domingo 25 de octubre, 2020

Ciclo cerrado: EL FRENTE HACIA UNA REESTRUCTURA

Publicado el 28/03/10 a las 10:25 pm

Por VÍCTOR H. ABELANDO

Luego de la victoria en noviembre pasado, el Frente Amplio ha desnudado la tensión existente entre su estructura orgánica y sus adherentes. Todos los sectores se preparan para iniciar después de mayo la discusión sobre la reestructura del andamiaje organizativo. Nadie discute la identidad de movimiento y coalición, pero se entiende que los adherentes ya no se expresan en los comités. Incluso existe la propuesta de ajustar cuentas con las actuales estructuras de base, incorporando a los congresos igual cantidad de delegados partidarios, tal como ocurre en las instancias de dirección.

ALGUNOS EPISODIOS REGISTRADOS en las últimas elecciones nacionales, y la forma en que se eligió la candidata a la Intendencia de Montevideo, han encendido una luz amarilla (que para algunos ya es roja) sobre la orgánica del FA. Sin embargo, todos son contestes en que aún no es tiempo de comenzar un análisis de lo actuado, al menos hasta después de las municipales de mayo.
A la necesidad de cambios en la estructura frenteamplista pueden llegar todos, aunque las críticas parten de lecturas diferentes. Por eso las soluciones, más allá de un diagnóstico que tiene muchos elementos en común, no estarán exentas de un debate de alto contenido ideológico, que no se resolverá totalmente en base a salidas pragmáticas o coyunturales.
Para muchos, el problema de la fuerza política tuvo una inflexión negativa durante el gobierno de Tabaré Vázquez, caracterizada por una anomia que le quitó protagonismo a la hora de defender la gestión de dicha administración, sin tampoco generar la suficiente discusión política como para transformarse en un interlocutor privilegiado en las decisiones estratégicas del Ejecutivo.
Lo que no está en cuestión es la cualidad de coalición de partidos y movimiento. Esa característica, sostienen los dirigentes consultados por Brecha, es la que ha permitido la continuidad del Frente y lo que lo transforma en una organización única en el mundo de la izquierda. Sin embargo, algunos paradigmas fundacionales del FA aparecen cuestionados por lo que los politólogos definen como la “tradicionalización” de la fuerza política. La aparición de liderazgos con fuertes rasgos caudillescos (Vázquez y José Mujica pueden ser la expresión de ello, más allá de que el último ha insistido en la necesidad de que su gestión sea colectiva, y que el ex presidente pidiera el día de su asunción que no lo dejaran solo), y una disminución notoria de la militancia de sus adherentes, a excepción de los períodos electorales (aunque esto también debe ser relativizado, porque por ejemplo en las elecciones internas de junio pasado no se pudo asegurar que en cada circuito hubiera un delegado del FA) evidencian que algo ha cambiado en el Frente.
Empero, esa minimización d la militancia no ha eclipsado s condición de movimiento. Más allá de los sectores existe un electorado frenteamplista que fluctúa entre lo grupos, siguiendo a figuras (es caso de Mujica, cuyo sector creció al influjo de su carisma) o tratando de equilibrar las relaciones de fuerza entre los grupos partidarios, para que no haya una organización política hegemónica.
Según el sociólogo Gustavo Leal, los comités de base ya no representan al movimiento, como lo hicieran en distintas instancia de la historia frenteamplista. La aparición de las redes en el tramo posterior a las internas de junio el poder de convocatoria y movilización que mostraron hasta el balotaje, son indicativos —subraya Leal— de la expresión del movimiento, que ya no encuentra cauce para manifestarse a través de lo comités. Además las primeras movilizaciones convocadas por la redes frenteamplistas se hicieron con la oposición de los organismos de dirección del Frente. Fu la enorme participación de gente la concurrencia de Mujica a la rambla, lo que legitimó esa modalidad, recordó Leal.
INTERPRETACIONES. Según el senador Carlos Baraibar (FLS), el estrechamiento de la estructura orgánica del FA obedece a una nueva realidad del país y del propio Frente, por eso es necesario revisarla.
“Hoy el FA no es sólo sus órganos de vida política, es también el Poder Ejecutivo, es el Parlamento (donde es mayoría), es la IMM y siete intendencias más. Esta realidad hace que la generadora de hechos políticos no sea únicamente la orgánica del Frente sino que hay muchos centros desde donde nacen líneas políticas. Entonces la gente que adhiere al FA no lo hace solamente por los mensajes comunicacionales que surgen desde los órganos frenteamplistas. Hay otras instancias de acciones políticas, por eso la reestructura tiene que combinar las vivencias que se dan a nivel del Frente con las experiencias que se dan en otros centros de irradiación, con las adhesiones que trae la propia gestión del gobierno”, señaló el senador.
Baraibar agregó que en la etapa fundacional y a la salida de la dictadura “el FA y su estructura eran el gran comunicador, y esa orgánica piramidal extendía los mensajes. Los medios de comunicación dan espacio a la in formación emanada del FA y ella llega en tiempo real a sus adherentes. La coordinadora y el comité de repente demoran cuatro días en trasmitir lo mismo. A veces el informe llega tarde e incompleto. Entonces el comité de base no genera opinión».
Pero el dirigente del FLS agrega un nuevo elemento para explicar la necesidad de modificar la orgánica frenteamplista. A esa descripción, sostuvo, “debemos sumar el nuevo tiempo que vive la humanidad, o el mundo occidental, después de la crisis del socialismo real. Esta provocó un quiebre en los paradigmas y los modelos. Con esa crisis de modelo, de los estilos de hacer política, también la gente empezó a revalorar cómo utiliza el tiempo militante que puede tener. A usarlo de otra manera. Con los paradigmas en cuestión, la gente ya no se plantea que la política es para cambiar el mundo. Por entonces se pensaba que la revolución podía suceder en cualquier momento, y bastaba con desenchufarse del capitalismo para enchufarse en el mundo socialista. Nos cambiaron, tenemos que asumirlo, y eso significó que la gente ahora reasigna de forma diferente su tiempo militante, por eso se dio la eclosión de la sociedad civil, las ONG. Más que pretender la transformación a partir del partido político, que era el que abarcaba todo e iba a producir todos los cambios, ahora la gente prefiere organizaciones más focalizadas en sus áreas de interés, corregir cosas que le interesan, por ejemplo, políticas de género, el cooperativismo, etcétera. Hay una famosa frase del hoy presidente de la República que describe la realidad. ‘Cuando empecé mi lucha política lo que me preocupaba era cambiar el mundo, hoy me alcanza con que me arreglen las baldosas del frente de mi casa’»
La militancia ya no se canaliza necesariamente, como en 1971, a través de los partidos, afirmó Baraibar, sino que lo hace en un amplio espectro de organizaciones sociales (incluidos los sindicatos), volcando allí su energía. El desafío, en su opinión, es cómo dar participación a esa gente para que pueda opinar.

