bajar los brazos? No, hay que multiplicarlos para llegar a ese 4º gobierno en condiciones de transformaciones más hondas.
Es más, tengo la convicción que aunque no tengamos una plataforma muy exigente con los sectores en el poder, ya han decidido pasar a la ofensiva. Es muy probable que un 4º gobierno del FA encuentre un movimiento de autoconvocados más recargado. Y tenemos que pensar que no nos puede pasar como al 4º gobierno de Dilma, que impulsemos nosotros una reforma de la seguridad social de características de recorte de derechos. Que la presión haga que nosotros mismos impulsemos una política salarial restrictiva, medidas que vayan en contra de la inversión pública social, o sea que la presión de los grandes grupos en el poder sea tan dura que terminemos transitando un camino similar al del 4º gobierno de Dilma, donde uno escuchaba a compañeros del PT decir “con este tipo de medidas antipopulares, son antipopulares pero vamos a ganar gobernabilidad porque los sectores de la Federación Industrial y rurales van ahora a ser parte del sostén” y fueron parte del golpe esos sectores. Cuando vieron al gobierno con mucha debilidad en su respaldo histórico, estaban todas las condiciones dadas para dar un paso más allá en Brasil, que es la joya de la corona en América Latina para la geopolítica imperial.
Nosotros vamos a estar en esa tensión. Primero de ganar. Segundo, ganar en condiciones de acumulación tal para sostener un gobierno popular, de transformaciones populares. Eso implica que el FA no vaya huérfano. Que construya un tipo de relación con sus organizaciones sociales históricas, con la base de pueblo organizado, implica también organizarlo y para ello la batalla electoral y el programa son centrales, porque para nosotros no es lo mismo una campaña donde se rodee la necesidad del incremento de las políticas públicas con organizaciones sociales, o sin ellas. Y coloquemos una bandera política de no más niños pobres en Uruguay. Demos debates, realicemos asambleas y movilización. No es igual la resolución cuasi administrativa de un porcentaje para vivienda que discutir la crisis urbana, reunirse con FUCVAM, con FECOVI, con la universidad, con el SUNCA, organizar los asentamientos, poner en movimiento el programa y llegar al gobierno, además de con los votos, con parte de un movimiento popular por el techo que sea la base en que te parás para las transformaciones que se vienen. En cada área, no es lo mismo si en la batalla política te parás organizando pueblo que sin organizar pueblo.
Este grado de agudización necesita la relación de la izquierda con el movimiento social, para lanzarnos en la campaña con propuestas de programa que organicen en torno a su discusión a las grandes mayorías nacionales que estarían identificadas con ese programa. De esa ecuación es que surge la iniciativa de muchos compañeros y compañeras de que es necesario poner una candidatura que pudiera discutir estas cosas, que las pusiera en tensión, que las pusiera arriba de la mesa. Que nos sacáramos el prejuicio de la discusión de la redistribución de la riqueza en cualquiera de sus niveles: aumento de salarios, incremento de la inversión pública social, o reformas fiscales o tributarias que apunten a la redistribución, no pueden ser un tabú para la izquierda. No pueden ser cosa prohibida, o maldita, o inoportuna. En todo caso que nos organicen la cabeza para organizar la esperanza.
Se venía notando que en los últimos tiempo se empezó a generar una distancia de la izquierda política del FA y del gobierno con el activismo, con los militantes de los barrios, de los sindicatos, de las cooperativas, de la universidad, y eso es muchos más caro que lo otro. Es muy notorio que hoy muchos militantes territoriales y que por suerte votan al FA, ya no son los que organizan el comité y los que movilizan, algunos ni siquiera votan, o votan en blanco. Y no podemos ser tan arrogantes de decir que todo es producto de que no entienden. Hay una buena parte que es producto de algunas señales dadas en los últimos tiempos: la ley de riego, la esencialidad en la educación, los retrasos y dificultades para aprobar la Ley de responsabilidad penal empresarial, las difi-cultades para cambiar las políticas salariales, las dificultades en políticas tributarias, este año con la discapacidad o con las tropas, que van generando un acumulado de señales que deterioran la relación, con quienes no puede estar deterioradas nunca que es con el primer círculo, que es el activismo militante, el que construye todos los días perspectiva popular.

