jueves 22 de octubre, 2020

El Ejército Mundial de Reserva (para el Trabajo) y el Nuevo Imperialismo.

Publicado el 14/11/11 a las 11:38 pm

Por John Bellamy Foster, Robert W. McChesney, y R. Jamil Jonna.

En las últimas décadas hay un enorme cambio en la economía capitalista en la globalización de la producción. Gran parte del aumento en la fabricación e incluso la producción de servicios -que antes tomaban lugar en el Norte Global- están siendo deslocalizados a los países del Sur, donde se alimenta la rápida industrialización de un puñado de economías emergentes.

Es habitual ver este cambio como el resultado de la crisis económica de 1974-75 y el auge del neoliberalismo, o como una erupción en la década de 1980 y después, con el enorme aumento en la fuerza laboral capitalista global resultante de la integración de Europa del Este y China en la economía mundial. Sin embargo, las bases de la producción a escala global, se establecieron en la década de 1950-1960 y fueron representadas ya en la obra de Stephen Hymer, el teórico más destacado sobre empresa multinacional, que murió en 1974.

Para Hymer, la evolución de las corporaciones multinacionales, a partir de lo monopólico (u oligopólico), es la base de la estructura de la industria moderna en la que la empresa típica (N de la R.- en el mundo desarrollado) es una corporación gigante que controla una parte importante de un mercado o industria. En un momento determinado de su desarrollo (y en el desarrollo del sistema), estas grandes corporaciones, con oficinas centrales en las economías ricas, se expanden al extranjero, en busca de ventajas monopólicas de acceso, así como materias primas y mercados locales a través de la propiedad y el control de subsidiarias en el extranjero.

Estas empresas internalizan, dentro de su propia estructura de planificación corporativa, la división internacional del trabajo, para sus productos. «Las empresas multinacionales», observó Hymer, «son un sustituto para el mercado como un método que organiza el intercambio internacional.» Esto lleva inexorablemente a la internacionalización de la producción y la formación de un sistema de «oligopolio internacional» que cada vez domina más la economía mundial . 1

En su último artículo, «Política y Economía Internacional: un enfoque radical», publicado póstumamente en 1975, Hymer centró la cuestión del enorme «excedente de población» o ejército de reserva de mano de obra, tanto en las zonas atrasadas de las economías desarrolladas y en los países subdesarrollados, que podría dividirse para formar un fluido constante de gente que trabaje en la parte inferior de la escaera».

Siguiendo a Marx, Hymer insistió en que «la acumulación de capital es, por tanto, aumento del proletariado.» El gran «ejército de reserva externa» en el tercer mundo, que complementa la «interna del ejército de reserva» dentro de los países capitalistas desarrollados, constituye la base material real en la que el capital multinacional fue capaz de internacionalizar la producción, -con la creación de un movimiento continuo de población excedente en el mercado laboral y el debilitamiento de la mano de obra a nivel mundial-, a través de un proceso de «divide y vencerás». 2

Un examen atento del trabajo de Hymer, por lo tanto, sirve para aclarar el punto esencial de que «el gran cambio global del trabajo» 3 de norte a sur, en que se ha convertido en un tema central en nuestro tiempo, no debe ser visto tanto en términos de competencia internacional, desindustrialización, crisis económica, nuevas tecnologías de la comunicación, o incluso fenómenos generales como la globalización y la financiarización, aunque cada uno de estos se puede decir que ha jugado un papel analizable.

Más bien, este cambio debe ser visto como el resultado principal de la internacionalización del capital monopolista, que surge de la expansión mundial de las corporaciones multinacionales y la concentración y centralización de la producción a escala mundial.

Por otra parte, está vinculado a un sistema de polarización de los salarios (así como la riqueza y la pobreza) a escala mundial, que tiene su base en el ejército de reserva mundial de mano de obra.

Los oligopolios internacionales que cada vez más dominan la economía mundial evitan la verdadera competencia de precios. Por ejemplo, Ford y Toyota y otras empresas líderes del autos no tratan de vender más barato que los demás en los precios de sus productos finales, ya que ello desencadenaría una guerra de precios destructiva que podría reducir los beneficios de todas estas empresas.

Con la competencia de precios, la principal forma de competencia en la teoría económica para mantener un mercado maduro son: (1) la competencia para la posición de bajo costo, que implica una reducción en los costos de la producción principal (mano de obra y materia prima); y (2), lo que se conoce como «competencia monopólica», es decir, la rivalidad oligopólica dirigida a la comercialización o el esfuerzo de ventas. 4

En términos de producción internacional, es importante entender que las empresas gigantes se esfuerzan constantemente por los costos más bajos posibles, a nivel mundial, con el fin de ampliar sus márgenes de beneficio y reforzar su grado de monopolio en un sector determinado. Esto surge de la propia naturaleza de la rivalidad oligopólica.

Sobre esto, Michael E. Porter, de la Harvard Business School, escribió en su estrategia competitiva en el año 1980:

“Tener una posición de bajo costo da rendimientos a la empresa, por encima del promedio en su industria (…) Su posición de costos bajos da a la empresa una defensa contra la rivalidad de los competidores, debido a que sus menores costos significan que todavía pueden obtener rendimientos después de que sus competidores han estado fuera de sus beneficios, a través de la rivalidad (…) Este proclamado bajo costo proporciona una defensa contra los proveedores de gran alcance, proporcionando una mayor flexibilidad a la empresa para hacer frente a los aumentos de costos de producción. Estos factores que conducen a un bajo costo, en general también proporcionan importantes barreras a otras empresas, en términos de economías de escala o ventajas de costos”. 5

Esta búsqueda constante de la posición de bajo costo y mayores márgenes de ganancias llevaron, a partir de la expansión de la inversión extranjera directa en la década de 1960, a la «deslocalización» de una parte considerable de la producción. Sin embargo, esto requiere la interceptación exitosa de grandes piscinas de potencial de mano de obra en el tercer mundo para crear una gran fuerza laboral de bajos salarios.

La expansión de la fuerza laboral mundial disponible para el capital en las últimas décadas se ha producido principalmente como consecuencia de dos factores: (1) la descampesinización de una gran parte de la periferia mundial, a través de la agroindustria; la eliminación del rabajo directo de los campesinos en la tierra, con la consiguiente expansión de la población a las barriadas urbanas; y (2) la integración de la fuerza laboral del antiguo «bloque socialista» en la economía capitalista mundial.

Entre 1980 y 2007 la fuerza laboral mundial, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), creció de 1,9 mil millones a 3100 millones; un aumento del 63% al 73% de la fuerza de trabajo, ubicada en el mundo en desarrollo; y el 40% en China y la India. 6

El cambio en la participación de los «países en desarrollo» (denominado aquí como “el Sur global”, aunque incluye algunas naciones de Europa oriental), en el empleo industrial mundial, en relación con los «países desarrollados» (el Norte), se puede ver en el gráfico 1.

Se muestra que la participación del Sur en el empleo industrial ha aumentado dramáticamente desde el 51 por ciento en 1980, a 73 por ciento en 2008.

También las importaciones de estos países, como proporción de las importaciones totales de los Estados Unidos, se han cuadruplicado en la última mitad del siglo XX. 7

Gráfico 1. Distribución del empleo industrial, 1980-2008

Notas al gráfico: «El empleo industrial» es una categoría amplia que incluye minería, manufacturas, servicios públicos (electricidad, gas y suministro de agua), y la construcción. De 2003 a 2007, la manufactura y la minería representan un promedio de 58,1% del total del empleo industrial en los Estados Unidos, mientras que en China la proporción fue de 75,2% (ver «Cuadro 4b. El empleo por nivel de sector de 1 dígito [CIIU-Rev.3, 1990] «). Sobre la base de las dos mayores economías, por lo tanto, la amplia categoría de «empleo industrial» subestima sistemáticamente la medida de la cuota mundial en que la producción ha crecido en los países en desarrollo. Quiero aclarar que la clasificación de los países «en desarrollo» (Sur) y «desarrollados» (Norte) se toma de la UNCTAD. La muestra es de un promedio de 83 países en todo el período y no hubo rupturas en las series a nivel de país en función de la disponibilidad de datos de la OIT. Por ejemplo, los datos sólo estaban disponibles para la India en 2000 y 2005, y esto explica los picos en estos dos años. Fuentes : OIT, «Indicadores Clave del Mercado de Trabajo (KILM), sexta edición,» Paquete de Software (Ginebra: Organización Internacional del Trabajo, 2009), la UNCTAD, «los países, los grupos económicos», Bases de datos estadísticos en línea, http://unctadstat . unctad.org (Ginebra, Suiza, 2011), 28 de junio 2011.

El resultado de estas megatendencias globales es la peculiar estructura de la economía mundial que nos encontramos hoy, con el control corporativo y las ganancias que se concentran en la parte superior, mientras que la fuerza de trabajo global en la parte inferior se encuentra con salarios extremadamente bajos y una insuficiencia crónica de empleos productivos.

El estancamiento en las economías maduras y la financiarización como resultado de la acumulación, han intensificado estas tendencias, ayudando a conducir lo que Stephen Roach, de Morgan Stanley, llamó «arbitraje laboral global»; es decir, el sistema de compensaciones económicas derivadas de la explotación de la jerarquía de los salarios internacionales, lo que envuelve hoy descomunalmente a las corporaciones y los inversionistas. 8

Nuestro argumento es que la clave para entender estos cambios en el sistema imperialista (más allá del análisis de lo multinacional en sí, que hemos discutido en otra parte) 9 se encuentra en el crecimiento del ejército de reserva mundial, tal como lo dijo Hymer, quien fue uno de los primeros en darse cuenta de esto.

No sólo el crecimiento de la fuerza de trabajo mundial capitalista (como la disposición del ejército de reserva) modificó radicalmente la posición de la mano de obra del tercer mundo, sino que también ha tenido un efecto sobre el trabajo en las economías ricas, donde los niveles salariales están estancados o en declive por ésta y otras razones. Aunque sigue resultando aún, en todas partes, que las empresas multinacionales han sido capaces de aplicar una política de divide y vencerás, alterando la posición relativa del capital local y la disposición de hacer uso de la fuerza laboral a su manera.

Para entender todo lo anterior, la corriente económica común no es de mucha ayuda en el análisis de estos cambios. Por ejemplo, en línea con el punto de vista de la “globalización panglossiana avanzada”, descrita por The New York Times, a través de Thomas Friedman, columnista, los economistas más ortodoxos ven en el crecimiento de la fuerza laboral global, el cambio de Norte-Sur a través de que hay más empleo, lo que genera la expansión internacional de la competencia de salarios bajos, lo que simplemente refleja un “mundo más parejo” para obreros del Norte y del Sur, en el que las diferencias económicas (ventajas / desventajas) entre las naciones están desapareciendo 10.

Sobre esto, Paul Krugman, que representa la posición de la economía ortodoxa, ha declarado: «Si los responsables políticos e intelectuales piensan que es importante hacer hincapié en los efectos adversos de la competencia de los salarios bajos [de los países desarrollados y la economía global], entonces es al menos igual de importante para los economistas y líderes empresariales decirles que ellos están equivocados”.

