miércoles 28 de octubre, 2020

LA DISTRIBUCION DEL INGRESO

Publicado el 14/12/10 a las 9:22 pm

Por Alberto Couriel.

La distribución del ingreso es uno de los temas centrales de la identidad de la izquierda, que siempre está a la búsqueda de elementos de igualdad. En las sociedades capitalistas existen diversas clases sociales, con intereses diversos, con distintos poderes de negociación y con diferentes relaciones de fuerza. El libre juego del mercado marca nítidas diferencias entre los sectores sociales de mayor poder, que son los que predominan, y los sectores sociales más subordinados. El mercado maximiza las diferencias, por lo que la intervención del Estado es vital para mejorar el equilibrio entre los distintos sectores sociales y, por dicha vía, mejorar la distribución del ingreso. En el mundo actual, los países del norte europeo son los que han alcanzado los mejores índices de igualdad. La región latinoamericana es la que presenta los peores índices de igualdad, en algunos casos por razones étnicas, en otros por las diferencias entre los distintos sectores sociales, donde el caso de Brasil es el más significativo.

El Uruguay, históricamente, es de los países de la región con mejor distribución del ingreso, compartiendo en muchos períodos esta situación privilegiada junto a Costa Rica y a Argentina. Pero en la actualidad tiene más desigualdad que el país más desigual en el mundo desarrollado. En el siglo XX, especialmente en la etapa de crecimiento hacia afuera, los factores más influyentes para esa mayor igualdad surgían de la existencia de rubros de exportación que cubrían todo el territorio nacional, que también eran de consumo interno, lo que facilitaba un mayor grado de integración productiva, y no existían «enclaves» como en otros países de la región. A ello debe agregarse la existencia de propietarios nacionales en la cadena de producción exportadora, que permitía que una parte del excedente económico generado quedara en el país y se pudiera utilizar internamente. Estos eran elementos estructurales a los que debía agregarse una alta proporción de población inmigrante con cierto grado de calificación, que se integraron positivamente al país.

Pero, probablemente, el elemento central que diferenció al Uruguay del resto de los países de la región fue la instauración del Estado de Bienestar desde las primeras décadas del siglo pasado, con elementos de protección social, de seguridad social, de educación gratuita y de diversos mecanismos de salud y vivienda, que permitieron la incorporación de grandes masas de población a estos beneficios. El Estado de Bienestar en el Uruguay es anterior al que rige en los países nórdicos europeos. En la primera mitad del siglo pasado funcionaba una especie de Estado árbitro, que facilitaba cierto grado de equilibrio entre los distintos sectores sociales. Entre éstos, había una especie de pacto social implícito, que se quiebra en la década del 60. Era una sociedad bastante integrada. Todos estos factores son explicativos de que el Uruguay fuera el país de mejor distribución del ingreso en la región, y muchos de estos factores siguen aún prevaleciendo.

Hoy tenemos una sociedad fragmentada de donde surgen dos elementos centrales para atender la distribución del ingreso: enfrentar la heterogeneidad estructural e incorporar las más altas proporciones posibles de población a la educación superior. La heterogeneidad estructural significa la convivencia de sectores y actividades de bienes y servicios de muy alto nivel de productividad con los de muy bajo nivel de productividad, lo que genera grandes diferencias salariales. Avanzar hacia una mayor homogeneidad productiva significa apoyar a las pequeñas empresas, a los informales, a mejorar sus niveles de productividad e incorporarse a las cadenas productivas de sectores formales. Esta articulación productiva requiere apoyos estatales y es difícil que pueda concretarse en el corto plazo. Es parte de una estrategia de desarrollo. Estudios de diversos países muestran una correlación directa entre la mejora de la distribución del ingreso y las mayores proporciones de la población con educación superior. Empleo y educación son factores centrales para mejorar la distribución del ingreso. Sin mejoras del empleo es muy difícil resolver el tema de la educación, que a su vez es determinante sobre la calificación de la oferta de fuerza de trabajo. La mejora del salario real es otro factor central para atender las desigualdades sociales. En las dos puntas hay que atender el tema de la pobreza y enfrentar la concentración de la propiedad, y buscar mecanismos para que los sectores de mayores ingresos puedan contribuir a mejorar la distribución del ingreso. Enfrentar la pobreza requiere de una estrategia global económica, social e institucional. Económica, para avanzar hacia la homogeneidad productiva y políticas activas de empleo para enfrentar la desocupación abierta, el subempleo, la precariedad y la informalidad. Social, para atender conjuntamente los problemas de alimentación, educación, salud, vivienda y ordenamiento territorial. Para ello, el gasto público social es muy relevante.

En el Presupuesto, que se está aprobando en estos días en el Parlamento, el gasto público para el quinquenio va a crecer menos que el PBI, lo que no significa una buena señal para la distribución del ingreso. El tema de la concentración de la propiedad y presencia de monopolios privados es de los más difíciles de encarar. Iniciar acciones por la vía tributaria significa modificar la dualidad del IRPF para que las rentas de capital paguen como las rentas del trabajo, rebajar las exorbitantes exoneraciones fiscales y cobrar algún impuesto a las cadenas de productos exportados, que en la actualidad reciben muy elevados beneficios por los altos precios internacionales de nuestros productos de exportación. Reimplantar detracciones tiene las dificultades políticas del pésimo manejo político del gobierno argentino sobre este tema.

Pero hay también problemas institucionales por el enorme poder del Ministerio de Economía y Finanzas, que tiene una situación hegemónica con respecto al resto de los Ministerios y un fuerte predominio sobre la bancada parlamentaria del gobierno. Por ejemplo, en materia presupuestal los legisladores han perdido autonomía y se vuelve muy difícil aprobar algún artículo sin el consentimiento del MEF. Ello marca el poder del MEF y la debilidad técnica y política de los parlamentarios del FA. El MEF, al igual que otros Ministerios de la región, prioriza los factores financieros. Importa atender la mejor imagen posible con el mercado financiero internacional y con los organismos financieros internacionales, para lo que asegura el pago de los servicios de la deuda, el equilibrio fiscal, los incentivos a la inversión extranjera directa y la contención de la inflación, con política monetaria restrictiva y atraso cambiario, aunque utilicen algunos instrumentos heterodoxos.

No criticamos los objetivos sino las formas de utilización de los distintos medios. Estas medidas ortodoxas sufren fuertes críticas en el plano internacional por su responsabilidad en las actuales crisis en el mundo desarrollado. No afectan el crecimiento del Uruguay por los muy elevados precios internacionales de nuestros productos de exportación. Pero sí pueden afectar la distribución del ingreso, por lo que son indispensables cambios institucionales que permitan un mayor equilibrio de fuerzas dentro del Ejecutivo. Ello significa otorgar mayores poderes a los Ministerios que atienden lo productivo y a los que se dedican a lo social. Estamos reiterando una idea expresada en nuestro libro «La izquierda y el Uruguay del futuro» publicado en 2004.

http://www.larepublica.com.uy/contratapa/433514-la-distribucion-del-ingreso

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