—Cuando estabas en la Cámara de Representantes decidiste volver al movimiento sindical, y ahora decidís entrar en una candidatura para dar una señal de revincular al movimiento social con el FA.
—En 2016 teníamos una situación de enorme dificultad porque se habían definido unas orientaciones salariales en 2015 que tenían una predicción de que la inflación iba a ir cayendo, esa caída en los porcentajes de inflación la acompañaba el comportamiento de las pautas salariales, por tanto las pautas salariales para 2016 era menores de las de 2015. Y en el año 2016 tuvimos una inflación mayor que la de 2015 y se decidió mantener la pauta salarial, como que no hubiera pasado eso, que la inflación estuviera en 6 en vez de en 10.

—Además que se había cambiado el criterio, se había incorporado la desindexación de los salarios.
—Sí, además teníamos la desindexación, agregado a eso teníamos un componente que era pelearte con la realidad, se había demostrado que la inflación se incrementó, si se mantenían esas pautas salariales hubiera pasado en 2016 lo que probablemente pase este año —hay que ver el último mes—, pero tiene que ver con la rigidez en política salarial, no darnos más amplitud hasta para castigar a las empresas que se retiran como la Asociación y Federación Rural, que este año sea el primer año que el aumento de las jubilaciones esté igual o algo por debajo de la inflación, es un problema. No porque medio punto sea la vida, pero es un problema político para la izquierda que en un momento que crece la economía las jubilaciones ni siquiera acompañen la inflación. Se puede dar por primera vez, lo conversamos con compañeros de ONAJPU la última semana.
Eso no desconoce que en América Latina creció el salario real un 20% y en Uruguay un 50%. Lo que digo es que en un momento donde la tensión es mayor, si nosotros no hubiéramos cambiado la pauta salarial como se cambió tres veces en 2016, la caída del salario con respecto al PBI hubiera sido de tres puntos su peso relativo en el conjunto de la economía.
Segundo también dábamos una señal en la misma dirección a la que estamos diciendo ahora: “miren que la militancia institucional es importante, luchamos para llegar al gobierno, para tener ediles, parlamentarios, pero esta otra militancia no es a menospreciar, no es de segunda o de tercera”. Es más, yo soy de los que cree que la izquierda puede perder el gobierno, llegamos a intendencias que después perdimos. Lo que no puede perder es la relación con la base social histórica. Donde nunca podés perder el pie es en la base social. Los gobierno no hacen solos, o desde arriba, sino que hacen “con”.
Esa construcción de gobierno popular, que es gobierno con el pueblo, con pueblo participando, parece un debate que no estamos dando lo suficiente. En nuestros balances tiene que estar cuánto mejoró el índice Gini, cuánto bajó el desempleo, la pobreza, cuánto mejoró vivienda, pero a la vez qué espacio de poder popular construyó. Y en la izquierda nos cuesta reaccionar. Voy a poner un ejemplo, en el año 2006 hubo más de 220 mil uruguayos convocados por el FA para participar y elegir el Plenario Nacional del FA, la conducción de la herramienta política. Pasaron diez años y en una elección que votaron más de 90 mil uruguayos a la presidencia, al plenario votaron poco más de 60 mil, es muy poco el tiempo para que 160 mil uruguayos menos votaran, como para que no nos interroguemos sobre lo que está pasando, ahí hay un mensaje. Creo que nos está costando escuchar ese mensaje.

