miércoles 21 de octubre, 2020

De panes y peces. Información del INE «permite estudiar a los pobres pero no a los ricos», que tributan menos.

Publicado el 26/12/11 a las 10:55 pm


«La distribución social del ingreso y la riqueza en el Uruguay» es el título de un estudio elaborado por el economista Jorge Notaro, en el cual demuestra el desbalance local vigente de carga tributaria en detrimento del trabajo y en beneficio del capital. La metodología utilizada permite al autor concluir que la información que genera la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística, impide apreciar la magnitud real de aquella diferencia que acentúa los contrastes económicos en la sociedad uruguaya.

El estudio contextualiza someramente los principales avances del primer gobierno del Frente Amplio (2005-2010, FA) en términos de actividad, ingresos y empleo, destacando que «el número de personas ocupadas tuvo un aumento sin precedentes, que «el salario real volvió al nivel previo a la crisis», «la transferencia de ingresos hacia el 20% más pobre de la población», el «impacto redistributivo positivo» del Sistema Nacional Integrado de Salud y la reducción de la pobreza «del 30% al 20%» de la sociedad, «un 5% por encima de la situación previa a la crisis de 1999-2003».

Simultáneamente, «el acelerado aumento de la actividad económica y en particular, el aumento de los precios de la producción agropecuaria y de la tierra, tuvieron un efecto concentrador del ingreso y de la riqueza». Luego recuerda que «la redistribución del ingreso» es un ítem pendiente para el segundo gobierno del FA, valora que «el tema central es político y no técnico», y anuncia que el estudio «desarrolla el concepto de distribución del ingreso incorporando la categoría ‘distribución social’.

En este punto, señala que tanto los clásicos del pensamiento económico liberal, Adam Smith y David Ricardo, como el fundador del socialismo científico, Karl Marx, virtualmente coincidieron en «una observación casi obvia: los únicos que pueden tener ingresos son las personas y más precisamente, grupos de personas que perciben un mismo tipo de ingreso por el mismo motivo». Luego reseña las formulaciones de los dos británicos sobre el valor de la tierra, la riqueza que permite generar y las clases que intervienen en su trama, así como los aportes del alemán en torno al concepto de relaciones de producción y la teoría del valor. De aquí, el autor pasa a la crítica al enfoque neoclásico del tema, en el cual «la percepción de ingresos por grupos de personas se diluye y los mercados cobran vida», ya que economistas, políticos y periodistas reproducen el concepto «los mercados», de modo que opera en «forma encubierta o evasiva, poco rigurosa» para «referirse a los dueños de capital en dinero y sus decisiones sobre cómo y dónde utilizarlo». Inmediatamente, advierte que el estudio asume un posicionamiento de la Cepal de «hacer referencia a la capacidad humana y no al capital humano, precisamente porque la igualdad no se resuelve mediante un ajuste meritocrático espontáneo». «No adherimos a la premisa que está en el origen de la teoría del capital humano, a saber, que el eje de discusión es el ajuste meritocrático en el mercado laboral y no la ciudadanía como titularidad de derechos».

Hermano menor

Según información de la Dirección General Impositiva (DGI), el 63,1% de la recaudación de 2010 fue producto de los impuestos al consumo, el 27,7% de tributos a la renta y un 6,6% de gravámenes a la propiedad. De acuerdo a un estudio presentado en un seminario organizado por la Cepal en Santiago de Chile (de María Victoria Espada), los ingresos del Estado en 2009 equivalieron al 34% del Producto Interno Bruto (PIB) en Brasil, al 32% en Argentina y al 25% en Uruguay. «La menor recaudación de Uruguay es resultado de cobrar menos impuestos a la propiedad que los países vecinos, mientras que el impuesto a la renta en Uruguay representa el mismo porcentaje del PIB que en Argentina y es menor que en Brasil».

La mencionada categoría de análisis distintiva del estudio, a saber, «distribución social del ingreso o distribución del ingreso entre grupos sociales», es ejemplificada de hecho con una referencia a los conceptos de «economías duales» y mercados de trabajo «segmentados», formulados en 1954 a inspiración de las realidades asiática y africana de entonces, y precedentes al de «informalidad urbana» caracterizado a partir de la significación económica de la actividad informal en Kenya. «Heterogeneidad estructural» fue la categoría definida más adelante para el mismo fenómeno en Latinoamérica.

