domingo 25 de octubre, 2020

Renovación o restauración. La inexorabilidad de la primavera.

Publicado el 24/10/11 a las 10:21 pm

Por Constanza Moreira.

¿Existen candidatos «naturales» en política? La respuesta rotunda es: no. Todo candidato fue resultado de una construcción política. Para muchos, existe la ilusión de que el Frente Amplio pueda recrear la escena electoral de 2004. Malas noticias: no podrá hacerlo. Porque el tiempo nunca vuelve atrás. La mejor adaptación política siempre será la de adaptarse al cambio que exigen las circunstancias presentes.

¿Renovación? ¿Cuánta? ¿Cómo? ¿Candidatos «naturales»? Esta discusión apenas empezó a propósito de los últimos sucesos vinculados al ex presidente Tabaré Vázquez. Sostengo y sostendré que la deuda del Frente Amplio con la renovación no es sólo un problema de preferencias: la renovación será inexorable, tarde o temprano. No será sin embargo automática. Así, podemos convertirla en una elaboración colectiva consciente y proyectada, o retardarla, negarla, e incluso frenarla hasta que se vuelva inevitable.

En la mayor parte de las democracias latinoamericanas actuales se produjo una importante renovación de la dirigencia política. Las Bachelet, los Lula, los Evos, las Cristinas, son nombres nuevos en la política de estas latitudes.

El proceso uruguayo no eligió el camino de la innovación institucional en sus últimas décadas, como en otros países donde una menor habituación a las reglas democráticas requirió adaptaciones más o menos radicales cuando ésta se instaló plenamente. El Frente Amplio se adaptó a los formatos institucionales existentes: acumuló en ellos, y ganó sin cambiar las reglas de juego. Más aun, ganó incluso cuando los cambios en las reglas de juego (como la reforma constitucional de 1996) lo desfavorecían. Y cuando ganó, en un proceso que llevó décadas, muchos de los viejos representantes de la izquierda y fundadores del Frente Amplio todavía estaban activos. La dirigencia envejecida de la fuerza política es, al mismo tiempo, la más cabal demostración de la capacidad de resistencia y unidad del Frente Amplio de 1971, y también una expresión de la resistencia a la renovación.

La renovación se evidenció, además, en otras resistencias: en innovar en sus mecanismos de articulación con los movimientos sociales, en intentar cambios progresistas más audaces en el programa, en renovarse organizativamente bajo nuevas reglas, y en general, en crear nuevas formas de vinculación entre el partido y la sociedad.

Después de siete años de ejercicio de gobierno el Frente Amplio debe, sin embargo, encarar la renovación. No como un propósito de la mera voluntad sino como un requisito para su supervivencia y su legitimidad. No tendrá mejor momento para hacerlo. Porque su entrada a las arenas del gobierno nacional y departamental ha ido de la mano con el fogueo de cientos o miles de militantes en la gestión de la cosa pública. Hoy existe mucha más gente formada –conocida o anónima– que la que teníamos en 2004.

LOS ESCENARIOS DE LA RENOVACIÓN. La renovación se está procesando hoy en, al menos, tres escenarios. Por un lado, los cuadros intermedios que están construyendo la política y las políticas del Frente Amplio, en todos los ámbitos, están siendo más jóvenes, y las mujeres están haciendo un aporte esencial; piénsese en la edad de nuestro canciller, o en los presidentes de las principales empresas del país. Existe ya un número importante de cuadros «de recambio» dentro del Frente Amplio, y fueron construidos por la propia dinámica del gobierno. No están en los primeros lugares de la política, no son los «cabeza de lista», y los aparatos partidarios pueden desconocerlos o negarlos, pero son una generación de recambio.

Por otro lado, hay un proceso de renovación en la sociedad, no sólo generacional sino también de ideas, valores, preferencias y sensibilidades. Esto lo demuestran, por ejemplo, las preferencias por «el banderazo» en contraposición a la multitud apática que escucha a un líder (ya no hay actos multitudinarios para escuchar a líderes, pero sí festejos masivos y voluntad gregaria de juntarse), la adhesión de los jóvenes a una causa que, como la de los derechos humanos, remitiría «naturalmente» a las generaciones más afectadas, o los problemas que en la educación revelan la necesidad de un ajuste entre lo que los profesores «ofrecen» y los estudiantes «necesitan». Y no podemos menos que señalar aquí que es necesario no sólo enunciar principios generales, sin pronunciamientos políticos concretos, sino que la renovación ideológica y política exige pronunciamientos firmes y comprometidos con los problemas de la educación, la desigualdad, el rol de las Fuerzas Armadas, o la vigencia de los derechos humanos, por mencionar sólo algunos.

