domingo 25 de octubre, 2020

Las guerras del siglo XXI y sus resistencias. Ana Esther Ceceña en Uruguay

Publicado el 20/06/17 a las 6:30 am

Por Ángel Vera

Ana Esther Ceceña, una economista mexicana experta en geopolítica, visitó nuestro país con el fin de aportarnos sus reflexiones sobre los recursos naturales, la hegemonía mundial, los procesos de militarización y sus esperanzas de resistencia. En esta nota reseñamos la intervención que brindó en la Mesa sobre “Geopolítica y Democracia en América Latina”, celebrada en AEBU el 27 de octubre pasado.1

Hegemonía y sistema de dominación global

En términos generales cada país piensa en sí mismo, como si fuera un ente aislado. Los fenómenos de Medio Oriente e incluso de África parecen ajenos. La mirada ordinaria no comprende que formamos parte de un sistema mundial con sus enormes diferencias geográficas, históricas, sociales y culturales.

Sin embargo, la mirada global nos permite revelar cómo se construye la hegemonía a lo largo y ancho del sistema mundial, cómo se implementan distintas políticas de dominación o de expropiación de acuerdo a las condiciones de los distintos territorios, entramados sociales y resistencias concretas. En palabras de Ceceña: “en ese sistema global, como hay tantas diferencias históricas, geográficas, de composición física, de composición cultural, en cada uno de los puntos, la manera que este sistema mundial se expresa, se aplica incluso, es distinta en términos de las políticas de dominación o de expropiación”.

La hegemonía se expresa de manera diferente “hay una combinación de modos distintos de apropiarse de las riquezas, porque las riquezas son diferentes, las condiciones sociales o de organización de los movimientos son diversas en cada lugar, también porque los entramados culturales van a hacer que la defensa y la resistencia sea de otro tipo. Habrá en muchas ocasiones una resistencia mucho más territorial, en otras más sectorial. Pero todo eso está ocurriendo como parte de un mismo sistema o proyecto de dominación. Es decir como un mismo proyecto hegemónico”.

En su opinión, la emergencia de China, los empujes de Rusia, el eventual repunte de Irán parecen intentos de redefinición de la política mundial. Sin embargo, explica, la presencia permanente de potenciales hegemones2 regionales no termina de prefigurar una posibilidad efectiva de hacer un desplazamiento de los Estados Unidos como centro hegemónico.

La hegemonía de los Estados Unidos se basa no solo en su capacidad militar. También se sustenta en su nivel de control de los recursos, de la producción, el traslado, la distribución y comercialización. Este control incluye tanto a los mercados de bienes materiales como simbólicos. Esto lo logra directamente el Estado o indirectamente a través de organismos internacionales de regionalización e integración. Pero sobre todo a través de los actores privados. Más allá de las combinaciones nacionales del capital, estas corporaciones deben considerarse norteamericanas por su configuración, por su lógica y por donde están implantadas las sedes. Conforman el entramado del poder hegemónico estadounidense. Otros potenciales hegemones regionales, intentan disputar esta hegemonía en todas sus dimensiones. Pero hoy, Ceceña no considera que jueguen a escala global, incluso China.

La guerra por recursos y la estrategia global del Pentágono

Ceceña mapea las cuatro grandes riquezas estratégicas del planeta: agua, petróleo y derivados, biodiversidad y minerales estratégicos. Ubica así puntos que denomina de “densidad territorial” donde se concentran esas riquezas. Sin embargo, es necesario también considerar la “elasticidad” de estos recursos finitos. Por ejemplo, el consumo de petróleo aumentó tremendamente desde mitad del siglo XX, sin embargo las reservas petroleras no bajaron, crecieron, porque se continúa investigando y desarrollando nuevas tecnologías, porque se puede ir más profundo. Estas innovaciones implican graves transformaciones geopolíticas porque cambia la importancia relativa de las distintas regiones. El control del petróleo se juega en todos los puntos del tablero geopolítico, presionando una posición y afectando otra.

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Hegemón

“La hegemonía es una categoría compleja que articula la capacidad de liderazgo en las diferentes dimensiones de la vida social. El hegemón o líder, que en este caso es necesariamente un sujeto colectivo, tiene que ser capaz de dirigir por la fuerza y por la razón, por convicción y por imposición. Es decir, la hegemonía emerge de un reconocimiento colectivo que comprende tanto cualidades o preceptos morales que adquieren estatuto universal como la energía o fuerza para sancionar su cumplimiento.”

