lunes 19 de octubre, 2020

Feminismos, viejas luchas interpeladas por el capitalismo de nuestros días

Publicado el 26/05/17 a las 12:38 am

por Valeria Rubino

 

 

 

 

 

 

 

Vale la pena aclarar, partimos de una tesis concreta: el capitalismo no es estático, se reinventa, muda sus discursos, se apropia de los ajenos, es difícil sintetizarlo en una foto por más de medio instante… y por eso todas las luchas se deben una permanente revisión. Hay momentos del hacer y momentos del pensar que se mezclan permanentemente, y no es posible ordenarlos mucho en el día a día. A la vez, quienes pretendemos transformar el mundo aunque sea un ápice, no nos damos el lujo de esperar a la perfección ideológica para hacer… de hecho, partimos de la base de que ella es imposible, y de que el error es un hecho histórico ineludible que nos sirve para aprender. Sin embargo, siendo zurdas y zurdos, nuestro hacer lo sometemos permanentemente al pensar, aunque este último nos devuelva cosas que no nos gusta ver, porque a nuestro juicio para eso sirve la teoría.

Mirando desde esa postura ideológica, intentaremos en un breve punteo dar cuenta de algunos desafíos y peligros que actualmente, y desde nuestra mirada, atraviesan los feminismos. La lista es caprichosa y nada objetiva, entonces cualquiera puede considerarla corta, o excesivamente larga, o extremadamente inútil. Para algunxs de nosotrxs que intentamos nunca abandonar la izquierda, y nunca abandonar el feminismo, puede que sirva para repensar en algún punto nuestro quehacer cotidiano… si solo una vez lo logra, este artículo no ha sido en vano.

La tentación penalista

Ya en otras ocasiones hemos reflexionado sobre este fenómeno1 que parece estar calando en algunxs compas y organizaciones del movimiento social. Atropelladxs permanentemente por un mercado de la comunicación que nos vende penas y palos como solución a los conflictos humanos, parece que caemos en la tentación de considerar que la manera de demostrar que algo es grave, es colocarlo en el código penal, aumentar los castigos, suprimir garantías. En el caso del feminismo quizás el gesto más simbólico es la transformación automática en delito penal de un concepto teórico de gran utilidad: el Feminicidio (cuya elaboración académica permitió develar un fenómeno social siniestro y universal: la muerte a causa de ser mujer, que hasta ahora no existía como tal, velado en la excusa de la pasión o la locura individuales). A nuestro juicio, la peligrosa transformación automática del concepto feminicidio en un delito penal tiene al menos dos grandes consecuencias: destruye el concepto, le quita la complejidad de su contenido, y también su utilidad, ya que expresa exactamente lo contrario de lo que postula el mismo; y elige como prioritaria el ansia de castigo del Estado Burgués, frente a la justicia social, donde la prioridad es la reparación, y la asunción social de la responsabilidad frente al fenómeno y sus consecuencias.

Los límites de la pertenencia y/o la legitimidad

Otro fenómeno al que nos enfrentamos en diversas ocasiones desde hace décadas, es el ansia de algunxs compas por limitar la pertenencia al movimiento y de determinar quiénes y qué discursos son ilegítimos. ¿No se puede ser mujer si se nace con pene?, ¿es el trabajo sexual una forma de explotación distinta y menos digna que el resto de las formas de explotación?, ¿las prostitutas organizadas no tienen el derecho al discurso en este tema?, ¿las niñas tienen derecho a decidir sobre su embarazo solo si deciden interrumpirlo?, ¿el “derecho” al PAP o la mamografía debe ser una “obligación” para las mujeres?, ¿está bien que nos impidan trabajar si decidimos no hacer uso de ese “derecho”?, ¿no son las mujeres lo suficientemente “adultas” como para decidir cómo y dónde quieren parir?, ¿quién tiene el derecho legítimo a responder sobre estas preguntas?… Para algunxs, el Estado… y con ello vamos abriendo una puerta gigante en la que los Estados tienen cada vez mayor potestad para decidir, con la excusa de hacer “lo mejor para nosotras”, sobre nuestros cuerpos, nuestra sexualidad y nuestra vida reproductiva.

