jueves 29 de octubre, 2020

Crecen los precios internacionales y se agrede la calidad de vida de los trabajadores y los pueblos

Publicado el 27/02/11 a las 8:42 pm

Por Julio C. Gambina.

Continúa la movilización popular en el norte de África y eso genera novedades económicas y políticas a escala global y por lo tanto, inciden en la Argentina.

Entre las novedades económicas se destaca el alza de las materias primas, especialmente de los alimentos y del petróleo, acompañado en la coyuntura de una menor producción petrolera en Libia. Es una situación que se agrava con la advertencia del gobierno libio de cortar el suministro petrolero a Europa. Esta subida de precios incide en la inflación mundial y resulta con un incremento de la pobreza. Entre diciembre y enero se agiganta la magnitud de la pobreza con nuevos 44 millones de personas en todo el mundo, según el Banco Mundial. Los precios internacionales en alza presionan sobre la evolución inflacionaria en Argentina.

En el plano de las novedades políticas, la respuesta de los referentes de los principales países capitalistas a la situación de conflicto en los países árabes, especialmente en Libia, ha sido la amenaza de la intervención militar, que involucra a la OTAN. La militarización de la economía y la sociedad es creciente en el último tiempo, principalmente luego del 11S. Sin duda contribuye al incremento de los gastos públicos en seguridad y defensa deteriorando otras asignaciones, en primer lugar, del gasto público social. Más importante aún es la modificación de la estructura del poder mundial en asuntos tan sensibles como la administración de los recursos económicos estratégicos.

Como siempre, no puede escindirse la política de la economía o viceversa. El manejo de la alimentación, o la energía, especialmente del petróleo, es asunto estratégico para EEUU, Europa o Japón. Por eso se reitera la amenaza de la militarización ante la rebelión popular que se opera en el norte de África. El poder global y sus manifestaciones nacionales reprime los levantamientos para continuar con la dominación económica, política y cultural. Lo que hoy se manifiesta en el continente pobre es otra de las caras de la crisis de la economía mundial, de un capitalismo que en aras de sostenerse agrede de múltiples formas a los trabajadores y sectores sociales de menores ingresos.

La ofensiva del capital continúa

Es un dato que la crisis mundial continúa, ahora con nuevos actores del sur del mundo, sea África, China o Latinoamérica.

El epicentro de la crisis mundial continúa como dificultades económicas en el CENTRO desarrollado. El problema principal es EEUU, territorio en que también se sienten las manifestaciones de la agresión a los trabajadores y sectores empobrecidos. Poca atención se ha brindado en estas horas a las movilizaciones de los empleados públicos de varios estados del medio oeste estadounidense, especialmente en la ciudad de Madison, Wisconsin. Allí, unos 100.000 trabajadores manifestaron y ocuparon la sede de gobierno, con pancartas solidarias con las luchas en el norte de África, con las que se identificaron desde sus reivindicaciones, en lo que Noam Chomsky definió como “levantamientos democráticos”.

La demostración popular contó con la solidaridad universitaria y fue duramente reprimida. El motivo del levantamiento fue en respuesta a la iniciativa del gobernador republicano, con apoyo demócrata por eliminar las negociaciones colectivas de trabajo vigentes desde 1959. Ante la crisis, el estado provincial arremete contra el gasto salarial, en un país que ostenta el mayor déficit fiscal del mundo, superior a los 1,6 billones de dólares. En EEUU viene creciendo aceleradamente el déficit fiscal, principalmente sostenido en el gasto militar y de defensa, castigando el gasto social. Si en los 80´ la agresión reaganiana se concentró en el sector privado del sindicalismo, en la actualidad se opera una ofensiva sobre los estatales. La ofensiva del capital contra los trabajadores se operó primero en el sector privado, siendo emblemático el ataque a los “controladores aéreos” a comienzo del gobierno Reagan. Ahora es el turno de los estatales.

Existe conexión entre las demandas del Norte de África y las ocurridas en Wisconsin y su extensión a territorios cercanos, en Ohio, Illinois, o en Pensilvania, las que están asociadas a la agresión sobre las condiciones de vida de la población trabajadora, la de menores ingresos en un tiempo donde se agiganta la brecha entre ingresos de unos pocos y la mayoría de la población. La desigualdad creciente es señal de que en el norte también existe el sur. El fenómeno de la desigualdad es una tendencia global, verificada en esos territorios en conflicto y que también se presenta en nuestro país bajo la forma de demandas por ajustes salariales.

Es curioso como el eje del conflicto en EEUU son las negociaciones colectivas, ámbito que posibilita la discusión de las condiciones y medio ambiente de trabajo, un tema que está instalado en el presente y futuro cercano de la política económica en la Argentina. La principal preocupación local pasa por el monto de recuperación del salario, pero no solo, ya que un conjunto de temas asociados a la calidad de vida de los trabajadores están vinculados a sus condiciones de trabajo y de vida, entre ellos la salud y el riesgo laboral.

Resulta un dato estructural en la Argentina el deterioro sufrido por los trabajadores a costa de ganancias empresarias que se engordaron en un proceso de concentración y centralización de capitales, principalmente extranjeros que contribuyen a mantener una lógica de remisión de utilidades al exterior contribuyendo a deteriorar cualquier expectativa de mejoras fronteras adentro. No hablamos solo de la coyuntura del 2011, sino de una situación que se arrastra por décadas y ha debilitado la capacidad negociadora de los trabajadores.

Si en EEUU la sindicalización alcanza al 7% de su fuerza laboral, en Argentina apenas supera el 20%. Además, si desde Reagan en los años 80 se afectó al sector privado y ahora los estatales, en nuestro país también cambió el panorama, pues ya no pesan tanto los gremios industriales, sino los estatales y de servicios. Tiene que ver con fenómenos locales pero también globales. La importancia actual de las comodities, del aumento de las materias primas agrícolas, la revolución agrícola expresada en las cosechas récord revalorizan a las organizaciones de trabajadores vinculados a esos sectores, desde trabajadores agrícolas a camioneros.

El dato es el deterioro de la capacidad negociadora de los trabajadores, especialmente por la baja sindicalización existente, lo que lleva a nuevas formas de organización más allá del sindicato tradicional, siendo un elemento la articulación de las demandas de los trabajadores con otros sectores de la sociedad. En EEUU fue la universidad y su comunidad estudiantil y profesoral la que produjo la solidaria manifestación con los trabajadores en Wisconsin. En el norte de África, donde también existe movilización sindical, contrario a la imagen de una revolución desde los mensajes de textos, los mail o las redes sociales vía internet, allí son los trabajadores y los pueblos los que demandan.

¿Y entre nosotros que ocurre? Es un tema a pensar, especialmente cuando se anuncia una cosecha récord de 100 millones de toneladas, un plan de fortalecimiento industrial, en un marco de crecimiento económico a contramarcha de tendencias modestas de evolución de la economía mundial. Eso exige volver a preguntarnos por el modelo productivo en Argentina, donde el ejemplo es la expansión de la frontera sojera y el aumento de la producción de automotores. Debemos interrogarnos sobre el crecimiento en sí, sobre sus beneficiarios y la calidad de vida de la mayoría de la población. Es algo que ocurre en el Norte de África, en EEUU y crecientemente en todo el mundo, incluido entre nosotros.

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