“La hegemonía entendida así, como reconocimiento de un orden social en calidad de natural o inapelable, mediante la incorporación de sus valores como universales y producto del compromiso colectivo, requiere de una construcción simultánea en varios planos:

  • militar, creando las condiciones reales e imaginarias de invencibilidad,
  • económico, constituyéndose en paradigma de referencia y en sancionador en última instancia,
  • político, colocándose como hacedor y árbitro de las decisiones mundiales,
  • cultural, haciendo de la propia concepción del mundo y sus valores la perspectiva civilizatoria reconocida universalmente.”

Ana Esther Ceceña, (2002) “Estrategias de dominación y planos de construcción de la hegemonía mundial”, en Julio Gambina (comp.), La Globalización Económico Financiera. Su impacto en América Latina, CLACSO, Buenos Aires. Disponible en: <http://bibliotecavirtual.clacso.org.r/clacso/gt/20101004090912/9.pdf>.

“Esta visión, que combina los esfuerzos de los ejércitos de mar y tierra, marca como zona de atención prioritaria, casualmente, la franja más rica en recursos naturales estratégicos que hay en el planeta, en la que se justifica la intervención de Estados Unidos por la supuesta ‘ingobernabilidad’ y la incapacidad de los propios Estados de la región para hacer respetar las ‘reglas de la democracia’ –tal como son definidas por el propio hegemón–. Casi en su totalidad las áreas intensivas en biodiversidad, los yacimientos de agua, petróleo y gas, y los de metales para usos esenciales quedan comprendidos en el gap*, aunque también se trata de regiones no doblegadas, donde las raíces culturales y organizativas no fueron completamente arrasadas ni se mantuvieron como reliquia. Es decir, son en su mayoría zonas de resistencia y alternativa, con cosmovisiones propias capaces de ofrecer otras visiones de mundo. No obstante, han sido también, en su mayoría, profundamente desestructuradas y reprimidas.”

Ana Esther Ceceña, (2204) “Estrategias de construcción de una hegemonía sin límites”, en Ceceña, Ana Esther (coord.), Hegemonías y emancipaciones en el siglo XXI, CLACSO, Buenos Aires. Disponible en: <http://www.geopolítica.ws/media/uploads/geopolitica10.pdf>.

* |Gap es una palabra proveniente del idioma inglés, que hace referencia a una brecha, una apertura o un espacio vacío comprendido entre dos puntos de referencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Actualmente, los vientos de guerra en Siria y la competencia de precios entre Irán y Arabia Saudí, tienen una relación directa con el mantenimiento de un precio bajo del petróleo. Estos acontecimientos impactan en el precio del petróleo y afectan dramáticamente a países como Venezuela dependiente de su renta petrolera y también a la economía de países como Ecuador. Esta realidad fraccionada y en competencia permite armar el juego geopolítico.

A comienzos de siglo el Pentágono diseñó una región estratégica que definió necesario intervenir directamente porque comprendía países que dificultaban las posibilidades de mantener alianzas estables. Llamó “brecha crítica” a esta zona insegura. Esa zona contiene la mayor cantidad de recursos estratégicos que hay en el planeta pero además es donde están casi todos los países del Tercer Mundo. Esta zona debía permanecer vigilada, acosada y de ser necesario intervenida en el más amplio sentido del término.

En aquél momento, comenta Ceceña, los BRICS3 quedaban fuera del mapa: “Se consideraba que con esos países se podía establecer una buena relación política, el cumplimiento de sus responsabilidades frente al Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, etcétera, sin necesidad de ser invadidos o que a través de deudas, del manejo financiero fuese suficiente como para mantenerlos dentro de la lógica sistémica y en el redil”.

Intervención y reocupación en América Latina

Cuando Ceceña habla de guerra no lo hace en sentido convencional. Se refiere a una guerra permanente, sin inicio ni final ni fronteras precisas. En todo caso se crean “situaciones de guerra” que permiten la presencia militar y generan áreas de irradiación. Estas situaciones no están estrictamente acotadas en el espacio ni en el tiempo.

