sábado 24 de octubre, 2020

¿Quién fue Eduardo Chizzola?

Publicado el 04/05/12 a las 12:00 pm


Por Leomar Pastorino.

INTERVENCION URBANA BALDOZA MEMORIA EN RECUERDO DE EDUARDO CHIZZOLA CANO
Palabras de Leomar Pastorino frente a su casa el 26 de abril de 2012 en Colombes 1453, Montevideo.

Violeta me llamó hace unos días para plantearme que hiciera una semblanza de Eduardo, cosa que le agradecí, por ello trataré de atar recuerdos y sentimientos desde que nos conocimos con Eduardo.
Fue en 1961 cuando ingresamos al Liceo 12, en Rivera y Alarcón, él venía de la Escuela Simón Bolívar, yo de la Zorrilla, él tenía 11 años, yo 12. Compartimos los cuatro años junto a un grupo de condiscípulos con los que formamos una unión como se podía formar en aquellos tiempos de mucha fidelidad, desearía que hoy fuera así.
Había necesidad de estrechar vínculos entre géneros, tener novias y amigas también, más allá de los ensayos de primeros amoríos que vaya si dejaban marcas.
Eduardo fue un liceal como casi todo el grupo de muy buena performance, éramos quizá muy prolijos como nuestra extracción de clase media lo exigía. Vivió en esta casa desde aproximadamente la misma fecha, 1960, 61, hijo de Celia, ama de casa, y de Efraín, obrero gráfico y además funcionario de la imprenta del BROU, compartí la casa la abuela materna.
Fue por esos años boy scout, actividad en la que no lo acompañé y que por cierto sí lo cargaba por ello. Nos gustaban los Beatles por supuesto, imitábamos sus peinados, íbamos a bailar al Náutico los domingos. Festejábamos los cumples en nuestras casas, íbamos al Club Banco a nadar.
Nos consolamos mutuamente en nuestras respectivas hepatitis que implicaron dos o tres meses de reposo absoluto, también de la incomprensión de vaya a saber qué cosas de nuestros rígidos padres y de nuestros amores no correspondidos.
Durante esos apacibles adolescentes años en nuestro país se gestaban acontecimientos políticos y sociales muy importantes, que una vez ingresados en la etapa de Preparatorios y de trabajos empezaron a preocuparnos y a tratar de entender.
Obreros y estudiantes comenzamos a abrevar de distintas fuentes. Yo a los 16 ya estaba sindicalizado en AEBU, y en casa entusiasmaba la revolución china y la cubana. En casa de Eduardo la política era tabú.
Me empezaron a llegar las cartas de la FAU, las llevaba a mi trabajo Elena o Machado, que yo compartía con Eduardo, pero nuestros caminos de estudios de bifurcaron y si bien mantuvimos una muy profunda amistad que siento hasta hoy, yo fui al IAVA nocturno, Eduardo de día, luego siguió su carrera en educación física.
Él asumió rápidamente un compromiso tajante, definitivo, con los ideales que lo conquistaron y pasó a entender como muchos otros y otras, de una sóla forma su acción por una sociedad sin explotados ni explotadores, la solidaridad pasó a ser su sino, con todo el idealismo que la fuerza de la juventud permite para ir atrás de la utopía. Y no pasaron para él a un segundo plano sus vínculos íntimos, su pareja, sus padres, sus amistades, luego Vera, luego Miriam y Vero, luego Telba, pero entendió que sólo cabía una forma de pararse una vez asumido el compromiso, y entendió que eso podía significar no poder disfrutar a sus hijas, no ver envejecer a sus padres, ni que hablar de sus nietos.
Quien más quien menos de los que aquí estamos conocemos su camino de compromiso social y a través de qué instrumentos políticos lo recorrió.
Creo que lo que hoy y aquí nos debe importar es esta intervención urbana a través de una baldosa de la memoria que busca interpelar al vecino o a quién pase por única vez a preguntarse quién fue Eduardo Chizzola. Yo lo que quise expresar es que fue ese liceal que quizá por esta fecha cuando salía para el liceo Celia le insistiría que se abrigara el cuello con esta bufanda, que luego cuando salimos de la cana, Celia nos confió cuidar.
Fue un buen hijo, no abandonó a sus padres, fue un padre, no abandonó a sus hijos, sería un chocho abuelo, estoy seguro. No sé qué pensaría políticamente y no tendré el tupé de poner en su memoria ninguna posición. Pero no pudo ser porque sus cobardes captores, torturadores y asesinos hoy plenamente identificados, sabían por su instinto depredador a quién enfrentaban, vieron que no tendrían nada, que no contarían con Eduardo para sus serviles y cipayos objetivos.
Hoy también hace 36 años que fue encontrado su cuerpo inerte, que por tantos años buscamos y todavía no encontramos, sólo registros fotográficos nos han permitido un duelo. Tenía 26 años. Eduardo estoy seguro que no espera que le agradezcamos su entrega. Para estar a su altura no es fácil, hemos acompañado visitando esta casa, a Celia y a Efraín hasta que la muerte los encontró juntos. Vaya esta baldosa de la memoria también por sus sufrimientos y su lucha, principalmente de Celia, una vieja más que se politizó y por suerte.
MUCHAS GRACIAS

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