sábado 24 de octubre, 2020

Israel va por todo / Rechazar el chantaje del «antisemitismo»

Publicado el 18/11/12 a las 6:09 pm

El periodista de la BBC árabe Jihad Misharawi  llora la muerte de su pequeño hijo de once meses, caído durante el bombardeo israelí sobre la población civil en Gaza.
Por Atilio Borón.

Dos notas suscitadas por la nueva agresión de Israel a los palestinos en la Franja de Gaza. La primera fue publicada en el diario Página/12 del día de hoy, 17 de Noviembre del 2012; la segunda ha sido escrita como réplica ante los ataque suscitados por la misma.

Israel va por todo

Una vez más las “fuerzas de defensa” del Estado de Israel se aprestan a iniciar una expedición punitiva sobre la Franja de Gaza. Al igual que la infame operación Plomo Fundido, lanzada a finales de diciembre del 2008, también ahora el objetivo es destruir lo poco que ha quedado en pie y podido ser reconstruido de la anterior incursión israelí. Según informara un organismo de derechos humanos de Israel, B’Tselem, el número de palestinos que murieron a causa de aquella operación ascendió a 1387 personas, de los cuales por lo menos 774 eran civiles, aunque se estima que su número podría ser sensiblemente mayor. Del lado israelí se contaron diez soldados muertos y no se reportaron víctimas civiles.

El detonante de la situación actual fue el “asesinato selectivo” del jefe militar de Hamas en Gaza, Ahmed Yabari. En esta supuestamente “quirúrgica” operación militar los daños colaterales fueron considerables: no sólo falleció el asistente de Yabari y una niña que se hallaba en las proximidades, sino que hubo un centenar de heridos producto del estallido del cohete disparado por la aviación israelí en contra del automóvil en que se desplazaba la víctima. Los lectores pueden apreciar por sí mismos la brutalidad de la operación, ejecutada en plena vía pública, en http://www.youtube.com/watch?feature=pla yer_embedded&v=P6U2ZQ0EhN4

¿Cómo sigue esta tragedia? Por los preparativos de Israel y el aumento en el número de reservistas movilizados todo hace suponer que sus tropas procurarán no sólo destruir a Hamas, sino también ocupar en su totalidad la Franja de Gaza, y según los resultados militares que se obtengan de esta aventura (no ajena a las elecciones generales que tendrán lugar en Israel el próximo 22 de enero), no habría que descartar la posibilidad de que ese pequeño territorio en el que se hacinan más de un millón y medio de palestinos en poco más de cuatro mil kilómetros cuadrados sea definitivamente incorporado al Estado de Israel. La desproporción de fuerzas militares es tan abrumadora como la que existe entre las víctimas de uno y otro bando, y el permanente aval de la Casa Blanca al gobierno israelí, ratificado una vez más luego del asesinato de Yabari, ha envalentonado a sus sectores más reaccionarios. No es de extrañar que dos “estados canallas” como Estados Unidos e Israel (y lo son porque sistemáticamente desobedecen las resoluciones de las Naciones Unidas) se confabulen para el crimen. Un crimen que, como lo asegura con razón el diario israelí Haaretz, constituye un serio error estratégico, porque lo único que se logrará es reemplazar a un líder militar por otro, pero al precio de convertir al sur de Israel en una zona de guerra y desencadenar una “escalada de violencia” cuyo principal efecto será “deteriorar la situación en toda la región”. Una operación militar, en suma, grávida de consecuencias que trascienden con creces el conflicto entre israelíes y palestinos y, si tenemos en cuenta lo que está ocurriendo en Siria y la enfermiza obsesión de Tel Aviv por atacar a Irán, puede terminar en una conflagración bélica de incalculables proporciones que modifique, en una dirección por ahora imprevisible, el tablero de la geopolítica mundial.

Sobre el antisemitismo como chantaje: a propósito de la nueva agresión de Israel a la Franja de Gaza

En la andanada de ataques recibidos por mi condena a esta nueva agresión perpetrada por Israel en la Franja de Gaza sobresale y se reitera una descalificación: se me acusa de “antisemita”. Para esos inveterados racistas cualquier crítica a las políticas genocidas del estado de Israel, cualquier denuncia de sus atrocidades y de su barbarie sólo puede ser la manifestación de un intenso odio al pueblo judío. Se equivocan a sabiendas: tamaña confusión entre pueblo y régimen político no es casual ni gratuita. Constituye, en cambio, el chantaje metódicamente utilizado por la derecha reaccionaria israelí y sus aliados en el imperio para desacreditar toda crítica a un suicida curso de acción que, en el largo plazo, tendrá como víctima al propio pueblo judío.