Por ejemplo, algunos comentaristas aseguran que el ejército norteamericano está “empantanado” en Afganistán. Ceceña asegura que los militares llegaron para quedarse en el punto clave del negocio mundial del opio. Por eso define la “guerra difusa”, la guerra que impone condiciones de guerra sin necesidad de una guerra declarada. Asimismo, el Plan Colombia termina por irradiar a toda la región incluyendo la militarización de Perú y más allá. Los llamados “golpes blandos” y las distintas formas de desestabilización también forman parte y abonan este entramado. Por ello, son necesarias nuevas categorías para caracterizar los tránsitos y los límites difusos de las guerras del siglo XXI. Esto abarca tanto Siria como Venezuela, más allá del estilo específico de sus “primaveras”. El dato más interesante y reiterado por Ceceña, es que al superponer los mapas de las zonas de guerra nos encontramos dentro de la “brecha crítica” y en las áreas de grandes riquezas.

Según Ceceña en América Latina hay un empuje por la creación de estas condiciones de guerra, condiciones permisivas para la intervención directa. También es perceptible el proceso de militarización en focos concretos. Por ejemplo, un acuerdo de seguridad en México, un proceso de desestabilización en Venezuela, un levantamiento de policías en Ecuador, o el ataque en Sucumbíos cuando bombardearon el campamento de las FARC. Estos acontecimientos múltiples son piezas, jugadas, epicentros de una política más o menos articulada de reocupación militar del continente.

Nuevamente ejemplifica: “cuando Chávez intenta realizar el proyecto de Petrocaribe, con las islas del Caribe, fue una amenaza, un desafío muy fuerte para el control estadounidense del continente. Porque las islas, chiquititas así como son, que nadie las toma muy en cuenta, son justamente la coraza que permite la entrada a estos mares, y son los mares petroleros al centro del continente, entre otras cosas, al canal de Panamá que es el paso más importante de los canales del planeta en este momento. Todo esto es la parte del centro del continente, claramente ahí entre el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida de México, de hecho, aunque no se ha declarado como guerra es una guerra. Es una guerra en la que todos los días está muriendo gente, en la que hay una violencia desatada y se parece mucho a la de Yugoslavia de otros tiempos”.

Ceceña constata que en 2007 contaba 17 bases militares de Estados Unidos en el continente. En 2014 pasamos en principio a 39 bases fijas, no todas habilitadas pero todas convenidas. Además debemos agregar un convenio con Costa Rica de patrullaje o de tránsito en aguas territoriales de Costa Rica de naves artilladas, que son bases militares itinerantes. El mar permite entrar a la zona petrolera de Venezuela. Esta es una parte del proceso de militarización.

En el Cono Sur se construyó un “escudo potente” con el despliegue de la Cuarta Flota de los Estados Unidos. Simultáneamente los gobiernos de derecha criminalizan la protesta y se articulan en el esquema de creación de condiciones de intervención. En la zona, Paraguay se convierte en el eje de la dominación4 en primer lugar, por las potencialidades de la pista de Mariscal Estigarribia para el abastecimiento logístico y el movimiento de tropas; y en segundo lugar, por el cúmulo de tareas de inteligencia que históricamente se han concentrado en Paraguay. Ceceña también recuerda el adiestramiento que realizaron comandos de élite de las fuerzas especiales Navy Seals al cuerpo de Fusileros Navales de Uruguay en 2012.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las guerras económicas

Otra capa de la dominación pasa por los TLC y los tratados de inversión. En estos ámbitos se constituye una legalidad supranacional que permite una alta permisividad económica. En estos contextos las empresas, las grandes corporaciones, desatan guerras económicas de mayor poder que las propias guerras militares. En palabras de Ceceña, se trata de “establecer condiciones supranacionales, es decir, socavar la posibilidad de cada una de las naciones de gobernarse económicamente, porque las reglas supranacionales son de mayor categoría que las nacionales. Una reglamentación que impide saquear recursos, por ejemplo el cobre en Chile, es una ley que supranacionalmente puede ser eliminada, y entonces por ahí hay mecanismos de entrada que permiten que haya una tremenda permisividad en el terreno económico en todas las regiones que firman tratados”.

 

 

 

 

 

 

 

 

De este modo los planes militares y de seguridad se funden con los económicos e infraestructurales. Estamos ante un rediseño de alcance continental que cubre América del Norte, avanza sobre el Caribe y América Central y salta sobre Sudamérica, siempre con especial atención sobre las zonas estratégicas con diferentes tipos de tratados: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el Plan Puebla Panamá, en el Plan Colombia, el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y Republica Dominicana (CAFTA-RD), y la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA).