El razonamiento equivocado de Krugman se basa en la suposición de que los salarios siempre se ajustarán a la productividad-crecimiento, y el resultado inevitable será un mundo nuevo de equilibrio económico. 11

Todo, dice, es para perfeccionarse en el mejor de los mundos capitalistas. De hecho, -si es que existen preocupaciones en el campo económico ortodoxo sobre esto- están relacionadas con qué tienen que hacer los capitales oligopólicos, para generar inmensas ganancias derivadas de arbitraje laboral global y que éste se mantenga para hacer crecer los beneficios. 12

En agudo contraste, vamos a desarrollar un enfoque que advierte que detrás del fenómeno de “arbitraje laboral mundial” se encuentra una nueva fase global del desarrollo que ya ha dicho Marx: «la ley general absoluta de la acumulación capitalista», según la cual:

Cuanto mayor es la riqueza acumulada del capital en funciones, su alcance y energía de crecimiento, mayor es la masa absoluta del proletariado, su productividad de trabajo y mayor es el ejército industrial de reserva (…) Cuanto mayor sea este ejército de reserva, en proporción a la participación activa de la mano de obra existente, mayor es el exceso de población consolidada, cuya miseria está en razón inversa a la cantidad de tortura que ha de sufrir en la forma de trabajo. Son más extensos también los sectores pauperizados de la clase obrera y el ejército industrial de reserva, en tanto mejor se contabilice la pobreza. Esta es la ley general absoluta de la acumulación capitalista. 13

«Hoy en día (…) el campo de acción de esta ley, «como Harry Magdoff y Paul Sweezy declararon en 1986, es todo el sistema capitalista global y sus manifestaciones más espectaculares se encuentran en el tercer mundo, donde las tasas de desempleo alcanzan hasta 50 por ciento y la indigencia, la miseria y el hambre son cada vez más endémicos. Sin embargo, las naciones capitalistas avanzadas no son inmunes a su funcionamiento: más de 30 millones de hombres y mujeres, por encima del 10 por ciento de la fuerza laboral disponible, están desempleados en los países de la OCDE; y en los propios Estados Unidos, el más rico de todos ellos, oficialmente definidas, las tasas de pobreza están aumentando, incluso en un período de recuperación cíclica. 14

El nuevo imperialismo de finales del siglo XX y XXI se caracteriza, en la parte superior del sistema mundial, por la dominación de los monopolios, el capital financiero; y, en la parte inferior, por la aparición de un enorme ejército de reserva mundial de mano de obra. El resultado de esta inmensa polarización, es un aumento de las «rentas imperialistas» extraídas del Sur, a través de la integración de los bajos salarios y los trabajadores altamente explotados en la producción capitalista. Esto a su vez, también se convierte en una palanca para el aumento en el ejército de reserva y la tasa de explotación en el Norte. 15

Marx y la ley general de acumulación

En el tratamiento de la ley general de acumulación, es importante primero tomar nota de un error común tendiente a (mal)interpretar a Mar. Es habitual que los críticos critiquen a Marx sobre la base de uno o máximo dos pasajes tomados fuera de contexto -lo que los intelectuales llaman «teoría de la pauperización» o «doctrina de la creciente miseria.» 16

Un caso ilustrativo de esto es John Strachey, en su libro de 1956, capitalismo contemporáneo, quien dice que la mayor parte de los que se dedicaron a polemizar contra Marx caen en estos “argumentos”. Strachey afirmó repetidamente que Marx predijo que los salarios reales no se levantarían en el capitalismo, por lo que la norma promedio de los trabajadores permanecería constante. Presentado así, los críticos señalaron esto como un grave error de Marx. Sin embargo, Strachey, junto con todos los críticos posteriores que han avanzado en este punto de vista, sólo lograron ofrecer una sola frase parcial sobre el capital (más ligado el concepto a El Manifiesto Comunista y no a una de las obras económicas de Marx), como supuesta evidencia de esto.

Así, en el párrafo del resumen famoso de la «expropiación de los expropiadores», al final del volumen uno, Marx (citado por Strachey) escribió: «Si bien no hay una disminución progresiva en el número de magnates del capital (que usurpan y monopolizan todas las ventajas de este proceso de transformación), se produce un aumento correspondiente a la masa de pobreza, opresión, esclavitud, degeneración y explotación. » 17

¡Así se presenta apenas una prueba contundente de la tesis de que la pauperización es cruda!

El punto de Marx no era que el sistema está polarizado entre la monopolización creciente del capital por un número relativamente menor de los capitales individuales en la parte superior y el empobrecimiento relativo de la gran masa de personas en la parte inferior.

Este pasaje no dice nada sobre el movimiento de los salarios reales.

Por otra parte, Strachey excluyó deliberadamente la frase inmediatamente anterior a la que citó, en el que Marx indica que le preocupa, en ese contexto, no sólo la clase obrera de los países ricos y todo el mundo capitalista; sino también la clase obrera mundial -o como lo expuso: «el entrelazamiento de todos los pueblos en la red de mercado mundial, y, con ello, el crecimiento de carácter internacional del régimen capitalista.»

De hecho, el «núcleo de verdad» en la «teoría de la miseria», Romano Rosdolsky escribió que Marx, en «El Capital», apunta al hecho de que estas tendencias iban en aumento absoluto de la miseria humana, lo que podría encontrarse «en dos ámbitos: en primer lugar (temporal) en todos los momentos de crisis; y en segundo lugar (permanente) en las áreas llamadas subdesarrolladas, del mundo. » 18

Lejos de ser una teoría cruda de la miseria, la ley general de Marx fue un intento de explicar cómo la acumulación de capital podría ocurrir en absoluto: es decir, por qué el crecimiento de la demanda de mano de obra no se ha traducido en un aumento continuo de los salarios, que apriete los beneficios y le corte a la acumulación.

Por otra parte, esta ley sirve para explicar: (1) el papel funcional que el desempleo juega en el sistema capitalista, (2) la razón por qué la crisis es tan devastadora para la clase obrera en su conjunto, y (3) la tendencia a la pauperización de una gran parte de la población.

Hoy en día, esta ley deja claro que tiene su mayor importancia en la contabilidad de «arbitraje laboral global», es decir, ganar capital de enormes beneficios monopólicos o alquilar los beneficios imperiales al cambiar ciertos sectores de la producción a regiones subdesarrolladas del mundo, para aprovechar la inmovilidad internacional del trabajo, y el modo de la existencia de subsistencia (es decir, por debajo de la subsistencia), en que se encuentran los salarios en la mayor parte de los países del Sur.

Como Fredric Jameson ha señalado recientemente, a pesar de la «burla» lanzada a la ley general de Marx de la acumulación en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, «ya no es una broma. Por el contrario, la ley general destaca la realidad de hoy, del capital, a escala mundial. » 19. Por tanto, es esencial tomar un examen minucioso de la argumentación de Marx.

En sus trabajos más conocidos, Marx escribió:

En la proporción que el capital se acumula, la situación del trabajador, su pago sea alto o bajo, empeora … Se hace de la miseria una condición necesaria, que corresponde a la acumulación de riqueza. Acumulación en un polo es, por tanto, en el mismo tiempo, acumulación de miseria, trabajo más “pesado”, esclavitud, ignorancia, embrutecimiento y degradación moral en el polo opuesto. 20

Apuntando a un «equilibrio» entre la acumulación de capital y la «sobrepoblación relativa» o ejército de reserva de mano de obra, Marx argumentó que, bajo condiciones «normales» el crecimiento de la acumulación es capaz de continuar sin trabas sólo si también se traduce en la desplazamiento de un gran número de trabajadores.

El resultado de «redundancia» de los trabajadores comprueba cualquier tendencia hacia un aumento demasiado rápido de los salarios reales que traería la acumulación a su fin.

Más que una teoría cruda de «miseria», entonces, la ley general de acumulación pone de relieve lo que es el capitalismo: la generación constante de un ejército de reserva de desempleados, naturalmente, tiende a polarizarse entre la riqueza relativa de la pobreza en la parte superior e inferior, con la amenaza de caer esta última en una enorme palanca para el aumento de la tasa de explotación de los trabajadores empleados.

Marx observó, como hemos señalado, que la acumulación de capital, regula la creciente demanda de mano de obra sobre los salarios para exprimir las ganancias, por lo que era necesaria una fuerza contraria para aumentar la cantidad de trabajo en cualquier nivel dado de producción. Esto se logró principalmente mediante la idea del aumento de la productividad del trabajo, con la introducción de nuevos capitales y tecnología, dando como resultado el desplazamiento de mano de obra.

(Marx rechazó específicamente la clásica «ley de hierro de los salarios», que vio a la fuerza laboral como determinada principalmente por el crecimiento demográfico.)

De esta manera, por la «condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción,» el sistema capitalista es capaz, no menos constantemente, a reproducir una superpoblación relativa o ejército de reserva de mano de obra, que compite por puestos de trabajo con los del ejército de mano de obra activa. 21

«El ejército industrial de reserva», escribió Marx, «durante los períodos de estancamiento y prosperidad media, pesa sobre el ejército activo de trabajadores, que pone un freno a sus pretensiones. La superpoblación relativa es por lo tanto, el contexto en el que la ley de la oferta y la demanda de mano de obra, hace su trabajo. Se limita el campo de acción de esta ley a los límites absolutamente convenientes para impulsar al capital para explotar y dominar a los trabajadores». 22

Por lo anterior, podemos analizar que si esta cuestión esencial de acumulación se mantiene, el ejército de reserva tendría que ser continuamente reabastecido con el fin de permanecer en una constante (en caso de no aumentar) la relación con el ejército de trabajo activo. Mientras que los generales ganan batallas por «reclutar» ejércitos, los capitalistas ganan por suplir al ejército de trabajadores. 23

Es importante tener en cuenta que Marx desarrolló su conocido análisis de la concentración y centralización del capital, como parte del argumento de la ley general de acumulación. Así, la tendencia hacia la dominación de la economía por las capitales más grandes, era tan parte de su argumento general de la ley general como fue el crecimiento del ejército de reserva en sí. Los dos procesos estaban inextricablemente ligados. 24

El punto de Marx sobre el ejército de reserva de mano de obra, en sus distintos componentes, es complejo y se dirige claramente, tanto en amplitud y en lo que se deriva de su época, en categorías estadísticamente relevante.

Se incluyen no sólo aquellos que fueron «paro total», sino también aquellos que eran sólo «parcialmente empleados.» Por lo tanto, sobre la superpoblación relativa, escribió, «existe en todo tipo de formas.» Sin embargo, fuera de los períodos de crisis económica aguda, hay formas principales de la superpoblación relativa: la latente, la flotante y el estancamiento. Además de eso hubo todo lo adicional de pauperismo, que oculta los elementos del ejército de reserva.

La población flotante de trabajadores consiste en que están en paro debido a los altos y bajos, de acumulación; o como resultado del desempleo tecnológico: las personas que han trabajado recientemente, pero que ahora están sin trabajo y en el proceso de búsqueda de nuevos puestos de trabajo.

Aquí Marx discute la estructura de edad de empleo y sus efectos sobre el desempleo, con un capital constante de búsqueda de jóvenes, que son los trabajadores más baratos. Así que la explotación es el proceso de trabajo donde los trabajadores se utilizaron físicamente con rapidez y se desechan en una edad bastante temprana y antes de que su vida laboral sea más adecuada. 25

El ejército de reserva latente está en la agricultura, donde se demanda mano de obra; al respecto Marx escribió: «se cae absolutamente» tan pronto como la producción capitalista ha tomado el relevo. Por lo tanto, existe un «flujo constante» de la mano de obra de la agricultura de subsistencia a la industria, en las ciudades. «El movimiento constante hacia los pueblos presupone, en el mismo campo, una población latente excedente constante, en la medida de que sólo se hace evidente en las excepcionales momentos en que sus canales de distribución están abiertos. El salario del obrero agrícola, por lo tanto se reduce al mínimo y siempre con un pie en el pantano del pauperismo «. 26

La tercera forma importante del ejército de reserva, es la población estancada, formada, según Marx, por «una parte del ejército de reserva activa, pero con un empleo muy irregular.» Esto incluye todo tipo de tiempo parcial, eventual (y lo que hoy se llama informal) de trabajo. Los salarios de los trabajadores en esta categoría se podría decir que se «hunden debajo del nivel normal de la clase obrera» (es decir, por debajo del valor de la fuerza de trabajo). De hecho, estos trabajadores representan «una parte proporcionalmente mayor» de «el aumento general en la clase [de trabajo] que los otros elementos» del ejército de reserva.

