viernes 23 de octubre, 2020

CRÓNICAS DE 30 AÑOS EN PERIODISMO

Publicado el 16/03/14 a las 11:10 pm

rrodriguezEl periodista Roger Rodríguez ha comenzado a publicar en su muro de Facebook sus «CRÓNICAS DE 30 AÑOS EN PERIODISMO». Compartimos una de esas crónicas.

Simón y los idus de marzo


Los 15 de marzo son una fecha de gran significado para mí. En los idus de marzo del calendario romano, han ocurrido cosas importantes. Desde el asesinato de Julio César en 44 aC, al regreso de Colón a Puerto de Palos en 1493, la abdicación del zar Nicolás II en 1917, el «protectorado» de Checo en manos nazis en 1939, la creación de Mafalda por Quino en 1962, el estreno de El Padrino en 1972, la muerte de Nuble Yic en 1976, el fin de la dictadura en Brasil en 1985 o el fallecimiento de Wilson Ferreira Aldunate en 1988.

Para mi, el 15 de marzo es la fecha en la que en 1984 (hace hoy 30 años) publiqué en Convicción la primera entrevista a Sara Méndez, quien junto a otros familiares de niños desaparecidos me contó cómo el mayor José Nino Gavazzo (entonces no lo pude nombrar) le sacó a Simón Riquelo de los brazos. Fue una de las entrevistas más difíciles de mi vida. Nos reunimos casi clandestinamente en la casa donde María Esther Gatti vivía en Colón y varias veces tuve que apagar el grabador para que Sara llorara, o para llorar yo.

En aquel artículo, junto a Sara, dieron su testimonio René Pallares de D’Elía, Blanca Nilo de Artigas, María Esther Gatti y Angélica Cáceres de Julien, quienes al hablar de sus nietos desaparecidos también estaban denunciando la desaparición de sus propios hijos. Entonces, no se sabía que habían nacido Carlitos y Vicky, no había sido encontrada Mariana y la esperanza de que estuvieran vivos la daba la aparición en Chile de Anatole y Victoria, que habían sido abandonados en una plaza de Valparaíso.

Aquel artículo en Convicción (cuyo fascimil reproduzco y cuyo texto posteo al pie) incluía una ilustración de Omar Bouhid donde se nombraba a los hermanitos Hernández Hobbas (sólo Andrea sería recuperada) y Amaral García, de quienes aparecían fotos. La familia de Amaral se presentó para preguntar de dónde habíamos sacado la foto (publicada en la prensa en 1974 cuando aparecieron los fusilados de Soca y el hijo de Floreal y Mirtha no estaba). Un año más después apareció Amaral, que trajo a Uruguay José Germán Araújo.

Quiso la vida que exactamente 18 años después, el 15 de marzo de 2002, en Posdata Folios (la revista había cerrado y Manuel Flores Silva mantenía aquella publicación en papel sábana) pudiera publicar un informe con la síntesis de una investigación de un año, con la que obtuve los datos que permitieron a Rafael Michelini encontrar a Simón. Su identidad se confirmó ese mismo día a través de la coincidencia del ADN. La nota, también denunció por primera vez la existencia del segundo vuelo de Orletti y sus implicancias.

Treinta años después, al releer la entrevista de Convicción a los familiares de niños desaparecidos, vuelvo a confirmar la audacia y valor de aquella publicación y sus editores. También reencuentro mis propios demonios al hacer la nota, sentir y llorar el sufrimiento de aquellas mujeres y tener que escribir con asepsia las preguntas y respuestas para burlar a una censura que en muy poco tiempo terminaría clausurando el semanario y evitar a una justicia militar que luego terminaría encarcelándonos.

En nota aparte, también difundo hoy en mi facebook aquel trabajo de investigación publicado en Posdata Folios hace doce años, cuando apareció Simón. Un largo artículo que recuerdo haber escrito durante toda una noche en la casa de Manolo y en el que, a la distancia de todo lo que hemos logrado averiguar en la última década, puedo adelantar que hay errores de datos que pude corregir y aún hoy debo seguir corrigiendo en la medida en que podemos ganarle alguna verdad a la muralla de impunidad impuesta.

Roger Rodríguez
(15 de marzo de 2014)

La primer nota sobre niños desaparecidos: 15 de marzo de 1984 en Convicción.

LOS PROTAGONISTAS

Hablan los familiares de los niños uruguayos desaparecidos en Argentina

“TODAVÍA TENEMOS LA ESPERANZA»

La asunción de Alfonsín y su gobierno democrático en la Argentina, se constituía en esperanza de miles de personas que aguardaban que fueran abiertas las cárceles que encerraban a sus familiares detenidos o desaparecidos. Pero poco tiempo se necesitó para comprender que no había para abrir más que sus tumbas.

