viernes 23 de octubre, 2020

Para hacer una muralla

Publicado el 04/08/14 a las 8:59 pm

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Por Milton Romani Gerner.

Preguntale por ejemplo, si él
entre una cosa buena y una cosa mala,
elegiría la cosa buena o la cosa mala.
Si te dice la cosa mala, no lo dejes entrar porque es un aliado del imperialismo.
Si te dice la cosa buena, dejalo entrar porque evidentemente es un compañero.

(Leo Masliah)

No hay dudas: las Comisiones de Investigación del Poder Legislativo, deben funcionar. Articuladas con todos los mecanismos de contralor de la gestión publica. Es una herramienta que debe inter actuar, caso a caso y en forma pertinente, con el conjunto de organismos de contralor preventivos, para minimizar la inevitable tentación y veleidad de hombres y mujeres.

No soy partidario de sostener que necesitamos las conclusiones de la justicia para tomar decisiones políticas. He escuchado a varios compañeros que sorpresivamente se han escudado en esto. Es un problema ético y político. No es SOLO, un problema penal.

La investigación judicial es siempre necesaria. Pero hay un tema previo. O por lo menos complementario. Cómo ejercer todos los controles necesarios para construir una agenda permanente de control de la corrupción. Esto es preventivo per se. Por otra parte esta manía de judicializar y penalizar todo, es malo para la política y es malo para el sistema penal.

Desviarse de una conducta, estafar la fe colectiva, es un drama humano. Los hombres y mujeres fallamos y cometemos desaguisados.

En el Sistema Interamericano de DDHH de la OEA hemos sostenido una posición similar. Existe este sistema(CIDH y CorteIDH) porque los derechos humanos se violan. Como se decía en mi barrio, al que le toca le toca. Si es nuestro Estado el interpelado, hay que liderar la indignación y no ponerse de burros chotos. En los casos de corrupción, si se trata de un compañero de filas, con mas celo se debe actuar. Reitero: no es necesario el fallo de la justicia para evaluar y tomar decisiones políticas.

El diseño de políticas especificas, ínter institucionales,autónomas e independientes para controlar la corrupción, es esencial. Hay que agendarlo ya.

En el fenómeno de drogas y narcotráfico el desgaste de las democracias y la generación de violencia, encuentran en las practicas corruptas de políticos, jueces, fiscales, policía y militares de toda la región (en nuestro país estamos a tiempo) una causa principal de proliferación. Corrupción y lavado de dinero son los mecanismos que explican las conexiones entre crimen organizado y economía y sociedad una visión amplia e integral que no discrimina exclusivamente hacia el eslabón mas débil. El enfoque de guerra contra las drogas, prefiere no vocalizar esto.

La corrupción es del orden de la inmanencia. No de lo trascendente. Las causas mas nobles han hecho caer la muralla. La Compañía de Jesus surge para frenar la corrupción brutal de la Iglesia Católica, amenazada por el cisma generado por Lutero y su protesta por la venta de indulgencias y el nepotismo. Las experiencias del socialismo burocrático y varias revoluciones lo han padecido. En nuestro país, el fenómeno no es nuevo.

Hay un desafío en lo cultural. Cierta permisividad a lo ilícito que es una forma de aceptación de conductas corruptas. El vecino honesto que compra cosas robadas, reciclando el circuito de la delincuencia, pero luego se queja. Políticos que en la ultima campaña dijeron que ¨promovería y avalaría todo tipo de sociedades anónimas, para lo que fuera¨ (a pesar del lavado de dinero de muchas SAFI). O quien adulo y apoyo la resistencia de los sujetos obligados (inmobiliarias, escribanos, casas de arte) para reportar las operaciones inusuales al Banco Central. Lacalle y Bordaberry.

Bernardo Kliksberg se preguntaba (Etica y Desarrollo) luego de varios escándalos financieros, cometidos por altos empresarios

“¿Cómo pudo ser posible? ¿Qué motivó estas conductas? Se trataba de un grupo de ejecutivos formados en algunas de las mejores escuelas de administración de empresas del mundo (…) Superbien pagados y supereducados.(…) Una investigación del Aspen Institute sobre 2000 graduados de las 13 escuelas de negocios líderes analizó el perfil ético que tenían al ingresar y al salir. Este último era peor que el inicial. En otro estudio se preguntó a participantes de MBA qué harían si pudieran cometer un acto ilegal que les diera a ellos (o su empresa) una ganancia de 100,000 dólares, la posibilidad de que los descubrieran fuera del 1% y la pena no mayor de un año. Más de la tercera parte contestó que robaría”

La participación de los trabajadores en la gestión publica es un principio tan importante, que hubiera bastado apenas una brizna de duda para que la confianza se retirara. Porque esto es un problema de confianza. Con-fío (doy en fianza) porque no tengo duda razonable. La desconfianza puede provenir de múltiples fuentes y no necesita semiplena prueba. Basta con retirar la confianza.

Las Comisiones de Investigación a nivel legislativo se han previsto como un mecanismo mas de control de la acción en la función publica. Nunca pude entender la negación para proceder a formarlas, aunque me allano a algunas, muy contadas, ocasiones donde puede primar un objetivo político menor. Pero frente a la duda, la transparencia debe primar.

Anotemos, también cierta historia de sus falencias. Recuerdo dramáticamente la que se realizo para investigar los asesinatos de Michelini y Gutierrez Ruiz. Donde algún corrupto, filtró las actas secretas. El diario El Pais no tuvo ningún empacho en publicar esas actas y exponer la seguridad de aquella enfermera que había testificado. Se anulo la investigación.

Recuerdo también la realizada para Investigar la conducta del entonces Senador Juan Carlos Blanco, en oportunidad de conocerse el famoso Memorándum Secreto confeccionado por el y sus compinches y donde se decidía la suerte de Elena Quinteros. El Senado lo encontró inocente de toda culpa. Hoy sentenciado por esos mismos cargos. En esa misma legislatura, se votaría, por otros motivos, la ominosa expulsión del siempre recordado Jose German Araujo. Sin ninguna investigación de nada.

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