La mayor parte de este estancamiento del Ejército de Reserva se encuentra en la «industria nacional moderna», que consiste en «trabajo a domicilio», llevado a cabo a través de subcontratistas y dominado por la llamada «mano de obra barata», principalmente mujeres y niños. Muchas veces estos «trabajadores a domicilio» superan la mano de obra de fábrica, en una industria. Por ejemplo, una fábrica de camisas en Londonderry tiene mil trabajadores, pero también tiene otros 9.000 trabajadores a domicilio en el campo. Aquí la mayor parte del «lado de la economía criminal» queda revelada. 27

Para Marx, el pauperismo constituía la categoría más baja de la superpoblación relativa, y fue aquí que con la precaria condición de la existencia de la población activa todo se hizo más evidente. El Pauperismo, escribió, va de la mano de obra activa del ejército y el peso muerto del ejército industrial de reserva. Más allá del actual «lumpen» o «vagabundos, delincuentes, prostitutas,» etc, hay tres categorías de pobres. En primer lugar, aquellos que fueron capaces de trabajar y que reflejan la caída en el número de pobres en todos los períodos de prosperidad industrial, cuando la demanda de mano de obra era más grande. Estos elementos indigentes son empleados sólo en tiempos de prosperidad y se convierten en una extensión del Ejército de trabajo activo. En segundo lugar, están incluidos los huérfanos y niños pobres, que en el sistema capitalista fueron atraídos a la industria en gran número durante los períodos de expansión. En tercer lugar, aparecen los desmoralizados, los irregulares y los que no pueden trabajar, sobre todo las personas que sucumben ante su incapacidad de adaptación, (una incapacidad que surge de la división del trabajo), las personas que han vivido por encima de la vida media del trabajador útil, y las víctimas de la industria, cuyo número aumenta con el crecimiento de la maquinaria peligrosa, de las minas, industria química, etc, los mutilados, los enfermos, las viudas, etc. El «pauperismo como tal fue una creación del propio capitalismo, pero el capital por lo general sabe cómo transferir estos costos sociales a los hombros de la clase obrera y la pequeña burguesía.» 28

El alcance total del ejército mundial de reserva se hizo evidente en períodos de bonanza económica, cuando un número mucho mayor de trabajadores se extrajeron temporalmente del empleo. Esto incluye a los trabajadores extranjeros, además de las secciones de los ejércitos de reserva que se mencionaron anteriormente.

Marx señaló que los trabajadores irlandeses trabajaban en el sector de la industria inglesa en los períodos de máxima producción, de tal manera que formaban parte de la superpoblación relativa para la producción inglesa. 29

La reducción temporal del tamaño del ejército de reserva, en comparación con el ejército de mano de obra activa, en el pico del ciclo económico, tuvo el efecto de lanzar los salarios por abajo de su valor medio para exprimir las ganancias; aunque Marx señaló reiteradamente que tales aumentos de los salarios reales no fueron la causa principal de la crisis de rentabilidad, y nunca amenazó al propio sistema. 30

Durante una crisis económica, muchos de los trabajadores en el ejército de mano de obra activa, aumentan el número de desempleados en la parte superior del ejército de reserva. En tales períodos, el enorme peso de la superpoblación relativa tiende a tirar hacia abajo los salarios por debajo de su valor medio (es decir, el valor históricamente determinado de la fuerza de trabajo). Como el mismo Marx lo dijo: «El estancamiento en la producción hace a la clase obrera inactiva y por lo tanto los trabajadores empleados tienen que aceptar una caída de los salarios, incluso por debajo de la media.» 31

Por lo tanto, en tiempos de crisis económica, la clase obrera como un todo orgánico, que abarca el trabajo del ejército activo y el ejército de reserva, se coloca en condiciones muy precarias, con una multitud de personas que sucumben ante el hambre y la enfermedad.

Marx no pudo completar su crítica de la economía política y por consiguiente nunca escribió su volumen proyectado sobre el comercio mundial. Sin embargo, está claro que no veía la ley general de acumulación como la ampliación de esta visión. Aunque consideró que el capital, establecido en los países ricos, a su juicio, se aprovecharía de la mano de obra barata en el extranjero y de los niveles más altos de explotación en las regiones subdesarrolladas del mundo, hecho posible por la existencia de grandes grupos de trabajo excedente (y no con capitalistas modos de producción ).

En su discurso, ante el Congreso de Lausana, en la Primera Internacional, en 1867 (el año de la publicación del primer volumen de El capital ), declaró: «Un estudio de la lucha de clases revela que, con el fin de oponerse a sus trabajadores , los empleadores o bien traen trabajadores del extranjero o bien transfieren la producción a países donde existe una mano de obra barata. Si la clase obrera desea continuar su lucha con alguna posibilidad de éxito, las organizaciones nacionales deben convertirse en internacionales». 32

La realidad es el intercambio desigual, por lo que, en palabras de Marx, «el país más rico explota al pobre, aun sobre las ganancias de este último», es un postulado científico básico de la economía clásica, que se encuentra en Ricardo y J. S. Mill. Estas mayores ganancias están atadas a lo barato de la mano de obra en los países pobres -atribuible a su vez, al subdesarrollo y una fuente aparentemente ilimitada de mano de obra (aunque gran parte de ella entra al trabajo forzado).

«La tasa de ganancia», Marx observó, «es generalmente más alta [en las colonias] a causa del menor grado de desarrollo y también lo es la explotación del trabajo, mediante el uso de esclavos, peones, etc». En todas las relaciones comerciales, el país más rico está en condiciones de extraer «los beneficios del monopolio» (o rentas imperiales), ya que «el país privilegiado recibe más trabajo a cambio de menos inversión», mientras que a la inversa, «el país más pobre da más trabajo en especie de lo que recibe en ganancia.

Por lo tanto, a diferencia de un sólo país, donde las ganancias y pérdidas son equiparables, Marx argumenta, cómo una nación engaña a otra. El crecimiento de la superpoblación relativa, en particular a nivel global, representa una poderosa influencia en el aumento de la tasa de explotación, en la concepción de Marx, que podría ser visto como también como un gran «contrapeso» a la tendencia de la tasa de ganancia. 33

Los teóricos marxistas clásicos que hicieron complementos útiles para el análisis de Marx y el ejército mundial de reserva respecto al imperialismo, desde la óptica de Rosa Luxemburgo, advierten que en la acumulación de capital se argumenta que para que la acumulación proceda «el capital debe ser capaz de movilizar al poder del mundo laboral, sin restricción.»

De acuerdo con Luxemburgo, Marx estuvo demasiado influenciado por las condiciones inglesas, que tenían un alto grado de desarrollo capitalista. A pesar de que Marx explicó lo de la reserva latente en la agricultura, no se ocupó de elaborar una explicación del trabajo excedente en los modos de producción no capitalistas (por ejemplo, los campesinos), respecto a la descripción del ejército de reserva, puesto que es en ese sector donde la mano de obra excedente de la acumulación mundial se encuentra de manera más preponderante.

Es cierto, Luxemburgo reconoció que Marx discute la expropiación de los campesinos en su tratamiento de la llamada «acumulación primitiva», en el capítulo de capital, inmediatamente después de su discusión de la ley general. Pero ese argumento, dice, se refiere principalmente a la «génesis del capital» y no a sus formas contemporáneas.

Por lo tanto, el análisis del Ejército de Reserva debe ser ampliado en un contexto global que tenga en cuenta el enorme «depósito social» de las formas no capitalistas de trabajo. 34

El arbitraje laboral global

La búsqueda de «un mercado cada vez extendido», Marx sostuvo, es una «necesidad interior» del modo de producción capitalista. 35 Esta necesidad interna tomó un nuevo significado, sin embargo, con el surgimiento del capitalismo monopolista de finales del siglo XIX y principios del XX. La aparición de las corporaciones multinacionales, por primera vez en las compañías petroleras gigantes y un puñado de otras empresas en el siglo XX, para luego convertirse en un fenómeno mucho más general en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, fue un producto de la concentración y centralización de capital a escala mundial, pero también implicó la transformación del trabajo y la producción mundiales.

Fue el creciente dominio corporativo multinacional sobre la economía mundial, de hecho, el que condujo a la concepción moderna de la «globalización», que surgió en la década de 1970, mientras los economistas, especialmente los de izquierda, trataban de comprender la forma en que las empresas gigantes reorganizaron la producción mundial y las condiciones de trabajo. 36

Esto fue claramente evidente a principios de 1970, no sólo en el trabajo de Hymer, sino también en los de Richard Barnet e influyentes como Ronald Müller, de 1974, “El trabajo, el alcance global”, en el que sostuvo: «El aumento de las corporaciones globales representa la globalización del capitalismo y su oligopolio. Esta es la culminación de un proceso de concentración e internacionalización que ha puesto a la economía mundial bajo el control de una importante empresa de negocios a unos pocos cientos, que no compiten entre sí de acuerdo con las reglas tradicionales del mercado. Por otra parte, las implicaciones para el trabajo son enormes”. Explicar cómo la rivalidad oligopólica ahora significaba la búsqueda de los más bajos costos laborales unitarios en todo el mundo, argumentaron Barnet y Müller, generó que todo se fuera de control, puesto que esto se convierte en una plataforma de exportación para un país subdesarrollado y en una necesidad de negocio para las empresas de EE.UU., al igual que sus competidores europeos y japoneses. 37

Durante el último medio siglo, estos oligopolios globales han provocado la deslocalización de sectores enteros de producción de los países ricos (con salarios altos en comparación de los países pobres, donde hay bajos salarios), lo que transformó las condiciones globales de trabajo en la búsqueda mundial del bajo costo de producción por la máxima ganancia.

Las principales multinacionales de EE.UU., tales como General Electric, Exxon, Chevron, Ford, General Motors, Procter and Gamble, IBM, Hewlett Packard, United Technologies Johnson y Johnson, Alcoa, Kraft, Coca-Cola, ahora emplean a más trabajadores en el extranjero que los que tienen en los Estados Unidos, incluso sin tener en cuenta el gran número de trabajadores que emplean a través de subcontratistas.

Algunas grandes empresas, como Nike y Reebok, dependen de los subcontratistas del Tercer Mundo para el 100 por ciento de su fuerza de trabajo y los empleados domésticos se reducen únicamente a actividades de gestión, desarrollo de productos, comercialización y distribución. 38

El resultado de lo anterior ha sido la proletarización, a menudo bajo condiciones precarias, de gran parte de la población de los países subdesarrollados, que trabajan en zonas francas de exportación masiva, bajo las condiciones dictadas por las multinacionales extranjeras.

Dos realidades dominan la mano de obra a nivel mundial hoy en día. Una de ellos es el arbitraje laboral global o el sistema de alquiler imperial. La otra es la existencia de un enorme ejército de reserva mundial, lo que hace que este sistema mundial de explotación extrema sea posible.

«Arbitraje laboral» se define simplemente por The Economist, como «el aprovechamiento de los salarios más bajos en el extranjero, especialmente en los países pobres.» Por lo tanto, un proceso de intercambio desigual en el que un país, como decía Marx, es capaz de «engañar» a otro por la explotación mucho más alta de mano de obra en el país más pobre. 39

Un estudio de la producción en regiones industrializadas de China, en la región Delta del Río Perla (que incluye Guangzhou, Shenzhen y Hong Kong), en 2005, señala que algunos trabajadores se ven obligados a trabajar hasta dieciséis horas seguidas y que el castigo corporal se emplea habitualmente como medio de disciplina de los trabajadores. Unos 200 millones de chinos se dice que trabajan en condiciones peligrosas, afirmando que se pierden más de 100.000 vidas al año. 40

Es tal la sobreexplotación que está detrás de la gran parte de la expansión de la producción en el Sur global 41 que este hecho ha sido la base de un rápido crecimiento económico de algunas economías emergentes, lo que no altera la realidad que ha generado enormes rentas imperiales a las corporaciones multinacionales y el capital en el centro del sistema.