A medida que se encuentran nuevos cementerios clandestinos y se acumulan los cuerpos rotulados con un “N.N.” de inidentificación, los pueblos americanos lloran el genocidio argentino y la esperanza se restringe a la búsqueda de los niños desaparecidos, cuyo destino puede haber sido distinto al de sus padres, según argumentan una docena de casos en que fueron hallados en el seno de familias que les adoptaron.

En esta situación de “desaparecidos” en Argentina, hay seis niños uruguayos: Amaral García, Simón Riquelo, Mariana Zaffaroni y los hermanos Washington, Beatriz y Andrea Hernández.

A ellos se suman varios niños que habrían nacido durante la “desaparición” de sus padres y el caso de Anatole y Victoria Julián, que fueron hallados en Chile, dos años después de su “desaparición” en Buenos Aires.

La madre de uno de estos niños y los abuelos de otros, dialogaron con CONVICCIÓN, narraron el penoso proceso de la desaparición y la búsqueda, y se refirieron a sus esperanzas dentro de una lucha en que claman por recuperar a sus niños y porque hechos semejantes no vuelvan a ocurrir.

– ¿Pueden narrar cómo ha sido cada uno de sus casos?

– Me llamo René Pallares de D’Elía y en 1977, mi hijo y mi nuera fueron aparentemente detenidos en Buenos Aires. Ella, estaba embarazada a término y no sabemos si nuestro nieto existe o existió. Mi marido y yo llegamos a Buenos Aires el 22 de diciembre y no sabíamos nada. Cuando llegamos al apartamento de mi hijo, nos encontramos con un grupo de personas que nos hizo entrar a punta de metralleta. Les preguntamos qué pasaba, si era un robo o algo así. Nos dijeron: “Cállense la boca, acá las preguntas las hacemos nosotros”. Nos revisaron, hasta nos desnudaron para ver si llevábamos una bomba en la ingle y después nos dejaron por horas en el apartamento, solos sentados en forma muy incómoda. No llegamos a ver ni a mi hijo ni a mi nuera. Ella tiene que haber tenido familia por esos días o a lo sumo en enero del 78. Recuerdo que los médicos le habían anticipado que iba a ser una criatura muy grande y que casi con seguridad se le iba a adelantar el parto. En Argentina, una persona allegada a las Madres de mayo nos dijo que estaban en los Pozos de Banfield, que con ellos había otros uruguayos y que habían sido torturados… No sé si creer mucho todo eso, porque quien me lo dijo, fue uno que compró su libertad, la de sus hijos y su nuera y se fue para Francia. En definitiva, no pudimos saber nada. Ni de mi hijo, ni de mi nuera, ni de nuestro nieto o nieta, si nació vivo o muerto, si está aún vivo o si lo mataron…

– ¿Su nombre es Blanca Nilo de Artigas?

– Sí. Mi hija era María Asunción Artigas de Moyana y mi yerno, Alfredo Moyano. Ella estaba embarazada nada más que de un mes cuando los llevaron; pero fue vista en los Pozos de Banfield por un muchacho que lo soltaron y ahora está en Suecia. Cuando salió, fue a ver a mi consuegra que vive en Buenos Aires y le dijo: “Mary y Freddy están bien. Mary todavía está embarazada”. Después de eso, que fue en febrero o marzo del 78 -mi hija cayó el 30 de diciembre del 77-, no supimos nada más… En una oportunidad en que las madres de los uruguayos fueron a Buenos Aires, una persona se acercó y preguntó por mi hija. En la siguiente marcha fui yo, el 10 de diciembre de 1983, y le mostré una foto de mi hija. La reconoció y me dijo que estuvo con ella en los Pozos y que había nacido una nena. Según lo que me dijo esta persona, mi hija había preparado mucha ropita porque pensaba que se la iban a dejar, pero se la dejaron sólo una hora y se la sacaron diciendo que se la iban a entregar a los familiares. El testimonio de esta persona, confirmó una llamada telefónica anónima que me habían hecho tiempo atrás, en febrero de 1979. Me dijeron: “Señora, venga a buscar a su nieta”. Por entonces, yo no sabía ni que mi hija estaba embarazada. La que lo sabía era mi consuegra que vivía en Buenos Aires. E de la llamada me dijo que la nena se llamaba Verónica Leticia y que pesó dos kilos novecientos. Pero hasta ahora no he podido encontrarla.

– ¿En su caso la niña había nacido antes de la desaparición de los padres, no?

