lunes 26 de octubre, 2020

Editorial de Compañero, la revista No.9

Publicado el 20/08/18 a las 11:00 pm

Editorial

por Daniel Gerhard

Cuando la culpa es de los pobres, la solución es de los ricos. Y hoy la inseguridad, como idea fuerza de campaña política (tanto electoral como ideológica), se instaló nuevamente como el problema principal del país. Y la inseguridad tiene un rostro muy fácil de detectar, como en las películas apocalípticas de virus mortales, los infectados se ven a lo lejos y lo mejor es huir. En este caso los que despiertan el terror son los pobres, generalmente jóvenes, generalmente hombres y siempre de la periferia o de barrios “zona roja”. Y como Ellos “no respetan nada y te matan por 20 pesos”, Nosotros tenemos que “hacer algo”, que incluye con frecuencia meterlos en la cárcel y aspirar a que no estén nunca más entre Nosotros. Los medios de comunicación, no hacen más que reforzar este discurso, sin explicitarlo, pero reforzando con caras y silencios de los periodistas de “informativos” la misma idea, además de acercarle el micrófono a quien quiera decirlo, hay que dejar hablar a “la gente”…

La era progresista lejos ha estado de no encargarse del tema, ni de descuidar al sistema represivo del Estado, hoy la policía está mejor paga, mejor armada y equipada, un poco más formada y cuenta con cientos de cámaras desplegadas por la metrópoli y ciudades periféricas. Además ha realizado todo tipo de ensayos: megaoperativos, alta dedicación, coordinación con la Republicana, etc. El Frente Amplio en su primer gobierno ensayó un camino nuevo y propio, pero luego desistió y cambió de rumbo. No ha ejercido nada que pueda llamarse “mano blanda” en cuanto a represión del delito. Lo que sí ha hecho, y está abandonando de forma alarmante, es la narración de una mirada más integral del problema incluyendo la consideración de las causas del delito con intentos de paliar dichas causas. En el número anterior ofrecimos al lector postales del continente, ahora dejamos los prismáticos para tomar el microscopio, y les traigo postales de mi ciudad, canaria, obrera y pegadita a la capital:

Un joven de 21 años llamado Brian sale de la cana después de dos años, por robar una bici del patio de una casa, siendo filmado por una cámara de empresa de seguridad. Vuelve a su casa materna, sin laburo ni estudios. No tiene ningún apoyo que le ayude a digerir los terribles dos años vividos en la cárcel, que de centro de rehabilitación no tiene NADA. Así que tanto afectiva, psíquica y materialmente, Brian está mucho peor que hace dos años. ¿Quién le va a dar laburo? ¿Quién le hace sentir que vale? ¿Cómo va a salir adelante?

Jhona tiene 15 años. Como sus padres estaban en la pasta, INAU le dio la tenencia a la abuela cuando Jhona tenía 9. Al cumplir 14 y egresar de la escuela la abuela superada en la crianza “lo devuelve” a INAU, quien por no tener un lugar donde acogerlo lo revincula al hogar materno en un proceso express de tres encuentros previos. La casa de Jhona es por lejos la más precaria de la cuadra, que de por sí es zona irregular, él sabe que está en lo más bajo de la sociedad. Jhona tiene mucha calle y no ha robado más que una pelota, pero sus dos hermanos con una historia de vida igual de jodida y algunos años más ya están tras las rejas. ¿Dónde va a estar Jhona en 5 años? ¿Qué pudieron ofrecerle los diferentes centros educativos y socioeducativos a este gurí para cambiar su vida e historia familiar? ¿Cuál fue la incidencia de INAU en esta intervención para proteger los derechos vulnerados de Jhona?

Mica está terminando tercero de UTU de belleza, y también está esperando un bebé que le genera mucha ilusión, pero igual va a terminar el Ciclo Básico. Con esfuerzo en la casa le están haciendo una pieza para que el papá, un flaco que labura en la barraca del barrio, se mude con Mica y vayan armando el nido. La mamá de Mica tiene 37 y los laburos le duran poco, ha cuidado gurises, trabajó en la fiambrería del súper de la vuelta y de servicio doméstico. También está esperando un hijo, pero en este caso es el quinto. Le cuesta mucho mantener los laburos, porque cuando no se le enferma algún hijo, se jode ella. Además con lo que gana no le es negocio salir de casa, entre boletos y cuidadora para los nenes se le va la mitad de lo que gana ella… Además el barrio está bravo, y no puede dejar la casa sola nunca. ¿Qué otro esfuerzo pueden hacer Mica y su mamá para mejorar su calidad de vida? ¿A cuántos seduce este formato de vida honrado pero duro? ¿Cuánto hace el Estado para no dejar que se “caiga” esta familia?