El Frente Amplio fue un partido de jóvenes y creció entre los jóvenes, sin desconocer el aporte de las generaciones fundacionales. Más aun, supo ser la representación más cabal de lo que había de dinámico y vivo en este país: los obreros organizados, los estudiantes, las clases medias críticas del viejo orden, los científicos, los escritores, los movimientos de mujeres. Fue grande no sólo por sus líderes, sino porque estuvo en sintonía y «representó» a las fuerzas sociales que en un momento determinado signaron el rumbo del cambio.

Hoy su favoritismo entre los jóvenes está decayendo y ya no nos beneficiamos como antes del «recambio demográfico» para crecer electoralmente. Pero más importante aun, no hay renovación generacional en las dirigencias del FA, y también nos falta renovación de nuestros discursos y prácticas, y en los propios formatos partidarios, incapaces de brindar espacio a las nuevas generaciones, fuera de la convocatoria a votar o movilizarse una vez cada cinco años.

La tercera fuente de renovación se está produciendo en el resto del elenco político. Pensemos, rápidamente, a quiénes veremos disputando la elección del lado del Partido Nacional y del Partido Colorado, y veremos la demostración más cabal de la renovación que se ha producido entre ellos.

LOS CANDIDATOS NATURALES. ¿Existen candidatos «naturales» en política? La respuesta rotunda es: no. Todo candidato fue resultado de una construcción política. Lo fue Tabaré Vázquez cuando comenzó y lo fue Mariano Arana cuando lo sucedió en la Intendencia de Montevideo. Todos fueron «construcciones» políticas: algunos eran más conocidos, otros menos, pero ninguno fue «natural». Tampoco Seregni fue un candidato «natural» de la izquierda, para empezar porque no venía del corazón de la izquierda.

Esto no quiere decir, claro está, que no haya unos candidatos mejores que otros. Para empezar, algunos son más conocidos que otros, y esto es parte de lo que se identifica con la «naturalidad» de su candidatura: cuanto más tiempo hayan estado en política y cuanto más alta sea su jerarquía, más conocidos son (en especial, si son ex presidentes). Pero si nos guiáramos por este principio, entonces siempre estarían los mismos en política. Es la política de «los mismos de siempre» y su resultante final el cansancio del electorado, la de­silusión de la política, el desapego, que produce una clase política experta pero envejecida y conservadora, algo que, para una izquierda innovadora y promotora de los cambios, termina por serle, a la postre, letal.

Para seguir pensemos en las mujeres: nunca, jamás, serían los candidatos «naturales». Porque la política es «naturalmente» masculina. Si hay mujeres en política es porque hay una construcción de la política que la «desnaturaliza» y permite entonces el ascenso de estas «intrusas». Vaya si han sido construcciones políticas las de Dilma, Cristina, Bachelet (por no mencionar a la del propio Kirchner, cuyo estrellato en la escena nacional desde su relativo anonimato sureño fue casi imprevisible).

La idea de los candidatos «naturales» es una idea profundamente conservadora. Y es contraria a la creencia en la capacidad transformadora de la política, y por supuesto, a la llegada de los «intrusos» a ese ámbito (los jóvenes, las mujeres, los sindicalistas, los negros, los indígenas, entre otros).

¿CANDIDATOS DE LABORATORIO? Se me ha acusado de «intelectualista» en mi visión de la política, o de querer fabricar «candidatos» en laboratorios. Bueno, la creencia de que «construir» como candidatos a Dilma Rousseff, a Kirchner o a Cristina es sacarlos de la nada resulta absolutamente errónea. Ya estaban en política desde hacía décadas, pero no eran conocidos por la mayoría de las personas. Dilma tenía una destacadísima actuación y fue catapultada en los últimos años del gobierno de Lula, pero sin una campaña promovida y una estrategia definida no hubiera llegado a tener las preferencias de la mayoría de los brasileños.