Sobre la mano de obra, el economista Charles Whalen, ha escrito que la principal motivación detrás de la deslocalización es el deseo de reducir los costos de producción … un trabajador de una fábrica con sede en EE.UU. es contratado por $ 21 dólares la hora y puede ser reemplazado por un trabajador de una fábrica china al que se paga 64 centavos de dólar por hora. La razón principal por la que la deslocalización está ocurriendo ahora es porque la han convertido en legítima. 42

Este sistema de arbitraje laboral global, que produce por medio de cadenas de suministro globales-locales, es enormemente complejo.

Dell, el ensamblador de PCs, compras 4.500 piezas de 300 proveedores diferentes en varios países alrededor del mundo 43, como lo indica el Instituto del Banco Asiático de Desarrollo en un estudio de 2010, para la producción de iPhone: «Es casi imposible [hoy] definir claramente de donde proceden los productos que se venden en el mercado global. Esta es la razón de por qué en la parte posterior del iPhone se puede leer «Diseñado por Apple en California, ensamblado en China.» A pesar de que ambas declaraciones en la parte posterior del iPhone son literalmente correctas, no responden a la pregunta de donde la producción real se llevó a cabo. Apple fabrica el iPhone. Más bien la fabricación real (es decir, todo menos su software y el diseño) tienen lugar principalmente fuera de los Estados Unidos. La producción de piezas de iPhone y componentes se lleva a cabo principalmente por ocho empresas (Toshiba, Samsung, Infineon, Broadcom, Numonyx, Murata, Dialog Semiconductor, y Cirrus Logic), que se encuentran en Japón, Corea del Sur, Alemania y los Estados Unidos. Todas las piezas y componentes principales del iPhone se envían luego Shenzhen, en China, a las plantas de Foxconn (una empresa con sede en Taipei), para el montaje y la exportación a los Estados Unidos.

La enorme y compleja cadena de suministro global para la producción de iPhone de Apple tiene el fin de obtener los menores costos laborales unitarios (teniendo en cuenta los costos de mano de obra, tecnología, etc), adecuados para cada componente, y por ello el montaje final tiene lugar en China, donde la producción se hace a gran escala, bajo enorme intensidad y con muy bajo salario. En Longhu, de Foxconn, la fábrica de Shenzhen, 300.000 a 400.000 trabajadores comen, trabajan y duermen en condiciones terribles, pues los trabajadores se ven obligados a hacer movimientos rápidos de mano durante largas horas, durante meses, también por la noche. Los trabajadores de Foxconn en el año 2009 tuvieron un salario mínimo mensual en Shenzhen, de alrededor de 83 centavos la hora. (En China, en 2008, a los trabajadores de manufactura se les pagaba $ 1,36 por hora, de acuerdo con datos del Departamento de Trabajo de EU)

A pesar de la mano de obra masiva de trabajadores chinos en el montaje del producto final, sus bajos salarios no significan que su trabajo sólo asciende a un 3,6 por ciento del costo de producción total (precio del envío) del iPhone. El margen de beneficio global en iPhones en 2009 fue de 64 por ciento. Si los iPhones se ensamblaran en los Estados Unidos, asumiendo los costos de mano de obra diez veces mayor que en China, la misma productividad, y un componente constante de costos de Apple aún habría un margen de beneficio amplio, pero se reduciría de 64 a 50 por ciento. En efecto, Apple hace un 22 por ciento de su margen de beneficios en la producción de iPhone por la mayor tasa de explotación de mano de obra china. 44

Por supuesto, al disponer tan sólo de diez veces la diferencia de salarios entre Estados Unidos y China, en el cálculo de los márgenes de beneficio más bajos que se obtienen con los Estados Unidos en lugar del montaje iPhones en China, el Instituto del Banco Asiático de Desarrollo, creo que hizo una proyección más bien muy conservadora. En general los trabajadores en la manufactura China, en 2008, de acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales de EU, recibieron sólo un 4 por ciento de la remuneración por un trabajo comparable en los Estados Unidos, y 3 por ciento de los que se hacen en la Unión Europea. 45 En comparación, los salarios por hora, de producción en México, en 2008, fueron un 16 por ciento menores al nivel de EE.UU. 46

A pesar de la “ventaja” de los bajos salarios en China, algunas zonas de Asia, como Camboya, Vietnam y Bangladesh, tienen niveles de remuneración por hora que siguen siendo inferiores a la China, dando lugar a la tendencia de dividir, vencer y gobernar de las corporaciones multinacionales, que actúan habitualmente a través de subcontratistas- para ubicar algunos sectores de la producción, como la producción de electricidad para la industria textil, sobre todo en estos países con salarios aún más bajos.

Así, el New York Times indicó en julio de 2010, que Li & Fung, una sede en Hong Kong de dicha empresa «que se encarga de suministro y fabricación de ropa para empresas como Wal-Mart y Liz Claiborne» aumentaron su producción en Bangladesh, un 20 por ciento en 2010, mientras que China, su principal proveedor, se deslizó un 5 por ciento. Trabajadores de la confección en Bangladesh ganaban alrededor de $ 64 al mes, frente «a los salarios mínimos en la costa de las provincias industriales de China que van desde $ 117 a $ 147 al mes.» 47

Para las empresas multinacionales, hay una lógica clara de todo esto. Como CEO de General Electric, Jeffrey Immelt, dijo: «la más exitosa estrategia es la China», pues China claramente está preparada para el arbitraje laboral mundial en general y «ha de aprovechar su crecimiento en el mercado de exportación y su poder de deflación.» Este «poder de deflación» tiene que surgir, por supuesto, con costos laborales más bajos (y reducir los costos de la producción del trabajo en el Norte a través de la reducción de los costos de los bienes de consumo de los salarios). Por lo tanto, representa una estrategia global para aumentar la tasa de plusvalía (la ampliación de los márgenes de beneficios). 48

El análisis, hoy, de Marx sobre sus postulados económicos sobre el ejército de reserva es la base, directa e indirectamente (incluso en los círculos empresariales), para determinar la duración de la explotación extrema de los trabajadores de bajos salarios en el mundo subdesarrollado y cuánto se mantendrá.

En 1997, Jannik Lindbaek, vicepresidente ejecutivo de la Corporación Financiera Internacional, presentó un influyente artículo titulado «Economías Emergentes: ¿Cuánto durará la última ventaja de bajos salarios», donde señaló que las diferencias salariales internacionales son enormes, pues la mano de obra para la hilatura y el tejido en los países ricos supera a la de los países de salarios más bajos (Pakistán, Madagascar, Kenia, Indonesia y China) por un factor de setenta a uno en términos de dólares directamente, y de diez a uno en términos de paridad del poder adquisitivo ( teniendo en cuenta el costo de vida local).

En el tema central del punto de vista del capital global, Lindbaek indica, que China se convirtió en una enorme plataforma para la producción, debido a sus ultra bajos salarios y la fuente aparentemente ilimitada de mano de obra. La cuestión estratégica clave entonces fue: «¿Cuánto tiempo nos darán ventajas los bajos salarios de China?». Su respuesta es: China tiene un enorme ejército de reserva de mano de obra y esto tendrá efectos graduales a medida que mejora la productividad agrícola y la creación de empleo en las ciudades. Mirando en diversos factores demográficos, incluida la baja en el número de personas en edad de trabajar, a partir de la segunda década del siglo XXI, Lindbaek indica que los salarios reales en China finalmente se elevarán por encima de la subsistencia. Pero ¿cuánto? 49

En la economía dominante, se debe hacer análisis del papel de la mano de obra excedente al mantenerse bajos los salarios en los países del Sur, es en lo que se basa principalmente el famoso artículo de W. Arthur Lewis, «Desarrollo económico con oferta ilimitada de trabajo», publicado en 1954, basando su argumento en la economía clásica de Adam Smith y Marx (sobre todo en el segundo).

Lewis argumenta que en los países del tercer mundo con vastos y aparentemente «ilimitados» suministros de mano de obra, la acumulación de capital puede ocurrir a un ritmo elevado, mientras que los salarios se mantengan constantes, al nivel de subsistencia. Esto se debe a un muy alto de ejército de reserva de mano de obra, incluyendo «a los agricultores, trabajadores ocasionales, los pequeños comerciantes, los criados (doméstico y comercial), las mujeres en el hogar y el crecimiento de la población.»

Aunque Lewis (en su artículo original), abrevando con errores del propio Marx, reserva el concepto de ejército de reserva a la estrecha cuestión de desempleo tecnológico, (con lo que se reclama que Marx estaba equivocado por motivos empíricos), pero adoptando la idea más general en lo que ejército de reserva se refiere Marx. Así, Lewis coincide con Marx al señalar a la población latente como el enorme excedente en la agricultura. También se dirigió a la noción de Marx de la acumulación primitiva, para indicar cómo la descampesinización del sector no-capitalista podría tener lugar.

Lewis, sin embargo, es más conocido dentro de la economía dominante por haber argumentado que con el tiempo se produciría un punto de inflexión. Su idea fue que en algún punto de acumulación de capital, éste será superado por la oferta de mano de obra excedente (sobre todo en una desaceleración de la migración interna del campo), resultando en un aumento en los salarios reales de los trabajadores en la industria. Como él mismo dijo, «el proceso» de acumulación con «mano de obra ilimitada» y los salarios reales constantes, con el tiempo deben detenerse, cuando la acumulación de capital ha alcanzado a la oferta de trabajo. 50

Hoy en día los conceptos de Lewis se han puesto en boga, de nuevo olvidándose de Marx, acerca del ejército de reserva de mano de obra, asegurándose que en última instancia los países pobres van en un buen camino de desarrollo capitalista –que es la base principal de lo que el sistema económico plantea desde hace tiempo, pero no se ha resuelto la cuestión de cuánto tiempo el arbitraje laboral global puede durar, en particular en relación con China.

La preocupación es si la enorme renta imperial ha sido sobrepasada con rapidez por la superexplotación del trabajo en los países pobres o incluso si estas rentas tienden a desaparecer o disminuir.

A la publicación El Economista, por ejemplo, le preocupa que un punto de inflexión de Lewis, junto con las revueltas de trabajo cada vez mayores en China, pronto pongan fin a los beneficios enormes del superávit del comercio de China.

Los trabajadores chinos «en las ciudades por lo menos», se quejan, «son ahora más caros que sus pares de Tailandia o Filipinas.» «El fin de la mano de obra excedente,» afirma El Economista, «no es un acontecimiento, sino un proceso. Y ese proceso puede estar ya en marcha. Una serie de factores, tales como la demografía, la estabilidad de la mano de obra rural china con las parcelas de su familia y la creciente organización de los trabajadores, puede causar limitaciones laborales para entrar en juego antes de lo esperado.

Tratando de no ser tan acusadores, rescatamos que por lo menos, The Economist indica las enormes ganancias de capital en el Norte que se produjeron «entre 1997 y 2005 [cuando] el precio de las exportaciones chinas a Estados Unidos se redujo en más del 12%»; lo cual es poco probable que se repita. Y si los salarios van en ascenso en China, el corte en las rentas imperiales de las empresas multinacionales a su vez desciende. «Vietnam es barato: el ingreso per cápita es menos de un tercio del de China. Sin embargo, su número de trabajadores no es tan profundo. «, concluye. 51

Al escribir en Monthly Review, el economista Minqi Li, señaló que desde la década de 1980, 150 millones de trabajadores en China han emigrado de zonas rurales a las urbanas. China, por lo tanto, tiene experiencia de 13 puntos porcentuales de caída (desde un 50 por ciento a 37 por ciento) en la proporción de los salarios en el PIB entre 1990 y 2005. Ahora, «después de muchos años de rápida acumulación, el ejército de reserva masiva de mano de obra barata en las zonas rurales de China está empezando a agotarse.» Li se centra principalmente en el análisis demográfico, lo que indica que la fuerza de trabajo total de China alcanzaría un máximo de 970 millones en 2012, y luego disminuirá en 30 millones para el año 2020, con la disminución que ocurre más rápidamente entre la población en edad de trabajo por excelencia.