El dirigente del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) Carlos Coitiño señaló a Brecha que se impone un análisis del papel que jugó la estructura orgánica de la fuerza política en este período, porque el FA no puede limitarse, en sus organismos de dirección, a saludar victorias.
Coitiño advirtió que la idea original “era construir una herramienta para la lucha política permanente, lo que implica valorar en qué situación estarnos. si avanzamos, estamos congelados o retrocedimos. ¿Qué pasó con la vinculación de la fuerza política con la sociedad, con las organizaciones sociales, con el Ejecutivo? El balance no podemos hacerlo viendo exclusivamente si ganamos o no una elección. Estos cinco años han terminado con una constatación que por abajo se dice, pero que vuelve sacrílego al que la plantee en medio de una victoria electoral. No podemos omitir que ha habido un déficit enorme en la gestión de la fuerza política, que no pudo resolverlos problemas de articulación en los distintos planos, con el Poder Ejecutivo, el Parlamento y las organizaciones sociales, que son componentes imprescindibles de una acumulación de fuerzas, porque si bien hemos ganado elecciones, en el plano de la correlación de fuerzas no hemos tocado el poder del sector económico hegemónico, que en el plano ideológico sigue parado fuertemente e incidiendo incluso hacia la propia interna del FA “. Según Coitiño, no tomar en cuenta ese dato implica hacer de la lucha electoral el sinónimo de lucha política. “Me parece que si no se inscribe la acción política en el marco de una estrategia no sólo dirigida a ganar elecciones sino a modificar la correlación de fuerzas, no somos más fuertes que los que se oponen a nosotros.”
El dirigente del PVP fue contundente con respecto a la necesidad de cambios tanto en la dirección del FA como en su estructura, y en esa dirección advirtió que “la fuerza política no ha sido un vector contrahegemónico, se privilegió una estrategia electoral donde el debate ideológico podía restar votos”. De persistir en esa tesitura, subrayó, el Frente “no podrá ir hacia mejores gobiernos (el que cerramos está lleno de realizaciones superiores a los anteriores), porque nuestros objetivos van a transformaciones de fondo. Entonces los límites hasta donde arriesgamos en las transformaciones’ pueden generar un gobierno que se mute lentamente en un buen administrador, con el riesgo que deje de lado la lucha por los cambios profundos “.
En el análisis de la estructura de base, Coitiño reconoció que los comités están llenos de personas grandes (viejos), pero además dominados por una lógica que normalmente busca la participación cuando en algún área hay un conflicto de poder. De ahí que al irrumpir las redes “fueran en busca de una ‘participación no encontrado en las escasas acciones planteadas por la estructura. La valoración que se hacía desde la dirección era que el estado de ánimo era pobre y que todo se resolvía a través de los medios de comunicación“.