La perfección del lenguaje versus la potencia comunicadora

Aunque hace años el vínculo de los feminismos con las mujeres que no habitan el centro de la capital o los núcleos académicos está bastante debilitado, siempre es un desafío ineludible, principalmente para lxs feministas de izquierda, cultivar ese lazo… un lazo de clase. Los obstáculos para esto son múltiples: el patriarcado es dueño de casi la totalidad de los medios y redes de comunicación a los que acceden o se afilian las y los trabajadores… y ni que hablar quienes no están integrados a los circuitos formales de obtención de ingresos. Sin embargo, también es necesario revisar cuáles son las formas alternativas con las que intentamos comunicarnos. Y allí, la perfección del lenguaje es un enemigo mortal. De nada sirve el esfuerzo y los recursos utilizados en elaborar materiales y campañas, si el lenguaje y la estética de los mismos está pensado desde los gustos y los universos cognitivos de la clase media universitaria de izquierda. Materiales eternos que nunca se pueden sintetizar porque todo es tan importante que no se puede omitir, y las preciosas disertaciones lo tienen todo… pero nadie las lee. Consignas para marchas que son tan largas que parecen textos de volantes, volantes que parecen proclamas, afiches que parecen fichas de facultad. Palabras y expresiones provenientes de un universo técnico restringido que al parecer de tanto usarlas creemos que son universales. Y así decimos: “primer nivel” en lugar de “policlínica”, “IVE” en lugar de “aborto”, “TUS” en lugar de “la canasta”, “inequidades” en lugar de “machismo”… Quizás entonces vale preguntarse, cada vez que intentamos comunicarnos, si el objetivo es ser perfectos… o lograr que algo, por mínimo que sea, pase en quien nos lee o nos escucha.

Academicismo y vacuidad, la muerte de la lucha de clases

Al material teórico, por otro lado, también le han sucedido cosas. La mercantilización de la Academia ha logrado instalar un sistema de legitimación de sus productos donde lo que se dice vale más o menos en función de las credenciales de quien se cita en un texto. Ya no rinde la polémica sino que se pondera la capacidad de sintetizar a otrxs, que han sintetizado brillantemente a alguien más… y así. Y en ese proceso, por supuesto, ha muerto la lucha de clases. Las “mujeres” de los textos son seres sin clase, que no se organizan en tanto trabajadoras, en tanto artesanas, que no tienen otras pertenencias… bueno, salvo la profesión que detentan cuando han tenido ese privilegio, cuestión que a algunas académicas preocupa mucho. Las alianzas que establecen las “mujeres” deberían ser esencialmente con las restantes mujeres. Una se pregunta… ¿las mujeres bolivianas secuestradas y esclavizadas por las repugnantes burguesas uruguayas dueñas del Indian Outlet, tienen más en común con esas señoras que con sus vecinos varones en Bolivia… aun cuando estos fueran violentos y abusivos con ellas?

La trabajosa asunción de nuestras diversidades

Hace algunas semanas una madre argentina asesinaba a puñaladas a su hija por ser lesbiana. Ninguna alerta la mencionó en nuestro país, y muy poquitas en el resto del continente… No la había matado un hombre. Cuando se escribió la ley de salud sexual y reproductiva, nadie se acordó de colocar en ella la reproducción asistida, ni la capacitación obligatoria en salud y afrodescendencia… entre otras cosas. Cuando finalmente y tras aprobada esa ley (y el trozo que le fuera usurpado por el veto), fue el tiempo de la reproducción asistida, solo una organización de la diversidad abogó por ella en el Parlamento. Ni una organización feminista. En el presente texto de proyecto de ley de violencia no se ha escrito una línea sobre la violencia intrafamiliar en parejas de mujeres. Es verdad que establecer prioridades es importante para generar transformaciones, pero quizás ya es hora de encontrar formulaciones que dejen de excluir sistemáticamente a tantas de quienes día a día luchamos todas estas luchas, y tenemos que soportar, tanto como todas, el cruel peso del patriarcado.

Seguro podríamos seguir… y arruinar la posibilidad de que nos lean. Por ende vale arriesgarse a cerrar sin concluir. Vale arriesgarse a regalar preguntas cuyas respuestas no pueden ser respondidas más que a través de complejos y enriquecedores procesos históricos. Vale arriesgarse a contribuir a una polémica que no hemos inventado, que no pretendemos ni podríamos cerrar, que hemos heredado y dejaremos cuando nos lleve la parca.

Sin feminismo, no hay revolución. Si no es por la izquierda, el patriarcado no muere. ¡Arriba lxs que luchan!

 

1 | “Me vienen a convidar… De las libertades a la represión” (Compañero, la revista, n.º 1, 6ª época, pp. 33-35).

 

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