Li cree que mejorará la capacidad de negociación de los trabajadores y se fortalecerá la lucha industrial en China, lo que plantea cuestiones de transformación radical. Conflictos laborales, inevitablemente el ejercito de reserva agrícola de China pasa a la reducción «del umbral crítico del 70 por ciento hacia 2020.» 52

Otros piensan que el arbitraje laboral global con respecto a China está lejos de terminar. Yang Yao, economista de la Universidad de Pekín, sostiene que «el campo todavía tiene un 45% de la fuerza laboral de China,» un ejército de reserva enorme de cientos de millones de personas, muchas de las cuales estarán disponibles a la industria a medida que avanza la mecanización.

Otro estudioso, Stephen Roach, ha observado que los salarios chinos serán menos 4 por ciento con respecto a los salarios de EE.UU., los que es apenas un hueco en la reducción del arbitraje con las principales economías industriales, mientras que la remuneración por hora en la fabricación de lo Hecho en China es menos del 15% en Asia del Este, excluyendo Japón, y muy por debajo de la de México. 53

El Ejército Mundial de Reserva

Con el fin de desarrollar una comprensión más firme de este tema es fundamental analizar, tanto empírica como teóricamente, al ejército mundial de reserva tal y como aparece en el actual contexto histórico y luego hacer valer toda la crítica marxista del imperialismo. Sin esa crítica exhaustiva, análisis de problemas como el cambio global en la producción, el arbitraje laboral global, la desindustrialización, etc, las ideas no son más que observaciones parciales suspendidas en el aire.

Los datos sobre la fuerza laboral mundial elaboradas por la OIT se adaptan bien a las distinciones principales de Marx, en relación con el ejército de mano de obra activa y el ejército de reserva de mano de obra. En la imagen de la OIT de la fuerza laboral mundial en 2011, 1,4 millones están con trabajo activo -muchos de los cuales tienen salarios con empleos precarios y sólo son trabajadores a tiempo parcial.

En contraste, el número de personas desempleadas en todo el mundo, en 2009 constaban de 218 millones de trabajadores. (Para ser clasificados como desempleados, los trabajadores tienen que haber buscado activamente trabajo en las semanas anteriores). Los desempleados, en este sentido, se pueden ver como lo «flotante», según Marx, en la parte del ejército de reserva.

Otros 1700 millones de trabajadores están clasificados hoy como «empleados vulnerables». Esta es una categoría residual de la «población económicamente activa», que consiste en todos aquellos que trabajan pero no son trabajadores asalariados (o parte del ejército de mano de obra activa en la terminología de Marx). Incluye dos categorías de trabajadores: Los trabajadores de empresas familiares y los trabajadores por cuenta propia.

«Trabajadores por cuenta propia», según la OIT, abarca a los trabajadores que realizan una combinación de «subsistencia y actividades empresariales.

El componente urbano de los «trabajadores por cuenta propia» en países del tercer mundo se compone sobre todo de los trabajadores en el sector informal; es decir, trabajadores de la calle de diversos tipos, mientras que el componente agrícola se compone principalmente de la agricultura de subsistencia.

La clase de trabajo informal mundial, observó Mike Davis, en El planeta de los barrios marginales, es alrededor de mil millones, por lo que es la de más rápido crecimiento y sin precedentes, con respecto a la mayoría de las clases sociales. 54

La segunda categoría vulnerable en el empleo son los trabajadores familiares o auxiliares; se componen de trabajadores familiares no remunerados. Por ejemplo, en Pakistán, más de dos tercios de las trabajadoras que entraron en el empleo durante 1999-1900 para 2005/06 consistía de trabajadores familiares. 55

El «empleado vulnerable», es lo que incluye a la mayor parte de las vastas reservas de subempleados que se desplazan fuera del desempleo oficial, en los países pobres en particular. Esto refleja el hecho de que, como Michael Yates, escribe: en la mayoría del mundo, el desempleo abierto no es una opción, no hay red de seguridad de la compensación por desempleo y otros programas de bienestar social. El desempleo es la muerte, por lo que la gente debe encontrar un trabajo, no importa cuán malas sean las condiciones. 56 Los distintos componentes de los trabajadores vulnerables corresponden a lo que Marx describió como el «estancamiento» y lo «latente», que son porciones del ejército de reserva mundial.

Además, muchas personas en edad de trabajar están clasificadas como no pertenecientes a la población económicamente activa y por lo tanto como económicamente inactivas. Para las edades de trabajo por excelencia, de 25-54 años, esto se suma a 538 millones de personas en 2011.

Este es un grupo muy heterogéneo: estudiantes universitarios, principalmente en los países más ricos, que son el elemento criminal generado en la parte inferior de la economía capitalista, (lo que Marx llamaba el lumpen-proletariado); trabajadores desalentados y discapacitados, que han sido marginados por el sistema; y, en general lo que Marx llamó la porción de pauperizados de las personas en edad de trabajar, «desmoralizados, harapientos», y los discapacitados, que han sido casi completamente excluidos de la fuerza laboral. Es aquí donde, según él, que se encuentra la mayoría de los precarios, en esa condición de la existencia. Oficialmente designados como trabajadores desalentados son un número significativo de los candidatos al empleo. Según la OIT, si los trabajadores desalentados se incluyen en la tasa de desempleo de Botswana en 2006, su estadística se dispara casi al doble: del 17,5 por ciento a 31,6 por ciento. 57

Si tomamos las categorías de los desempleados, los empleados y vulnerables, y la población económicamente inactiva en la primera edad de trabajar (25-54) y las sumamos, nos encontramos con lo que podría llamarse el tamaño máximo del ejército de reserva mundial en 2011: unos 2,4 billones de personas, en comparación con los 1,4 billones que oficialmente están en el ejército de mano de obra activa.

Es la existencia de un ejército de reserva que, en su extensión máxima, es 70 por ciento más grande que el ejército de mano de obra activa y que sirve para la limitación de los salarios a nivel mundial y particularmente en los países más pobres. De hecho, la mayor parte de este ejército de reserva se encuentra en los países subdesarrollados del mundo, aunque su crecimiento se puede ver hoy en los países ricos. El desglose de los porcentajes de sus diversos componentes se puede ver en el gráfico 2.

Gráfico 2. La fuerza laboral mundial y el Ejército Mundial de Reserva

Notas al gráfico: El porcentaje de los “empleados vulnerables» y «desempleados» se calcula sobre la base de porcentajes de las «Tendencias Mundiales del Empleo», segun informes que se citan a continuación. La tabla incluye la población total del mundo (15 años y más), con exclusión de la población económicamente inactiva a menos de 25 – y más de 54 años de edad. Fuentes: Oficina Internacional del Trabajo (OIT), «Estimaciones de la Población Económicamente Activa y Proyecciones (5 ª edición, revisión 2009),» LABORSTA Internet (Ginebra: Organización Internacional del Trabajo, 2009), la OIT «Tendencias Mundiales del Empleo», 2009, 2010 y 2011 ( Ginebra: Oficina Internacional del Trabajo).

El enorme ejército de reserva de mano de obra, representado en el gráfico 2, está destinado a reclutar a lo máximo. Algunos, sin duda, se inclinan a afirmar que muchos de los trabajadores en el empleo vulnerable no pertenecen al ejército de reserva, ya que los productores o campesinos, tradicionalmente se consideran como pertenecientes a especies no-capitalistas de producción -incluyendo a los trabajadores de subsistencia que no tienen relación con el mercado.

Podría afirmarse que estas poblaciones están totalmente fuera del mercado capitalista. Sin embargo, este no es el punto de vista del propio sistema. La OIT, los clasifica en general, junto con los trabajadores informales, como «empleados vulnerables», reconociendo que son económicamente activos y ocupados, pero no trabajadores asalariados. Desde el punto de vista del desarrollo del capital, el empleo vulnerable es potencialmente de trabajadores asalariados, lo que es grano para el molino del desarrollo capitalista. Los trabajadores ocupados en la producción campesina son vistos como proletarios futuros, que deben trabajar más a fondo en el modo capitalista.

De hecho, las cifras que ofrecemos para el máximo de ejército de reserva mundial, en un intento de entender a la población realmente existente y la sobrepoblación relativa, pueden ser vistas en cierto modo como subestimadas.

En la concepción de Marx, en el ejército de reserva también se incluyen trabajadores a tiempo parcial. Sin embargo, debido a la falta de datos, es imposible incluir este elemento en nuestras estimaciones a nivel mundial del ejército de reserva.

Además, las cifras sobre la participación de la población económicamente inactiva del ejército de reserva incluyen a los trabajadores de edad sólo entre 24 y 54 años sin trabajo, y excluyen a todos los de estas edades: 16-23 y 55-65. Sin embargo, desde un punto de vista práctico, en la mayoría de los países, los que en estas edades también necesitan y tienen derecho a empleo.

A pesar de las incertidumbres relacionadas con los datos de la OIT, no puede haber ninguna duda sobre el enorme tamaño del ejército de reserva mundial. Podemos entender las implicaciones de esto en más detalle al mirar en el análisis de Samir Amin: «Acumulación, la pobreza mundial, pauperización y capital», en Monthly Review, en 2003.

Amin sostiene que la «moderna agricultura capitalista -abarcando tanto a los ricos, a gran escala de la agricultura familiar y las corporaciones de agronegocios- están ahora empeñados en un ataque masivo en la producción campesina del tercer mundo». De acuerdo con el punto de vista capitalista central propuesto por la OMC, el Banco Mundial, y la producción del FMI, las zonas rurales (en su mayoría campesinos) están destinadas a ser transformadas en agricultura capitalista avanzada, en el modelo de los países ricos. Los 3 billones de trabajadores rurales serían reemplazados en el escenario capitalista ideal, como lo dice Amin, por parte de algunos veinte millones de agricultores modernos nuevos.

En el punto de vista dominante, estos trabajadores serían absorbidos por la industria, principalmente en los centros urbanos, en el modelo de los países capitalistas desarrollados. Pero Gran Bretaña y las demás economías europeas, como lo dicen Amin y el economista indio Prabhat Patnaik, no han podido absorber su población campesina dentro de la industria. Más bien, su excedente de población emigró en gran número a las Américas y varias colonias.

En 1820, Gran Bretaña tenía una población de 12 millones, mientras que entre 1820 y 1915 la emigración fue de 16 millones. Dicho de otra manera, más de la mitad del aumento de la población británica emigró cada año durante este período. La emigración total desde Europa en su conjunto para el «nuevo mundo» («las regiones templadas del asentamiento de los blancos») en este período fue de 50 millones.

Mientras que la emigración de masas era una posibilidad para las potencias capitalistas a principios del siglo 20, que se trasladaron a apropiarse de gran parte del planeta, no es posible para los países del Sur global de hoy. En consecuencia, el tipo de reducción de la población campesina en la actualidad está impulsado por el sistema, y si se efectúa por completo, puede ser llamado un genocidio en masa.

Un inimaginable 7 por ciento de tasa anual de crecimiento durante cincuenta años en todo el Sur global en su totalidad, son los puntos de Amin, por lo que no podrían absorber ni un tercio de esta población excedente agrícola enorme.

