miércoles 28 de octubre, 2020

Dos secretos revelados. A ocho años de la recuperación de Simón Riquelo y la denuncia del «segundo vuelo» de Orletti. El tercer secreto…

Publicado el 22/03/10 a las 4:01 am

En marzo de 2002, con el hallazgo de Simón y la denuncia del «segundo vuelo» de Orletti, se confirmó la verdad sobre dos de los principales secretos de la dictadura uruguaya: todos los niños apropiados estaban vivos y a los uruguayos desaparecidos en Argentina había que buscarlos en Uruguay. Falta reconocer un tercer secreto…

Por ROGER RODRIGUEZ

A mediados de marzo de 2002, hace ya 8 años, un examen de ADN confirmó que un joven argentino llamado Aníbal era en realidad Simón Riquelo, el hijo de 22 días de vida que le quitaron de sus brazos a Sara Méndez el 13 de junio de 1976, cuando la secuestraron para torturarla en el porteño centro clandestino de detención Automotores Orletti.

Sara Méndez fue trasladada ilegalmente a Uruguay en julio de aquel año y junto a otros uruguayos fue procesada por la Justicia Militar luego de un falso operativo de detención en un chalet del balneario Shangrilá el siguiente mes de octubre. Permaneció presa seis años y, cuando finalmente la liberaron, comenzó a buscar a su hijo.

Veinticuatro años tardó en encontrarlo. Veinticuatro años, a pesar de que sabía que quien la secuestró había sido el coronel José Nino Gavazzo. Veinticuatro años, aunque su caso fue denunciado y confirmado por la Justicia argentina. Veinticuatro años, de los cuales durante catorce años la Ley de Caducidad amparó en la impunidad a los responsables.

En todos esos años, Sara denunció dentro y fuera del país, pidió y exigió, buscó y siguió pistas que la condujeron a dolorosos callejones. Enfrentó el silencio cómplice de los presidentes Julio Sanguinetti y Luis Lacalle. Y hasta recibió la «conveniente» versión de la Comisión para la Paz de Jorge Batlle de que el niño había muerto.

Y… Aníbal era Simón

Sin embargo, en noviembre de 2001 en Buenos Aires, un ex represor de Orletti fue ubicado en el marco de una investigación periodística conjunta con el senador Rafael Michelini y aceptó ayudar a buscar a Simón. Siguió su pista desde un hospital clausurado y logró precisar que el niño había quedado en manos de un policía argentino.

El informante concluyó que lo tenía uno de los cinco policías que había hecho la guardia nocturna de la Seccional 33 aquella fría noche del 13 de junio de 1976. Se los identificó a pesar de los años transcurridos y aun cuando había caído el gobierno de Fernando de la Rúa y Argentina se sumía en una de las peores crisis de su historia.

El Estado argentino tenía los papeles que constataban los lugares de trabajo de sus funcionarios públicos. Como ocurre en todos los estados de todo el mundo. Sólo se necesitó «voluntad política» para encontrarlos e identificar a aquellos policías. Michelini buscó a los cinco y uno de ellos, efectivamente, admitió que tenía a Simón.

Simón y Sara hablaron por primera vez telefónicamente. Fue el día en que Simón salía de hacerse el examen de ADN, el 12 de marzo de 2002. Dos días después se terminaba de confirmar su identidad. Hoy, ocho años más tarde, Sara disfruta de Juan Ignacio, el nieto que Simón le dio en abril de 2007…

Los secretos militares

El hallazgo de Simón Riquelo, hace ocho años, confirmó que los niños desaparecidos estaban vivos. Desde 1985, cuando apareció Amaral García, cuyos padres habían sido secuestrados en Argentina en 1974, trasladados a Uruguay y fusilados en Soca, hasta Macarena Gelman, quien finalmente apareció en 2002 en Montevideo.

La existencia de los niños robados era uno de los secretos más guardados de los represores, con el amparo de las instituciones militares, que no podían admitir públicamente que habían matado a los padres y luego repartido a sus hijos, en la mayoría de los casos para que los criaran sus propios victimarios.

Pero aquel informante, dio hace ocho años un dato más, que hizo tambalear el segundo de los secretos militares: la mayoría de los uruguayos supuestamente desaparecidos en Argentina en realidad habían sido trasladados a Uruguay, donde finalmente se los hizo desaparecer en forma masiva.

«De Uruguay, a los argentinos nos han cobrado todo y mucho ha salido a la luz. Pero que no nos adjudiquen esas desapariciones. A los que no murieron en Orletti nosotros los devolvimos. No sabíamos que los del primer viaje (de Orletti) estaban vivos, así que cuando cerraba Orletti se planificó otro viaje grande en el que se incluyó a todos los que quedaban, incluso cinco argentinos. No participé en la entrega, pero creo que a esos últimos tienen que buscarlos en Uruguay», dijo entonces el informante argentino.

Malaquín y la confirmación del 2º vuelo

La credibilidad que el ex represor de Orletti había adquirido tras el hallazgo de Simón Riquelo llevó a investigar, desde LA REPUBLICA, la hipótesis de un «segundo vuelo» de Orletti en el que había sido traída a Montevideo otra veintena de uruguayos secuestrados en Buenos Aires entre setiembre y octubre de aquel 1976.

La denuncia periodística del tema llevó a que una fuente militar uruguaya terminara por confirmar que el 5 de octubre de 1976 otros veintidós uruguayos habían llegado desde Argentina en el Vuelo 511 de TAMU, piloteado por el mayor José Pedro Malaquín, quien al publicarse la información era el propio comandante en jefe de la aviación.

Tres años más se necesitaron para que, finalmente, tras la asunción del presidente Tabaré Vázquez, la Fuerza Aérea Uruguaya reconociera que el «segundo vuelo» había existido y que a los desaparecidos en Argentina había que buscarlos en Uruguay. Lo mismo había ocurrido con otros uruguayos en 1977 y 1978, según se confirmó luego.

El tercer secreto que los militares uruguayos no quieren reconocer, el Ejército en particular, ya no es que torturaron, secuestraron, robaron, se apropiaron de niños y desaparecieron personas. No quieren admitir, ocho años después de encontrado Simón y denunciado el «segundo vuelo», que los desaparecidos tuvieron un destino terrible.

El tercer secreto

La veintena de uruguayos militantes del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) que vinieron en el «segundo vuelo» de Orletti estuvieron en el centro de torturas 300 Carlos (detrás del Batallón de Infantería 13) hasta diciembre de 1976. Los llamaban «los del ómnibus» porque habían llegado en un micro militar.

El medio centenar de trasladados en 1978, militantes de los Grupos de Acción Unificadora (GAU), del Partido Comunista Revolucionario (PCR), del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) y del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) estuvieron en el centro de torturas de La Tablada a principios de ese año.

Estos setenta uruguayos no murieron «accidentalmente» en la tortura y, «para ocultar el cuerpo del delito», se los hizo desaparecer como ocurrió con otros detenidos en los años de la dictadura. Los traídos de Orletti en 1976 y los trasladados de Quilmes y Banfield en 1978 fueron ejecutados y enterrados, posiblemente, en fosas comunes.

Las Fuerzas Armadas uruguayas no quieren reconocer que miembros de su institución llegaron a cometer semejante crimen de lesa humanidad, con características de genocidio. Por eso, a 25 años de reinstitucionalizado el país, siguen sin dar respuesta a la única pregunta que hacen los familiares de los desaparecidos: ¿Dónde están?

Tomado de La República, 21/3/10

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