miércoles 21 de octubre, 2020

EL DERECHO A LA IDENTIDAD: “LOS NIET@S VAN A LA ESCUELA”

Publicado el 05/05/12 a las 6:30 am

Sabino Abdala, Mariana Zaffaroni: dos relatos para sembrar la Memoria.

El miércoles 14 de septiembre se vivió en la Escuela de Educación Media N° 3 D.E. 7 una nueva jornada por la “Juventud y el Derecho a la Identidad”, en el marco de las acciones por el Día de los Derechos de los Estudiantes Secundarios.

Convocados por el Programa Educación y Memoria, Sabino Abdala y Mariana Zaffaroni, nietos restituidos por las Abuelas de Plaza de Mayo, dieron su testimonio ante la totalidad de los estudiantes de este establecimiento.

Claudio Altamirano, coordinador del Programa, explicó la importancia de generar espacios de reflexión y de pensamiento crítico: “Celebramos que esta escuela les permite escuchar estos testimonios que ayudan a reflexionar, a pensar y a construir la Memoria en el campo educativo. A pocos días de conmemorarse los 35 años de la trágica Noche de los Lápices, estas historias constituyen una manera de continuar sembrando los valores de la vida democrática”

LA HISTORIA DE SABINO

José Sabino Abdala es hijo de Susana Falabella y José Abdala. Perdió su identidad el 16 de marzo de 1977 cuando fue secuestrado junto a sus padres. Así presenta su historia:

“Me llamo Sabino Abdala y nací el 27 de julio de 1974. Mis papás militaban en La Plata y en marzo del ‘77 mis padres y yo fuimos secuestrados junto con María Eugenia Gatica , que era una nena chiquita que ese día se había quedado en casa. Yo tenía dos años y medio en ese momento y María Eugenia tenía un año y un mes. A nosotros nos llevaron a una brigada femenina y nos repartieron. María Eugenia recuperó su identidad en el año 1984. Yo fui a parar a una familia de San Justo que me anotó como hijo propio.”

Sabino fue apropiado por un matrimonio mediante una partida de nacimiento apócrifa en la cual figuraba como fecha de su nacimiento el día 3 de agosto de 1976, con el nombre de Federico Gabriel . “Yo empecé a dudar de mi identidad porque no era parecido a mis hermanos. Ellos son rubios y yo no. Entonces empecé a preguntar y me dijeron que era adoptado pero que me habían anotado como hijo propio para que tuviera los mismos derechos que mis hermanos. En ese momento, la explicación me pareció razonable, pero por detrás había una gran mentira…”

Fue gracias a la observación y el compromiso de un profesor que Sabino, inició el largo camino de recuperación de su identidad: “En quinto año del secundario tuve un profesor de Educación Cívica que vino a hacer una suplencia. Él tenía relación con las Abuelas de Plaza de Mayo. Cuando me vio en las clases, enseguida me encontró muy parecido a una foto que había visto de mi papá en la casa de las Abuelas. Fue así como presentó el caso y ellas comenzaron una investigación. Un día me encuentro con mi primo – que yo no sabía que era mi primo – y me pregunta algo. Mi tía estaba más alejada. Ellos inmediatamente me vieron igual a mi papá, pero no me dijeron nada porque temían que me fuera del país o algo así.”

La causa que investigó la retención y el ocultamiento de José Sabino se inició a partir de una denuncia hecha por la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo que sostenía que Federico podía ser en realidad José Sabino Abdala. La sospecha se confirmó al poco tiempo. “En el año 1993, cuando volvía de unas vacaciones, mi mamá adoptiva me mostró un papel que decía que había posibilidades de que fuera hijo de desaparecidos y me citaban para hacerme un análisis de sangre. Yo accedí, pero no entendía la situación. A fines de ese año me confirmaron que era Sabino Abdala y que efectivamente era quien ellos estaban buscando”. “Luego comenzó una pelea contra mí mismo por mi identidad. Tardé dos años en querer recuperar mi nombre. Además, de un día para el otro era dos años más viejo. En el ’99 me fui acercando a Abuelas y poco a poco fui escuchando otras historias. Hablar sobre esto me ayudó a hacer catarsis y me permitió entender lo que me pasaba. Ahora ayudo a recuperar los 400 nietos que faltan” , concluyó.

Luego de un cálido aplauso, los estudiantes realizaron algunas preguntas:

¿Cómo fue la reacción de tus padres y hermanos adoptivos con la noticia?

Cuando recuperé la identidad comenzó el juicio a mi mamá adoptiva – mi papá adoptivo ya había fallecido. Mis hermanos me decían que hiciera lo que tenía que hacer. Yo intenté hablar muchas veces con ella pero siempre ocultó la verdad. Así que dejé que actuara la justicia. El juicio fue muy duro y llevó 7 años. Ella estaba acusada por falsificar mi partida de nacimiento y por ocultarme. En ese momento yo me sentía en el medio entre las dos familias: mi familia biológica y la adoptiva. Finalmente le dieron 3 años de prisión excarcelable.

¿Nadie se había dado cuenta de que eras dos años más grande de lo que decían?

