miércoles 28 de octubre, 2020

María Emilia Islas y Jorge Zaffaroni, la pasión militante / Revista Compañero 5

Publicado el 24/08/17 a las 6:30 am

Brenda Bogliaccini 

María Emilia Islas y Jorge Zaffaroni son conocidos por muchos uruguayos por su hija Mariana1. Son los padres de Mariana  que fue secuestrada junto a ellos en Buenos Aires, en setiembre de 1976, cuando tenía 18 meses y fue encontrada cuando tenía 17 años. Jorge y María Emilia tenían 23 años y siguen desaparecidos.

Muchos vivimos con emoción cuando en 1992 el juez argentino Roberto Marquevich ordenó la realización de los exámenes que demostraron que Daniela Furci era Mariana Zaffaroni Islas. Momento a partir del cual Mariana comienza el proceso de reencuentro con sus abuelas María Ester y Marta, y la familia de sus padres.

María Emilia y Jorge forman parte de una importante corriente de jóvenes que desde los años sesenta se comprometieron con las luchas populares e hicieron de la revolución social el sentido de su existencia.

Desde mediados de los sesenta el país vivía un proceso de agudización de la crisis, de grandes movilizaciones obreras y estudiantiles, y de avance de las políticas antipopulares y autoritarias. En América Latina eran momentos de luchas populares, de emergencia de movimientos guerrilleros y revolucionarios. El mundo se sacudía con el 68 en Francia, Checoslovaquia, Alemania, México, etcétera. Además la Revolución cubana se afirmaba y crecía la convicción de la posibilidad de abrir caminos de grandes transformaciones.

En los setenta María Emilia y Jorge protagonizaron el resurgir de la participación de los estudiantes de Secundaria en la lucha popular. Participaron en la resistencia a la Intervención del Ejecutivo en Enseñanza Secundaria, en la experiencia de los Liceos Populares, en la creación de nuevas formas gremiales más democráticas y participativas, y en diversos conflictos obreros de aquellos años. Con esa intensa trayectoria vivida se integraron en el gremio magisterial, a la militancia contra el ascenso autoritario y se comprometieron con la lucha política incorporándose a la Resistencia Obrero Estudiantil (ROE), a la FAU2 y más adelante serán fundadores del PVP.

Muy diferente que en la actualidad, el compromiso político en una organización o partido político se vivía como una necesidad. La perspectiva de transformación, la necesidad de la revolución para superar la crisis que vivía el país, la explotación, la desigualdad social y la represión, hacían imperiosa la necesidad de organizarse políticamente. Para muchos la articulación entre la lucha inmediata y la estratégica aparecía con claridad. Las discusiones eran otras: foco o partido, vía pacífica o lucha armada, camino hacia una etapa de profundización democrática o transformación socialista, etcétera.

Fueron años vertiginosos, de mucha discusión, lecturas y debates. Jorge se destacará por su capacidad política y elocuencia. Eran momentos donde el peso de las ideas nuevas y de la creencia en la posibilidad de cambiar el mundo abrían espacio a las voces jóvenes, a las ideas innovadoras y revolucionarias. A personalidades audaces e irreverentes como la de Jorge que no dudaba en expresar sus opiniones, ni dejaba de discutirle ni a Gerardo Gatti o Hugo Cores. Afirmaba sus convicciones y recreaba su pensamiento continuamente afianzando su singularidad y sus cualidades, para algunos de “gran agitador” y para otros de “dirigente nato”.

Es la época de la pasión militante. De deseos de pensar y hacer todo el tiempo, de discutir sobre la revolución y también sobre las luchas concretas, de poner en juego la mente, el corazón y las energías.

Años de grandes luchas y movilizaciones obreras y estudiantiles. De la aparición de la consigna ¡Arriba los que luchan!, que será seña de identidad de la ROE-FAU-OPR33 y del PVP. Junto a la afirmación de la centralidad de la lucha como camino para el fortalecimiento del movimiento popular, se va haciendo carne una cultura del vínculo de los estudiantes con los trabajadores. Junto a la participación en los conflictos obreros, los lugares de encuentro y reunión cotidianos eran el sindicato de Panaderos en La Teja y el de FUNSA en Maroñas. Estas vivencias generarán una cultura particular y modelarán un modo de pensar singular en los militantes estudiantiles y también en trabajadores.

