lunes 19 de octubre, 2020

El propósito de alterar el statu quo

Publicado el 12/04/11 a las 2:47 am

Por Constanza Moreira.

El martes, y a pedido del senador Lacalle, tuvo lugar en el Parlamento una discusión a propósito del “Informe y memoria de la gestión del gobierno nacional correspondiente al primer período ordinario de la cuadragésimo séptima legislatura”, remitido a la Asamblea General. Con especial énfasis, se hizo referencia a algunas frases del informe, que supuestamente representan el pensamiento de Mujica. Una, que fue repetida por casi toda la oposición, es que “gobernar es mucho más difícil de lo que se pensaba”, seguida de “los recursos fiscales son finitos y las demandas sociales infinitas, la burocracia parece tener vida propia, y las reglas de la macroeconomía son ingratas pero obligatorias”.

Quienes tomaron en cuenta estas frases declararon celebrar el hecho de que ahora que la izquierda está en el gobierno se da cuenta de las enormes limitaciones que entraña el arte de gobernar (limitaciones que antes parecía no ver, en su interminable e irresponsable demanda desde el llano, demanda en la cual se aliaba con todos los corporativismos existentes). Olvidaron que el señalamiento de las rigideces externas de un sistema institucional con vida propia (el Estado), la difícil modificación del presupuesto (el llamado “espacio fiscal” disponible, esto es, lo que, cumpliendo con todos los compromisos acordados, queda disponible para las nuevas políticas, y que significa menos del 3 por ciento del presupuesto), o la existencia de un contexto global al que el país es especialmente vulnerable (incluyendo las políticas económicas de los vecinos o los precios internacionales de nuestros productos de exportación), se hace en el marco de la ratificación de una voluntad para cambiar. Si se señalan las rigideces es porque querríamos tener mayor flexibilidad para poder cambiar. Si se señala que las demandas son infinitas es porque la insatisfacción de las mayorías respecto a sus condiciones de vida es muy evidente. Si se señala que la burocracia tiene vida propia es porque efectivamente ésta tiende a generar sus propios intereses como estructura, independizándose de los servicios que debe prestar a la comunidad y que son su última justificación (y por ello importa la política y las mejores prácticas del sindicalismo público, ese que entre otras cosas ha defendido que las empresas públicas permanezcan en manos del Estado). Si se señala que los recursos fiscales son finitos es porque nos gustaría que fueran mayores (y no menores, como señalaron las posturas de quienes abogan por un gasto público reducido). Es el propósito de alterar el statu quo el que pone de manifiesto las limitaciones que tenemos para hacerlo en el marco de la continuidad institucional del país.

Pero la lectura es otra, inevitablemente otra: la de una izquierda rendida a una suerte de hegemonía del “pensamiento único” en materia macroeconómica, de la cual los principales exponentes serían los partidarios de la ortodoxia manejada por los gobiernos blanco y colorados anteriores. Es por ello que no faltaron referencias más o menos socarronas, o falsamente preocupadas (a veces los dirigentes de las cámaras empresariales se hacen eco de ello), a una interna frenteamplista en la cual algunos osados –o irresponsables– se habrían arrogado la libertad de discutir temas de política tributaria, introduciendo incertidumbres innecesarias. Y es que el espacio entre la ingratitud “sistémica” de la política macroeconómica, y lo que se puede hacer, manteniendo el equilibrio y la confianza, es un poco más ancho de lo que se cree. Y entonces, la oposición pretende desoír el esfuerzo que varios de los grupos más importantes del fa han hecho (incluyendo al Espacio 609, el Partido Socialista, el Partido Comunista, la Vertiente Artiguista, entre otros), y el propio PIT-CNT, en dirección de profundizar los cambios tributarios que corrijan lo que hay que corregir, orientados todos en la misma dirección: mejorar la distribución, ya no del gasto sino de las cargas impositivas. Entre capital y trabajo, entre trabajadores ricos y pobres, entre empresarios chicos y grandes, entre empresarios que están haciendo ganancias extraordinarias y los que sólo alcanzan el punto de equilibrio, entre consumidores adinerados y consumidores pobres.

También quedó claro qué era lo que la oposición señalaba como puntos positivos: haber destrabado el conflicto de los puentes con Argentina, y haber integrado a la oposición a los entes y organismos del Estado. No se mencionaron, sin embargo, los logros sociales en materia de empleo y salarios. Olvidaron que para la evaluación recientemente realizada por la consultora Cifra, la creación de nuevas fuentes de trabajo aparece como el área en la que mayor cantidad de entrevistados considera que el gobierno se viene desempeñando mejor. Pero sería difícil admitir cualquier logro en el ámbito del mercado de trabajo, especialmente cuando en éste se ha registrado un aumento en el poder de negociación de los trabajadores, y cuando las cámaras empresariales denuncian ante la Organización Internacional del Trabajo las nuevas reglas que rigen en el mercado laboral (como las ocupaciones).

Tampoco se resaltaron los logros obtenidos en materia de reducción de la pobreza y la indigencia (los hogares pobres han descendido al 12,6 por ciento y para encontrar guarismos similares hay que remontarse a mediados de la década del 90), o la inédita reducción de la mortalidad infantil. Tampoco fueron mencionados aquellos logros que la opinión pública identifica como los principales del gobierno, según la misma encuesta de Cifra: las políticas para paliar la pobreza y la construcción de viviendas para sectores desfavorecidos.

Todos estos logros, los visibles y los menos visibles, tienen que ver con este aumento del gasto público al que la oposición criticó en la Asamblea General una y otra vez, desnudando una filosofía que difícilmente aparezca en una campaña electoral. Porque la filosofía que aboga por la reducción del gasto público es algo distinto a una filosofía “prudencial” que aconseja no gastar más de lo que se tiene. De hecho, la presión fiscal del gobierno disminuyó aun con aumento del gasto público: en parte porque mejoró la actividad económica, pero también porque aumentó la recaudación y se mejoró la política tributaria. Así que, sin poder atacar a la izquierda en el flanco débil de siempre (su irresponsabilidad fiscal, o el antes llamado “populismo económico”), esta postura queda al desnudo como lo que es: una filosofía antipática al Estado. Es tan contraria a la injerencia del Estado en el campo económico (equilibrando la iniciativa privada con el interés nacional, y la rentabilidad de los empresarios con el bienestar de los trabajadores), como en el campo político y social, cuando el Estado asegura que los derechos consagrados en el papel (comida, techo, ingresos y todo lo necesario no sólo para vivir sino para vivir dignamente) puedan ser disfrutados por las personas, elaborando las políticas y programas necesarios para ello.

Publicado el Viernes 08 de Abril de 2011.
http://www.brecha.com.uy/inicio/item/8276-el-proposito-de-alterar-el-statu-quo

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