La lectura crítica de la actual realidad de la estructura de base del FA es compartida por el dirigente del PS Manuel Nuñez. Este dijo a Brecha que la representatividad del movimiento “ya no reside en los comités de base, deben buscarse espacios más participativos, buscando terminar con el encierro)’ lograr que interactúen con la sociedad”. Empero, advirtió, ello no implica terminar con los comités sino darles amplitud y paralelamente multiplicar las instancias de elecciones a padrón abierto, por ejemplo para elegir el presidente del FA, y de plebiscitos cuando se trate de resoluciones importantes.

Por su parte, Baraibar sostuvo que es la hora de sincerar la estructura del FA, y propondrá que el Congreso deje de ser solamente de los comités de base y pase a constituirse en mitades iguales, como ocurre con la Mesa Política y el Plenario Nacional, entre los sectores y las bases, manteniendo el actual número de delegados de los comités. En la práctica, multiplicar por dos el actual número de congresales.

Sectores y bloques

EL FRENTE TIENE hoy un mapa de una gran multiplicidad de grupos y una condensación muy fuerte en dos grandes bloques: el Espacio 609 el Frente Líber Seregni (FLS). La tendencia es a conformar tres nucleamientos como definitorios de la oferta frenteamplista, si se consolidan algunos de los movimientos iniciados hacia las municipales de mayo. Por ejemplo, el PCU en Montevideo dejó su acuerdo electoral con el MPP para conformar un sublema con el PS, VA, CAP-L y la 5005, aunque en otros departamentos mantiene la alianza electoral de octubre del pasado año.
Salvo los partidos históricos como el Comunista y el Socialista, de definición ideológica de raíces marxistas, más la concepción de liberación nacional del MLN y el MPP, las fronteras entre los demás grupos se diluye bastante, aumentando las tendencias centrípetas de los grandes bloques. Manuel Núñez sostiene que no hay razones para la proliferación de sectores que tiene el Frente y que debe irse a la conformación de espacios que simplifiquen el escenario.
Sin embargo, la disparidad en el peso electoral (y por consiguiente en la cantidad de parlamentarios) es muy fuerte; entre la 609 y el FLS acaparan cerca de 70 por ciento de la voluntad del electorado frenteamplista, lo que podría llevar a que ambos bloques prescindan de los demás a la hora de tomar decisiones para gobernar. Incluso en el Frente se dice que ambos espacios han llegado a un acuerdo para gestionar el gobierno, aunque para la interna de la fuerza política los aliados sean otros, como ocurrió entre el MPP y el PCU en el proceso que determinó la fórmula presidencial. Una muestra de la asociación 609/FLS es la desaparición, en los planteos de Mujica, de la idea de crear un frigorífico nacional (impulsada por los comunistas), o incluso la política a seguir con los violadores de los derechos humanos en la pasada dictadura.