– Es cierto. Me llamo María Esther Gatti de Islas. Mi hija es -voy a hablar en presente- María islas y mi yerno, Jorge Zaffaroni. Ellos tenían actividades a nivel de dirigencia estudiantil y decidieron irse a la Argentina. Fueron a Buenos Aires a fines de 1973 y se radicaron. El 22 de marzo de 1975 nació mi nieta, Mariana. Y el 27 de setiembre de 1976, desaparecieron los tres de su domicilio en la calle Venezuela 3328 en la localidad de Florida, en Buenos Aires. A mi yerno lo detuvieron en la calle y según dicen testigos, lo traían si saco y con la camisa rota cuando lo introdujeron en su domicilio, donde destrozaron todo; después, se lo llevaron. Allí, esperaron que mi hija regresara con la bebita, y sin dejarla entrar en el apartamento, la metieron en un auto a punta de metralla. Fueron testigos los dueños de la casa, un matrimonio de apellido Casello, que está dispuesto a testimoniar ante la Comisión de Derechos Humanos del Poder Ejecutivo en Argentina. También hay otra persona, una uruguaya que se llama Beatriz Barboza, que fue detenida en Buenos aires y aparentemente estuvo en “Automotores Orletti”, junto a otros uruguayos. Ella dice que sintió a mi hija hablando con Mariana, por lo que en octubre del 76, ambas estaban vivas. Después, Beatriz fue procesada y cumplió su condena en Punta de Rieles. Actualmente no está en el país, pero ya presentó su testimonio en las Naciones Unidas, y es otro elemento en la búsqueda de mi nieta…

– Finalmente su caso, que es el único de una madre uruguaya buscando a un hijo niño desaparecido en Argentina. ¿Cómo le quitaron a Simón?

– Soy Sara Méndez. Mi hijo es Simón Antonio Riquelo… Era un momento bastante difícil cuando nace Simón. Ya habían desaparecido varios uruguayos y habían sido muertos Gutiérrez Ruiz, Michelini y Telba Juárez. También había ya niños desaparecidos, los de Rosario Barrero, que luego aparecieron en una seccional policial en la Provincia. Todos se preguntaban entonces por qué también habían desaparecido los niños, que mostraban signos de haber presenciado la tortura de sus propios padres… Es entonces, el 22 de junio de 1976, que nace Simón. El 13 de julio, fui detenida en mi domicilio en Buenos Aires, por fuerzas armadas vestidas de civil. Yo estaba con el niño en mi casa. Recién había terminado de dormirse. Serían aproximadamente las once de la noche y se introducen en mi casa violentamente. De inmediato pasan a revisar buscando más gentes. En ese momento, recuerdo que revisan el moisés donde está durmiendo Simón. Me dicen que lo levante, que lo tome en mis brazos. Recuerdo las palabras del que daba las órdenes: “esta guerra no es contra los niños, a él no le va a pasar nada”. Me llevan de la casa y Simón queda con ellos. No me dejaron llevarlo conmigo, ni dejarlo con alguna persona del barrio… Desde entonces, pregunté reiteradamente por el niño. Estuve en Argentina alrededor de 13 días, en una cárcel clandestina. Hoy sé que era “Automotores Orletti”. Luego fui trasladada a Uruguay. Permanecí desaparecida por cuatro meses, hasta que el 23 de octubre se nos inicia proceso. Hasta entonces, nada supe del niño. Inclusive, cuando me pasan a Punta de Rieles, se plantea qué es lo que pasó con Simón. Cuando mandaron a buscar ropa a mi casa, se confirma que tampoco lo tiene mi familia. Estuve cuatro años y medio en el Penal, que sumado al tiempo de desaparición llega a cinco años. Cuando salí, me vinculé con los familiares que también buscan a sus hijos o nietos y, desde entonces, no he podido saber saber de Simón. He tenido contacto con gente que ha venido de organismos internacionales, pero nuevos datos, nunca se obtuvieron. Simón tenía sólo 20 días cuando me detuvieron y con esa edad hay muy pocas posibilidades de reconocer a un niño luego de cinco años. Salvo, en este caso, que se trata de un niño pelirrojo. Es el único dato identificatorio que puede ayudarme…

– ¿Qué expectativa tiene de recuperarlo?

– Mi situación en particular es muy difícil, porque no tengo posibilidades inclusive de moverme del país. Hasta ahora lo que he hecho fue a través de las madres de uruguayos que viajan a Argentina. Pero, encarar una búsqueda desde acá, cuando la última pista que hay del niño es en Buenos Aires, es algo muy difícil.