La IIRSA fue pensada para la rápida salida de la extracción de recursos al mercado mundial y para ello “se han diseñado ocho ejes transversales y dos longitudinales, con un enfoque profundamente estratégico que determina que algunas regiones particularmente importantes por su dotación de recursos se encuentren bajo el manto de dos o tres ejes simultáneamente. Una visión económica formal, que a la vez considera los intereses regionales, indica como ejes principales los de la zona del Cono Sur que concentran la mayor parte del Producto Interno Bruto (PIB) sudamericano; sin embargo, a partir de una visión estratégica los ejes principales son el Amazonas y el Capricornio, por sus riquezas naturales, y sus conexiones a través del río Madera hasta Beni y de la Hidrovía Paraguay-Paraná”.

La lucha por la Vida

A comienzos de siglo la geografía latinoamericana mostraba una enorme área gobernada por fuerzas resistentes. Hoy, gran parte de ese mapa ha sido retomado por los aliados directos a Estados Unidos a través de estos diferentes brazos de una política de recuperación de la hegemonía hemisférica y, a partir de esta hegemonía, del enfrentamiento en los terrenos de disputa de la economía en el resto del mundo.

Sin embargo, Ceceña abre amplios espacios de esperanza que merecen ser citados en extenso.

“Mientras más abarca el Poder, más condiciones de adaptabilidad pierde. O sea, cuanto más lejos llega, más grietas se le abren, más resquicios, más hoyitos, más poroso se vuelve, más porosa se vuelve la posibilidad de la dominación total. Dominar globalmente, es decir, planetariamente, es una tarea utópica. Jamás va a ser posible porque la vida se abre paso por todos lados… Siempre va a estar la vida saliendo por las grietas que va dejando el proceso de dominación.

“En esta emergencia, de vitalidad de lucha por la vida, de organización, de creación de nuestras poblaciones, de nuestros pueblos, algo muy importante de hacer notar es la lucha que viene del centro imperial, es decir que viene del centro del poder. La sociedad estadounidense tiene a sus pueblos originarios levantados por la construcción de un oleoducto. Tiene a los pueblos implantados y colonizados de este continente levantados en contra del racismo y en contra del capitalismo en general y eso sí es una grieta muy fuerte que tenemos que considerar.

“Siempre se ha pensado que la rebelión viene del Sur, que de hecho el Sur es un poco indómito, es siempre bravo y tiene cosas que pelear. O sea, nunca está desarmado, porque tiene una historia incluso más larga que el capitalismo, que le permite pelear desde otro lado. Tiene modos de vida que han sobrevivido y que se han recreado, que se han reinventado. Modos de vida distintos a los del capitalismo, porque el capitalismo no resolvió todos los problemas de la población. Dejó muchas cosas fuera y esas cosas fuera tenían que sobrevivir y hacían sus propias formas de vida y estrategias de reproducción. Están ahí. Están creando, peleando sus espacios. Esos sí son espacios de resistencia y también de posibilidad de construcción de futuro, aunque no siempre ni automáticamente –hay que trabajar mucho en eso–. Pero son espacios con una potencialidad subversiva y anti-sistémica muy grande, que están dispersos. Son lunarcitos, uno tras otro en el espacio geográfico, pero que articulados entre sí y junto con esa batalla tan fuerte que hay hoy en la sociedad norteamericana y en todo el mundo desarrollado, tienen una gran potencialidad anti-sistémica.

“En Europa hay movimientos protestando de un modo u otro. A veces no se entienden entre sí, pero si los pensamos como respuesta al momento catastrófico o límite que está llegando el capitalismo, cuando está terminando con sus propias condiciones de reproducción, porque está terminando con la materia prima de su proceso, está depredando la tierra y la humanidad, en este momento tan difícil en que civilizatoriamente ya no se sostiene el capitalismo, todas estas emergencias y estos proyectos ofrecen múltiples posibilidades.

