miércoles 28 de octubre, 2020

Vigencia del pensamiento y acción de Perico

Publicado el 29/01/16 a las 6:30 am

lpaPor Brenda Bogliaccini*
Luis Pérez Aguirre, “Perico”, fue un hombre de acción y pensamiento comprometido con su época. Vivió intensamente la búsqueda de los sentidos de la vida, “no podía ser feliz mientras tuviera a mi lado gente que lloraba, que era infeliz”. Nada le era indiferente, y trabajó para comprender las causas de los sufrimientos que poblaban nuestra realidad y transformarla.
Pensador original, tuvo la libertad para inspirarse y aprender de múltiples fuentes, desde la producción teórica de teólogos diversos hasta de intelectuales marxistas, filósofos y cientistas sociales de diferentes corrientes, hombres de acción como el Che, mujeres y hombres del pueblo, también de leyendas indígenas, de la poesía y la narrativa latinoamericana y universal.
Su radical compromiso con transformar la realidad y su libertad de pensamiento explican en gran parte su influencia y convocatoria.

LA OPCIÓN ENTRAÑABLE. Su vocación y militancia por la promoción y defensa de los derechos humanos –la “opción entrañable”, como él la llama– nace desde muy joven junto a los pobres y los oprimidos, con los trabajadores extranjeros y los metalúrgicos mientras trabajaba y estudiaba en Canadá; en Montevideo con las prostitutas en la Ciudad Vieja y luego con jóvenes. En 1975 es cofundador de la que sería una de sus experiencias más significativas: el hogar La Huella.
Para Luis Pérez Aguirre desentrañar los “mecanismos” que nos acercan o alejan del prójimo es la base de cualquier posibilidad de transformación. Dedica La opción entrañable a “traducir” su experiencia, el porqué de su opción por la promoción y la defensa de los derechos humanos: “ella se inicia, como cuando se da a luz la vida humana, en un grito. Un grito escuchado y sentido como en carne propia”. Reafirma años más tarde: “No creo alejarme de la experiencia humana básica si digo y afirmo que lo esencial no pasa en primera instancia por conocimientos teóricos, ni por elaboraciones doctrinales o por teorías científicas, sino por la sensibilidad. Es decir, lo esencial pasa por una materialidad desnuda, que implica corporalidad, la carne, la vida y la muerte del pobre, el sufrimiento, lágrimas, hambre, desnudez o frío (…) esta materialidad, esta sensibilidad, es el criterio primero de la ética. Esta materialidad doliente es el criterio absoluto que juzga las acciones humanas, las decisiones de bondad o maldad de toda praxis” (Desnudo de seguridades).
En el hogar La Huella los jóvenes y Perico pondrán en práctica su visión de la opción por los pobres y excluidos, en este caso por los niños abandonados, lo que suponía compartir la vida con ellos, crear una comunidad basada en valores diferentes a los vigentes en el Uruguay dictatorial, unir la reflexión con la acción y atender, simultáneamente, causas y efectos. Se proponían mostrar que se podía vivir en la opción que prescinde de la propiedad privada y al mismo tiempo cuestionaban una visión de la solidaridad como caridad: “No le podías decir a los niños que estaban en la calle que tenían que esperar a que cambiaran las estructuras. Era una eterna discusión de la izquierda: o cambiar primero las estructuras, para que cambie el hombre, o cambiar primero el corazón del hombre, para que cambien las estructuras. Nosotros decíamos: ‘Ni una cosa ni la otra. Las dos a la vez’”. En Huellas de una vida afirmará que al compromiso con los niños se le debía agregar el compromiso con la sociedad, “para no caer en el clásico asistencialismo: llenarse de niños y olvidarse de todo lo demás. Esto hubiese sido hacerle el juego al sistema”.
Cuestiona la visión individualista del prójimo y nos aterriza en la realidad vivida, no en abstracto: “Son esos pobres con los que nos encontramos a diario en las calles, en los caminos del campo, en las comunidades populares, en las periferias de las ciudades… Los pobres son una realidad compacta, impresionante. Se han convertido en un fenómeno social escandaloso, desafiante e inesquivable. (…) Depende de nuestra ‘sensibilidad’ que superemos una visión fatalista y falsamente providencialista del fenómeno de la existencia de los pobres, para alcanzar las causas estructurales, económicas y sociales de su existencia. No se trata de un dato de la naturaleza, y mucho menos de la ‘voluntad de Dios’, sino que son producto de decisiones políticas de los grupos de poder (económico, social y político)” (La opción entrañable).