Pónganle límites

El corazón conceptual del estudio de Notaro es la relación comparativa entre las cargas tributarias y los niveles de ingresos y riqueza de las formaciones económico-sociales en Uruguay, y en la demostración del privilegio relativo que beneficia a la clase poseedora de bienes patrimoniales encuentra el autor que esta posición privilegiada no es registrada por la labor estadística oficial del Estado. «La distribución del ingreso de los hogares o familias se estima todos los meses con la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (ECH del INE). Hay consenso entre los que trabajan con estas cifras sobre que la Encuesta mide bien los salarios y las pasividades, pero no capta bien los ingresos del capital». Así, ocurre que «la medida de los cambios en la distribución del ingreso con el Índice de Gini, que se calcula con los ingresos que capta la ECH, no tiene en cuenta la mayor parte de los ingresos del capital y por lo tanto sus resultados subestiman la concentración del ingreso y transmiten un mensaje confuso». El tercer párrafo del resumen del diagnóstico remata una crítica contundente. «Se podría decir que las Encuestas de Hogares son un buen instrumento para captar los ingresos fijos así como para evaluar los impactos de diversas medidas de política económica sobre estos hogares, pero no son un buen instrumento para captar los ingresos del capital y por lo tanto, para investigar la distribución del ingreso». Si cabe, una nota al pie es aún más taxativa. «La información de la ECH permite estudiar a los pobres pero no a los ricos».

Esos instrumentos estadísticos no recogen otras fuentes de ingreso de los hogares: «las ganancias que se reinvierten», «las utilidades distribuidas o los cupones de intereses de deuda que se depositan en una cuenta bancaria», «los intereses de depósitos que se capitalizan» y «los ingresos que se transfieren al exterior». Si el Índice o coeficiente de Gini es un instrumento metodológico para medir la desigualdad de los ingresos en una sociedad, Notaro utiliza la noción de «la paradoja de Gini» para describir el proceso por el cual «paralelamente a la venta de medios de producción a no residentes en un país, se reducen los ingresos del capital en la encuesta de Hogares y mejora la distribución del ingreso de acuerdo a este Índice». En cambio, «en países en los que la propiedad del capital y de la tierra de no residentes es irrelevante, esta paradoja es igualmente irrelevante». Por el contrario, «en las economías capitalistas dependientes, en las que las inversiones directas, los recursos naturales y los activos financieros propiedad de no residentes son una proporción importante del total, la paradoja adquiere importancia». Pero en Uruguay «es particularmente importante» desde que «en los últimos años» el país registró «un acelerado proceso de venta de tierras, empresas industriales y comerciales a no residentes, que también son propietarios de una parte importante de los activos financieros». Notaro cita a otro autor para dimensionar su análisis. «En la forestación, Montes del Plata y UPM-KYMENE controlan el 50% de la superficie plantada; en la faena de ganado más del 50% se encuentra en manos de capitales brasileros (Marfrig 30%); en el arroz 87% de la industria controlada por capitales brasileros; en la agricultura de secano 6 empresas (cinco argentinas y una brasilera) controlan 400.000 hectáreas».

Después el estudio remite a las mediciones periódicas del Banco Central (BCU) sobre ingreso nacional y revela que «si se compara el ingreso total que captó la Encuesta del INE con el ingreso que calculó el BCU durante los años 2009 y 2010, se aprecia que los ingresos captados por la Encuesta son poco más de la mitad de los ingresos disponibles. Durante 2009 un 45% y durante 2010 un 42% del ingreso, sabemos que no los perciben los trabajadores ni los pasivos, en parte son impuestos directos y en su mayor parte, ingresos del capital».

La información producida por el BCU revela que entre 1997 y 1999 «la masa salarial, -sin descontar los aportes a la seguridad social y los impuestos directos- era algo más del 33% del INBD (ingreso nacional bruto disponible), bajó (al) 28,3% en 2004 y aumentó a 29,2% en 2005, último año con información». Sobre esto, el autor valora: «Es desconcertante la decisión del BCU de descontinuar esta información tan importante para conocer los cambios en la distribución del ingreso durante los últimos años».

Citado por Notaro, el Instituto Cuesta Duarte (Icudu) concluyó que mientras la masa salarial registrada en la ECH representaba en 1998 el 34% del PIB, equivalía al 30% en 2010. En ese período, los ingresos de directivos, gerentes y profesionales crecieron 25%, mientras que los de obreros y empleados lo hicieron en 14%. La masa salarial de obreros y empleados como proporción del PIB retrocedió entre 1998 y 2000 del 27% al 23,5%.

