miércoles 21 de octubre, 2020

Tras los sueños de Plomito Soba

Publicado el 10/12/15 a las 6:30 am

ggPor Gerardo Gilardoni.

Intervención en el Homenaje a Adalberto Soba previa a la charla «¿En dónde está la verdad y la justicia?» realizada por el Bastión Oeste Plomito Soba el 4 de diciembre. Tambión participaron Raúl Olivera, Pablo Chargoñia y Oscar Urtasun.

Desde las luchas de la patria vieja que tratan de parir el nuevo país, allá en 1842 el industrial uruguayo de origen inglés, Samuel Lafone erigió un saladero renombrado. Y comenzó a establecer el Pueblo de la Victoria. Sigue avanzando el tiempo, en 1843, en cuatro meses se había delineado el pueblo. Por ese entonces ya existían cuatro edificios y se había proyectado la construcción de dos puentes: uno, sobre el Miguelete, con la cooperación vecinal, y el otro, sobre el arroyo de Cuello, con lo que se confiaba acelerar el incremento de las poblaciones del Cerro y de la Victoria. Se sigue creciendo y en esta zona que ya contaba con 283 propietarios, que habían adquirido allí 685.216 varas cuadradas (588.601 mts2) de terreno para edificar, dividido en 295 fracciones. Quedó frustrado, según el diario «Comercio del Plata” por luchas constantes intestinales del país que nacía.

En 1877 se funda la modesta escuelita rural № 11, que luego se transforma en la escuela urbana № 57 del pueblo Victoria.

Una década después, en 1887, el incansable Francisco Piria adquiere la isla llamada del Bizcochero y compra las tierras adyacentes que constituyen la base del pueblo Victoria. Según datos dicho pueblo tenía ya 4.500 habitantes.

La Teja parte de la zona paralizó su crecimiento durante el Sitio Grande, pero otras que rodeaban Montevideo, Paso del Molino, Miguelete, Cerrito, Cardal, Buceo, Aldea e incluso el Cerro se incrementaron con mayor vigor por el afincamiento temporal de soldados y sus familiares, como así también de montevideanos simpatizantes de Oribe que se trasladaron a las líneas sitiadoras. Entre estas zonas se establecieron nuevas vías de comunicación. Fue a término del siglo XIX y comienzos del XX. Así lo cuenta Anibal Barrios Pinto en «Los Barrios de Montevideo».

bPasando el tiempo cuando en marzo de 1933 el presidente Gabriel Terra dio un golpe de Estado, dando fin al Estado de Derecho que venia forjándose, los trabajadores estaban dispersos en centrales que respondían a diferentes tendencias: anarquistas y anarcosindicalistas que actuaban en la FORU y la Unión Sindical Uruguaya (USU); los comunistas, en la Confederación General de Trabajadores del Uruguay (CGTU); los “sindicalistas” independientes, en los sindicatos autónomos; y los reducidos núcleos de gremialistas católicos, en la Acción Social Obrera Católica. La división hizo difícil dar respuesta y enfrentar en los años siguientes las acciones gubernamentales que deterioraron las condiciones de vida de los trabajadores.

En la década del 40 el desarrollo de la industria y el crecimiento de la clase trabajadora se expresaron en novedades en el movimiento sindical. El surgimiento de la Unión General de Trabajadores (UGT) permitió la revitalización de muchos gremios y despertó expectativas de unidad que al poco tiempo fracasaron. Sin embargo en dicho momento nació ADALBERTO WALDEMAR SOBA FERNÁNDEZ en Montevideo el 31 de setiembre de 1944, hijo de Gualberto Soba y Linda Fernández.

En el 51 y 52 los gremios autónomos y de acción directa participaron como gremios solidarios en las huelgas en defensa de la sindicalización de los funcionarios públicos, en apoyo a conflictos concretos y contra las medidas prontas de seguridad. En ese medio fue creciendo conjuntamente con otros niños compartiendo la escuela pública, o tomando una leche en el viejo Bar Don Martin que hoy no está. Con las bandideadas de los niños, pero también con las peripecias que pasaban los padres para ganar el sustento de sus familias.

Otras propuestas se sucedieron y a mediados de los cincuenta, el proceso de industrialización por sustitución de importaciones comenzaba a dar muestras de agotamiento. Ivonne Trías y Universindo Rodríguez, el Yano, historiaron aquellos días en “Gerardo Gatti, Revolucionario”. Hugo Cores nos habló y escribió sobre “Los Gremios Solidarios”.