Conociendo algo de opinión pública y la manera en que se gestiona el marketing político en este país, sólo podría decir y reafirmar que se debe «improvisar» lo menos posible. Es decir, que no pueden decidirse candidatos tres meses antes de la elección. Que hay que foguearlos con tiempo: hacerlos conocer en la escena nacional, darles lugar en los medios, crear con ellos una comunicación política removedora, motivadora, entusiasmante.

De hecho, el Frente Amplio ha incurrido en este error muchas veces producto de su propia creencia en que lo importante era el voto al propio Frente Amplio. Las encuestas han señalado que los votantes del FA votan «al FA», y en mucho menor medida votan «candidatos» (de hecho, en nuestro país, el «voto al candidato» está, en el orden de menciones de las encuestas, relegado al tercer lugar, luego del «voto al programa» –para el fa– y el «voto al partido»). Los partidos tradicionales, sin duda, se han tomado más en serio este aspecto: ponen más plata, desarrollan campañas más profesionales, trabajan más los medios. La tradición del Frente Amplio ha tendido a minimizar estos aspectos, pero no le ha ido mal. Así se construyó, por ejemplo, la propia candidatura de Vázquez a la Intendencia de Montevideo. Entonces, ¿desde cuándo se ha instalado con tanta fuerza en el Frente Amplio el tema de los candidatos, de su indispensabilidad, de su liderazgo incontestado? Es una idea nueva, y sin duda, ajena a las tradiciones colectivistas y republicanas de la izquierda.

LA RENOVACIÓN «DESDE ARRIBA», «DESDE ABAJO» Y «DESDE AFUERA». La renovación «desde arriba» (es decir, desde las candidaturas) puede ser complementaria y ayudar a la renovación «desde abajo», pero la principal es esta última. Y si el FA «por dentro» no cambia, o no puede cambiar, fruto de dinámicas que, al consolidar un estado de cosas, lo han vuelto enormemente refractario al cambio, permitamos que cambie por el impacto de «afuera». ¿Quiénes son los «de afuera» del FA? Los sindicalistas, los intelectuales, los jóvenes, los dirigentes barriales, las feministas, los militantes de los movimientos de derechos humanos, los cooperativistas, en fin, los dirigentes de miles de iniciativas que se están cumpliendo en el país todos los días: muchos de ellos jóvenes y de izquierda.

El Frente Amplio precisa de toda esa energía nueva, no puede darse el lujo de decir (como lo ha hecho hasta ahora) que los de afuera son de palo. ¡Cuántos dirigentes y cuadros han emigrado desde el partido político para la militancia social en muy diversas formas! Hemos perdido cuadros, hemos perdido gente, y claro, también hemos perdido electores, pero las primeras pérdidas son las que condicionan las segundas, y no al revés. Antes de desilusionar electores, primero nos desilusionamos a nosotros mismos. ¿Es reversible este proceso? Sí. En Uruguay todavía sí. Pero la nostalgia restauradora y el puro cálculo de la rentabilidad electoral ayudan poco en ese sentido.

La solución conservadora al miedo de perder las próximas elecciones se expresa en una suerte de operación restauradora. Y ante esto sí tenemos que tomar prevenciones: las restauraciones son poderosas luego de que se experimenta la confusión y el desasosiego de los cambios.

La restauración en nuestro caso es la ilusión de creer que podemos volver a las épocas en que el Frente Amplio estaba más unido, no existían «disidencias» notorias, la comunicación gubernamental era mucho más cuidadosa (aunque a veces a fuerza de silencio), y todos los grupos sobrevivían a la sombra de los liderazgos indiscutibles. Para muchos, existe la ilusión de que el Frente Amplio pueda recrear la escena electoral de 2004. Malas noticias: no podrá hacerlo. Porque el tiempo nunca vuelve atrás. La mejor adaptación política siempre será la de adaptarse al cambio que exigen las circunstancias presentes. Y la creencia en la indispensabilidad del líder, el «dramatismo» de un escenario en el que el «líder natural» no esté, no sólo minan la debilitada autoestima del Frente Amplio, sino que castigan cualquier voz o postura «alternativa».