“¿Cuáles son? ¿Cuál va a ser la salida? ¿Por dónde caminar? ¿Tiene que ser una sola? ¿Tienen que ser muchas? Eso la historia lo irá construyendo, pero hay potencialidad de defensa y de creación, sí las hay y tenemos que verlas más de lo que la vemos hoy en día…

“Hoy estamos muy acostumbrados al cambio de imágenes, a pensar que la vida es un mosaico que no tiene articulación, y que lo mismo vamos a estar un segundo viendo un ataque terrorista y al siguiente un desfile de modas, de manera que la realidad no tiene un sentido. Así como en cierta medida la visión del proceso real de dominación en el continente se nos pierde, tenemos nosotros que reconstruir esos sentidos y esos sentidos solamente se reconstruyen a partir de saber dónde estamos parados. Estudiar muy bien qué es lo que está pasando. No tratar de tapar la realidad y de repente sentirnos distantes de lo que pasa en Colombia o México. En México creíamos que no podía pasarnos lo mismo que el Plan Colombia. Hoy México es Colombia, en todos los sentidos. Y no sabemos cómo explicarlo, porque nunca lo vimos venir. Entonces, es muy importante atreverse a aceptar, a conocer, a rescatar, a reinterpretar la realidad, tal como la estamos viviendo y también dentro de eso, ver todas las potencialidades creativas que tiene, que brinda esa realidad frente a la idea de que hay solo un sistema posible de organización de la vida que es el capitalismo. No hay solo esa posibilidad. No todos queremos el progreso, no todos nos definimos en término de progreso, desarrollo y dominación de la naturaleza.”

De este modo, los aportes de Ceceña sirven significativamente al ineludible debate estratégico de las izquierdas. En una reciente publicación5 afirma de modo contundente que el planeta ha llegado a un momento de enorme crisis y a la vez, a una oportunidad histórica: “La vida se esfuerza por sobrevivir a través de la subversión de los fundamentos de la modernidad y reinventando tantas formas diversificadas como sea posible. La complejidad de la vida mantiene el ajuste y la creación de pasillos adecuados para el desarrollo de nuevos horizontes civilizatorios”. En resumen, Ceceña advierte que nos encontramos ante la urgencia de provocar bifurcaciones, dislocamientos en el capitalismo y de construir otras realidades. Tal es la magnitud de nuestros desafíos.

 

Lecturas sugeridas

Ceceña, Ana Esther y Barreda, Andrés, (1995), “La producción estratégica como sustento de la hegemonía mundial. Aproximación metodológica”, en Ana Esther Ceceña y Andrés Barreda (coordinadores), Producción estratégica y hegemonía mundial, Siglo XXI, México. Disponible en: <http://www.redcelsofurtado.edu.mx/archivosPDF/ana2.pdf>.

–––– (2004), “Estrategias de construcción de una hegemonía sin límites”, en Ceceña, Ana Esther (coord.), Hegemonías y emancipaciones en el siglo XXI, CLACSO, Buenos Aires. Disponible en: <http://www.geopolitica.ws/media/uploads/geopolitica10.pdf>.

–––– (2008), Derivas del mundo en el que caben todos los mundos, Siglo XXI, México. Disponible en: <http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/becas/cecena.pdf>.

–––– (2013), “Procesos emancipatorios y militarización de Nuestra América en el siglo XXI”, Línea Sur: revista de política exterior, vol. 2, n.º 4 (enero-abril), Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio e Integración de Ecuador. Disponible en: <http://www.corteidh.or.cr/tablas/r32311.pdf>.

–––– (2014), “La dominación de espectro completo sobre América”, en Patria, análisis político de la defensa, número 1 (diciembre), Ministerio de Defensa Nacional del Ecuador. Disponible en: <http://www.cronicon.net/paginas/Documentos/Revista%20Patria.pdf>.

Observatorio Latinoamericano de Geopolítica, sitio web: <http://geopolitica.ws/>.

 

NOTAS

1 |En el marco del Segundo Encuentro Regional Sudamericano “La Economía de los/as Trabajadores/as”, realizado en Montevideo el 20, 21 y 22 de octubre de 2016.

2 |Véase recuadro donde se define hegemón.

3 |BRICS es el acrónimo de la asociación económica-comercial de las cinco economías nacionales emergentes más importantes del mundo: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica..

4 |Al respecto: Ana Esther Ceceña y , Carlos Motto (2005), Paraguay: eje de la dominación del Cono Sur, Observatorio Latinoamericano de Geopolítica, Buenos Aires, disponible en: <http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/osal/20110313071623/38dcecena.pdf>.

5 | Ana Esther Ceceña, “Ecology and the Geography of Capitalism”, en Wallerstein, Immanuel (ed.), The World is Out of Joint, Paradigm Publishers, Nueva York, 2014.

 

 

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