«Ninguna cantidad de crecimiento económico», agrega Yates, «absorbe» los miles de millones de campesinos en el mundo de hoy, «en el proletariado tradicional, las clases bajas y mucho menos mejores trabajos».

El problema de la absorción del exceso de población en gran escala respecto de estos países se hace aún más evidente si se considera la población urbana. Hay 3 mil millones de personas que viven en las zonas urbanas a nivel mundial, concentradas en las ciudades grandes de los países del Sur, en el que las personas se hacinan en condiciones cada vez más horrendas de tugurios. Como el Programa de Asentamientos Humanos declaró en El desafío de los barrios pobres: «En lugar de ser un foco de crecimiento y prosperidad, las ciudades se han convertido en un vertedero de un exceso de población que trabaja en empleos no calificados, sin protección y con salarios bajos, en las industrias de servicios y comercio informal».

Para Amin, todo esto está ligado a una teoría general del intercambio desigual y la renta imperialista. «Las condiciones que rigen la acumulación a escala mundial … reproducen el desarrollo desigual. Dejan en claro que los países subdesarrollados lo son porque están sobreexplotados y no porque sea al revés. El sistema de la renta imperialista asociada con la superexplotación, llega a su forma madura y se universaliza con el desarrollo del capitalismo generalizado, la bancarización y los oligopolios globalizados.» 58

Prabhat Patnaik ha desarrollado una perspectiva estrechamente relacionada, centrándose en el ejército de reserva de mano de obra y en el valor del dinero. Se comienza por cuestionar la visión estándar económica: que es la baja productividad laboral en vez de la existencia de las reservas de mano de obra enorme lo que mejor explica el empobrecimiento de los países del Sur global. Incluso, en las economías que han experimentado un crecimiento acelerado y el aumento de productividad, tales como India y China, según él, «las reservas de mano de obra siguen siendo no agotadas.» Esto se debe a la elevada tasa de crecimiento de la productividad (y el desplazamiento de mano de obra) asociada con el cambio hacia la producción de bienes de alta tecnología, «la tasa de crecimiento de la demanda de mano de obra … no basta para superar la tasa de crecimiento de la oferta de trabajo » – de forma suficientemente adecuada , es decir, que se utilizarán todas las reservas de mano de obra suficiente, para tirar los salarios por debajo del nivel de subsistencia. Un ejemplo de la dinámica de la productividad y cómo afecta a la absorción de mano de obra puede verse en el hecho de que, a pesar de los salarios bajísimos en China, Foxconn está planeando introducir un millón de robots en sus plantas, dentro de tres años, como parte de su estrategia a desplazar humanos en simples operaciones de montaje. Foxconn emplea en la actualidad a un millón de trabajadores en China, muchos de los cuales ensamblan los iPhones y iPads.

El argumento de Patnaik es aclarado por el uso de un doble modelo del ejército de reserva «el ejército de reserva interna» del sector «pre-capitalista” del ejército de reserva (inspirado en el análisis de Luxemburgo), bajo esta idea, el capitalismo en China e India está basando sus exportaciones y más alta productividad, en la producción de alta tecnología, lo que significa el desplazamiento de mano de obra y la creación de un ejército de reserva interno. Incluso a altas tasas de crecimiento. Por ello, el sistema no podrá absorber al sector precapitalista del ejército de reserva, por lo que se acelera la mecanización del trabajo. 59

Aparte de los beneficios directos de las tasas enormemente altas de explotación, que se alimentan del excedente económico que fluye hacia los países capitalistas avanzados, la introducción de las importaciones de bajo costo de las «economías de alimentación» en Asia y otras partes del Sur global, las empresas multinacionales tiene un efecto deflacionario. Esto protege el valor del dinero, en particular el dólar como moneda hegemónica y por lo tanto los activos financieros de la clase capitalista. La existencia de un enorme ejército mundial de reserva de mano de obra hace que se afecte a los ingresos de los trabajadores del mundo, comenzando en el Sur global, sino que también afectan a los trabajadores de los países del Norte, que son cada vez más sometidos a la retórica neoliberal de «flexibilidad del mercado laboral».

En la fase actual del imperialismo, que Patnaik identifica con el desarrollo del capital financiero internacional, los salarios en los países avanzados no pueden subir y en todo caso tienden a caer, con el fin de hacer que sus productos sean más competitivos en relación con el salario, con lo que prevalecen los niveles del tercer mundo. En estos últimos, los niveles salariales no son mayores que las necesarias para satisfacer la subsistencia históricamente determinada, debido a la existencia de grandes reservas de mano de obra. Esta lógica de la explotación del mundo se hace más viciosa por el hecho de que aun cuando los salarios caen en los países avanzados junto con los niveles de productividad laboral, ésta, la productividad laboral en los países del tercer mundo se mueve hacia arriba, en el actual nivel de los salarios, hacia el nivel alcanzado en los países avanzados. Este doble movimiento significa que la proporción de los salarios en la producción mundial total del Norte, paradójicamente, se reduce, mientras que la tasa de explotación se eleva en todo el mundo. 60

¿Qué es eso de «la paradoja del capitalismo», como Patnaik ha denominado y es atribuible a la ley general de Marx sobre la acumulación?… Pues es la tendencia del sistema a concentrar la riqueza, mientras que destaca la expansión de la pobreza relativa (e incluso absoluta).

«En la India, precisamente durante el período de las reformas neoliberales, es cuando las tasas de crecimiento de producción se elevaron», señala Patnaik, lo que derivó también en un aumento en la proporción de la población rural que consumían menos de 2400 calorías por persona, por día, (la cifra para 2004 es de 87 por ciento). Este es también el período en el que cientos de miles de campesinos, incapaces de llevar a cabo su trabajo, se suicidaron. La tasa de desempleo aumentó, a pesar de un aumento masivo en la tasa de acumulación de capital y el salario real, incluso de los trabajadores en el sector formal, a pesar también de un aumento masivo de la productividad del trabajo. En pocas palabras nuestra propia experiencia desmiente el optimismo keynesiano sobre el futuro de la humanidad bajo el capitalismo. 61

En los países capitalistas avanzados, la noción de «precariedad», que Marx en su discusión sobre el ejército de reserva describe como la mayoría de los sectores pauperizados de la clase obrera, ha sido redescubierto, como las condiciones que una vez se pensó se limitaban a los países del tercer mundo y el concepto reaparece en los países ricos. Esto ha llevado al surgimiento de una «nueva clase» -aunque en realidad es el crecimiento del sector empobrecido de la clase trabajadora llamado el «precariado». 62

En la parte inferior de este precariado, en desarrollo en los países ricos, están los llamados «trabajadores invitados».

Como señaló Marx, desde el siglo XIX, el capital en los centros ricos es capaz de tomar ventaja de la mano de obra con salarios más bajos en el extranjero, ya sea a través de la migración de capital a países de bajos salarios, o por medio de la migración de mano de obra barata en los países ricos. Aunque las poblaciones de trabajadores migrantes de los países pobres han servido para frenar los salarios en los países ricos, especialmente Estados Unidos, desde una perspectiva global, el hecho más significativo con respecto a los trabajadores que emigran del sur al norte es el escaso número en relación con la población del mundo del Sur.

En general, el porcentaje de inmigrantes en la población total del mundo no ha mostrado ningún cambio apreciable desde la década de 1960. Según la OIT, sólo hubo «un aumento muy pequeño» en la migración de desarrollo para los países desarrollados «en la década de 1990, y esto se explica básicamente por el aumento de la migración de los países centroamericanos y del Caribe, a los Estados Unidos.

El porcentaje de los inmigrantes adultos, de países en desarrollo, a los países desarrollados, en 2000, fue de sólo un 1 por ciento de la población adulta de los países en desarrollo. Por otra parte, los inmigrantes se concentraron entre los más calificados para hacer efecto en la migración internacional, en la categoría de mano de obra de baja calificación en los países en desarrollo, lo que ha sido insignificante para la mayoría de los casos. En tanto, la migración para los países desarrollados ha significado en gran medida la fuga de cerebros.

En resumen, la OIT concluye que ha habido una limitada migración internacional, que en la década de los años 1990 sirvió para frenar el crecimiento de la intensidad de la habilidad de la fuerza laboral en un número bastante grande de países en desarrollo y en particular en lo más mínimo de los países desarrollados. El punto clave es que el capital es internacionalmente móvil, mientras que el trabajo no lo es. 63

El nuevo imperialismo tiene su base en la superexplotación de los trabajadores en el Sur global. Esta es una fase del imperialismo que de ninguna manera se puede decir que beneficiará a los trabajadores de los países del Norte, cuyas condiciones también están siendo arrastradas, tanto por la competencia desastrosa de salarios globales introducidos por las multinacionales y más fundamentalmente, por las tendencias de sobreacumulación en el centro capitalista, el estancamiento de la mejora y el desempleo. 64

De hecho, los países ricos de la tríada (Estados Unidos, Europa y Japón) fracasaron en condiciones de estancamiento, como resultado de su incapacidad para absorber todo el excedente de capital que generan internamente y tirando, desde el extranjero, la inversión y el empleo.

La bancarización, que ayudó a impulsar estas economías durante décadas, está ahora detenida por sus propias contradicciones, con el resultado de los problemas fundamentales de la producción: las burbujas financieras que sirvieron para encubrir hace un tiempo, ahora están surgiendo.

Esto se manifiesta no sólo en la disminución de las tasas de crecimiento, sino también en el aumento del nivel de desempleo. En una era de globalización, bancarización y política económica neoliberal-imperial, el Estado es incapaz de moverse con eficacia para corregir el problema y ​​está cada vez más orientado simplemente a rescatar a el capital, a expensas del resto de la sociedad.

El alquiler imperial que cobran estos países por apropiarse del resto del mundo sólo hace que los problemas de absorción de excedentes por sobreacumulación en el centro del sistema mundial, sea peor. La inversión extranjera, lejos de ser una salida para los excedentes generados a nivel nacional, escriben Baran y Sweezy, famosos por la célebre frase del capital monopolista, es un proceso más eficiente para la transferencia de excedentes generados en el extranjero, al país inversor. Bajo estas circunstancias, es obvio, por supuesto, que la inversión extranjera agrava más que en lugar de ayudar a resolver el problema de absorción del excedente. 65

El nuevo imperialismo

Como hemos visto, no puede haber ninguna duda acerca de la magnitud del desplazamiento relativo de la producción mundial de los países del Sur en el período de la internacionalización del capital monopolista desde la Guerra Mundial -y su aceleración en las últimas décadas.

Aunque esto es a menudo visto como un post fenómeno posterior a la crisis de 1974-1989, Hymer, Magdoff, Sweezy y Amin, advierten de los parámetros generales de este amplio movimiento de acumulación e imperialismo, asociados con el desarrollo de las corporaciones multinacionales (o la internacionalización del monopolio capitalista) en la década de 1970. En gran parte, aseguran que esto es resultado del cambio del centro de gravedad de la producción manufacturera mundial hacia el sur, pues cerca de una docena de economías emergentes han experimentado tasas de crecimiento fenomenales del 7 por ciento o más, en un cuarto de siglo.

La más importante, entre estos, por supuesto, es China, que no sólo es el país más poblado, aunque ha experimentado el crecimiento más rápido, según se dice 9%, o superior. A un ritmo del 7 por ciento de crecimiento de una economía que se duplica de tamaño cada diez años; es decir, 9 por ciento cada ocho años, mínimo. Sin embargo, el proceso no es, como la economía convencional a menudo sugiere, algo liso.

La economía china se ha duplicado en tamaño en tres ocasiones desde 1978, pero los salarios permanecen cerca de los niveles de subsistencia, debido a un ejército de reserva interna de cientos de miles de personas.