Dentro de la creciente masa de trabajadores algunos aspiraban a que sus hijos fueran Bancarios o tener el beneplácito de un político para acceder a la administración publica. Pero esa masa crecía en conciencia de sus propias capacidades y se juntaban a buscar sus derechos a vivir dignamente. Aunque no se concretó, la convocatoria de la Unión Obrera Textil en 1955 para realizar una reunión consultiva de gremios que respondiera sobre la necesidad o no de la unidad sobre bases programáticas y estatutarias sólidas, constituye un relevante antecedente en ese camino. En 1956 la Federación Autónoma de la Carne citó a una reunión para promover la unidad orgánica y programática de los trabajadores. En ella participaron además de los trabajadores de la carne, la UGT, la Confederación Sindical Uruguaya (CSU), la Unión Solidaria de Obreros Portuarios, el Sindicato de FUNSA, sindicatos cristianos, funcionarios públicos, sindicatos de acción directa, el Congreso Obrero Textil y la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), constituyéndose una Comisión Coordinadora pro Central Única. Diversas circunstancias –entre las que puede citarse la actitud intransigente de la CSU– frustraron este proceso.

En los años siguientes una serie de acontecimientos pautaron el camino de la unidad. Mientras la CSU se fue diluyendo, se inclinó hacia el amarillismo y perdió representatividad, en la calle se selló la lucha conjunta de obreros y estudiantes por la conquista de leyes sociales y por la ley orgánica para la Universidad, y a fines de la década se disolvió la UGT para dar lugar a la Central de Trabajadores del Uruguay y después a la CNT.

En este lugar y en ese momento de Montevideo, trabajó Adalberto en la industria frigorífica y en la empresa textil La Mundial, militaba gremialmente, lugares donde se entreveraban los trabajadores de la carne del Cerro, los metalúrgicos de Ferrosmalt y curtidores de las curtiembres de Nuevo Paris, los de la industria del Baifo del Ancap de la Teja Barrio Victoria, creciendo, zona de permanentes conflictos donde la lucha permanente de capital trabajo era una constante, no en vano todos recordamos la alusión al paralelo 38 del puente del Pantanoso.

Crecer con sueños de igualdad, solidaridad y lucha, no nos puede de extrañar, era el material donde había forjado su vida, en la cotidianeidad de sus compañeros de juego, De los que con el jugaban en el club Vencedores o por el Club la Comparsita en la Cachimba, o tomando una copa en el Bar la Razón, discutiendo, analizando las vidas y de la luchas de sus padres, sus vecino y en el encuentro de quienes son serán sus compañeros, es decir del Futuro.

aNos dio con su proceder un ejemplo de búsqueda y entrega por esos sueños jugándosela en la Organización Popular Revolucionaria 33 Orientales y aún cuando hubo que emigrar por la represión decretada contra los obreros y estudiantes, emigrando con María Elena Laguna, su compañera con la que tuvo tres hijos: Sandro Alberto, Leonardo Paolo y Tania Elizabeth. Va a Buenos Aires y continúa trabajando y militando en la Fundación del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) que tiene lugar en dicha ciudad , culminando de esta manera el proceso de discusión comenzado en setiembre de 1974. A partir de este congreso fundacional la organización en su conjunto pasó a llamarse Partido por la Victoria del Pueblo y la estructura organizativa es reformulada, integrando militantes de otras organizaciones de la izquierda uruguaya: FAU, ROE, OPR 33, FRT, FER y otras.

Días estos donde él y su familia se arriesgaban produciendo y ocultando documentos que trataban de darle vigencia y difusión a la situaciones que atravesaba este país. Pensar que hoy con los logros en informática y donde reina internet sigue habiendo uno de cada cinco niños en la pobreza y donde llegamos en esta zona a tener hasta el 60 % de los niños de la zona Oeste de Montevideo por debajo de la pobreza con todo lo que esto implica.

Se hacen largos los caminos. Hay individuos que transitan sin pausas en la vida de las comunidades. Y nuestra presencia hoy, es mostrar que detrás de él, del Plomo, y de todos los compañeros seguimos persiguiendo esos sueños colectivo de vida plena para todos y para cada uno.

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