Había una especie de complicidad civil. Cuando yo empecé el primario, mi mamá le pidió a la directora que no hiciera demasiadas preguntas. Lo mismo pasó en el secundario. Me mandaron a un colegio que no era el que yo quería pero podían garantizar que no preguntaran nada. Hay que entender que en este país costó mucho hablar de la Dictadura porque había mucho miedo. Y cuando hay miedo hay silencio.

LA HISTORIA DE MARIANA

Mariana es hija de Jorge Zaffaroni y María Emilia Islas, de nacionalidad uruguaya. Fue secuestrada junto a sus padres el 27 de septiembre de 1976 en Buenos Aires cuando tenía un año y medio de edad. Así presenta su historia:

“La historia de Sabino y la mía son muy diferentes en muchos aspectos pero tienen en común el plan sistemático de robo de bebés en la última dictadura. Mis padres eran uruguayos y se exiliaron en Argentina en 1974 cuando se inició un gobierno militar en ese país. Yo nací el 22 de marzo de 1975 y nos secuestraron en el ’76. Por lo que se pudo reconstruir, permanecí pocos días con mi madre en el Centro Clandestino de Detención Automotores Orletti.”

A partir de ese momento, Mariana perdió su identidad y mediante documentación falsa fue anotada como hija propia de un matrimonio con el nombre de Daniela. “Yo fui criada como hija legítima de un persona que era del servicio de inteligencia. Mi familia biológica siempre me buscó y con el retorno de la democracia esta búsqueda se facilitó. Mi abuela materna fue una gran luchadora por los Derechos Humanos en Uruguay. Para que tengan una idea es como Estela de Carlotto acá. Con la búsqueda, mis padres de crianza se sintieron amenazados, y decidieron que viajáramos a Paraguay. Luego de unos años, volvimos”.

En 1991, las Abuelas de Plaza de Mayo recibieron el dato del retorno a Buenos Aires de los apropiadores de Mariana, localizaron su domicilio y el colegio al cual concurría Mariana, ya entonces una adolescente con casi 17 años. “En 1992 mis padres de crianza fueron detenidos y el juez me restituyó la identidad. Esto no fue fácil para mí porque yo nunca había dudado de mi identidad. Me resistí todo lo que pude a querer establecer lazos con mi familia biológica. Luego, cuando fui mamá, empezamos a tener charlas más afectivas. En el 2001 me decidí a viajar a Uruguay. Como mi abuela era muy importante, el caso tuvo mucha repercusión en la sociedad y yo no me sentía preparada para afrontar todo eso. Conocí a mi familia y hace poquito tiempo decidí encontrarme con los amigos de mis padres. Uno de esos compañeros comenzó a escribir un libro de la vida de ellos que se publicó hace poco. Es así que tengo la dicha de contar con ese libro que tiene testimonios y relatos de familiares y conocidos.”

“Hace poco me enteré de la posibilidad de que mi mamá estuviese embarazada y me di cuenta de que si quienes la secuestraron lo sabían, existe la posibilidad de que yo tenga una hermana o hermano. Esta etapa de mi vida me encuentra con esa búsqueda y con la posibilidad de haberme acercado a las Abuelas. También descubro la importancia de conocer estas historias similares a la mía”, concluyó Mariana.

Un emotivo aplauso cerró el relato de Mariana, llegando entonces las preguntas de los alumnos/as

¿Cómo llevás a cabo la búsqueda de tu hermano o hermana?

Con la difusión del caso. Igual que lo hizo mi abuela. Uno puede quedarse con esas explicaciones o que eso te inquiete y tratar de desentrañar qué hay detrás. Me he entrevistado con una persona que está condenada por haber participado del secuestro de mis padres y me dijo que no sabía nada. Yo solo quería saber si ellos sabían si mi mamá estaba embarazada. Obviamente negó todo. Esto es así, nadie se hace cargo de nada. Justicia puede haber pero verdad, hay muy poca. Pero hago eso, apelo a las personas cercanas para que si alguien tiene dudas sepa que lo estamos buscando con cariño.

¿Te costó dejar de mantener relación con tus padres adoptivos?

Tanto me costó que no dejé de tener relación con ellos. Si bien la relación no es la misma que antes, los sigo viendo. En el momento que me enteré de que no eran mis padres para mí no cambió nada. Yo hice todo lo que pude para negar lo que me había pasado a mí. En la actualidad sigo manteniendo relación con ellos. A mí me cuesta mucho hablar de “apropiadores”, aunque técnicamente lo son, porque me criaron con amor y los recuerdos que tengo de mi infancia son buenos. Me consta que cuando me llevaron a mi casa, mi mamá adoptiva no tenía ni idea de dónde venía. Pero yo nunca dudé de mi identidad. Quizás sea porque uno no ve lo que no quiere ver. Lo que hay detrás de la duda es tan tremendo que uno se queda donde está. Pero cuando uno logra atravesar eso, se encuentra con su familia y es maravilloso.

Como cierre, Cristina Oliva , Rectora de la Escuela, resaltó “ los aplausos espontáneos de los chicos fueron un símbolo porque cuando no tenemos palabras, tenemos gestos. Y esto que ustedes hicieron fue un gesto de emoción y respeto ”. Refiriéndose a los estudiantes, expresó “llévense estas historias como una semilla que en algún momento van a florecer y florecerán desde la verdad. Sepan ustedes que nada los hace más libres que la verdad.”

Tomado del Boltín Nro. 76, del Programa Educación y Memoria, Argentina.

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