—También existen dentro del FA distintas estrategias, distintas perspectivas desde el punto de vista económico, social y político. ¿Cómo analizás las distintas miradas dentro del FA?
—Vos podés tener un solo programa pero ante las dificultades de su aplicación, nosotros no hubiéramos optado por una orientación salarial que impidiera al Poder Ejecutivo acompañar convenios colectivos que superaran la pauta salarial, cuando hubo dificultades con respecto al déficit fiscal hubiéramos impulsado implementar un conjunto de medidas que tocaran a la renta extraordinaria, o al patrimonio extraordinario, o a la gran herencia, hubiéramos caminado por ese lado y no por el lado de los salarios altos. Es notorio que si tenés que resolver un dilema de qué parte del planteo electoral vulnerás: si el 1% para investigación en innovación y desarrollo, el 6% para la educación o no pongo más impuestos, hubiéramos optado por esto último y no los otros. Es claro que no hubiéramos avanzado en materia de tratados de integración comercial que tuvieran el formato del TLC con Chile porque sienta un antecedente muy negativo para futuras negociaciones, porque es negativo en este caso y además sienta antecedes negativos para otras negociaciones.
El FA tiene un programa común, pero también tiene valoraciones distintas acerca de la gestualidad. Si hoy tuviéramos que elegir un gesto a nuestra base social diciéndole al gobierno más anti latinoamericano que conozco de los Estados Unidos —con la historia que tiene de intervencionismo, en realidad Trump es intervencionismo más odio a los latinoamericanos—, tenemos que decir “no podemos ayudarte en esto”, porque protegés tu base social. Y resulta que para no generar problemas con la potencia hegemónica más grande te comprás los problemas con tu base social.
Es claro que en la izquierda tenemos miradas diferentes que no van a ser fáciles de resolver. Y tenés que transitar la unidad de la izquierda en medio de esas complejidades.
Durante el proceso de los dos primeros períodos de gobierno, se pudieron atender demandas sociales importantes. Casi en cualquier dato tenés como pararte: en Uruguay a gatas se llegaba a 4 mil estudiantes egresados de la universidad, hoy están más cerca de los 7 mil en un período de no tanto tiempo, hay componentes que muestran que la inversión pública ha tenido sus resultados: el descenso de la pobreza y la indigencia. Todo esto sin que la tensión fuera radical, aunque siempre hubo tensión cuando los Consejos de salarios, las libertades sindicales, la Ley de responsabilidad penal empresarial, siempre hubo tensión pero no llegó el agua al río. Hoy para avanzar, la tensión va a ser mayor, porque aun quedando como estaba va a haber tensión. Lo que no parece sensato es no prepararte para eso.
Tenemos un problema que también es ideológico, que no es solo de la izquierda uruguaya, todas las izquierdas cuando hubo un momento de lento crecimiento de la economía que permitía algún avance sin demasiado conflicto se genera la ilusión de que eso puede ser eterno, que se puede crecer eternamente. Si uno va a qué fue lo que creó el pensamiento de Bernstein en la Segunda Internacional, tiene que ver con eso. Había un crecimiento alto en la economía europea que permitía a los sindicatos avanzar en cosas, por lo tanto se fundó la idea de que en el marco de estas relaciones de producción se iban a poder avanzar así. Después esto terminó en la guerra, en la masacre de rapiña imperialista. Después la historia siempre muestra que hay momentos de inflexión y de ruptura. Ello genera o un gran ajuste sobre lo social o un cambio hacia delante.
Nosotros estamos en un momento de nuestras luchas que estamos a varias bandas: la defensa de nuestras conquistas que solo es posible avanzando y eso implica armar el espacio de pueblo que precisás para sostener. Además si lo lográs también hacés que los que están resistiendo los cam-bios regresivos en Argentina, Brasil, Paraguay y Chile vean la experiencia uruguaya y cómo se puede avanzar.
Con eso tenemos un desafío que está bueno, porque no es lo mismo luchar por lo menos malo, que luchar por una perspectiva avanzada para nuestros militantes y para nuestro pueblo. Estamos tratando de recuperar esos significados, que implican un debate de ideas para recuperar niveles de confianza en la militancia, porque la precisamos a muerte, porque está muy lastimada y hay señales que se han generado que a veces son contradictorias.
También está lo otro, y nos ha pasado en estas primeras recorridas, durante estos dos meses y algo de salidas, es que en general este planteo calza con un montón de compañeros y compañeras. Ahora tenemos el desafío político organizativo de seguir enriqueciendo las propuestas, los planteos, las iniciativas, de construirlas con otros.

