martes 27 de octubre, 2020

Abandonar esta Francia.

Publicado el 10/10/10 a las 10:22 pm


Por François de Bernard.

Francia nunca fue tan pequeña desde julio de 1940. Jamás tan inquietante, detestable. Quizás, jamás tan ficticia, menos amable, seductora, reconfortante… Y, sin embargo, ¡qué arrogancia intacta, qué capacidad de denegación, que obstinación en la mala acción! La Francia oficial que desfila, ocupa el espacio audiovisual, desinforma a todo viento, multiplica las iniciativas grotescas e imagina, de esta forma, poder continuar sin desviarse de esta trayectoria; la Francia que saca pecho bajo el diluvio, segura de su impunidad, de su durabilidad y del apoyo de sus cómplices. Incluso sus antiguas colonias estaban allí, el 14 de julio, para dar el cambio, aportar su caución al poder “metropolitano” vacilante y hacer olvidar sus desastres interiores.

Todos, desfilaron y se congratularon, convencidos de la validez el adagio keynesiano, recordándoles a los actores políticos que “A largo plazo, estamos todos muertos” y confirmándoles que sólo importa verdaderamente aprovechar el tiempo presente, las pizcas de satisfacción, las posición y las ventajas que procura. En cuanto a los “ministerios” que permitan la profecía de ejecutarse en el terreno, no falta que se activen en este país que fue, en un pasado revolucionado, la “madre de las artes, de las armas y de las leyes”. Ministerio de la proliferación de los asuntos interiores, Ministerio de relaciones internacionales serruchadas metódicamente, Ministerio de la policía cultural, Ministerio de la salud obligatoria y vacunada, Ministerio de los ghettos, de los asentamientos y las ciudades periferia. Ministerio de fútbol elíseo, Ministerio de la identidad perdida, Ministerio de control del humor, Ministerio de la justicia fiscal selectiva, Ministerio de las jubilaciones amputadas, Ministerios de las libertades abolidas, Ministerio de las desigualdades incrementadas, Ministerio de la fraternidad manchada y finalmente: ¡Ministerio de la expulsión de los gitanos! Estos ministerios no son especies en vías de desaparición, como la dignidad, la elegancia, la honestidad… Al contrario, se multiplican para servir con devoción el interés menos general y público. Hablar de cortadura o de esquizofrenia entre gobernantes y gobernados trata del debate de retaguardia: ¡porque no estamos más allí! Y si estamos aún en alguna parte, es más bien en el corazón de la Bastilla incendiada, en la antecámara de FouquierTinville, es decir al pie de la máquina del Sr. Guillotin. Ya que “los franceses”, de los cuales se abusa de la pasividad supuesta, quizás no están listos para dejar destruir, sin parpadear, todo por lo que sus padres y sus antepasados pelearon con gusto. En verdad, Francia no está siquiera a la altura de Corea del Norte, se constató sobre el rectángulo verde (Francia y Corea del Norte: los dos únicos países donde “el fútbol” es piloteado por el déspota). En cuanto a su ejército, obviamente no tendría peso, si debiera confrontarse a los rayos de guerra de Pyongyang No se conformó con su estatus de “potencia de segundo orden”, como les gusta creer a los optimistas. Lejos de eso, se transformó en la burla de la opinión internacional, el símbolo de la arrogancia vacía de contenido, objeto de vergüenza y de consternación para los que amaban a este país. ¿Por qué? Por que en esta “la Francia” todo aparece, en lo sucesivo, facticio; desde la política general a la política ambiental, de la política económica a la política cultural, de la política social a la diplomacia, todo parece regido por la facilidad, la cobardía, la pereza, todo puede ser llevado a la ilusión grosera de un poder sin grandeza ni prudencia (la phronesis de Aristóteles).

De todos los puntos de vista, el trato reservado, desde hace varias semanas, a los “Roms de Francia” (N. de la T.:con la palabra Roms se denomina, muchas veces en forma despectiva, a los gitanos.) aparece como clímax del deslizamiento progresivo hacia el desastre, que se aceleró súbitamente en 2007. La prueba de que la máquina demagógica oligárquica se volvió incontrolable y que puede reproducir nuevamente y sin vergüenza los horrores de un pasado supuesto revolucionado, pero, de hecho, solamente recubierto de una fina capa de opacante. Los “Roms” son, a pesar de ellos, el síntoma del malestar francés en general y el de un poder que la experiencia de la incompetencia, de su superación y de sus fracasos lo volvieron enajenado e incluso completamente loco. ¿Qué hacer entonces, cuando un déspota minúsculo tiene la afrenta de declarar: “Francia, se la quiere o se la abandona”? Y bien, naturalmente: amarla y abandonarla, ¡abandonarla porque se la ama, y porque es sólo después del exilio que es posible imaginar, quizás un día, “reencontrarla”! Prepararse para un exilio provisorio o muy largo, y comprometerse como Marot, Voltaire, Hugo, Bernanos y tantos otros, pidiendo asilo a lo que queda de “democracias” en un mundo que se esfuerza por eliminarlas metódicamente: a Suiza, a Alemania, a Luxemburgo, en Uruguay o en Brasil!

TRADUCCION: VIRGINIA FELDMAN
Tomado de Voces, Nro. 273. 6/10/10.
www.vocesfa.com.uy

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