SERVICIO PAZ Y JUSTICIA. Junto a esta realidad “escandalosa” Perico vivió la dictadura con la misma intensidad con que emprendió sus compromisos anteriores. Pese a que fue detenido y también torturado en varias oportunidades, participó en la búsqueda de caminos para fortalecer la resistencia a la dictadura aportando en la creación de la revista La Plaza y del Servicio Paz y Justicia (Serpaj), que será un actor relevante en la lucha por la recuperación de la democracia y la defensa de los derechos humanos hasta hoy.
En agosto de 1983 participó durante 15 días –junto a Jorge Osorio y Ademar Olivera– en el ayuno decidido por el Serpaj ante la suspensión del diálogo que los militares estaban teniendo con los partidos políticos: “Queríamos mostrar una nueva manera de luchar, no violenta, para movilizar a la opinión pública, para impactar a las autoridades (…). Recibimos mucha solidaridad nacional e internacional durante el ayuno. Y lo cierto es que a partir de allí se creó una dinámica marcada en el proceso de movilización. Se arrancó de nuevo” (Luis Pérez Aguirre. Huellas de una vida).
Del camino recorrido en esos años también nació un fuerte vínculo con las madres y familiares de detenidos desaparecidos, que perduró después de la recuperación de la democracia. Para Perico la condición del desaparecido es un caso extremo de “alteridad”, porque no tiene derecho a ser juzgado, ni siquiera a ser condenado, ni a tener públicamente la condición de preso, “la sociedad les quitó toda cualidad humana. ¡Se les negó su condición humana!” (La opción entrañable).

LA EDUCACIÓN EN DERECHOS HUMANOS. Perico siempre consideró a la educación en derechos humanos como una herramienta fundamental y una estrategia para su defensa, y también para transformar la realidad. Lo reafirma en sus últimas reflexiones sobre la sociedad globalizada actual, donde imperan la desigualdad y la hegemonía de los valores consumistas y de mercado: “El problema actual de la ética en la sociedad occidental es que se está destruyendo el ethos (valores y normas inconscientes de la sociedad). Hoy toda ética permanece teórica o despierta emociones, pero no penetra en los comportamientos, porque éstos obedecen cada vez más a la dinámica del mercado (…). De ahí la importancia que adquiere la educación para los derechos humanos como referente ético de la sociedad. Ellos deben ser el nuevo ethos, la meta de la educación de toda sociedad que se precie de humana. Por su universalidad, interdependencia e indivisibilidad, ellos son el referente ético más adecuado para las sociedades actuales”.

UNA NUEVA PRÁCTICA LIBERADORA. El avance del neoliberalismo en la década del 90 tuvo un fuerte impacto en Perico y lo llevó a dedicar una parte importante del trabajo a profundizar su pensamiento. En diálogos y textos compartirá su preo-cupación ante lo que él definía como la crisis de los paradigmas teóricos para poder crear un nuevo proyecto de sociedad. Desnudo de seguridades, libro póstumo que culminó en el año 2000, contiene ese esfuerzo crítico global, desde la filosofía, la economía, la ética y la política.
Hombre de acción, preocupado ante una izquierda que en esos años “fue aceptando poco a poco lo más conspicuo de los principios demoliberales, como la economía de mercado y el derecho a la propiedad privada” (Desnudo de seguridades), profundizó su visión ético-política e hizo aportes para una estrategia política de la izquierda. Podemos decir incluso que tuvo una visión anticipatoria sobre acontecimientos que hoy estamos viviendo.
Perico nos convoca “como militantes” a “contribuir a cambiar esta realidad. Pero para poder cambiarla no basta con anunciar la utopía, es necesaria una nueva práctica liberadora”. Abierto al mundo y al diálogo, Perico toma contacto con las nuevas luchas emergentes: “Estas nuevas demandas vienen de una sociedad civil con nuevos sujetos históricos –mujeres, indígenas, jóvenes– y de la conciencia creciente sobre la crisis ecológica y la necesidad de salvaguardar el hábitat. Las demandas de la mujer, de las etnias y de los que claman por el respeto de la naturaleza son hoy las alternativas más esperanzadoras” (Desnudo de seguridades).
Y también convoca a que la izquierda no se corra al centro, que se rebele y no acepte el orden establecido y asuma “la misión de devolver la esperanza al pueblo”. La llama a recuperar las referencias que le dieron identidad y sentido, su horizonte ético y utópico, “la pasión por la justicia y por la redención de los excluidos”. Partir de una indignación ética para una “nueva militancia, una verdadera actitud revolucionaria que despierte conciencias y llame a la acción” (Desnudo de seguridades).

* Integrante de la Red de Amigos de Luis Pérez Aguirre.

Referencias bibliográficas: Luis Pérez Aguirre, Opción entrañable (Ediciones Trilce, 1989), Desnudo de seguridades. Reflexiones para una acción transformadora (Ediciones Trilce, 2001), y Héctor Luna, Luis Pérez Aguirre. Huellas de una vida (Ediciones Trilce, 1997).

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