Tomado de Brecha, 26/3/2010.

3 Comentarios para “Ciclo cerrado: EL FRENTE HACIA UNA REESTRUCTURA”

  1. roberto

    Mar 29th, 2010

    Múltiples y variadas opiniones, que van desde hace ya mucho contra los comités de base, que fuerzan su desaparición, en aras de la tal mentada realidad, de confuso análisis e interesados, intereses alejados de la historia de entregas y sacrificios, para construir la liberación.

    Parece increíble, Baraibar, pide mas participación de los sectores, representativa, por supuesto porque son escasísimos los sectores que privilegian la militancia de a pie, de construcción dentro de los comités, solo los usan en su mayoría para el trabajo electoral, luego tienden a desaparecer, salvo cuando hay que coptar delegados y algunos de estos sectores manipulan y usan, las bondades estatutarias, baste pensar en la elección de la intendente.

    La tan mentada sociedad civil, la ONG, los centros comunales, los consejos vecinales, ahora las municipalidades, necesitan para la construcción de la inclusión de una ciudadanía conciente, el papel político de control de los frenteamplistas a través de los comités, naturalmente ampliando y reestructurando los espacios de participación en las decisiones, acotados en el presente, maniobras que dejan fuera de juego nada menos que al esfuerzo colectivo.

    El poder repartido en aras de los pesos electorales, es una falacia, es una verdadera demostración de elitismo, que privilegia las capacidades estructurales e económicas, dejando afuera de la participación a mucha gente, por cierto los mas, que después de construir el triunfo, son olvidados o maniatados, cuando se manifiestan contrarios.

    Esfuerzo colectivo, que intentan, acaudillar, amarrar y dirigir.

    La experiencia de los diversos proceso revolucionarios, indica, que el talón de Aquiles de las debilidades de estos ha sido el enfoque que se tenga de cómo ampliar la participación ciudadana, de cómo repartir el poder.

    Si se pierde la visión del enemigo, si el enemigo hoy lo ponemos en nuestra mesa, podemos estar seguro, que no le vamos a cambiar y mucho menos a conquistar, alguien puede creer en los ¨maracanaces¨?.

    El problema ahora es que el ¨fitito¨, se asimila, concilia, e entrega espacios que había comprometido con el pueblo frenteamplista, no hacerlo, es también muy difícil que podamos revertir, dado a los aparatos de ejércitos de funcionarios, que atenazan desde las expresiones a las demostraciones.

  2. juan antunez

    Mar 29th, 2010

    estimado angel vera, este articulo es muy interesante, para muchos que conocen politica , a estos movimientos de cambios por ejemplo el PCU sale de su acuerdo con la 609 en Montevideo, se llama » ACUERDOS TECNICOS «, POR LOGRAR MAS VOTOS.

    Un abrazo antunez, gracias por «EL COMPAÑERO»