China podría emerger como una potencia económica mundial, debido a su tamaño y tasa de crecimiento, pero los salarios siguen estando entre los más bajos del mundo. El ingreso per cápita de la India, por su parte, es una tercera parte de China. La población rural de China se estima en 45-50 por ciento, mientras que en la India es de alrededor de 70 por ciento. 66

Teóricos de economía ortodoxa se basan en un modelo abstracto de desarrollo que asume que todos los países pasan por las mismas fases y, finalmente, usan toda su mano de obra en la fabricación para producir capital, lo cual es la producción intensiva de conocimientos.

Esto plantea la cuestión de los llamados «ingresos medios de transición», que se supone ocurren en un ingreso per cápita de entre $ 5.000 y $ 10.000 (ingreso per cápita de China en el tipo de cambio actual es de aproximadamente $ 3.500).

Los países en transición de ingreso medio tienen salarios más altos y se enfrentan a la falta de competitividad, a menos que se pueda mover a los productos de más valor y menos costo de mano de obra.

La mayoría de los países no logran hacer la transición y el nivel de ingreso medio termina siendo una trampa de desarrollo.

Con base en este marco, en la Universidad de Nueva York, el economista Michael Spence afirma que en esa convergencia China es mano de obra para los sectores de exportación lo que ha sido un factor importante para el crecimiento, pero está perdiendo competitividad lo que influirá a su mercado interior. Ante ello, se plantean ahora que diversos sectores sean ahora reemplazados por capital humano que produzca intensivamente en conocimiento que reditúe capital. 67

El argumento ortodoxo de Spence, sin embargo, niega la realidad de la China contemporánea, donde el ejército de reserva latente en la agricultura, por sí solo, equivale a cientos de millones de personas.

Avanzar hacia un trabajo menos intensivo del sistema, bajo el capitalismo, se traduce en mayores índices de productividad y el desplazamiento de mano de obra con conocimiento tecnológico, por lo que se requiere que la economía absorba a un ejército de reserva de montaje por la conquista de mercados cada vez más grandes, para que los productos se vendan cada vez a mayor valor, para que aumente la ganancia.

Los únicos casos en que algo parecido a esto ha tenido lugar, fue en la expropiación de tierras en Japón, que surgió como una rápida expansión, militarizada-imperialista en la economía de principios del siglo XX. Fueron los tigres asiáticos (Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong), los que fueron capaces de ampliar sus mercados de exportación exteriores dando alto valor a la producción en los países del Norte, durante un período de expansión económica mundial (no el estancamiento profundo de hoy).

Es improbable que esto sea hoy posible para China, -e India-, que tienen que encontrar empleo para el 40 por ciento de su mano de obra en el sector industrial urbano.

A diferencia de Europa, durante el período colonial, la emigración de grandes reservas de mano de obra excedente, como válvula de escape, no es posible: no tienen a dónde ir. La capacidad de China para promover la competencia interna basada en la acumulación (no basada principalmente en los mercados de exportación), por su parte, se ve obstaculizada bajo las condiciones capitalistas de hoy, por este ejército de reserva que tiene los trabajos peor pagados y por el rápido aumento de la desigualdad.

Todo esto sugiere que en algún momento las contradicciones de las tasas de acumulación -sin precedentes- de China, en combinación con las reservas de mano de obra masiva que no puede ser fácilmente absorbida por el proceso de acumulación -sobre todo con el creciente giro de alta tecnología, alta productividad de producción- están obligados a venirse de cabeza.

Mientras tanto, el capital internacional utiliza su monopolio de los monopolios combinados sobre la tecnología, comunicaciones, finanzas, milicia y los recursos naturales del planeta, para controlar (o al menos limitar) la dirección del desarrollo en el Sur. 68

Como las contradicciones entre el Norte y el Sur en el sistema mundial se intensifican, también lo hacen las contradicciones internas dentro de ellos -con las diferencias de clase cada vez mayores en todas partes.

La relativa «desindustrialización» en el Norte global ha dado una tendencia clara a ser totalmente negada. Así, la participación de las manufacturas en el PIB de EE.UU. se ha reducido de un 28 por ciento en 1950 a 12 por ciento en 2010, acompañado de una drástica disminución en su participación (junto con la de la OCDE en su conjunto) en la industria manufacturera mundial. 69

Sin embargo, es importante entender que esto es sólo la punta del iceberg en lo referente a la desestabilización creciente en todo el mundo y la sobreexplotación de la mano de obra.

De hecho, nunca se debe olvidar la barbarie moral de un sistema que en 1992 pagó a Michael Jordan $ 20 millones, desde Nike, lo que en el mercado una cantidad igual es la masa salarial de cuatro fábricas de Indonesia, que participan en la producción de los zapatos, donde las mujeres de esas fábricas ganan sólo 15 centavos la hora y su día de trabajo es de once horas. 70

Detrás de esto están las estrategias de las corporaciones multinacionales cada vez más monopólicas.

El campo de aplicación del legado estudioso de Marx, sobre la acumulación de capital, es ahora verdaderamente mundial y el trabajo en todas partes está a la defensiva.

La respuesta a los desafíos que enfrenta el mundo del trabajo, que Marx proyecta en el Congreso de Lausana en 1867, sigue siendo la única posible: «Si la clase trabajadora desea continuar su lucha con alguna posibilidad de éxito, las organizaciones nacionales deben convertirse en internacionales”. 71

Quizás es hora de una nueva Internacional.

Notas:

↩ Stephen Herbert Hymer, The Multinational Corporation (Cambridge: Cambridge University Press, 1979), 41, 75, 183.

↩ Hymer, The Multinational Corporation, 81, 86, 161, 262–69.

↩ Gary Gereffi, The New Offshoring of Jobs and Global Development, ILO Social Policy Lectures, Jamaica, December 2005 (Geneva: International Institute for Labour Studies, 2006), http://ilo.org, 1; Peter Dicken, Global Shift (New York: Guilford Press, 1998), 26–28.

↩ Thorstein Veblen already understood this in the 1920s. See his Absentee Ownership and Business Enterprise in Recent Times (New York: Augustus M. Kelley, 1964), 287.

↩ See Paul M. Sweezy, Four Lectures on Marxism (New York: Monthly Review Press, 1981), 64–65; Michael E. Porter, Competitive Strategy (New York: The Free Press, 1980), 35–36.

↩ Ajit K. Ghose, Nomaan Maji, and Christoph Ernst, The Global Employment Challenge (Geneva: International Labour Organisation, 2008), 9–10. On depeasantization see Farshad Araghi, “The Great Global Enclosure of Our Times,” in Fred Magdoff, John Bellamy Foster, and Frederick H. Buttel, eds., Hungry for Profit (New York: Monthly Review Press, 2000), 145–60.

↩ John Smith, Imperialism and the Globalisation of Production (Ph.D. Thesis, University of Sheffield, July 2010), 224.

↩ Stephen Roach, “How Global Labor Arbitrage Will Shape the World Economy,” Global Agenda Magazine, 2004,http://ecocritique.free.fr; John Bellamy Foster, Harry Magdoff, and Robert W. McChesney, “The Stagnation of Employment,” Monthly Review, 55, no. 11 (April 2004): 9–11.

↩ See John Bellamy Foster, Robert W. McChesney, and R. Jamil Jonna, “The Internationalization of Monopoly Capital,” Monthly Review 63, no. 2 (June 2011): 1–23.

↩ Thomas L. Friedman, The World is Flat (New York: Farrar, Straus, and Giroux, 2005). Friedman wrongly claims that his “flat world hypothesis” was first advanced by Marx. See 234–37.

↩ Paul Krugman, Pop Internationalism (Cambridge, Massachusetts: MIT Press, 1996), 66–67. On the absurdity of expecting wage differences between nations simply to reflect productivity trends see Marx, Capital, vol. 1, (London: Penguin, 1976), 705.

↩ On fears of an end to global labor arbitrage see “Moving Back to America,” The Economist, May 12, 2011, http://economist.com.

↩ Karl Marx, Capital, vol. 1, 798. Immediately after the quoted passage Marx added the following qualification: “Like all other laws, it is modified in its workings by circumstances, the analysis of which does not concern us here.” It should be added that Marx used “absolute” here in the Hegelian sense, i.e., in terms of abstract.

↩ Harry Magdoff and Paul M. Sweezy, Stagnation and the Financial Explosion (New York: Monthly Review Press, 1987), 204. By 2010, OECD unemployment had grown by 38 percent, reaching 48.5 million persons. (“Unemployment, Employment, Labour Force and Population of Working Age [15-64],” OECD.StatExtracts, [OECD, Geneva, 2011], retrieved September 24, 2011.)

↩ The concept of “imperialist rent” is developed by Samir Amin in The Law of Worldwide Value (New York: Monthly Review Press, 2011) and is discussed further below.

↩ See, for example, the discussion in Anthony Giddens, Capitalism and Modern Social Theory (Cambridge: Cambridge University Press, 1971), 55–58. Giddens offers a half-hearted and confused defense of Marx which is full of misconceptions.

↩ John Strachey, Contemporary Capitalism, 101; Marx, Capital, vol. 1, 929. Strachey also quotes on the same page the passage from The Communist Manifesto where Marx and Engels write, “The modern labourers…instead of rising with the progress of industry, sinks deeper and deeper below the conditions of existence of his own class. He becomes a pauper, and pauperism develops more rapidly than population and wealth.” Karl Marx and Frederick Engels, The Communist Manifesto (New York: Monthly Review Press, 1964), 23. At first sight this seems to support Strachey’s point (though taken from an early and non-economic work). However, as Hal Draper points out: “This may sound as if the class of proletarians, as such, is inevitably pauperized. This language reflected the socialistic propaganda of the day; later in Capital I (Chap. 25), Marx made clear that the pauper layer is ‘the lowest sediment of the relative surplus population.’” Hal Draper, The Adventures of the Communist Manifesto (Berkeley: Center for Socialist History, 1998), 233.

↩ Roman Rosdolsky, The Making of Marx’s ‘Capital’ (London: Pluto Press, 1977), 307.

↩ Fredric Jameson, Representing Capital (New York: Verso, 2011), 71.

↩ Marx, Capital, vol. 1, 799.

↩ Marx, Capital, vol. 1, 764, 772, 781–94; Marx and Engels, The Communist Manifesto, 7; Paul M. Sweezy, The Theory of Capitalist Development (New York: Monthly Review Press, 1970), 87–92.

↩ Marx, Capital, vol. 1, 792.

↩ Karl Marx, “Wage-Labour and Capital,” in Wage-Labour and Capital/Value, Price and Profit (New York: International Publishers, 1935), 45; Sweezy, The Theory of Capitalist Development, 89.

↩ Marx, Capital, vol. 1, 763, 776–81, 929.

↩ Marx, Capital, vol. 1, 794–95; David Harvey, A Companion to Marx’s Capital (London: Verso, 2010), 278, 318.

↩ Marx, Capital, vol. 1, 795–96.

↩ Marx, Capital, vol. 1, 590–99, 793–77.

↩ Marx, Capital, vol. 1, 797–98.

↩ Engels deserves credit for having introduced the reserve army concept into Marxian theory, and makes it clear that what demonstrates the reserve-army or relative surplus-population status of workers is the fact that the economy draws them into employment at business cycle peaks. See Frederick Engels, The Condition of the Working Class in England (Chicago: Academy Chicago Publishers, 1984), 117–22, and Engels on Capital (New York: International Publishers, 1937), 19.

↩ Karl Marx, Capital, vol. 3 (London: Penguin, 1981), Capital, vol. 2 (London: Penguin, 1978), 486–87, and Capital, vol. 1, 769–70; Rosa Luxemburg, The Accumulation of Capital—An Anti-Critique, and Nikolai Bukharin, Imperialism and the Accumulation of Capital (New York: Monthly Review Press, 1972), 121.

↩ Marx, Capital, vol. 3, 363.

↩ Karl Marx and Frederick Engels, Collected Works (New York: International Publishers, 1975), 422.