– ¿El caso de Anatole y Victoria Julián, ubicados en Chile luego de dos años de desaparecidos es para Uds. una razón de esperanza en la búsqueda de sus niños, cuando Argentina muestra a diario el horror de su reciente historia?

– En estos momentos, en Argentina el esfuerzo mayor sigue siendo buscar a los desaparecidos en general, pero la esperanza más grande está puesta en hallar a los niños, porque se han encontrado a algunos que aún viven. Nosotros la esperanza la tenemos en la medida que queremos pensar que los niños no corrieron la misma suerte que los mayores, o al menos, de lo que está apareciendo de los mayores (Sara Méndez).

– Yo como abuela, aún tengo la esperanza. A mi hija y a mi yerno, casi no tengo ilusiones de verlos con vida, pero aún creo en encontrar a Verónica Leticia (Sra. Nilo de Artigas).

– La verdad tiene que surgir ahora. No queremos el juicio de la historia. No es posible que personas que tienen instintos de matar a niños, hoy o mañana desempeñen funciones en la educación, la salud, el cuidado de la población o de la niñez. Yo no tengo casi esperanzas de poder encontrar a mis hijos, pero aún creo que puedo hallar a mi nieta. Tenemos que seguir luchando para que esto no suceda más (Sra. Pallares de D’Elía).

– Yo he viajado varias veces a Buenos Aires y ya se ha dado la posibilidad de dos o tres niñas que pudieran sera mi nieta. Luego, no resultaron serlo… pero todavía tenemos la esperanza. Y cuando se pierda, tendremos la suficiente dignidad como para seguir luchando, para que esto no se vuelva a repetir; para que ningún niño tenga que pasar lo que han de haber pasado los nuestros y para que ninguna persona mayor, ningún adulto, tenga que pasar toda la tragedia que estamos viviendo nosotros (Sra. Gatti de Casas).

Roger Rodríguez

(Convicción, 15 de marzo de 1984)

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ANATOLE Y VICTORIA JULIÁN,

“APARECIDOS” EN VALPARAÍSO

En agosto de 1979, en la ciudad de Valparaíso, Chile, fueron encontrados los niños uruguayos Anatole y Victoria Julián, que habían figurado como “desaparecidos” desde 1977, cuando sus padres fueron detenidos en Argentina.

El caso se constituyó en uno de los primeros en que se logró recuperar con vida a niños en condición de desaparecidos y motivó la esperanza de miles de casos similares, además del argumento de un filme y el reconocimiento mundial a la revista “Clamor” a través de la que se logró ubicarlos.

“Mi hijo -explica hoy la abuela de Anatole y Victoria, Sra. Angélica Cáceres de Julián-, se fue de acá luego de escapar con otros cien de la cárcel de Punta Carretas, donde estaba preso. Se llamaba Mario Roger Julián Cáceres y luego de unos meses, viajó a Argentina. Por entonces, Anatole tenía unos seis meses. Se radicaron con mi nuera, Victoria Grisonas, y me solían escribir. En mayo de 1975 nació Verónica y en junio del 77 recibimos una llamada diciendo que habían muerto a mi hijo y a mi nuera la habían detenido con los niños. De inmediato fui a Buenos Aires y como todos reclamé en cuanta oficina y organismo, sin conseguir respuesta”.

En 1979, una delegación viaja desde San Pablo a Montevideo para pedir datos sobre sus nietos. La Sra. Cáceres de Julián viaja a Brasil y desde allí a Chile, donde efectivamente estaban su nietos. Sólo faltaba una firma para que fueran adoptados en forma fraudulenta.

“Pude impugnar legalmente la tenencia, pero no me interesaba. Además, los niños debieron quedar en Valparaíso, porque se entendió que necesitaban una preparación sicológica antes de comprender su caso”, dice hoy la abuela.

El hallazgo de los niños se produjo a través de una ciudadana chilena refugiada en Venezuela, que reconoció en la revista “Clamor” las fotos de Anatole y Victoria, como los niños que ella había visto abandonados en una plaza de Valparaíso.

“Los bajaron para que jugaran y los abandonaron -recuerda Angélica Cáceres-, tenían 4 y 2 años, era diciembre del 77. Me han dicho que entonces se dio sus fotos a los diarios y Embajadas, pero no se pensó nunca en uruguayos desaparecidos en Argentina”.

Actualmente, Anatole y Victoria mantienen su situación incambiada. No han sido legalmente adoptados ni devueltos a sus abuelos en Uruguay. Ambos continúan en tratamiento sicológico. Anatole ya ha viajado solo, en un par de ocasiones a Montevideo. La última vez, en febrero de este año.

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