LAS CLAVES DEL ÉXITO DE LA ELECCIÓN DE 2014. La elección de 2014 estará definida por tres elementos. Una parte determinante será la suerte del gobierno en los próximos años. Si el de­sempeño del gobierno es bien evaluado, entonces las chances de ganar aumentan. No sólo hay que tener un buen desempeño económico (Lacalle lo tuvo y perdió la elección) sino también social (debe haber una mejoría notoria de la situación de vida de esos 600 mil uruguayos pobres, los salarios deben ser suficientes para llevar una vida digna, y la educación y la salud deben ser satisfactorias para la inmensa mayoría de los uruguayos, por ejemplo), y finalmente político. Si al gobierno le va bien económicamente, las condiciones de vida de la gente mejoran (y la gente siente que es por la acción política) y el gobierno logra desarrollar un cierto «afecto» entre la gente; ya hay entonces una buena parte del camino andado. Luego, hay que tener buenos candidatos. Si los candidatos son nuevos, lo único que asegura que funcionen, además del mínimo de destrezas intelectuales y morales que la mayoría tienen, es que el FA los respalde. La gran diferencia que tiene Tabaré Vázquez con el resto de los candidatos que existen, es que es al único que todo el Frente respalda. Esto es infinitamente más importante que su respaldo en las encuestas de opinión. Pero esto, que debería mostrarle al Frente Amplio su fortaleza (su respaldo es la virtud más importante que tiene cualquier candidato) es paradójicamente la fuente de toda su debilidad: la creencia en la indispensabilidad del líder. Si el FA se unifica detrás de una fórmula, triunfará en la elección.

Por cierto que en política importan los otros, y çesta es la tercera parte de la ecuación. Habrá al menos dos candidatos relevantes más. El escenario de 2014 está determinado por éstos: y podemos desde ahora ya ir viendo cómo se va a desarrollar (podemos anticipar los gestos, los temas que estarán en el centro y las capacidades de seducción ajenas).

MATEN AL MENSAJERO. No se me oculta que cualquier discurso, práctica o convocatoria a la renovación partidaria hará, de aquel que la formula, el candidato «natural» a un escarnio, especialmente por aquellos que se oponen a la idea. Pero el mensajero de una idea no es más que el portavoz de una posición. Descalificarlo por su búsqueda de prestigio o posiciones (aquellos que lo beneficiarían, supuestamente, en caso de producirse la tal renovación) es una mala táctica: porque así se matan las ideas. Otra forma es tratando de encasillar la demanda por renovación en la lucha por candidaturas aunque muchas veces quienes esgrimen este argumento sean los principales responsables de la temprana instalación de estas candidaturas. Otra es hablar mucho de renovación… mucho tiempo después.

La renovación será inexorable: de un modo u otro se producirá. Tan inexorable como el advenimiento de la primavera. Su postergación, amparada en atajos, cálculos de conveniencia política o simplemente en la resignación, no impedirá que al final se produzca. Es sólo una cuestión de tiempo.

Publicado en BRECHA, el 21 de Octubre de 2011, http://www.brecha.com.uy/politica/item/9321-la-inexorabilidad-de-la-primavera

Un Comentario para “Renovación o restauración. La inexorabilidad de la primavera.”

  1. Rosa Vidarte

    Nov 1st, 2011

    Concuerdo totalmente con constanza. La dificultad consiste en los intereses de los sectores para aceptar empezar a promover a determinados compañeros, porque, está claro que un candidato, no se instala en la opinión de los frentamplistas de la noche a la mañana. Y concuerdo en que la fórmula que se presente deberá tener detrás de sí a todo el Frente. ¿ Se logrará por encima del sector a que pertenezcan sus integrantes? Sé que los compañeros pondrán el grito en el cielo, pero hace tiempo que estoy pensando en Olesker y en Lorenzo, cuyos discursos, si bien me crean alguna discrepancias, también me las crean los del Pepe y los de Tabaré. Estos compañeros han demostrado además gran capacidad ejecutiva, lo que es más infrecuente de lo deseado. También cuenta con mi aprobación Almagro, pero creo debería permanecer en su cargo el mayor tiempo posible.

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