Rayos X

La información del INE revela que los asalariados privados constituyen «la categoría más numerosa» de generadores de ingresos con el 57% del total de ocupados, 3% del cual corresponde a personal de dirección y universitario, mientras que los trabajadores por cuenta propia con local conforman el 19% y los asalariados públicos son el tercer grupo en importancia al representar el 14% del total. Los trabajadores sin calificación son el 24% del total de ocupados, seguidos por los técnicos calificados (21%) y los empleados de comercio y servicios (14%). Los asalariados privados no calificados conforman el grupo más numeroso (18%), seguidos por los trabajadores privados con calificación técnica (12%) y los del comercio y los servicios (10%). El estudio de referencia señala que los directivos privados y cargos jerárquicos públicos perciben ingresos promedio por el doble de los que perciben los asalariados, pero «no parecen suficientes para comprar automóviles de cien mil dólares o apartamentos de medio millón. Para comprar estos bienes se precisan ingresos mayores, que la Encuesta de Hogares no capta y que forman parte del ingreso nacional bruto disponible». 813.000 trabajadores perciben ingresos menores a 10.000 pesos líquidos por ocho horas de trabajo, de los cuales 533.500 son asalariados privados, 53% son hombres, 21% son jóvenes y 37% «tiene como máximo enseñanza primaria completa». Los ingresos de los sectores populares suman poco más del 40% del ingreso total generado por el país, en tanto que del 60% restante, un 5% aproximadamente es concentrado por directores de empresas y profesionales dependientes. De 20% a 25% corresponde a pagos de las empresas al Banco de Previsión Social y la DGI, al tiempo que aproximadmente el 30% del INBD, equivalente a unos 14.000 millones de dólares anuales, «son ingresos del capital».

Das kapital

Los datos de la ECH indican que en 2010 los ingresos del capital equivalieron a entre el 5% y el 7% de los ingresos nacionales totales, es decir a entre 1.139 y 1.595 millones de dólares. Considerando una tasa de evasión local del Impuesto al Valor Agregado del 25%, evaluada como «extraordinariamente baja en la comparación internacional», cabe «fijar un piso a la evasión en los ingresos del capital en 30% y un techo en 50%, lo que llevaría los ingresos estimados a partir de la recaudación de la DGI de 1.111 millones de dólares a un mínimo de 1.444 y un máximo de 1.667 millones de dólares». Pero no es el cálculo definitivo. «Sumando los intereses de deuda pública no gravados estimados en 844 millones de dólares, serían un mínimo de 2.288 y un máximo de 2.511 millones de dólares». Simultáneamente, «los alquileres pagados que deberían ser declarados como ingresos por los hogares» fueron estimados en «entre 938 y 1.645 millones de dólares más que lo declarado a la DGI. Como consecuencia, los ingresos del capital de los hogares se ubicarían entre 3.000 y 3.600 millones de dólares, más del doble de los registrados por la Encuesta». Y al cálculo del ingreso total del capital deben incorporarse «las utilidades no distribuidas que pagan IRAE, las exoneraciones y las transferencias al exterior, lo que agrega más de 3.000 millones de dólares». A su vez, «los ingresos mínimos de las actividades agropecuarias se pueden estimar con la renta promedio de 128 dólares anuales por hectárea» y luego «deducir los pagos por IRAE de 20.7 millones de dólares, lo que establecería un piso de 2.027 millones de dólares por este concepto en la medida que las ganancias medias superan la renta». Sin embargo, «un cálculo más afinado tendría que estimar la rentabilidad por hectárea según el uso de la tierra y deducir los pagos del Imeba». «Como resultado final, los ingresos del capital en 2010 se estiman en un mínimo de 8.877 y 10.627 millones de dólares», si bien «esta última cifra no es un máximo, ya que podría aumentar por las ganancias de las actividades agropecuarias que superan la renta media». Con esos datos procesados, el autor puntualiza que, «la presión fiscal sobre los ingresos del capital, dividiendo la recaudación de la DGI de 1.425 millones de dólares por estos ingresos estimados, se ubicaría entre el 16,1% y el 13,4%».

Tomado de LA DIARIA, http://ladiaria.com.uy/articulo/2011/12/de-panes-y-peces/

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