Es una postura absurda, aparte de reaccionaria y malintencionada. Recuerda la que exhibía la derecha argentina cuando calificaba de “campaña anti-argentina” las críticas que desde dentro y fuera del país se dirigían en contra de la dictadura terrorista cívico-militar que sembró destrucción y muerte en la segunda mitad de los años setentas. Ella también confundía maliciosamente pueblo y gobierno como hoy lo hacen los racistas judíos. Y tanto ayer en la Argentina como hoy en Israel lo que se pretendía era defender a un régimen político nefasto que, en el caso que nos ocupa, ha sido denunciado por eminentes personalidades de la comunidad judía, dentro y fuera de Israel. Son conocidas –pese a ser silenciadas oficialmente- las dudas que Albert Einstein y el gran filósofo judío Martin Buber abrigaban en relación a la forma concreta que estaba tomando la creación del estado de Israel. Y ayer nomás nos referíamos a Noam Chomsky y las demoledoras críticas que formulara luego de su reciente visita a Gaza: http://www.democracynow.org/2012/11/14/noam_chomsky_on_gaza_and_the (ver aquí)

La lista de eminentes judíos disconformes con las políticas del estado israelí sería interminable (Daniel Barenboim y su noble cruzada pacifista con el palestino Edward Said se nos viene inmediatamente a la mente) y lo mismo vale decir de las múltiples organizaciones judías que rechazan esa espuria identificación entre pueblo y régimen. Una de ellas, denominada Jews for Justice for Palestinians. Two peoples-one future, tiene como divisa una cita del Rabino Hillel, del siglo I antes de Cristo, que para horror de los fundamentalistas de hoy día reza así: “Lo que no quieras para ti no lo hagas a tu vecino. Esto es toda la Torah. El resto son comentarios.” Por supuesto que no serán las enseñanzas de ese sabio judío las que escuchen Netanyahu, su fascista canciller Avigdor Lieberman y los halcones israelíes; escucharán más bien los torpes balbuceos de sus decrépitos sucesores, movidos por un odio inconmensurable hacia el pueblo de cuyas tierras se apoderaron, los palestinos, y de los cuales in pectore se pone en duda su misma condición humana. Razón por la cual se puede movilizar la infernal máquina guerrera de Israel contra un pueblo indefenso, sin ejército, sin aviación, sin marina de guerra, sin status internacional reconocido, bloqueado por aire, tierra y mar, y encerrado “como animales en una jaula”, recuerda Chomsky en la entrevista citada más arriba. Por eso es apropiado caracterizar al estado de Israel como un “estado canalla”, que viola flagrantemente, con el incondicional apoyo del amo imperial, la legislación internacional, las resoluciones de las Naciones Unidas y el derecho de gentes. Ningún chantaje de “antisemitismo” puede disolver el carácter genocida de estas políticas; ningún ardid extorsivo, cuya eficacia se ampara en los imperdonables horrores de la shoah perpetrado por el régimen nazi pero condonado por las potencias imperialistas de la época, es suficiente para transformar el vicio en virtud o el crimen en bondad. Y ante ello ningún hombre o mujer puede permanecer callado. El cómplice silencio de los años treinta y cuarenta posibilitó el exterminio de los judíos en la Alemania nazi. Esa conducta no debe repetirse.

Cierro esta breve reflexión citando las actualísimas palabras de León Rozitchner, un gran filósofo marxista, judío, argentino, fallecido hace poco más de un año. Un maestro en el sentido más integral del término, que en el “Epílogo” de un notable libro de su autoría, Ser Judío, se preguntaba lo siguiente:

“¿Qué extraña inversión se produjo en las entrañas de ese pueblo humillado, perseguido, asesinado, como para humillar, perseguir y asesinar a quienes reclaman lo mismo que los judíos antes habían reclamado para sí mismos? ¿Qué extraña victoria póstuma del nazismo, qué extraña destrucción inseminó la barbarie nazi en el espíritu judío? ¡Qué extraña capacidad vuelve a despertar en este apoderamiento de los territorios ajenos, donde la seguridad que se reclama lo es sobre el fondo de la destrucción y dominación del otro por la fuerza y el terror! Se ve entonces que cuando el estado de Israel enviaba sus armas a los regímenes de América Latina y de África, ya allí era visible la nueva y estúpida coherencia de los que se identifican con sus propios perseguidores. Los judíos latinoamericanos no lo olvidamos. No olvidemos tampoco Chatila y Sabra”.

Tomado de http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-208021-2012-11-17.html y de http://www.atilioboron.com.ar/2012/11/rechazar-el-chantaje-del-antisemitismo.html

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