Si miramos esas postales desde la empatía, y caminamos unas cuadras con los zapatos del otro, podemos empezar a deconstruir este Ellos y Nosotros. La exigencia que les hacemos a los que poco y nada tienen, de que vivan su miseria abnegadamente de por vida, debería dejar de estar dentro del diámetro de lo “razonable”, más cuando se reposiciona permanentemente el “valés lo que tenés”. Pero esto no quita medidas intermedias y urgentes. La eficacia que han tenido los gobiernos frentistas para poner personas en conflicto con la ley tras las rejas es indiscutible, miles de personas son privadas de libertad año a año. Y la ineficacia en la rehabilitación, o de que tan duro castigo disuada a volver a delinquir, también. Así pues, según el ministro Bonomi, las tasas de reincidencia han bajado, pero siguen alcanzando el 50%. Y aquí hay dos dramas y no uno, el de que seguirán delinquiendo, y el de que sus vidas seguirán siendo un calvario. Estas personas que ya son detectadas y detenidas, deberían recibir un paquete contundente de facilidades y apoyos para no reincidir, en vez de volver a una vida donde todo está servido para hacerlo. Sobre estos temas seguirá hablando este número en los próximos artículos.

La otra zona roja
El primero de agosto el diputado de la casa, compañero Luis Puig, no levantó la mano cuando se invitaba a votar por la afirmativa a la reforma (contrarreforma mejor dicho) del nuevo Código del Proceso Penal (CPP). Esta contrarreforma retrocede en avances importantes que aseguraba el CPP aprobado a fines del 2017, logrando cambiar el paradigma inquisitivo de la justicia a uno garantista. Esto significa, en buen romance, que si sos pobre y pinta que robaste algo, te vas pa’dentro y después vemos si era cierto… Legisladores de otros sectores del Frente Amplio también rechazaron la acelerada reforma del código, votando en contra algunos artículos. Es de relieve la infame campaña de descrédito que tuvo que soportar el CPP aprobado hace poco más de medio año (tras años de debate y aportes de especialistas) por parte del Ministro del Interior, legisladores de tiendas varias y autoridades de la policía, junto con el ex fiscal Zubía devenido en pichón de Novick. De esta forma, luego de avanzar dos pasos, retrocedimos uno y medio. Pero a no creer que la derecha se dará por satisfecha.

En ocho años y medio la representación legislativa del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) votó de forma contraria a la bancada frentista en dos ocasiones. Esto no quiere decir, ni cerca, que en solo dos ocasiones se estuvo en desacuerdo. Innumerables veces se acompañó leyes en general y presupuestos por más que se rechazaran los contenidos, en sintonía a la plena conciencia del valor de la unidad de acción frentista. De hecho, el día anterior a la votación de la contrarreforma del CPP se acompañó el TLC con Chile estando en desacuerdo con el mismo, pero entendiendo que tal medida había sido discutida en las bases del FA y saldada en el Plenario Nacional de la fuerza política y aprobada por el mismo. Para este tema varios sectores del FA no estábamos de acuerdo, la derecha en pleno sí. Sin embargo, esta contrarreforma es una iniciativa urgente del Ejecutivo, que surge luego de diez años de trabajo y después de solo seis meses de aplicación se pretende dar marcha atrás. Además es aprobada sin debate en la fuerza política, sin darnos tiempo para intercambiar. Estos modos de resolver las diferencias de opinión en el FA no nos fortalecen como fuerza política. En la otra ocasión en que el PVP votó en contra de una medida, rompiendo la unidad de acción, fue en la prórroga de la permanencia de las tropas “de paz” uruguayas en Haití. Fuerzas militares entendidas y sentidas como de ocupación por el pueblo haitiano, que tuvo que soportar además de una catástrofe natural, la opresión y las enfermedades de tropas de múltiples países además de gobiernos títeres de Estados Unidos, y allí estuvieron, respaldando tal infamia, soldados compatriotas. También es oportuno señalar que en el Congreso programático del FA, en diciembre de 2008, se aprobó el retiro progresivo de las tropas uruguayas en Haití, y este se concretó recién en abril del año pasado.

Vale la pena, cerrando la editorial, destacar características en común de estos dos episodios de –a nuestro entender– legítima indisciplina, el de la contrarreforma del CPP y el envío de tropas a Haití. Ambas iniciativas no son ideológicamente de izquierda y la prueba está en que la derecha en bloque las acompañó. Ambas atentan contra los Derechos Humanos de forma directa, en un caso de los uruguayos, y sobre todo los pobres. En el otro de los haitianos, y sobre todo los pobres. ¿Qué está por encima de la disciplina y la unidad de acción?
Los Derechos Humanos y los pobres.

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