sábado 31 de octubre, 2020

El Frente Amplio y la izquierda de escritorio

Publicado el 29/04/16 a las 6:33 pm

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Nuestra fuerza política está actualmente en un momento de adormecimiento en su funcionamiento, quizás por inercia, pero también por la acción intencionada de los grupos hegemónicos del Frente Amplio. Llegamos a este lugar, entre otras cosas, por convertirnos en un Frente Amplio que cada vez tiene más de coalición y menos de movimiento, grandes bloques de sectores que a pesar de diferenciarse han sido idénticos en un aspecto central: no fortalecer al FA como actor político, debilitándolo para que solo sea un respaldo acrítico al gobierno. A un gobierno y un Frente Amplio que cada vez más apuesta a los tecnócratas que gobiernan alejados de la realidad.

El Frente Amplio ha sido históricamente el espacio de unión y representación de las luchas populares. Dijo Conde en el lanzamiento de su campaña que el mundo sigue dividido por la izquierda y la derecha y que el que no reconozca esto no debe estar en nuestras filas. Estamos convencidos de esto, pero ¿qué es ser izquierda? Nuestro Frente Amplio se ha distanciado con el tiempo de los sectores populares, del diálogo constantes con ellos (trabajadores, estudiantes, grupos en defensa de ampliación de derechos, etc.) y ha crecido en él la «izquierda de escritorio». Esta es la que razona, por claras ecuaciones como que el 1% de la población mundial, los más ricos del planeta, tienen tanta riqueza como el 99% restante de la población. Ecuación muy sencilla de hacer para darse cuenta de que este sistema capitalista e imperialista no funciona para el 99% de la población mundial y por este simple razonamiento podemos ya empezar el camino de la izquierda de escritorio. Es esta la «izquierda» que escribe sobre el dolor y la injusticia porque la lee en los diarios pero que no sabe llamarla por su nombre, la que razona las injusticias pero no las vive con el otro y por lo tanto no le duele profundamente. Esta es la que no se embarra, la que no abraza a los números sobre los que escribe y no se ensucia, porque desde la seguridad del escritorio todo está limpio y en su lugar. Pero la injusticia no es un número, y va mucho mas allá de lo que podemos pensar. El nivel de vulnerabilidad y violencia a la que viven sometidos los más marginados de nuestro país no se puede imaginar desde allí. Desde el escritorio «ajustamos los números» más acá o más allá y hasta capaz que siguen pareciendo que algunos ajustes no están tan mal. Pero en la vida cotidiana, en la realidad que viven para cada persona concreta ya vulnerada por este sistema capitalista que precisa que la pobreza exista para hacer posible la riqueza extrema, esos ajustes pueden ser devastadores y dolorosos.

El Frente Amplio es -y lucharemos para que siga siendo- de izquierda. Pero repito, ¿qué significa ser de izquierda? Primero que nada, implica que nos duelan y nos indignen profundamente las injusticias, la pobreza, el dolor del otro. Cosa muy difícil de hacer desde el escritorio, si no la conozco, si no la abracé, si no la llame por su nombre. Como diría Daniel Viglietti «de Pedro, María, de Juan y Jose». Ya lo dijo el «Che» Guevara, «a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor», y está claro que uno no puede amar números. A muchos les puede doler la injusticia y no por eso ser de izquierda. Para ser de izquierda debemos asumir como propia la necesidad de superar la causa de esta injusticia que es la explotación del hombre por el hombre, que es la base de este sistema capitalista, por una sociedad que sea dueña de los medios de producción. Si no nos comprometemos con la construcción de otra realidad posible, más justa, donde hombres y mujeres puedan ser dueños de su propia vida junto a los otros una realidad de libertad, entonces no podemos llamarnos de izquierda.

La «izquierda» de escritorio no se deja cuestionar a si mismo por a realidad, los números no duelen lo suficiente. Y ya hemos visto como cuando otros números cuadran más o convienen más terminamos dándonos cuenta de que más que de izquierda eran «izquierdistas» como llama Frei Betto definiéndolos como los que «se enfrentan al poder burgués hasta llegar a formar parte del mismo». Al que es académicamente muy de izquierda pero «no soporta el tufo del pueblo».

Esa nueva realidad que soñamos y trabajamos para construirla precisa hombres y mujeres nuevas, pero estos no nacerán jamás detrás de un escritorio. Porque los números son insuficientes para transformarnos y no nos anclan a la necesidad imperiosa, sentida cada día, de transformar las condiciones que generan la injusticia, porque no sufren los dolores ni viven las alegrías de los violentados por ella. Decía el «Che» Guevara que el hombre y la mujer nueva se forjan de la acción cotidiana incorporada a la sociedad y motor de ésta. Ahora es cuando vemos que los valores y las acciones valen más que mil palabras intelectuales.

Desde el Partido por la Victoria del Pueblo solemos decir, o más bien gritar, «¡Arriba los que luchan!». Esto puede parecer una frase repetida sin sentido, pero tiene una profunda convicción detrás; es desde la inserción en las luchas del pueblo que se transforma la realidad. Es luchando con la gente, los trabajadores y trabajadoras con su conciencia de clase, y todos y todas los que asumen esta lucha como propia. Nacimos de hombres y mujeres de distintas procedencia pero que se unieron y dieron la vida luchando por el Socialismo y la Libertad, y continuando nosotros este camino no nos vamos a conformar con menos.

Es por todo esto que necesitamos trabajar para que el Frente Amplio sea también movimiento, vinculado con las luchas de los sectores populares y no encerrado en los enfrentamientos de los que representan a tal o cual sector político. Necesitamos un FA que luche, y que se construya con la gente, porque si la izquierda se aleja de sus bases sociales, deja de ser izquierda. Porque como dice Frei Betto «la cabeza piensa donde los pies pisan», por eso debemos elaborar, pensar, analizar pero insertos en la realidad, no de forma aséptica ya que nuestro «cantar no puede ser sin pecado, un adorno». Para esto necesitamos buscar caminos que nos permitan avanzar, abrir brechas para cambiar a nuestra fuerza política. Queremos un Frente Amplio que sea un actor político, y para eso debe debatir y hacer política y eso no lo pueden hacer los tecnócratas o los ilustrados de escritorio.

Tomado de «COMPAÑERO, la Revista», abril/2016

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