  3. arlette

    Mar 30th, 2010

    Parte del art.
    11.03.2008 10:11

    Parece que el silencio no puede con la verdad
    Escribe: Hugo Cores
    Si las pautas económicas acordadas con el FMI nos obligaran a transitar el mismo camino de los gobiernos neoliberales anteriores, esas pautas tendrán que ser modificadas. Sería, apenas, un acto de lealtad con lo que prometimos y de ejercicio de la soberanía nacional.
    Resulta indudable que los obstáculos que se levantan frente a la nueva Administración resultan muchas veces de una magnitud inesperada.
    Las condicionantes económicas pactadas con el FMI confinan al gobierno a una perspectiva de estrecheces y recortes que vuelve toda la tarea de reconstrucción mucho más difícil.
    Prevalece una línea de pensamiento económico sobre la que tarde o temprano habrá que reflexionar.
    Debemos analizar si el cumplimiento de las metas que nos han sido impuestas desde afuera permiten la realización de los objetivos económicos y sociales que constituyen el corazón de nuestro programa histórico transformador, nuestra razón de ser como fuerza política con un proyecto de desarrollo nacional, popular y democrático basado en la justicia social y el respeto por la soberanía del pueblo.
    SI LAS PAUTAS ECONÓMICAS NOS OBLIGARAN A TRANSITAR EL MISMO CAMINO DE LOS GOBIERNOS NEOLIBERALES ANTERIORES, ESAS PAUTAS TENDRÁN QUE SER MODIFICADAS. SERÍA, APENAS, UN ACTO DE LEALTAD CON LO QUE PROMETIMOS Y DE EJERCICIO DE LA SOBERANÍA NACIONAL.
    En una sociedad democrática toda explicitación es un paso adelante y contribuye a sacar de las tinieblas del miedo (miedo hoy en retroceso) a algunos problemas para colocarlos en el terreno de la razón ciudadana, valor apreciado en nuestro país.
    Como es obvio, la explicitación no siempre invita a celebrar jubilosamente lo que otros dicen: pero más vale que los sapos y culebras contenidos en el pensamiento de algunos jerarcas militares se conozcan a la luz pública y que sobre ello se puedan emitir opiniones y deslindes.
    Delitos agravados. La perpetración de un delito por parte de un funcionario público comporta una doble significación desde el punto de vista penal. Es uno de los rasgos salientes del terrorismo de Estado.
    En el caso de las personas acusadas de violaciones a los Derechos Humanos su condición militar actúa como un agravante de su delito puesto que, formando parte del aparato coercitivo del Estado, su obligación es defender los derechos de los ciudadanos y no quebrantarlos.
    ¿Una corporación armada dentro del Estado? La reiterada alusión a la existencia de la corporación militar es otro desatino de marca mayor. Constantemente se está acusando a tal o cual organización sindical de anteponer sus «derechos corporativos» por encima del «interés general» de la población.
    Si el corporativismo de los obreros, o de los empleados de Adeom, es mal visto ¿por qué habría que reconocérsele al Ejército?
    Más bien, de acuerdo a lo que surge del Art. 177 del Código Penal, donde se establecen los delitos contra la administración de justicia, se debiera partir de la base de que serán penados los funcionarios que omitieran o retardaran formular la denuncia de un delito del cual tuvieran conocimiento.
    Es decir, la omisión de denuncia es un delito. En el marco de esa lógica ¿cómo se podría entender el patrocinio corporativo en defensa de los funcionarios militares que han violado los Derechos Humanos?
    El patrocinio corporativo conlleva otro inaceptable error. Aquí quien está en el banquillo de los acusados no es toda la institución Fuerzas Armadas sino aquellos que dentro de sus cuadros han cometido crímenes contra la humanidad.
    Deliberando garrote en mano. Otro tema es el «estado deliberativo» en que está parte de las Fuerzas Armadas. Para nuestra tradición democrática y libertaria, todo lo que sea deliberación parece, a primera vista, como algo positivo.
    No es el caso.
    La deliberación es buena entre quienes tienen los mismos derechos.
    Si unos pueden expulsar a los que discrepan, «la deliberación» terminó ahí, con un Tribunal de Honor.
    Fue lo que ocurrió con cientos de oficiales frenteamplistas, muchos de ellos de brillante trayectoria militar.
    En síntesis, sin igualdad de derechos y con el autoritarismo detentando el mando, cualquier deliberación es una farsa.
    La prescripción imposible. Otro pensamiento que afloró por parte de la defensa de los militares acusados, ahora referido a la situación de María Claudia Irureta Goyena de Gelman, es el de que, en el caso de la aparición de sus restos, los responsables de su desaparición y de su muerte no serían encarcelados ya que, habiéndose transformado el delito en «homicidio» este habría prescripto después de casi treinta años de cometido. El solo enunciado de este pensamiento espanta.
    La desaparición forzada de María Claudia es, para empezar, un delito contra la humanidad. En segundo lugar, en tanto delito continuado, la situación criminal perdura en el tiempo hasta la aparición de los restos.
    ¿Qué sentido macabro tendría aceptar la eventualidad de la prescripción de ese crimen repugnante, a partir de la fecha en que cese su condición de víctima de la desaparición forzada y María Claudia pase a ser el nombre de un puñado de restos óseos?

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