María Emilia y Jorge forman parte de los jóvenes educadores populares, que se reconocieron en las necesidades y luchas populares como Elena Quinteros, Gustavo Inzaurralde, Telba Juárez, Cecilia Trías, Washington Cram y Eduardo Chizzola hoy desaparecidos. Asimismo participaron Sara Méndez, Hugo Casariego, Lilián Celiberti, Yamandú González, Ruben “Pepe” Prieto, María Selva Echagüe, José Pedro Charlo, Margarita Michelini, Miriam Zeballos, Mariela Salaberry, Blanca Clemente, Milka Saxlund, Daniel Alemán, Alma Weinstein, Sandra Cuña, y muchos otros. Partieron de la vocación educativa y se comprometieron en la acción política revolucionaria en un momento de sus vidas, y algunos continúan haciéndolo hoy en el PVP o en otros ámbitos de la sociedad. Contribuyeron con su compromiso en las luchas populares y el fortalecimiento de una cultura de lucha y compromiso por un mundo mejor.

También fueron épocas de ascenso autoritario, de represión y de restricción de libertades. Finalmente de golpe de Estado el 27 de junio de 1973.

Jorge y María Emilia participaron en el apoyo de la Huelga General de los trabajadores nucleados en la CNT y en la resistencia a la dictadura. Luego tuvieron que exilarse en Argentina donde participaron en el Congreso de fundación del PVP. La militancia fue a partir de esos momentos el centro de sus vidas.

Como expresa María Emilia en una carta el 10 de febrero de 1974: «[…] lo más probable es que no pueda terminar la carrera, cosa que yo deseaba enormemente, pero el saldo de mi pequeño granito ahí es más positivo […] Y ya cuando venga la época de la alegría y las “fábricas iluminadas” podré hacer eso y mucho más. Por eso no me preocupa. Y por eso disfrutamos mientras podemos estar juntos y cuando llegue el momento de separarnos lo haremos sabiendo del renunciamiento nuestro de hoy depende la felicidad de todos mañana. Por eso a pesar de lo triste que fue este año pasado, de los aparentes retrocesos que nos han hecho dar y que el horizonte se ve negro, nosotros en nuestros interior tenemos mucha luz y por eso nuestra consigna es decirle nunca a la derrota y a la victoria le gritamos siempre […]»3.

Jorge y María Emilia fueron fundadores del PVP en plena dictadura, protagonistas y expresión de un modo de entender y practicar la acción política, constructores y luchadores, ejemplo de entrega a lo colectivo hasta el final de sus vidas.

Las nuevas y viejas generaciones, todos los que alguna vez habitamos esta casa, el PVP, tuvieron, tienen y tendrán para afrontar la vida militante el patrimonio político recibido y el desafío de asumirlo. Haciendo del trabajo de la memoria una tarea permanente, que no debe transformarse en un ritual glorificador que haga perder la riqueza y los límites de la experiencia de lucha y pensamiento acumulado. Desafío de valorar nuestra historia críticamente, con fraternidad y perspectiva de futuro, hasta que llegue la alegría y se iluminen las fábricas, gritando por la victoria y diciendo nunca a la derrota.

Jorge (de gorra) con un grupo de compañeros del Liceo 15, organizando una carpa para propagandear los liceos populares, estos jovenes eran “los subversivos” bajo Pacheco y luego serían reprimidos a sangre y fuego.

 

1 |  Para la realización de este artículo tomé elementos del libro que reconstruye la vida de María Emilia y Jorge: Los padres de Mariana. María Emilia Islas y Jorge Zaffaroni: la pasión militante, de François Graña, Ediciones Trilce, Montevideo, 2011. 

2 |  La Federación Anarquista Uruguay (FAU) nace en 1956, sin embargo en los años que se integran Jorge y María Emilia ya sería la FAU “sin puntitos”, porque en esos momentos la integraban también militantes de origen marxista o guevarista y se estaba en un proceso de transición hacía nuevas definiciones.

3 |  François Graña, Los padres de Mariana. María Emilia Islas y Jorge Zaffaroni: la pasión militante, p. 156.

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