—En el artículo de Delacoste, en este mismo número de la Revista Compañero, él señala el sor-prendente triunfo de Corbyn en el Partido Laborista Británico con un discurso radical, recuperando las bases del planteo de izquierda ¿cómo recuperar a la militancia? ¿Cuánto es lo nuevo y cuánto lo viejo? Corbyn logra vincularse con la rebeldía juvenil y con los viejos dirigentes sindicales.
—Nosotros tenemos que plantear sin temor y con mucha responsabilidad en la construcción rigurosa de las fuerzas propias, que vamos a un proceso de lucha. Que nos estamos preparando para un proceso de lucha. Que va a tener un terreno electoral, pero que hay lucha que va a ser con los sindicatos, los cooperativistas, los derechos humanos, el movimiento en la universidad, y si logramos convocar a esos movimientos a luchar juntos para que no haya retrocesos, que es mucho más que a votar y la estrategia del marketing electoral, sino que es para avanzar.
Estás en un viejo planteo histórico de la construcción de poder popular, pero también un nuevo planteo porque hace muchos años que se viene diciendo que “tenés que salir a defender, a decir lo que les dimos”, con amenidad. Es decir el sujeto pueblo deja de ser sujeto pueblo, pasa a ser objeto, el que recibe cosas que le vienen de arriba, que le caen de la administración de los gestores inteligentes. Frei Betto dice que los mismos que nos intentaron desplazar el concepto de Estado por el concepto Mercado intentan ahora desplazar el concepto de Política por el de Gestión.
Por otro lado, lo que decís de Inglaterra es como lo que le sucedió al Partido Demócrata en Estado Unidos cuando apareció Bernie Sanders de la nada y no ganó la interna de casualidad con un planteo que era contra los bancos, contra Wall Street, un discurso por fuera de todo lo que había que decir. Porque hoy tenemos unas verdades metafísicas: “esto no se puede decir”, porque cae mal, porque molesta. Entonces nos piden abandonar ser nosotros mismos, si toda la vida estuviste en contra de las AFAP no puede ser que venga la campaña y tengas que decir que era antes que estabas contra las AFAP. Otra cosa es que tengas que llevar adelante el programa del FA, pero tenés que seguir denunciando lo que significa la privatización de la seguridad social para hacer conciencia.

—¿Te has pensado como presidente?
—Pensar ganar la interna seguro. Las internas están abiertas, la acción y la lucha política generan resultados que abren puertas de lo que no parecía posible. Tenemos ejemplos de eso en el período último. A esta altura de la campaña pasada era muy difícil pronosticar el triunfo del No a la baja. La interna del Partido Nacional estaba ganada por Larrañaga por destrozo, por 30 puntos. Los procesos políticos tienen en sí mismos momentos donde va a depender de un montón de cosas, que el planteo sea entendido, que alguna de las cosas que estás anunciando se empiecen a manifestar y que ayudes a que más compañeros y compañeras se enganchen. Romper algunos miedos, algunos tabúes. Pero no arrancaríamos esta carrera si no nos creyéramos en condiciones de encabezar el barco. Estamos convencidos que lo que falta mucho es tener capacidad para dirigir una estrategia de lucha del pueblo en un momento muy complejo. Es mucho más que la imagen que se construye para un voto, es mucha más la dinámica social que se abre es otra. Está claro que trasciende largamente lo que podamos hacer personalmente,va a depender del cuadro de pueblo que logremos organizar.
El pueblo uruguayo tiene experiencias de lucha gigantescas, como la forja de la unidad de la CNT, la resistencia a la dictadura, el exilio, la cárcel, la clandestinidad, la lucha por las empresas públicas. Si un analista político tuviera que opinar cómo en los 90, donde la influencia ideológica neoliberal era bestial, se pudo vencer en sendos plebiscitos la defensa de las empresas públicas esa experiencia acumulada está ahí. Está acumulada la experiencia que organizó y resistió la crisis de 2002.
Muchas de esas claves de participación y movilización son las que vamos a intentar convocar. Si no las logramos convocar será nuestra incapacidad, pero si las logramos convocar ¿qué no se puede?