↩ Karl Marx, Theories of Surplus Value, (Moscow: Progress Publishers, 1971), part 3, 105–6; Capital, vol. 3, 344–46; David Ricardo, On the Principles of Political Economy and Taxation (Cambridge: Cambridge University Press, 1951), 135–36; John Stuart Mill, Essays on Some Unsettled Questions in Political Economy (London: Longmans, Green, and Co., 1877), 1–46: Rosdolsky, The Making of Marx’s ‘Capital’, 307–12. A wide-ranging analysis/debate regarding unequal exchange occurred within Marxism in the 1970s. See Arghiri Emmanuel, Unequal Exchange (New York: Monthly Review Press, 172); Samir Amin, Imperialism and Unequal Development (New York: Monthly Review Press, 1977), 181–252. Some Marxist theorists still deny that the rate of surplus value is higher in the periphery than in the center. See Alex Callinicos, Imperialism and Global Political Economy (London: Polity, 2009), 179–81; and Joseph Choonara, Unraveling Capitalism (London: Bookmarks Publications, 2009), 34–35. For a contrary view, see Sweezy, Four Lectures on Marxism, 76–77.

↩ Rosa Luxemburg, The Accumulation of Capital (New York: Monthly Review Press, 1951), 361–65.

↩ Marx, Capital, vol. 3, 344.

↩ The term “globalization” was first coined in the 1930s. But the first article to use the concept in its modern economic sense, according to the Oxford English Dictionary, was Fouad Ajami, “Corporate Giants: Some Global Social Costs,” International Studies Quarterly 16 , no. 4 (December 1972): 513. Ajami introduced the term in a paragraph in which he was addressing Marxian notions of “concentration and centralization”—and in particular Paul Baran and Paul Sweezy’s Monopoly Capital (New York: Monthly Review Press, 1966), which had pointed to the multinational corporation as a manifestation of the growth of monopolistic production at the world level. Although critical of Baran and Sweezy’s analysis for its Marxian basis, Ajami (a mainstream political scientist now affiliated with the Hoover Institution and the Council on Foreign Relations) nevertheless saw what he called “the domination of multinational giants and the globalization of markets” as emerging out of the same kinds of developments—with respect to the tendency to international oligopoly—that Baran and Sweezy had raised. Ironically, Ajami failed to notice that other theorists he drew upon in his article in contradistinction to Baran and Sweezy—Stephen Hymer, Michael Tanzer, Bob Rowthorn, and Herbert Schiller—were also Marxian and radical political economists, and in the case of the first two, authors of articles in Monthly Review.

↩ Richard J. Barnet and Ronald E. Müller, Global Reach (New York: Simon and Schuster, 1974), 213–14, 306.

↩ Foster, McChesney, and Jonna, “The Internationalization of Monopoly Capital,” 5–9.

↩ “Moving Back to America.”

↩ Dale Wen, China Copes with Globalization (International Forum on Globalization, 2005), http://ifg.org; Martin Hart-Landsberg, “The Chinese Reform Experience,” The Review of Radical Political Economics 43, no. 1 (March 2011): 56–76; Minqi Li, “The Rise of the Working Class and the Future of the Chinese Revolution,” Monthly Review 63, no. 2 (June 2011): 40.

↩ It should be noted that the term “superexploited” appears to have two closely related, overlapping meanings in Marxist theory: (1) workers who receive less than the historically determined value of labor power, as it is defined here; and (2) workers who are subjected to unequal exchange and overexploited, primarily in the global South. In Amin’s framework, however, the two meanings are united. This is because the value of labor power is determined globally, while actual wage rates are determined nationally, and are hierarchically ordered due to imperialism. In the global South therefore workers normally receive wages that are less than the value of labor power. This is the basis of imperial rent. See Amin, The Law of Value and Historical Materialism, 11, 84. John Smith and Andy Higginbottom have developed a similar approach to superexploitation based on Marx. See John Smith “Imperialism and the Law of Value,” Global Discourse, 2, no. 1 (2011), http://global-discourse.com.

↩ Charles J. Whalen, “Sending Jobs Offshore from the United States,” Intervention: A Journal of Economics 2, no. 2 (2005): 35. Quoted in Smith, The Internationalisation of Globalisation, 94.

↩ William Millberg, “Shifting Sources and Uses of Profits,” Economy and Society 37, no. 3 (August 2008): 439; Judith Banister and George Cook, “China’s Employment and Compensation Costs in Manufacturing Through 2008,” U.S. Bureau of Labor Statistics, Monthly Labor Review (March 2011): 44. It is common for commentators to refer to global supply chains as global value chains, based on the concept of value added. (See, for example, Michael Spence and Sandile Hlatshwayo, The Evolving Structure of the American Economy and the Employment Challenge, Council on Foreign Relations Working Paper, March 2011, http://cfr.org). This leads to the notion that the value added is much higher in high technology production engaged in the North than in the labor-intensive production now increasingly located in the South. However, more value-added in this sense simply means higher relative prices and higher income. It does not tell us where the value is produced but simply who gets it (via monopoly power, imperial rent, etc.). We therefore avoid the value chain terminology in this paper, and we refer, when necessary, to “high-value-capture” rather than “high-value” links in the global supply chain. The “value capture” term and a general critique of value-chain theory are presented in John Smith, Imperialism and the Globalisation of Production, 254–60, and “Imperialism and the Law of Value.”

↩ Yuqing Xing and Neal Detert, How the iPhone Widens the United States Trade Deficit with the People’s Republic of China, ADBI Working Paper, Asian Development Bank Institute (December 2010; paper revised May 2011); David Barboza, “After Spate of Suicides, Technology Firm in China Raises Workers’ Salaries,” New York Times, June 2, 2010, http://nytimes.com; Foster, McChesney, and Jonna, “The Internationalization of Monopoly Capital,” 17. It should be noted that the assembly in China of iPhone parts and components that are produced elsewhere (heavily in other East Asian countries) is actually the dominant pattern of East Asian production. According to the Asian Development Bank, China is “the assembly hub for final products in Asian production networks.” Asian Development Bank, Asian Development Outlook, 2008 (Manila, Philippines), http://adb.org, 22; Martin Hart-Landsberg, “The U.S Economy and China,” Monthly Review 61, no. 9 (February 2010): 18.

↩ Banister and Cook, “China’s Employment and Compensation,” 49.

↩ U.S. Bureau of Labor Statistics, “International Comparisons of Hourly Compensation Costs in Manufacturing,” Table I, last updated March 8, 2011, http://bls.gov.

↩ Vikas Bajaj, “Bangladesh, With Low Pay, Moves In on China,” New York Times, July 16, 2010, http://nytimes.com.

↩ Immelt quoted in Millberg, “Shifting Sources and Uses of Profits,” 433. For a powerful theoretical analysis in Marxian terms of global labor arbitrage see Smith, Imperialism and the Globalisation of Production.

↩ Jannik Lindbaek, “Emerging Economies: How Long Will the Low-Wage Advantage Last?” October 3, 1997, http://actrav.itcilo.org.

↩ W. Arthur Lewis, Selected Economic Writings (New York: New York University Press, 1983), 316–17, 321, 348, 387–90.

↩ “The Next China,” The Economist, July 29, 2010, http://economist.com.

↩ Li, “The Rise of the Working Class and the Future of the Chinese Revolution,” 40–41, and The Rise of China and the Demise of the Capitalist World Economy (New York: Monthly Review Press, 2008), 87–92.

↩ Yang Yao, “No, the Lewisian Turning Point Has Not Yet Arrived,” Economist.com, July 16, 2010, http://economist.com; Stephen Roach, “Chinese Wage Convergence Has a Long Way To Go,” Economist.com, July 18, 2010, http://economist.com.

↩ Theo Sparreboom and Michael P.F. de Gier, “Assessing Vulnerable Employment,” Employment Sector Working Paper, no. 13 (Geneva: ILO, 2008), 7; James Petras and Henry Veltmeyer, Multinationals on Trial (Burlington, Vermont: Ashgate, 2007), 70; Mike Davis, Planet of Slums (London: Verso, 2006), 178.

↩ International Labor Organization, Key Indicators of the Labour Market (Geneva: ILO, 2009), chapter 3-3; Sparreboom and de Gier, “Assessing Vulnerable Employment,” 11.

↩ Michael Yates, “Work is Hell,” May 21, 2009, http://blog.cheapmotelsandahotplate.org.

↩ ILO, Key Indicators, chapter 1-C, and chapter 5.

↩ Samir Amin, “World Poverty, Pauperization and Capital Accumulation,” Monthly Review 55, no. 5 (October 2003): 1–9, and The Law of Worldwide Value, 14, 89, 134; Prabhat Patnaik, “The Myths of Capitalism,” MRzine, July 4, 2011, http://mrzine.monthlyreview.org; United Nations, World Economic and Social Survey (New York: UN, 2004), 3; Yates, “Work is Hell”; Davis, Planet of Slums, 179; United Nations Human Settlements Programme, The Challenge of the Slums (London: Earthscan, 2003), 40, 46.

↩ Prabhat Patnaik, The Value of Money (New York: Columbia University Press, 2009), 212–15; “A Perspective on the Growth Process in India and China,” International Development Economics Associates, The IDEAs as Working Paper Series, Paper no. 05/2009, http://networkideas.org, abstract, 4; Lee Chyen Yee and Clare Jim, “Foxconn to Rely More on Robots; Could Use 1 Million in 3 Years,” Reuters, August 1, 2011, http://reuters.com.

↩ Prabhat Patnaik, “Notes on Contemporary Imperialism,” MRzine, December 20, 2010, http://mrzine.monthlyreview.org; “Capitalism and Imperialism,” MRzine, June 19, 2011, http://mrzine.monthlyreview.org; “Labour Market Flexibility,” MRzine, May 9, 2011, http://mrzine.monthlyreview.org; and “Contemporary Imperialism and the World’s Labour Reserves,” Social Scientist 35, no. 5/6 (May-June 2007): 13.

↩ Prabhat Patnaik, “The Paradox of Capitalism,” MRzine, October 22, 2010, http://mrzine.monthlyreview.org.

↩ For example, Guy Standing, The Precariat: The New Dangerous Class (New York: Bloomsbury Academic, 2011). On the current role of the reserve army of labor at the center of the capitalist system see Fred Magdoff and Harry Magdoff, “Disposable Workers; Today’s Reserve Army of Labor,” Monthly Review 55, no. 11 (April 2004): 18–35.

↩ Ghose, et. al., The Global Employment Challenge, 45–49.

↩ On the interrelation of these two negative elements affecting employment in the advanced capitalist countries see Foster, “The Stagnation of Employment.”

↩ Baran and Sweezy, Monopoly Capital, 107–8.

↩ Michael Spence, The Next Convergence (New York: Farrar, Straus, and Giroux, 2011), 19–23, 48, 53–54, 85–86, 107.

↩ Spence, The Next Convergence, 100–3, 194–98.

↩ Samir Amin, Capitalism in the Age of Globalization (New York: Zed, 1977), 4–5.

↩ Louis Uchitelle, “Is Manufacturing Falling Off the Radar?” New York Times, September 11, 2011, http://nytimes.com.

↩ Walter LaFeber, Michael Jordan and the New Global Capitalism (New York: W.W. Norton, 1999), 106–7, 14–48.

↩ Samir Amin, “The Democratic Fraud and the Universalist Alternative,” Monthly Review 63, no. 5 (October 2011): 44–45, The World We Wish to See (New York: Monthly Review Press, 2008).

Publicado en Monthly Review.
Traducción: Ernesto Alonso López.
Tomado de http://www.criticapolitica.mx/12748
Fuente original: http://monthlyreview.org/2011/11/01/the-global-reserve-army-of-labor-and-the-new-imperialism

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