—¿Cuáles son las prioridades programáticas?
—Trabajo, vivienda y distribución de la riqueza, la atención a la infancia a niveles más abiertos a la solidaridad. Ahí tenemos que pasar a la ofensiva. En este escenario donde la inversión extranjera directa está estancada, precisás un fuerte impulso de inversión pública, y para ello se necesitan recursos. Creo que hay que poner en debate el tema de la redistribución de la riqueza en varias puntas. Porque si se plantea un debate que diga “ya no podemos más nada”, “nadie soporta más nada” —después caminás por dos barrios distintos de Montevideo sin tanta distancia, y te das cuenta que hay márgenes de desigualdades que hay que atender—, y que hay sectores sociales que pueden aportar más para atender márgenes de desigualdad, es un debate ético con la sociedad. Ético y político. Después precisás la audacia o la valentía para tomar las medidas en esa dirección.
Yo tengo claro que ganar la elección no es hacer la revolución socialista y que al otro día no tenemos las condiciones para expropiar. Pero sí para medidas tributarias que se pueden tomar para tener mejores condiciones, mayor espacio fiscal para atender demandas que hay en distintos niveles. Algunas pasan por trabajar más fuerte para combatir la evasión, estudiar más selectivamente las contrapartidas de los subsidios a las inversiones extranjeras directas y a la inversión privada, trabajar más las actualizaciones como la del Catastro rural, trabajar más —y por suerte viene en el programa— un impuesto a las grandes herencias, me parece que hay que reforzar en el sentido conceptual cuánto impacta desde el punto de vista distributivo. Medidas que ayuden como la categoría 1 del IRPF que sea gradual para que incida en la renta extraordinaria. Que nos permita atender los salarios más sumergidos, mayor inversión pública en vivienda e inversión social en general, como una respuesta política. La campaña nos sirve para construir consenso en la dirección de avanzar, o nos gana el consenso de la derecha pasando a la ofensiva, en la que ya está.
También medidas que van en esa dirección que implican mensajes a las PYMES, al pequeño comerciante en el sentido de decir que no es con ellos el lío, cuando hablamos de tasas a la renta extraordinaria no puede estar preocupado el bolichero que labura 16 horas por día en el quiosquito. No estamos discutiendo de eso. Al revés, estamos discutiendo que para una estrategia que priorice la pequeña y mediana producción, en contra de la tendencia a la concentración que es natural en la economía de mercado que marcha siempre al compás de la música que ponen los grandes grupos económicos, implica mucho papel del Estado para atender todo lo que es diferente. Es un enorme desafío.

—¿Qué cosas concretas estás haciendo en la campaña y qué cosas se vienen?
—Estamos intentando cerrar una recorrida por el interior del país con un criterio que la campaña se parezca a lo que estamos diciendo. En Pando estuvimos con compañeros de los frigoríficos, con trabajadoras domésticas, con cooperativas, con gremios de estudiantes. Estamos tratando que el pienso de la campaña y el de la recorrida no sea solo el acto del FA, o de los adherentes a la campaña. Que en la recorrida se pueda conversar con compañeros y compañeras que vamos a precisar a muerte si logramos dar un paso más adelante y ganar la interna. Es con ellos.
En algunas áreas podemos potenciar un conjunto de definiciones particulares que enriquezcan el programa en seguridad y convivencia, vivienda, trabajo y desarrollo productivo, en materia fiscal, en materia de inserción internacional, género, medioambiente. Hay un conjunto de áreas en la que podamos dar una respuesta más arriba. Pero también queremos preparar y hacerlo con otros. Creo que hay un elemento distintivo de construir con la capilaridad que se necesita para desfragmentar las luchas. Hay mucha lucha social en Uruguay desparramada, el problema es que muchas veces no se encuentran unas con otras. La izquierda históricamente lograba articularlas y darle perspectiva global y ponerle programa y en el último tiempo nos ha sido cada vez más difícil.
Este es un momento en que podamos ganar si ponemos todo en la cancha, ganar no solo la elección, ganar en el sentido de empoderar, de transformar. Para esas discusiones nos estamos juntando un montón de compañeros y compañeras de lugares diversos pero que se reportan a una tradición común de la izquierda. La izquierda en esto no tenía grandes diferencias, puede tener otras, pero no en esto, en el sentido del pueblo organizado, en eso había un consenso bastante amplio. Hoy a veces hay un consenso menor, a veces pareciera como que desde el gobierno quisieras disciplinar a las luchas sociales que son las que te lograron conquistar el gobierno. Ahí también tenemos que volver a tensar.

 

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